Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
Por una cita con Sakura-chan
Capítulo 4
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Naruto sonrió feliz al verse por fin a solas con Sakura, y comenzó su cita guiándola para llevarla a un lugar especial que había escogido para su cita con ella. Se trataba de un lugar simplemente perfecto, que el rubio había escogido para el caso desde que lo vio por primera vez, dos años atrás. Y es que desde ese entonces ya el Uzumaki estaba convencido de que, algún día, y cueste lo que cueste, conseguiría su tan ansiada cita con la Haruno.
Durante todo el camino, el rubio no dejó de hablar emocionado, describiendo con lujo de detalles lo perfecto del lugar al que la estaba llevando, un verde y llano prado rodeado de las más hermosas flores, un hermoso paraje totalmente natural y completamente alejado de las molestias y ruidos de la ciudad. Un lugar perfecto como para pasar un día de campo. Ante sus palabras, Sakura sólo se limitaba a sonreírle y a rogar internamente que nada malo fuera a pasar; y es que, con alguien como Naruto como organizador de una cita, cualquier cosa se podía esperar.
Caminaron por trechos y caminos abandonados durante tanto tiempo que incluso Sakura pensó que en algún momento terminarían por perderse, si es que no estaban ya perdidos, o que terminarían por salirse de los límites de la aldea de la Hoja sin siquiera darse cuenta.
De pronto, y para su sorpresa, llegaron a lo que parecía ser el inicio un camino de flores. En ese momento, la chica de cabellos rosados se culpó a sí misma por haber dudado del rubio, y ella misma se ofreció a colocarse las vendas que éste le había pedido usar minutos atrás, sobre los ojos.
"Hoy voy a confiar en ti, Naruto"
El Uzumaki sonrió feliz y le entregó la venda para que ella misma se la colocara. Una vez tapados los hermosos ojos jade de Sakura, Naruto la tomó de la mano y la guió por todo el camino que se extendía frente a ellos, lo que debió tomarles unos cinco minutos – luego de tropezar con un par de rocas y estrellarse contra tres árboles – hasta que llegaron a escasos metros de su destino final.
–Solo dos pasos más y...
Naruto hizo avanzar dos pasos más a Sakura, y ambos llegaron a su destino. En ese momento, el rubio se detuvo y no pronunció una palabra más.
–¿Naruto? – preguntó intrigada la chica de cabellos rosados, quien aún continuaba con los ojos vendados. – ¿Naruto, pasa algo malo?
Al no recibir respuesta alguna, la kunoichi se quitó la venda de los ojos y se encontró con una no muy grata sorpresa.
–¿Pero... que rayos es esto?
Decepcionada, soltó la cesta que llevaba en la mano, dejándola caer al suelo, y abrió la boca de la sorpresa, sin poder hablar. A su lado, Naruto se encontraba más que sorprendido, hasta medio atontado, con los ojos desorbitados y estrellados en la cara.
Ambos se quedaron en silencio por unos segundos, hasta que la chica de cabellos rosados pudo reaccionar.
–Etto, Naruto... –intentó de llamar su atención, sin mucho éxito. – ¿No se supone que esto era un hermoso y verde prado?
Ahí se encontraban, ambos, parados frente una enorme construcción cuadrada de cemento y metal, rodeada de fierros y barrotes, y custodiada por un sinfín de guardias. Sobre el edificio, se podían vislumbrar unas enormes chimeneas que arrojaban un denso humo negro, y en los alrededores, se podían ver bastantes carteles que indicaban no acercarse a la zona.
Sakura volteó hacia Naruto y sacudió la mano frente a él para tratar de llamar su atención.
–Naruto... – lo llamó por su nombre, pero nada.
–Naruto... – lo intentó nuevamente, con el mismo resultado.
El rubio estaba con la mente en blanco, sin poder reaccionar, con un solo pensamiento en mente. "Mi cita se ha... arruinado".
Los visitantes de la villa oculta en la arena siguieron sin hacer preguntas a su guía de turno, Nara Shikamaru, hasta que estuvieron frente a las enormes puertas de lo que parecía ser un enorme y antiguo edificio, rodeado de inmensas murallas y visiblemente desgastado por el paso de los años.
