Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Masashi Kishimoto. (De ser de otra manera, Itachi estaría vivo y tendría descendencia con Sakura en una bella casa y un hermoso jardín)

NOTA DE LA AUTORA: La única escena al igual que sus diálogos que no son de mi autoría sino de Masashi Kishimoto son: La plática que tiene Sasuke e Itachi, incluido el interrogatorio por parte de la policía de Konoha acerca de la muerte de Shisui. Sí, como podrán comprobar es la escena que todos conocemos de memoria, quiero disculparme por usarla, en verdad me incomoda tener que tomar una escena que no es mía pero la considero necesaria, aún así pido disculpas. No volverá a pasar, lo prometo con todos los dedos de mis manos.


Capítulo cuatro: Tempestades.

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Tempestad

Capítulo cuatro: Tempestades.

Sólo era una conjetura, una suposición impregnada de pretensión en cada una de las palabras, ellos suponían, desconfiaban de él y sin mayor pruebas lo sabían.

Itachi guardó silencio. Con la mirada afilada siguió cada uno de los movimientos de los tres hombres frente a él. Podía percibirlo, la atmósfera de tensión que se levantaba embriagándolos por completo.

Pero eran Uchihas, se necesitaba más que un aura de tensión para someterlos.

—Shisui fue otro que no acudió a la reunión, y sé que tú y él eran casi como hermanos —murmuró Inabi arrastrando las palabras con cuidado—. Hemos pensado que tú… podrías saber algo.

Itachi cerró los ojos respirando suavemente, en un gesto que se podría identificar como un rastro de desdén, pero sólo para aquellos que no podían interpretar el angustioso estremecimiento que se le coló por la espina dorsal. Sin un ápice de interés retomó su actitud de siempre para negar con un la cabeza.

—Así que ha muerto —dijo más como un murmullo para sí mismo que para ellos. Respirando con calma desvió la mirada al suelo de madera donde se posó escasos segundos antes de volver a perfilarse seriamente—. La verdad hacía tiempo no nos veíamos. Es una lástima.

Tekka se removió con ira volteando a mirar hacia la entrada del barrio Uchiha. Sus manos estaban cruzadas sobre el pecho con mayor presión de lo normal. inspiró agresivamente soltando un gruñido como lo hubiese hecho una jauría de lobos ante la perspectiva de ver como su presa se le escapaba de las garras.

A Itachi no le pasó desapercibido su comportamiento ni la mirada impregnada de resentimiento clavada fuertemente sobre su cuerpo, sin embargo ignoró el hecho y la acción.

Yashiro rebuscó entre sus ropas y finalmente dejó a la vista un trozo de papel perfectamente doblado en cuatro partes. Itachi alzó la vista y sin necesidad de inquirir, supo de qué se trataba.

—Es la nota de suicidio que se encontró con el cuerpo de Shisui, como miembros de la policía hemos abierto una investigación. Ya hemos terminado el análisis de su escritura; es sin duda su letra.

—Si es suicidio, ¿qué es lo que quieren investigar? —preguntó Itachi sin ocultar lo contradictorio que sonaba.

—Eso es lo que aparenta —contestó Yashiro con suspicacia.

—Para aquellos que pueden usar el sharingan… les es muy fácil imitar la letra de alguien más —explicó Inabi sin la más mínima intención de ocultar su tono molesto y desconfiado—. Nos cuesta creer que alguien como él se haya suicidado.

Itachi advirtió el desprecio contenido y sólo se limitó a tomar el trozo de papel que se le extendían. Al abrirlo una franja de luz lo cegó momentáneamente: era el peso de la realidad. No podía negarlo, incluso para alguien tan calmado como él, aquella situación le estaba impacientando.

«Estoy cansado de los deberes. No hay futuro para los Uchiha, no para mí… No puedo seguir por el "pasaje" por más tiempo».

Itachi permaneció inmóvil. Tras leer las escasas palabras soltó un suspiro sin romper su semblante serio, sabía que aquello iba a suceder y sin más levantó la cabeza al sentir cómo un viento helado pasaba por encima de su cabello. Al alzar la mirada se encontró con los mismos ojos gélidos y hoscos de Yashiro bramar por algo que no logró discernir.

Dudó una fracción de segundo, tiempo suficiente para aferrar la nota con nostalgia evocando su último encuentro con Shisui… tiempo suficiente para que los tres Uchiha le lanzaran un último ataque.

—Sus habilidades eran temidas por muchos, era conocido como "Shisui el imbatible" —dijo Inabi—. Si era por el bien del Clan, siempre se presentaba voluntario a cualquier misión.

