En un principio no quiso profundizarlo mucho, simplemente ejerció una leve presión sobre los labios de su amiga, por si ella quería apartarse. Pero no lo hizo, por el contrario enroscó sus brazos alrededor del cuello del moreno, y enredó sus dedos en el pelo del chico. Heiji se encontraba en su paraíso personal, y debido a su estado de embriaguez, ni siquiera era capaz de distinguir si aquello estaba pasando realmente o simplemente era su imaginación, pero, ¿qué importaba? Estaba allí, con ella, besándola. ¿Qué más podía pedir?
Por segunda vez aquel día, fue Kazuha quien dio el paso, y abrió ligeramente su boca para entrelazar su lengua con la de Heiji. Él se dejó llevar por la iniciativa que la chica había tomado, y se limitó a acercarla aún más a su cuerpo. No quería que pasara entre ellos ni un poco de aire. Podía sentir el corazón de la chica latir a través de la fina tela de su blusa que separaba sus cuerpos. Cada vez necesitaba sentir más de ella, por lo que las manos que él tenía en la espalda de Kazuha pasaron a las mejillas de la muchacha, con la intención de profundizar el beso. Ella al darse cuenta de las intenciones de su amiga acercó aún más sus rostros.
Poco a poco, ambos fueron relajando el beso, hasta que separaron sus labios, y se quedaron con las frentes unidas, y abrazados. Heiji no era capaz de mirarla, pues no sabía de dónde había sacado el valor para hacer aquello. Después de un rato, Kazuha alzó la mirada hasta los ojos de Heiji y le sonrió. Él no puedo evitar regalarle su mejor sonrisa de vuelta.
-¿Vamos a bailar?-preguntó Kazuha al darse cuenta de que habían vuelto a poner música algo más movida. La morena cogió a su amigo de la mano sin darle tiempo a decir nada, y se dirigió con él a la improvisada pista de baile que los jóvenes tenían en aquella playa. Heiji la seguía completamente hipnotizado, con el corazón latiendo a mil por hora. Aquello no era lo que había planeado, pero tampoco podía decir que se arrepintiera. Sin embargo, ahora no se veía capaz de articular palabra. ¿Qué iba a pasar mañana? Ambos habían bebido, siendo Kazuha la que estaba más ebria de los dos. ¿Y si ella no se acordaba a la mañana siguiente? O peor aún, ¿y si le decía que se arrepentía? No podría soportarlo.
Una vez en el medio de aquella marabunta de gente, se acercaron a ellos los amigos de Heiji. Miraban a Kazuha con una expresión que él conocía muy bien. Los chicos podían saber perfectamente nada más mirarla que la chica estaba de alcohol hasta las cejas, y se jugaba el cuello a que intentarían algo con ella.
-¡Heiji, tío! ¿Qué te pasa en la boca? Tienes los labios brillantes.-
-¿No me digas que por fin te has liado con alguien? ¡Ya era hora, joder!-
-Sí, ha sido conmigo.-Sentenció Aiko, la chica con la cual había estado hablando antes, quien apareció de repente para plantarle un beso en la mejilla al aturdido moreno.-Bueno, me marcho, cuando quieras repetir, ya sabes.-Dijo guiñándole un ojo y metiendo un papel en el bolsillo de su camisa, para después irse. Los amigos de Heiji se quedaron con la boca abierta. Todos creían que la persona a la cual pertenecía el labial que el chico llevaba en su boca era de Kazuha, pero al parecer se habían equivocado. Sin embargo, no podían quejarse, porque la chica hacía las delicias de la mayoría de los chicos del instituto, con su cuerpo tonificado gracias a las prácticas de aikido, y esa aparente inocencia que los enloquecía. Siempre estaba con Heiji, por lo que todos creían que esos dos tenían algo, pero ahora que se había confirmado lo contrario, tenían campo libre para acercarse a aquella chica todo lo que quisieran.
