¡Holi!
Sí, sí. Ya sé que había dicho que publicaría cada sábado. Es que no tengo la culpa de tener una familia numerosa y que cada semana hagan fiesta por cualquier cosa, así que yo creo que de ahora en adelante, las publicaciones serán en viernes.
Mil gracias por sus reviews, ahora sí me dejaron más a comparación de la vez anterior: luz lozano, Aliss-chan, ziram, Mari, Poli, Guest, CarlosKelevra88, Haruri Saotome, AbiTaisho y nancyricoleon. Me hacen ver que no lo estoy haciendo tan mal.
Por cierto, les tengo un regalito de Navidad, un one-shot de esta pareja preferida acorde a estas fiestas. Se los regalaré el próximo viernes. Bueno, vamos a lo que venimos. ¿Ya prepararon su bebida favorita? Yo ya tengo mi café.
¡A leer!
Capítulo cuarto.
Había llegado a Nerima hace un par de días para descansar un poco del ajetreo de las sesiones de fotos, conferencias, modelos, artículos y demás cosas editoriales con las que luchaba todos los días.
Escuchaba a lo lejos los gritos de los adolescentes que estaban practicando en el dojo, con su guapo y fornido profesor, alto, musculoso, de piel tostada por el sol, dentadura prefecta y cabello castaño sedoso. Ese, al que le habían vendido el dojo por una cuantiosa suma de dinero.
De cierta forma estaba agradecida por haber vendido el dojo, sin ese dinero no hubiera salido nunca de su casa ni mucho menos podía haber cursado la universidad. Sin embargo, no se atrevía a pisar el dojo, sólo de ver la puerta la entraban ganas de gritar histérica. Le traía muy amargos recuerdos y casi todos relacionados con Ranma.
Salió al jardín para hacer una pequeña rutina de estiramientos y relajación, aunque con todo el griterío del dojo era imposible concentrarse, le provocaba ansiedad y le daban ganas de entrar gritando que dejaran de hacer escándalo, hasta parecía que no tenían la más mínima intención de dejar de restregarle en la cara que ellos sí podían practicar las artes y ella no.
Pasaría a la florería y como siempre hacía cada vez que regresaba a Nerima, iría a visitar la tumba de sus padres, dejando un freso y hermoso ramo de crisantemos blancos. Iba de regreso al dojo después de ofrecerse a hacer un encargo de Kasumi. Sin embargo, no esperaba encontrarse a una persona después de tantos años.
— ¿Akane?
La Tendo menor se paralizó. Esa voz la reconocería en cualquier sitio. Pero realmente no lo se le antojaba nada voltear. Soltó un suspiro de resignación y lentamente dio media vuelta para ver a su interlocutora.
Y la vio.
Los años habían hecho mella alrededor de sus ojos y finos cabellos grisáceos pintaban su castaño cabello, no lo negaba, no dejaba de verse hermosa la señora.
—Señora Saotome.
Nodoka la había visto desde lejos pero no creía que fuera ella, la recordaba más vigorosa y no tan delgada. Hasta que la vio salir de una tienda de alimentos varios, se fijó mejor en esa muchacha de cabello liso y azul. Era su ex nuera.
No pudo evitar sentirse emocionada al verla. A pesar de su evidente disminución de peso, la veía preciosa. Tenía ansias de llamarle a su hijo y decirle que Akane estaba de nuevo en el barrio, pero decidió esperar y ser paciente con aquella chica tan linda.
—Vamos, linda. Por favor dime tía.
—No creo que sea necesario llamarla de esa forma puesto que cualquier relación con usted ya no existe.
Nodoka Saotome, desconcertada, la miró como si fuera un bicho raro. Le había hablado con demasiada propiedad después de tanta familiaridad con la que se habían tratado hace algunos años. Le restó importancia y la invitó amablemente a su casa a tomar un té y charlar un poco.
—Agradezco su invitación, señora Saotome —hizo una leve reverencia— pero tengo que llegar a la casa de mi hermana.
—Oh, vamos hija, hace años que no te veo y de verdad, me gustaría conversar contigo —. Vio la negativa que iba a tener Akane pero se le adelantó— por favor, sólo una taza de té, puedes llamar a tu casa para avisar que llegarás un poco más tarde.
