A/N: TW: descripción de abuso doméstico más adelante. Si prefieren saltarse esa parte, dejen de leer donde se señala con una - TW.
Capítulo 4: En La Oscuridad No Tengo Nombre
Hace 10 meses
Los días transcurrieron con normalidad, y ambos vivían su vida de distinta manera.
Yuuri seguía trabajando como pianista mientras que evitaba a Victor, cosa que no le fue muy difícil, el omega parecía esconderse de él, hasta que al mes de ocurrido su "pequeño encuentro" dejó de ir al bar por las noches, cosa que le preocupó, pero no tenía manera de comunicarse con él. Estaba seguro de que Yakov lo odiaba y lo golpearía si se le acercaba.
No podía seguir mintiéndose a sí mismo. Yuuri extrañaba sentir los ojos de Victor sobre él, extrañaba ese ligero aroma a vainilla que lo acompañaba mientras se presentaba a tocar sus canciones. Y, aunque sucedió sólo una vez, también quería sentir de nuevo su piel bajo sus manos, y besar sus labios hasta que alcanzaran una coloración rojiza de tanto besarlo.
Pero los sentimientos no le iban a dejar nada bueno, así que siguió realizando su misión principal, reportando lo que observaba y escuchaba. La última pista que tuvo fue acerca de un carguero suizo que transportaba cerveza proveniente de Alemania. Los agentes que, en conjunto con Yuuri fueron asignados a esta misión, esperaban en el embarcadero para revisar los productos. Por desgracia, la importación de cervezas usando un tercer transportista, era legal y estaba en orden.
Sus superiores agradecieron que por lo menos les había dado algo que hacer después de meses sin actividad importante por parte de Thompson.
Victor, por el otro lado, seguía actuando como un omega devoto a su pareja mientras que preparaba su celo. Al no estar enlazados ni casados, Benjamin no tenía permitido tocar sexualmente a Victor, lo cual, le daba algo de tranquilidad al pobre omega. Además, el acuerdo por el cual llegó Victor a sus manos, indicaba que no podían intimar hasta la noche de bodas, y que debía pasar su celo solo, protegido por Yakov Feltsman, su cuidador.
Aunque sonara fácil, su vida no lo era. Victor tenía todo al alcance de su mano, dinero ilimitado para sus gastos, un piso sólo para él, ya que Yakov vivía en el apartamento continuo al suyo, y un auto, el cual Yakov conducía a dónde el omega quisiera.
Si, todo era muy sencillo, si obviamos el hecho que su pareja era un beta hijo de puta.
Benjamin Thompson siempre fue un hombre territorial, celoso y posesivo. Tenía todas las características del típico alfa dominante, pero no eran más que imitaciones baratas. Y justo esto lo hacía peligroso.
Una de las condiciones que Benjamin le estipuló a Victor al inicio de su "relación" fue que el omega tenía prohibido salir la semana previa y la semana posterior a su celo, ya que, aunque el beta no podía olerlo, los demás alfas sí lo harían, y cuidado que alguno se atreviera a mirar a Victor, porque Benjamin era capaz de eliminarlo.
A Victor en realidad no le importaba, no tenía amigos ni familia cerca, y su celo le ayudaba a no acercarse a ese maldito lugar, aunque fuera por unos días. Parecía sencillo, si, y esperaba tener un celo tranquilo mientras que Yakov se encargaba de alimentarlo y ayudarlo a bañar.
Con esa idea en mente, dedicó los últimos días de claridad a preparar su nido, haciendo un pequeño círculo en su cama con sus almohadas, sábanas y frazadas. Puso sus juguetes cerca -aunque en realidad, odiaba sentir el frío cristal que se deslizaba en su interior cada que lo usaba-, tenía un pequeño frigobar a lado de la cama que llenaba con agua y bebidas energéticas, porque Victor, a pesar de tener la cabeza llena de hormonas, tenía momentos de lucidez cada cierto tiempo en los que tomaba agua y llamaba a Yakov para que lo ayudara en lo que necesitara. Este hábito, aunque útil, era común en los omegas abandonados o solitarios, que no podían entregarse totalmente al placer de sus cuerpos, al no tener una pareja que cuidara de ellos.
