Donde puedas Amarme
Acto Cuatro
Viviendo el día
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Kaoru abrió los ojos con desgano y notó que el pequeño sol seguía sobre su cabeza. Un día más atrapada en el 2009. ¿Cómo podría volver a su mundo?
Después del baño y el desayuno, se preparó para iniciar un nuevo día. Pero, ¿Qué podía hacer en un mundo donde no conocía nada ni a nadie? De pronto, sentada mirando el patio, se sintió tan sola como un náufrago en una isla desierta y suspiró de frustración. Las calles estaban tan cambiadas y donde antes había prados, ahora sólo veía cemento y casas. Si salía sola, seguramente se perdería. Dependía totalmente de Kenshin en esos momentos y aunque fuera una réplica del hombre al que amaba, no le gustaba ser tan dependiente de él.
Ni siquiera era grato mirar el cielo azul, porque le parecía que el que recordaba de su época era más azul.
Estaba en eso cuando Kenshin, distraído, pasó por su lado con un libro entre las manos y una tostada con mermelada en la boca.
-Buenos días, Kenshin.-
El pareció sorprendido al verla. Estaba tan ensimismado en su lectura, que la había olvidado.
-Hola, Kaoru, ¿cómo estás?-
-Aburrida.- fue la respuesta de la chica que de inmediato volvió su vista al patio. Luego añadió.- Me siento como si estuviera atrapada… -
-Hum… ¿sabes?- le dijo él, sentándose a su lado.- Estoy leyendo un libro sobre los Hitokiris. Se menciona que oficialmente se conocieron cuatro. De hecho, hay uno que encaja con la descripción que me hiciste de tu Kenshin, y hay hasta una foto. Pero dice aquí que se llamaba Kawakami y no Himura.-
-Hasta donde yo sé, Kenshin, había varios hitokiris en esa época. No creo que encuentres a Kenshin en tus libros porque él hizo lo posible por no figurar en la historia, a pesar de sus proezas. Era muy humilde.-
Kenshin cerró su libro y miró a la joven.
-Kaoru, anoche… me quedé pensando mucho en tu historia. Y pienso que sería genial poder comprobar que tu amigo existió y darle hoy el sitio que se merece.-
-Kenshin siempre decía que no quería figurar "sólo por matar gente". Que ese no era un ejemplo positivo ni algo heroico.-
-Estoy de acuerdo con su idea, Kaoru, pero le guste o no, él fue una pieza importante, vital, en la historia de nuestro país. Sobre todo en el paso de una época feudal a un gobierno democrático.-
La joven se puso de pie sin mucho interés en lo que le decía el pelirrojo. Éste no se dio por vencido.
-Hagamos algo… cuéntame todo lo que sepas sobre Kenshin y yo lo convertiré en un libro. De ese modo lo podemos dejar a la imaginación de la gente… -
-¿Crees que a los demás les interese la historia de Kenshin?- repuso Kaoru de pronto, interesada.
-Claro que si. Es una historia increíble. Anoche me tenías completamente hechizado con ella, y no sólo porque tu voz es agradable, sino porque todo es muy interesante… ¿Qué dices? ¿Te animas a ayudarme?-
-Está bien. Pero tenemos un problema, Kenshin. No sabemos cuando volveré. Quizá yo desaparezca un día y no alcance a contarte todo.-
-Tenemos que intentarlo, Kaoru. ¿Qué te parece mañana?. Yo debo conseguir algunas cosas, un grabador de voz, algunas cintas y… -
-Deberíamos hacerlo hoy, Kenshin. Porque puedo desaparecer mañana.- le dijo Kaoru. Kenshin sólo la miró por unos segundos, en silencio, pasando saliva.
-Bueno… no sería nada raro el que me abandonaras. Después de todo, es el estigma de los hombres de mi familia.- dijo con ligereza.
-¿Cómo así?-
-Bueno, ya sabes que me abandonó mi primera esposa. Y a mi padre también le pasó lo mismo. Supe que una mañana la abuela tomó sus cosas y dejó al abuelo… no sé mi bisabuelo o mi tatarabuelo, creo que les pasó lo mismo. Es como una maldición. A las mujeres en cambio, no les pasa.-
-Pero eso es muy triste…- dijo Kaoru conmovida.- Yo sé lo que se siente que a uno lo abandonen. Yo no quisiera abandonarte pero… -
-¿Hablas en serio?-
Kaoru, al ver el brillo de diversión en los ojos violeta de Kenshin, supo que le estaba tomando el pelo.
-Tonto… quiero decir que yo no te abandonaría a propósito antes de terminar el libro. Además, tú y yo nunca nos casaremos asi que no me puedes contabilizar… y no vuelvas a decir… oh, ¡cállate!-
-¡Pero si estoy callado!- dijo él poniendo las manos a la defensiva, hacia delante. Ya veía que ella le daba un coscorrón.
Kaoru de pronto se quedó muy seria, mirando a Kenshin.
-Oye… Kenshin… estaba pensando que tú… es decir, tú llevas el apellido Himura. Como tu padre y abuelo, ¿no?-
-Obvio.-
Kaoru miró hacia abajo mientras su mente trataba de decirle algo.
-Es evidente que tu apariencia la heredaste de tus antepasados. Entonces… si yo me caso con Kenshin y tú puedes ser como… algo así como… -
Ante el titubeo de Kaoru, Kenshin, asombrado, completó lo que ella quería decir.
-¿Quieres decir que tú podrías ser mi tatarabuela?-
Se miraron en silencio largo rato, sintiendo cada uno su corazón golpeando fuertemente en el pecho.
-Imposible…- musitó Kenshin.
-¡Te dije que no me besaras!- estalló Kaoru, con los ojos brillantes y húmedos.- No debes volver a hacerlo. ¡Está mal!.-
Kenshin salió de su estupor y se tomó las cosas con calma.
-Puede que seas mi tatarabuela aunque eso no está del todo claro porque, hasta donde yo sé, ninguno de mis antepasados se llamaba Kenshin. Por otra parte, aunque lo que digas sea verdad, tú aún no te casas con tu amado y por ende, aún no tenemos ninguna relación.-
-Pero… pero… -
Kenshin la tomó entre sus brazos.
