Bueno, lo prometido es deuda! :D Aquí les dejo el cuarto capítulo de esta pequeña historia de OnePiece, espero les guste y disfruten del cap : ) Y si se aburren, bueno, las cosas apenas van agarrando vuelo, por lo que es normal que estos caps sean flojos y sin misterio alguno lol. Besos y abrazos, gracias por sus lecturas :)
Por cierto, agradezco a Eli Lawliet, quien me dijo tienes que ver OnePiece (y a otro amigo que igualmente me incitó a ver la serie), y ya después me dijo, tienes que hacer un fanfic de Onepiece! Y yo así de, pero eso es demasiado reto xD No tengo tanta imaginación...Y por alguna rara fuerza del universo terminé escribiéndola XD Luego pensé, ¿por qué no hice un AU? Y luego Eli me dijo que no, que lo haga después XD y que siga con esto U¬¬ Así que este fanfic :3 está dedicado a mi pequeña criaturilla Eli, que ha sido una lectora t amiga mía desde el 2009 :)
Capítulo 4.- Tabú y Aceptación
—¿Se conocen? –cuestionó Brook a Law y Lynn-.
—Es un modo de decirlo –dijo Law con un tono peculiarmente serio-.
—¿Cómo han estado? Escuché que hicieron una alianza con los Mugiwara –decía liberando con cierto esfuerzo aquella arma de las manos cortadas de esa chica-.
—Has crecido mucho Lynn-chan –decía Shachi feliz mientras se acercaba a ella- Tu cabello está muy largo y luces mucho más bonita.
—¿Pero qué demonios es esa mujer? –preguntaba Usopp- No le sucedió nada ante lo que le hizo Robin y tras semejante golpe que le diste Lynn, siguió como si nada.
—Es que la golpeé con la diestra.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Que soy zurda, mi mano derecha es débil.
—¡Pero destruiste toda la pared de la casa! –gritaba Usopp- La echas toda abajo si le pegabas con la izquierda.
—Es como una hermosa amazona…Yohohoho…
—No, estoy seguro que ni ellas pegan tan duro –dijo Usopp por lo bajo-.
—Pues si tanta curiosidad tienes, puedes verla tú mismo Usopp –le invitaba Lynn-.
—No, estoy mejor aquí –asentía temeroso-.
—¿Quién habrá hecho esto? –se preguntó a sí mismo Law tras haber desaparecido su Room-.
¿Qué había jalado aquella cabeza de la mano del meticuloso cirujano?¿Por qué cada una de las partes en las que se había fraccionado aquel cuerpo ahora simplemente habían desaparecido ante sus ojos?¿Había sido algún tipo de magia o lo que hubiera sucedido había sido demasiado rápido?
Lo único que estaban presenciando era lo que aparentemente resultaba imposible…Aquella mujer estaba nuevamente completa, parada cerca del punto en el que había sido visto por primera ocasión, pero armada con un largo y filoso cuchillo. Sin embargo, algo había cambiado, aquella mirada que anteriormente se veía vacía, ahora mostraba tintes de locura, como si algo se hubiera quebrado y destapado su verdadera personalidad.
—…Es obvio que la esencia de la muerte jamás se irá de mi lado, ya que yo a diferencia tuya no odio la sangre ligeramente salada, tibia y carmesí que resbala por mi cuchilla, llena de pecados y recuerdos que ningún ser humano soportaría tener…
Esa frase provocó escalofríos en más de uno y cortó de lleno cualquier palabra que pudiera emerger, además, ¿qué se supone que se diga en una situación como ésa?¿Qué era ese ser que había unido nuevamente sus piezas sin aparente ayuda?¿Y por qué insistía en enfrentarles precipitadamente sólo para escapar entre los espacios que existían entre los presentes?
Sólo se podía escuchar una tremenda y desquiciante carcajada que se perdía a lo lejos, sobre aquel camino que llevaba a lo más alto de ese abatido y solitario pueblo. ¿A dónde habían ido a parar? Seguramente a las puertas de la locura.
—¡¿QUÉ DEMONIOS HA SIDO ESO?! –gritaba Usopp con lágrimas en los ojos- Esto ha sido como el inicio de una película de terror.
—Sí, ahora es cuando el capitán pide que nos separemos en grupos de dos y entonces irá tras los más cobardes y débiles para asesinarlos.
—¡Robin, deja de decir esas cosas! –chilló Chopper-.
—No he sido yo –dijo Robin- Pero tienes mucha imaginación Lynn –le sonrió alegre-.