También, escondida entre sus sábanas, colocó la playera que estaba usando la noche en la que se besó con Kenji. De alguna manera extraña, aún percibía, débilmente, los toques cítricos en su prenda. Ese sería el único recuerdo del idiota al que extrañaba escuchar tocar.
Porque, muy a su pesar, Victor no podía negar que lo extrañaba, extrañaba ver su silueta desde el escenario, entallada en un viejo -y bastante feo- traje azul marino con corbata azul claro -igual de fea-, extrañaba escucharlo tocar, y verlo perderse entre las notas del piano mientras llenaba la atmósfera oscura con algo casi puro. Extrañaba sentir que la música los unía, y que podían volverse uno al compás de sus canciones.
Sí, extrañaba a ese idiota músico.
Pero no había nada que el pudiese hacer. Estaba obligado a casarse con Benjamin Thompson, y aunque lo odiara, Victor había elegido ese camino. Todo por culpa de…. Bueno, esa es una historia para otro día.
Yakov había salido para comprar algo de comida y agua, ya que le gustaba estar preparado para cualquier cosa que a Victor se le antojase, dejándolo solo en su apartamento, preparándose mentalmente para la jornada extenuante a la que se debía someter cada seis meses. Estaba tranquilo, el baño lo había relajado, ya en cuestión de horas, iniciaría la peor parte de su celo.
Sin embargo, no esperaba recibir una "visita" horas antes de iniciarlo.
El timbre sonó, y Victor se levantó de su nido, usando una bata de franela para protegerse del frío. Se asomó por la mirilla, y le sorprendió ver a Benjamin con tres de sus hombres afuera de la puerta. Victor suspiró, irritado, pero poniendo su mejor cara, abrió la puerta.
—Buenas noches, Benjamin —. Victor lo saludó con toda la naturalidad del mundo, pero el beta lo ignoró, adentrándose a su apartamento, con sus hombres tras él. —¿Pasa algo? —Preguntó el omega, pero el beta siguió ignorándolo, y con un dedo, indicó a sus hombres dónde se encontraba su habitación.
—TW: descripción de abuso doméstico.
—E-esperen, no pueden entrar —Victor intentó detenerlos, pero un fuerte dolor en la cabeza lo detuvo. Benjamin lo sujetaba por el cabello de manera brusca. —Mi nido… —murmuró Victor, provocando que Benjamin lo sujetara más fuerte, al punto de causar que sus ojos se llenaran de lágrimas.
—¿Sabes qué hago aquí, querido? Uno de mis hombres, un alfa, me dijo que apestabas a otro alfa. ¿Es cierto, mi amor? ¿Me estás engañando?
—N-no. Yo no.- *slap* Un golpe sonoro se escuchó en el apartamento. La mejilla de Victor ardía, sabía que ese golpe iba a dejarle un moretón que duraría días.
Uno de los hombres de Benjamin regresó, sosteniendo en sus manos una playera azul que Victor reconocía muy bien. Era la misma playera que aún conservaba un poco de la fragancia de Kenji. Aunque su expresión permanecía neutra, Victor palideció. Maldito alfa, ¿Cómo pudo encontrarla? Pero si lo hizo, entonces su nido…
Con un golpe certero en el vientre, Thompson le sacó el aire a Victor, haciendo que cayera al piso. El omega sabía lo que venía, así que, por instinto, y aun sin aire, se puso de rodillas, colocando sus manos sobre sus muslos, y bajando la mirada.
—No creí que fueran tan puta, Vitenka —, espetó el beta, al tiempo que le propinaba un puntapié en el costado, ocasionando que Victor soltara un quejido de dolor —Sabía que eras un omega inmundo y rebelde. Debía haberte corregido desde un principio para que no le faltaras al respeto a tu futuro esposo —, una serie de patadas más hicieron que Victor terminara en el piso, boca abajo, tratando de proteger su rostro y estómago.
Benjamin lo sujetó del cabello, prácticamente arrastrando al omega hasta su habitación, poniendo poca resistencia. Cuando entraron, lo arrojó al piso para quitarse el cinturón.
—Agradécele a la bruja de tu madre y su jodido contrato que no puedo educarte como quisiera, Vitenka, y demostrarte que yo puedo cogerte mejor que cualquier alfa. Por mientras, espero que entiendas lo que pasa cuando tratan de engañar a Benjamin Thompson.