Los hermanos de Suna observaron boquiabiertos la construcción, sin entender que hacían ellos en aquel lugar.
–Hemos llegado. – habló el castaño.
Ante las palabras del shinobi, Temari bufó molesta y Kankuro observó hacia los lados, sin entender.
–Y se puede saber... – intervino el maestro de las marionetas. – ¿Para que rayos vinimos a este sitio?
–Es que aquí se encuentra la persona que los va a guiar a partir de ahora. – contestó sin siquiera observarlos el castaño.
Los hermanos de Suna se observaron cara a cara, sin poder comprender las palabras del menor.
Shikamaru ignoró la confusión creada en los otros dos, y avanzó con decisión hacia las enormes puertas del orfanato, las cuales habían sido dejadas ligeramente abiertas. Antes de tocar, pensó que sería oportuno dar una mirada al lugar, aprovechando una pequeña rendija dejada entre las puertas que se encontraban medio abiertas. Observó por unos segundos hacia el interior, hasta que de pronto vio algo que lo obligó a dar un par de pasos hacia atrás, del susto. Aterrado, entreabrió y cerró los ojos, sorprendido ante lo que acababa de ver. Su actitud solo consiguió despertar la atención de los jóvenes miembros de la delegación de Suna.
El Nara suspiró resignado, se persignó un par de veces y, rogando a Kami y a todos los dioses que lo que había visto hacía unos segundos fuera tan solo una broma cruel y despiadada jugada por su mente, se volvió a acercar a la rendija dejada por las enormes puertas para volver a observar. Lamentablemente, lo que vio en esta segunda oportunidad, resultó ser peor que lo que había visto anteriormente.
Tragó saliva y estuvo a punto de entrar, cuando unas palabras lo distrajeron.
–¿Y... todos los niños en Konoha son entrenados de esta manera?
Se trataba de Kankuro, quien se encontraba sobre él, observando la misma escena por la rendija.
–Pensaba que sus métodos de entrenamiento eran más civilizados que los nuestros.
Esta vez se trataba de la voz de Temari, quien se encontraba debajo de él, también espiando por la rendija.
–¿Pe... pero que rayos hacen aquí? – preguntó más que sorprendido.
–¡¡Tú nos trajiste!! – gritaron a la vez los hermanos de Suna, callando con sus palabras al castaño.
La discusión continuó entre los tres jóvenes, cuando de pronto, un sonido bastante particular, y reconocible para ellos, los hizo reaccionar. Cuando volvieron a mirar hacia el patio del orfanato, todo les quedó claro, y solo les quedó encomendarse a los santos.
–¡¡Noooo!!
Patio central del orfanato de Konoha, minutos antes de la catástrofe.
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En el centro del patio de juegos, se podían observar a miles de niños corriendo y saltando de un lado a otro, destruyendo todo lo que se encontraba a su alcance, y atacando sin piedad a cierta kunoichi de cabellos amarrados en moñitos y curioso traje de origen chino. Sin embargo, un grupo en particular era el que llamaba la atención de la chica.
–¡¡Quietos!! – Gritó molesta Tenten, quien corría desesperada tras un grupo de engendros del demonio que se disputaban un pergamino con contenido altamente inflamable. – ¡Devuélvanme eso y...!
De pronto, una bola de barro le cayó en la cabeza. La quinta que le acertaba en el blanco.
–¡Con un demonio! ¿¡Quieren dejar de molestar?! – gritó hacia un grupo que no dejaba de usarla como blanco para arrojar bolas de barro. Luego volteó hacia el grupo que estaba persiguiendo anteriormente. – ¡¡Y ustedes, devuélvanme eso antes de que...!!
Se quedó estática al momento de observar como uno de los pequeños levantaba el pergamino y otro prendía un encendedor a pocos centímetros abajo del mismo, amenazando con prenderle fuego si alguien daba un paso más.
"De donde rayos habrán sacado ese encendedor estos malditos mocosos del..."
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–¡Tenten! – se oyó desde dentro de las instalaciones una voz masculina que llamaba a la joven. – ¿Has visto el encendedor? no puedo prender el fuego de la cocina sin eso, y tengo que preparar el almuerzo.
