Sangre fría
He conseguido tranquilizarme tras unos segundos centrada en la musiquilla del ascensor. No entiendo mucho de lo que ha pasado, aquel encuentro había sido más molesto que agradable, y no había sacado nada de provecho de él, había sido una pérdida de tiempo total… y aun así me tentaba la idea de volver otro día.
Quizá encontraba a Evan interesante, también un demente, o simplemente había sido el éxtasis de haber escalado y haber roto las reglas… ¡Un momento! ¡A mi no me gusta romper las reglas!
Agito la cabeza varias veces, definitivamente ese chico era peligroso mi padre me había hablado de ese tipo de gente. Suelto un largo suspiro y agradezco el sonidito del timbre, ya estoy en mi planta.
La puerta está cerrada, pero no con llave, al menos no para mí. Junto al manillar hay un pequeño escáner de huellas dactilares, todos los que están relacionados con nuestro distrito durante los preparativos están en la base de datos de la memoria, apoyo el índice y el color de la pantalla pasa de azul intermitente a verde fijo, la puerta se abre a continuación.
Todo está en silencio, según el reloj de la amplia sala de estar son la 01:45 a.m. ¿Cuánto tiempo he estado ahí arriba? Suspiro una vez más internamente y cruzo la estancia sin levantar el menor ruido, no quiero despertar a nadie y tener que contestar preguntas incómodas. Camino por las alfombras, saltando de una a una, llego a la que está delante de mi puerta y me siento a salvo al notar el metal del pomo entre mis dedos.
Abro despacio, consigo que el mecanismo sea tan sigiloso como yo, y me escurro por una apertura mínima, cerrando con tanto o más cuidado. Al fin estoy sola en mi habitación.
— ¿Dónde has ido? —pego un brinco, poniendo la espalda contra la puerta completamente envarada, el verde turquesa de los ojos de Theron me está acribillando. Veo de reojo la ventana cerrada, ha sido él.
—He subido hasta el último piso —contesto con resolución, pero ni por asomo se me ocurre dar un paso cerca de él.
— ¿Cuántos son? —se levanta, me aprieto más hacia la madera chapada.
—No lo sé —intento relajarme, me concentro en mantener la respiración constante y las pulsaciones controladas —. He tardado bastante, supongo que muchos.
No tarda en acercarse, en silencio y sin romper la conexión de nuestros ojos, una parte de mí está temblando de terror, me siento como un cervatillo estúpido y paralizado. Mi padre los caza a veces con sus amigos, Theron los acompañó una vez.
—Ten cuidado, Lys —se queda a medio paso de mí, su altura le obliga a mirar solo lo alto de mi coronilla, no he podido alzar el rostro. Alza una mano, mece mi mejilla unos segundos y sus dedos acarician mi pelo, avanza la caricia hasta colocar un mechón suelto detrás de mi oreja —. Sería una pena que resbalaras y cayeras… los juegos nos esperan.
El aire se me escapa a trompicones y una gota de sudor fría cae por mi nuca cuando me besa la frente y finalmente, con aparente delicadeza, me aparta de la puerta y se marcha. Las piernas me fallan y acabo sentada entre las fibras de la moqueta. La voz de Theron me había entrado por el oído como una bala de hielo, aquello no había sido un gesto de preocupación sino una amenaza, nadie más que él tenía derecho a matarme, ni si quiera yo lo tengo. Cada vez le temo más y él es consciente.
Me va a costar dormir.
