Summary: (Clásico y Omega) ¡SPOILERS OMEGA! Situado en Omegaverso. Luego de la última batalla entre dioses, Athena considerará lanzarse de un barranco cuando tenga que lidiar no sólo con una, sino que con dos generaciones de caballeros dorados. ¿Cómo reaccionarán los anteriores caballeros al ver a sus sucesores? Peor aún, ¿cómo convivirán entre ellos? ¡HUMOR al cuadrado!
Nota de Solefald: ¡Hola! ¿Qué tal? Espero que estén bien :) Esta vez la he pasado súper mientras leía sus comentarios xD ¡Varias y varios han hecho unas teorías sorprendentes! ¡Están viendo muchos futuros como las gemelas! xD No quiero adelantarles nada aún, para que vean después si han acertado o no en sus predicciones xD Quiero darles las gracias nuevamente a todos por sus comentarios que me han sacado muchas risas y también me emocionan. Gracias, me alegro que les guste y seguiré poniendo todo mi empeño para seguir entreteniéndolos.
Aquí vienen los reviews de quienes no puedo contactar directamente:
Wolfs soul: Jeje, ¡muchas gracias! Esa es la pregunta del millón. Aún no sabemos qué es lo que va a pasar pero de lo que estamos seguros es que serán muchas cosas locas xD ¡Ah! ¡Esa fiesta fue un desastre, y ha dejado muchos misterios! Harbinger es un bobo si cree que nadie entendió lo de las barras de pole dance xD Gracias de nuevo por tu comentario, y te invito a seguir leyendo. ¡Saludos!
leusa432hip: ¡Gracias! Siendo honesta, aquí no me centraré mucho en las parejas, porque el fic es principalmente de comedia. Ahora, eso no significa que no sucedan cosas locas entre ellos, pero dejo a tu interpretación el cómo se ve eso xD. Te agradezco por tu comentario y te invito a seguir leyendo. ¡Que estés bien!
Guest: ¡¿UH?! ¿"hola otra vez"? Eh… ¿ya habías comentado antes? Como apareces como guest no sé si ya habías comentado con otro nombre, ¡¿quién es usted?! xD Nah, broma. Ay, si. Esa relación de Koga-Seiya es tannnn especial, hay mucha tela de dónde cortar :D Harbinger parece ser un experto en fiestas (y en especial en esas que no terminan bien xD), y sip, pobre Kiki que tiene que aguantar sus locuras ._. Qué bueno que te gustaron los reencuentros :D Y Dohko pues… ¡tiene que aprender a ubicarse! Pobre Genbu, hasta yo sentí pena por él. Espero que Afrodita no se arrugue con todos los regaños que tendrá contra Amor. Y claro que Fudo tiene que dejar de estar inmóvil todo el tiempo, no queremos más problemas como lo del baño, ¿o sí? Espero leas este capítulo y que dejes tus comentarios :D Gracias otra vez, ¡y muchos saludos!
Mirch Uchiha: Muchísimas gracias por tus comentarios. Me encanta que le pongas atención a cada detalle de este alocado fic :) No sé cómo Saori no colapsa aún con todo lo que le ha pasado, y más encima tiene a sus fanboys que en vez de mejorar la situación, la empeoran. Al parecer la reunión de los Aries emocionó a todos. Estuvo muy azucarado :) La amistad de Harbi con Kiki es una de las cosas que más aprecio de Omega, ¡son demasiado diferentes! Y nuestro torito como el maestro de las fiestas, a ver si no descubrimos que Saga hizo unas peores en su época (lo dudo mucho… xD). Ya Fudo no puede quedarse más como inamovible, se llenaría de polvo si sigue con eso y claro, con Shaka no creo que las cosas se queden taaan tranquilas. Dohko aún tiene cosas qué aprender, como por ejemplo, no romperle el corazón a su último discípulo inmediatamente después del reencuentro xD Ayyy lo de Milo y Sonia… veamos qué resulta de ahí, y a mí también me gusta, es uno de los personajes más elaborados de Omega… lástima que no haya seguido -.- Afrodita y Amor… no sé cómo lo harán para convivir juntos aún :P Cierto que Seiya tiene un GRAN desafío pendiente… veremos también cómo le va con eso. Sobre los de bronce… vamos con calma… ya se incorporarán otros personajes después, pero no quiero adelantar nada todavía ;) De verdad, muchas gracias por tu comentario. Espero que este capítulo también sea de tu agrado, aunque haya tardado algo en actualizar. Que estés muy bien, ¡un abrazo! :D
Andreagcr: ¡Ay no! ¡Pero no llores! :'( El fic no es para llorar, todo lo contrario, ¡es para reír y pasarlo bien! 8D Pero me alegra mucho que te haya gustado. Ojalá sea lo mismo con este capítulo. Muchas gracias, y que estés muy bien :D
M.W: ¡Wow! Muchas gracias por comentar! Pensé que la publicidad en mi Tumblr no serviría de mucho, ¡pero veo que me equivoqué rotundamente! xD Y sip, quedan muchos capítulos por escribir, y para reír (eso espero) :D Ay, mira, prefiero que ahora descubras qué es lo que pasa en este capítulo, pero en lo que acertaste es que tendremos más locuras por parte de las dos generaciones de dorados :D Uy, si Afrodita le hiciera algo al sofá… no me quiero ni imaginar cómo reaccionaría el otro galán xD Aquí ya está el siguiente capítulo y espero que lo disfrutes :D Y déjame decirte algo, ¡TU ESPAÑOL ES IMPECABLE! Escribes MUY bien, así que no te preocupes, que entiendo todo tu mensaje sin ningún problema :D ¡Felicitaciones! ¡Saludos y que estés muy bien! :)
Advertencias: Recuerden que seguiré mencionando spoilers de Omega :B Algunas malas palabras y personajes, por supuesto, OoC para propiciar el humor.
Disclaimer: Saint Seiya (clásico y Omega) no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y TOEI Animation respectivamente. Hago esto solo para plasmar mi locura y pasar un buen rato escribiendo y no con un fin lucrativo.
Si SSO fuese mío… ugh... la "armadura" de Yuna no habría visto la luz del día x(
Por último, quisiera dedicar este capítulo a mi amiga Mxecanita: gracias por tu apoyo y las geniales conversaciones. Espero que este capítulo te saque muchas risas :D ¡Con mucho cariño para ti!
Ahora sí, ¡que disfruten la lectura!
COLISIÓN DORADA
Capítulo 4: ¡Todos bajo el mismo techo!
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Esta imagen está pero de locos.
En serio. Alguien debería hacer una ilustración sobre esto.
Son las siete y media de la tarde/noche, en la cámara del Patriarca. Dentro del recinto, una laaaarga mesa (compuesta por un grupo de mesas pequeñas) se extendía formalmente arreglada y en ella, se ubicaban dos órdenes de caballeros dorados y una diosa pelimorada. Esta última sonreía con desgano, agotada mentalmente pero al mismo tiempo con cierta… ¿cómo decirlo? ¿Tranquilidad? ¿Conmoción? No sabía con exactitud, algo que la hacía sentir una inexplicable mezcla de sorpresa y felicidad al ver a la élite de su ejército de los siglos XX y XXI a punto de degustar una deliciosa cena.
- Esto es… bizarro. – Esa fue la conclusión de Aioria mientras comenzaban a comer. Varios dorados de ambas órdenes asintieron de acuerdo con él.
- Ya pasé por la fase de negación. Ahora he asumido por completo este asunto. – Dijo Shaka con absoluta calma.
- Él… - Comenzó diciendo con voz lúgubre el mayor de los caballeros de Géminis.
- Agh, Saga, ya cállate. ¡Has estado balbuceando y repitiendo la misma cosa desde hace más de tres horas! – Kanon miraba con desespero a su gemelo quien seguía con la misma expresión desconcertada. Aún después de recuperarse de su desmayo junto con Shion.
- ¡No puedo evitarlo! ¿Cómo estás tan tranquilo? ¡Él es el actual Patriarca! – Y sin ningún reparo, Saga apuntó al caballero de Tauro. Al anterior General Marino ya le daba un tic en el ojo gracias al comportamiento de su hermano.
- ¿Mwe eshbhas hubl'ndo a mmi? – Harbinger intervino haciendo gala de sus modales al hablar mientras masticaba ansiosamente un trozo de res. El gemelo mayor solo pudo golpearse la frente.
- Yo no estoy tan alarmado por eso. Digamos que tú no eras precisamente el de los trigos más limpios, Saga. – Agregó Aioros como quién no quiere la cosa. Al ver que los demás dorados de su siglo asentían de acuerdo con el arquero, Saga sintió que el cabello le empezaba a cambiar de color. Por fortuna, se calmó al ver que Athena le miraba fijamente, de forma que significaba una clara amenaza. El peliazul solo suspiró y continuó con su cena.
Por otra parte, las actuales guardianas de la tercera casa observaban con cautela a sus predecesores… algo sabían de su pasado… pero creían que aún no era suficiente para sacar sus propias conclusiones. Pasó aproximadamente un minuto mientras todos comían o hablaban en voz baja entre ellos, hasta que Paradox se volteó hacia a su hermana, llamando su atención.
