Holaa fanficers! Eme aquii! He estado toda la semana esperando este momento (el de escribir), pero aunque he querido no he podido :( con todos los trabajos y exámenes me han bombardeado, pero como hice una promesa (nunca dejar un fic inconcluso) conmigo misma no puedo dejarlo, y tampoco puedo dejar de pensar en ideas para mas fics de nuestros rubios..
Sin más que decir/escribir… 3, 2, 1..
Disfrútenlo!
Siempre ahí:
Me sudaban las manos de lo nerviosa que estaba. Todo paso tan rápido que no tuve tiempo de reaccionar. Si canalizamos todo los que ha pasado en los últimos minutos seria así: Vi el carro acercándose a mí, de repente sentí que alguien me empujaba haciendo que casi nos cayéramos los dos, pero me esquivó de un atropello. Lo que no entiendo es ¿Por qué la camioneta paró y nos llevó? Y ¿Por qué a los dos?
Miro de reojo a Arnold, quien se encuentra en mi costado. Se nota a simple vista que está nervioso y angustiado. Mira a todas partes esperando una explicación, pero lamentablemente no puedo dársela, porque yo también necesito una.
-¿Qué es lo que está pasando? – Arnold se acerca a mí y me susurra en la oreja. Yo me alzo de hombros y niego con la cabeza dándole a entender que no se. Mi vista se posa en la puerta de la camioneta, exactamente en el seguro. Arnold me sigue la vista y capta la idea. Sé que es arriesgado saltar de un carro en movimiento, pero ¿nos queda de otra? No lo creo.
Levanto el seguro lentamente y agarro la manija de la puerta para saltar. Con mis dedos hago uno, dos, tres y Arnold me sigue la cuenta. Ya está. Me abalanzo contra la puerta recibiendo un muy fuerte golpe, puesto que esta no se abre. Hago una mueca de dolor y empiezo a frotarme el brazo en donde recibí el golpe. Arnold me mira preocupado.
-Tiene seguro de niños – dice el conductor tajantemente – Quédense quietos, ya vamos a llegar.
Yo solo pongo los ojos en blanco y miro por la ventanilla. El barrio está un poco alejado y estamos en una carretera en un puente, y debajo de este se encuentra el Parque Central de Hillwood.
-¿Estás bien?– Arnold vuele a susurrar.
-¿Qué crees alcornoque? – le digo tajantemente dejando salir mi personalidad de brabucona. Segundos después me lamento.
Nos alejábamos cada vez más del barrio. Por alguna razón la zona se me hace conocida, pero en estos momentos no le doy mucha importancia. Los nervios me consumían viva, estaba angustiada y preocupaba ¿Qué era lo que estos hombres querían de nosotros? Era pregunta se quedó marcada en mi cerebro con fuego durante todo el trayecto. Me sudan las manos y tengo la vista perdida, mientras que mi mente está hundida en pensamientos.
-¿Qué rayos es los que quieren? – pregunto casi en un grito. Me deben una explicación ahora.
-No te podemos dar esa información – dice el conductor mirándome por el espejo retrovisor. Yo simplemente bufo.
-¿Cómo saben de nosotros? – pregunta Arnold calmado, pero quiere la respuesta.
-La verdad no sabemos quién diablos eres tú, seas su novio, su amigo, nos interesa muy poco – dice el conductor sin despegar su vista del camino - La queremos a ella.
-¿Para qué? – gritamos Arnold y yo al mismo tiempo y después nos miramos.
-Esa información es confidencial – dice – Ahora manténganse quietos, ya vamos a llegar.
Volteo nuevamente a ver como se encuentra Arnold. Él está más sereno que yo, pero igual se le nota la angustia y la preocupación. Me mira y nuestras miradas se cruzan. Nos quedamos viéndonos a los ojos, y el momento se interrumpe porque el carro paró en seco. El guardia de seguridad le pide identificación al conductor y después de una respuesta nos dejan pasar.
Al entrar se observa un edificio blanco, pequeño de altura, pero grande en cuanto a tamaño. Un enorme cartel esta sobre él. Este dice "Los mejores localizadores, aquí". Sabía que esto tenía algo que ver. ¡Malditos localizadores!
-Genial- susurro y felizmente nadie me escucha.
