Hola :). Lamento la tardanza y espero que el capítulo les guste. Besitos y mucho amor.


Capítulo 3: Viaje en el tiempo por accidente.

Tras las compras, Minerva se ponía más y más sentimental y durante la cena había estado llorando, diciendo que extrañaría a sus hijos, un sin fin de veces. Rowan parecía deseoso de marcharse y explotar sus habilidades mágicas, tal cual su padre lo había hecho en su infancia y eso le trajo a él, muchos recuerdos. Entendía cómo se sentía su esposa en cierto modo, pero sus hijos tenían que independizarse.

Minerva no tardó en recordar el día de su boda y cómo Poppy lloraba prácticamente a mares, en aquel momento en el que ella y Snape decidieron unir sus vidas en una boda de verdad. Recordaba la dulzura con la que Severus cargaba su cuerpo y delicadamente la posaba sobre la cama, aquella noche de bodas, besándola suavemente. Recordaba la paciencia con la que deshacía cada uno de los botones de su vestido de novia moderno e igualmente blanco pero sin tantas capas, además de la ternura en cada una de sus caricias. Mientras se desvestía frente a sus ojos, Minerva entendió algo en todas sus acciones, algo en sus gestos. Entendió que su esposo era libre al fin de toda preocupación. Que ninguna casa, ninguna clase, edad o matrimonio arreglado, lo detendría más. No había prisa en ninguna de sus acciones, tomando sus manos y besándolas delicadamente, reteniéndolas sobre su cabeza y uniéndose a su cuerpo de una manera tan suave, casi como un roce, casi como otra caricia. Y luego de lo que le pareció un largo tiempo juntos, sintió su cuerpo derrumbarse lentamente sobre ella y susurrando "Eres mía, eres realmente mía". Y solamente se quedó dormido luego de escucharle susurrar: "Sí Severus, soy tuya. Y tú eres mío también".

Podía tomarse todo el tiempo del mundo en tenerla. Era su mujer por fin y nada lo cambiaría.

Los niños empacaban sus baúles mientras Effy ponía los libros en orden. Olivia y su gato parecían tratar de entenderse, pero por más que el gato la observaba y maullaba, no lograba entender qué quería decirle. Se levantó del suelo y caminó en dirección a su hermano menor, que había dejado de empacar y caminaba de puntillas en dirección a la habitación de sus padres.

- ¡Rowan! - exclamó Olivia de inmediato y Rowan se dio la vuelta para mirarla con un dedo sobre los labios.

- Shhh... - dijo con una sonrisa, mirando dentro. - mis padres aún duermen. - trató de no reírse, al ver a su padre profundamente dormido y abrazando a su madre. Prácticamente roncaba pero Minerva parecía no darse cuenta.

- Qué intentas hacer, ¡no molestes a papá y a mamá! - susurró detrás de él. - no debemos meternos en problemas...

- Yo sólo quiero ver un poco de ese pasado del que tanto hablan papá y mamá. - sonrió Rowan, caminando en dirección a un viejo armario en la cabaña. - papá nunca me permite mirar entre sus cosas y yo sé que hay mucho que nos puede ser útil para la escuela. Ya no hay peligro...por qué no podemos mirar nada más.

- Amo Rowan, no debería husmear entre las cosas de sus padres. - alertó Effy de inmediato, mientras Rowan buscaba una silla para subirse y mirar los tramos superiores. Sabía que su padre seguramente había encantado el armario, para ocultar todo lo mágico. Pero seguramente, algo se le había escapado. Según lo que contaba su madre, el pasado que habian vivido sonaba de lo más interesante.

- Rowan... ya oíste a Effy. - le criticó Olivia con un tono reprobatorio que su hermano ignoró. - nos vas a meter en problemas.

- Nadie dijo que me ayudaras. Yo solo voy a mirar, no voy a hacer nada más. Quizá si encuentro esa vieja copia de pociones de mi padre... esa que dice Príncipe Mestizo. Un poco de ayuda no me hará mal en la escuela.

- Baja ya de ahí. Effy nos delatará con mamá y nos van a castigar.

El niño se dio la vuelta para mirar a su hermana y responderle algo, cuando de improvisto apoyó sus manos muy fuerte sobre el tramo superior y una pequeña caja cedió por el peso del muchacho, cayendo al suelo. Ambos niños se sobresaltaron de inmediato y esperaron un par de minutos, preguntándose si sus padres se habrían despertado con el ruido. Effy miraba el asunto con preocupación, negando con la cabeza.

Algo brillaba fuera de la caja y atrajo la atención de Rowan que pensó en bajarse de la silla y tomarlo. Un collar con un extraño reloj de arena, muy llamativo. Effy quiso tratar de tomarlo, pero Rowan fue más rápido que ella y de un brinco bajándose de la silla, lo tomó y lo contempló con una expresión de curiosidad muy típica de su padre.

- ¡Es el giratiempos de mamá! - Olivia exclamo, cubriéndose la boca con las manos. - No debemos tomarlo...

- ¿Cómo lo sabes? Mamá nunca nos habló de él o nos lo ha mostrado.

- He leído sobre ellos, ¡son muy peligrosos! Sé que mamá tiene uno puesto que una vez le oí mencionarle a papá que no llegaría tarde, porque utilizaría el giratiempos para terminar los quehaceres y verse con él. - meditó. - No debemos tocarlo, algo malo podría suceder.

- La ama Olivia tiene razón, amo Rowan. ¡Es muy peligroso!

- Mamá podría enseñarnos a usarlo y así no llegaríamos tarde a ninguna de nuestras clases. ¡O... o mejor aún! ¡Podríamos estar en dos lugares a la vez! Tomar dos clases, ¡nuestras calificaciones serían las mejores!

- ¡No, es muy peligroso y mamá podría molestarse! - replicó ella, tratando de arrancárselo de los manos. - No es buena idea...

- Suéltalo Olivia... ¡Lo romperás! - exclamó y Effy miró con terror, cómo el giratiempos parecía a punto de romperse.

- ¡Amos!

La algarabía no tardó en despertar a Minerva, quien ahogó un bostezo y confundida, miró a su esposo en la cama. Estaba dormido y prácticamente roncaba, lo que le hizo sonreír y acariciar su rostro dulcemente. Continuaba soñando con el día de su boda y realmente no lo cambiaría ni por todos los galeones del universo.

Hasta que los gritos reventaron su perfecta burbuja de felicidad. Parecía que sus hijos peleaban nuevamente y alzó la mirada al techo, negando con la cabeza y cerrando los ojos. Cuándo dejarían de pelearse por cualquier cosa. Tomó sus gafas y apartó las cobijas de sí, apresurando el paso para detenerlos sin despertar a su esposo.

- ¡Rowan... lo vas a romper!

- Niños... ya basta. - comenzó Minerva con su tono más estricto. - no me hagan enfadar y tener que castigarlos...

Se detuvo en medio del salón, mirando a sus dos hijos discutir. Parecía que peleaban por un objeto y parpadeó para mirar mejor, ahogando un bostezo. Al poco tiempo no tardó en darse cuenta de que discutían con su giratiempos y Effy trataba de detenerlos.

- ¡Niños!

- ¡Amo Rowan, ama Olivia! - exclamó Effy, pero los niños no paraban de discutir.

Y antes de que siquiera pudiera intervenir, el giratiempos no tardó en dar tres pequeños giros de tanto halarlo y tirar de él. Olivia, Rowan y Effy, desaparecieron en el acto y frente a los ojos de Minerva.