La morena se quedó mirándole sin dar crédito a lo que veía. Ella había mentido delante de sus narices, y él no había hecho nada para negarlo. ¿Sería que antes de besarla a ella, había pasado algo entre ellos y su amigo la había mentido?, ¿o es que no le había importado en absoluto lo que había pasado minutos antes? No lo entendía muy bien, pero aquello no se iba a quedar así. Si a él no le importaba, ella no iba a ser menos. Ella también podía atraer a los chicos, y en aquel preciso momento, se sentía capaz de cualquier cosa. Por lo que, cuando los amigos de Heiji empezaron a bailar con ella no se negó, e intentaba pegarse bien a ellos, ante la atónita mirada de su amigo, que estaba empezando a hervir en celos. Al rato se acercaron a ellos las chicas que habían venido con ellos, y se unieron a bailar con el grupo. Kazuha y Heiji, aunque intentaban hacer ver que no se importaban, no podían evitar mirarse a cada momento, vigilando que nadie se acercase al otro más de la cuenta. Podían ver como ambos seguían bebiendo cada vez más, para así poder desinhibirse más y olvidarse de la desagradable situación. Sin embargo, cuanto más alcohol ingerían, menor era el orgullo que les impedía acercarse poco a poco, hasta bailar uno al lado del otro. Sin darse cuenta de esto, también a causa del alcohol, uno de los amigos de Heiji, con el que Kazuha llevaba un buen rato ya bailando, se acercó a la chica con intenciones poco honestas. Ella parecía no darse cuenta, y el moreno, muy celoso, comenzó a bailar también con una de las chicas que se le había acercado antes. De repente, la satisfacción que Kazuha sentía al hacer ver a Heiji que no le importaba lo más mínimo, se convirtió en una desagradable sensación de vacío que se aferró a su pecho, para después dar lugar a una ira inexplicable que llevó a que la chica, harta de aquella situación, se acercara a Heiji, lo agarrara del brazo y lo pegara completamente a ella.
-¿Pero qué te pasa?-gritó Heiji. Sin embargo, cuando se miraron a los ojos, desapareció de sus miradas cualquier rastro de enfado. Entonces, una sensación de calidez se apoderó de sus cuerpos. No querían que aquello se quedara en un simple beso a olvidar, querían más de ellos, querían perderse el uno en el otro, querían vivir momentos juntos, querían transformar los besos en rutina y hacer naturales las miradas. Querían recordar aquello para el resto de sus vidas. Kazuha bajó su mano hasta rozarla con la de Heiji, quien entrelazó sus dedos con los de su amiga, y junto las frentes de ambos. Nadie a su alrededor se había dado cuenta de esto, ni siquiera las parejas de baile de Kazuha y Heiji, que ya hacía tiempo que se habían alejado de allí. Sin embargo, ellos no se percataron de aquello, ni de nada de lo que estaba pasando a su alrededor. El mundo se había paralizado, solo quedaban ellos, parados en el centro de la pista, pegados el uno al otro y con las manos entrelazadas. Kazuha cogió la otra mano de Heiji y la llevó a su cintura. El chico la miró sorprendido. Ella también estaba mirándole.
- Me gustaría que bailaras conmigo.-
-¿¡Aquí!?- preguntó de repente Heiji desorbitado.
-Sí, no tiene nada de malo. Pero si no quieres está bien.- Ella tenía razón. No había nada de malo en que bailaran juntos allí. Es más, sería genial poder hacerlo, no importaba si los demás pensaban que había algo entre ellos. Le daba igual que se enteraran, es más, quería que lo hicieran, que hablaran de ellos, que le molestaran hasta la saciedad con que quería a Kazuha, y con que Kazuha le quería a él. Quería escuchar aquello hasta el día de su muerte.
-No Kazuha, no está bien.-
-¿Por qué?- preguntó Kazuha extrañada.
-¿Estás de coña? Obviamente porque no se bailar, y no me puedo permitir hacer ese ridículo. Por favor Kazuha, tu mejor que nadie deberías saber que tengo una dignidad. - Dijo Heiji entre risas.