—Gracias Robin-nee-san –le devolvió la sonrisa-.
—Parecen estar súupeerr emocionadas por todo esto –decía Franky-.
—A mí me va a dar un súpeerr infarto si nos quedamos aquí. Tenemos que irnos, aprovechemos que Luffy sigue inconsciente –decía Usopps-.
—¡Increíble, ¿qué es eso?! –preguntaba con enorme interés mirando al cielo-.
—Ah, ya despertó –dijo Zoro-.
—¡Luffy, tenemos que irnos, estar aquí es…pe….aburrido! –corrigió rápidamente Usopp-.
—¿Cómo es que terminé así? –se preguntaba mientras intentaba zafarse del amarre en sus muñecas y tobillos-.
—Lo siento, mi culpa –decía Lynn liberando al hombre de goma-.
—He dormido muy bien –dijo sonriente el capitán, estirándose como un mero calentamiento- ¿Ya vamos a cenar Sanji?
—No cabe duda, es un idiota que sólo piensa en comida.
—Usopp, ayúdame a atraparlo –decía Luffy mientras empezaba a preparar sus brazos para estirarlos-.
—¿Qué se supone que quieres atrapar Luffy?
—A ese gato, pero corre muy rápido.
—¿Gato? .se preguntaba Nami-.
—Ah, ¿te refieres a Cyrano? –cuestionó Lynn-.
—¿Cyrano? –preguntaba Luffy- ¿Es alguna clase de platillo? Suena delicioso.
—Cyrano es mi amigo, mi compañero de viaje –dijo alegre-.
Un pequeño gorro de tela carmesí sobre su cabeza, decorado con romboides blancos, y dos pequeñas borlas al final de éste. Una silla de montura descansando sobre su lomo, amortiguado con una suave tela con arreglos peculiares y llamativos y dos bolsas de viaje colgando a ambos costados.
Sus ojos eran de tono ámbar e increíblemente vívidos y bellos, mientras que el resto de su cuerpo estaba cubierto de rayas negras bajo un fondo anaranjado. Aquel no sólo era un bello espécimen de tigre, sino que también era enorme, estando cómodamente sentado sobre sus dos patas al nivel de Law.
—Él es Cyrano.
—¡Genial! –expresaba Luffy felizmente, examinando al enorme tigre- Me recuerda al tigre de las montañas que derroté con ayuda de Ace y Sabo hace años. Aunque éste no da miedo.
—Es...muy lindo…-expresó Nami- Ese gorro lo hace adorable –decía acercándose al tigre-.
—Cyrano es un tigre único, ya que…-fueron sus últimas palabras antes de sentir el feroz viento soplando a un lado suyo, algo se había movido a una velocidad peligrosa-.
—Ese tigre acaba de salir corriendo a…una velocidad abismal…-decía Usopp estupefacto-.
—¡Genial! Yo también quiero subirme –expresó animoso Chopper-.
—Como les iba diciendo, Cyrano comió por accidente la Akuma no mi, Neko Neko no mi: Modelo Guepardo, es por eso que es increíblemente rápido.
—Es la segunda vez que veo que un animal comer una Akuma no mi –decía Robin con interés- De modo que se transforma en un guepardo.
—Es muy práctico para moverse en distancias largas.
—¡Luffy, Luffy, yo también quiero subir! –pedía Chopper quien intentaba subirse en el recién llegado animal-.
Su cuerpo ahora era de un tono amarillento y moteado con manchas negras, mientras que sus patas ahora eran más largas y delgadas, pero no por ello menos musculosas. Su rostro ahora era más agudo, pero igualmente conservaba el tono dorado de sus pupilas.
—¡Cyrano, eres genial! Lo quiero –decía Luffy aferrándose al felino- ¡Es tan suave!
—¿Qué parte de es el amigo de Lynn no entendiste Luffy? –le cuestionó inútilmente a su capitán- Y déjame subir a mí también.
—Discúlpalo Lynn, él siempre es así, seguramente de pequeño lo golpearon mucho –decía Nami-.
—Nami-san, siempre tan cruel…Yohohoho.
—No hay problema….Su capitán es…-decía pensativa Lynn-.
—Como un niño egoísta, malcriado y tragón –contestó Sanji por ella-.
—Sanji, ¿podemos quedárnoslo?
—Creo que le estás haciendo la pregunta al sujeto equivocado –comentó Franky-.