Del edificio más grande, se vio salir a Rock Lee, vistiendo traje de cocinero, y cargando un pollo muerto sujeto desde el pescuezo.
–¿Sabes? – continuó hablando el chico de las enormes cejas, enfocando su mirada en su amiga. – ¡Esto! – comentó levantando el ave muerta en su mano derecha. – No se va a cocinar si no le prendo fuego y... Tenten ¿Me estás escuchando?
Alcanzó a estar frente a la kunoichi, y movió la mano de lado a lado intentando hacerla reaccionar. Ella no se movió.
–¡Oh no!, ¡Tenten! ¡Tu llama de la juventud se ha apagado y...!
De pronto cayó al notar el terror en la mirada de su amiga. Lentamente dio vuelta y dirigió su mirada hacia el mismo lugar donde estaba mirando ella, y todo le quedó claro. Los ojos se le desorbitaron y su quijada cayó al suelo.
–¿¡Que rayos hacen con eso!? – gritó hecho una fiera, lanzándose hacia los pequeños para quitarles la pieza explosiva.
En el apuro, y con el susto que se dieron los diablitos, el que cargaba el pergamino lo arrojó hacia atrás, y el que cargaba el encendedor hizo lo mismo, en la misma dirección que iba volando la pieza de papel.
Los segundos parecieron horas mientras los dos shinobis observaban como el pergamino caía al suelo y se desenrollaba en forma lenta y tortuosa. Ambos reaccionaron y se lanzaron en un intento inútil por impedir que se éste se extendiera por completo, pero el encendedor resultó ser más rápido que ellos, recorriendo en menos de lo pensado la distancia que lo separaba de la pieza explosiva, cayendo justo sobre el papel inflamable.
–¡Noooo!
Gritaron aterrados, intentando alejar a todos los niños del lugar y ponerlos a salvo en el menor tiempo posible, y esperando que en cualquier momento se diera la terrible explosión.
Nada ocurrió.
Voltearon a ver el pergamino, y se dieron con la sorpresa de que el encendedor se había apagado.
–¡Ufff! – suspiraron aliviados ambos, cuando decidieron acercarse para volver a enrollar el pergamino.
De pronto, escucharon un chasquido proveniente del lugar donde se encontraba la pieza del armamento de Tenten, y pudieron ver un hilillo de humo desprendiéndose del lugar. Olfatearon el ambiente, y pudieron sentir claramente el olor a polvora.
–¡Noooo!
La explosión se dio tanto o aún más fuerte de lo esperado, haciendo volar todo lo que se encontraba a su alrededor, incluyendo a dos shinobis, miles de niños, puertas, e incluso a tres individuos que se encontraban espiando la escena desde el exterior. Para cuando se terminó de difuminar la onda explosiva, solo quedaban los restos de lo que alguna vez fueron el patio y la entrada principal del orfanato, con las murallas casi destruidas. Todos los presentes estaban sobre el suelo, de cabeza, llenos de polvo, despeinados y hechos unas desgracias totales, pero vivos y sanos.
En medio del silencio, y provocando el terror de todos los mayores, se oyó un grupo de voces infantiles que comenzaron a gritar vitoreando con mucha emoción.
–¡¡¡Otra vez!!!
–¿Es esa? – señaló una mano nívea hacia un grupo de flores en un rincón oscuro.
Por onceava vez en el día, y casi desganada, Yamanaka Ino se levantó del suelo donde llevaba sentada más de diez minutos, y se aproximó al lugar indicado por su acompañante, Hyuuga Neji. Al llegar, se agachó y observó con aire de esperanza a una flor azulada que se escondía entre un sinfín de pequeñas flores anaranjadas y amarillas. Sin embargo, la esperanza pronto desapareció de sus ojos al mover las flores a su alrededor y tener una mejor visión de la que era objeto de su interés.
–No, no es. – su voz sonó más desganada, que decepcionada. A decir verdad, ya estaba resignada a que, con alguien con tan poca paciencia y tan poco interés en el tema, como el genio del clan Hyuuga, su misión nunca se realizaría con éxito.
Caminó a paso lento y regresó hasta su ubicación anterior, sentada al lado del chico de ojos perlados, quien se encontraba ladeando la cabeza y bostezando, más que aburrido.