«Si era por el bien del clan, él se presentaba voluntario a cualquier misión…» Las palabras de Inabi fueron arrastradas al interior de Itachi como una tormenta en alta mar, con fuerza y desdén haciendo estragos en su interior. Ellos no tenían ni la más mínima idea de lo que "por el bien del clan" y "cualquier misión" significaba, jamás lo sabrían. Eran una manada de perros detrás de su líder sin voz ni voto para pensar por sí mismos.

—Dudo que un hombre como él pudiese dejar una estúpida nota como ésta y suicidarse —soltó Tekka con aspereza tras mirarlo.

Itachi los miró con irritación enmascarando su todo molesto en un gesto de indiferencia digna de envidia por cualquier Uchiha.

—Sería bueno que dejaran de juzgar a las personas por las apariencias y por sus opiniones —ambos hombres fruncieron el ceño. Itachi no era de las personas que se callaban mucho tiempo lo que tenía que decir, simplemente no encontraba motivo para seguir ocultando su desagrado. Les dedicó una mirada despectiva y ellos ignoraron sus palabras para murmurar por última vez:

—Te dejamos la nota, pídele a los ANBU que investiguen. Después de todo ustedes tienen más autoridad que nosotros…

—Entendido —respondió secamente.

—Ojalá encontremos una pista —Itachi apretó el puño como reflejo. No soportaba los rodeos.

—La policía tenemos también nuestros contactos, si intentan esconderlo lo sabremos enseguida.

Itachi regresó la mirada al trozo de papel y lo oprimió con enojo. Los tres hombres cruzaban el umbral con insolencia y entonces supo que sus límites de imperturbabilidad habían sido quebrantados. Era inútil ignorar la situación, los Uchiha eran incapaces de disimular sus desconfianzas.

—¿Por qué no eres más directo? —la voz de Itachi resonó llenando de hostilidad el ambiente. Sus ojos oscuros habían tomado un brillo escarlata volviéndolos mordaces y peligrosos. La frase restalló en los oídos de los tres hombres obligándolos a volverse casi por inercia. Sus miradas estaban envueltas en un aura de soberbia inquisitiva. Con el sharingan activado, la ira y el desprecio se volvieron palpables—. Están sospechando de mí.

—Así es —confesó Inabi con la mirada carmesí clavada en el cuerpo del joven ANBU. Tekka dio un paso aproximándose a él y Yashiro se interpuso entre ambos.

—Escucha, Itachi, intenta traicionar al Clan de alguna manera... que no te saldrás con la tuya tan fácilmente.

Desde el interior de la casa Sasuke amordazaba a Sakura con una de sus manos impidiendo que gritara, pero él tampoco podía evitarlo. Sentía una sensación agria y ruin traspasándole las entrañas. La imagen de su hermano se agrietaba como hielo frágil frente a sus ojos, y no estaba haciendo nada para evitarlo.

«Nada…» se repetía como un golpe seco al pecho. Su cuerpo se estremeció al escucharlos murmurar una serie de maldiciones entre ellos y con la última frase de Inabi supo que su hermano había llegado al límite de su cordura.

—Sé que te han visto con la hija de los Haruno, si fuera tú me mantendría alejado de ella. Podría terminar desapareciendo como Shisui… Un final desafortunado —en ese instante observó los rasgos de Itachi tensarse y su mirada se volvió hostil. Imaginó las ideas que cruzaban su cabeza y todo su cuerpo tembló.

Casi como por instinto abrazó a Sakura hacía sí y la sintió vibrar. Con los ojos abiertos con sorpresa y el iris contraída por el asombro. Ella lo miraba sin comprender. Sintiendo una punzada angustiosa en el pecho, los observaba totalmente paralizada bajo el umbral de la puerta.

Y Sasuke tuvo razón: Itachi estaba furioso.

Se preguntó si habría reaccionado así con cualquier otra persona o sólo por Sakura, pero algo le decía que sólo por ella había golpeado a los tres hombres con tal violencia hasta sacarlos a la calle principal. Todo había sido tan rápido y fugaz que lo único que captaron sus ojos fueron unos movimientos felinos, unos golpes en los flancos y una patada con tal potencia que había terminado por estamparse en el pecho de cada uno de los contrarios de su hermano hasta que todo quedó en silencio.

Sólo cuando escuchó el sonido áspero de los cuerpos contra la tierra y su mirada escarlata escudriñándolos con desprecio lo entendió… finalmente lo entendió.

Sakura Haruno había sido la gota que colmó el vaso de la tranquilidad y la calma.

