Capitulo 4: La torre de reloj
Se escuchaba el lamento de los infectados en el vagón donde estaban Jill y Carlos, ellos al parecer ya estaban acostumbrados a ese sonido y mientras que Carlos manejaba Jill lo observaba como queriendo decirle algo pero no sabia que. Le había tomado afecto al mercenario y después de estar encerrados en aquel cuarto ella se sentía un poco apenada al verlo directamente
-No, esto no es posible, no me puedo enamorar de nadie en solo unas horas, él es simpático y apuesto pero aun es mas chico que yo y además estoy segura que esto que tengo solo es debido a que no hay nadie mas y me siento sola o acaso si será que…-
-¡PUMM!-
Retumbo el vagón de atrás, los dos muchachos se quedaron helados, no sabían que era lo que ocurría aun que en la mente de Jill solo había una causa a ese ruido. Carlos rápidamente se acercó a su rifle pero Jill lo detuvo diciéndole que debía seguir manejando el tranvía y ella iría a ver que sucede. La joven se acercó a la puerta de entrada del vagó de atrás y justo cuando la abrió vio a Mikhail sentado con gran esfuerzo en el piso del vagón recargado en su rifle, ella lentamente giro la mirada para ver lo que en su mente ya estaba mas que claro. Su cara deforme, su vestimenta negra y los mas de 2.5 metros de altura, no podía ser otro mas que el Tirant enviado a matar a los S.T.A.R.S, el mismo que mato a Brad y quien sabe a que otro miembro de su equipo. La muchacha quedo paralizada, en sus planes no estaba que esa cosa tomara el tranvía y no disponía de munición suficientemente potente para acabar contra aquel horroroso ser.
-¡Corre!-
La castaña escucho una voz que la saco del trance de pánico en el que estaba, giro la vista y vio a Mikhail de pie disparando su rifle en contra de la bestia.
-No, lo detendremos juntos-
-Corre mujer, ya es tarde para mi no podría sobrevivir aunque nos evacuen ¡sal del vagón rápido!-
La chica se iba a quedar peleando con el pero noto que Mikhail ya había quitado el seguro de una granada. Estaba segura que no había nada que detuviera a Mikhail y solo susurro
-Gracias Mikhail siempre te recordare-
Ella salió rápidamente y se puso a cubierto, cuando Carlos le pregunto que pasaba, el vagón de atrás exploto descarriando el tranvía fuera de los rieles dejándolos sin rumbo. Jill se acercó tambaleándose hacia el latino que se esforzaba por accionar los frenos y evitar un gran choque, solo escucharon un fuerte estruendo y Jill del impacto salió disparada por la ventana.
Se levanto con un dolor en todo el cuerpo, noto raspones en sus brazos y piernas pero fuera de eso estaba bien. Jill aun estaba mareada por el gran impacto y cuando giro la cabeza para orientarse noto el tranvía destrozado, este obstruía todo el camino y se encontraba en llamas, ella solo pensaba en que sucedió con su compañero y cuando se dirigía a echar un vistazo en busca de él, entre las llamas empezaron a salir decenas de zombis obligándola a huir por la puerta próxima a ella. Llego a un cuarto grande, por lo visto era de alguna familia muy adinerada por las ventanas y los adornos que había, peso en Carlos, preguntándose si estaba bien inspecciono que armas tenia y solo disponía de su bretta y la magnum que encontró en la jefatura de policía, se dirigió al otro lado del cuarto y salió por la puerta de la izquierda hacia un pasillo largo que cortaba en L. En el lugar donde quebraba el pasillo vio el cuerpo de un mercenario con el miedo reflejado en su cara muerta y enrollado en telaraña, la chica se apresuró a salir lo más rápido posible esperando que nada malo le allá sucedido a Carlos si es que el aun seguía con vida tras el choque. Al final del pasillo había otra puerta, la abrió y continuo sigilosa por otro largo pasillo que desembocada en una sala con muchos libros que se veían a unos 20 metros.
