Capítulo 4
El abuso
Seiya estaba muriendo de frío cuando por fin, Luna y Diana lo recogieron en Okinawa. Había nevado esa tarde.
- No se preocupe. La casa de huéspedes que usted pidió ya tiene suficiente leña y le espera para que se caliente… - dijo Diana. – El señor Artemis lo espera para cenar.
- Ahí discutiremos con algunos miembros de la familia Kinmoku que sí apoyan a Artemis. Aunque también prepárese para algunas insolencias…
- Estoy preparado para todo…
- Debe de estarlo. Ya le hemos dispuesto todos los archiveros, fotos e investigaciones que Artemis tiene sobre Kakyuu.
Mientras hablaban, llegaron a una hermosa cabaña, al lado de un lago que tenía vista a la mansión Kinmoku.
- Lo dejamos para que se instale. A las 6 en punto es la cena.
- Ahí estaré.
- Aquí tiene la llave, joven. – Diana le entregó unas llaves rústicas.
- Gracias.
Seiya miró lo que sería su hogar y entró. Sintió el calor del fuego de la chimenea pero se volvió a helar cuando miró la cantidad de archivos sobre el caso de Kakyuu. Miró la foto de la linda pelirroja que estaba sobre todo y suspiró.
- ¿Qué fue lo que te pasó?
S&S
Serena se dio cuenta que Kou ya estaba en Okinawa gracias a su nueva computadora. Pero cada vez que la veía, no podía contener el asco contra Darien Chiba.
- Y lo peor es que sé que seguirás con esto imbécil… con tu carita de niño rico… maldito.
Serena encendió un cigarrillo, destapó una coca-cola y se puso cavilar mientras hackeaba la computadora de Seiya Kou y la de Rubeus Black. De pronto, se le ocurrió una idea. Se trepó a su moto, se dirigió a Constellation Security, pasó y se hizo de una cámara que parecía un botón. Con una sonrisa, volvió a su departamento y llamó a Darien Chiba.
- ¿Diga?
- Soy Serena. Necesito dinero.
- Te acabo de dar una buena cantidad.
- Esta vez es para comida. Necesito comer. No me alimento de aire.
- Es muy tarde, Serena. Son casi las diez de la noche, no estoy en mi oficina.
- Puedo ir a verlo. Dígame la dirección de su departamento.
- ¿Tienes donde anotar?
- No hay problema, dígamela.
Darien Chiba le dio la dirección y Serena la memorizó.
- Estaré ahí en media hora. Gracias.
S&S
Seiya se puso una chamarra de piel y unos jeans y subió a cuestas para la cena con los Kinmoku. Diana le abrió y lo dirigió al comedor. Ahí se encontraban Artemis que le sonrió, los hermanos Taiki y Yaten, Neherenia, Setsuna, Lita, Zafiro, Esmeralda, Galaxia y Helios, excepto Mina y Rei, quienes habían participado en la cena que Artemis había mencionado. El primero en hablar fue Artemis.
- Chico Maravilla, te presento a la familia Kinmoku. Al menos, la que vive aquí en Okinawa.
- Mucho gusto, señores, señoras.
- Te presento a los hermanos de Kakyuu. Taiki y Yaten. Son muy unidos y ellos llevan las finanzas de las empresas al 50 % cada uno.
Taiki se levantó de su asiento y se presentó y le dio la mano. Era castaño y de ojos violeta.
- Te acostumbrarás a vivir entre nosotros. Yaten vive conmigo en el pico de la montaña.
Yaten no se levantó.
- Mucho gusto.
El hermano de Taiki era platinado y de ojos verdes. Parecía desdeñar todo. Tenía un cierto aire de insolencia y de que estaba ahí sólo porque se le había requerido. Artemis presentó a Neherenia.
- Ella es Neherenia. La madre de Taiki, Yaten y Kakyuu y la esposa de mi difunto hijo Diamante.
- Francamente joven ¡no sé a qué carajos vienes a importunarnos!
- ¡Neherenia! – la reprendió Artemis.
- ¡Kakyuu está muerta! ¡Entiéndelo!
- ¡Lo que pasa es que nunca te importaron tus hijos! – interrumpió un hombre de cabellos plateados. – Helios Kinmoku. Soy el hermano más joven de Artemis. Me encargo de la publicidad y de los periódicos. Soy el director del periódico de Okinawa. Cuando quieras escribir un artículo, házmelo saber.