El auto para al costado del edificio. Hay muchas y muy grandes ventanas, en las que lamentablemente no se observa nada que me diga que hay dentro de ese edificio. Hay, además, una puerta de vidrio, y arriba de esta dice con letras plateadas y de relieve: "Localizadores Maxtrans" y al costado un localizador pequeño, también como las letras. Bajo de carro y me quedo viendo a Arnold. Él con los ojos señala la reja que aun sigue abierta y me hace unos gestos como diciendo 1, 2, 3… ¡Corre! Así, que empiezo a correr cual alma perseguida por el diablo, con él a mi costado. Estamos a punto de llegar a la salida, cuando unos de los gigantescos hombres (¡en serio! ¿De dónde salen? ¿Cómo pueden ser tan altos y fornidos?), aparece en nuestro camino, haciendo que Arnold y yo paremos en seco.
-Gran idea Arnoldo – digo y lo miro con una mirada asesina.
-¿Tenias otro plan? – me pregunto alzándome de hombros. Bufé de rabia, su plan falló.
El hombre llamó a su compañero (¿Cuántos eran?) y nos agarraron a Arnold y a mí por los brazos. Empezamos a caminar en dirección al conductor ya fuera del auto y los demás hombres. Rato después, entramos por la puerta.
Al entrar, podía ver como una rotonda, pero eran en donde se encontraban las recepcionistas. Personas iban de allá para acá, todos con ternos o faldas y sacos grises. ¿Qué nadie notaba que nos tenían agarrados/secuestrados? El sentido común de la gente se había esfumado por completo.
Nos acercamos a las recepcionistas que estaban pegadas a sus computadoras (literalmente). El conductor pasó de entre nosotros y se acercó a una recepcionista.
-¿Dónde se encuentra el señor Iglesias?- preguntó.
-En su oficina – dijo automáticamente. Nos pasó una mirada a mí y a Arnold, suspiró y volvió a la máquina de yacía en frente de ella.
Hicimos paso entre la gente y llegamos hacia un elevador. Subimos hacia el segundo piso, en donde únicamente se encontraba un pasadizo y al fondo de esta, una puerta. El lado derecho de este estaba lleno de pinturas, y el lado izquierdo eran puros ventanales, estaba por anochecer.
Al ir caminando en el pasillo pude ver las pinturas con claridad. Eran localizadores (¿sorpresa?) desde el más antiguo hasta el más nuevo. Avanzamos hasta la puerta, en la cual pude leer "Damen Iglesias" y con letras más pequeñas "Jefe" en color negro. El conductor tocó la puerta un par de veces y como en la cuarta respondieron "Adelante".
Entramos, los dos hombres aun nos agarraban a Arnold y a mí. Un señor de cabello castaño y ojos entre miel y marrón, estaba sentado detrás de un escritorio y a su lado estaba parado otro señor de cabello negro, un tanto alto, que nos miraba nerviosamente. Con esta imagen supe quien es el jefe y quién no.
-Valla, valla, valla – dijo el señor que estaba sentado, ya que ahora estaba de pie caminado lentamente hacia nosotros – Mira quien tenemos aquí, nada más y nada menos que Helga Geraldine Pataki.
-¿Qué es lo que quiere de nosotros? – pregunté tajantemente. Quería avanzar unos pasos para ponerme frente a frente con el señor y darle una mirada para que aprenda quien manda, pero el guardia que me sujetaba de los brazos me jaló hacia él fuertemente haciendo que casi me caiga. Lo mire con una mirada de muerte.
-Imbécil – bufó Arnold, quien miraba al guardia con una mirada como la mira, o hasta más amenazante. Me sorprendí ante tal acción, pero tenía cosas más importantes en que pensar.
-Bueno, como sabrás tu padre tiene una cadena muy amplia de localizadores, la cual compite con la nuestra… - dijo.
-Tenía que ser – dije, y sentí la mirada de Arnold atrás mío.
-Le ofrecí una gran oferta, pero él la rechazo – dijo, mientras apoyaba el trasero en su escritorio – Así que tuve la gran idea de secuestrarte, para que me venda su empresa a cambio de su hijita menor – miró a Arnold – Por cierto ¿Quién es él?
-Él no tiene nada que ver en esto – le dije – Déjenlo ir.
-Bueno muchacho, tienes las puertas abiertas – dijo el señor con una amplia sonrisa. Arnold lo miró, me miró y se quedó ahí parado, sin hacer nada. Lo mire con cara de "¿Qué haces?", pero el ni su inmutó en responder.