Hacia un gran día en la playa, el cielo estaba azul, había muchas mujeres y mucha gente, él se encontraba tomando el sol en la playa mientras hablaba con una mujer rubia muy hermosa que al parecer era su acompañante por la forma en que comenzaron a besarse
-Huy mi reina, estas caliente tanto que me quemo…-
Decía Carlos en su idioma natal (español) y de repente despertó de golpe, el mercenario se quemaba la mano por el fuego del choque sin recordar lo que había ocurrido, por lo visto había estado inconsciente un lapso de tiempo. Se aproximó a salir rompiendo la ventana pero en el instante que iba a saltar recordó a la hermosa joven a si que recorrió lo que pudo del tranvía en su búsqueda, tal vez estaba inconsciente o estaba lastimada pero después de un rato el no encontró indicio de ella y se puso en camino para salir del tranvía con su mente pensando en donde estaba o si había muerto. Al salir recorrió con la vista todo el lugar que parecía el patio trasero de una gran mansión y quedo sorprendido al ver que esa mansión era la torre del reloj y que por asares del destino el tranvía choco en ese lugar.
-Bueno al menos tengo un poco de suerte, pero aun tengo que encontrar a Jill-
El hispano se puso en camino, trato de abrir la puerta principal que se encontraba atracada a cal y canto por lo que tuvo que entrar en la puerta que estaba a la izquierda casi llegando a la esquina del patio. Abrió la puerta y exploro aquel lugar que parecía un estudio, había un piano grande y negro al lado de la entrada y justo enfrente de él estaban unos ventanales gigantes casi puestos en ves de la pared. Había también dos puertas a la izquierda y derecha de la gran habitación, Carlos decidió ir a la de la izquierda y acto seguido entro por ella. El joven entro a una capilla que poseía una estructura muy solida, de muros de bloc y una puerta de madera fuertemente reforzada.
-aquí no hay nada pero es un buen refugio para esperar la ayuda-
Se sentó un momento a verificar su estado, solo tenia unos leves raspones y la mano derecha un poco quemada, nada grave. El todavía tenía su amado rifle, su pistola y un par de granadas pero casi no tenia munición aunque tampoco estaría allí mucho tiempo pensó un segundo y salió para adentrarse por la otra puerta con su mente solo en una cosa, encontrar a Jill.
Abrió la puerta, siguió derecho por el pasillo de esa enorme casa o donde sea que se encuentre y cuando termino de salir por ese estrecho camino y se encontró encañonada por un largo rifle negro.
-¡Ho Jill al fin te encontré! Creí que estabas muerta o algo así-
Le decía Carlos mientras dejaba de apuntarle con su rifle y dibujaba una gran sonrisa en su rostro
-Lo mismo digo compañero, no sabia si seguías con…-
Jill sintió que algo la abrasa antes de terminar la frase, era Carlos quien la abrasaba tiernamente. Algo así como un chico que casi pierde a su novia, ella no era del tipo de mujer que se sentía cómoda con alguien abrasándola aunque sea un amigo suyo, pero esta vez ella sintió el calor del mercenario, era algo que la hacia sentir reconfortada y también lo abraso aferrándose a él y recargando la cabeza en su pecho, estaba feliz de que el siguiera con vida y se sentía aun mejor abrasándolo notando que él estaba allí y no era un sueño, siguieron abrasados por unos breves segundos mas pero ella al darse cuenta de que estaba haciendo lo alejo casi de golpe sin llegar a ser brusca.
-Hey habrá que salir de aquí rápido, no hay tiempo para esto-
Le dijo la hermosa joven al muchacho e inspeccionaron el lugar en busca de algo que les fuera útil, encontraron poca munición para pistola de 9mm y un lanzagranadas que estaba en el cuerpo de un mercenario muerto, Jill lo tomo y salieron de allí
-las instrucciones decían que al accionar las campanas el helicóptero nos recogería, me imagino que esta hasta arriba-
Dijo Carlos y Jill afirmo con la vista y subieron por las escaleras de la sala principal. Caminaron con cuidado y Carlos estaba a la cabeza, parecía cauteloso, sobre todo por la telaraña tan grade que estaba en las paredes.