—
A la mañana siguiente, el desayuno transcurre monótono y tranquilo, casi olvido el altercado con mi hermano. Ormía, nuestra instructora oficial, nos da algunos consejos nuevos para afrontar los entrenamientos. Ella fue la ganadora de los décimos juegos con solo 14 años, y a sus 29 parecía tan o más capaz de volver a superarlos. Tiene una estrategia agresiva, así que nos propone mostrar nuestra clara superioridad para acobardar a los demás, vencerles psicológicamente antes de los juegos. No es una mala estrategia, pero no me gusta dar a conocer mis habilidades, siempre está el riesgo de que también alguien vea defectos. Preferiría a Dáskalos, otro de los ganadores del distrito 1 que nos había acompañado hasta el capitolio, él es más meditativo y cauto, lo que a mi me gusta, es más mayor, menos impulsivo. Pero Ormía había sido elegida como entrenadora o mentora del 1, Dáskalos estaba en el capitolio más pendiente de conseguirnos ayuda externa, quizá pueda darme algún consejo de última hora (lo espero) aunque poco le queda por decirme, había sido mi maestro personal desde pequeña.
Cuando llegamos a la planta de entrenamiento ya llevamos la ropa uniformada con el emblema de nuestro distrito en las mangas y el pecho, es un chándal muy cómodo y flexible. Aun no estamos todos, resulta evidente que no éramos 24. Veo una cabellera rubia, es de un chico, este se gira nada mas vernos y se acerca a Theron. Le reconozco, es del distrito 2, tras el desfile mi hermano y el hablaron durante un rato. Los distritos profesionales suelen congeniar, no me extrañaría que este año hubiera otra alianza entre el 1 y el 2. Una niña silenciosa de un pelo irrisoriamente naranja le sigue los pasos con la mirada, tiene los ojos fríos como el topacio, su compañera sin lugar a dudas, y es mucho menos sociable.
Me mantengo a un lado de Theron mientras se saluda con… atiendo unos segundos, Philip le oigo llamarle a mi hermano. Bueno, allí no me retiene nada, así que hasta que lleguen los instructores me alejo de Theron y de Philip.
Paseo por la sala, analizo las armas que hay, se manejar todas pero tengo predilección por la lucha a dos manos con espadas cortas, los cuchillos son mi especialidad. Hay de sobra, arrojadizos, dagas, corvos e incluso balísticos.
Hay muchas otras zonas de entrenamiento, una de supervivencia, de caza, cosas básicas que se deben saber para no morir por estupidez en la arena. Después está el círculo de combate donde luchamos.
Todo es bastante parecido al lugar en donde yo me entrenaba, aunque es más pequeño o quizá me de esa impresión porque somos muchos en la sala. Camino otro poco y me quedo junto a la cuerda de trepar, no tardaría ni cinco segundos en llegar arriba.
Oigo a alguien caminar hacia mí, respira muy fuerte.
— ¿Ya piensas en escalar? —sonríe Evan al alcanzarme, tendría que coserle la boca.
—No sé de que me hablas —le contesto con una mirada de advertencia, espero que todos los que nos hayan podido ver lo interpreten como enfado. ¡Será bocazas! —. Y no deberías haberte acercado así sin más, como si nos conociéramos.
—Pero nos conocemos.
—Si, de vista y del desfile, que no se te olvide —mantengo la mirada en la cuerda.
—No soy tan tonto, señorita lujos —dice alejándose unos pasos para observar las espalderas que habían junto a la cuerda —. Solo me acercaba a charlar con alguien.
—Que atento y amigable…
—Lo he hecho con todos, aunque no lo creas es una buena forma de conocer a la gente —su tono se vuelve suspicaz.
Me vuelvo para mirarle unos segundos, le brillan los ojos, creo que ya se por donde va. Conocer a tus enemigos es el primer paso, él ya está en el juego y le guste o no tendrá que bañar sus manos en sangre.
¿Ya te has dado cuenta, Evan?
—
El entrenamiento fue muy normal, como siempre los instructores se habían hecho cargo de dar a conocer lo más básico que debían saber los tributos para no caer ante el frío, infecciones y otros factores que solían causar la mayoría de las muertes. Los distritos profesionales éramos los únicos que de momento nos habíamos atrevido a pisar la lona, los demás se habían dedicado a lo más básico y a las pruebas que nos evaluarían antes de la puntuación final.