Akane notó las esperanzas que se formaba la señora frente a ella y resignada, terminó aceptando la invitación.
Fueron caminando casi en silencio, Nodoka intentaba hacerle la plática con frases escuetas pero Akane sólo respondía con monosílabos. Llegaron a su casa, un poco más grande probablemente gracias a Ranma y suplicó en silencio que ese hombre de ojos azules no estuviera en la casa.
–Lástima que mi hijo no está para que se saludaran— le dijo como si adivinara su pensamiento.
Akane no resistió echarle una mirada de odio a la señora Saotome por su imprudencia, ésta ni se inmutó. Nodoka, servicial y buena anfitriona como siempre, preparó té y galletas para amenizar la charla. Akane sólo se limitó a tomar el té, no tenía hambre realmente.
—Estás… estás tan bonita, cariño. Los años te han hecho bien, sólo no me gusta verte tan delgada, ¿has comido bien?
Y como si de una bomba se tratara, esa fue la chispa que terminó por encender la paciencia de Akane.
—Sí… señora. Sólo es la presión del trabajo.
—Pues deberías cuidarte más, tal vez tomarte unas vacaciones, venir a comer con nosotros y recordar viejos tiempos…
Akane empezaba a sentir como le punzaba la occipital, apretaba fuertemente la taza de té a medio terminar entre sus manos mientras escuchaba a la madre de Ranma parlotear sobre una visita cuando Ranma también estuviera presente. La posibilidad de reunir nuevamente las escuelas ahora que Akane había regresado.
Salió a la luz la muerte tan repentina de Soun y cómo lamentaba el hecho que ahora no estuviera con ellas. Preguntó el por qué de su desaparición y que no volviera a hacerlo para que no se aleje más… Y la bomba explotó.
— ¡Señora Saotome! —Akane había casi roto la taza de té al azotarla sobre la mesa — Quiero dejarle en claro algunas cosas así que espero que ponga atención. No regresé a Nerima para quedarme, no me interesa en absoluto recordar "viejos tiempos" en los que su hijo no paraba de parlotear cada uno de mis defectos que ni siquiera yo veía y me pudre que me recuerden la muerte de mi padre. Si la vuelvo a encontrar en la calle me limitaré a un saludo y nada más, es hora de que se resigne a que no atenderé una tradición medieval en pleno siglo veintiuno.
A este punto, Akane se había puesto de pie y caminado a la puerta, se giró sólo para dedicarle una despedida a Nodoka.
—Un placer haberla visto. Permiso. —cerró con un portazo.
Pero era más la necesidad de Nodoka porque esa chica de acercara de nuevo a su familia y a la que pudo haber sido. Así que sin demora se apresuró a abrir de nuevo la puerta y gritar el nombre de Akane para que no se fuera.
— ¡Akane! ¡Espera!— Tendo sólo se detuvo sin ganas de voltear. —Espera, hija. Perdóname, es sólo que… de verdad me da muchísimo gusto verte de nuevo, después de tantos años. Sabes que siempre te consideré como la hija que nunca tuve.
Akane de inmediato se arrepintió de haberle hablado así, es que inevitablemente la señora le recordaba mucho a Ranma, sólo había que ver sus ojos para encontrarlos iguales. Se giró.
—Perdóneme usted a mí. Es sólo que me abruma que me recuerden tantas cosas. —se acercó a ella para quedar de frente.
—Creo que fue muy precipitado de mi parte tratar de adentrarte de nuevo en "nuestro" mundo. — la miró, y notó que esa chica que tenía enfrente sólo portaba retazos de la Akane que fue algún día.— No sé cómo te haya ido, no sé lo que has hecho, ni tampoco si incluso ya tienes pareja, pero… sé que no habrá alguien mejor para el bruto de mi hijo.
A Akane le hizo algo de gracia que la señora se refiriera así a Ranma.
—Tienes razón. Lamento que esto de que la unión de las familias no se haya hecho. Eres ya toda una mujer y cualquier decisión que tomes será respetada. Aunque sea no me quites las ganas de que me llames tía. — Terminó viéndola a los ojos con un infinito cariño maternal.
