Capitulo IV: Una chica llamada Nina.

— ¿Ian estás en casa? —gritaba la voz desconocida.

Escuché sus pasos aproximarse, hasta que apareció por el umbral de la puerta, entró lentamente y me percaté de cómo me inspeccionaba de pies a cabeza. Avanzó directamente hacia donde se encontraba Ian.

—Hola cariño, ¿cómo estas? — se acercó a Ian, me miró y luego deposito un beso en los labios de este.

—Hola Nina, estoy bien ¿y tú? ¿Cómo te fue en el trabajo hoy? Llegaste más temprano que lo de costumbre—dijo este algo desganado.

—Sip, quería darte una sorpresa, pero yo me he llevado una— indicó con cara de pocos amigos mientras me miraba con algo de ira en su rostro.

— ¿No es una linda sorpresa la que te has llevado? Bueno esta linda sorpresa tiene nombre y es mi amiga— dijo este mientras me señalaba, notablemente molesto.

Yo ya comenzaba a sentirme incomoda, nunca me ha gustado estar en conflictos de pareja, menos en una pareja completamente desconocida para mí, venía recién llegando a la ciudad y no quería ganarme una enemistad. Además ya tenía mi dirección, había llegado el momento de escabullirme lo más rápido que pudiese—me levanté del sofá y deje la laptop a un lado.

—Creo que es hora de irme, no fue mi intención causar problemas, Ian sólo me estaba haciendo un favor, así que no te preocupes— le sonreí algo nerviosa.

—No me preocupo, "linda"— casi me fulminó con su mirada.

—Tú no te vas a ningún lado— me señaló con el dedo— y tú deja de hacer escenas de celos por cualquier cosa, también tengo derecho a tener una vida social— le reprochó a su evidente novia.

La cara de Nina, como la llamó Ian, se desfiguró y cambió lentamente a una cara amigable.

—Lo siento, he sido muy grosera. ¿Empecemos de nuevo? —me preguntó con evidente cinismo en su rostro.

Ignoré esto y acepte su disculpa— No te preocupes, claro empecemos de nuevo. Entonces tu eres Nina la novia de Ian, yo soy _ (tn), un gusto—le tendí la mano.

—Si, supones bien— recibió mi mano y casi la estranguló— el gusto es mío—dijo simulando alegría la muy hipócrita.

—La verdad… es que me tengo que ir de todos modos— dije mirando a Ian.

— ¡Qué lastima! ¿Segura que tienes que irte?… podrías quedarte a almorzar con nosotros— dijo la morena de cabellera larga fingiendo buenos modales.

—Si, me tengo que ir, pero muchísimas gracias por la oferta— le dije sonriendo. Yo no iba a caer en su jueguito, era bastante desagradable, está bien es su novio, pero no tiene por qué reaccionar así—pensé— Además yo también tengo novio, creo que era la primera vez desde que llegaba que lo recordaba. Seguramente _(nn) no estaría nada de contento con que estuviese en la casa de un chico como este y menos si supiese que estuvimos solos en una piscina, sonará exagerado, pero él es así, siempre he pensado que nunca supe llevar la relación, las relaciones se controlan desde el principio, pero ¿quién me iba a decir eso en aquél momento? Era la primera vez que comenzaba una relación; tenía quince años recién cumplidos, nunca había besado a un chico, por lo tanto nunca había tenido experiencia en ninguna cosa, mientras que él ya había tenido un par de relaciones, pero según el nada serias. Siempre se ha referido a mí como su primera novia, su primer amor, su primer todo. En este momento, cuando llevamos casi seis años y medio de relación, obviamente con sus altos y bajos con una casi ruptura a los dos… es que me doy cuenta como la situación se escapo de mis manos— la voz de Ian interrumpió mis pensamientos.

—Vamos te llevo entonces— dijo dirigiéndose a la puerta ignorando la mirada llena de ira de su novia.

—No, no te preocupes… puedo tomar un taxi o algo— dije mientras corría para alcanzarlo.

—Claro que no, tu ya me habías permitido ir a dejarte, no es negociable— dijo mientras se subía al auto— Vamos sube, no me harás cambiar de opinión, además ya viste lo largo que es este callejón y que yo sepa no dejan entrar taxis, así que no te queda otra opción— dijo mientras se asomaba por la ventana para verme.

—Okey, como siempre, tú ganas— le dije resignada mientras subía al auto.

—Exacto—una hermosa sonrisa iluminó su rostro y tras esto encendió el auto.

No pude evitar pensar en lo diferente que se veía molesto—recordé— cuando le reprochaba a su novia los celos. Sonará muy metiche, pero parecía una discusión muy común entre ellos.

—Sólo quería evitarte los problemas con tu novia—suspiré.

—De evitar nada, ella tiene que aprender que no soy de su propiedad—dijo notablemente molesto.

—Tal vez deberías ponerte en su lugar, ¿cómo te habrías sentido tú si ella estuviese sola en su casa con un chico que desconoces completamente? —no podía creer que estaba defendiendo a la víbora esa, pero creo que de cierta forma tenía algo de razón en ponerse celosa.