Dejaron pasar a Dáskalos a media tarde, parecía tranquilo. Ormía le puso al día con nuestro entrenamiento, quizá para pedir algo de consejo al que había sido también su tutor, pero no hubo mucho dialogo, tener más de un tutor estaba prohibido.
Antes de irse conseguí quedarme a solas con él en el pasillo, como si le estuviera despidiendo.
— ¿Cómo ves la arena en estos juegos? —le pregunté mientras le habría la puerta.
—No veo nada fuera de lo común en los demás distritos, ningún reto o enemigo a tener en cuenta salvo los del 4, el 2 aun no parece haberse mostrado mucho —asentí en silencio, ahora si conocía a todos mis oponentes y también sus nombres, yo también me había fijado en los demás profesionales, tanto la chica como el chico del distrito pesquero parecían bien entrenados y preparados —, pero si hay algo muy peligroso.
—Lo sé.
—Lysandra, puedes ganar, lo sabes —dijo entonces muy serio, tanto que al alzar la mirada me sentí incómoda bajo sus ojos opalinos.
Siempre había sido así, yo era su alumna estrella aunque tuviera fallos y no fuera la más fuerte. Todos se sentían maravillados por Theron menos él, Dáskalos solo tenía ojos para mí. Quería que yo ganara, pero no ve mi mayor fallo: mi miedo a Theron.
—Lys, puedes hacerlo —repitió al verme abstraída. Me sujetó por los hombros mientras esperábamos el ascensor y me lo dijo una vez más.
—Gracias, lo intentaré —contesté con una sonrisa torpe, siempre le estaría agradecida por creer en mí.
Él es el único, ni siquiera mis padres creen en mí con esa convicción. Suspiro largamente y me hundo totalmente en el agua de la bañera, nada más verle marchar había vuelto a sentirme sola en aquella lujosa suite.
¿Debería creer en su palabra? ¿Podía vencer a Theron? Quizá si no temblara como un flan cada vez que se me acerca con su aura asesina totalmente desplegada sí pudiera… El aire que sale de mis labios se convierte en burbujitas que rompen el techo de jabón, no salgo hasta que la última gota de aire se extingue.
Al volver a respirar, decido que no tengo nada más que hacer en la bañera, tomo la toalla y salgo mientras el agua se escapa por el sumidero. En el espejo aparece una chica alta, de curvas suaves y poco pronunciadas por el cuerpo ejercitado. Los ojos, con el color verde de la aventurina, son amplios pero poco brillantes, de tono opaco como el pelo castaño. Sobre los hombros de piel clara los mechones se ondulan como el oleaje y se pierden hasta el final de la espalda. Esa chica soy yo, quizá algo mundana pero contenta con mi aspecto. No me fijaba en la belleza o ese tipo de cosas como las chicas normales a mi edad, me fijaba en mi complexión atlética, en mi agilidad, en mi mirada siempre alerta.
No tardo en ponerme el pijama y salir con la toalla sobre los hombros, secando el exceso de agua del pelo con ella. De nuevo no tenía sueño, estaba aburrida, nunca he dormido más de 5 horas en un día y ahora tenía 9 para hacerlo, que desperdicio.
Sin quererlo repito la rutina del día anterior: me paseo, toqueteo cada aparato, dejo la toalla cuando mi pelo está casi seco, me estiro en la cama, ruedo a un lado, luego al otro, vuelvo a levantarme, cambio la pantalla del ventanal una y otra vez, al final el paisaje real del capitolio se queda frente a mí y la mirada se me escurre hacia la esquina de la apertura.
Podía quedarme en la habitación sin hacer nada o…
Cojo una chaqueta, me hago una coleta y antes de darme cuenta tengo el cuerpo pegado contra la piedra esculpida. Es fácil reconocer el asidero de la terraza que me aguarda, aun había luz ¿Evan me estaba esperando? Sin quererlo se me dibuja una sonrisa ante la posibilidad.
Llego al borde y me quedo agazapada bajo el pasa-manos unos segundos, oigo voces.