—¿Dónde es que conseguiste a ese tigre tan grande Lynn? –preguntó Robin-.
—Se crió conmigo desde que era un cachorro. Fue un obsequio de mi padre…Me dijo que lo atrapó en alguna isla del EastBlue.
—Ya la escuchaste Luffy, no puedes quedártelo, es su amigo –decía Usopp-.
—Umm…Está bien…-dijo con desgano Luffy- Pero primero, vamos al Thousand Sunny, ¿qué dices Cyrano?
—Ves con ellos Cyrano –ordenó Lynn-.
—¿A dónde vas Lynn-swan? –preguntaba Sanji-.
—Iré a revisar algo.
—Chicos adelántense, yo acompañaré a Lynn-swan. No puedo dejar que una dama vague sola por la noche –decía el cocinero-.
—Agradezco el gesto, pero es mejor que regreses a tu barco y se marchen de esta isla –dijo sin detenerse-.
—¿Escuchan eso?¿Suena como…un piano? –preguntaba Nami-.
—Eso es lo que menos importa, deberíamos preocuparnos por lo que está empezando a bajar –dijo Law-.
No sólo hombres, sino también niños y mujeres empezaron a emerger del interior de aquellas abandonadas casas, todos portando ropas que hacían recordar a la burocracia de algún país rico y con muchas influencias. Pero eso no interesaba cuando se observaba que no iban desarmados y que todos a su medida portaban armas de mayor o menor peligrosidad.
No hubo tiempo de cuestionarse, sólo para evadir y contraatacar.
—¡Cien Fleur: Rindo!
—¡Gomu Gomu no Gigant!
—¡Black Ball!
—¡Wolf Impact!
—¡Rukudou no Tsuji!
—¡Hanauta Sancho: Yahazu giri!
Aquellos enemigos no eran nada contra contrincantes tan fuertes y de tan buenas técnicas. Los adversarios quedaron entre los escombros, luchando inútilmente de salir para continuar en aquella batalla que tenía un claro ganador. Sin embargo, había algo que inquietaba a la tripulación y les hacía mantener la guardia en alto.
¿Qué tan pálido se podía ser?¿Cómo una sonrisa podía ser tan aterradora?¿Y es que acaso esa persona era la causante de todo aquel ataque?
Sus ojos eran de un tono castaño mientras su piel superaba el término de lo pálido y llegaba al siguiente nivel. Sus labios estaban delineados por un tono que golpeaba en lo oscuro y que sin embargo rayaba un poco al penetrante púrpura. Su nariz era larga y respingada, su rostro era semejante al de una pera invertida. Sus cabellos, azul marino, estaban perfectamente peinados hacia atrás, como todo caballero.
Una bufanda azul rey alrededor de su cuello, una gabardina negra con botones dorados, unas botas ridículamente largas que le hacían ver más alto y un par de guantes de cuero para proteger sus manos, era el aditamento completo de aquel hombre, mismo que estaba posado sobre la cima de escombros más inestable de aquella olvidada parte de la ciudad.
—Han destruido mi arte, mi perfección pupupu –decía el sonriente hombre-.
—¿Quién demonios eres tú, pervertido sonriente? –preguntó hostilmente Sanji-.
—¿Quién soy, preguntas pirata? Pupupu….Si eres un pirata deberías saberlo, pupupu. Aunque luces bastante joven, quizás por eso no sabes de mí pupupu.
—¿Tú fuiste el que terminó con la gente que vivía aquí hace más de veinte años atrás? –interrogó Robin quien en cualquier momento estaba dispuesta a usar su habilidad-.
—No estoy en disposición de contestar algo como eso, Nico Robin…Pupupu…Yo sólo soy un simple transeúnte…Un hombre que ama lo perfecto del mundo…Aunque…como no existe, está en mis manos crearlo –decía vehemente, con enorme emoción en sus pupilas- No todos pueden ser tan hermosas como tú, mi amada Melody –decía con cuidado a aquella mujer de ojos dorados y cabello magenta, la misma que había iniciado todo-.
—Este hombre huele a tierra mojada, hierbas y…-decía Chopper poniendo mala cara-.
—Tony Tony Chopper, el médico a cargo de los Mugiwara…Tengo espléndidas referencias sobre tu trabajo y que tú mismo fuiste entrenado por Doctorine…Pupupu….
—¡¿Cómo es que conoces a Doctorine?!
