Bueno, aqui tienen otro capitulo del fic, va lento pero seguro
Muchas gracias a la gente que me deja reviews, me animan mucho, de verdad thanks
Gundan Wing no es de mi propiedad, lo que es mio es la trama y los personajes new
Capitulo 3: Mansión Darlian.
Tal como entraron, los invasores desaparecieron sin dejar rastro gracias a la mujer de cabello rojo que se declara como Wing Zero. Bueno, sólo el líder Hércules y la mitad de sus hombres lograron salir sin problemas, la otra mitad fueron prisioneros de los preventivos bajo una sesión de interrogación en que ninguno quiso hablar.
-¿Cómo es posible que de cuarenta prisioneros, ninguno quiere abrir su boca, señorita Une? – Le reclama un político golpeando el escritorio. – Ya van dos días y ahora la gente no para de hablar de una posible guerra y que la desaparecida Relena Darlian es su rehén o que se ha unido a los enemigos.
-Estamos haciendo todo lo que este a nuestro alcance por hacerlos hablar, pero recuerde que no podemos usar las armas… porque no nos serviría para nada muertos.
-Pero matar a un par sería una buena advertencia. – Sugirió Wufei con una sonrisa, se notaba muy ansioso de que corriera sangre.
-Deberíamos evaluarlos para ver quien es el más débil psicológicamente, aunque sea por un porcentaje pequeño. – Recomendó Trowa, quien junto a Wufei, eran los únicos pilotos presentes por haber sido elegidos para el interrogatorio.
-¿Me hablas de usar al más débil para que confiese? – Preguntó Une tratando de ver si había leído correctamente la mente de Trowa.
-Tenemos una posibilidad.
-De acuerdo, son libres de hacer lo que quieran con ellos… excepto el homicidio. – Advierte apuntando a Wufei con el dedo.
Se podía oír a los gatos peleándose entre ellos por pedazo de carne que caía a los basureros con milagro, los edificios estaban decorados con grafitis, incluso uno sobre otro, las calles estaban repletas de mujeres gordas con ondulines en su cabello, con bebés en sus brazos y gritando miles de órdenes a sus otros hijos más mayores. Había pandilleros con sus chaquetas de cuero y miradas de matones, amenazando a la gente a no provocarlos, niñas saltando a la cuerda doble y señoras cotilleando sobre miles de chismes.
Entre la multitud caminaba un muchacho de cabello verde y ojos marrones con una bolsa de papel grande entre sus manos y que estaba lleno de compras de una tienda que estaba cerca y entró a una especie de departamento que no lucía para nada higiénico ni tenía decorativos o un portero como guardia, pero si lo tenían, sólo que estaba alcoholizado y dormido en el suelo detrás del mostrador, se sabía por los fuertes ronquidos que emitía.
Sin preocupaciones, sube por las escaleras ya que no tenían elevador, y no le afectaba para nada que tenga que subir treinta pisos para llegar a su hogar, parecía solido como una piedra. Llegó al piso treinta, buscaba la puerta que tenía grabado 1200 con un oxidado bronce y abre la puerta con una llave que tenía en su bolsillo.
El interior parecía un cinco estrellas a pesar que estaba en las mismas condiciones que afuera, pero por lo menos lo que habitaban ese cuarto habían limpiado hasta lo más arrinconado y habían pintado las paredes con un amarillo bien claro. Lo único que contaba el departamento era con un comedor pequeño que sólo tenía dos sillones y una televisión pequeña sobre un velador que parecía que caería en cualquier momento, y unido a una cocina que sólo tenía un refrigerador, un lavaplatos y una estufa muy antigua, no tenían mesa por lo que comían en los sillones, un baño cuadrado y pequeño, tenía el espacio suficiente para que entre el lavamos, la taza del baño y una tina de ducha justo con el espacio para que este adentro una persona y ahora misma se podía oír el agua, así que supuso que su compañera de habitación se estaba duchando. Por último, contaban con una habitación de dormitorio en el cual tenían dos camas de una plaza y como sólo tenían espacio para transitar, su equipaje (que era sólo una maleta y un bolso cada uno) estaba aún con sus pertenencias y cerrados.