-Cálmate, chicuela, no te atormentes con esas cosas. Además… todavía no eres mi tatarabuela, así que podrás seguir disfrutando de los besitos que te daré cuando pueda.-
Cuando Kaoru se alejó hacia el dojo para sacarse las tensiones, Kenshin estaba en el piso, totalmente machucado, con una graciosa palabra saliendo de su boca hinchada.
-Orooooo… orooo… oro…-
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1882
Misao y Yahiko iban al mando de la expedición. Más atrás, Sanosuke, Tsubame y Megumi caminando, disfrutaban del paisaje.
Cuando llegaron a un río, pensaron en refrescarse y se metieron al agua con ropa y todo. Rato después salieron a secarse al sol y a comer fruta antes de seguir su camino, que los llevaría a un albergue donde pensaban comer comida caliente.
Conversaban y reían cuando vieron a un solitario viajero llegar al puente y disponerse a cruzarlo. Todos lo reconocieron de inmediato.
-¡Keeeeeeenshiiiiiiiiiin!-
El aludido se volvió al reconocer esas voces. Observó a Misao, a Megumi, a Yahiko… con emoción siguió aguzando la vista: Tsubame, ¡Sanosuke!... pero… pero…
No estaba Kaoru.
Kenshin regresó un par de pasos y se acercó a ellos. Quizá Kaoru estaba en otra parte u oculta por los arbustos.
-Hola a todos.- saludó sonriendo. Sanosuke se puso de pie y acercándose a él, le dio un fuerte puñetazo en la cara que lo lanzó al piso.
-¡Imbécil!- le dijo a Kenshin.- Te dije que cuidaras de la chiquilla. ¡Y resulta que en cuanto me fui la abandonaste!... ¡Levántate, maldito seas, y arreglemos esto como los hombres!-
Sanosuke iba a seguir dándole al que antes considerara un amigo digno de su respeto, pero Megumi rápidamente se interpuso.
-¡Déjalo tranquilo, gran idiota!- dijo la doctora. Kenshin a duras penas trataba de levantarse y con asombro, por primera vez, los demás notaron que ese simple trabajo para Kenshin ya no era algo tan simple. Megumi ayudó al pelirrojo a levantarse y le revisó la mandíbula.
-¿Pero qué le pasó?- preguntó Misao.-¿Himura, estás enfermo?-
El rurouni se limpió la ropa y recogió su bolso, mirando a Megumi. Misao notó una cierta complicidad entre ellos; había algo que sabían esos dos que no les estaban contando.
-Deja de defender a este sujeto, Megumi. Pensé que era cierto lo que dijiste, que ya no te interesaba porque no valía la pena.- dijo Sanosuke con rabia.
-No molesten más al señor Himura.- dijo Tsubame.-Es una persona adulta y no tiene que estar dando explicaciones. Sabe lo que hace.-
Todos quedaron estupefactos ante las palabras de la tímida niña. Yahiko entonces se adelantó.
-Kenshin, ¿regresarás donde Kaoru?-
El pelirrojo, limpiándose la ropa, los miró a todos.
-Si. Voy a verla. Pensé que estaba con vosotros.-
-Nosotros vamos de paseo a Kyoto, con Misao.- le dijo Tsubame, contenta de verlo después de tantos años, sin guardarle rencor como los demás.- Kaoru se ha quedado en su dojo, descansando. Y creo que estará feliz de verlo.-
-¿Tú crees eso?- le preguntó Kenshin.
-Si. Estoy segura.- contestó la jovencita.
Kenshin sonrió y le acarició la cabeza a la joven.
-Has crecido mucho. Yahiko también está muy grande con respecto a la última vez que nos vimos. Y Misao… te ves muy bien.-
-Gracias, Himura. Pero antes de que nos dejes, de nuevo, mejor quédate con nosotros un poco.
Después de todo, Tsubame tiene razón en eso de que no tienes que dar explicaciones a nadie pero tal vez a nosotros nos debas una. Para tratar de entenderte. Después de todo, somos o fuimos tus amigos y de un día para otro desapareciste.-
Tenían razón. Ellos tenían razón. Les debía una explicación. Quizá podía quedarse durante la tarde con ellos.
-Está bien… podríamos conversar. Y enterarme yo también qué ha sido de vuestras vidas. Además… estoy un poco cansado.- admitió.
Dejando su bolso en el suelo, Kenshin se sentó entre ellos.
-Muy bien, pero antes de que eso suceda, explícanos que demonios te ha sucedido para que no puedas responder ante mis golpes.- dijo Sanosuke mirándolo con desconfianza.- Dímelo de una vez.-
El pelirrojo suspiró, nuevamente mirando a Megumi.
-Si quieres les explico yo, Ken-san.-
Él asintió.
-¿De qué están hablando?- inquirió Misao. Megumi entonces tomó aire.
-De lo que le pasa al cuerpo de Himura.- Sano quiso decir algo pero Megumi lo acalló con un ademán.- Guarden silencio y escúchenme bien, porque esto no lo volveré a repetir. Es algo que sabemos sólo Kenshin, Kaoru y yo.-
-El cuerpo de Kenshin nunca estuvo adaptado para los tremendos despliegues de fuerza que realizó en el pasado. Por eso, su vida como espadachín y luchador serían menores que los de una persona normal. Si bien Kenshin tuvo una habilidad superatlética en su momento, ahora todo eso ha empezado a decrecer. Sus habilidades no desaparecerían, pero si la fuerza para ejecutarlas. Es decir, que si sacamos cuentas a partir de hoy, a Kenshin le quedan dos años antes de que no pueda sostener una espada.-
-Imposible.- dijo Yahiko.- No puede ser. Kenshin, tú eres el más fuerte… -
-Durante todas las batallas a lo largo de su vida, Kenshin realizó grandes esfuerzos y recibió innumerables heridas. Podemos decir que ha sido el más fuerte, pero ya no lo será.-
-No puede ser…- dijo Misao. – Y Kaoru sabía todo esto… -
-Sí, sabía eso.- dijo Kenshin.- Y me apoyó cuanto pudo. Pero yo… tenía algo en mi corazón y pensé que lo mejor sería irme de allí.-
Megumi nuevamente tomó la palabra.