-¿Qué te parece mi idea? – me pregunto aun sentado en su escritorio.
-Estúpida, tonta, absurda, nada astuta – dije mirándolo fijamente – Por favor ¿Un secuestro? Mi familia ha recibido amenazas, demandas que eran falsas por el mismo maldito tema, pero nunca un secuestro. Ahora estoy en lo correcto, "la gente ha perdido la cordura por dinero".
-No me hables de esa manera – me dijo casi en un grito.
-Te hablo como me da la gana – le dije. Estaba nerviosa por responde así, pero era tanto mi enfado y mi rabia que las palabras salieron solas de mi boca.
-Fantástico, llévenla arriba – dijo y se volvió a sentar en su escritorio. El guardia que sujetaba a Arnold lo soltó.
-¿Te vas o te quedas? – le dijo este a Arnold.
-Me quedo – dijo él, esquivando mi mirada.
Nos llevaron al tercer y último piso, era igual que el segundo, solo que la pared del lado derecho no tenía las horrendas pinturas. Del lado izquierdo igual había ventanas, pude ver la luna, pero el cielo seguía celeste. Nos dirigimos hacia la puerta, que ahora era toda de madera.
-Entren – nos dijo el guardia.
Arnold y yo nos miramos, ¿íbamos a entrar? ¿Y si nos hacían algo?
-Entren por las buenas o por las malas – dijo nuevamente el guardia alzando un poco la voz.
Arnold y yo nos volvimos a mirar y resignados entramos. Ya en la pequeña habitación, que contaba con un camarote a un lado y un pequeño foco, el guardia cerró la puerta fuertemente y al escuchar llaves moviéndose, supuse que nos habían encerrado. Me dirigí a la puerta y con ambas palmas de mis manos golpee fuertemente para sacar la rabia que estaba dentro de mí. Arnold me miro.
-¿Y tú qué haces aquí? – pregunté un poco tajante. Él me miro con cara de que no entendía- Me refiero a que ¿Por qué no te fuiste cuando te dijeron? No estarías encerrado ahorita.
-Pues, perdón por no querer dejarte sola – dijo del mismo modo que yo.
-Como sea- suspiré.
Me senté en el suelo, apoyando mi espalda contra la pared. Él hizo lo mismo que yo, pero estaba un tanto alejado. El silencio reinó en la habitación, pero no era incomodo, más bien era… tranquilizador.
-¿No vas a avisarle a tus padres que estamos aquí? – me preguntó Arnold sacándome de mis pensamientos.
-No, ellos no se dan cuenta – dije sin mirarlo - ¿Tu?
-Mis padres están de viaje con mis abuelos – dijo. "Genial", pensé.
Otra vez silencio. Sentí un bulto en el bolsillo de mi pantalón y vi que era mi Ipod, así que lo saque y empecé a jugar uno de los juegos que tenia. Pasaba el rato, en silencio. Yo solo me limitaba a jugar, pero Arnold estaba muy pensativo, hasta que por fin habló.
-Helga tengo un plan – me dijo
-¿Cómo el de "corre"? – pregunte soltando una carcajada.
-Bueno, el punto es que – dijo – Se supone que esta es un trabajo, lo que quiere decir que la gente viene a trabajar acá…
-¿Y? – pregunté impaciente.
-El punto es que la gente se va a su casa, lo que nos puede dar una oportunidad para escapar. Pero eso tendría que ser como a las 12:00pm o más.
-Genial Arnoldo, una noche en vela contigo ¡Que alegría! – dije obviamente con sarcasmo.
-¿Si o no? – preguntó.
-¿Nos queda de otra?
-Lo tomaré como un sí – dijo.
-¿Qué hora es? – pregunté.
-Las 7:00pm ¿por?
-Fantástico, hay que esperar muchas horas – dije nuevamente con sarcasmo.
-Es eso o nada – dijo y yo lo mire con mala cara. ¡A esperar!
CONTINUARA
¿les gusto? Esperoo que sii! Creo que la historia ya va tomando rumbo!yee! Gracias de antemano a todas las personas que me mandan review, la verdad yo me alimento de eso!
Pregunta: ¿Cuál es tu libro romantico favorito?
DEJENN REVIWESS! WAA!