-¡He llegado! – Le anuncia dando unos golpes a la puerta del baño. – Y te traje lo que me pediste.
-¡Déjalo por ahí! – Le ordeno su compañera al mismo tiempo que se deja de oír el agua, de seguro había terminado de ducharse.
El muchacho tira el pedido para que caiga en uno de los sillones y deja la bolsa sobre el rinconcito de la cocina ya que había comprado los ingredientes para la cena de hoy: puré con pollo. Estaba buscando las ollas en el estante que estaba debajo del lavaplatos al mismo tiempo que la puerta del baño se abre y sale de allí una mujer cubierta por una bata de lana de color blanco que le llegaba a las rodillas y de esos que venían con una gorrita, por lo que lo usaba para cubrir su cabello mojado. Se podía ver el inicio de su prominente pecho a tamaño mediano y lo bien que estaba formada sus largas piernas, se observaron unos segundos y ella aparta la mirada para buscar su pedido.
-Vas a ayudarme después.
-Lo que digas Wing Zero. – Con sus ojos clavados en la labor de cocinar.
La misteriosa mujer se sienta en uno de los sillones y enciende la televisión en búsqueda de un programa interesante, pero como no tenían cable, sólo tenía canales que no paraban de comentar sobre lo ocurrido en la fiesta de Silvia Noventa. Sonrió con burla al recordar que le había dado su merecido al tonto descerebrado de Hércules y que no molestaría por un tiempo. Su expresión se vuelve seria de golpe y mira hacía la puerta que daba a su dormitorio para recordar nuevamente su misión: Recolectar los Divine Suit. Pero a pesar de haber pasado tanto tiempo, aún no tenía la ubicación del siguiente.
-En vez de pensar en dónde podría estar el siguiente Divine Suit, podrías ir al dormitorio a vestirte y secarte el cabello o vas a enfermarte.
-Helia, no necesito tus comentarios de salud. – Le regaña señalándolo con el dedo. – Tengo mejores cosas de qué preocuparme que mi misma.
-Pero no harás nada enferma y quejándote de dolor en la cama. – Contraataca con una sonrisa de burla. – Ahora haz lo que te digo.
Wing Zero apaga la televisión y después de darle una mirada asesina a su compañero, se adentro al dormitorio y lo cierra sin la necesidad de poner cerrojo porque confiaba en que el chico no la espiaría desnuda. Deposita su maleta sobre su cama y comienza a buscar ropa adecuada, saca una pollera deportiva que al parecer tenía algo escondido ya que cayó al suelo y llama la atención de la mujer.
-Esto es…. – Susurra tomando lo que parecía ser un moño para el cabello.
Sentada de rodillas sobre un piso de madera, una muchacha de cabello castaño y ojos azules lloraba tapándose el rostro con sus manos mientras era consolada por otra mujer de corto cabello rojo y ojos violetas, que sonreía con amabilidad mientras le acariciaba los cabellos y le susurraba palabras de aliento.
-Se que duele, Relena… pero debe ser ahora más fuerte y enterrar tu pasado.
-Pero es difícil la idea de que ya no veré más a mis amigos y a la gente que quiero. – Susurra sin dejar de llorar aún cuando se estaba esforzando para permanecer firme, cosa imposible sabiendo que ya no vería más a su hermano y a la gente que amaba… por lo menos, por un largo tiempo. – Por eso, lloraré todas mis penas está noche y amaneceré siendo otra persona.
-Lamento no haber sido más fuerte para impedir la desgracia.
Una vez vestida (pollera deportiva negra y unos pescadores holgados de color verde oscuro), sale de la habitación para abrir sus ojos de sorpresa al no ver su departamento, sino un estudio de trabajo que le era muy familiar, gira a su izquierda y comprueba que sus sospechas eran ciertas al ver un retrato en donde salía Relena de 15 años con una gran sonrisa y acompañada de sus padres adoptivos.
-¡Wing Zero!
La pelirroja se da cuenta que había caído de rodillas y a su lado estaba Helia, había abandonado el estudio y volvió a su pequeño hogar.
-¿Ya sabes dónde está?
-Sí. – Asintiendo con la cabeza y ve el suelo preocupada. – En la mansión Darlian.
Y Helia abre sus ojos sorprendido.