–A decir verdad, para mí todas se ven iguales. – comentó Neji, con aire indiferente.
"Tal vez hubiese sido mejor quedarme con la otra misión, al menos tendría más acción, aunque estaría huyendo de esos malditos mocosos, pero al menos eso sería mejor que estar aquí sentado y..."
–Oye Neji– interrumpió sus pensamientos la joven de cabellos dorados. – no es que no aprecie tu ayuda, pero al menos podrías ponerle más empeño. – continuó luego de respirar hondo, apoyado el rostro en las manos. – apuesto a que con Hinata hubiéramos acabado con esto más rápido.
La mirada fulminante del genio del clan Hyuuga hizo que la chica de cabellos dorados hubiera deseado nunca haber soltado tal comentario.
–Etto... – se levantó en el acto. – voy a ver otra vez donde me dijiste hace un rato, solo por si acaso. – comentó torpemente antes de huir de la escena.
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Ambos jóvenes se encontraban en una zona bastante alejada de la ciudad, un verde y hermoso prado lleno de vitalidad y energía positiva, donde al parecer crecían flores de todas las especies, las cuales expedían una serie de aromas que inundaban el ambiente. La paz y tranquilidad que se respiraba en aquel lugar podía fácilmente llevar a cualquiera desconectarse del bullicio de la modernidad y contactarse con la naturaleza.
En general, se trataba de un lugar tan hermoso que a cualquiera podría llenar de paz y tranquilidad. Un lugar ideal para cualquiera pueda encontrar la paz interior, o para cualquier pareja romántica que buscara un lugar romántico para estar a solas. Un lugar simplemente... perfecto. Sin embargo, para el genio del clan Hyuuga, dicho lugar estaba resultando un infierno en la Tierra.
Los dos shinobis llevaban ya bastantes horas buscando la tan preciada orquídea azulada que Ino andaba buscando, flor que solo aparecía en aquella época del año y en aquel lugar. Sin embargo, por más que se estaban esforzando, o al menos eso parecía, aún no habían tenido éxito en su misión.
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El Hyuuga bufó molesto antes de observar a su compañera alejarse de él, y cogió nuevamente el libro de flores que ésta le había traído. Con desgano, abrió las páginas y las recorrió una a una, hasta llegar a una página que se encontraba marcada con un aspa. Observó con detenimiento el espécimen descrito en dicha página, y luego de unos segundos meditando, cerró el libro de golpe y lo arrojó a un lado.
Desde lejos, sentada sobre unas rocas, Ino dirigió su mirada hacia el joven que la acompañaba con cierto desgano, y hasta cierto punto, molesta y ofendida. En definitiva, el hecho que Neji no pudiera encontrar una simple flor, no se debía a que no fuera capaz, se debía al poco interés que le estaba poniendo al asunto. "Para mí todas se ven iguales... bah, ¿Como puedes pensar eso de las flores, Hyuuga Neji?"
En ese momento, la seguridad volvió a ella. Decidida, apretó los puños y se levantó para comenzar a caminar hacia donde estaba Neji, hasta llegar a estar frente a él. Parada, en pose segura, colocó las manos sobre las caderas, y con seguridad, lo encaró.
–Oye Neji, puedo saber, ¿Qué quisiste decir con eso de que "todas se ven iguales"?
El chico de piel nívea y ojos perlados arqueó una ceja sorprendido y levantó la mirada, para observar a la chica parada frente a él.
–¿Ehhh?
Hyuuga Neji se acababa de ganar una discusión verbal de la que no se iba a librar tan fácilmente, cortesía de Yamanaka Ino.
Hinata observó una vez más la cartilla de instrucciones dejadas por Sakura, y dirigió su mirada hacia el reloj que se encontraba colgado en la pared frente a ella.
–Ya son las dos de la tarde. –habló de pronto, rompiendo el silencio del ambiente. – Es... es hora de la medicina.
Su voz despertó de su concentración a Kiba, quien se encontraba echado en su cama leyendo unas historietas que le había traído Hinata, entre otras cosas que consideró útiles para pasar la tarde. Sin embargo, de todo lo que dijo la chica de ojos perlados, una palabra retumbó en la mente del Inuzuka.