- Gracias… - Seiya no supo qué más decir.
- Tomoe es mi medio hermano. Pero lleva el apellido Kinmoku. Es un gran doctor.
- Mucho gusto.
- Y esta es mi hija… Hotaru. No vive con su madre. Prefiere vivir conmigo.
- Mucho gusto… supongo que el físico viene de tu madre… - dijo Seiya
- Sí. Pelo negro y ojos azul violeta… Yo era todavía un chiquilla cuando pasó lo de Kakyuu.
- Y ellas son Setsuna y Lita. Son primas, hijas de otro hermano mío, ya fallecido, Pharaoh Kinmoku. Tenían la edad de Kakyuu.
- A mí me gusta la moda y a Lita la cocina… - dijo la peliverde que tenía una estatura y cuerpo de impacto.
- ¿Eres modelo, no?
- Sí.
- Yo me consagré a la gastronomía. – dijo la chica de coleta castaña.
- Y finalmente, el hijo de Helios.
- Mi vástago…
- Zafiro y su esposa Esmeralda.
- Pelo negro contra pelo plateado… gran combinación…
- Soy adoptado.
- Aún así eres mi hijo – dijo Helios.
- Y yo lo amo… - dijo la hermosa peliverde que no soltaba la mano de su marido.
- ¡Ahora sí podemos largarnos! – exclamó Neherenia. - ¡Ya no estoy para bromitas!
- Honestamente prefiero irme a ver la tele…
- ¡Yaten! – lo recriminó Taiki.
Seiya al darse cuenta que muchos no querían estar ahí, habló.
- De verdad agradezco que se hayan tomado el tiempo de presentarse conmigo pero la señora Neherenia tiene la razón. No tienen porque estarme viendo la cara.
Al momento de decirlo, todos se pararon y se fueron, excepto Taiki y Helios.
- Te dije que mi familia es una manada de traidores y vándalos.
- ¡Yo no! – dijeron al unísono Taiki y Helios.
- Sin embargo, tengo una pregunta. – dijo Seiya.
- ¿Cuál?
- ¿Por qué Mina Kinmoku y Rei Hino no estuvieron aquí?
S&S
Serena, con decisión, tocó el timbre. No había marcha atrás. Darien abrió la puerta vestido tan sólo con una bata de seda.
- Pasa por favor, Serena.
La rubia sintió arqueadas pero pasó. Miró a los ojos al pelinegro con odio y le preguntó.
- ¿Voy a tener que chupársela cada vez que tenga hambre?
- No, claro que no. Serena… ¿cómo crees? Pasa a la habitación por favor, tan sólo estamos trabajando en tu amabilidad.
La rubia pasó hacia el cuarto con una cama King-size y Darien ya iba a tocarla cuando ella puso su mochila con mucho cuidado.
- Espere. Al menos me voy a quitar mi chamarra…
- ¡Que chamarra ni que nada! – Darien la agarró y como un monigote la aventó sobre la cama. Serena era tan delgada que cayó sobre el buró y perdió la conciencia.
S&S
Cuando volvió en sí, estaba boca abajo, sujeta de manos y pies, con un gran moretón en la frente que sangraba por culpa del aventón que Darien le había dado hacia la cama. Empezó a patalear y a gritar y fue cuando Darien le tapó la boca con su propia camiseta.
- Querida… bien sabes que me gusta que te me resistas. – Serena no dejaba de luchar y Darien de pronto, le produjo un dolor y rozón al arrancarle salvajemente la tanga. - ¿Por cierto… no te pregunté… te gusta el sexo anal?
Serena empezó a retorcerse, a querer zafarse como gata acorralada cuando sintió como estaba siendo violada por ese maldito cerdo y cuando gritaba de más, la golpeaba. Luego fue más dura la humillación cuando la sodomizó con un maldito pito de plástico y el reía y gozaba. Perdió el conocimiento dos veces hasta que él se satisfizo. Cuando terminó, no podía ni caminar pero se forzó a hacerlo. Darien le entregó un cheque para comida cuando Serena terminó de vestirse.
- ¿Estás bien? Puedo llevarte a casa…
- Estoy bien. – sentenció Serena y se fue caminando a duras penas.
En la calle, a veces se paraba para no caerse del dolor. Llegó a su casa, se metió en la ducha y cuando vio la cantidad de sangre que manaba de su ser, se dejó caer en el suelo mientras miraba en la mesa el cheque que Darien acababa de darle.