El chocar del cuero del cinturón de Thompson contra la delicada piel de Victor podía escucharse hasta el pasillo. El bastardo beta parecía excitarse al causarle daño a su pareja, riéndose al notar las silenciosas lágrimas que caían por las mejillas del ruso. Y a pesar del dolor, Victor no dijo nada, soportó golpe tras golpe, burla tras burla, hasta dejar su mente en blanco.
Uno de los hombres de Thompson les indicó a los otros dos que salieran del apartamento. Los tres eran alfas, así que notaron el cambio del olor del ambiente. El apartamento apestaba a omega necesitado, desesperado, era un olor que acentuaba la canela en el aroma natural de Victor, y que no cualquiera soportaría. Era un olor que llamaba a su alfa, que le pedía que lo salvara.
Un sonido intermitente salía de los labios de Victor, pudiendo ser confundido por el dolor al cual estaba sometido. Pero, en realidad, dicho sonido era tan débil, casi imperceptible, porque en su estado estaba llorándole a su alfa.
Yo también le he llorado al amor.
—fin del TW
Ooooo
—Victor, ya regresé. Encontré las pasas cubiertas con chocolate que tanto te gustan —. Yakov entró al apartamento, y se apresuró a la cocina a dejar las compras que había realizado. Todo se encontraba en silencio, así que supuso que el celo de Victor ya había comenzado. Se acercó hasta la puerta de la habitación de Victor, e iba a tocar para preguntarle si necesitaba algo. Para su sorpresa, la puerta estaba entreabierta.
—Victor, necesitas que- ¡Victor! —Yakov se apresuró al notar el estado en el que se encontraba el omega. Su blanca piel estaba teñida de colores rojos y morados, moretones brotaban de su cuerpo, sus piernas, brazos y espalda estaban llenos de ellos, y algunos sangraban, manchando lo que quedaba de su bonita bata de franela. Su rostro tenía una fea marca rojiza, lugar donde había caído uno de los tantos golpes del beta, su labio sangraba, y tenía el ojo izquierdo hinchado.
Lo más impactante, fue que Victor miraba su nido destruido, con una mezcla de repudio y tristeza.
En todos sus años como miembro de la Bratva, nunca quiso matar tanto a alguien como en ese momento.
Se acercó a Victor, y lo ayudó a ponerse de pie. Su muchacho débilmente pronunciaba "mi nido, Yakov, destruyó mi nido," una y otra vez. Con cuidado, guio al omega al baño, y lo sentó en la taza, mientras que le preparaba un baño. Cuando el agua estuvo a una buena temperatura, puso de pie a Victor, dejando que el menor recargara su peso contra el cansado cuerpo del beta. Lentamente, se sentó en la bañera, y Yakov comenzó a lavarle el cuerpo con cuidado de no causarle más dolor.
—Hijo, ¿Qué te hizo? —preguntó el beta, mirando como el agua se teñía de un tenue color rojizo.
—Destruyó mi nido —, pronunció Victor, cerrando los ojos por el dolor que sentía en su cuerpo.
—El maldito te… acaso el….
—No, Yakov, solamente me golpeo y destruyó mi nido. Encontró la blusa que aún olía a Ken.
Yakov sentía que la sangre le hervía. Muchas veces había tratado de ignorar lo que ese desgraciado le hacía a Victor, pero esta vez se había excedido. Tenía que terminar con él, cuanto antes, y si había de algo de lo que se jactaba el beta, era de ser llamado "El silencioso" durante su tiempo con la Bratva.
Cuando terminó de lavar el maltratado cuerpo de Victor, se puso de pie, y ayudó a Victor para que hiciera lo mismo. Con una toalla, lo envolvió, y secó su cabello delicadamente.
—¿Puedo quedarme en tu apartamento?
—Claro que sí, mi niño.
Victor dejó que el viejo beta la condujera hasta la puerta que se encontraba del otro lado del pasillo. En su mente, el ver su nido en esas condiciones era signo de lo malo que era como omega ya que no había sabido cuidarlo, por lo que prefería estar lo más lejos posible de su habitación.
La distancia era poca, pero Victor comenzó a sudar, la primera ola de su celo llegaría en poco, y no sabía cómo iba a soportarlo. Yakov dejó a Victor en su cama, y fue rápido a buscar su botiquín médico del baño. Cuando regresó, notó el rubor que cubría las mejillas y pecho de Victor, y también la claridad en sus ojos. Aún estaba lo suficientemente lúcido como para tratar de convencerle que era el momento de eliminar a Thompson.