-Kenshin trató de disimularlo, pero lo cierto es que durante el último mes que pasó en el dojo Kamiya apenas y durmió. Cuando me comentó lo que le pasaba, yo misma le recomendé que lo mejor sería marcharse de allí.-
-¡Arpía!.- le gritó Sanosuke a la doctora.- Tú querías alejarlo del lado de Kaoru, mala mujer... -
-¡Ella no es mala!.- dijo Tsubame retrayéndose de inmediato al notar que había levantado la voz.- La señorita Megumi no es eso que dice usted.- acabó con su vocecita de siempre.
-Déjame terminar, cabeza de alcornoque. En su última revisión noté que el deterioro del cuerpo de Kenshin había aumentado significativamente, producto del poco descanso que se daba a sí mismo. Tsubame, que me ayudaba ese día, escuchó nuestra conversación, por eso ella sabe de qué estoy hablando.-
Todos miraron a Tsubame un poco desconcertados. Ella sólo asintió y luego dijo:
-El señor Himura no podía dormir porque nos decía que él había encontrado una respuesta durante su batalla contra el señor Yukishiro. Esa respuesta era ayudar a las personas hasta el final de sus días. Pero aunque ese era su deseo, quería mucho a la señorita Kaoru y por eso él no podía llegar e irse, porque ella se aferraba mucho a él y no quería lastimarla. Sin embargo, sabía que sus fuerzas disminuirían y ya no podría hacer nada por la gente que pudiera necesitar de él.-
-No era justo para la señorita Kaoru que yo estuviera sopesando constantemente la idea de marcharme, sin poder disfrutar a pleno los momentos con ella. Para mí, era algo muy importante llevar a cabo la misión que me había autoimpuesto y la señorita Megumi y Tsubame me hicieron ver que esa situación nos dañaba a los dos, aunque la señorita Kaoru no estuviera conciente de ello. Me prometieron cuidarla y por eso yo decidí partir.-
-¡Pero Kaoru te amaba, Himura!.-Protestó Misao con vehemencia.-Ella siempre me dijo qe si tú se lo hubieras permitido, ella te hubiera seguido a donde fuera. ¿Por qué no le diste esa posibilidad?-
Kenshin bajó la cabeza y sonrió un poco. Muy poco. Él también sabía perfectamente que Kaoru lo hubiera seguido a la China.
-Eso no era posible, porque aún cuando en esta época se vive una relativa paz, encontré en mi camino a personas que quisieron vengarse de mí. Yo debo ser sinceros con ustedes... con mis fuerzas mermadas, yo pude hacerles frente y salvar mi vida. Pero difícilemente podría haber protegido a la señorita Kaoru. Yo... antes de iniciar mi viaje, estaba conciente de eso. Y si alguien le hubiera hecho daño yo... no creo que hubiese podido soportar eso.
-¡Pero debiste confiar en Kaoru! Ella es muy fuerte, sabe de espadas…- dijo Yahiko. Se detuvo cuando Kenshin dejó al descubierto su pecho, para que lo vieran. Estaba quemado, sin duda.
-Un hombre hizo volar su casa, con su mujer y sus dos hijos dentro por matarme. Alcancé a sacar a su familia, pero este fue el precio que tuve que pagar por haber sido un hitokiri alguna vez. Volé por los aires, con un pequeño a mi espalda cuando el lugar estalló. Shishio tenía un plan y quería una pelea, Enishi quería mi cabeza, pero en mi camino encontré a hombres verdaderamente locos y desesperados. Yo... no quería que Kaoru viera eso, que escuchara enumerados uno por uno cada crimen que cometí. No quería que alguien blandiera su espada contra ella sólo por estar conmigo. No quería que la lastimaran... porque esas culpas, y estas quemaduras sólo me pertenecen a mi. Si yo tenía que morir en manos de alguien que me tuviera odio, lo haría lejos de Kaoru y ella no sufriría. Tal vez nunca se enteraría. Era mejor que exponerla quedándome en casa. Pero ahora… ahora he terminado con todo eso y soy libre de odios, de culpas. Soy libre de volver con ella y de regresar con ustedes, mis amigos, porque creo, verdaderamente, que deseo regresar al hogar que alguna vez me brindó ella. Deseo estar al lado de la señorita Kaoru, durante todo el tiempo que me quede de vida.-
Los demás se quedaron boquiabiertos y Sanosuke masculló un par de disculpas. Misao, luego de pensarlo un rato, se levantó de un salto.
-Muy bien, Himura. Me alegra mucho de que hayas vuelto por el buen camino. Y escúchame bien: te ayudaremos a que Kaoru te perdone y vuelva contigo. Pero eso requiere de todo un plan.-
-¿Oro?
-Claro. Ayer pasamos por un pueblo con aguas termales… te llevaremos allí para que te repongas antes de seguir donde Kaoru. Cuenta con nosotros. Te acompañaremos y todo saldrá bien.-
Sonriendo, Kenshin se sintió animado. Ya se sentía muy repuesto sólo con haber encontrado a sus amigos. Y la sola idea de ver a Kaoru lo animaba mucho más.
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2009
-¿Una chica, dices?-
-Me dijiste que estaba soltero, que era un hombre solo. ¡Me lo aseguraste!-
Megumi, con rabia, reclamaba a Sanosuke por mentirle acerca de Kenshin al teléfono.
-Seguramente ella sería un familiar, su hermana, por ejemplo. Megumi, te aseguro que Kenshin es un hombre demasiado serio y formal como para tener a una mujer en su casa sin tener una relación con ella. ¡Lo conozco de años! Y si él estuviera de novio con alguien, me lo diría.-
La mujer siguió reclamando un rato más y Sanosuke cortó la comunicación media hora después, hastiado de las mujeres, aunque riéndose por eso de que le habían vaciado un balde con agua en la cabeza a Megumi.
-¿Quién era, hijo?-
Sanosuke se volvió y vio a su tío Soso sentado en la cama, que siempre lo trataba de hijo. Lo quería mucho.
-Una mujer endiablada.-
El joven profesor de educación física se acercó al enfermo.