"Medicina"
"Medicina"
"Medicina..."
La Hyuuga dejó el libro que estaba leyendo a un lado de la cama de su amigo y se dirigió hacia el frente, hacia un conglomerado de cajones y gavetas, ubicadas frente a ambos. Se agachó y dirigió su mano hacia una gaveta ubicada a un extremo, la más grande de todas, y sacó una enorme botella de color oscuro, y una enorme cuchara.
Respiró hondo, recordando lo mucho que su amigo detestaba las medicinas, en especial los jarabes, y se levantó con un leve sentimiento de culpa por dentro, pero dispuesta a cumplir con las indicaciones. Para cuando se dio media vuelta, se encontró con una no muy grata sorpresa.
–¿Y... donde está Kiba?
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De pronto, escuchó la puerta de la habitación cerrarse a su lado, y supo lo que tenia que hacer. Respiró hondo y se dispuso a salir, ya sabiendo lo que le esperaba. Una persecución como nunca antes se había visto en todo el hospital central de Konoha.
La heredera del clan Hyuuga hizo las posturas de manos necesarias, y luego invocó a su keke genkai.
–Byakugan.
Una vez activado su jutsu, partió fuera de la habitación con un solo objetivo en mente: Encontrar, cueste lo que cueste, a Inuzuka Kiba, y hacerlo tomar su medicina.
Shikamaru se sacudió el polvo sobre él, y caminó lentamente hasta llegar frente a la kunoichi experta en armas.
–¿Estás bien? – preguntó, pareciendo preocupado.
–Sí. – contestó ella. – Un poco despeinada, pero...
–¡¡Entonces me puedes explicar, como diablos se te ocurrió darles uno de tus pergaminos a esos niños!!
Luego de su primer grito, continuó regañando a la chica de los moñitos, bastante molesto. Por detrás, Rock Lee intentó hacerle señas al Nara para que se detenga, intentando alertarlo de algo que el no supo entender. De seguro, el castaño no conocía del todo la fuerza del carácter de la kunoichi experta en armas.
De pronto, Tenten soltó un gruñido. Luego apretó los puños. Después, aspiró hondo y llenó por completo sus pulmones para luego, y por último, gritar con todas sus fuerzas.
–¿¿¡¡Y TÚ quien coño te has creído para venir a gritarme a MÍ de esa manera!!??
Todos os presentes, incluyendo a los niños que minutos atrás habían estado molestándola arrojándole barro y robándole su armamento para jugar con él, tragaron saliva y se escondieron donde pudieron de la mirada furiosa de ésta. Los únicos que se quedaron inmóviles fueron los jóvenes de Suna.
–Etto, lo siento Tenten. – se disculpó Shikamaru, rascándose la cabeza en un intento de lucir indefenso.
La joven respiró hondo y, luego de contar hasta diez por lo menos un par de veces, recuperó la compostura. Por detrás de ella, y luego de salir de su escondite tras unos enormes ladrillos caídos en el suelo, vieron a Rock Lee acercándose a ellos.
–Shikamaru, puedo preguntar...– comenzó a hablar, mientras se sacudía también el polvo del cabello. – y no es que quiera ser descortés, pero... ¿Que haces acá? – su pregunta despertó el interés de su compañera. – y, ¿Por qué has traído a Temari-san y Kankuro-san contigo?
Tenten tragó saliva é inclinó la cabeza de lado para poder ver tras el castaño. Sobre unas rocas, sentados y cruzados de brazos, se encontraban nada más y nada menos que los hermanos mayores del Kazekage. Primero, se topó con Temari, quien lucía irritada, confundida y molesta; y luego observó hacia Kankuro, quien le sonreía coqueto mientras guiñaba el ojo, con el rostro ligeramente sonrojado, agitando la mano y con Karasu desatada a su lado.
Shikamaru inclinó la cabeza hasta estar a la misma altura de la kuniochi.
–Es que... vas a tener que ser su guía.
–¿Qué?
–Que vas a tener que ser guía de...
–Ya te escuché. – le interrumpió ella. – lo que no entiendo es, ¿Qué tienes que ver tú en todo esto?
