Los personajes son de RIB y FOX. Lo único que me pertenece es la historia...

Enjoy it!


Say You'll Stay

Capítulo 4.

Una de las cosas que más horrorizaban a Madison desde que había llegado a Ohio, era que nadie parecía reconocer a su padre o a ella. Es decir, en Nueva York ninguno de los dos podía dar más de 50 pasos antes de que alguien los reconociera y les dijera cuánto admiraban su estilo. Aquí, todos parecían usar jeans y camisas de franela y no tener idea de quiénes eran ellos, ni porqué llevaban ropa de S&H y de Kurt a todas partes.

Al menos eso era lo que pensaba.

-¡Kurt!

Ambos Hummel se giraron, encontrándose con una mujer rubia y delgada enfundada en un traje azul marino de falda lápiz, un collar de perlas, un moño perfecto y labial rojo que le daban una elegancia clásica instantánea. Maddie sonrió: Finalmente alguien con estilo.

-¿Quinn? ¿Qué haces aquí?

-Creo que la pregunta seria qué haces tú aquí, mon amie. ¿Acaso te has cansado de Nueva York?

-No, por supuesto que no. Mi padre ha...

-Oh cierto, Evans me comentó sobre eso la semana pasada en la iglesia. Lo siento mucho Kurt...

-No te preocupes Q. Alguien tiene que cuidar a mi padre y a Carole y... Bueno, lo hacemos con gusto. -Dijo, señalando a su hija, antes de darse cuenta de su olvido. -Oh Dios, discúlpame. Quinn, esta es mi hija Madison Hummel. Mad, ella es Quinn Fabray, estudió en McKinley conmigo. Y ahora es...

-Ahora dirijo la Academia Crawford Country Day.-Interrumpió la rubia, apretando la mano de la menor de los Hummel con gentileza. -Es un placer.

-El placer es mío Dra. Fabray. Mi padre decidió encerrarme en Crawford y me alegra saber que al menos ya tendré una cara conocida en la Academia.

Los tres rieron elegantemente, haciendo que los demás se giraran para verlos. Su ropa y conversación eran demasiado extravagantes para un supermercado de Ohio.

-Te divertirás mucho. Sé que no somos Nueva York, pero hay muchas actividades para realizar. Por ejemplo, en tres semanas tendremos el baile de bienvenida junto con la academia Dalton y nosotros lo estamos organizando. Será fabuloso.

-¿Un baile... Con Dalton?-Preguntó emocionada la castaña.

-Así es. Será grandioso. Estamos planeando una noche temática, sé que todos los disfrutarán y... Yo tengo que irme -Dijo Quinn cuando su teléfono comenzó a vibrar. -Tengo que ver al Senador Harwood en 5 minutos y temo que ya voy tarde. Disculpenme. Kurt, fue un placer volver a verte, y Maddie, ansío verte en Crawford. No dudes en acudir a mi cuando necesites algo. Lo que sea.

La rubia se despidió con un estruendoso beso en la mejilla, dejando a padre e hija viéndose a los ojos, con una sonrisa emocionada que solo podía significar una cosa:

Hora de diseñar.

...

Cuando Sebastian llegó ese viernes a la casa de los Hummel, se extrañó al ver las luces apagadas y el auto afuera. Eso no tenía sentido.

Entró cuidadosamente por la puerta principal, dirigiéndose al segundo nivel de la casa, encontrándose con su amado y su quasi-hijastra en el estudio del hombre de los ojos azules, ambos riendo y escuchando música de fondo mientras trabajaban en lo que Sebastian supuso que era un diseño.

-No papá, sería mejor que fuera plisado y cayera desde arriba hasta la pantorrilla...

-Mad, para esa idea, el vestido sólo podría llegar arriba de la rodilla. ¿Qué dirías de una falda circular?

-¡PAPÁ!

-¡KURT! ¡MADDIE!-Gritó Sebastian, aprovechando la oportunidad para entrar a la habitación y abrazar a ambos Hummel.

-¡Hola Seb! –Respondió la castaña, emocionada por el diseño que hacían, más que por la llegada de Smythe

-¿Cómo llegaste cariño? Pensé que tu vuelo llegaría a las 8:30.

El más alto rodó los ojos –Bebé, mi vuelo llegó media hora antes. Y son las 9 de la noche.

Kurt revisó su celular, percatándose de que lo que su novio decía era correcto. –Oh por... Seb, cariño, lo siento mucho. Maddie y yo estamos trabajando en un vestido y supongo que perdimos la noción del tiempo. ¡Oh no! ¡La cena!

Sebastian dejó un beso ligero en la cabeza del castaño. –No te preocupes bebé. ¿Qué les parece si vamos a Breadstix, cenamos algo y me cuentan sobre este increíble diseño de Hummel y Hummel?