-Pero no hablemos de eso ahora. Mejor dime cómo te sientes hoy.-
-Mejor. Muy repuesto con respecto a ayer. No es necesario que te quedes… regresa a Tokio y planifica tus vacaciones.-
-Tío, aún no estás bien y…-
-Hijo, claro que estoy mejorando. Ya pasó lo peor, fue sólo el susto…-
-No me importa lo que digas. Me quedaré un par de días más para asegurarme de que estás bien.-
Soso Sagara sonrió. Ni sus hijos naturales mostraban tanta preocupación por él como Sanosuke.
Sanosuke se crió en la calle, peleando con quien se le pusiera por delante y robando después de la muerte de su madre. Pero un día, la paliza que le dio un grupo de hombres casi lo mató. Soso, que pasaba por ahí, tomó al niño en brazos y lo llevó al hospital primero y a su casa después. Desde luego, tuvo que enfrentarse con su esposa y sus demás hijos que no querían al ladronzuelo en casa.
Pero Sanosuke no robaba por maldad, sino por necesidad y cuando supo, de boca de Soso, que tenía una oportunidad de quedarse en casa y tener educación, la aprovechó y aunque le costó al principio, mostró un comportamiento ejemplar.
Nunca quiso hablar sobre su pasado ni sobre por qué estaba en la calle desde tan pequeño. En cierta ocasión, algo le contó a su madre adoptiva y ésta, con lágrimas en los ojos, le pidió que no continuara y que para ella bastaba saber lo que pasaba con él desde el momento en que entró a su casa por primera vez. Años después, cuando Sanosuke fue a sacar su credencial de identidad, muy serio, pidió hablar con Soso.
-Tío Soso.- le dijo.- Gracias a usted he ganado muchas cosas que antes nunca imaginé pudiera lograr. Pero hay algo más que quisiera pedirle como un último favor… entraré a la universidad e iniciaré mi camino para ser un hombre independiente. Y lo único que quiero de usted es su apellido. Quiero llevar el apellido Sagara.-
-Sanosuke Sagara…- dijo Soso divertido por un momento.- Suena terrible.-
-Por favor… permítame el honor de llevar su nombre. No me importa lo mal que suene.-
-El honor será mío, al tener un hijo como tú. No te preocupes. Pediré permiso en el trabajo y haremos el trámite cuando quieras.-
Desde luego el cambio de apellidos de Obata a Sagara le trajo algunos problemas burocráticos al principio a Sanosuke, pero nada de eso le importó porque con orgullo lucía su nuevo nombre. Cuando se graduó con honores de la universidad, agradeció a su tío las enseñanzas que le había dado y aunque ahora hacía su vida en Tokio, volvía sagradamente cada fin de semana para estar con su familia.
A veces, incluso lograba olvidar los días duros de su niñez y sentía que siempre había sido así de feliz.
Con el tiempo entró a trabajar a una prestigiosa universidad de Tokio, donde conoció al que sería como su alma gemela, su mejor amigo. El compañero con el que tenían muy pocas cosas en común, pero con quien se profesaban cariño, respeto y apoyo. Kenshin Himura, el profesor de historia japonesa.
Sanosuke en general tenía fama de hombre ligero y poco comprometido a la hora de iniciar una relación. Pero era tan guapo que a las mujeres se les pasaba ese detalle por alto. Lo que no sabían es que una vez que Sanosuke lograba estrechar lazos, era más leal que un perro y alguien con quien siempre se podía contar. Todo lo que había que hacer era darse el trabajo de tratarlo y conocerlo y a veces Sanosuke pensaba con ironía que eso lo había hecho un hombre en el
momento en que él buscaba a una novia.
Pero estaba bien tener un amigo en la ciudad. Hacía más llevadera la espera de una compañera.
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Cuando Megumi llegó por la tarde a la casa, Kaoru se aseguró de no verla encerrándose en su cuarto a pesar de las protestas de Kenshin.
Pero aunque no la veía, escuchaba claramente su risa, su voz… la imaginaba colgando del cuello de Kenshin, rozándolo con sus labios pintados de carmín y moviéndose sutilmente para incitarlo… con rabia tomó un cojín y lo lanzó lejos, tratando de taparse los oídos con las manos.
-Kenshin no entiende que esta es peor que la de mi mundo… es más odiosa, más… aj… detestable…- se decía.
Pero nada podía hacer porque en algo Kenshin tenía razón. Aunque había sido la residencia Kamiya, en el 2009 le pertenecía a él.
-¿Así se sentirán los fantasmas cuando quedan atrapados en una casa que ya no es la suya, sin poder hacer nada al respecto?- se preguntó intentando distraerse de Megumi.
La hora pasó y las risas seguían. No escuchaba la voz de la doctora (¿o era profesora, según Kenshin?) pero escuchaba murmullos. Se estaba obsesionando y enrabiando con todo eso.
-Esto no es sano para mí. Lo mejor será que salga. Podría escabullirme a la sala de televisión.- reflexionó. Y así, con cuidado de no ser vista, rodeó la casa para no pasar por el lugar donde estaba Kenshin con su odiosa invitada, y se metió por una ventana abierta al lugar de su objetivo.
Recordó que Kenshin apretó un botón el día anterior para encender el aparato. Con suerte podía encontrar la historia de la niña rubia del día anterior, y saber si es que en una de esas, su amado revivía. Pero sólo vio un programa sobre animales.
-Atención… las leonas se agazapan para iniciar su ataque… miran con atención a los antílopes que pasan cuando uno de ellos se separa del grupo. Es la presa perfecta y ellas están dispuestas a cazarlo… -
Kaoru, con el corazón en un puño, observó al grácil animal siendo atacado por cuatro leonas a la vez. Una le mordió el cuello mientras la otra destrozaba sus ancas. Kaoru, con lágrimas en los ojos, pensó que ver televisión no había sido tan buena idea después de todo. Pobrecito antílope…
Se apoyó en el piso con una mano cuando ésta hizo contacto con algo duro y pequeño. Levantó una extraña cajita gris con botones de colores sobresaliendo.
Apretó uno y la cajita no hizo nada especial. Pero cuando volvió su atención a la pantalla del televisor, las leonas y los antílopes muertos ya no estaban y en cambio, alguien hablaba del clima con un gracioso mapa del Japón detrás de él.