-Esto me recuerda las arañas gigantes que estaban en la cabaña del guardabosque en las montañas Arkleys-
Se dijo en su mente Jill que se encontraba a tres metros por detrás del mercenario y escucho que el lanzo un grito
-¡Jill ayuda!-
Carlos callo al suelo por algo que le salto desde el techo, Jill no lo podía creer era una de esas arañas mutantes, Saco su magnum y le disparo tres veces hasta que el arácnido se encogió y dejo de moverse
-debes tener mas cuidado por donde andas ¿que es lo que mirabas?-
-Nada, me distraje un segundo para recargar mi pistola y esa cosa se me echo encima-
Los dos siguieron derecho hasta topar con la puerta y Carlos se apresuró a abrirla, en ese balcón no había nada y desde abajo se veía un cuarto sin puerta donde seguro estaba el mecanismo de las campanas, se acercaron justo debajo de donde se asomaba una escalera y buscaban la manera de como hacerla bajar, Jill se concentro en la cerradura de en medio e intento hacerla funcionar con si ganzúa. Pasaron unos minutos y Carlos desesperado le dijo
-Jill apártate-
La chica lo hizo y cuando le pregunto ¿para que?, el chico le dio una descarga de 3 balazos a la cerradura
-idiota, que haces ahora jamás podremos hacer bajar la escalera-
Le gritaba furiosa y justo cuando acabo de decirle todo escucharon la escalera bajar de golpe
-lo vez linda a veces la fuerza de las balas lo resuelve todo-
Le contesto con una sonrisa a la chica que no sabia como pedirle disculpas por su actitud un poco alterada y justo cuando le iba a decir que lo sentía la puerta por la que entraron salió volando, los dos giraron rápidamente y lo que vieron era casi imposible, se trataba del monstruo que perseguía a los S.T.A.R.S, se quedaron paralizados y Jill rápidamente vio unos reflectores gigantes que apuntaban a la cara de la criatura
-ojala funcione, al menos quedara cegado un tiempo y podremos huir-
Jill activo los reflectores y el monstruo quedo cegado como lo había planeado, justo cuando le grito a Carlos que corriera el mercenario corrió hacia el Tirant empujándolo de una patada, tirándolo desde el tercer piso de la casa.
-por lo que veo la muerte de Mikhail fue en vano pero al menos lo lastimamos con esa caída-
-si, discúlpame por ponerte en peligro al estar junto a mí-
-no te preocupes preciosa, para ganar el corazón de una mujer tan bella como tú hay que hacer unos sacrificios-
-que, ganar mi corazón, Carlos respóndeme algo ¿yo te gusto?-
Carlos se quedo sin habla, de su mente salieron esas palabras sin querer y no sabia que decir
-Hey responde-
-claro que no Jill, es un decir, claro con eso no quiero decir que seas fea o que no me puedas gustar es mas te quiero invitar a salir una ves que estemos en otro lugar, claro no es que me gustes, solo como amigos…-
-bien, bien te entiendo no te preocupes-
Le decía Jill devolviéndole una sonrisa y sintiendo que muy en sus adentros desearía que el mercenario le hubiera contestado abiertamente que si, pero en el fondo sabia que eso era verdad.
-que pasa con migo, acaso si es verdad que yo me estoy enamorando de él, debo estar muy cansada, yo estoy ahora con Chris no oficial mente pero tenemos algo o eso quiero creer-
-Hey accionemos las campanas de una vez y vámonos de aquí-
Le dijo el latino sonrojado como con pena, la chica le sonrío pícaramente y accionaron las campanas esperando que los recogieran he irse de allí.