—Las charlas entre médicos siempre son tan cultivadoras, pero me temo que en este momento estoy corto de tiempo. Sólo vine a la isla de visita casual pupupu…No es nada personal, no crean que vine a fastidiarles la noche, es sólo que mientras cazaba a mi verdadera presa aparecieron pupupu…Pero ya será en otro momento –dijo aquel hombre como despedida, quien dando un salto hacia atrás parecía caminar sobre el aire sin problema alguno, acompañado de su bella dama-¡Buenas noches, mis estimados mugiwara! Un día les mostraré la perfección.
—¡Griffe de la Bête!
Una rápida ola de viento se alzó abruptamente levantando el polvo que se había acumulado tras la batalla y destrucción. Ahora sólo se podía contemplar sobre el suelo aquella peculiar marca, aquella que simulaba magníficamente el expedito desgarre sobre la superficie del suelo que hacía recordar fácilmente al zarpazo propinado por cualquier gran felino.
—Escapó –musitó por lo bajo Lynn, a quien le parecía divertido girar rápidamente el mango de su guadaña con su mano izquierda-.
—¡Fantástico! –exclamó Luffy, viendo las profundas marcas que se habían creado en el suelo- ¡Mira Usopp, puedo esconderme completamente aquí!
—¡¿Pero qué tienes por arma?!¡¿Un arma de destrucción masiva?! –le gritaba Usopp a Lynn-.
—Se llama Corneille –dijo con cierto orgullo- Forjada por el mejor herrero del país donde yo nací.
—¿Ese fue el hombre que viste Luffy? –preguntó Nami a Luffy-.
—Umm…Sí…-decía como si nada mientras intentaba arrebatarle aquella guadaña a Lynn, quien se encargaba de que no cayera en manos del descuidado capitán-.
—Por la historia que nos contaste Lynn, ese hombre tiene que ser el hombre que vino hace varios años aquí –decía Robin-.
—No creo que haya venido sólo a pasear. Además, hay algo que me inquieta –dijo Chopper preocupado-.
—Ese hombre olía a muerte –aclaró secamente Law-.
—Desde hace rato tengo una fuerte inquietud, pero no pude comprobarla –decía Chopper, mientras se aproximaba a uno de los cuerpos enterrados en escombros- Su piel es suave como la de un humano, pero carece de calidez…
—Por favor, no examine esos cuerpos malditos –resonó una voz masculina desde hace varios metros atrás- Lo mejor es que les demos santas sepulturas –comentó aquel hombre viejo, de cejas pobladas, larga barba y ropas propias de un sacerdote- Ayúdenme por favor –pidió a los pobladores que estaban detrás de él-.
—Explíquese –dijo Law-.
—Hace veinticuatro años ese hombre vino a la isla, se hospedó en esta zona y cada noche interpretaba bellos sonetos. No había nada sospechoso en él, era amble y sonriente…La gente se encariñó con él rápidamente. No obstante, todos notaron su extraño apego a la perfección, pero nadie sabía qué era lo que él deseaba que fuera así…
Pero una noche lluviosa todos desaparecieron sin dejar rastro…Nada fue hurtado, todo estaba imperturbable, pero sólo los pobladores no se encontraban.
Noches posteriores a la desaparición empezaron a suscitarse cosas extrañas en esta zona…Los pobladores cuando pasaban por aquí se sentían observados, algunos más fueron atacados y otros simplemente no volvieron a casa. Las autoridades investigaron pero no hallaron nada…Esta parte de la ciudad quedó prohibida.
—Personas desaparecidas…Seres que poseen enorme fuerza y que tienen enorme resistencia a golpes mortales y un hombre obsesionado con la perfección –decía Robin mientras cavilaba- No se me ocurre otro tipo de perfección.
—¿A qué te refieres Robin-san? –cuestionó Brook-.
—Que el tipo de perfección que ese hombre busca, es la perfección misma del cuerpo…El cuerpo que no enferma, no se debilita…no muere…
—Un cuerpo inmortal – concluyó Nami-.
—Pero algo como eso es imposible –dijo Chopper- Nadie puede jugar con la vida. Los humanos no son juguetes con los cuales experimentar –dijo furiosamente-.
—Esto me recuerda a lo que vivimos en Thriller Back con Moria –añadía Usopp-.
—Sólo que en este caso no son cuerpos remachados los que están involucrados –decía Robin- ¿Qué es lo que les hizo a estos cuerpos?
—Los transformó en una especie de muñecos…Por dentro conservan intactos su anatomía y sistemas, pero por fuera, yacen completamente fríos, pero flexibles y son sumamente resistentes –expresó pensativo Law- Los transformó en muñecos vivientes hasta el momento en que realmente murieron.