Se le ablandó el corazón, sabía por carne propia del cariño que sentía la señora por ella, y aunque no quisiera reconocerlo, Akane también guardaba mucho aprecio por Nodoka. Suspiró derrotada, por esta vez cedería un poco. Sólo un poco.
—Con una condición. —la señora Saotome se desconcertó. — Que no trate de interceder entre su hijo y yo. Tengo muchos planes en mente y créame, en ninguno está él.
A Nodoka le entristeció que ni siquiera mencionara el nombre de Ranma. Sabía de buena mano que ella se había alejado para olvidar todo lo que le recordara a su estúpido hijo. Y de vez en cuando le entraban ganas de zarandearlo, abofetearlo y picarlo con su katana por ser tan imbécil.
Y razón había tenido en decirle que era ya toda una mujer, profesionista e independiente. Con casa propia y bienes materiales sólo para ella. Akane había avanzado, y mucho. Al parecer no le había hecho falta tener a Ranma a su lado. Le entristeció profundamente que Akane estuviese haciendo su vida completamente ajena a los Saotome y los Tendo.
Akane había prendido vuelo, y tal vez era tiempo de que Ranma hiciera lo mismo. Hay cosas que por más que se deseen, no se pueden tener. Tal vez debería hablar con Ranma seriamente y decirle que dejara todo por la paz. Si no fue en esta vida, será en otra. Casi le dan ganas de llorar al darse cuenta.
—Está bien, hija.
—Te lo agradezco… tía.
Nodoka no se resistió a darle un gran abrazo a Akane, quien la aceptó con gusto. Y se sintió tan bien. ¿Hace cuánto tiempo no recibía un abrazo tan reconfortante? ¿Un abrazo que la hiciera pensar que todo iba a estar bien? Sintió un leve escozor en los ojos, seguro se le había metido una basurita.
-oOo-
¿Asesina serial? ¿Verdugo de la Santa Inquisición? ¿Mandó matar a un imperio entero?
Algo seguro muy malvado tuvo que haber hecho en su vida pasada como para merecer esto ahora. Ni siquiera se había dado cuenta en qué momento la situación se tornó tan irreal.
Sólo sabía que estaba por salir de su oficina (¡por fin salía temprano!) para dirigirse a su casa en su flamante y amado Audi, para poner la tina y darse un baño de burbujas, escuchando a Nina Simone y bebiendo una copa de Möet. ¡Sólo eso quería! Si pudiera, ya se hubiese dado un tiro en la cabeza.
Incluso salivaba de lo exquisito que se veía eso en su mente. En cambio estaba ahí, metida en el elevador atascado justo entre el piso 10 y 11 nada más ni nada menos que con…
—Ranma, ¿se puede saber qué estabas haciendo afuera de mi oficina? — preguntó hastiada.
—Ya te lo dije, Akane. Sólo quiero invitarte a comer. — contestó como si nada.
Y por si su suerte no fuera ya pésima, el muy desgraciado justo hoy se veía muy bien. Bueno, bastante bien. ¡Ok, ok! Se veía guapísimo el infeliz. Con ese pantalón de vestir negro que le entallaba perfecto en su trasero. Su trasero bastante bien formado, redondito… no había resistido la tentación de mirar su trasero disimuladamente en un descuido de Ranma.
¡Ah! Maldita sea, Akane. ¡Contrólate, estúpida!
Casi le daban ganas de echársele encima como loba enrabiada y morderle una nalga. Y esa camisa azul cielo que le quedaba como segunda piel, detallando perfectamente las líneas de sus bíceps excelentemente bien proporcionados, delineando sus anchos hombros y su inmensa espalda.
Con las mangas remangadas en dobleces perfectos y ese par de botoncitos desabrochados a la altura de su pecho… parece que los focos que iluminaban el interior del elevador producían mucho calor, claro, de lo contrario no se explicaba el bochorno que comenzaba a sentir.
Alejó la mirada unos segundos, pero regresó la vista al objeto de sus deseos, tratando de examinar otros detalles que no fueran el escultural cuerpo de su compañero de elevador. Tenía las manos metidas en las bolsas del pantalón. Miró el reloj de su mano izquierda, Náutica alcanzó a leer.