—Se nota que estudias leyes, ¿tienes alguna fijación por defender a los desamparados?—me preguntó riendo.

—No es eso, solo me estoy poniendo en su lugar —lo miré.

—Me estas diciendo que… ¿tu actuarías igual que ella? —me preguntó sorprendido.

—No, igual no, pero todos reaccionan de maneras diferentes y claramente esa es su forma—le dije riendo—además debes amarla con sus virtudes y sus defectos— le aseguré.

—Tal vez sería más fácil si entre virtudes y defectos hubiese un equilibrio—confesó

Llegamos nuevamente a la caseta con el guardia, este abrió la gran reja y salimos.

— ¿Dónde tienes la dirección? —me preguntó

—Aquí esta— se la pasé en las manos.

1660 Peachtree St. Atlanta, GA 30309—leyó en voz alta Claramente no estabas lejos, estábamos como a cuatro cuadras cuando chocamos— me dijo riendo.

— ¡Lo sabía!— dije con tono campante—Ahí había visto ese nombre—recordé.

— ¿Qué cosa? —me preguntó extrañado.

—Cuando chocamos yo me había quedado mirando el letrero.

¿Qué letrero? ¿De qué estas hablando? —me preguntó riendo.

—Que cuando chocamos me quedé mirando un letrero, ese que señala las calles porque decía Peachtree y yo sabía que lo había visto antes, pero no recordaba donde— le respondí.

—Bueno lo más probable es que lo hayas visto muchísimas veces más, esa calle está por toda Atlanta— me aseguró—lo miré extrañada.

—No conozco bien la historia, pero por lo que sé... esta ciudad es conocida como la ciudad durazno, es decir, Peachtree y bueno no son sólo las calles, como viste en mi callejón estaba lleno de duraznos y están por todas partes— me miró abriendo sus ojos.

—Oh ya veo, que interesante… no tenía la menor idea— le dije algo sorprendida.

—Pues, tú señorita no sabes nada de esta ciudad, si no me hubieses encontrado aún estarías dando vueltas buscando tu casa— rió.

—Tienes razón, no lo había pensado— lo miré fijamente.

—Así es, el destino me envió para guiarte— me dijo riendo.

—Lo que es el destino, seguramente este quería que me hicieras un tour por tu casa— reí.

—Seguramente— dijo mientras me miraba de reojo.

— ¡Este es el edificio! —le dije señalando con el dedo.

—Okey, okey— dijo mientras viraba para estacionar el auto.

—Ha llegado el momento de decir adiós— le dije mientras abría la puerta del auto, pero el me tomo del brazo.

—Espera, no es un adiós es un hasta pronto, recuerda que dijiste que me devolverías el vestido, aunque por mí puedes quedártelo, pero si no me quedaré sin excusas—dijo mientras me miraba fijamente.

—Definitivamente si fuese tú novia sería bastante celosa— le reproché.

— ¿Qué tiene que quiera verte otra vez? —Me miró suplicante— no sé porque, pero me agradas mucho y quiero que aceptes mi amistad. Además te conviene puedo ser tú guía turístico— dijo riendo— hace mucho que no lo pasaba así de bien como lo pasé hoy— cesó la risa y una sonrisa se fijó en su rostro.

—Lo miré con los ojos entreabiertos— Esta bien, tu también me agradas y me conviene tener un guía turístico completamente gratis, así que aceptaré tu amistad— le dije riendo.

— ¿y quién dijo que lo haría gratis? —me miró pícaramente.

—Okey, okey Ian—le dije riendo mientras me bajaba del auto— Lo que tú quieras—cerré la puerta del auto y me asomé por la ventana— Nos vemos— él se acercó y depositó un beso en mi mejilla.

—Nos vemos, tal vez mañana pase por aquí— dijo mientras encendía el auto.

—Tal vez deberías avisarme primero— lo miré incrédula.

—Pero si te estoy avisando— dijo riendo

Me aleje del auto y le hice un gesto de desaprobación con mi rostro.

—Sé que en el fondo de mueres por verme mañana— me guiñó un ojo y luego se marchó.

—Si, si claro Ian, lo que tú digas—le grité.

Caminé hasta la entrada del edificio y salude al guardia.

—Señorita— me llamó

— Dígame— le respondí

—Necesito sus datos para cualquier emergencia, anótelos aquí, por favor—me señalo un cuadernillo.

—Si, claro no hay ningún problema. Rellené los datos que eran los comunes: nombre completo, número de teléfono número de piso y número del departamento— le entregue el cuadernillo devuelta.

—Muchas gracias señorita, que tenga usted un buen día— dijo el señor, ya algo mayor.

—De nada, igualmente— le dije con una sonrisa mientras caminaba al interior del edificio.

Tomé el ascensor y me detuve en mi piso, abrí el departamento, fui directamente a mi habitación y me recosté sobre la cama, bastaron tan solo unos minutos para que me quedara completamente dormida.