— ¿Has visto a los del distrito 1 y 4? —Dijo una voz femenina y temblorosa, afiné un poco más el oído y pude oír un pequeño sollozo —No tenemos nada que hacer… ¡Ni si quiera tenemos un tutor!
Un suspiro masculino siguió aquella exclamación desesperada. Evan.
—Pero los instructores nos están ayudando bastante… ya les has oído no tenemos que ser más fuertes, tenemos que ser más listos —Se quedó en silencio, quizá esperando una contestación, pero no la hubo —. Clare, sé que ayer estuve muy… inaccesible pero te voy a proteger, estaré contigo en los juegos, haremos una alianza.
— ¿Y eso cómo acabará…? —preguntó, se sorbió la nariz sonoramente, sí, estaba llorando no había duda.
—No pienses en eso ahora, cuando llegue el momento lo resolveremos —Hubo otro silencio —, anda ve a descansar, mañana tendremos que entrenar duro y espabilar con eso de encender fuegos —rió ligeramente y me lo imagino revolviéndola el pelo a su compañera, no sabía por qué pero algo me decía que Evan era de ese tipo de persona.
Pude escuchar los pasos de la chica alejándose, ella también era un poco ruidosa, quizá sea cosa del distrito. Mantengo el silencio aun después de haber escuchado la puerta de la terraza deslizarse hasta quedar cerrada. Intento imaginar donde está Evan, sopesando en bajar de nuevo o esperar un tiempo prudencial para aparecer.
Bajo la vista hacia el camino de descenso, ayer era una de mis opciones pero para ser sincera era mucho más complicado de lo que parecía, prefiero intentar otra vez lo del ascensor. Tuerzo un par de veces los labios y finalmente asomo solo la cabeza por encima de la barandilla del muro.
Evan está sentado en una sillita de jardín de madera, echado hacia delante con el rostro contra los puños y la mirada perdida en la estrafalaria mesita de cristal. El pelo le cae por encima de los ojos dejando al descubierto sus orejas, lleva varios pendientes.
No se muy bien que decir, así que carraspeo la garganta y me asomo un poco más. Al instante alza la mirada con algo de confusión, hasta que me ve y sonríe un poco.
—Buenas noches, señorita lujos —saluda levantándose, y a pesar de que puedo saltar el muro perfectamente me ayuda sujetándome un brazo. Intento no parecer incómoda.
—Creo que te dije mi nombre —contesto entrecerrando los ojos, él solo ríe ligeramente y yo miro hacia la puerta de la terraza, espero que Clare esté ya en su habitación.
— ¿Nos has oído? —pregunta al instante, ha notado hacia dónde miraba. Asiento y vuelvo a mirarle en silencio — ¿Y…? ¿Qué opinas? —esas preguntas son las que se suelen hacer a los tutores, no debería contestar pero al recordar que no tienen el estómago me pesa con algo de amargor.
—Opino que seréis más fuertes juntos que separados… pero no deberías prometerla algo como que la protegerás —contesto sin tapujos, creo que he sobrestimado las palabras de esta mañana, Evan aun no se ha dado cuenta —, no sabes si podrás hacerlo, es probable que no puedas.
Aparta la mirada violentamente y se queda apoyado contra la piedra, tan ensimismado como antes.
—Tienes que establecer una diferencia entre aliados y amigos, en la arena lo segundo no existe —continúo despacio, a cada palabra noto como la tensión aumenta en sus brazos. Suspiro un poco y miro al frente —. ¿Sois cercanos?
—Solíamos trabajar en el mismo sector… por decirlo de algún modo —sonrió con algo de tristeza y añadió: —. En nuestro distrito estamos bastante unidos.
—Pero tienes que ser realista, Evan —insisto un poco, le veo hacer un mohín y apartar otro tanto la mirada, como si quisiera ver mas allá de su hombro.
—Estaba pensando algo…
— ¿Hmmm?