–Mira, Naruto tenía que hacerme un favor para que yo te reemplazara como guía de la delegación de Suna por la ciudad, pero dado que no me va a poder ayudar, y...
En el menor tiempo posible, Shikamaru explicó con lujo de detalles como se había desarrollado el plan de Naruto tanto a Tenten como a Rock Lee, incluyendo el ofrecimiento de éste para organizar la fiesta del cumpleaños de Chouji en el local de Ichiraku. También les contó todo lo que le había costado a Naruto convencer a tantas personas para que movieran sus planes con el fin de ayudarlo a tener a Sakura libre para su cita con él. Por último, terminó contándoles como hacía pocos minutos atrás, tanto él como los hermanos de Suna pasaron por el local de Ichiraku, el cuál encontraron destrozado.
–Y como verás, Tenten. – continuó hablando el castaño. – siendo que Naruto ya no va a poder ayudarme con mi problema, yo ya no estoy en obligación de ayudarle, por lo que decidí traer para acá a Temari y Kankuro para que...
–Perfecto, me voy con ellos. – dijo la joven en tono serio, tomando a todos por sorpresa. – No me quedo ni un minuto más con estos engendros del diablo.
La joven experta en armas se dio la vuelta y, luego de asimilar la idea de tener que soportar lo que quedaba de la tarde con el pervertido hermano mayor del Kazekage, se decidió y se dispuso a dirigirse hacia ellos, hasta que algo la detuvo.
–Pe... pero– intervino Rock Lee, sujetando de la muñeca a su compañera de equipo. – no me pueden dejar solo con todo este lío.
–Pero ese ya no es mi problema, Lee. – contestó ella. – Ahora quien debe venir para acá y apoyarte, es Neji – prosiguió luego de voltearse por completo para quedar frente a su amigo. – yo estaba reemplazándolo, pero ahora que me tengo que ir, deberías ir a buscarlo para...
Se detuvo cuando sintió cómo unos dedos de madera iban avanzando poco a poco por su pierna, subiendo lentamente, intentando inútilmente pasar desapercibidos. En ese momento, una vena se formó en la frente de Tenten, y volteó enfurecida para encarar al responsable de aquello.
–¡¡Quieres con un demonio dejar de hacerme eso!!
Kankuro bufó molesto y, en el acto, soltó sus hilos de chacra.
–¿Aún quieres irte con ellos? – preguntó burlón Lee.
–¿Saben? – intervino Shikamaru. – Tengo una idea mejor.
En el acto, cogió de la mano a Tenten y a Rock Lee y los jaló junto con él.
–Nos vamos.
Los hermanos de Suna tardaron unos segundos en reaccionar.
–Hey, ¿Y nosotros? – se quejó molesta Temari. – ¿Y que piensas hacer con nosotros?
–Ustedes... – se quedó mudo por unos instantes, antes de contestar. Luego volteó a ver el desastre a su alrededor, y a un grupo de niños que ya comenzaban a jugar con los escombros de lo que alguna vez fue el portón principal del orfanato. – Ustedes quédense a cuidar a los niños, no tardaremos mucho.
Antes que pudieran objetar, los tres desaparecieron en el acto.
–Puedo saber, ¿Qué quisiste decir con eso de que "todas se ven iguales"?
Ino se paró frente a donde se encontraba Neji y, colocando las manos sobre las caderas, lo retó a una discusión verbal, totalmente molesta y decidida a todo.
–¿Queee? – tardó unos segundos en reaccionar el aludido, quien estaba más que sorprendido por la forma como lo había encarado la Yamanaka. Jamás en su vida alguien se había atrevido a enfrentarlo de esa manera.
–¿Como puedes decir que todas las flores se ven iguales? – volvió a preguntar ella, con la voz alzada.
Neji se cogió detrás de la nuca con las manos, ladeó un par de veces y respiró hondo, antes de actuar. Luego, apoyó el peso de su cuerpo sobre sus pies, de un solo golpe, se levantó, tomando por sorpresa a Ino, y quedando parado frente a ella, observándola hacia abajo.
–¿Y quien te ha dicho a ti que puedes hablarme en ese tono? ¿Todavía que vengo a ayudarte?
La florista retrocedió unos pasos por el impacto inicial, pero pronto retomó su posición anterior, y avanzó con decisión hacia adelante, obligando retroceder al Hyuuga.