-Hummel y Hummel-Anderson. –Corrigió Madison, haciendo que los dos hombres rodaran los ojos. –No hagan eso. Algún día, un vestido de Kurt Hummel NY dirá eso. Lo juro.

...

-¡Listo! ¡Oh papá, es hermoso!

-Ese fue un gran trabajo en equipo cariño. Ahora déjame llevarlo a escanear para que Dani se encargue de que esté aquí a tiempo.

La castaña asintió, dejando un sonoro beso en la mejilla antes de correr escaleras abajo para ver "The Fight Club" con Sebastian. Kurt escaneó el diseño del vestido y lo envió por correo. Tomó su teléfono y llamó a Dani, su mano derecha, su amiga, y la chica que resultaba ser su asistente.

-¡Hola querido jefe! Es bueno saber que sigues vivo, más allá de tus correos.

-Yo también te extraño Dani. ¿Qué tal todo?

-¿A parte de que el Señor Sterling está enloqueciendo sin ti aquí? Nada interesante.

-Oh, lo siento mucho Dani. Por favor dile a Anny que no dude en contactarme por cualquier cosa. Hablaré con Jeff... –La chica al otro lado del teléfono sonrió, haciendo que el castaño hiciera lo mismo. –Pero bueno cariño, eso no es por lo que te llamaba. Acabó de enviarte el diseño de un vestido que necesito para la siguiente semana. Registralo para KHNY, y encárgate de que esté aquí a tiempo.

-Por supuesto Kurt. ¿Es para la señorita Hummel?

-Si Dani, es para Maddie.

-Ok Kurt. Ya mismo lo envío para que comiencen a trabajar en él. ¿Algo más en lo que te pueda ayudar?

-Si Dani. Hay un diseño de un traje para hombre en mí escritorio. Necesito que se lo lleves a Jeff lo más pronto posible. Él sabe qué hacer con él.

...

Crawford era adorable.

Madison encontraba los edificios antiguos de la Academia como la cosa más pintoresca que había visto. Sus fuentes de piedra, sus balcones, sus techos de dos aguas, sus columnas neoclásicas...

Por supuesto, era evidente a sus ojos que quien haya decorado la Academia tenía un pésimo gusto en arte, pero no era como que tuviera voz o voto en ello. Aun así, Crawford le encantaba. Se sentía como en una eterna vacación en el lado pintoresco del mundo. Se había acostumbrado a las calles glamourosas de Nueva York, París, Londres... Al lado indie de San Francisco y sus lugares aledaños. Nunca había tenido oportunidad de disfrutar de la paz del medio este, del olor a pasto recién mojado y tierra mojada durante las mañanas, del brillo de las estrellas de la noche...

El lugar más aburrido del mundo era una descripción que le quedaba bien.

Las clases eran... Tranquilas. Ningún reto intelectual para una Hummel... Con la ligera excepción de que su profesor de deportes, el Dr. Clarington, parecía ganar fuerza con cada alumna que lo odiaba. Aún así, la actividad física no era tan agitada como para vomitar...

Aún.

No terminaba de decidir qué tan agredida debía sentirse por el hecho que, desde la segunda clase, su profesor de deportes no le quitaba los ojos de encima. No en un modo pervertido, sino como si tratara de ver más allá de lo exterior y estuviera tratando de descubrir algo más allá, sus secretos más profundos.

Como si pudiera.

Aun así, Madison se sentía cómoda. En Crawford todos la adoraban y eran muy amables con ella. Los profesores y sus compañeros se encargaban de que la castaña se sintiera como en casa, recibiendo la misma atención que recibía en las calles de Manhattan a las que tanto se había acostumbrado. La comida era... Aceptable, aunque nada se comparaba a las habilidades culinarias de su padre y de Sebastian, que siempre sabía elegir la copa de vino ideal.

Lo único que la incomodaba un poco era la obsesión del medio este con su segundo nombre. Ella era Madison Hummel, no Laura sin apellido. Pero parecía que en Crawford era Laura, y no terminaba de decidir qué tan irritable era eso.

Sin embargo, era la primera semana, y las cosas iban bien.

Al menos eso se decía la castaña.

...

Para el jueves, el huracán "Laura" había arrasado con Crawford Country Day. Todas las chicas y los profesores hablaban de la castaña recién desempacada de Nueva York. Aunque aún no sabían nada sobre ella, todos hablaban y alababan su impecable estilo al vestir, al peinarse, al caminar, al hablar...

Todas las chicas querían hablar con ella, hacerse sus amigas o, por lo menos, recibir una mirada accidental de la chica que caminaba por los pasillos como si dominara cualquier pasarela de Nueva York.