- Integra, hermana pequeña. – Comenzó, mientras que la aludida tomaba un sorbo de jugo. - Explícame una cosa que me ha estado molestando desde hace un par de semanas. – Por la mirada seria de la mayor, Integra dejó de lado lo que estaba haciendo. - ¿Cómo es posible que tú, una persona tan aburrid—e-es decir, con el perfil de un intachable caballero dorado… - Se retractó Paradox mientras le hablaba. La gemela de ojos azules solo sonrió sádicamente planeando alguna forma para torturar a su hermana luego de que terminara de hablar idioteces. - … no seas el Patriarca? Quiero decir, ¿Matriarca? -
- Verás, lunática hermana mayor. – Comenzó mientras le devolvía el comentario que hizo. Logró que la mayor entrecerrara los ojos, controlando todo su creciente enojo. - Mi decisión de no ser Matriarca está respaldada por tres razones. – Fue en ese momento en que Integra se percató de que no era solo su gemela la que esperaba su respuesta. Todos los demás voltearon a verla, poniéndola algo nerviosa. – Primero, creo que el hecho de que en la orden dorada se acepten a mujeres es un paso muy importante, y debemos afianzar ese trabajo antes de que algún día nuestro género pueda ocupar un cargo de tal magnitud en el Santuario. – Esa respuesta confundió a varios, que no entendieron bien a qué se refería, excepto a los más sabiondos (Camus, Ionia y otros…) que asentían de acuerdo a lo que decía la chica peliceleste. - En segundo lugar… cuando se hicieron las postulaciones al cargo de Patriarca, yo, como caballero de Géminis, debía seguir un procedimiento… diferente… -
- ¿Diferente? ¿Qué quieres decir? – Preguntó con gran curiosidad Shion.
- Bueno, necesitaba cumplir con más requerimientos en comparación de los demás. Por ejemplo… - Hizo una pausa recordando todo lo que le habían pedido - Debía presentar exámenes físicos, psicológicos, psiquiátricos… - La expresión de asombro de los demás aumentaba a medida que la gemela nombraba los requisitos. - Un certificado de antecedentes criminales, una alcoholemia, test de drogas… - Continuaba como si nada. Espera… ¡¿QUÉ?!
- ¡¿Test de drogas?! – Gritaron varios ante semejante prueba que debía rendir la guardiana de Géminis.
- Sí, al parecer estas son medidas de seguridad. Debido a un "incidente" pasado, se decretó que los Santos de Géminis que quisieran postular al puesto de Patriarca debían cumplir con esos requisitos. – Explicó y gran parte de los dorados reaccionaron de la misma forma. Miraron de reojo al anterior Patriarca y caballero de Géminis, quien se hundía cada vez más en su asiento. Por su lado, los dorados del presente siglo ya sabían algo (no mucho, no quisieron contarles todo) sobre ese incidente, y confirmaban lo dicho al ver a Saga cada vez más alterado.
- Oh… no me imagino qué fue lo que ocurrió para adoptar esas descabelladas medidas. – Comentó sarcásticamente Kanon, a la vez que continuaba observando de reojo a su gemelo.
- ¿Y la tercera causa? – Interrumpió Shaka, dirigiéndose a Integra para que prosiguiera su explicación.
- Eh… pues… digamos que mi labor como Santa dorada debe ser cumplida con… mayor… responsabilidad… y… y… eso. – Mintió apenas la geminiana, viéndose altamente nerviosa. Pero tenía sus razones… algo infantiles, debía admitir. Por ello no quería que los demás se enteraran de la verdadera causa: "La túnica de Patriarca es horrenda."
Viendo sus dudas resueltas (o… algo así…), los dorados continuaron su cena, conversando unos con otros. En eso estaban cuando se escuchó el carraspeo del pelirosa caballero de Cáncer, llamando la atención del resto.
- Yo tengo otra pregunta… Shaka, ¿verdad? – El rubio asintió, esperando a que hablara el actual Cáncer. - Si vienes de la India… ¿por qué eres blanco? – Ay, Schiller, Schiller. Algunos dorados abrieron los ojos de par en par por la pregunta y otros como Milo, Harbinger y el mismísimo Fudo, soltaron una leve carcajada.
- Oh, por todos los dioses, Schiller. A la gente no se le pregunta por qué es blanca. – Regañó en voz baja el actual santo de Piscis. Hasta él sabía que eso era bastante grosero. Shaka, en tanto, no hizo nada, solo sonrió levemente al ver cómo algunos de sus compañeros de ambas generaciones querían matar al cangrejo y otros se golpeaban la frente.
- Este imbécil no sabe de modales. – Murmuró Máscara de Muerte a Afrodita, quien rodó los ojos.
- No es como si fueras precisamente el amo de la cortesía, Máscara. – Le contestó de vuelta. El italiano inició una serie de insultos en su lengua natal, haciendo que el siempre estoico Shura se aguantara la risa al entender algunos. Los caballeros de Cáncer y Piscis del siglo XXI observaban fastidiados a sus predecesores mientras peleaban. "Qué idiotas", pensaron.
- Ustedes dos, ya basta. Máscara, no toleraré ese vocabulario. – Reprendió Saori. Afrodita y Máscara de Muerte terminaron su discusión y fijaron la vista en otra dirección, molestos. - Y Schiller… – El pelirosa vio de reojo a la deidad. - …compórtate o te castigaré ya-sabes-cómo. – Musitó Athena desde su puesto. El aludido palideció y volcó toda su atención a la cena que devoraba, para así desviar las miradas de la reciente tontería que había dicho.
- Cambiando de tema, ¿cómo has estado Fudo? ¿Han sanado tus heridas? – Habló Seiya tratando de recomponer el ambiente durante la cena… trayendo un asunto igual o más incómodo. Saori se golpeó la frente con la mano y algunos dorados del Siglo XXI ya comentaban sobre el tino de burro con alas al comenzar la conversación de esa forma. Fudo, no obstante, se lo tomó con calma, mientras los anteriores dorados miraban con extrañeza al peliverde. No parecía lastimado. ¿Acaso había sucedido una batalla recientemente?
- Sí, fui a la consulta hace poco y debo aplicarme un ungüento para recuperarme por completo. – Contestó con calma. Los predecesores seguían observándolo con cautela, esperando a que el caballero de Virgo explicara qué había pasado. En medio de esa espera, Sonia, desde su puesto, dibujaba una pequeña sonrisa en su rostro, antes de continuar bebiendo su jugo. Ese pequeño acto no pasó desapercibido por Milo, quien se preguntaba el motivo de su "alegría". No era una sonrisa cargada de ello, claro. Era incluso… ¿siniestra? Al bicho le picó (¡Já!) más la curiosidad.
- Fudo, eso es por… - Shaka se atrevió a preguntar a su compañero de signo la razón de esas heridas. El peliverde permaneció en silencio por algunos segundos, hasta que el rubio caballero de Virgo asintió lentamente. - Ah, ya veo. – Fue lo que dijo a continuación, dejando a sus compañeros más confundidos. Bueno, ¿le había dicho qué le pasó o no?
- ¿Y tú Mycenae? – El caballero aludido dirigió sus ojos azules hacia Saori, quien aprovechó la intervención de Seiya para preguntar por él. Otra vez los dorados anteriores se preguntaban qué fue lo que ocurrió con sus sucesores, porque al parecer, el actual Santo de Leo también estuvo/está herido.
- Todo bien. Solo falta una parte de la cornisa del templo que debo cambiar… e instalar las puertas de los armarios. – Explicó, dejando el salón en completo silencio. Aioria abrió los ojos como platos, moviendo su cabeza una y otra vez… ¿su casa? ¿Qué diablos había ocurrido con ella? Mycenae, al ver como todos se quedaron callados, los observó muy serio y carraspeó un poco. Los presentes se vieron unos a otros y continuaron comiendo y charlando.
- ¿Y este es caballero o carpintero? – Murmuró Aioria a Milo, quien solo atinó a encogerse de hombros. Más tarde el anterior caballero de Leo se encargaría de averiguarlo.
- Kiki, ¿te sucede algo? – Mu vio como su pupilo bajaba la cabeza y se hundía cada vez más en su asiento cuando Mycenae explicaba la situación en su casa. El de cabellos lilas vio que no respondió a su pregunta, estando demasiado absorto. – Kiki… -
- ¡Ah! – Exclamó, agitando su cabeza rápidamente. - N-no, no, no se preocupe. – Contestó con prisa. Mu no estaba tan tranquilo con esa respuesta… pero le restó importancia después.
Unos rápidos pasos hicieron eco en el lugar, haciendo que varios dorados fijasen la mirada en el acceso hacia la cámara del Patriarca. Desde ahí apareció Genbu, quien era el único de los Santos que no se había presentado a cenar. Se había excusado con Athena a través de un "cosmos-mensaje" diciéndole que tardaría más de lo presupuestado en llegar a la reunión.
- ¡Genbu! ¡Muchacho! Al fin llegas, ¿dónde te habías metido? – Su propio Maestro le dio la bienvenida, señalando un puesto frente al suyo. El joven guardián de la séptima casa tomó asiento, mientras recuperaba el aliento por la carrera escaleras arriba.
- N-no es nada Maestro, solo estuve acomodando algunas cosas en la casa de Libra. – Siiii claro, no fueron algunas sino muchas cosas las que tuvo que ordenar en el templo. Tenía un desorden notable y quería evitar a toda costa los regaños del Maestro. Ya tuvo suficiente de eso cuando aún era un aprendiz.
- Bueno, ahora siéntate a comer. – Genbu obedeció a lo dicho por el anterior Libra. - Y mientras lo haces me contarás de una buena vez qué es de Shiryu. – El chico no alcanzó a degustar la primera cucharada de sopa, atorándose con la misma luego de escuchar la petición del mayor. ¿Ahora? ¿Ahora ya? Por la mirada impaciente del chino –y de todos los otros dorados curiosos- dedujo que sí… debía hablar.
- Am… em… bien… esto… - De verdad Genbu no sabía siquiera cómo empezar a explicarle. - Shiryu está en Rozan… - Dohko asintió. Nada fuera de su esquema. – Con Shunrei. – Cuando terminó la frase, su Maestro ni siquiera pestañeó. Solo se encogió de hombros. Nada comparado a como reaccionaron sus camaradas: todos gritando y con los ojos como platos por el asombro.
- ¡Con que en esas anda el Dragón! – Dijo con una sonrisa socarrona Milo.
- Ni tonto ni sonso. – Agregó con ligereza el anterior caballero de Capricornio.