–¿Y tú quien te crees para hablarme a mí de esa manera? a demás, tú viniste por tu propia cuenta, si más no recuerdo.
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La discusión pudo haberse alargado hasta límites insospechados, de no ser porque ciertas personas llegaron a interrumpirles.
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–¡¿A sí?! ¡Bastante genio que resultaste ser!, ¡Si ni siquiera puedes...
–¡¡¿Y crees que acaso esto es de mi interés?!! ¡¡Esto es la cosa más aburrida, inútil y sin sentido que he tenido que hacer en mi vida!!
Se encontraban discutiendo a voces ambos jóvenes, cuando de pronto otros tres shinobis llegaron a la escena.
Shikamaru tosió fuerte, intentando llamar la atención de los presentes, pero no logró mucho.
–¡Y entonces para qué rayos viniste! – gritó enfurecida la rubia.
–Etto, hola chicos. – saludó el castaño, pero fue rápidamente interrumpido.
–¡¿Que por qué vine?! – contestó el Hyuuga, ignorando el saludo del Nara. –¡¿Quieres saber porqué estoy aquí!? ¡Por la culpa del baka de Naruto y sus estúpidas ideas y...!
–Chicos, ¿Podrían dejar de discutir y...? – intentó intervenir Rock Lee, pero también fue ignorado.
–¡¡Y a TÍ quien te manda hacerle caso al idiota de Naruto!! – contestó la Yamanaka. – ¡¡Hubiese preferido hacer esto sola que con la compañía de alguien tan desagradable como tú y...!!
Por detrás, y viendo los esfuerzos inútiles de Shikamaru y Rock Lee por tratar de llamar la atención de los otros dos, Tenten decidió dar un paso hacia adelante y solucionar el problema.
Inspiró hondo y, luego que estuvo preparada, soltó un grito como nunca antes lo había hecho.
–¡¡¿QUIEREN CON UN DEMONIO CALLARSE Y ESCUCHARNOS?!!
Al escuchar el grito de la experta en armas, todos se quedaron callados y escucharon atentos a la kunoichi. Luego de lograr llamar la atención de todos, respiró hondo y recuperó su color inicial. Considerando que ya le quedaba bastante poca paciencia, luego de haber tenido que soportar a los niños más terribles de la aldea de la Hoja, y de haber tenido que lidiar con Karasu, aquel grito resultó más que liberador para Tenten.
–Cof, cof. – tosió antes de continuar. – Venimos hasta aquí porque ha habido un cambio de planes en los arreglos que hizo Naruto el día de hoy. – luego volteó para dirigirle la mirada a Neji. – Y tú te regresas ahora mismo con Rock Lee al orfanato de Konoha, que yo ya no te voy a poder reemplazar.
Luego de las palabras de Tenten, el Hyuuga sonrió satisfecho.
Por su parte, Ino no lucía tan contenta como el chico de ojos blancos.
–Hey, entonces, ¿Quien va a ayudarme? Tendrán que traerme a Hinata si no quieren que yo...
El Hyuuga ignoró las palabras de la rubia y, dándole la espalda, comenzó a caminar hacia donde estaba Lee. Al verlo, recién pudo darse cuenta que éste estaba todo empolvado, con la cara llena de hollín, y con un traje de cocinero medio quemado. Luego volvió a mirar a Tenten, notando recién que ella tenía uno de sus moños medio desatado, y el traje también empolvado. Retrocedió instintivamente hacia donde estaba Shikamaru, para encontrarlo en condiciones similares o hasta incluso peores que las de sus compañeros.
Neji respiró profundo, intentando no imaginarse como los tres pudieron quedar en aquel estado, y en ese momento pudo percibir un leve olor a pólvora alrededor de ellos.
Se vio obligado a preguntar lo que no quería saber.
–¿Y... puedo saber como fue que terminaron así?
–Una larga historia. – comenzó a hablar Shikamaru. – una larga y trágica historia que involucra uno de los pergaminos de Tenten, un encendedor, y un grupo de bellos y angelicales niños que... – cayó para analizar el rostro de sorpresa del Hyuuga, y continuó. – unos bellos niños que te esperan para que vayas a cuidarlos.