Kaoru encontró genial eso de predecir el clima. ¡El 2009 era como un sueño! Anotó mentalmente las predicciones del hombre para compararlas al día siguiente y cuando el programa terminó, suspiró de tristeza porque estaba entretenida con eso. Pronto comprendió que al apretar un botón de la cajita, algo pasaba con la televisión y cambiaba lo que estaba pasando. En un momento dado, interesada, vio a un hombre vestido como samurai que entraba a un cuarto. Se emocionó al pensar que había gente de su época allí y dejó la cajita pequeña en paz.
El samurai dejó sus espadas en el suelo y se acercó a una bella rubia occidental vestida con un kimono semiabierto. Kaoru se extrañó porque ella había visto a poca gente con esos rasgos en su mundo y recordó que Kenshin algo le había dicho que lo que salía en la televisión no era real. Atenta, siguió mirando al atractivo samurai quien, despojado ahora de la parte superior de sus vestiduras, besaba apasionadamente a la rubia exuberante, mezclando sus lenguas…
-¡Santo Cielo!- exclamó Kaoru, sintiendo su corazón golpear fuertemente mientras toda la sangre de su cuerpo se iba a su cara, que le ardía. Se tapó los ojos con las manos justo cuando la rubia le ofrecía un pecho generoso al samurai y éste se lo sorbía como si fuera a sacárselo.
Una tenue música se escuchaba en el cuarto y cuando Kaoru se atrevió a separar un poco sus dedos para mirar entremedio, el samurai separaba las piernas de la rubia que al parecer, no tenía vello, y se disponía a lamerla. Kaoru se quitó las manos de los ojos, que ahora estaban abiertos desmesuradamente y con el corazón aún acelerado, observó esas partes que sabía ella también tenía, pero que nunca se había visto. No podía cerrar la boca de la impresión y apoyándose sobre las manos, se inclinó hacia delante para ver mejor todo eso. Tenía mucha vergüenza, pero su curiosidad podía más.
El samurai dejó a la rubia en paz y ésta, con una mirada obscena, metió la mano entre sus ropas sueltas y sacó un miembro tan grande, que Kaoru se preguntó qué pretendía hacer con él. Cuando empezó a penetrarla, Kaoru creyó que la partiría por la mitad y se llevó una mano a los ojos nuevamente, pero se dio valor para seguir mirando mientras sentía calor bajo la panza y cuando apoyó la mano en el suelo nuevamente, lo hizo sobre la cajita mágica. Entonces apareció una raya sobre una línea en el televisor, que avanzó rápidamente hacia un costado de la pantalla y el sonido aumentó de un modo que se hizo casi insoportable.
Kenshin, que estaba pensando en irse a acostar en cuanto Megumi se fuera, mientras ésta le hablaba sobre unos perfumes, escuchó de pronto una música y unos gemidos enloquecidos provenientes del cuarto del lado. Megumi alzando una ceja, le preguntó:
-¿Tu amiga salvaje está con un compañero en su habitación?-
-Quédate aquí. Vuelvo de inmediato.- dijo Kenshin muy serio. Megumi le hizo caso, riéndose de Kaoru.
Mientras, Kaoru, totalmente descolocada, se tapaba los oídos con las manos y resolvió que debía encontrar el botón que bajaba el sonido. Pero no sabía cuál había apretado y se dispuso a apretarlos todos. Con uno salieron unos números, con el otro algo pasó y una sección de la pantalla se agrandó. Justamente la del pene del samurai entrando frenéticamente en…
Kaoru sintió que le arrebataban el control remoto de las manos y la pantalla quedó a oscuras. Y el silencio regresaba.
Avergonzada, cerró los ojos, apretándolos fuerte mientras pedía, en silencio, volver a su mundo en ese momento.
-¿Qué pretendías?- le dijo Kenshin muy serio.
Kaoru, sentada sobre un cojín, lentamente se volvió hacia él y lo miró hacia arriba. Ya que no había vuelto a su mundo, debía asumir.
-Yo… estaba aburrida y salí y… -
-¡Pero no tenías que ver ese tipo de cosas ni menos ponerle el volumen tan fuerte!- dijo Kenshin. –Te dije que cenaras con nosotros y no quisiste, insististe en encerrarte en tu cuarto y ahora te mandas este pastelazo… -
La joven por un momento sintió ganas de llorar. Kenshin nunca la reñía… además… ¿qué significaba "pastelazo"? En este mundo tenían expresiones tan raras…
-Así que a la niña le gusta el canal de Playboy.- dijo Megumi apareciendo con una enorme sonrisa.- Tienes una mente muy pervertida, chiquillita.-
Kaoru no soportó más y se puso de pie de un salto. Tenía mucha vergüenza aún y salió corriendo del cuarto. Kenshin entonces cayó en cuenta que no debió haberla recriminado, porque ella en el fondo no había hecho nada malo. Se había desquitado porque le había dado rabia que esa noche, no quisiera cenar con él y ya estaba arrepentido de hacerla sentir mal.
Megumi optó por retirarse. Ya era tarde, la había pasado bien con el pelirrojo y le quería dar espacio para seguir regañando a la salvaje antes que se le pasara la rabia que contenía. Le dio las buenas noches, recogió sus cosas y se fue en su auto.
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-Kaoru… ábreme la puerta.-
Cuando Kenshin la buscó por toda la casa, llegó a la conclusión de que estaba en el dojo. Y no se había equivocado a juzgar por el hecho de que la puerta estaba trabada por dentro.
-Hazlo. Tenemos que hablar. Por favor… Kaoru, te debo una disculpa.-
La joven estaba apoyada en una de las paredes del dojo, sentada, abrazando sus piernas. Se daba leves golpecitos en la cabeza con la secreta esperanza de regresar a su mundo. Todo era tan raro, tan incomprensible…
Tan solitario aquí.
Kenshin dejó de molestarla y Kaoru pronto sintió sueño. Medio dormida, escuchó unos sonidos extraños pero no les dio importancia hasta que los pasos del pelirrojo se detuvieron a su lado. Éste se agachó y la remeció suavemente.