- Pues ya era hora, hace mucho que se hacían ojitos esos dos. – Terminó diciendo Mu, a lo que varios de sus compañeros asintieron de acuerdo con él. Por otra parte, Integra vio de lado a su hermana, esperando un ataque de llanto o ira (lo primero que ocurriera) cuando esta oscureciera sus cabellos. Sabía que el tema del Señor Shiryu era terreno delicado aún, pero debía refrenar cualquier conducta hostil (y estúpida, en su opinión) que la gemela mayor iniciara.
No. Nada. Callada como una tumba y bebiendo con parsimonia su té helado.
- ¿Qué? – Dohko veía como todos cuchicheaban entre sí debido a la noticia. - ¿Qué? – Volvió a decir. – Pero… ¡¿a qué a qué se refieren con eso?! – Preguntaba el Antiguo caballero de Libra mirando a todas partes, totalmente confundido.
- ¡Dohko!, vamos, usa ese cerebro dentro de esa cabezota tuya y piensa… - Le reprendió su amigo de siempre, Shion, al ver cómo el Maestro de Rozan no lograba comprender la indirecta de su alumno. - Shiryu y Shunrei en Rozan… - El anciano-ahora-joven asintió, al borde del desespero por no entender. Shion solo resopló. - SOLOS. – Puso mucho énfasis en la palabra, junto con mover sus cej- ¡digo!, puntos arriba y abajo una y otra vez.
Hasta que por algún motivo hermoso y desconocido, algo hizo "clic" en la cabeza del anterior Libra.
- ¡NO! – ¡AL FIN! Varios suspiraron al ver que Dohko RECIÉN había entendido. Sabio Maestro será pero… - ¡¿En serio?! – El pelinaranja Libra asintió, mientras que su mentor evitaba un paro cardíaco. – ¡Vaya! ¡¿Así que esos "voy a dar un paseo, Maestro" eran para salir con Shunrei?! – Los otros dorados tuvieron reacciones diversas, desde golpearse la frente hasta soltar carcajadas por la reacción del ahora-joven-caballero.
- ¿Y ahora se da cuenta? – Dijo Genbu riéndose. Y no fue el único.
- ¡Já! Esperen a que el viejito sepa que Shiryu tiene un hi—¡MMFF! – Harbinger iba a destapar una de las grandes sorpresas con respecto al anterior Dragón, pero justo Kiki y Fudo le taparon la boca antes de estropearlo todo.
A Dohko se le fue el color del rostro con la noticia. No era que estuviese enojado o molesto, si no que realmente sorprendido. Nunca pensó que después de todos esos años, Shiryu o Shunrei hubiesen tomado la iniciativa. Quién lo diría, tuvo un romance bajo su propia nariz y nunca se percató totalmente de ello. Shion se seguía burlando de él por ser tan despistado, y los otros dorados comentaban que debía poner más atención.
- Me parece que tu Maestro aún no puede asimilar todo lo que ha ocurrido, ¿verdad? – Paradox comentó sonriente mirando al actual caballero de Libra. Este último, sin embargo, cambió su alegre semblante de golpe. Observó a la peliceleste con desdén y desvió bruscamente su mirada de ella.
- Tú ni me hables. – Respondió Genbu. La mayor de las gemelas ahogó un grito, dejando incluso de pestañear por varios segundos.
- ¡¿Qué?! ¿Aún estás enojado por eso? – El joven aún continuaba evitando mirar a su compañera, completamente ofendido.
- Por supuesto. – Murmuró, cruzando los brazos y frunciendo más el ceño.
- Vaaaamos tortuguita, no te enojes… ya te he pedido disculpas antes… - Pidió la geminiana haciendo un mohín y con ojos que hacían sentir lástima. Ni eso pudo funcionar con Genbu, quien se molestó más al ver esa cínica actitud.
- NO- - Alzó la voz el joven Libra, haciendo que varios voltearan a verlo. Se quedó callado hasta que los demás continuaron en sus propios asuntos. - …me llames así… - Continuó murmurando con una expresión de claro enfado. - Y con una simple disculpa no se arregla este problema. – Paradox iba a protestar nuevamente, pero la expresión de Genbu daba a entender que no tenía caso intentar razonar con él.
- Aaah… qué malo eres. – Hizo un puchero y bajó la cabeza. - Integra, ayúdame con él, ¿quieres? – La gemela menor, a su lado, rodó los ojos, sacudiendo la cabeza.
- No me metas en esto Para-loca. Bastantes motivos tiene Genbu para enojarse. – Respondió cortante, dejando a su hermana con los dientes apretados. El joven caballero de Libra e Integra continuaron ignorando a Paradox, hasta que esta última resopló y continuó con su cena. Todo lo anterior fue observado por Saga y Kanon quienes… no entendieron nada.
- ¿Qué fue lo que paso entre esos dos? – Preguntó curioso Aioros a Seiya, al ser testigo de esa discusión.
- No quieres saber, en serio. – Respondió apenas, mientras se echaba un montón de comida a la boca.
- ¡Esto está delicioso! – Comentó espontáneamente Aldebarán, al momento que devoraba las patatas molidas aderezadas y la ensalada surtida que tenía frente a él. Algunos dorados de ambas generaciones asentían, para luego agregar más delicias a sus platos.
- Se lo debemos en parte a Ionia, es un gran cocinero. – Agregó Saori, quien estaba sentada en la cabecera de la mesa. ¿Cómo reaccionó el aludido? Pues… le brillaron los ojos como un adolescente fan de novelas sobre seres sobrenaturales pero increíblemente atractivos.
- Gracias por tales palabras, mi diosa. – Agradeció fijando sus ojos dorados sobre la pelimorada. Ay, deberían ver la cara tanto del actual caballero de Capricornio, como del actual caballero de Sagitario. Completos opuestos. Ya se había enojado de nuevo el "Santo más leal", siendo esto notorio para el resto de los presentes. - Sucede que he encontrado varios manuales de cocina en mi biblioteca y me han dado algunas ideas. – Ante la palabra "biblioteca", Camus volteó la cabeza casi como un robot para ver al ya-no-viejo Santo. Una levísima, pequeñísima sonrisa apareció en su rostro, traumando a unos cuantos y sorprendiendo a otros.
- Me han contado que posees una gran colección en tu templo. – Comentó, con evidente interés.
- Así es, es mi máximo orgullo. Si gusta puede pasar cuando desee a revisar. – Ofreció muy sonriente Ionia al ver que alguien más compartía el gusto por los libros.
- Par de ñoños. – Susurraron Harbinger y Milo desde su puesto. Por fortuna, los involucrados no los oyeron.
- Sería un placer. También me gustaría que vieras los títulos que tengo en mi biblioteca. – Cuando Camus terminó de hablar, Hyoga se atoró con su comida. Sonia, quien estaba sentada junto al rubio, de un manotazo en su espalda hizo que volviera a respirar con normalidad. - ¿Todo bien, Hyoga? – El anterior Acuario se extrañó al ver cómo su discípulo volvía a su tono habitual de piel, luego de pasar por varias tonalidades de morado.
- S-sí, Maestro. Solo algo que se fue por el "camino viejo". – Aclaró rápidamente y volteó a ver a la pelirosa. - Gracias Sonia. – La chica solo asintió y Hyoga cambió de prisa el tema para que Camus dejara sus cuestionamientos, continuando la cena.
Unos cortos y rápidos pasos volvían a escucharse en la entrada del recinto. Todos se preguntaban de quién se trataría esta vez, ya que las dos órdenes de caballeros estaban presentes. Finalmente se percataron de que esa persona era…
- ¡Maestro Kiki! – La aprendiz de Aries llegaba rauda a la estancia donde compartían la cena, mientras los anteriores dorados sentían que los ojos se les iban a salir de las cuencas. ¿Y qué creen? Se sintieron MÁS viejos aún.
- ¿¡MAESTRO KIKI?! – Chillaron varios. En cuanto a Mu y Shion… pensaron que nuevamente se les iba el alma del cuerpo, tanto por la impresión como por la alegría.
- Pero qué deleite tener entre nosotros a tan gentil jovencita. – Dijo Amor de Piscis… en tono de broma, por supuesto. El problema fue que Kiki no se lo tomó así, y asesinó con la mirada al pecezuelo. Aún tenía en mente su amenaza: el Santo de Piscis se acercaba a su discípula y lo degollaba. – Tranquilo, hombre. Solo bromeaba. – Aclaró con el ceño fruncido. El reparador se levantó de su puesto, olvidó lo que había dicho el rubio y se dirigió hacia la pequeña pelirroja.
- Raki, al fin llegas. Ya me estaba preocupando. – Hizo que ella se acercara a la mesa. - Voy a presentarte a unas personas muy importantes. – Acto seguido, Kiki miró directamente tanto a Mu como a Shion, quienes captaron la indirecta y se pusieron de pie, acercándose al castaño. Los anteriores Aries tenían una gran sonrisa plasmada en la cara, y los demás tan solo voltearon expectantes para presenciar este encuentro. Kiki iba a comenzar la presentación cuando…
- ¡Usted es el Maestro Mu! – Dijo de repente la pequeña cuando quedó cara a cara con el hombre de cabellos lilas. Todos los demás (sobre todo los tres caballeros de Aries) quedaron perplejos.
- ¡¿P-pero c-cómo es que tú…?! – Tartamudeó el Maestro de Kiki, tan sorprendido como este último.
- Ya lo había visto antes. – Esa fue la sencilla respuesta de la pelirroja. Los demás quedaron con la frase "¿Qué carajos?" escrita por todo el rostro. Luego, Raki volteó a ver a Shion. - Y usted debe ser el Maestro del Maestro de mi Maestro, ¿verdad? – El peliverde asintió con rapidez y sonriente.
- Sí, ellos son Mu de Aries, mi Maestro y Shion de Aries, el anterior Patriarca y Maestro de mi Maestro. – Aclaró el castaño lemuriano, señalando a cada uno. Ambos saludaron casi al mismo tiempo a la aprendiz.