-¿Wing Zero?
-Sí mi señor… se apareció en la fiesta de Silvia Noventa y tomo el Divine Suit que estaba oculto en la mansión.
Aquel líder cuyo nombre es Raven, estaba tomando de una copa de vino cerca de una chimenea y leyendo un libro mientras oía el reporte de un teniente que había vuelta con un derrotado Hércules que no paraba de quejarse de dolor y de la maldita pelirroja que le había arruinado la diversión.
-Ya veo… ¿Hércules fue herido a causa de ella?
-Así es, mi señor… y tal parece que Wing Zero anda acompañada de Helia.
-¿Helia? – Ante tal información, el líder soltó una sonrisa casi nostálgica. – Él jamás va ha cambiar. Me preguntó lo que pensará Chiba en estos momentos.
-¿Señor? – Curioso por su extraño comportamiento.
-No es nada… - Se pone de pie de su cómodo sillón y mira a su subordinado. – Creo que tengo asuntos pendientes que atender con ciertas personas. – Se voltea para ver al teniente. – Dile a Chiba y Pandora que estén listos, que serán mis acompañantes.
-Sí Señor. – Y se retira.
-Relena, Relena, mi queridísima Relena… ¿Hasta cuándo pensarás seguir sin estar al lado de tu hermano o de esos pilotos a los que les depositaste tu Esperanza?
Como casi todos los días del año, este era otro día soleado en que la naturaleza estaba contenta demostrando lo más bello que tenía, pero a pesar de tantas alegrías, el corazón de la señora Darlian estaba roto en pedazos desde que su querida hija Relena desapareció sin dejar señal. Pero a pesar de todo dolor, debía seguir adelante porque sabía que tanto su hija como su fallecido esposo querían eso.
Lanza un suspiro y baja al primer piso, debía estar en el mejor estado para recibir a sus visitas. Había recibido una llamada de Milliardo para comunicarle que iba con su familia a verla y era algo que agradecía, el hermano de su hija la veía mucho desde aquel día para poder reponerse ambos por la perdida que ya lo tomaba como otro hijo. Oye a la limosina de la familia real acercarse a la residencia y mientras un mayordomo se encargaba de abrir la puerta, ella sale afuera para darles la bienvenida como buena anfitriona, pero no se esperaba que la familia Peacecraft traería a más personas: Duo, Heero, Quatre, Dorothy y Hilde.
-Que sorpresa. – Comenta con una sonrisa viendo a los invitados de último minuto.
-En verdad lamento esta presencia no anunciada. – Se disculpa Milliardo, quien llevaba a su pequeña Anya entre sus brazos.
-Ah, no tienen que preocuparse. – Le asegura con una sonrisa y les ofrece la puerta de su casa. – Todos son bienvenidos, especialmente los amigos de Relena.
-Muchas gracias, señora Darlian. – Agradecen Dorothy y Hilde haciendo una inclinación como los otros en señal de respeto y agradecimiento.
-Es usted muy amable, señora Darlian. – Agradece Quatre con una sonrisa una vez estuvieron todos adentro.
-Ni lo mencionen.
Llegaron al living con una mesa enorme y circular en el centro rodeado con diez sillas, varios sillones y sofás elegantes y cuadros de la familia o de la naturaleza en las paredes. Las mesas ya tenían varias tazas esperando y también una mucama estaba de pie con una bandeja en que sostenía una tetera de porcelana fina con agua caliente, lista para prepararles una taza de té.
Como acostumbraba desde temprana edad, Heero analiza cada rincón de la habitación esperando un atentado en cualquier momento, ganándose un sarcástico comentario de Dorothy sobre los viejos hábitos jamás olvidados. Pero esta vez, no le prestó atención ya que se estaba guardando en su memoria los cuadros en los que salía Relena: Sentada en las piernas de su padre y abrazándolo por el cuello, otra de niña en los brazos de su madre, otro en una expedición familiar que hicieron en África y así.
En todas se veía tan alegre, ignorando que en el presente sería un personaje importante en la historia que estaba desaparecida.