—Acabo de decirles que no juzguen a las personas sin conocerla, dejándose llevar por sus impresiones han calculado mal el alcance de mi paciencia miren, lo que les ha pasado… —murmuró Itachi con voz baja. Su mirada seguía perdida en el suelo observando a los tres Uchiha yacer bajo sus pies—. El Clan, el clan, tantas vagas y ciegas ideas los atormentan que no son capaces de medir bien sus habilidades, tampoco conocen hasta dónde llegan las mías.

El polvo se había desprendido en forma de suaves partículas deambulando por el medio. La mirada baja de Itachi se volvió brumosa pero seguía sin despegar su atención del piso.

Yashiro, el mayor de los tres policías, estaba tendido con la espalda carcomiéndole por levantarse, pero lo más que pudo fue incorporarse con el brazo como soporte limpiando el veto de sangre que ensuciaba su mejilla. Miró al joven Uchiha con asco un segundo después de escupir al suelo como si lo hubiese hecho al rostro del mismísimo Itachi.

—Shisui últimamente te había estado vigilando, pensaba que tu comportamiento era sospechoso desde que ingresaste al cuerpo de élite hace seis meses —confesó el pretencioso hombre limpiando con desgana un hilo de sangre que se escabullía por su boca. La mandíbula se le tensó al ver al joven de cabello azabache dar un paso en su dirección, entonces reparó que había sido un error dejarse en evidencia con algo tan estúpido como obvio.

—¡Ya basta, Itachi! ¿Se puede saber, qué demonios está pasando aquí? —interrumpió Fugaku con la mirada molesta en su hijo. Echó un vistazo a los tres Uchiha que yacían a su alrededor y éste sencillamente alzó la mirada enfrentándose a los ojos oscuros de su padre sin un rastro de arrepentimiento—. Itachi, estás muy raro últimamente.

—No hay nada de extraño en eso, simplemente me limito a cumplir con mi deber —dijo con simpleza—. Eso es todo.

—Entonces, ¿por qué no apareciste en la reunión?

—Ya se los he dicho, he llegado tarde de misión —indicó con el rostro escondido entre los cabellos y su voz sonando cada vez más bajo rodeada de un deje de decepción—. Y he querido acercarme a las alturas.

—¿De qué estás hablando?

Itachi no contestó, vagamente se limitó a actuar.

El corazón de Sasuke comenzó a latir desesperadamente cuando vio a su hermano empuñar un kunai y con un ágil movimiento cortó parcialmente la tensión que los envolvía. La columna que rodeaba al Clan se resumió a basura con el Kunai de su hermano incrustado diez centímetros por debajo de la pared familiar, ahí, justo ahí…

Esparciendo fragmentos de escombros del símbolo Uchiha que era corrompido a la mitad.

Fugaku y su hijo se miraron. Itachi identificó el vuelco de asombro que atravesada a su padre. Desvió la mirada quedando de perfil ante los cuatro hombres que lo miraban inquisitivos, pero él no se inmutó. Ni un ápice de arrepentimiento lo abrumó para delegar de sus palabras.

—¿Pero qué carajos crees que has hecho? —exclamó Tekka incorporándose de golpe.

El aire se volvió desértico sometiéndolo ante la aspereza que chocaba contra su cuerpo. Sin embargo, al mismo tiempo rozaba su rostro en forma de una caricia grácil, como lo haría una madre con tacto suave intentando tranquilizar a su hijo… Pero no, Mikoto no estaba para verlo, no estaba para detenerlo, y él no estaba para pensar.

—Mis habilidades se desesperan ante esta patética familia.

—¡Calla! —escupió Inabi con el ceño fruncido de la indignación, su voz sonaba… incitaba a una amenaza. Pero a Itachi no le importó, hacía mucho no le importaba para que le ingresase en ese momento.

—Olvidas qué es lo más importante para ti porque alabas algo tan insignificante como tu Clan. Lealtad a la familia, lealtad al nombre, lealtad a todo… eso los ata de pies y manos —contestó—. Deberían detestar algo que los limita y determina sus habilidades. Por eso odian y desprecian todo lo que no resulta evidente a la vista… que patéticos.

—¡Eres un insolente! —gritó Tekka poniéndose de pie.

—Tampoco me importan vuestras opiniones —respondió secamente con el asir de su sharingan brillando en todo su esplendor—. Nuestro apego a algo tan delimitado como este Clan hace que pierdan de vista cosas mucho más importantes. Es imposible un verdadero cambio si están atados a leyes y limitaciones, restricciones por normas, suposiciones y predicciones.

—Deberías aprender a cerrar la boca cuando se te ordena.