- ¡Hola! Soy Raki de Appendix. Discípula del Maestro más genial de todos, ¡el gran Kiki de Aries! – Los dorados soltaron un "aaaaaww" ante la presentación de la pequeña y su Maestro hacía lo posible por ocultar el enorme sonrojo de su rostro. Se sentía algo apenado y a la vez feliz de que su discípula tuviese tan buena imagen de él.
- ¡Awwww! ¡Pero qué ternurita! Encantado de conocerte. – El mayor de los Aries se inclinó hasta quedar a su altura. - Puedes llamarme 'abuelito Shion' si lo deseas. – Raki lo observó algo insegura, pero luego sonrió ampliamente.
- Está bien… abuelito Shion. – El aludido, luego de escuchar cómo lo había llamado, sintió que se le pudrían los dientes con tanta dulzura. A continuación, tomó a la aprendiz en sus brazos y estrechó su mejilla contra la de ella, como si fuera una muñeca.
- ¡Awwww! ¡Eres un encanto! Te consentiré tanto que tu Maestro me golpeará al ver cómo te malcrío. – Mu a sus espaldas, solo atinó a bajar un poco la cabeza, ante el comportamiento de su superior. Kiki compartía el sentir, pero lo reflejó con una risita nerviosa.
- Eres gracioso, abuelito Shion. – Agregó la pequeña riendo contra la mejilla del anterior Patriarca.
- Mi gran amigo se ha vuelto loco. – Genbu vio a su Maestro de soslayo al decir ese comentario sobre su compañero de tantos años. El pelinaranja solo esperaba su reacción cuando supiera lo que Shiryu y Shunrei habían concretado en su "tiempo de calidad".
- Se ve que ella te quiere mucho. – Un emocionado Mu se acercó al actual caballero de Aries, colocando una mano en su hombro. – Te has convertido en un buen maestro, Kiki. – Su discípulo sonrió algo sonrojado, conmovido por sus palabras.
- Nuevamente los Santos de Aries tomaron asiento junto con la pelirroja discípula, quien se ubicó al lado de su mentor. Algunos dorados de ambas generaciones la saludaron y ella les devolvía el gesto.
- Hola señor Harbinger. – Dijo Raki, volteando a ver al caballero junto a ella.
- ¿Qué hay enana? – "Saludó" sonriente el actual Patriarca, al tiempo que chocaba su enorme mano con la de la pequeña, quien reía divertida.
El moreno continuó su cena, acercando su tenedor a la bandeja con carne asada. Cuando escogió la pieza que quería, alguien más la había tomado. ¡¿Qué, quién, cómo-?! Levantó la vista enojado para encontrarse con la feliz cara de Aldebarán, quien degustaba el delicioso trozo de comida.
- ¡Oye! ¡Eso es mío! – Reclamó Harbinger. Su predecesor lo observó perplejo un par de segundos.
- Ahí hay más carne. – La simple y honesta respuesta del brasileño hizo hervir la sangre del actual Patriarca, quien haciendo el ademán para levantarse y cometer alguna locura, alertó a Saori.
- Har-bin-geeeeeer… - Cada sílaba de su nombre era pronunciado con amenaza. La pelimorada perforaba su cabeza con sus ojos verdes, pero el Patriarca poco o nada de caso le hizo. El toro no detenía su furia, hasta que Fudo, de la nada, le ofreció un plato lleno de carne para que se mantuviera en silencio. El plan del peliverde funcionó, dejando a Harbinger ocupado en ingerir más delicias.
La cena continuó por un rato más hasta que finalmente, todos se pusieron de pie para ayudar a limpiar y ordenar. Terminada toda la tarea, iban a comenzar el rumbo hacia sus respectivas casas, dejando solo a Athena y Shion en la cámara del Patriarca. La pelimorada reunió brevemente a los dorados del siglo XXI para darles la última instrucción de la jornada.
- Les repito. – Comenzó, entrecerrando los ojos y mandando una dura mirada. - Más les vale que se comporten con sus invitados, no quiero ningún problema. – Esta advertencia iba nuevamente dirigida a los caballeros de Cáncer y Piscis… y también reprendía indirectamente a Harbinger, quien se había comportado algo hostil con su predecesor.
- Ya, ya. Te preocupas demasiado. Ni que nos fuésemos a matar entre nosotros. – Le dijo Amor mientras comenzaba a caminar seguido de un enfadado Afrodita. Pero lo que había mencionado el pececillo dejó un poco intrigada a Athena.
Poco a poco comenzaron a retirarse, Shaka y Fudo se fueron callados, aunque de vez en cuando asentían súbitamente. Dohko y Genbu se fueron mientras el viejo Maestro decía algo como "quiero ver de inmediato la casa de Libra", Máscara de Muerte se fue unos pasos más adelante junto a Afrodita, lo que sea para no verle la cara de inmediato a Schiller. ¿Y este último? Pues, sacó de no-sé-dónde un desinfectante en spray y comenzó a rociarlo detrás del peliazul Cáncer, claro, sin que este lo notara. Camus y Hyoga partieron al igual que Shura e Ionia. Los dos fanáticos de los libros no paraban de parlotear sobre autores y literatura, y los otros dos quedaban con cara de póker y sin entender nada. Los caballeros de Aries y Tauro conversaban entre sí, aunque de vez en cuando Harbinger le enviaba miradas asesinas a Aldebarán. Por último, Mycenae y Aioria se fueron en completo y absoluto silencio, mientras al anterior caballero de Leo apretaba los dientes y el ceño.
Saori observaba cómo se retiraban, hasta que se percató de que Sonia ya comenzaba su trayecto hacia su casa, lo que hizo encender una bombilla en su cabeza y dirigirse al caballero de Escorpión.
- Milo, acércate un poco. –
- ¿Sí, Athena? – Obedeció a la diosa, extrañado por la expresión molesta que dibujaba en su rostro. ¿Había hecho algo? No lo sabía, pero por la distancia que tomaron del resto, intuyó que se trataba de un asunto importante.
- Iré directo al grano. – Uy, sí que era algo importante, para hablarle así. - Si me entero de alguna forma que Sonia está "incómoda" con tu presencia… – Saori enfatizó esa palabra mientras su rostro tomaba un semblante cada vez más serio y hostil. - … te aseguro… como la diosa de la sabiduría y de la guerra justa, que te convertirás en un escorpión sin "aguijón". – El caballero peliazul solo calló ante esa amenaza… hasta que finalmente la procesó. ¡¿Iba a perder su- QUÉ?! - ¿Está claro? – Al hombre no le salían las palabras de solo imaginar su castigo.
- ¡C-como el cristal, Athena! – Dijo de golpe en cuanto recuperó el habla.
- Bien, puedes retirarte. – Milo se fue a paso veloz escaleras abajo, manteniendo cierta distancia de Sonia, quien lo veía sobre su hombro. Los caballeros de la tercera casa también se retiraban del recinto, hasta que la voz de Athena también los detuvo. – En cuanto a ustedes cuatro... – Los aludidos se acercaron esperando las instrucciones de la pelimorada. - Los quiero silbando y aplaudiendo en Géminis. – Cada gemelo reaccionó de forma distinta: Saga se tomó el puente de la nariz, negando con la cabeza. Kanon se encogió de hombros y mostró una cínica sonrisa. En tanto, la gemela de ojos violetas abrió la boca, escandalizada, y su hermana menor… eh…
- ¿Silbando y aplaudiendo? – Preguntó Integra, sin entender a qué se refería. Paradox, a su lado, solo se golpeó la frente y soltó un suspiro lleno de molestia.
- Aish, eres una idiota. – Regañó a su gemela, reanudando a su vez la caminata. – Esa Saori, cree que es la única con el derecho de divertirse en este lugar. – Los cuatro salieron al fin de la cámara del Patriarca.
- La diosa soltó un suspiro al ver cómo los dorados finalmente abandonaban el recinto, dejándola sola con Shion… o eso pensaba. Volteó a su derecha para ver a Seiya, quien sonriente se quedaba ahí, de pie, sin hacer nada. Aun cuando Aioros estaba en el umbral de la entrada esperando a que supuestamente su sucesor lo guiase a la casa.
- Seiya… - Comenzó, con voz desganada.
- ¿Sí? Qué pasa, Saori? – Y el otro que no se enteraba de nada aún.
- Tú también debes irte a tu casa. – Aclaró, mientras intercalaba la mirada entre el japonés y el griego. Tuvo que repetir varias veces dicha acción para que el anterior Pegaso por fin moviera los pies.
- ¡Ah! S-Sí, es cierto. – Se apresuró a llegar a la entrada con su predecesor - Vamos Aioros. ¡Buenas noches Shion!, ¡buenas noches Sao—digo, Athena! – Con rapidez se fue con el anterior arquero quien miraba confundido a todas partes.
Saori rogó porque algo más no pasara por ese día. Ya tenía suficiente.
- Vamos Shion, te enseñaré donde dormirás. – Dijo para adentrarse junto a un cada vez más anonadado ex-Patriarca.
Casa de Aries
- Esto no ha cambiado nada. – La primera impresión de Mu fue que todo estaba casi en la exacta posición en que lo había dejado durante la guerra contra Hades. Kiki le dio un rápido recorrido por la casa, siguiendo hacia la zona que funcionaba como taller del reparador.
- Y aquí es donde- -
- Aquí es donde el Maestro Kiki repara las armaduras y yo observo cómo se hace. – Interrumpió y completó Raki. Mu sonrió gentilmente y Kiki sacudió la cabeza, para terminar riendo con ligereza junto con el de cabellos lilas. La pequeña terminó de explicarle los últimos detalles de la casa a Mu, para luego enseñarle la habitación donde dormiría.
- Raki permanecerá en su cuarto, y usted dormirá en el mío. – Aclaró el castaño.
- Pero Maestro, ¿dónde dormirá usted? – Preguntó visiblemente preocupada la pelirroja.
