Buenos días a todos! Aquí está la 4ª escena. Espero que os guste y que disfrutéis leyéndola :D Por cierto, muchísimas gracias por los reviews, los favs y los follows... En serio, ponéis una sonrisa en mi cara cada vez que me llega un email diciendo que alguien está siguiendo la historia.. ASDEFDFDHGDSDJFN ;) Dejadme saber vuestra opinión! :D

Disclaimer: Castle sigue siendo propiedad del grandísimo Marlowe... olé y olé!

Escena 4ª

Acercas tu boca a la mía y la siento como la primera vez; cercana, dulce. A lo mejor es por todo eso que dicen acerca la novedad del romance pero no lo siento así; solo puedo pensar en que ojalá esto dure para siempre. Quiero sentirme así el resto de mi vida, que tus labios me den los buenos días todas las mañanas. Que despierte entre tus brazos, que te quedes a mi lado, que me quieras. Para siempre.
Y no sé si sientes lo mismo pero en tus ojos puedo ver que también estás a gusto, que también eres feliz. Y ojalá que no me equivoque porque me encantaría ser la razón de tu alegría... justo en el momento en que había perdido toda esperanza de poder estar contigo, juntos... ¡Qué extraña es la vida! Sonrío, agradecida, sobre tu boca y me muerdes el labio. Y observo tu mirada divertida y solo puedo desear con todo mi corazón que esto acabe bien...o mejor aún, que no acabe nunca. No puedo hacer más que eso, desearlo con todo mi ser, esperar ser suficiente para ti, que me quieras a tu lado... Y aprovecho cuando tus brazos me estrechan contra ti y te vuelvo a besar.

Tus labios se curvan sobre los míos, haciéndome cosquillas. Me encanta verte sonreír. No estoy acostumbrado a ello. Al menos, no a que lo hagas tan a menudo. Y no puedo sino sentirme dichoso y sí... orgulloso. Siento cierto orgullo al creer que, solo tal vez, yo haya tenido algo que ver con que tengas ganas de sonreír constantemente. Tan solo el pensamiento ya me pone la piel de gallina.
Estás diferente. Lo noto en tu risa, en tus ojos, en tu forma de hablar. Estás contenta... y eso me hace feliz. Ojalá fuese capaz de hacerte la mitad de feliz de lo que me haces tú a mí... Y aún a riesgo de no conseguirlo, nunca me cansaré de intentarlo.
Acaricias mi pómulo con tus finos dedos y yo beso la punta de tu nariz. Y me sigo maravillando cada vez que me lo permites, sin apartarme, sin rechazarme. Dudo que alguna vez consiga acostumbrarme a esta nueva faceta tuya o como la llamo yo, la nueva Kate, "mi Kate". Aquella criatura fantástica e imposible de descifrar. Perfecta en su imperfección y con sus fallos; superior a cualquier otro ser... excepcionalmente extraordinaria. Te quiero, te quiero, te quiero...
¿Por qué me habré demorado tanto en conseguirte? Espera... ¿qué fue lo que dijiste anoche? "Soy tuya", sí. Eso era. ¿Por qué tardaría tanto en hacerte mía? Como si fueses una posesión, un don... Y aún así soy yo quien se siente poseído. Poseído por tu fuerza, por tu belleza, por la intensidad de tu mirada, por el poder que tus labios ejercen sobre mí... "Soy tuya" repetiste. No paraste de susurrármelo, una y otra vez, aún sabiendo que me volvías loco cada vez que lo hacías... Me llevaste a la locura y yo te llevé conmigo, al placer más extremo, al fruto más exquisito engendrado por la unión de nuestros cuerpos. Y antes de entregarte a la apetecible llamada del sueño, cruzada sobre mi pecho, lo volviste a susurrar sobre mi cuello. "Soy tuya", y aunque tu voz ya no estaba cargada con la misma pasión con la que lo habías dicho la primeara vez, pude escuchar la verdad en tus palabras. Sí.. fue ese el momento exacto en que tuve la certeza de que jamás llegaría a ser capaz de experimentar mayor felicidad que aquella. El momento en que entendí que en verdad eras mía.

Quiero darte las gracias, pero sé que si lo hago, te reirás de mí. Pondrás los ojos en blanco y me mandarás de vuelta a dormir... te conozco bien. ¿Lo ves? Es por eso mismo que quiero darte las gracias. Por permitirme conocerte. Y ahora que me miras con esos ojos asilvestrados, con las pupilas dilatadas por la excitación, los labios entreabiertos, incitándome a lanzarme sobre ellos, tu respiración, no demasiado agitada pero lejos de su compás regular... Tu cabello revuelto, enmarcando tu rostro de manera desigual. Es en este momento en el que siento la necesidad de agradecerte que estés aquí conmigo, que me permitas disfrutar de estos instantes en los que pareces tan humana, tan cercana, tan real...
Tú, desnuda, enredada entre las sábanas. Tú, delicada y salvaje a la vez, acariciando mi pelo con una mano mientras que con la otra dibujas diseños invisibles sobre mi pecho. Tú, con tu latiente corazón bajo mi mano, permitiéndome sentir el batir de sus alas... Dejando que me maraville ante el rítmico sonido de sus latidos. Tú, frágil entre mis brazos. O al menos, así te siento: frágil y vulnerable. Tú y tu sonrisa, dejándome sin aliento. Tú, la razón por la que he vuelto a creer en el amor, en las almas gemelas, en el destino... aunque jamás lo admitiré. Tú.
"Gracias, Kate. Gracias." Y como si estuvieses escuchando mis pensamientos, ensanchas las comisuras de tus labios hasta el infinito y tus brazos rodean mi cuello, acercándome más a ti. A ti y a tus labios. Tus dulces y cálidos labios que ahora marcan la piel de mi cuello. Gracias.