—Oye, eso…es demasiado lúgubre –decía Sanji- Prácticamente como un tabú.
—Algo así es enfermizo –decía Franky-.
—No comprendo bien la situación, pero, hay que patearle el trasero al cabeza de pera, ¿verdad? –preguntaba Luffy listo para la pelea-.
—Él se ha escapado, así que no puedes patearle el trasero a nadie –recriminó Sanji-.
Para cuando el amanecer llegó la lluvia se había ido y todos aquellos cuerpos ya no se encontraban más entre los escombros, ahora poseían un descanso digno de donde no podrían ser perturbados más. Y aquellos que se habían visto envueltos en aquel incidente simplemente se dirigían hacia la parte norte de la isla, el sitio donde se encontraban sus embarcaciones.
Las olas calmadas que conformaban el lecho del mar, el viento agradable de verano, un cielo despejado y el sentimiento de alejarse de una misteriosa pero lúgubre isla, eran sensaciones que imperaban en la tripulación del sombrero de paja.
Nunca era demasiado temprano para una ligera merienda y mucho menos sobre aquel apacible césped que daba confort y el sentimiento de estar acampando al aire libre. Todo era calma, hasta unos instantes antes de que el té fuera servido.
—Tengo una pregunta existencial…¡¿Cómo es que he terminado aquí?! –cuestionó con cierto sobresalto Lynn, quien yacía sentada sobre el lomo descubierto de Cyrano-.
—Dijiste que amabas las aventuras y que eras pirata igual que todos nosotros –decía Luffy quien yacía bajo la enorme pata del tigre- Así que ahora somos nakamas –dijo sonriente el moreno- Shihihihi…
—¿Y en qué momento me lo propusiste? –se preguntaba con cierta desconfianza- O no puse atención.
—No, él jamás te lo pidió –dijo Nami-.
—Sólo lo hizo y ya –decía Usopp-.
—Generalmente Luffy recluta a seres extraños, como hombres con patas de caballo o torsos –decía Chopper-.
—¡Pero ahora ha reclutado a una bella mujer como tú, Lynn-swan! Así que por ahora no le reclamaré nada a Luffy –dijo Sanji mientras le daba su taza de té-.
—¿Eso significa que soy una criatura rara? –le preguntaba a Luffy que por alguna extraña razón que nadie comprendía se encontraba cargando al tigre con todo y ella-.
—Tienes un tigre que corre muy rápido…Y un arma genial –decía con sus ojos hechos pequeñas estrellas brillantes- ¡Shishishishishi…!
—¡Bájala de una buena vez pedazo de tonto! –le gritaba Sanji- ¡Si le pasa algo a nuestra linda Lynn-swan te arrojaré al mar!
—Por cierto, mi nombre es Luffy y seré el Rey de los Piratas.
—Vaya que eres lento Luffy –dijo Usopp- Ya todos nos presentamos menos tú.
—Mi nombre es Lynn C. Rouge, gusto en conocerlos –dijo tras descender de Cyrano de un simple salto- Y nací en el Nuevo Mundo, por lo que conozco varias islas –dijo con una pequeña sonriente-.
—Imagino que sabes orientarte en mar abierto –decía Nami- Así podrías ayudarnos a elegir la opción menos peligrosa. A nuestro capitán le fascina visitar islas caóticamente peligrosas.
—Debe ser difícil para ustedes, ¿verdad? –preguntaba a Nami al darse cuenta que su capitán hacía caso omiso de todo lo que hasta el momento se venía diciendo-.
—Ahora compartirás nuestra frustración –decía Usopp mientras le echaba el brazo encima-.
—¿Sabes preparar algodón de azúcar? –cuestionaba Chopper, quien ahora estaba sobre la cabeza de Lynn- Hueles como a uno.
—Esto no formaba parte de mis planes –comentaba Lynn mirando a los chicos-.
—Es lo que todos pensábamos, pero después de conocer a Luffy –dijo Robin-.
—Las cosas terminaron de este modo –decía Nami guiñándole un ojo-.
—¡Wow!¡Esto está delicioso! –irrumpió la voz de Luffy quien estaba más que entretenido sacando algo de una de las mochilas que Cyrano traía a los lados-.
—Son los postres de Cyrano –dijo Lynn-.
— "Esos son los postres que Lynn me preparó, no te los comas todos", es lo que dice Cyrano –interpretaba Chopper-.