- Dormiré en el sofá. – Respondió Kiki. Su Maestro no estaba conforme con la decisión, y el castaño decidió hablar antes de que él lo hiciera. - No se preocupe, es amplio y muy cómodo. Así estaremos bien. –
- No tienes que hacerlo, Kiki. Yo puedo dormir en el sofá. – Intervino Mu, haciendo que Kiki negara con la cabeza y mostrara una pequeña sonrisa.
- Debo insistir, Maestro. Usted es nuestro invitado y debemos tratarlo como tal. – Dejando todo claro, los tres se prepararon para dormir. Raki fue la primera en irse a su habitación.
- Buenas noches, Maestro Kiki, Maestro Mu. Que tengan bonitos sueños. – Se despidió. Kiki puso una mano sobre su cabeza, deseándole que descansara. El anterior caballero de Aries también se dirigió al cuarto de Kiki, despidiéndose de él.
Mu observó que la estancia estaba ordenada y con un diario mural en una de sus paredes. Era el listado de "pendientes" de las reparaciones. "Qué responsable", pensó orgulloso de él. Se metió en la cama y cerró los ojos preparado para un largo sueño luego de un día agotador para su mente y su corazón.
- "Cielos, siento que ahora tengo doscientos cuarenta y tres años más" – Y con esa resolución, se durmió.
Casa de Tauro
Aldebarán observaba maravillado la enorme estatua con forma de toro al interior de la segunda casa. Harbinger por su parte, acomodaba algunas cosas a regañadientes. Todo para que Athena no reclamase que no era "hospitalario" con su visita.
- Bien… ¡hey tú! – Gritó para captar la atención de su predecesor. El brasileño volteó, algo sorprendido por la forma en que lo llamaron. – Dormirás aquí. – Señaló el sofá de su sala de estar. Cómodo para cualquier otra persona, pero no lo suficientemente grande para un hombre con las dimensiones de Aldebarán o Harbinger.
- No creo que quepa en ese sofá. – Expresó con honestidad.
- ¡Hum! ¡No es mi problema! Es ahí o duermes en el piso. – Respondió huraño. Aldebarán frunció el ceño, comenzando a hartarse de la actitud del ahora Patriarca.
- Ya, cálmate. Dormiré ahí. – Resolvió luego de suspirar pesadamente.
- Bien, me largo. – Se dirigió a su habitación, pero se detuvo en el umbral de la puerta. - Ah, y una cosa más. Nadie abre el refrigerador si yo no estoy presente, ¿me oíste? – El otro se quedó en silencio y su excelencia no dejó de amenazarlo con la mirada.
- ¡Sí, sí! No haré nada. - Harbinger resopló y cerró la puerta de su recámara con un portazo. Y Aldebarán… algo desanimado. ¿Qué le pasaba a su sucesor? Desde que lo conoció se había comportado muy grosero, ¡y él no le había hecho nada! Solo lo saludó para que luego lo tratase como si fuera una peste.
El brasileño suspiró y trató de acomodarse lo mejor posible en el sofá. Algo complicado desde su punto de vista. O le dolía el cuello o sus pies salían del sofá. Suspiró, y creyendo que era lo mejor para él, dejó que sus pies salieran, acomodando así su cabeza en la almohada. Cielos, pescaría un resfriado.
- "Espero que las cosas mejoren mañana" – Fue su último pensamiento antes de cerrar los ojos.
Casa de Géminis... oh cielos…
Paradox e Integra se encontraban en la sala de estar frente a sus predecesores… habían pasado un par de minutos en que el templo se sumió en absoluto silencio. Solo se veían fijamente y los gemelos alternaban miradas entre ellos, como si estuviesen discutiendo quién debería hablar para resolver esa situación.
- Creo que lo más sensato es que Saga y Kanon duerman en nuestras habitaciones. – Dijo Integra, rompiendo finalmente con ese silencio, a la vez que su hermana la miraba boquiabierta. Y ustedes se preguntarán… ¿habitaciones? ¿No que dormían ambas en el mismo cuarto? Sucedió que durante las dos semanas previas, las peleas por la litera de abajo continuaron, hasta que Athena se hartó y acomodó otra habitación en la Casa de Géminis para que cada gemela tuviera su propio espacio. Al menos eso disminuyó un poco las discusiones diarias entre ellas.
- Lo que dices no suena nada inteligente, pan sin sal. – Respondió la anterior Pallasite, oscureciendo sus cabellos. Integra ya estaba molesta tanto por la negativa de su hermana como por la insistencia de la misma a usar tontos apodos para enfadarla.
- ¿Y acaso tienes una mejor idea, cerebro de ardilla? – Sí, ya estaba enojada.
- ¡Pues eso nos deja a nosotras sin un lugar donde dormir! – Continuó Paradox, mientras que los otros gemelos se les quedaban viendo como si fuera un partido de tenis. Ni ellos peleaban tanto… ¿o sí?
- ¿No hay posibilidad de que podamos compartir la habitación? – Saga ya no quería ver como las gemelas se gruñían una a la otra, proponiendo otra opción. Por fin, las hermanas se separaron y Paradox volvió sus cabellos a su color habitual.
- Eh… no, ustedes son muy eh… grandes… y no cabrían ambos en una cama. – Explicó la mayor. De nuevo se quedaron en silencio, buscando una alternativa.
- ¿Y qué es lo que haremos? ¿Hacer que una de nosotras duerma con uno de ellos? –"Sugirió" sarcásticamente Integra viendo que ya no encontraba otra solución a su dilema. Craso error, muchachita. Las caras de Paradox y Kanon se iluminaron demostrando total acuerdo con la idea. Menos mal que la menor de las Géminis se percató de lo que pasaba por sus mentes. – ¡NO! – Respondió mientras su rostro enrojecía por lo que había dicho. Saga solo se golpeó la frente y ya preveía una jaqueca.
- ¿Y bien? – Intervino Kanon, luego de serenarse ante la severa mirada que le dirigió su hermano.
- Usaremos el sofá-cama del salón. – Dijo la gemela mayor luego de suspirar pesadamente. - Es pequeño, pero será suficiente para ambas. – Fijó la mirada en Integra, quien asintió despacio luego de unos segundos.
- Está bien. Ahora, ¿quién dormirá en la habitación de quién? – Preguntó el anterior Patriarca.
- Saga, si gustas, puedes quedarte en mi habitación. – Propuso de inmediato Paradox, con una sonrisa. El aludido alzó una ceja y se quedó en silencio mientras analizaba la oferta. Finalmente, aceptó.
- Entonces, Kanon dormirá en la mía. – Concluyó la de ojos azules. Este solo sonrió de lado y asintió. Al fin todo había quedado organizado y era hora de irse a dormir. Las chicas arreglaron el sofá-cama con todo lo que necesitaban y los chicos ya se dirigían hacia las habitaciones asignadas.
- Buenas noches, señoritas. Sueñen conmi—qué duerman bien. – Kanon cambió sus palabras luego de recibir un fuerte golpe en su brazo, cortesía de Saga.
- Buenas noches y gracias por el hospedaje. Que descansen. – Se despidió el gemelo mayor.
- Ustedes también guapos, espero que duerman cómodos. – Dijo coqueta Paradox al guiñarles un ojo.
- Nos vemos mañana. – Dijo amablemente Integra, luego de pellizcar con suavidad la mano de su gemela. Así, los hombres entraron dejando a las hermanas acomodando su nueva cama.
Al entrar al cuarto de Paradox, Saga abrió sus ojos jade, extrañado. Las murallas estaban pintadas de varias tonalidades de rosa, con un estilo muy abstracto, haciendo que se mareara un poco. Estaba ordenado –como esperaba-, y su cama era como aquellas usadas en los cuentos de princesas. Incluso, tenía un velo que se alzaba desde el techo y cubría una parte de la cama. Los muebles, estilo victoriano, eran desde armarios y gavetas hasta un tocador con un espejo grande y todo. Luego de cambiarse, se acostó, inhalando el fuerte pero agradable olor a perfume que desprendía la cama. "No está nada mal", pensó antes de quedarse dormido.
Kanon, por otro lado, vio con gusto la habitación de Integra. Todo muy ordenado y decorado sobriamente. Paredes de color azul cielo, y unos cuantos muebles de diseño tradicional. La cama, con un cobertor blanco, incitó al gemelo menor a lanzarse sobre ella, disfrutando de la comodidad. Aspiró el agradable aroma a flores y limpieza del cuarto, lo que lo llevó a concluir que su estadía en esa nueva casa de Géminis sería bastante placentera.
Ahora, vamos con las gemelas.
Integra, ya bajo las frazadas en el sofá-cama, observaba de soslayo a su hermana, quien leía un libro. El pijama de la mayor, estampado con dragoncitos por todas partes, le recordó a la de ojos azules esa duda que tenía con respecto a ella, y que quería resolver antes de irse a dormir.
- Te comportaste demasiado bien durante la cena. – Comentó al aire, sabiendo que Paradox captaría la indirecta.
- No sé de qué hablas. Me comporté como la dama que siempre soy. - Ni siquiera despegó los ojos del libro al hablar.
- No me engañes, mantuviste toda la compostura cuando Genbu empezó a hablar del señor Shiryu. – La de ojos violetas continuaba leyendo en silencio.
- Pueeeees… aunque no me creas. – Volteó a verla. - Sí, ya he superado lo del señor Shiryu. – Integra entrecerró los ojos, escéptica. No, no no, Paradox había pasado muchos años de su vida locamente atraída al anterior Dragón… ¿y ahora venía de la nada a decir que esa fase ya estaba en el pasado? – Ya no me veas así, estoy hablando en serio. – Dejó el libro a un lado, buscando el interruptor de la luz. – Qué cansancio… buenas noches hermanita. – Le dio un beso en la frente a Integra y rodó dándole la espalda.
La gemela menor, aún con las luces apagadas, dirigía la mirada hacia Paradox, quien sonreía plácidamente mientras se acomodaba para dormir.
- Ahora tengo… otros intereses… - Susurró semi-dormida, sin que su hermana pudiese escucharla.