Toma asiento en una silla al lado izquierdo de Hilde, la sirvienta de inmediato le llena su taza de té caliente, era el último en servirle, así que cuando había terminado, se inclina en señal de respeto y se retira de la habitación. Hubo silencio al comienzo, tomaban de sus tazas o comían de los aperitivos que había sobre la mesa (en especial Duo) y los pequeños de Junior y Anya jugaban con las galletas de animales, por lo oían las risas de la bebé al ver a su hermano imitando los sonidos de los animales mientras movía las galletas.
La señora Darlian reúne las fuerzas para encarar a Milliardo y suelta lo que anhelaba decir desde que miro las noticias.
-¿Qué sabes sobre Relena? Esas noticias de que esté viva… y siendo rehén…
-Estamos haciendo investigaciones al respecto. – Duo decide tomar la palabra. – En estos momentos, dos de nuestros amigos están interrogando a los prisioneros.
-Se ponen resistencia, pero confié en que ellos sabrán hacer bien su trabajo. – Continuo Milliardo para luego ver a su hijo y recordarle que no se debe jugar con la comida.
-Esto me está poniendo muy nerviosa. – Juntando sus manos y cierra sus ojos. – ¿En qué se habrá metido Relena?
-Oh, al parecer, piensa lo mismo que yo. – Confesó Dorothy con una sonrisa complacida, apoyando los codos sobre la mesa y así, las palmas sostengan su mentón.
Antes de que pudiera haber más palabras, se oye un grito fuera de la habitación y se ponen de pie para investigar que es lo que sucedía, menos Hilde, ella sólo miraba a Dorothy de forma fulminante y la rubia sólo se encogió de hombros.
-Recuerda que no estamos seguras. – Le susurra.
-Créeme Hilde. – Le susurró cerrando sus ojos y luego los abre para dirigir su vista hacía uno de los cuadros en donde estaba la desaparecida de pie en la playa usando un vestido azul pálido. – Nada es imposible tratándose de Relena.
Descubrieron que la causante fue una sirvienta que estaba boca abajo en el suelo con una escoba sobre ella y otros materiales de limpieza desparramados en todos lados. La señora Darlian soltó una sonrisa al ver como la chica se quejaba de dolor y se incorporaba, parecía que ya estaba acostumbrada a las torpezas de la sirvienta.
-¿Estás bien, Leticia? – Sin borrar su sonrisa se inclina para ayudarla a ponerse de pie. – Te hemos dicho que no es necesario cargar todo en un viaje.
-Lo siento, lo siento mucho Darlian-sama. – Susurra notablemente avergonzada mientras se inclinaba más de una vez.
Vistiendo el uniforme de la servidumbre, la chica era de corta cabellera roja que estaba adornada en un sencillo cintillo azul oscuro y sus ojos eran de color violeta que mostraban vergüenza y nervios, ya estaba llevando dos semanas y aún no se acostumbraba a su nuevo trabajo, no paraba de cometer varios errores. Al notar la presencia de los invitados, se puso insegura y retrocedió un par de pasos, nerviosa.
-Leticia, no es necesario que te asustes, no son malas personas.
-¡Ah! – Exclama sonrojada por haber pensado mal. – L-Lo… ¡Lo siento! No quise…
-No nos has ofendido. – Le asegura Noin regalándole una sonrisa, algo en ella le había simpatizado de inmediato.
-Menos mal. – Suspirando aliviada. Nerviosa va buscando los utensilios de limpieza, recogiéndolos del suelo con torpeza y con tanta inocencia que le saco una sonrisa al amable de Quatre. Iba a tomar el lustra muebles cuando se da cuenta que estaba muy cerca del piloto 01 y no pudo evitar quedarse mirándolo por unos segundos. – Esto… está en mi camino.
Heero no le responde, a cambio de eso, se inclina para recoger el objeto y se lo ofrece. Dudosa al principio, Leticia acepta asegurándose de no tocarlo como si el muchacho fuese una piraña que la comería en cualquier momento.
-Gracias. – Y se va a paso acelerado.
-Si que la asustaste Heero. – Exclamo Duo con una burlona sonrisa. – ¿Y cómo no? Si andas por todos lados con esa cara de ogro.
Dorothy y Hilde miran como la doncella se alejaba para luego verse entre ellas y la rubia sonríe complacida.
-Te lo dije. – Le susurra.