—¿Tienes más? –cuestionaba cínicamente Luffy a Lynn-.
—¡Debería darte vergüenza! –decía Nami tras acomodarle un par de golpes a su capitán- Mira cómo está el pobre Cyrano –decía mientras se compadecía del enorme felino que miraba su bolsa vacía de dulces con los ojos vidriosos-.
—Es un animal muy sensible –decía Robin mientras acariciaba el mentón del tigre-.
—Lynn, lamento mucho esto. Luffy siempre es así, anda comiéndose lo de todos –dijo Nami-.
—Ya le prepararé más a Cyrano –decía como si nada-.
—Ella realmente tiene un carácter súpeeerrr calmado –expresaba Franky-.
—Es como tratar como un niño –soltó Lynn-.
—Exactamente –decía Zoro-.
—¿Dónde está la cocina? –preguntó Lynn a Sanji-.
—Yo te daré un tour por el Thousand Sunny, bella Lynn-swan –decía Sanji-.
—Gracias Sanji –dijo mientras le seguía-.
—Luffy, no debiste subirla aquí en contra de su voluntad –lo regañaba Nami-.
—Ella parecía tener asuntos que resolver aún en esa isla –comentó Robin-.
—Si no desea unirse no la puedes obligar, Luffy-san –dijo el músico que yacía cruzado de piernas en la zona del mástil-.
—Shishishishishi…Ya hubiera intentado escapar de no quererse quedar –decía sonriente mientras jalaba el rostro del tigre para hacerle sonreír-.
—Bueno, eso es cierto. Pero ella es amable, no abuses de eso Luffy –dijo Nami con cierto reproche-.
—¡Oye Luffy, deja eso, aléjate de esa arma de destrucción masiva! –decía Usopp mientras miraba con cierto terror cómo su capitán alzaba aquella guadaña con un poco de complicaciones-.
—¡Usopp, juguemos a quién puede hacerla girar más veces! –decía alegre el muchacho-.
—¡Esa es una idea estúpidamente peligrosa! –y unos instantes después ya se encontraba al lado de éste- ¡Voy a ganarte Luffy!
—Se ven muy alegres jugando con ese peligroso objeto –decía Nami quien se había acomodado en Cyrano- A ver cuánto les dura la diversión.
Y sobre advertencia no hay engaño, lo que empezó siendo un juego terminó siendo lanzado hacia el mar, girando precipitadamente como si de un boomerang imperfecto se tratara y sólo para complicar un poco la ecuación, la aparición sorpresiva de un rey marino se vio frenada por aquel inocente juego.
La mitad de aquella criatura cayó de inmediato al mar mientras que el resto del cuerpo simplemente se mantenía a flote.
—¡LO HA CORTADO! –gritó Usopp- ¡Luffy, Luffy, tienes que recuperarla!
—¡Gomu gomu…! –dijo estirando sus brazos para sujetar aquella arma antes de que se le escapara de las manos- ¡La tengo! ¡Juguemos otra vez Usopp!
—Oh, el periódico ha llegado, me pregunto qué nuevas habrá –decía Robin mientras echaba un vistazo rápido a los encabezados-.
—¿Algo interesante Robin? –preguntaba Nami- Además de nuestro anuncio en el periódico.
—Hay algo nuevo e interesante.
—¿De qué se trata Robin-san?
—Parece que se han estado suscitando secuestros masivos a lo largo del Grand Line y mares menores
—¿Secuestros? Eso es muy extraño –expresó Chopper-.
—Sí, especialmente porque ninguno guarda relación aparente entre cada uno. Aquí mismo se pone la lista de las personas desaparecidas, al parecer ocupa una plana entera.
—Al menos no ha pasado eso aquí en el Nuevo Mundo.
—Oye Nami, ¿este no es el nombre de tu hermana? –preguntaba Usopp, quien se había metido en la conversación y le había dado un chequeo rápido a la lista-.
—Dame eso Robin –decía Nami con preocupación mientras revisaba la lista-.
Su mirada lo decía todo, no había nada que se pudiera esconder, la preocupación la invadía ante el desconocimiento de lo que estaba ocurriendo y de quién estaba detrás de toda esa ola de secuestros. ¿Qué es lo que estaba pasando y qué es lo que iba a ocurrir a partir de ahora?
—Tenemos que volver…Tenemos que volver a casa…-fueron las únicas palabras que escaparon de los labios de Nami-.