-Déjame en paz.- dijo Kaoru.- Yo no sabía cómo operar esa cosa y no quería perjudicarte con tu cita.-
-Lo sé, Kaoru. Lo sé… y créeme que lo lamento mucho. Yo no debí reaccionar así contigo… y no tiene nada de malo lo que estabas viendo. Sólo que aquí, las personas vemos ese tipo de cosas en solitario, en silencio… y… -
-No me gustó lo que vi. Yo siempre creí que esas cosas eran más románticas… más tiernas… no de ese modo tan… tan… burdo.- reconoció la joven. Kenshin le acarició una mejilla suavemente.
-Claro que es así, como lo describes, Kaoru. Es así cuando hay amor entre un hombre y una mujer. Pero esto es la televisión y ya sabes que hay pocas cosas reales en ella.- Kenshin por un momento trató de imaginar qué tipo de educación sexual tenía Kaoru porque al parecer, era la de una niña de cinco años. Quizá ver sexo explícito había sido demasiado para ella y por eso había cometido la torpeza de subir el volumen y luego no poder bajarlo, a juzgar por el modo en que apretaba los botones del control remoto cuando él la encontró. -¿Me disculpas por ser tan tonto y no recordar que eres una señorita de 1882?-
Kaoru lo miró por unos momentos. La luz de la luna se filtraba por entre las rendijas de las ventanas, bañando todo en una luz plateada, incluyendo la atractiva cara de Kenshin y de pronto Kaoru sintió una necesidad casi dolorosa de tocarlo.
Alzó los dedos hacia él, hacia su mejilla izquierda y Kenshin cerró los ojos al sentir su tenue caricia.
Pero ella se dio cuenta de que faltaba algo allí: la piel quebrada por una cicatriz, y despertada del embrujo, optó por retirar su mano. En ese momento la de Kenshin atrapó la suya para contenerla contra su rostro mientras su otra mano se iba hacia la cintura de la joven. Y la acercó a su cuerpo y Kaoru sintió su corazón cobrar vida de nuevo.
Como una mariposa, los labios de Kenshin se posaron sobre los suyos para que conociera su contacto. Los entreabrió lentamente cuando ella se relajó, aceptándolo. Y tomó su boca con cuidado, con paciencia. Con ternura.
La apoyó en la pared de madera, mordisqueando levemente hasta que Kaoru empezó a responder, tan torpemente por los nervios que lo conmovió. Se tomaría su tiempo, porque no había apuro… Kenshin la besaría toda la noche si era preciso hasta que ella se diera con él.
Cuando sus lenguas se tocaron, una descarga eléctrica atravesó la espalda de Kaoru. Y cuando Kenshin abandonó su boca para concentrarse en su fino cuello, empezó a temblar. Su cuerpo no le respondía… su mente le decía que no debía hacer eso aún, pero sus ojos le decían que estaba bien, que era Kenshin, el hombre al que amaba. Y sus ansias de permanecer allí, entre sus brazos, apaciguaban cualquier intento de rebelión y escape. Si en su mundo Kenshin se hubiera quedado, si se hubiera atrevido a estar con ella, todo eso tan dulce y delicioso podría haber pasado entre ellos. Si tan sólo él hubiese pensado un poco más en ella y dejado su dolor de lado…
Sintió el escozor de las lágrimas por segunda vez en esa noche. Si Kenshin hubiese sido conciente de todo lo que ella lo extrañó, no la hubiera dejado… si hubiese podido ver en su corazón cuánto amor ella tenía para el, no lo habría hecho.
Se sintió tan turbada que olvidó que estaba sintiendo placer. Puso las manos entre ella y Kenshin, apartándolo suavemente. Él no se resistió. Sabía que pasaría y debía acatar lo que ella decidiera, aunque él se muriera de ganas.
-Lo siento… - se disculpó la joven.- Yo no puedo hacer esto… - balbució. Acto seguido se fue a su cuarto y Kenshin permaneció sentado en el piso, pasándose una mano por el rojo fleco, suspirando.
-No sé qué tiene esta chiquilla. En tres días ya me tiene loco. Completamente loco… -
Salió del dojo pesadamente y cerró la puerta tras de él.
-Pero se irá… tarde o temprano se irá… a casarse con ese otro Kenshin.-
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A Kaoru le sorprendía poder haber dormido algo durante la noche, a juzgar por la luz de la mañana que entraba a su cuarto y que indicaba el inicio de un nuevo día.
Ya ni siquiera hizo el intento de escudriñar el cielo de la habitación para encontrar el pequeño sol.
Al parecer, iba a pasar más tiempo allí del que pensó en un momento, cuando supuso que todo eso se trataba de una mala broma o de un sueño.
Se levantó porque de cualquier modo, ni ánimos tenía siquiera de volver a dormirse. Le estaban pasando tantas cosas, tan confusas y necesitaba sacárselas de la mente. Si tan sólo tuviera a alguien con quien hablar de sus sentimientos… como una amiga.
Como Tae.
Suspiró. Tae siempre la escuchaba y entre ambas desmenuzaban a tal punto lo que Kaoru le contaba, que podían llegar a buenas conclusiones aunque otras veces quedaban en las mismas, lo que no importaba realmente porque al menos Kaoru se desahogaba y se iba más tranquila a casa.
La joven reflexionó que si en este mundo había un Kenshin y una Megumi, existía la posibilidad de que existiera una Tae. ¿Por qué no? Quizá sólo tenía que ir a buscarla a Akabeko. ¿Pero cómo llegaba hasta allí? Salió a la calle, vestida con sus bermudas favoritas y una polera con la palabra "Meiji" escrita en el pecho y miró hacia ambos lados. Sólo cemento…
Entró de nuevo a la casa justo a tiempo para que Kenshin la descubriera desde el corredor. El
pelirrojo, que acababa de vestirse, la observó titubear antes de volver a salir tambaleándose por el portón. Divertido, optó por seguirla. La joven, ahora por la calle, caminaba con pasos vacilantes y Kenshin se preguntó que qué se traía. Por eso la adelantó y notó con sorpresa que Kaoru llevaba los ojos… ¿cerrados?
-¿Estás jugando al ciego?- le preguntó de pronto y Kaoru se detuvo en seco, abriendo los ojos.
Ahí estaba, frente a ella, la fuente de sus problemas. Suspiró de nuevo.