Más aún, todas envidiaban a Jane Hayward, una chica morena y de cabello rizado que era la afortunada compañera de cuarto de la chica Hummel. El nivel de popularidad de la chica aumento de manera drástica en cuanto se esparció el rumor de que era la afortunada compañera de la adquisición más nueva e interesante de la Academia Crawford. En las clases, todas querían trabajar con ella, y en el almuerzo todas deseaban tener la oportunidad de sentarse con ella y, así, tal vez escuchar alguna anécdota de la boca de quien tenía acceso a la vida de la castaña.

Sin embargo, hasta ese día, la chica aún no había cruzado palabra con su compañera de cuarto. Entre otras razones, porque Jane no estaba feliz de tener que estar en una escuela para mujeres cuando ella, por su familia, tenía un lugar y una suite esperandola en la Academia Dalton. ¿Qué importaba que fuera originalmente una escuela para varones? Era pleno siglo XXI, y era estúpido seguir discriminando a las mujeres, especialmente cuando era una de las mejores escuelas del país...

Sin embargo, estaba en Crawford Country Day. "Dalton para señoritas", como se decía cada vez que una joven quería entrar a la escuela, todas provenientes de una familia más rica, poderosa e influyente que la anterior. Y el que fueran escuelas hermanas y que el Dr. Montgomery jurara que Crawford era tan buena como Dalton no significaba que Jane se sintiera como en Dalton. Así que estaba atascada en una escuela para señoritas, con una compañera de cuarto que se había convertido en la sensación de la escuela desde el primer momento y que le parecía el ser más hueco y desalmado que alguna vez hubiera conocido, siempre preocupada sólo por verse bien, nunca por ser algo más que una cara bonita.

¿Por qué querría hablar con alguien así?

...

-Oh, papá... Es... Es... No puedo decidirlo.

La castaña tomó de su naranjada mientras enfocaba su mirada en la pasta frente a ella, mientras que el hombre frente a ella tomaba un poco más de comida del plato frente a él.

-¿A qué te refieres Madison querida?

-A que Crawford es tan... Plano y simple. No hay nada que encuentre remotamente estimulante: las clases son aburridas y sencillas, y las actividades extracurriculares parecen sacadas de la mente de alguien que vivió la Segunda Guerra Mundial. Quiero algo que me prepare para ser de las futuras líderes de este país, no la esposa de uno de ellos.

-Oh Maddie...

-Y es que papá... Ósea, por ejemplo, tenemos un baile junto a Dalton la siguiente semana y siento que su definición de baile parece sacada de una novela de Austen: juntan a dos escuelas para que chicos y chicas de las familias poderosas de Ohio se conozcan, entablen una relación, sus padres arreglen el matrimonio y finalmente unan dos imperios de lo que sea que produzcan aquí, sólo para repetir el ciclo en 20 años...

-¿No crees que exageras un poco querida? Es decir, Crawford sí es un poco elitista, pero...

-No papá, es horrible... No sé cómo alguien podría estar en esa escuela por decisión propia...

-Bueno Maddie, la cuestión es que Dalton es la mejor escuela de la región, sólo que no admiten chicas y todos saben que el Apocalipsis llegará antes de que acepten a una mujer. Muchas de las mujeres más brillantes de la región han estado en Crawford...

-¿Y qué dices que hacen ahora?-Preguntó la castaña con una ceja levantada

-Madison Anderson, no arruines mis intentos de subirte el ánimo.-Le respondió el hombre con un enojo fingido.

-Papi B, es que tus intentos no me están ayudando... Y eso que no he comenzado a hablar del uniforme o de que tengo que compartir habitación. -La chica suspiró y removió la comida de su plato con los cubiertos. –Lo único que me consuela es que diseñe mi vestido para el baile, así que al menos tengo con que practicar...

-¿Ves? No es tan... Espera ¿Vas a ir al baile?-Preguntó el hombre Anderson confundido...

-¿A qué te refieres papi B?

-Bueno, pues no creí que quisieras ir. No después de tu perfecta descripción de lo que podría pasar por un baile Victoriano.

-Oh, por supuesto que estoy en contra de sus intenciones de arreglar matrimonios a esta altura de la vida... Pero toda momento es una oportunidad para la moda, y el baile será en Crawford, así que mi otra opción es estar encerrada en mí habitación compartida, viendo alguna película cursi y comiendo palomitas como si mi vida dependiera de eso... Y, honestamente, no gracias. Paso.

-¿Y ya hablaste con tu padre sobre eso?

-Papi K está encantado con la idea. Me ayudó con la confección del vestido...

Anderson asintió, sin estar seguro de que decir. En ese momento, su teléfono comenzó a sonar, mostrando que era una llamada del otro hombre Anderson.

-Maddie cariño, disculpame por favor, pero tengo que tomar esta llamada. Pero, ¿porque no llamas a tu padre mientras?

La castaña asintió, sacando su celular para comunicarse con su padre. Con un suspiro, buscó a su padre entre la lista de contactos y presionó llamar, escuchando los tonos de espera.