El genio del clan Hyuuga abrió los ojos de par en par, sorprendido.
–¿Quieres decir que esos niños...? – comenzó a hablar, cuando fue interrumpido por el Nara.
–¡Ahhh! Por cierto, creo que sería bueno que te prepares, porque hay un par de murallas que deberás reparar cuando llegues para allá.
–¡¿Queee?! – el Hyuuga sintió que se comenzaba a arrepentir.
–Y también hay que agregar la puerta principal, y...
–Pe... pero...
–Y... ahora que lo recuerdo, creo que aún no han almorzado, y...
–Creo que tal vez...
–Y supongo que va a ser necesario que los bañen, luego de la explosión deben haber quedado igual o peor que nosotros...
El Nara sonrió al notar que sus palabras habían tenido el efecto esperado. Ahora Neji ya no lucía tan seguro de querer ir a cumplir su antigua misión, junto con Rock Lee.
Por su parte, Ino se cruzó de brazos y observó con aires de sospecha a Shikamaru, con la duda de saber si algo estaba tramando. Para la Yamanaka, todos los años haciendo equipo con el Nara la habían llevado hasta incluso poder presentir cuándo éste estaba tramando algo, y el tiempo también le había enseñado a confiar en él.
–Shikamaru... – comenzó a hablar. – Entonces, ¿Que propones que hagamos?
–Bueno, creo que ya sé a donde debemos ir.
Giró hacia el horizonte, hacia donde se encontraba la ciudad, y partió hacia un punto en particular, con todos los demás tras él.
–Naruto... – llamó por tercera vez Sakura a su compañero, sin mucho resultado.
El rubio continuaba en su propio mundo, sin saber como solucionar el problema de su cita. "Y ahora, ¿Que voy a hacer?", se preguntaba una y otra vez, sin obtener una respuesta.
Por su parte, la Haruno ya estaba comenzando a hartarse de la no reacción del portador del Kyuubi.
–Naruto... – volvió a llamarlo otra vez, esta vez con un tono de voz ligeramente irritado.
Nada.
–Na...ru...to... – apretó los puños y un par de venas brotaron de su frente. El tono de su voz sonó más atemorizador que antes.
"¿Y si la llevo a...? No, no le va a gustar", continuó en su propio mundo el shinobi más hiperactivo de toda la aldea de la Hoja, más inmerso en su mente que nunca, y sin hacer caso al llamado de su compañera, que casi lo estaba despedazando con la mirada.
–¡¡NA... RU... TO!!! – esta vez el grito de la chica sonó con una fuerza tal, que logró llamar la atención del rubio.
Naruto saltó de golpe ante el grito de su compañera y amiga, llevándose tremendo susto, y ganándose un buen golpe al caer duramente al suelo, de cabeza.
Esta vez, no hizo falta que la Haruno lo rematara con el golpe de gracia.
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–Bueno, ahora que por fin me estas prestando atención... – comenzó a hablar la chica de cabellos rosados. – te estaba preguntando... ¿Ahora que vamos a hacer?
–Es que... – habló torpemente el rubio, sin una buena respuesta que darle. – yo...
Se rascó la cabeza y soltó una sonrisa zorruna, de pura inocencia. La verdad, es que no tenía un buen plan en mente.
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1 minuto después...
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2 minutos después...
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Media hora después...
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De pronto, una idea surcó la vacía y solitaria mente del shinobi, justo cuando comenzaba a agotarse lo poco que le quedaba de paciencia a la Haruno. (Y justo antes que lo mandara a volar de un golpe)
– ¡Ya sé donde podemos ir!
En un arranque de espontaneidad, Naruto cogió la mano de Sakura, y partió a toda prisa, con dirección hacia la ciudad,
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En el suelo, donde segundos atrás estuvieran un par de shinobis adolescents, quedó olvidada una cesta de comida.
Fin del capítulo 4.
Gracias a todos por sus comentarios y por apoyar la historia. Disculpen la tardanza.
Se que este capítulo puede haber sido algo confuso, con muchos hilos y muchas partes, pero en el siguiente capítulo se unirá todo en una sola línea temporal, para hacerlo más fácil de leer.
Saludos.