—Se acabó, ha sido suficiente —masculló Yashiro apoyándose en el hombro de Fugaku que lo veía sin entender qué le ocurría a su hijo—. Si vuelvo a oírte decir una insolencia semejante te meteré a una apestosa celda.

—Ah, ¿si? —murmuró Itachi de manera retadora—. Lo estoy esperando.

—Esto es inaceptable —exclamó Inabi con desprecio—. Capitán, debería ordenar su detención.

Los labios de Itachi se abrieron ligeramente para farfullar otra "desfachatez" pero se detuvo al oír un grito desesperado proveniente del interior de la casa.

«¡Basta!»

«¡Basta!»

La voz de Sasuke se escuchaba como un murmuro lejano, y sólo entonces la razón abofeteó al mayor de los Uchiha regresándolo a la realidad. Con la mirada apagada cerró los ojos prestando atención al susurro de su hermano hasta que oyó un sollozo que identificó de inmediato sintiendo como los latidos de su corazón de detenían por una milésima de segundo. volvió la vista para encontrarse con el rostro de Sakura enfundado en un mar de lágrimas que descendían sin descanso.

Ella apretaba sus manos junto a su pecho y se sintió temeroso, por primera vez comprendía el significado de debilidad. ¿Qué tiempo llevaba ahí? Podía imaginar que el tiempo suficiente para odiarlo. Sus ojos desprendían un rastro de miedo y creyó desfallecer de pensar en la razón. Alzó la vista posándola en la mirada verdosa de Sakura y casi por reflejo sus ojos escarlata volvieron a adquirir el tono opaco de siempre.

—Por favor, Itachi… detente —pidió como una súplica. Las palabras de Sakura volaron por los aires hasta detenerse junto a él, y él accedió.

Finalmente se desplomó, se deshizo frente a los cuatro Uchiha golpeando sus rodillas de manera estrepitosa. Ningún dolor se asemejaba al que lo invadía en ese momento, tampoco sintió la humillación al situarse en forma de reverencia frente a su padre y los tres imbéciles del cuerpo policíaco. Vanamente bajó la cabeza ocultando su rostro por completo, había perdido totalmente el sentido de una patética pelea con su Clan.

—Yo no acabé con la vida de Shisui Uchiha, pero me disculpo por mis insolentes palabras… —aseguró Itachi con la cabeza gacha—. Lo siento mucho.

Fugaku guardó silencio ocultando el asombro de ver a su hijo en una postura opuesta a la inicial, sin embargo se sintió agradecido del cambio radical en su actitud.

—Últimamente ha tenido muchas misiones con el cuerpo ANBU y está algo alterado… —dijo sin apartar la vista de su hijo, que seguía en la misma posición de disculpa. Sin embargo, las miradas atónitas de Inabi y Tekka lo seguían sin miramientos.

—¡Capitán!

—Los ANBU son un escuadrón especializado y dirigidos bajo la autoridad directa del Hokage… —dijo con expresión seria—. Ni siquiera nosotros podemos arrestarles sin una orden oficial, y de todas maneras —murmuró haciendo una pausa— es de mi hijo de quién estamos hablando… asumo toda responsabilidad sobre él.

Los tres hombres se estremecieron ante aquella voz calmada pero decisiva que era Fugaku, ninguno de ellos tuvo el valor suficiente para debatir la realidad: Era cierto, tan simple y claro que no necesitaba explicación. Itachi era un ANBU y sobre todo era su hijo… y contra la sangre no se puede hacer nada. Con una mueca de indiferencia, aquel hombre imponente comenzó a caminar con parsimonia al interior de la vieja casa sin prestar atención al rastro de decepción que anidaba en su interior.

Porque no sólo Sasuke había entendido algo ese día, también lo había hecho aquel padre… y de la forma fea, de la manera grotesca: Itachi estaba creciendo, había crecido frente a sus ojos.

Él, que creía conocer a su hijo, se daba cuenta que había dejado de ser el pequeño Itachi que le asentía sin cuestionar; pero ya no, ahora todo era diferente y un ahogo lo sofocaba porque a pesar de todo desconocía hasta que punto lo había hecho. Por primera vez veía incierto el futuro de los Uchiha, el suyo, el de su Clan y el de su primogénito.

Cuando Fugaku se perdió por el umbral de la puerta, los policías de Konoha desaparecieron sin mirar atrás, con el orgullo por los suelos y el enojo a flor de piel. Sólo Sasuke y Sakura permanecieron de pie abrazando el pilar que sostenía la entrada, apenas asomando sus pequeños rostros a la expectativa de lo que fuera a ocurrir.