—Tú no eres cómo los demás profesionales —dice girándose y volviéndose a mí.
— ¿Qué quieres decir? —el tono se me alza una octava y frunzo el ceño algo confusa.
—Quiero decir que… —se queda en silencio, parece buscar la forma más adecuada de decirlo —bueno estás aquí, hablas conmigo, pareces una buena persona…
— ¿Por qué tendría que ser mala persona?
—Bueno… eres del 1, seguro que te hubieras presentado voluntaria este o el siguiente año si hubieras querido… quiero decir…
— ¿Y por querer participar en los juegos soy mala persona?
— ¿Por querer matar gente? —me miró de golpe, ahí estaba ese ceño fruncido y ese brillo de moral rebelde.
—No participamos por matar gente —le advertí con los dientes apretados.
—Pues quien lo diría, tu compañero tiene mirada de psicópata.
—Theron es mi hermano ¿No has leído los paneles en el entrenamiento? —gruño enfadada mirando el resto de la terraza. Tras varios segundos sin respuesta vuelvo la vista hacia él confusa por su mutismo, me mira de hito en hito, con los ojos tan abiertos que casi son círculos perfectos — ¿Qué?
— ¿E-es tu hermano? ¿Cómo pudieron elegiros? —parecía increíblemente aborrecido, aunque bueno… en cierto modo yo me sentí así al principio… ¡Hey! ¡No! ¡Yo estoy orgullosa!
—Somos los mejores, por eso —contesto rotunda.
—Pero… ¡Sois hermanos! ¡No podéis mataros el uno al otro! —al instante se me escapa una risotada algo escandalosa, y me tengo que sujetar el estómago.
—Solo espera, aguanta lo suficiente y lo veras —contesté secándome las lágrimas de las pestañas mientras le notaba aun horrorizado —. Mira… tú mismo lo has dicho, mi hermano es una máquina de matar, es así de sencillo, lo hará sin dudar, es lo que le han enseñado —además de que se muere de ganas de hacerlo, pero eso ya es un tema demasiado personal —, así es el distrito 1, ganar significa la gloria y si no ganas solo se puede volver en una caja.
— ¿Incluso si tienes que matar a tu propio hermano…?
— Es verdad que es la primera vez que coincidimos hermanos, pero las otras veces son amigos y compañeros, todos entrenamos juntos desde pequeños, somos como Clare y tú —me bajo del muro y paseo por la terraza, quiero contemplar las vistas desde el lado contrario —. La diferencia es que nosotros no vemos nada malo en luchar hasta la muerte por nuestro honor.
— ¿¡Qué hay de honroso en matar a tu hermano! —le miro por encima del hombro solo unos segundos antes de seguir caminando al frente.
—Hay que ser muy valiente para hacer algo así, Evan —contesto con la voz más apagada de lo que me gustaría —, igual que para presentarse voluntario a los juegos, aun no entiendes la magnitud de todo esto —negué varias veces con la cabeza y apoyé los antebrazos en la barandilla para observar la ciudad, por ese lado llega la corriente, acabará con la humedad de mi pelo.
— ¿Tú podrías hacerlo? ¿Podrías matar a tu hermano, Lysandra?
—No puedo vencer a Theron —digo sin poder evitar reír otro poco.
—Esa no es la pregunta —se acerca, parece querer observar lo mismo que yo pero noto sus pupilas sobre mi sien —, si simplemente te dieran una pistola ¿Podrías matar a cualquier de tus seres queridos?
— ¿Qué? ¡Claro que no! ¡Eso es una barbaridad! —exclamo confusa, he perdido el hilo de los pensamientos de Evan, no tengo la menor idea de donde quiere ir a parar.
—Así que tú solo matas en la arena —asiente y espero a que añada algo más, empieza a dolerme la cabeza — ¿Y tu hermano?
—Él… —intento buscar una respuesta, una parte de mi quiere creer que mi hermano no mataría a mis padres, que el único problema es conmigo o algo parecido pero…
—Él es un "SF".