Okeeeey… en fin.
Para ser la primera noche, todo había terminado con tranquilidad.
Eso fue muy poco Géminis… por ahora.
Casa de Cáncer
Uy, las cosas acá están de muerte… jaja… ¿vieron? ¡De muerte! ¡De muer-!
…
Bueno, bueno, ya me callo. Veamos qué sucedió.
- ¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTA MERDA?! – Gritó enfurecido el peliazul caballero en cuanto puso un pie en la cuarta casa y admiró los… nuevos cambios.
- Maldito lunático, ¡No grites de esa forma a estas horas! – Irónicamente, Schiller le reclamó subiendo la voz.
- Mi c-casa… ¡mi—mi—mis paredes! ¡¿Dónde están los rostros que decoraban mis paredes?! – Máscara no sabía cómo no le vino un infarto al ver su templo limpio de cualquier objeto que hubiese sido de su propiedad.
- Pues vete enterando que ya no están. Qué mal gusto tener esas asquerosidades. – El italiano solo refrenaba las ganas de matar a su sucesor, quien se dirigió a la cocina para buscar un vaso de agua.
- ¡¿Y qué son estos ataúdes?! – Escandalizado, se aproximó a uno, abriendo un poco para ver el interior. Alcanzó a mover su cabeza hacia un lado, evitando a una putrefacta mano que salía desde el ataúd. Schiller regresó de inmediato al salón al ver lo que hacía su predecesor.
- Son mis preciados zombis y te prohíbo estrictamente que te acerques a ellos. - Amenazó. El otro solo bufó y negaba frenéticamente con la cabeza. El pelirosa rodó los ojos y se dirigió a su habitación
- ¡Oye! ¡¿A dónde rayos vas?! –
- ¿A dónde más crees, rarito? A dormir, por supuesto. – Gruñó, ya en el umbral de la puerta de su cuarto.
- ¡¿Y yo estoy pintado al óleo o qué?! – Al menos el pelirosa captó la indirecta y Máscara de Muerte esperaba impaciente una respuesta sobre dónde dormiría esa noche.
- Mmm… no me interesa. Solo aléjate de mi persona y no toques nada. – Schiller a continuación, cerró la puerta dejando a su predecesor en la sala.
Máscara de Muerte jamás se había sentido tan furioso. El "maldito-pelo-chicle-desgraciado", como lo llamó, sacó todos los muebles del salón y los metió en su habitación o en cualquier otra parte para que el italiano no pudiese tocarlos. Miró totalmente frustrado a su alrededor, y comenzó a caminar como león enjaulado, hilando alguna idea sobre cómo pasaría la noche. Un ataúd en el suelo, de donde la mano de uno de los zombis trataba de colocar la tapa en su lugar, llamó su atención.
- ¡Quítate tú! – Con mucha violencia, sacó al muerto viviente de su interior, tomó uno de los cojines del sofá, un par de manteles de la cocina e "improvisó" una cama. No era mucho, ni lo más cómodo… pero… ya no le quedaba otra.
Resultaría demasiado contradictorio desearle "buenas noches" a Máscara de Muerte.
Casa de Leo
Aioria no estaba nada feliz. Y eso no era nada bueno. No era de las personas que acostumbraba a quedarse tanto tiempo con una expresión enfadada y con una enorme sensación de intranquilidad. Bueno, sin contar la época en que era tratado como el hermano del "traidor", durante el "reinado" de Saga. La cosa era que… sentía que ni siquiera iba a descansar bien esa noche, a pesar de estar viendo como Mycenae ordenaba algunas cosas y acomodaba el templo para que el anterior caballero de Leo tuviera una estadía plena.
Ah sí. A propósito de la quinta casa, en cuanto llegaron, Aioria recorrió con sus ojos cada esquina del lugar, cerciorándose exactamente de qué partes se habían dañado. No era mucho, ya que efectivamente era la cornisa del ala izquierda del templo y algunos armarios que no tenían puerta y en su lugar tenían una tela blanca que tapaba el interior. Ahora la pregunta que no lo dejaba en paz era qué había pasado para que ocurriesen esos daños. Y sus sospechas se dispararon hacia Mycenae.
En ese momento recordó cuando se despidió de su hermano en la casa de Sagitario y este le preguntó porqué estaba tan malhumorado respecto a su sucesor. Ni el mismo Aioria podía contestar bien a esa pregunta, pero de lo único que estaba seguro era que intuía algo malo.
- Este es el baño. – La voz de Mycenae lo trajo de vuelta a la realidad. El actual Santo de Leo le estaba dando un rápido recorrido por su casa, para que estuviera al tanto de las instalaciones. En eso, el fortachón buscó algo en las gavetas y se lo entregó a Aioria. - Esto es para ti. – Un cepillo de dientes completamente nuevo dentro de su envase. - El mío es el de color dorado. – Apuntó con el pulgar hacia el lavamanos. Su predecesor solo musitó un "gracias" al recibir el objeto.
Todo quedó en silencio. Mycenae no sabía realmente qué decirle, ya que no paraba de verlo como si no quisiera quedarse ahí. El actual Santo de Leo suspiró y caminó hacia otro lugar de la casa. Aioria lo seguía sin siquiera abrir la boca.
- Esta es mi habitación. Arreglé esa cama para que duermas. – Apuntó a una que estaba lista y a medio metro de la del actual Leo.
- Gracias. – Su voz sonaba totalmente sin vida.
- ¿Tienes alguna duda? –
- No. – Respondió cortante. Nada parecido al castaño de siempre.
Ambos se metieron a su respectiva cama. En silencio. Absoluto silencio. Ninguno dijo una sola palabra durante muchos minutos, hasta que la incomodidad pesó más en el actual caballero de Leo, quien decidió intervenir.
- Bien… uh… buenas noches. – Se despidió inseguro. El otro solo contestó de la misma forma y se apagó la luz. Mycenae dormía tranquilamente. Su predecesor, no.
Para Aioria, ya no tenían nada de buenas.
Casa de Virgo
Shaka hacía ingreso al sexto templo, abriendo los ojos por primera vez durante toda la jornada para notar todos los cambios que ocurrieron en el interior. No fueron muchos, pero aún se sentía como un lugar nuevo para él. Lo primero que notó es que había una ligera capa de polvo por todos lados.
- El baño está ahí. Te sugiero que lo ocupes, es realmente doloroso aguantar el proceso orgánico de orinar. – Shaka solo alzó una ceja ante el extraño comentario de Fudo, quien apuntó a su derecha. El peliverde le dio un rápido tour para que su predecesor supiera qué había en cada rincón del templo.
- Uh… entendido. –
- Entonces… - Fudo procedió a sentarse en su pedestal con forma de tronco roído, mientras que Shaka se quedó de pie, en silencio. – Mi casa es tu casa. – Tomó la misma postura de siempre y permaneció callado. Pasaron unos dos minutos en que el templo de Virgo se mantuvo en completa calma, hasta que Shaka, algo confundido por lo que estaba pasando, decidió interrumpir a su compañero.
- Y… ¿dónde se supone que duerma? – El actual caballero de Virgo abrió uno de sus ojos ante esa pregunta.
- Uh… ¿tú duermes? – Nuevamente un silencio de, aproximadamente, un minuto se apoderó del lugar.
- No la verdad… me quedo meditando todo lo que puedo. – Respondió por fin.
- Ya sé qué hacer. – Fudo se adentró a uno de los cuartos del templo y comenzó a arrastrar la pesada estructura de mármol con forma de flor de loto. El rubio abrió sus ojos, ligeramente sorprendido.
- ¡Eso es mí… ! – Ni pudo terminar la frase, mostrándose feliz.
- Si, lo conservé en mi cuarto de "cosas que eran de Shaka pero que yo no ocupo". – Aclaró sonriendo un poco.
- Gracias. Qué detalle. – Dijo sincero.
¿Y después? Bueno, los dos se sentaron cada uno en su propio pedestal… y estuvieron así… callados... durante toda la noche…
Okey, pasemos a la próxima casa.
Casa de Libra
El pelinaranja caballero esperaba que el Maestro no lo regañara por alguna cosa mientras ambos entraban al séptimo templo. Dohko observaba todo como si fuese un inspector de sanidad. No había nada que decir al respecto, más que todo estaba en orden… y eso lo sorprendía.
Es decir, era Genbu… ¡su discípulo! El revoltoso y holgazán Genbu.
El "Genbu ordena esto", "Genbu ven a entrenar", "Genbu deja de dormir en el césped", "Genbu no distraigas a Shiryu con fotos de Shunrei", y varias otras más…
- ¡Muy bien, chico! – Felicitó dando varias palmadas a la espalda del muchacho. – Esto está impecable, creo que has madurado… al fin. – Susurró lo último.
- Gracias Maestro, me alegra que le guste. – Dijo sonriente. - Usted dormirá en mi cama, y no se preocupe por mí, el sillón reclinable del salón es muy cómodo. – Dohko aceptó, pero no se fue de inmediato a su habitación, observando a su discípulo.
- Quería hablar de algo contigo antes de dormir. – El otro lo miró, expectante. - Quisiera ir a Rozan mañana mismo para ver en persona a Shiryu y a Shunrei. – El pelinaranja se quedó con la boca abierta por unos segundos, hasta que salió de su impresión. Tenía una terrible urgencia por reír pero prefirió evitarlo por el momento.
- Está bien… si usted quiere. - Dijo, encogiéndose de hombros.
- Entonces… debemos salir muy temprano para alcanzar el primer vuelo para allá. – El antiguo caballero ya empezaba a anotar mentalmente todo lo que necesitarían para ese trayecto.
- ¿Viajaremos en avión? ¿No que podemos movernos a la velocidad de la luz? – Lo cuestionó extrañado el pelinaranja.
- Sí, pero así no se disfruta el viaje. – Concluyó el viejo… ahora-joven Maestro. El actual Libra lo llevó a su habitación y le indicó todo lo necesario. Salió de ahí y volvió al salón, preparándose para dormir.