Una vez que no hubo nadie, Itachi se levantó con pesadumbre. Sakura creyó que el corazón se le saldría del pecho al verlo caminando en su dirección, creyó que se detendría a su altura, creyó que le desordenaría el cabello y le diría que todo estaba bien, creyó tantas cosas pero nunca creyó verlo pasar a su costado con la mirada pérdida sin reparar en ningún momento en ella.

Sólo entonces, cuando su cuerpo se había perdido detrás del suyo, unas frías y llanas lágrimas terminaron por caer manchando sus mejillas. Una de ellas resbaló sobre sus labios y percibió un sabor más salado de lo que recordaba. Con un ligero temblor llevó una de sus manos palpando la humedad de su rostro, por un momento creyó que estaba muerta, su pecho le dolía y sus sollozos se habían vuelto callados. Apenas y un sonido lastimero se dignaba a salir.

Y no sólo Sasuke y Fugaku aprendieron algo, ahora también lo hacía Sakura: En vida también se puede morir, porque hay muertos que no hacen ruido.

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Intentó cambiar de lugar. En más de una acasión quiso desprenderse de aquel sitio y dejar por fin esa estúpida manía suya de recurrir al mismo punto. Después de fracasar como de costumbre, se deshizo sobre sí recostando su espalda contra el árbol de cerezo. A pesar de que las flores ya habían empezado a caer y sus ramas se deshojaban él seguía ahí, como el único ser que se rehusaba al cambio.

«Es muy pronto» pensaba, aunque en el fondo sabía que en algún momento lo tendría que hacer.

Antiguamente aquél prado había sido un simple campo de entrenamiento, pero por cuestiones del destino las prácticas se habían alejado —por fortuna del lugar— devolviéndole el pasto verde a la superficie que anteriormente golpeaba y hacia volar en pedazos: él y su equipo de academia. Sin percatarse sonrió momentáneamente. Claro, antes de que hubiesen muerto en la Guerra Civil, todos sus compañeros de infancia habían desaparecido siendo muy jóvenes y durante un tiempo se llegó a preguntar qué tenía él de especial.

«¿Por qué ellos sí y yo no?». Aquella pregunta había dejado de ser importarte con el paso del tiempo. Ya había entendido que la muerte en una Guerra era horrible, pero siempre puede haber cosas peores: una Guerra Civil y estar obligado a asesinar. Para tener trece años había vivido lo suficiente para saber que los enfrentamientos y los golpes de estado no traían nada bueno, cualquiera con sentido común lo sabía.

Dudaba que los Uchiha tuvieran un sentido común.

Un escalofrío subió por su espalda produciéndole un vértigo en el estómago. Sin darse cuenta colocó una de sus manos sobre su abdomen tratando de relajar el estremecimiento que le corroía. Sabía que, de poder evitar todo aquello, él no tendría que estar renunciando a toda una vida, no tendría que matar su memoria y quemar todas sus glorias. Simplemente no tendría por qué hacerlo.

Tomó una de las flores de cerezo y la miró con atención, entre sus dedos era sumamente delicada. Todo en aquél lugar lo era, se había vuelto un paraje diferente, tranquilo, totalmente aislado del ruido de la villa y de las katanas al blandirse, ajeno a los centellos de dos kunais al interceptarse… totalmente ajeno a la vida de un shinobi. No podía evitar sentirse un intruso, alrededor no había más que frondosos árboles que brindaban sombra con unos cuantos rayos de sol que se colaban entre las ramas.

Y totalmente agotado se dejó caer. Con el viento suave meciendo sus cabellos se dejó abrazar por el aroma a cerezos que le abrigaba cálidamente. Alejó de su mente la mirada asustada de Sakura, apartó la intención que tuvo por limpiar sus lágrimas y sobre todo dejó de lado el miedo que sintió de lastimarla una vez más, y se odió… porque al llegar a ese lugar supo que la había lastimado.

No tenía idea del tiempo que había dormido, quizá no tuviera idea de muchas cosas, pero estaba plenamente consciente que no había descansado de aquella manera en mucho tiempo. Tampoco recordaba haber despertado de esa manera en toda su corta y patética vida… con un peso extra sobre su cuerpo y unos mechones de cabello —rosa— esparcidos sobre su pecho y cayendo con parsimonia sobre sus brazos, con un olor típico repicándole los pulmones.

A pesar de sentir el brazo ligeramente entumecido y un extraño aumento en su ritmo cardiaco, supo que jamás se había levantado con mejor humor.

Poco a poco unos ojos verdes de abrieron mirándolo con sorpresa, su rostro se iluminó y soltó un bostezo antes de fregar el dorso de su pequeña manos en sus ojos. A horcajadas sobre el cuerpo de Itachi ella parecía no darse cuenta de la situación.


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