-Maddie querida ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu semana cariño? ¿Ya cenaste?

-Hola papi K. Estoy con papá en Breadstix comiendo y todo va… Pues podría ir mejor.

-Oh cariño… ¿Qué pasa? ¿No te gusta Crawford? ¿No te tratan bien?

-Papi…-Dijo la chica mientras rodaba los ojos. –Soy una Hummel y una Anderson. El mundo no puede evitar voltear a verme. Y saben que deben tratarme bien. El problema es que es tan… retrógrada. Quiero desafíos intelectuales y administración de empresas, no costura y cómo hacer un buen pastel de carne.

-Oh Maddie querida… A pesar de las circunstancias, yo sé que lograrás disfrutar mucho Crawford. Por cierto cariño ¿Cómo van los planes para el baile?

-No tengo cita papá… Claro que eso nunca ha sido un impedimento para mí. ¿Ya llegó mi vestido?

-Llega mañana Mad. Te lo llevaré el lunes por la tarde.

-Gracias papi K.

-No hay nada que agradecer Maddie. Ahora te dejo, porque… debo de lavar los trastes. Te quiero cariño. Llámame cuando estés de regreso en Crawford.

-También te quiero papi K. –Dijo la castaña, preguntándose desde cuando su padre estaba tan preocupado por lavar los trastes. Estaba guardando su celular cuando su padre regresó, también guardando su celular y con una sonrisa de satisfacción. La castaña sonrió.

-Y… ¿Con quién hablabas papi B?-Preguntó Madison levantando una ceja de manera sugerente. El hombre rio.

-No era nadie cariño. Sólo una llamada de San Francisco por trabajo.

-De San Francisco… por trabajo en viernes. Claro papi.

Blaine sonrió. –La música nunca descansa Madison. Y los negocios tampoco.

-Está bien papi B. Yo te creo… Sólo digo que si fuera alguien que no hablara por negocios estaría bien. Eres libre de hacer tu vida como te plazca.

-Parece que mi pequeña niña ya es toda una experta en la vida. –Dijo el hombre mientras apretaba la mano de su hija sobre la mesa. La castaña se sonrojó. -¿Qué dices acerca de hacer un maratón de películas de Disney en casa? Hace mucho que no cantamos "Bajo el mar" a todo volumen. Y mañana podemos hacer pan francés para desayunar.

-Suena como un plan perfecto papá.

Los dos Anderson sonrieron y dejaron el restaurante una vez pagada la cuenta. La castaña subió al auto de su padre y, mientras las luces de Lima pasaban frente a ella, se puso a reflexionar en su vida en ese momento.

Definitivamente Crawford no la estaba haciendo tan feliz como habría esperado. Necesitaba averiguar qué le estaba molestando tanto y buscar una solución. Tal vez podría crear un equipo de tenis en Crawford. O un club de alta costura. O un equipo de debate. Inclusive un coro…

¿Un coro? Pasar tanto tiempo con su padre músico comenzaba a afectarle.

Aunque ciertamente podría crear un coro.

La chica se sacudió la idea en cuanto se dio cuenta de que habían llegado a casa de su padre. Anderson caminó y encendió todas las luces, dejando el camino libre para que si hija se dirigiera a su habitación. Una vez que se hubo quitado su atuendo de esa noche, la chica bajo con un moño simple y su pijama puesta, mientras su padre encendía la pantalla y accedía a su cuenta de Netflix.

-¿La Sirenita?-Dijo el hombre mientras le sonreía a su hija. La castaña asintió.

-Sabes que es mi favorita.

El hombre asintió y la eligió, mientras su hija se acomodaba en el sillón principal, cubriéndose con una frazada y tomando un puño de palomitas del tazón frente a ellos. La chica giró y sonrió a su padre cuando se dio cuenta de que la veía intensamente. El hombre le respondió de la misma manera.

-Aunque tu padre se empeñe en decir lo contrario, eres tan Anderson como yo Maddie.

La chica sonrió y volvió a enfocar su mirada en la TV. El maratón de películas apenas comenzaba y, por increíble que pareciera, no había otro lugar dónde deseara estar.


Tal y como prometí, esta fue la versión de Madison. ¿Ya resolví algunas de sus preguntas?

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¡Por supuesto que no! No sean tan desesperados, eventualmente entenderán todo. :)

Gracias por sus reviews. Espero que nos leamos pronto (Cosa que no prometo). :)

PD. Estoy muriendo por una infección en la garganta en mi casa desde el fin de semana pasado, así que por eso estoy aquí. Mi semestre es hermoso y bello, pero pesado como solo la MCDEDM puede serlo. Si sobrevivo, tendrán más capítulos ;)

PD2. ¡El baile será en el siguiente Cap! ¡Que emoción! ¿Qué pasará? :P