-Voy a buscar un lugar, pero como lo que veo me confunde, opté por hacer el camino que mi cuerpo conoce.- respondió volviendo a cerrar los ojos para no desconcentrar su orientación.
-En ese caso te acompañaré, para indicarte si puedes cruzar la calle o si hay algún peligro.-
Aunque quería hacer eso sola, Kaoru conocía demasiado bien a los Kenshin como para saber que nada de lo que dijera les haría cambiar de opinión. Se encogió de hombros y siguió andando con Kenshin a su lado. Al cabo de media hora, Kenshin preguntó:
-¿Cuánto falta?-
-Diez minutos más.-
-Vaya, ustedes sí que caminaban.-
Después de un rato, llegaron a un sitio en el cual Kaoru se detuvo, dando un giro. Abrió los ojos lentamente.
-Si tenías hambre, me hubieses pedido que te trajera.- dijo Kenshin. Pero Kaoru estaba demasiado asombrada como para rebatir sus palabras.
Estaba frente a una versión totalmente 2009 del viejo y tradicional Akabeko. La nueva estructura era cuatro veces más grande que la que ella conocía, con adornos tradicionales en la entrada, letreros vistosos y plantas maravillosas en maceteros gigantes.
Se acercó al hombre de la entrada seguida de Kenshin, quien no quiso decirle a Kaoru que en ese lugar ella estaba totalmente fuera de lugar con su ropa.
-Buenos días. Quisiera saber si se encuentra la señorita Tae Sekihara.-
Kenshin llamó aparte a Kaoru.
-¿Y esa quién es?-
-Mi mejor amiga en mi mundo.-
-Pero Kaoru, no es posible que aquí exista esa persona que tú conoces… -
El recepcionista miró a la pareja con cierta curiosidad. Años mirando a la gente le daban una idea de su forma de ser por su modo de vestir. Por ejemplo, el pelirrojo vestía semiformal, lo que hablaba de una persona culta, pero su cabello rojo y largo, tomado en una coleta, le indicaba que se trataba de alguien más revolucionario, quizá. Y eso le dio la idea de que podía tratarse de un profesor de algo. Luego miró a la chiquilla junto a él y… y la encontró un poco extraña. Pero era bonita. Muy bonita. Y le sonrió.
-Señorita, la señorita Tae va saliendo en este momento. Pero le informo que ella es una mujer muy ocupada y posiblemente no la tome en cuenta, a menos que haga una cita con ella.-
Kaoru hizo una graciosa reverencia de agradecimiento mientras Kenshin sólo hacía un gesto con la mano y el recepcionista volvió a pensar en la parejita que hacían esos dos. Luego recibió a una comitiva que venía a desayunar a aquel sitio y se olvidó del asunto.
-¡Tae!-
Una elegante mujer, enfundada en un traje igual de elegante, estaba pronta a abordar un auto… elegante. Pero sintió que la llamaban y se detuvo.
-¿Quién?-
Kaoru se acercó a la exitosa mujer de negocios con una sonrisa de genuina felicidad al verla. Kenshin estaba descolocado. Tae también. Hacía años que no veía una sonrisa tan fresca y sincera hacia su persona.
-Tae, que bueno que te encuentro. Necesitaba tanto hablar con alguien.-
-Perdona. ¿Nos conocemos?- respondió ella extrañada. Su chofer, expectante, salió del auto para ver de qué iba el asunto. Más que mal, también era el guardaespaldas de Tae. Por su parte, Kaoru se recordó que en este mundo las personas a quienes ella reconocía, no la conocían a ella.
-Eto… hem… no, no nos conocemos aún pero, pero yo sé que tú puedes llegar a ser una gran amiga.-
-¿Y de qué quieres hablar conmigo? Porque si es sobre dinero… -
-No, no es de dinero. Lo que pasa es que… es que… - Kaoru miró de reojo a Kenshin y le dio vergüenza reconocer que estaba confundida por su culpa enfrente de él, así que repuso:- es que me han pasado muchas cosas últimamente y pensé que tendrías tiempo de escucharme.-
-Pequeña.- le respondió la mujer haciendo un ademán a su chofer para que volviera al auto.- No sé qué esperas que te diga o cómo quieres que te ayude en tu problema, pero yo soy una mujer de negocios, ahora mismo voy a cerrar un contrato y no tengo tiempo para escucharte. Además, no te conozco. Lo siento.-
Kaoru bajó la vista y los hombros de decepción. Tae, que la miró de reojo, desapareció dentro del auto de vidrios polarizados y se marchó.
-Vamos a casa, señorita Kaoru.- le dijo Kenshin tratando de animarla.- Hoy te prepararé una delicia del 2009. Panqueques con manjar. Así que arriba ese ánimo… mira que es la receta que me enseñó a hacer mi hermana y aunque no me quedan tan buenos como a ella, pues… saben bastante decente.-
Kaoru se interesó. Su Kenshin no tenía parientes, porque se habían muerto durante una epidemia de cólera. Pero en este mundo, Kenshin tenía una hermana…
-¿Una hermana, Kenshin?-
Caminaban de regreso a casa y al menos Kaoru momentáneamente olvidó lo de Tae.
-Bueno… es en realidad mi media hermana. Cuando mi mamá abandonó a mi padre, él se casó al tiempo con otra mujer y nos fuimos a Kyoto. Allí nació mi hermana Misao.-
Kaoru se detuvo en seco, mirando a Kenshin totalmente asombrada.
-¿Misao Makimashi?-
-No, Kaoru, Misao Himura aunque… hem… creo recordar que su mamá se apellida Makimashi.- dijo Kenshin distraído.- En fin… ¿cómo es que sabes…? Ya, no me digas… en tu época Misao era algo tuyo.-
-Si.- contestó Kaoru feliz.- Era una amiga de Kyoto. Y la mejor ninja que he conocido en el mundo. Kenshin, por favor, tienes que invitarla para que nos conozcamos, y así yo pueda tener con quien hablar.-
-Pero me tienes a mí.-
-Pero hablo de una mujer, tonto. Con una mujer yo puedo hablar de otras cosas.-
-Por ejemplo de mí, ¿no?-
Kaoru, al mirar la sonrisa de Kenshin, desvió la vista hacia la calle, levemente ruborizada. En ese momento, un auto se detuvo junto a ella. Al bajarse la ventanilla, vio el rostro de Tae.
