DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Historia mía.
Lean este capítulo desde el inicio hasta el final. No hagan suposiciones, por favor. Al final dejé una nota para que no se desesperen... sé que probablemente lo harán.
¡Disfruten el cuarto capítulo!
CONVICCIONES MORALES
Maia I. Ratzel
-¡No puedo creer que me hagas ésto, Reneé! ¡Que nos hagas ésto! -los gritos de mi papá se escuchaban hasta en mi habitación -¿Cómo pudiste?!
Oí unos sollozos, primero eran femeninos, pero luego se le unió otro. Mi padre, supongo.
-¡No sé! ¡No sé, Charlie! ¡No lo sé! -lloraba mi madre -Él me obligó, ¡te lo juro!
Se oyeron unas risas amargas. Salí silenciosamente de mi cuarto y fui al pequeño balconcillo de las escaleras. Podía ver todo desde allí, pero era practicamente imposible ser vista. Abracé a Tony, mi osito de peluche, lo más fuerte que pude, mientras lágrimas corrían por mis mejillas.
-¿Cómo quieres que te crea si te ví mientras estabas con él?! ¡Ví tu cara de puta revolviendose del placer, Reneé! ¡Eres una desgraciada! -mi padre jamás le había levantado la voz a mi mamá. Siempre la trataba con respeto y amor. -Vete. Ándate y no vuelvas por el bien de tu hija, si es que aún le tienes un poco de afecto.
-Claro que amo a Bella -ví como mi madre empezaba a subir las escaleras. Me escondí en el baño, que era el cuarto más cercano.
Al día siguiente, por la mañana, tan sólo escuché el estruendo de una puerta cerrándose. Ni un adiós, ni un abrazo.
Nunca más volví a ver a mi mamá.
Por la mañana, mis ojos estaban rojos. Fui al baño, me duché y me vestí como autónoma.
Entré al cuarto de Charlie. Recuerdos inundaron mi mente. Pocas veces había estado allí, pero todas fueron esenciales en mi memoria. La noche en que mi madre me dejó pasé la noche abrazada a Charlie, mientras él susurraba "No importa, no la necesitamos" mecánicamente.
Mecánico. Todo lo que hice ese día fué mecánico. Estupidamente mecánico.
Monótono. Todo lo que hice aquel mes fué monótono. Inexistente de acción. Monótono
Despertarse a las seis de la mañana. Ducharse con agua tibia, el grifo en el punto exacto entre el frío y el calor. Comer cereales cheerios con yogurt de fresa al desayuno.
Ir hacia ese edificio aburrido donde se "aprenden" todo tipo de cosas. Seguirle la corriente a las conversaciones triviales de los demás. Almorzar un sandwich de queso con jugo de manzana en caja.
Volver a casa. Preparar la cena. Fingir que escucho todo lo que dice mi padre. Ducharse, de nuevo. Leer a las hermanas Brontë, de nuevo. Acostarse, mirando el techo. Tratando de no pensar. No imaginar. No sufrir.
Por ello, por lo rutinaria que se volvió mi vida después de que Edward se marchó, porque él se marchó, fue una gran sorpresa encontrarme un día de enero estancada en medio de la carretera.
El auto empezó a emitir un choc pop pop que me alertó de que algo le estaba pasando al vehículo. Como pude, estacioné al lado de un gran abeto.
Me bajé y a pesar de saber que jamás lograría entender que es lo que le había pasado al auto, traté de ver que tenía el motor. Bueno, supongo que sería el motor, ¿no?
Rindiéndome, llamé a Charlie.
-Hey, papá -dije -¿cómo va todo por allá?
-Hola, Bells. ¿Qué pasó? -él sabía que debía tener un problema. Nunca lo llamaba por otra cosa.
-Am... bueno... no lo sé. El chevy se detuvo en medio de la carretera cuando venía de regreso.
-¿Qué?
-Sí, bueno, éso -solté unas risas nerviosas.
-Ya era hora que ese viejo cacharro muriese. No sé porque te dejo usarlo. A penas tienes 16.
Y así era. Los meses no eran sólo unos pocos. Había pasado todo un año.
-De hecho, me prestaste el auto cuando tenía todavía 15... -respondí dudosa.
-¿Qué?! -exclamó -Pero tú me dijiste que estabas en los 16.
