Historia adulta, contiene escenas no aptas para personas sensibles, si eres menor de edad ruego sea bajo tu responsabilidad.
Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son auditoria de Stephenie Meyer.
Bella.
Por la mañana, me despertó el ruido escandaloso de mi celular, pensé que sería una alarma y estuve tentada a aventarlo cuando vi que el número era desconocido. Quizás eran cobradores… quizás…
—¿Sí?, diga —pregunté un tanto soñolienta.
—¿Isabella Swan? Le habló de la Casa de Valores Cullen, es para informarle que ha sido seleccionada para trabajar con nosotros, el señor Edward necesita que se presente hoy mismo para comenzar con sus actividades.
Y así señoras y señores es como una pasa del estado soñoliento al shock. Lo intenté, de verdad lo intenté pero de mi boca no salió nada.
—¿Isabella? —Llamaron de nuevo del otro lado de la línea. Y por su voz supe que era Victoria. Me aclaré la garganta.
—Sí, disculpe en una hora y media estoy ahí.
De nueva cuenta alistándome a velocidad absurda, no encontraba que ponerme y saqué rápido un pantalón de vestir que acompañé con una suave camisa blanca, me pasé el cepillo rápidamente, esta vez llevé conmigo la bolsa de cosméticos, no volvería a pasarme.
Al llegar me bajé apresuradamente del taxi haciendo que todos mis cosméticos se cayeran, gemí frustrada y el al verme, el chofer amablemente me ayudó a recoger todo. Así que 10 minutos después, me encontraba más nerviosa que el día anterior de solo pensar en él… incluso estaba hiperventilando.
—Isabella, me alegra que vinieras, sígueme. —Victoria me guío de nuevo por aquél gran pasillo, al final dejándome frente a la enorme puerta de caoba—. Suerte en tu primer día, el señor Cullen es muy exigente. —Y con eso, dio la media vuelta y se fue. ¿Por qué me odiaba? Suspiré tratando de no pensar en ello, toqué suavemente con mis nudillos para saber si podía pasar.
—Adelante —contesto la misma voz seductora y endemoniadamente aterciopelada.
Lo primero que vi fue el escritorio y hundido entre mil papeles, estaba de nuevo aquél ser irreal. El traje oscuro y la camisa negra lo hacía ver increíblemente informal pero no por eso menos guapo. Elevó la mirada y de nuevo, esos orbes verdes estaban sobre mí, esta vez fueron amables mientras me sonreía.
—Buenos días, te ves muy bien, hoy también, ven ayudarme con estos papeles.
—G-Gracias —sonrojada de nuevo cual chica de campo, me acerqué hacia él.
Mientras acomodábamos el desorden, preguntaba que si cuando me había graduado, donde había vivido. Le conté que mi padre viva en Forks y mi madre…. en Jacksonville. No quería hablar de mi mamá… solo le dije que yo me había mudado por mis estudios.
Luego me preguntó dónde vivía, si tenía vehículo, le comenté que no me llamara Isabella, porque aunque adoraba como sonaba mi nombre en sus labios, odiaba el nombre completo, le pedí que solo me llamara Bella. Así se fue la tarde, acomodando papeles y arreglando su oficina. Cuando estaba segura de que no me estaba viendo, no podía evitar mirarlo fijamente, observar esas escasas veces donde sonreía o como el verde de sus ojos, se volvía intenso en ocasiones.
Dios, de verdad estaba cautivada con su aroma, nunca me había pasado esto con ningún hombre, y cuando llegué a notar su mirada fija en mí, todas y cada una de las veces me mordí el labio intentando no estremecerme.
—Disculpa si te miro tanto —se pasó una mano por el cabello, en ese gesto que se me estaba haciendo costumbre observar—. Bella, de verdad me tienes cautivado.
—¿Qué, yo … cómo dices? —pregunté sintiendo el rubor correr a mis mejillas.
—Sí, con tu destreza —aseguró, un brillo juguetón en sus ojos. Yo parpadeé sintiéndome tonta, Dios, maldita imaginación volátil—. Eres muy hábil, mira ya tenemos toda la oficina limpia —canturreó y hasta ese momento, no lo había notado. Le sonreí, luego miré la hora y ya eran pasadas las 8, un escalofrío recorrió mi piel
—Oh, Dios mío pero si ya es muy tarde.
—Sí, cuanto lo lamento no era mi intención que se hiciera tan tarde, ¿tienes algún compromiso?
Dude en responderle, no sabía que decir, si Jacob estaría o no en la casa... lo más probable sería que no ¿y si en realidad quería preguntarme que si tenía novio?, ¿y qué clase de novia me hacían esos pensamientos? Él noto mi debate interno, y de pronto, esa sonrisa torcida de nuevo en sus labios.
—Si quieres puedo llevarte a tu casa, sé que vienes en taxi y ya es muy tarde para irte sola, no me gusta que andes sola...