-Oye, niña… mira, no tengo tiempo ahora, pero si aún te interesa hablar conmigo, ven mañana a las ocho de la tarde al restaurante.-
La joven, ruborizada, pero feliz, asintió de inmediato y Tae se marchó nuevamente. Kenshin, de una pieza, no podía creer lo que había pasado y Kaoru sentía que la mañana empezaba a mejorar de modo considerable.
El 2009 no era tan malo.
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1882
Kenshin, suspirando, cerraba los ojos, sumergido hasta el cuello en una poza de agua termal.
-Tienes que quedarte aquí un rato largo, para que te haga efecto lo de las propiedades curativas de este lugar.- le dijo Sanosuke al pelirrojo.- Al menos, eso dijeron la doctora y la comadreja.-
-Yo preferiría ir a ver a la señorita Kaoru.- repuso éste.
-Kenshin, amigo… Kaoru te ha esperado cerca de tres años. Bien puede esperar un par de días más. Además, si vas a llegar todo reconfortado y relajado ante ella, los dos se beneficiarán de eso.-
Yahiko, de brazos cruzados, miraba a esos dos sin decir palabra. Estaban locos.
-Todavía hay que ir de compras para que tengas un traje nuevo. Ese que llevas siempre ya está transparente de tantos remiendos.- siguió Sanosuke.- Y yo te ayudaré para que elijas algo varonil y majestuoso, digno de ti.-
Kenshin sólo sonreía con algunas gotitas de sudor sobre la frente. Entonces Yahiko reparó en algo que no había notado antes.
-Oye, Kenshin… tú realmente has sonreído mucho en este día.-le dijo.
-Yahiko, tonto… claro que sonríe, si Kenshin siempre sonríe. Es su forma de ser… - dijo Sanosuke desparramando los rojos cabellos de su amigo con el puño sobre su cabeza.- Él es así, siempre jovial…-
-No me refiero a eso, cabeza de gallo. Lo que pasa es que es una sonrisa diferente. La otra era… cómo te lo digo para que me entiendas… como… - el chico se rascó la cabeza.-… como una máscara. En cambio ahora parece una sonrisa más genuina.-
-Eh… tienes razón, pequeñajo.- concedió Sanosuke mirando atentamente a Kenshin.- Parece que por fin te está llegando la inteligencia.
Yahiko saltó sobre Sanosuke y empezaron una guerra de agua. Mientras, apoyado en su piedra, Kenshin sonreía con los ojos cerrados, pensando que Yahiko tenía razón después de todo. Él sonreía porque le nacía. Porque se sentía bien. Porque estaba libre del Hitokiri Battousai y su pasado y por eso, ahora iba hacia los brazos de Kaoru a cumplir todas las promesas que antes quiso hacerle pero que no le pudo comunicar.
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Fin acto cuatro.
Viviendo el día
Mayo 29, 2009
Notas de autora.
Hola!!!
Esto de trabajar para vivir es algo nuevo para quien hasta hace un año, tuvo una vida casi de princesa. Al menos ya me he acostumbrado algo a ser dueña de casa, empresaria (que cool suena eso) y estar lejos de mi mami, por lo que ya no se me caen las lagrimitas cuando voy a verla y se acaba la visita. Pero igual me tirita un poco el mentón. De visita en un supermercado, tomé un paquete de fideos para evaluar si lo llevaba o no, cuando recordé que esos eran los fideos que vende mi mamá en su almacén, en el que yo crecí. Nada que hacer, me invadió la nostalgia de un segundo a otro y acabé empapando la chaqueta de mi marido.
A todo esto, tengo un par de gatitos que son toda mi adoración y mi fuente de entretenimiento diaria. Una chica y un nene. Entre sus anécdotas está la siguiente: Compré un pastel para agasajar a mis padres durante una visita y la dejé sobre la mesa mientras atendía el teléfono. Cuando regresé, estaban mis dos gatitos lamiendo la crema de este. Si hubiera tenido la cámara de fotos a mano seguro hubiera inmortalizado el momento, porque no estaban lamiendo la crema de la orilla… ¡estaban sobre mi pastel!
En fin, les dejo un enorme saludo a todas y todos y agradecimientos a quienes me postean en este fanfic. Lamento mucho no poder ir más a prisa, y es que en invierno es cuando mi negocio se reactiva y mi tiempo libre se acaba. De hecho, ha estado en un marcado ascenso desde hace un par de semanas y ahora que el frío llegó finalmente, la demanda crece y crece. Estoy agotada, pero daré mi mayor esfuerzo… después de todo, en verano puedo relajarme.
Gracias por reportarse a...
Sakura K de Shinomori: Gracias por tus saludos y buenas vibras. Me alegro de que quien te operara tuviera la delicadeza de dejarte una cicatriz ocultable… yo tengo una en mi pancita, se ve aún cuando me pongo bikini, y a quien me pregunta, le digo que es de una herida de bala recibida durante un acto heroico, porque es redondita, y no un recuerdito de la peste cristal.
Okashira Janet: Esto de perder la inspiración es cosa seria… creo que en mi caso particular, más que perderla fue relegarla a causa de necesitar ocupar mi mente en estrategias de marketing. Pero espero pronto poder tener todo eso en orden y seguir. Me alegro que la hayas pasado bien en Misiones.
A KaoruHimura: Qué genial que mencionas lo de la compu descompuesta, porque me recuerda que debo respaldar los miles de tesoros que guardo en mi notebook. Besitos.
Orquidblack: Nunca se me pasó por la cabeza todo el descalabro emocional que trae un cambio de casa. Me acuerdo mucho del barrio donde crecí y la gente que me vio desde pequeña y extraño todo ese ambiente, no sólo el hogar con mis padres. Pero bueno, es cosa de costumbre. Un abrazo enorme, que te vaya bien.
Juliex19: Gracias por tus comentarios.
Kaoru Himura K: Los cambios se vienen a partir del episodio 6, asi que paciencia, que ya falta poco. Un beso.
AnToo96: Espero que disfrutes de esta historia tanto como de la otra. Cariños.