— ¿Un qué…? —eso si que me ha dejado confusa.
—En mi distrito nos reunimos todos los jóvenes para ver el inicio de los juegos, tenemos una catalogación extra, los SF —comienza mientras le observo aun algo confusa —. A veces hay profesionales distintos, o mejores para el capitolio, son unas "máquinas de matar" como tu has dicho de tu hermano. Decimos que no tienen sangre, o que tienen la sangre fría. SF. Tu hermano es uno de ellos, son bastante… fáciles de distinguir, parecen depredadores.
Tras aquella explicación me quedo en silencio, noto como el pulso se me acelera unos segundos antes de volver a ralentizarse. Suelto el aire, abro y cierro las manos varias veces y me muerdo la parte interna de la mejilla hasta hacerme sangre.
—Eso es… muy denigrante… no tenéis derecho a juzgar así a los profesionales… —conseguí decir con la voz más controlada que tenía.
— ¿Te molesta que os clasifiquemos? —sonó totalmente socarrón.
— ¡PUES CLARO QUE SI! ¡No somos así! ¡Nosotros también somos personas aunque nos presentemos voluntarios! —Protesto sintiéndome humillada y acusada — ¡Muchos buenos amigos míos han muerto en la arena! ¿Lo sabías?
— ¿Ves? Por eso eres diferente —sus labios forman una amplia sonrisa que me desarma completamente.
— ¡No cambies las tornas! —bramo aun enfadada.
— Tú no eres una SF.
— ¡No uses ese termino delante de mí!
— ¿Por qué te molesta tanto? —vuelve a preguntarme, su sonrisa se vuelve un poco burlona.
No puedo contener la rabia, la siento haciendo arder mis puños, obligándome a rechinar los dientes, y esa condenada sonrisa hace que el último gramo de cordura que me retenía se esfume. Antes si quiera de sentir la palma hormigueando por el golpe, la sonora bofetada rompe el silencio que nos había rodeado tras la pregunta.
Evan, al reponerse y llevarse la mano al rostro, me mira algo enfadado más por el dolor que por otro cosa. Doy media vuelta airadamente y me acerco al lado de la fachada por la que he subido a pasos agigantados, no quiero estar más aquí.
— ¡Espera! —No me detengo, sigo avanzando — ¡Lysandra! —me subo a la tapia, casi siento el impulso de tirarme y engancharme al poste de las banderas con violencia — ¡Estate quieta maldición! —me sujeta por debajo de los hombros y tira de mi con violencia hasta que devuelvo los pies al suelo.
—Suéltame si no quieres que te haga daño — gruño conteniéndome, nota al instante que hablo en serio y me suelta, pero se asegura de que no vuelva a intentar escaparme.
— Lo siento —dice enseguida alzando las manos —, quizá debería haberme mordido un poco más la lengua, pero es la verdad — gruño y hago ademan de rodearle, pero me sujeta el brazo unos segundos —. Solo quería decir que ves a tus oponentes como personas que merecen respeto.
Me quedo en silencio mirándole unos segundos, intento apagar el enfado y no me cuesta mucho tras aquellas palabras. Sí, yo respetaba a mis contrincantes, podía matar para ganar los juegos pero igualmente la vida era algo sagrado que no se podía quitar tan a la ligera, siempre me prometí que la única sangre que derramaría sería la de mis rivales si conseguía ir a la arena. Fue Dáskalos quien me enseñó todo eso, fue él el que me enseñó que bajo todo guerrero debía de haber un corazón libre de admiración en su trabajo.
—Por eso quería pedirte… —siguió poniéndose más serio — Ayúdame.
Bueno, aquí el capítulo 3. Vamos avanzando y Lysandra y Evan cada vez van a tener que pasar más tiempo juntos, quizá no sea lo mejor para después enfrentarse en la arena...
¡Muchas gracias a todos los lectores!
-Oniros-