Mi corazón se detuvo de solo pensar en ir en su automóvil. Debería decirle que no, debería de decirle que él no tenía por qué preocuparse por mí, es más ¿Por qué si quiera había sonado tan posesivo? Edward Cullen era un mujeriego, lo había leído anoche en el internet, si porque de nuevo lo había stalkeado, era todo un don Juan, pero en lugar de rechazarlo me encontré diciendo:
—Sí... Te lo agradecería mucho —susurré sintiendo mi corazón tronar contra mis oídos.
—No se diga más. —Comenzó a tomar sus cosas—. Por cierto, Isa… perdón, Bella, mañana necesito que me hagas una agenda, tengo una comida y me gustaría que me acompañaras, te cuento en el camino, vámonos.
Yo me apresuré a tomar mi abrigo, ordenando a mis piernas a obedecerme y hacer su trabajo, justo en ese momento, sonó su celular, Edward miró el número, por su gesto vi que dudó en contestar sin embargo lo hizo.
—¿Qué pasó?... No, Jessica hoy no vayas a la casa, llegaré tarde... la verdad no sé si mañana, tengo una cena con unos inversionistas… está bien entonces nos vemos. —Colgó. Luego suspiró profundamente, pellizcando el puente de su nariz, finalmente me miró a los ojos, nos quedamos así, mirándonos de forma extraña hasta que finalmente sonrió de esa forma que comenzaba a encantarme—. ¿Estás lista? —preguntó en voz profunda, solo fui capaz de asentir—. Andando.
En el camino a el estacionamiento, me pregunté quién sería esa Jessica, obvio debí imaginarme que alguien tan guapo como él no podía estar solo, pero me daba miedo preguntarle y me daba más miedo esta sensación de celos que tenía repentinamente. ¿Qué diablos me estaba pasando? yo no era nada para él, bueno sí solo su asistente y de seguro ni siquiera era de su gusto, esa llamada sirvió para que me aterrizara de esa nube tan alta en la que ya me encontraba.
—Te noto muy seria, ¿pasó algo malo? —su voz profunda, recorrió mi piel calentada como una caricia, sacudí la cabeza sin mirarlo.
—No, para nada... Lamento si interrumpo algo, de verdad puedo irme en taxi. —Tenía que decirlo, quería que me dijera que era su novia o algo, Edward suspiró notó el rumbo de esto.
—Yo te llevaré, lamento que escucharas eso, Jessica es… bueno mi novia. —Lo dijo en un tono tan malhumorado que por poco me hace sonreír, ya que increíblemente me sentí abrumada, ¿cómo porque me sentía ridículamente triste?
—Ya veo —susurré en un tono bajo que odie al instante.
—¿Sabes? Jess y yo… hemos estado teniendo unas dificultades últimamente... —sonrió mirando hacia abajo, luego, sacudió la cabeza a los lados—. Diablos, lo siento. En realidad no sé ni porque te estoy contando esto, lo lamento de verdad. —Miró su reloj y noté que estaba ¿sonrojado?
—No, no tienes por qué avergonzarte… —me apresuré a explicar mi ridículo arrebato de celos—. Todos tenemos problemas, es normal ¿no?— Quería justificarme pero a la vez, quería alentarlo a que me siguiera contando, mi corazón latiendo fuerte con la idea de pensar que no estaba bien con su novia, ¿qué me estaba pasando?
—¿También tú tienes novio? —inquirió mientras bajábamos por el ascensor, el aire entre nosotros cargado se enfrío, sentí un balde de agua fría, no quería contestar eso
—Sí… —Tuve que responder—. Pero también estamos atravesando por algunas dificultades. —En realidad no estaba mintiendo, la tarde de sexo con Jake había sido la primera ¡en 2 meses! no tomando en cuenta que ya tenía 2 días sin llegar a dormir por su trabajo…
—¿En verdad? —su tono aliviado me descolocó—. Creí que era el único que se la vive peleando —sonrió pero la sonrisa no llegó a sus ojos.
Luego, caminamos por el estacionamiento subterráneo, apenas se podía ver el vehículo. Las tenues luces lo hacían verse un tanto sombrío. Edward me abrió la puerta de forma caballerosa, y luego corrió por el otro lado para subir al auto, me dio risa que lo hiciera.
—¿Qué pasa? —Preguntó con una sonrisa, negué me daba pena decirle que me reí de que corriera para subirse, así que cambie de tema.
—Tan solo me preguntaba, cómo es que te dije que peleaba con Jacob. —Me reí de nuevo por lo absurda que sonaba.
—¿Jacob? con que así se llama ¿eh? —Elevó una cobriza ceja, Dios era tan malditamente guapo, me ruboricé mordiendo mi labio. Diablos, estoy con el hombre más caliente que pudiera haber visto nunca y le he dicho el nombre de mi novio, tonta, tonta me golpeé mentalmente.