Victor se le adelantó, diciendo: —Yakov, llama a Sara. Dile que venga por favor.
—Ahora mismo contacto a la Dr. Crispino.
—Y una cosa más, Yakov. No vayas tras Benjamin.
—¿Estás loco? Después de lo que te hizo, ¿esperas que me quede cruzado de brazos?
—Si.
—Pero Victor.-
—Basta, Yakov. Teníamos un acuerdo. Solamente lo matarías si él intenta otra cosa antes de casarnos, ¿Lo recuerdas? —, Yakov asintió, por lo que Victor continuó, —Sabes que, si no hago esto, mi madre va a entregar a mi hermano al mejor postor, y no puedo permitir eso. Mi gatito no va a pasar por lo mismo que yo, él no -. Su voz se entrecortó, y se cubrió los ojos, soltando amargas lágrimas mientras que Yakov lo rodeaba con sus brazos, a manera de no lastimarlo más de lo que ya estaba.
—Prometiste ayudarme a protegerlo, Yakov, —Victor le recordó, aferrándose a la camisa del viejo beta. Su aroma era reconfortante, le recordaba a su hogar, a su natal Rusia. Esa combinación de tabaco, mentol y vodka, ayudaban a calmar al débil omega.
Con un nudo en la garganta, Yakov asintió, prometiéndole que haría lo que él le pidiera. Después de todo, esa era la misión de un padre, apoyarlo hasta en sus peores momentos.
Cuando se calmó un poco más, acomodó las almohadas para que Victor estuviera más cómodo, y desinfectó lo mejor que pudo sus heridas.
—Descansa mientras contacto a la Dr. Crispino.
Yakov se puso de pie, pero Victor lo tomó de la mano, diciendo: —Perdóname por ser un idiota grosero, Yakov. Yo… siempre te he visto como mi familia.
—No serías tú sino fueras un idiota grosero, Vitya —, el beta respondió, inclinándose para darle un pequeño beso en la frente —. Descansa, mi niño.
Media hora después, llegó Sara Crispino, la doctora de Victor desde que había llegado a los Estados Unidos. Ella, una alfa, se compadeció del pobre omega desde el momento en que lo vio. Aunque no era su tipo, Sara sabía que cualquiera sería afortunado de tener un omega tan dulce y carismático como Victor, por lo que procuraba ayudarlo tanto como le fuera posible.
Yakov ya la había puesto en sobre aviso de lo ocurrido, y, aun así, al ver a Victor tendido en la cama, sintió ganas de golpear al culpable de su estado.
—Vitya, ¿puedes escucharme? — la alfa lo movió suavemente del hombro, y Victor, con dificultad, abrió los ojos. A pesar de su estado, Victor le regaló una pequeña sonrisa.
—Te ves tan encantadora como siempre.
—Eres un adulador —, contestó la doctora, sintiendo un pinchazo en el corazón al ver como Victor intentaba comportarse como si no pasara nada —. ¿Qué necesitas, Victor?
—Quiero que me sedes. No creo poder soportar este celo —dijo el omega, notando como el calor comenzaba a esparcirse por todo su cuerpo.
Sin hacer más preguntas, Sara asintió, y de su maletín, sacó un juego de jeringas ya preparadas con sedantes. Le indicó a Yakov que debía inyectarle a Victor esa sustancia cada 24 horas por cinco días, y que cuando empezara a despertar, debía ayudarle a comer algo y tomar mucho líquido. El beta anotó todas las indicaciones, agradeciéndole por la ayuda.
Al poco rato, cuando Victor ya estaba durmiendo, Sara aprovechó para hacerle un chequeo rápido. Para la tranquilidad de Yakov, el mal nacido de Thompson no había intentado propasarse con Victor. Aunque el aspecto de Victor era aparatoso, parecía no haber hemorragia interna ni ningún hueso roto. Sara le comentó que lo mejor es que acudieran al hospital para un chequeo más exhaustivo, pero por estos días, ella se comprometía a visitarlo todos los días para asegurarse del estado de su paciente.
Sara se despidió, pidiéndole a Yakov que le llamara si necesitaba cualquier cosa.