Genbu se sentó en su sillón, a la vez que se arropaba con las frazadas. De solo imaginar la reacción de su maestro cuando llegaran a Rozan solo hacía que fuese más difícil aguantarse el ataque de risa.
Casa de Escorpión
Milo no pudo evitar sonreír al entrar a su templo. Sentía una ligera nostalgia al ver que muchas de las cosas seguían en su misma posición. Excepto claro por aquellos nuevos artículos que pertenecían a la joven pelirosa. El caballero de Escorpión salió de sus pensamientos al ver cómo Sonia llevaba algunas frazadas y un par de almohadas hacia el sofá del salón. Y no había forma de que ella cambiara su cara reflejando absoluto mal humor. ¿Era que estaba en esos días o qué?
- Eh… yo- - Ni siquiera pudo empezar a hablar el anterior escorpión, cuando la pelirosa chocó sus verdes ojos con los suyos.
- Dormirás aquí. – Señaló con voz aburrida el sofá. - El baño está allá, la cocina por acá y no quiero que ensucies nada del templo. – Apuntó rápidamente cada lugar de forma que su predecesor no tuviese más dudas. El caballero asintió y Sonia volvió a desviar la mirada.
- Okey, como digas… que tengas dulc—
- Buenas noches. – Terminó secamente la joven, interrumpiendo otra vez a Milo. Se dirigió a su habitación cerrando con un portazo. Y el peliazul, aún con la palabra en la boca, soltó un suspiro y acomodó sus cosas para irse a dormir. Se quedó con un pensamiento mientras cerraba sus ojos.
"Será una chica bonita, pero tiene un carácter del demonio".
Casa de Sagitario
- Y esta es la cocina, ¡puedes sacar lo que quieras de la alacena o el refrigerador! – Seiya enseñaba con entusiasmo las dependencias de su templo a su predecesor, quien observaba confuso tanto artilugio nuevo como los electrodomésticos. El anterior Pegaso no se hizo problema en darle un tour completo de la casa a Aioros. Ya le había enseñado la sala de estar, la cocina, el baño, e incluso ese rincón que tenía habilitado para practicar tiro al arco… y jugar dardos con los otros dorados.
- Esto es increíble. Han cambiado muchas cosas en estos años. – Miraba de vuelta en la sala de estar el televisor pantalla plana de Seiya. No creía que se pudiesen inventar cosas como esas.
- ¡Sip! Esta es nuestra época. – Dejó pasar unos cuantos segundos, antes de indicar otro de los rincones del templo. - Ahora, te mostraré dónde dormirás. – Ambos caballeros de Sagitario se dirigieron a la habitación y al entrar Aioros perdió el equilibro al tropezar. Todo fue culpa de un pequeño desnivel que casi lo mandó al suelo. Seiya ni se percató de ello porque seguía hablando de las nuevas cosas que se habían inventado y de cómo funcionaba todo en el Santuario.
Luego, cada uno se fue a su cama, y mientras se alistaban para dormir, Aioros observaba el techo, un poco preocupado.
- Espero que Aioria esté bien. Lo vi algo molesto con em… ¿cómo se llamaba? – Volteó a ver al japonés, para que respondiera a su duda.
- ¿Mycenae? – El anterior arquero asintió. - Ah, Mycenae es inofensivo. Se ve serio y todo, pero cuando lo conoces mejor es buena onda. - Dijo sonriente. – Bueno, ya tengo mucho sueño. ¡Qué descanses! – Seiya se durmió casi en el acto, mientras que Aioros tardó un poco más, aún preocupado por su hermanito. "No importa, mañana será otro día", pensó optimista antes de quedarse dormido.
Pero para qué le vamos a destrozar las esperanzas al pobre.
Casa de Capricornio
El primer pensamiento de Shura fue… que no era mentira eso de la GRAN biblioteca en su casa.
¡Dioses! ¡Cuántos libros!
Observaba paralizado cómo se erigían los enormes libreros distribuidos en todo el décimo templo, mientras su sucesor no paraba de hablar sobre las instalaciones de la casa, las categorías de libros que poseía y algunas curiosidades. Y al analizar cada rincón con la mirada, se percató de otra cosa que captó la atención de Shura: la estatua de Athena. Bueeeno, él también tuvo una en el templo, pero la que poseía Ionia actualmente era demasiado parecida a Saori… Tendría eso en cuenta.
- … y por último, tenemos mi habitación. Espero que no le importe dormir acá. – Dijo el ya-no-viejo-Santo, al ingresar junto al anterior Capricornio.
- No, para nada. – De nuevo sus ojos negros vagaban de acá para allá inspeccionando cada rincón cubierto por… libros.
- Esa es su cama. – Apuntó a un colchón totalmente equipado para que Shura pudiese descansar. - Si necesita algo, solo pregúnteme. –
- Ah, muchas gracias. – Dijo en un hilo de voz.
Pasaron unos cuantos minutos hasta que ambos ya estaban en sus respectivas camas. Ionia dejó la lámpara de la mesita de noche encendida, para así leer cómodamente. El español, en cambio, solo tenía la mirada perdida en el techo. No sabía qué decir después de tanta locura. Solo trataba de respirar con normalidad para seguir cuerdo.
- ¿Le molesta si dejo esta luz encendida? – La voz del ahora joven Santo lo sacó de sus profundos pensamientos.
- No, en absoluto. – Se cubrió hasta la nariz con las sábanas. - Me voy a dormir, buenas noches… y gracias. – Musitó, volteando hasta darle la espalda.
- No hay de qué, buenas noches. – Respondió sonriente, para seguir leyendo. – Ah, es cierto, mañana debo ir a Palestra. – Susurró pensando que el otro no lo escucharía. Ionia se equivocó porque el español aún no se quedaba dormido.
Shura no entendió qué era eso de Palestra, pero se imaginó que debía ser otro loco lugar de esta loca época.
No te equivocas del todo, amigo.
Casa de Acuario
- Hyoga, espero una buena explicación para esto. –
El rostro de Camus era difícil de leer… Okey, está bien. Eso no es nada nuevo. Pero su tono de voz indicaba una sola cosa: molestia. Y su rubio discípulo agachaba levemente la cabeza, como un niño esperando una reprimenda.
- M-Maestro, la verdad es que- - Hasta ahí llego el primer intento de Hyoga para explicarle el asunto.
- No, no quiero oír excusas. – Su voz era peor que el glaciar contra el que chocó cierto transatlántico. - No puedo creer que todos mis libros hayan desaparecido. ¿Cómo es posible que hayas permitido semejante atropello a mi propiedad? -
- No Maestro, por favor, déjeme explicarle. – Camus cruzó los brazos dándole tiempo para que hablara. - Sucede que durante la última guerra Santa acá en el Santuario, los libros de todas las casas se guardaron en la casa de Ionia, en Capricornio. Le aseguro que todos están ahí. Solo debe pedirle permiso a él para llevárselos. –
- Espero que estén intactos. -
- Conociéndolo, lo estarán. Ionia no permite que ninguno de sus libros se dañe o se pierda. – Camus mantuvo esa mirada severa hasta que logró convencerse por los dichos de su discípulo, lanzando así un pequeño suspiro.
- Bien… Con respecto a la casa, no tengo mucho que decir. Está en orden y de acuerdo a mis estándares. Bien hecho, Hyoga. – Bueno, al menos eso hizo que el ánimo del rubio se elevara, luego de ese regaño.
- Muchas gracias. Ahora le enseñaré la habitación donde descansará, Maestro. – El anterior Cisne hizo el ademán de llevarlo a su propia recámara, pero su mentor se fue en la dirección contraria, sorprendiéndolo.
- Antes de eso, quisiera ver la armadura de Acuario… si no te importa. – Hyoga, paralizado, comenzó a palidecer poco a poco.
Ay, no… ¡rayos, truenos y relámpagos!
La armadura de Acuario…
- ¡N-NO! – Gritó el rubio, haciendo que su maestro detuviera sus pasos y volteara a verlo. – E-es d-decir… - Camus entrecerró sus ojos al ver cómo su pupilo comenzaba incluso a sudar frío por los nervios. – N-no hay ningún problema, Maestro. -
Ambos se acercaron al pedestal donde Hyoga mantenía a su dorada protección. El anterior caballero de Acuario observó con cautela mientras su rubio pupilo, a sus espaldas, cruzaba los dedos y mordía su labio con fuerza, pidiendo a los dioses que la armadura no hiciera alguna locura como… comenzar a hablar.
Así es, amigas y amigos. El problema de la "armadura parlante" no se ha solucionado.
Desde hace dos semanas, Hyoga intentó por todos los medios remediar esa situación. Kiki revisó su armadura, quedó perplejo en cuanto esta inició su parloteo y aún con todas sus herramientas y su conocimiento de reparador, no pudo hacer que se callara. Los días pasaron y Hyoga tuvo que "convivir" con la siniestra voz que lo atormentaba a diario.
Y si el Maestro Camus descubría ese problema pues… el rubio solo pensaba en una palabra: DECEPCIÓN. Un "estoy muy decepcionado de ti, Hyoga", lo dejaría más helado que cien mil ataques de la "Ejecución Aurora".
- Todo en orden, y veo que la has cuidado con esmero. – Esa fue la resolución de Camus luego de un par de minutos observando el objeto sobre el pedestal. El anterior Cisne pudo al fin botar el aire de sus pulmones, completamente aliviado.
Luego, ambos caballeros de la onceava casa se dirigieron a la habitación del rubio. Camus se acomodó en la cama (después de una larga insistencia de su alumno), mientras Hyoga arregló un futón en el piso. Los dos se durmieron rápidamente ya que estaban muy cansados por tantas cosas en un día. De lo que no sabían era que en el pedestal del salón, la armadura de Acuario soltó una pequeña risita.
- Buenas noches… - Susurró con voz cantarina.