—Así es.
—¿Y cuánto tienen de novios? —Sonaba genuinamente curioso, por Dios, yo no quería hablar de Jacob, no ahora ni con él.
—Tenemos 2 años y medio y ¿tú con Jessica? —Así sería más fácil cambiar de tema.
—Vamos para un año —contestó secamente, por lo que no dije nada más.
—Te quería comentar de lo de mañana —rompió el silencio que comenzaba a invadir el automóvil—. Vamos a ir a una comida a las 2, me gustaría que te pusieras algún vestido de coctel, le dije a Victoria que ya te depositara una parte de tu sueldo por si no tenías vestido, así podrás ir a comprarlo, quizás tengamos que durar ahí hasta en la noche… ¿Habrá algún problema con este Jacob si llegas muy tarde? —Me miró fijamente.
—No —respondí de inmediato, como en un trance—. No creo que haya problema, Jacob tampoco a estando viniendo a casa a dormir… Se la vive de viaje. —¿Y porque seguía escupiendo estupideces? Solo Dios lo sabría, él sonrió torcidamente, mi mente dando vueltas y vueltas por culpa de su aroma, avergonzada desvíe la mirada solo para observar cómo nos estábamos alejándonos de mi departamento—. ¡Da vuelta aquí! —grité como idiota, con un giro rápido que ni se sintió, tomamos una curva mientras él sonreía.
—No te preocupes, no voy a secuestrarte. —Me ruboricé.
—Lo siento… mira ahí es. —Apunté al deteriorado departamento, Edward estacionó el automóvil, tenía el ceño fruncido y la boca en una fina línea.
Me ruboricé más al pensar que no le gustaba estar en este lugar, por lo que me apresuré a extender mi mano para despedirme de él formalmente.
—Lamento hacer que me trajeras, de verdad lo siento. —Él me miró extrañado.
—¿De qué rayos hablas?
—Tú sabes… estos lugares no son para alguien como tú.
Y apenas salió eso de mi boca, él me había tirado de la mano, sujetó mi mentón con su fuerte mano y me retuvo a centímetros de sus labios. Me miró fijamente, orbes esmeralda quemándome la piel y cuando me dio un beso en la mejilla, me quedé totalmente inmóvil.
—Perdón, no era mi intención asustarte, pero no me gusta que me subestimen, tú no sabes que lugares son para mí, no sabes cómo es alguien "como yo". —Una seductora sonrisa se dibujó en sus labios—. ¿Está claro?
—Sí. —Su mano liberó mi mentón pero acarició mi mejilla mandando una sensación placentera por mi cuerpo.
—Descanse, señorita Swan —parpadeé saliendo del estupor, me aferré con fuerza a la manilla para abrir el auto.
—Hasta pronto, señor Cullen —susurré sintiendo todo el cuerpo hirviendo y las manos temblorosas.
Edward.
Después de dejar a Bella en su casa, conduje despacio rumbo a mi casa.
Aspiré de nuevo e inconscientemente sonreí. Estaba perdido por ese perfume frutal y por primera vez en no sé cuánto, se podía decir que venía feliz. Ese perfume se había quedado impregnado en el auto, así quería que oliera siempre. Sonreí al recordar sus ojos de cervatillo asustado, esa chica era especial, hacía mucho tiempo que no pasaba un rato tan agradable conversando con alguien.
En cuanto entré en mi casa, me descalcé y caminé hacia mi habitación. Recostándome sobre la enorme cama agradecí estar solo. Por primera vez me permití cerrar los ojos y no vino el recuerdo de Tanya a mi mente, por el contrario... solo Bella y sus dulces labios estaban ahí.
Habíamos platicado de muchas cosas, de cuando en cuando la miraba y se sonrojaba. Estaba seguro de que ella también me veía a mí, ella se sentía atraída por mí, solo que tenía novio. Mierda, claro que tenía era culpa mía no haberlo entendido antes, no había apreciado realmente su belleza hasta hoy. Suspiré recordando esas caderas, serían capaces de aguantarme en mi frenesí, capaces de soportar mi peso mientras me enterraba en ella.
Gruñí al pensar en el jodido novio, era peor de lo que me temía. El que vivieran juntos, eso implicaba que compartían sus noches, la intimidad de una pareja, casi como Jessica y yo, solamente que aún no daba el paso de pedirle a Jessica que se viniera a vivir conmigo. Bella me hacía sentir tranquilo, sus silencios eran acogedores y no necesitaba chillar mi nombre para buscar llamar mi atención, a diferencia de con Jessica hacia mucho que no me sentía tan entusiasmado por una comida.
Sin saber en qué momento, me dormí pensando en el día de mañana.
¿Les gustó? Nos leemos pronto :)