-Te dije que estaba en los 16, es cierto. Estaba a punto de cumplir los 16. Además, papá, tú debes de saber cuando nací, ¿cierto? -a veces respondo con la mitad de la verdad. No me gusta mentir, pero la gente no tiene porque saber todo...
-Da igual. No le digas a nadie. Si alguien supiera ésto quizás me degradarían. ¿Cómo conseguiste la licencia?
-No preguntes el cómo, papá.
-¡¿Era falsa?!
-Em... ¿por qué no me dices cómo salir de aquí? -le cambié de tema, nerviosa. La licencia era falsa, sí. Jessica y sus amigos no me aceptarían si llegase en medio de luces y sirenas. No es que me importara, pero si pasara algo así me quedaría sola. Los "frikis" (así les decía Mike) ya me habían aclarado que no querían nada conmigo. Era imposible ser amiga de ellos mientras conversabas con las mismas personas que muchas veces los habían humillado. Y Edward, bueno... Edward, se había ido. Me negué a mi misma seguir pensando en éso.
Charlie me dijo que llamaría a Billy. Él, según mi padre decía, tenía un hijo que era mecánico. El chico trataría de encender el auto, y si no lograba hacerlo me llevaría a casa. ¿Qué pasaría con el auto en el último caso? Ni idea.
Esperé un buen rato y nada. Me apoyé en el auto y miré fijamente la carretera, como si gracias a ello fuera a aparecer por arte de magia.
Miré mi celular nokia anticuado pero resistente y ví que sólo habían pasado 7 minutos desde que había llamado a Charlie. Edward ya estaría aquí. Él siempre me recogía por las mañanas 10 minutos antes de que empezaran las clases, y a pesar de haber varios kilómetros entre mi casa y el instituto. ¿Cómo había conseguido él la licencia a pesar de tener sólo un año más que yo? La respuesta es simple: con dinero obtienes lo que quieres. La única diferencia entre él y yo es que el había pagado por hacer el curso de conducción a los 15, y yo había pagado para falsificar una licencia. Luego, por supuesto, había aprendido a manejar con Tyler, que es un muy buen conductor. Es una verdadera suerte que no me haya estrellado contra algún árbol a estas alturas.
Sumergida entre mis pensamientos no me dí cuenta que un autito bien "pintoresco" había estacionado frente a mis narices.
-Hey -comencé a acercarme...
Y entonces el conductor salió del auto. Mis hormonas revolucionadas no pudieron aguantarlo. El "chico" era EL chico. Moreno, de pelo largo hasta el cuello, ojos negros y un buen cuerpo. Y sí que era un buen cuerpo. A través de la sudadera que llevaba los pectorales se le marcaban, haciendo que de pronto el clima frío de Forks se volviera un poco más... ¿caliente?
No es que yo fuera de esas adolescentes que a penas tienen lo suficiente para acostarce con alguien lo hacen. Para nada. Pero eso no evita que no pueda apreciar el buqué. Sin tomar el vino, por supuesto.
-Hola -me saludó con una sonrisa de niño pequeño.- Soy Jacob, el hijo de Billy. Me mandaron para que arreglara tu... -miró mi viejo vehículo -"auto".
Y así fué como Bella Swan conoció a su nuevo mecánico.
¡Ajá! ¡Se pusieron celosas, apuesto por ello!
No se preocupen, chicas. Edward no se fué, sigue en el mismo salón con Bella, sólo que ella no le habla. Para ella es como si no existiese, o éso quiere creer.
Obviamente Edward volverá a aparecer, con el rol que le pertenece, pero necesitaba meter a Jake en la historia. Un fanfic no es un fanfic si un Jacob.
No voy a hacer una Bella casta que no tiene ojos para nadie más que Edward. Bella está enamorada irrevocablemente de él, pero eso no significa que no puedo darse cuenta de que hay otros chicos "lindos". Hasta en Crepúsculo Bella describe a Jake como alguien atractivo.
Mandenme un review, ¿si? ¡Por favor! ¡Envien sus insultos contra Jake, sus amenazas para que vuelva a poner a Edward o lo que quieran! ¡Se aceptan hasta camisetas de team Volturi!
Y recuerden, no soy team Jacob. Me declaro Team Suiza. Y es que aquí, huele a ¿triángulo amoroso?
MAIA I. RATZEL