Una vez que su apartamento estaba en silencio, Yakov apagó las luces de la sala, y se dirigió a su habitación, para dormir en el sofá reclinable a lado de la cama de Victor. Tomó su laptop, y navegó en internet unos minutos, redactando correos y demás, aunque su mente estaba concentrada en otro lado. No podía evitar desviar la mirada para observar a Victor, respirando tranquilamente, aunque con el ceño fruncido. Una ligera capa de sudor cubría su ya de por sí mancillado cuerpo, y sus manos se aferraban a las sábanas. Yakov sabía que, al pasar en tan alto grado de estrés este celo, sería muy difícil que pudiera tener uno más tranquilo para dentro de seis meses.
Suspiró, tragándose las ganas de salir corriendo y matar al maldito que se había atrevido a tocar a su hijo. Se frotó las cienes, y como de un chispazo, un rostro se le vino a la cabeza.
Tomó su celular, y marcó un número privado, un viejo contacto que también residía en América. Una voz fuerte le respondió casi de inmediato, y Yakov, usando su lengua madre, dijo: —Necesito que sigas a alguien, y pase lo que pase, no dejes que te vea.
Oooooo
—Necesito que lo llames, Yakov —, dijo Victor, sentado desde su cama, mientras que se cepillaba el cabello.
—Después de lo que pasó, estás loco si crees que te voy a ayudar.
—Ya lo platicamos, Yakov, y yo necesito que me ayude. Lo sabes. Además, sabe maquillarme —, Victor dijo con un puchero. Sabía que, a sus veintitantos, ese pequeño truco seguía funcionando con su cuidador.
—Da. Pero sigues siendo un idiota, Vitya.
—Pero soy tu idiota, Yakov. Anda ve, que tengo que llegar temprano.
Yakov, como de costumbre, salió refunfuñando, dirigiéndose a donde Victor le había pedido. Ya había pasado una semana desde que su celo había terminado, y dos desde que su pareja lo había atacado, y Benjamin le exigía a Victor que se presentase en el bar. Aunque no estuviera él, un omega, hermoso, extranjero y llamativo, daba buena imagen al lugar. Pero Victor aún estaba débil, las heridas estaban sanando bien, los chequeos no arrojaban ningún resultado de gravedad, pero aún se le notaban los moretones, y debido a la condición en la que había pasado su celo, había pedido casi 5 kilos, haciendo ver al omega más delgado de lo que ya era. Yakov le había pedido a Victor que se negara, pero el menor le recordó lo sucedido, y le pidió, de nuevo su apoyo. Lo que más quería era evitar otra golpiza como la que Thompson le había propinado.
Dos semanas habían pasado, y no había día en que Yakov no quisiera aplastar a ese maldito beta. Pero le había prometido algo a Victor, y como buen cuidador, hizo lo que le indicó. Después de casi media hora, llegó al vecindario que ya conocía, y se aparcó frente a la misma casa que ya conocía.
Llamó a la puerta, y casi de inmediato, un hombre con lentes de montura azul y cabello un tanto despeinado, salió a recibirlo. Sino fuera porque sabía quien era el propietario de la casa, hubiera creído que se trataba de una equivocación.
—Muchacho, necesito que me acompañes —, Yuuri, bueno, Ken, como era que él lo conocía, se le quedó viendo, sorprendido de verlo frente a su casa. La mirada del joven músico se desvió hacia su auto, por lo que Yakov le aclaró —, es él el que te necesita. Me dijo que viniera por ti porque aparentemente puedes ayudarlo con su maquillaje.
El mensaje parecía haber sido recibido. La única vez en la que Yuuri había ayudado al omega, había sido durante la reunión en la casa de Thompson, cuando había ayudado a cubrir un moretón de su rostro. Sin decir más, Yuuri tomó su abrigo y las llaves de su casa, y acompañó al beta hasta su auto.
—¿Está bien? —preguntó el joven japonés una vez dentro del coche.
—Si lo estuviera, ¿crees que te necesitaría? —no, Yuuri conocía la respuesta. Victor no estaba bien, no había motivo para que él lo necesitara, y, sin embargo, la persona encargada de su cuidado le había pedido que fuera con él.
El simple pensamiento de encontrarse mal al omega que tanto extrañaba, le generaba un sentimiento de malestar que no podía explicar.