-¿Y qué pasa si yo te veo? ¿No harías el ridículo?-
-No sabía que eras mi admiradora. Me alegra saberlo. Y si eso es así, me complace informarle que usted es algo así como una "admiradora V.I.P", por lo que está en su derecho de ver todas a este apuesto detective en todas sus facetas. Siéntase privilegiada señorita, eso no es algo que pueda tener cualquiera.- Dijo riéndose entre dientes. Su compañera lo miró sonriente y los dos comenzaron a moverse al ritmo de la música. Tan ensimismados estaban el uno con el otro que ni siquiera se pararon a pensar en los demás cuando comenzaron a besarse delante de todos.
Estuvieron allí hasta que abrieron las estaciones de metro de la ciudad para poder volver a casa. Una vez terminada la fiesta, Heiji decidió acompañar a Kazuha a casa, ya que, aunque a él ya se le habían pasado de una manera considerable los efectos del alcohol su amiga todavía seguía estando bastante ebria.
-Vamos, te acompañaré a casa.- Heiji cogió de la mano a Kazuha y se dirigió con ella hacia la estación de metro.
El chico no se podía creer todo lo que había pasado aquella noche. Desde que la morena decidió acercarse a él mientras bailaban, no se habían separado en toda la noche. Es más, parecían una pareja, ya que se besaban continuamente, se hablaban al oído se abrazaban…
-¿Te molesta?- preguntó Heiji después de echarle un brazo por encima a Kazuha cuando iba de camino a la estación. Hacía unas horas, estas cosas se le hubieran hecho más fáciles, ya que no era totalmente consciente de la magnitud de sus acciones. Sin embargo, ahora que estaba más lúcido, le costaba mucho más acercarse a ella de esa forma. Sabía que se estaba acercando el momento de la verdad. Cuando a Kazuha se le pasaran los efectos del alcohol, sabría qué pensaba ella sobre todo aquello.
- No, nunca me podrías molestar.- respondió la chica acurrucándose contra su pecho mientras andaban. – Hueles a colonia de chica.-
-Huelo a TU colonia de chica.-Sintió a Kazuha sonreír contra su cuello, y enroscar sus brazos alrededor de su cuerpo. Siguieron andando en completo silencio hasta subir al tren, y desde la estación de destino hasta la casa de la muchacha. Una vez allí, la morena metió la llave en la cerradura del portón del jardín, y arrastró a Heiji tras ella. Sin embargo, no abrió la puerta principal, sino que se plantó delante del moreno. Ambos se miraban intensamente a los ojos. Ahí estaban otra vez, esos latidos descontrolados en el corazón de Heiji. No sabía exactamente qué podía tener él para que ella le permitiera acercarse tanto a ella, pero le encantaría saberlo para así cuidar de esa cualidad tan bien como cuidaba de ella. Porque Kazuha le daba vida, le daba un toque de color a su vida, le hacía sonreír, le apoyaba. ¿Qué más podía pedir? Entonces decidió tomarla de las manos.
-Bueno, ¿qué te ha parecido tu noche especial?-
-Ha estado bien.-respondió la chica sonriendo.-pero me falta algo más para sea perfecta.-Una expresión de curiosidad apareció en la cara de Heiji, quien fue abrazado por Kazuha.
-Quédate esta noche conmigo.-El chico creía que le faltaba el aire. ¿Es que acaso ella le estaba pidiendo…? –Mis padres no están, nadie nos molestará.- No, no podía ser posible. Decidió apartarla levemente de su cuerpo para así poder encararla.
-Kazuha, a ver, yo por el momento no estoy dispuesto…-
-No quiero eso. Sé que estoy bebida, y que a lo mejor mañana no me acordaré de nada. Por eso, me encantaría verte ahí conmigo dentro de unas horas, para que me lo recuerdes.-Dijo Kazuha cogiéndole de la mano. Sólo iban a dormir, ¿qué podía pasar?
- Vienes, ¿no?- Heiji se limitó a sonreír, y a seguir a la morena al interior de la residencia de los Toyama. Una vez dentro, ya con las ideas un poco más claras, acorraló a Kazuha contra la puerta de entrada, encerrándola entre sus brazos, para después besarla apasionadamente.
-Gracias, por hacer de esta una noche perfecta.-
-NUESTRA noche perfecta.- la corrigió Heiji una vez estuvieron los dos tumbados tranquilamente en la cama, antes de rendirse entre los brazos de Morfeo.