Casa de Piscis
Afrodita se sintió como una hermosa rosa frente al implacable invierno, en cuanto puso un pie en su anterior residencia. Cada pétalo arrancado con violencia, cada fragmento de su exquisito aroma disuelto, y dejando sus poderosas espinas listas para desangrar a cualquiera que osara tocarlo. Pero, vamos… basta de poesía, veamos cómo se le destrozan los nervios al –en palabras de Saga (sí, Saga, yo te oí)- caballero más hermoso de la orden dorada.
- Ay no, por toda mi infinita y exuberante belleza… - Comenzó con la poca voz que le salía. – Me quiero morir, que me revivan y morir de nuevo. ¡¿ESTA ES MI CASA?! – Si no fuese porque tenía tanto tiempo comprando productos para cuidarlos, Afrodita tiraría de sus cabellos hasta arrancarlos. Su preciada morada contaba ahora con un televisor gigante de pantalla plana, un –a su gusto- horrible sofá, un bar con varios taburetes y luces bajas de colores. Faltaba una barra de poledance y bailarinas con escasez de ropa para coronar su casa como un club nocturno.
- Pues… no es tu casa… es mi casa, florecilla. – Amor ya no estaba para seguir discutiendo con el joven sueco, aclarando de una vez que no tenía derecho a reclamar sobre la decoración del lugar.
- ¡Parece un antro de mala muerte! – Expresó con total indignación saliendo de sus bien cuidados poros.
- ¡¿Qué?! ¡Debes estar loco! ¡Este lugar reboza de absoluto estilo! – Reclamó de vuelta el rubio. Afrodita ni lo escuchó ya que toda su atención era consumida en descubrir DÓNDE estaba ese preciado espacio para él.
- Mi… mi jardín…- Le tiritaba el mentón al perder toda esperanza de encontrar su amado lugar. - ¡CARAJO!, ¡¿DÓNDE ESTÁ MI JARDÍN?! – Chilló con todo lo que pudo su voz. Amor puso una mano en la sien, ya fastidiado.
- Si te refieres a ese montón de rositas que le restaban encanto a este lugar, ya se pudrieron. – La mandíbula de Afrodita cayó libremente, ahogando un grito y apretando los puños, listo para hacer pagar a su sucesor por semejante osadía.
- ¡Dejaré tu cabeza sin ningún cabello! –
- Ya detente, rosita. Estoy cansado y me iré a dormir. –
- ¡¿Y dónde descansaré yo, animal?! – Su sucesor cruzó los brazos y tomó su mentón, como si de verdad estuviese pensando en una solución para ese problema. Sin embargo, sonrió de forma cínica, y moviendo una mano se dirigió hacia su propio cuarto.
- Mmm… No sé. Buenas nocheeees. – Se despidió burlón, dejando a un furibundo Afrodita.
- Maldito cara de piraña, ya se enterará. – Volteó a ver el sofá, tomando así una decisión. - Ugh, tendré que dormir en esta cosa. – Solo bastó esa frase para que Amor retrocediera sobre sus pasos e increpara al anterior Santo de Piscis.
- Aaaaah no. Lo lamento, pero… por más femenino que te veas, no eres una chica y menos una bonita… así que no puedes sentarte en mi genial sofá. – Aclaró.
- ¿Y tú crees que dormiré en el suelo? Ni en esta vida ni en la otra, mugroso. – Hizo el ademán de sentarse en el mueble favorito del rubio, pero este lo impidió, con una expresión enfadada en su rostro.
- ¡Basta! Dije que no te puedes sentar en el sofá. – Estaba a punto de hacer explotar su cosmos de oscuridad si el "Santo carita de nena", como lo apodó, se atrevía a acercarse más al sofá burdeos.
- ¡Entonces dormiré en tu habitación! – El peliceleste corrió hacia la estancia privada de su sucesor, a la vez que este último abría los ojos de par en par.
- ¡NO SEÑORITA, CLARO QUE NO! – Se apresuró en alcanzarlo, pero no pudo. Afrodita entró y cerró con violencia la puerta en su cara.
- ¡OBLÍGAME, PEZ DE AGUA PUERCA! – Gritó desde el otro lado. El rubio Piscis golpeó dicha puerta con frenesí, sin respuesta alguna más que insultos y gritos.
- ¡OYE! ¡Sal de ahí! ¡OYEEE! – No hubo caso con que el peliceleste saliera. Amor estuvo a punto de echar abajo la puerta, pero la advertencia de Saori lo frenó. Cuando se lo proponía, la diosa era mujer de temer. - Bah, al diablo con él. Ya dije que nadie se acerca al sofá. – El plan B del actual caballero de Piscis fue sacar algunas frazadas del armario y armar una improvisada cama en su amado sofá.
Ya dentro de la habitación, Afrodita, en una bata azul marino, terminó de acicalarse para irse a dormir (qué fortuna que Amor tuviese un baño privado). Se sentó en la cama cuidando de no arruinar el exfoliante de aguacate que tenía en toda la cara, sacando de una bolsa que llevaba una maceta con tierra.
- Ese infeliz. Pagará por lo que le hizo a mi preciado y hermoso jardín. – Dejó el objeto sobre la mesita de noche y se introdujo bajo las sábanas. Ya antes de caer en un profundo sueño, tomó dos rodajas de pepino y las colocó sobre sus ojos cerrados.
Al parecer, la convivencia en esta casa no será nada bonita.
Cámara del Patriarca
Shion, luego de cepillarse los dientes, se dirigió hacia la habitación que Athena le había asignado. Dijo que era la que ocupaba Harbinger cuando dormía en la cámara del Patriarca, pero que no tenía mucho uso. El toro dorado aún prefería descansar en el segundo templo. Se cambió de ropa y se acostó, agotado por ese largo día de tantas locuras. Y qué decir de su estado mental, aún le costaba digerir que el caballero de Tauro era el mandamás del Santuario. No le parecía que fuese una persona muy… apta… pero quién era él para contradecir a Athena y sus… poco sabias decisiones.
Acomodó su cabeza en la almohada, hasta que un ruido extraño lo alertó. Levantó dicho objeto encontrándose de frente con una revista. Y no cualquiera. Una que hizo que sus ojos casi salieran volando de sus cuencas. Evitó por todos los medios observar la portada y centrarse solo en el título de la revista.
Hot Girls Edición especial para Patriarcas
- ¿¡Qué demonios?! – Dijo en un grito ahogado, evitando así que cualquier otro lo escuchara.
Unas chicas que vestían un intento de toga, que para el peliverde solo eran unos jirones de tela puestos sobre las partes más íntimas de ellas, posaban seductoramente en la revista. Si eso era solo la portada, no quería imaginarse el contenido. ¿Y qué significaba eso de "Edición especial para Patriarcas? ¡¿Acaso eso era de-?!
- Por todos los dioses… ¡pero qué descaro! – Regañó, pero bien que se le desviaban los ojos de nuevo hacia la portada. Shion dejó la revista en la mesita de noche, dándose la vuelta para dormir. Pudo descansar… pero antes sintió cómo le picaban las manos por seguir mirando. Finalmente cerró los ojos, agotado.
Mientras tanto, en la habitación privada de la diosa, Athena apretaba las sábanas que la cubrían, chocaba sus dientes haciendo que rechinaran y un tic en su ojo derecho aparecía. No entendía nada. DE NUEVO. Ni una maldita cosa de lo que estaba pasando. La duda sobre quién había cometido semejante atentado contra la naturaleza y el espacio-tiempo parecía no dejarla dormir. Pero ya que, los dorados ya estaban reunidos y no había nada más que hacer… excepto tratar de resguardar la sanidad mental.
- Lo encontraré… o la encontraré. – Respiraba agitada, a punto de desatar su ira. - Quién sea que haya hecho esto… - Aún sin saber cómo, pudo conciliar el sueño, uniéndose a todos los otros Santos de la orden que ya dormían a esa hora.
Buenas noches Santuario de Athena. ¡Mañana es el día uno de esta maravillosa y sobrenatural experiencia!
¿Qué tal habrán pasado la noche los dorados en cada una de sus casas? ¿Cómo será la travesía de Dohko y Genbu para llegar a Rozan? ¿Cómo despertará Máscara de Muerte luego de dormir peor que en una zanja? ¿Para qué tiene Afrodita una maceta junto a su cama? ¿Podrá Aioria descubrir qué fue lo que le pasó a su casa? ¿Será verdad que a Paradox ya se le pasó el "amor" hacia Shiryu? ¿Cuál sería la reacción de Camus si la armadura de Acuario comienza a hablar? ¿Dejará Harbinger de ser idi—eh… desagradable con Aldebarán? ¿Athena ya considerará ir a terapia?
¡Sintonicen el próximo capítulo para responder a estas –y muuuuchas otras- preguntas!
Continuará…
Heeell yeaaaah! Un nuevo capítulo traído a ustedes por cortesía del cerebro chamuscado de Solefald. Espero que les haya gustado y eso que solo ha sido la primera noche de las dos generaciones. El day one tendrá varias actividades y comenzarán los problemas para muchos de nuestros doraditos. Con respecto a las preguntas sobre apariciones de otros personajes, caaaaaalma, que tenemos que ver primero cómo se comportan los dorados entre ellos y desde ahí aparecerán otros personajes.
Ya estaría repitiendo tanto lo mucho que les agradezco por quienes pasan por esta historia y se detienen a leer. Mis agradecimientos en especial a aquellos que se toman la molestia de dejar un mensaje. Me encanta saber qué piensan o qué les llamó la atención de cada capítulo, y ya saben que responderé en cuanto tenga oportunidad a cada uno de ustedes.
Y por último, si desean ver algunas geniales ilustraciones hechas sobre este fic, pueden ir a mi profile y buscar la sección de "Colisión Dorada". ¡No olviden dar crédito al autor original! :D
Un abrazo, espero que estén muy bien y que les vaya de lujo.
¡Nos vemos en el próximo!
Solefald