Me pregunto si de verdad me conoces tan bien como presiento. Es como si pudieses ver dentro de mí, como si pudieses leer con facilidad todos mis pensamientos... Y no deja de ser una sensación extraña, desconocida... aunque no desagradable. Esto es nuevo. Nunca había dejado que nadie me conociese tan a fondo como tú lo haces. Va en contra de mi naturaleza y aun así, no lo puedo evitar. Te dejo estudiarme. Aunque me sigo sintiendo vulnerable cada vez que descubres más y más cosas sobre mí. Como si temiese que fueses a encontrar mi punto débil y fueses capaz de derrotarme. Pero te dejo, te permito que indagues, que busques, que investigues. Porque aunque pueda llegar a resultar molesto, cada vez que descubres algún nuevo secreto sobre mí, tu cara se ilumina como la de un niño en la mañana de Navidad, como si hubieses encontrado un tesoro... Y solo por eso, merece la pena. Porque sé que eso te hace feliz, te gusta conocerme, te gusta descubrir cosas nuevas sobre mí. Y yo quiero que seas feliz, quiero hacerte feliz. Sí, definitivamente merece la pena permitir que invadas mi vida, que pongas patas arriba toda mi mundo si es eso lo que necesitas.
Aun así, sigo sin entender el porqué de tu fascinación. Incluso cuando lo que te cuento es tan irrelevante que dudo que me estés prestando atención... te miro y descubro esa mirada cargada de... ¿emoción? Y me dejas sin palabras. Tú y tu infinita curiosidad, tú y esa dedicación, tú y tu enfermiza obsesión por descubrirlo todo, por conocer toda la historia: mi historia.
Estoy segura de que en otras condiciones, me negaría a abrirme a ti, a tu insaciable deseo por conocer hasta el más mínimo detalle de mi existencia. En cualquier otra situación,tal vez... pero no es el caso. A veces me pregunto si es a causa del amor. Esa sensación de querer complacerte, de querer ser la razón por la que sonríes... No estoy segura, no tengo con qué compararlo. Will, Tom, Josh... aquello no fue lo mismo; no se siente igual. Esto es distinto, lo sé. Ninguno de ellos me miraba de la misma forma en la que té lo haces. Ninguno de ellos me hizo sentir como me siento a tu lado. Eres único, aunque me niegue a reconocerlo en voz alta.

Tienes la vista fijada en mis labios, pero miras más allá de ellos. Un ligero ceño, ahora tan familiar, se ha formado en tu frente. Te delata. Has vuelto a las andadas, estás dándole vueltas a algo... y no puedo sino preguntarme de qué se tratará. ¿Qué será lo que ha captado tu atención esta vez? Sin poder evitarlo sonrío, y el movimiento de mis labios te despierta de tu trance. Y alzas la vista hasta encontrar mis ojos. Y ahora supongo que te morderás el carrillo por dentro como haces siempre que algo te ronda por la cabeza pero no sabes cómo sacar el tema... y en efecto, ahí está. Te conozco mejor de lo que pensaba aunque supongo que no lo suficiente puesto que sigo esperando a que encuentres las palabras adecuadas para saber lo que te preocupa ahora. Quiero saber lo que piensas... Humedeces tus labios antes de hablar... Pero reaparece el ceño, te arrepientes, te trabas, incapaz de encontrar las palabras... Ahora guardarás silencio, te sumergirás en tus pensamientos, dejándome con la intriga. Pero está bien, seré buena, esperaré hasta que estés listo.

Tú y tus incesantes preguntas. Me extraña que aún te queden más. Sabes más de lo que jamás he llegado a contar a nadie, cosas que sobre las que ni yo misma me había parado a pensar. Cosas tan infantiles como que mi color favorito es el morado, que la lluvia me relaja, que me entristecen las despedidas, que no me siento cómoda volando, que temo el paso del tiempo... Y a pesar de ello, he de reconocer que me gusta que quieras conocerme, que te intereses por todos mis pensamientos, y no puedo sino sentirme halagada...

Ahora que lo pienso... supongo que sí. Hay cosas que aún no sabes, detalles que me guardo para mí, que no comparto contigo, que solo yo conozco... No sabes que me encanta el murmullo grave de tu voz por las mañanas, que me vuelves loca cuando no te afeitas y te tiras en pijama todo el día, que me encanta el olor de tu colonia. No sabes que cuando acaricias mi pelo inconscientemente mientras lees un libro me siento como en casa. Tampoco sabes que cuando me abrazas desearía poder alargar el momento para siempre, ni que cuando me miras y sonríes nada más despertar, como si fuese un premio, consigues que mi corazón deje de latir durante una fracción de segundo... Son verdades que posiblemente jamás sean pronunciadas por mis labios, que permanezcan enterradas en mi ser...

Aunque presiento que tú mismo conoces de la existencia de estas pequeñas verdades, y aun así no me empujas a admitirlas. Respetas mi espacio, anteponiendo siempre mis deseos a los tuyos. Y por eso, tengo la certeza de que eres el mejor hombre que jamás he conocido. Y me siento orgullosa de poder afirmar que soy tuya y que tú eres mío, que me perteneces solo a mí. Y te estoy plenamente agradecida por ello, pero no lo diré en voz alta. Me lo guardaré para mí, junto con todo el resto de verdades que me niego a admitir. Verdades que no quiero contarte, porque deseo que seas tú quien las descubra.

XXX