Miró sus zapatos negros boleados, italianos probablemente. Casi podía jurar que todo él estaba vestido por Hugo Boss. Su tiempo de experiencia siendo editora de una revista de moda no la dejaban engañar. Al parecer, Ranma había sido productivo en todo este tiempo como para vestir ropa cara.
Observó el mismo punto que Ranma estaba mirando.
Ranma tenía la vista fija en el indicador del piso, viendo la lucecita parpadear entre los números 10 y 11. Ok, era su intención quedarse a solas con Akane pero no precisamente de esta manera. Tenía que luchar interminablemente hasta que a la caja de metal se le ocurriera funcionar y no claudicar en el intento de no hacerla de lobo feroz para arrojarse sobre caperucita.
¡Es que por favor! Akane estaba exquisitamente vestida. Con esa falda lápiz de un gris Oxford entallando celestialmente sus caderas. Cuando la vio salir de su oficina, quedó anonadado, pero al cederle el paso hacia el elevador, la vista de su trasero fue mejor.
Loa altos tacones color vino de Akane marcaban el compás de su cadencioso caminar resaltando su bien formado derrière. A Ranma se le había hecho agua la boca. Y esa blusita de gasa del color de sus tacones dejaba entrever pedazos de su blanca piel entre las transparencias de la prenda. Y por si eso fuera poco, sus jugosos labios estaban pintados de un rojo sangre bastante seductor.
Estaba divina. Preciosa. Deliciosa.
Y mejor dejaba de buscar sinónimos o de lo contrario sus pantalones comenzarían a apretar, de vez en cuando daba una ojeada al delgado cuerpo de Akane. Por todos los dioses, le iba a dar un colapso. Le urgía tenerla entre sus brazos y sentir sus curvas pegadas a las suyas…
—Oh, no.
De pronto, las luces del elevador comenzaron a parpadear y en cinco segundos, ya no había luz.
—Genial.
Ante el suspiro de resignación de Akane, escuchó cómo poco a poco iba bajando al piso y el sonido de la tela de su ropa hacer fricción con la pared del elevador. Oyó cómo se sentó en el piso y dejó la bolsa también de cualquier manera.
—Esto va a tardar.
Ranma lo tomó como una invitación a también tomar asiento. Se agachó y apoyándose con la mano, se recargó en la fría pared del elevador y esperó a que algo sucediera. Por lo regular no era de las personas que se quedaran calladas, es más, había ocasiones en las que hablaba hasta por los codos.
Pero ahora realmente no se le ocurría absolutamente nada qué decir. Estaba algo abrumado, un tanto por lo hermosa que se veía Akane, otro tanto por su porte. Era extraño, pero a pesar de ser menuda, tenía una presencia notable.
Su forma de caminar, tan recta y elegante. Su forma de hablar, educada y sólo lo necesario. Incluso la manera en la que mueve las manos. Como su estuviese hablando ante un público exigente.
Se deprimió un poco al notar que Akane era una mujer exitosa, trabajando en un muy buen puesto para una revista internacional. No es que no estuviese orgullo de ella, sino que no estuvo ahí para ver sus éxitos.
— ¿Y ahora, por qué tan callado? —la voz aterciopelada de Akane le llegó a los oídos. Incluso el tono de su voz había cambiado, no era tan aguda como en la adolescencia.
—Nada, estoy tratando de encontrar algo para decirte y que no eche a perder la ocasión— dijo Ranma sin pensar. Aunque la verdad era esa.
No escuchó nada más que la calmada respiración de ella. A los segundos escuchó que rebuscaba en su bolsa. Enseguida su lindo rostro fue iluminado por la pantalla de su móvil. Detalló la línea recta de su naricita respingada y las sombras que marcaban los ángulos de su mandíbula.
—Estupendo, no hay señal. — Akane echó hacia atrás la cabeza y al recargó en la pared. Soltó un suspiro. — Y… ¿a qué te has dedicado éstos años?
Ranma quedó estupefacto, no era normal (nada normal) que Akane se mostrara interesada en su vida. O tal vez lo hacía para pasar el rato en lo que la gente de mantenimiento los sacaba de ahí.
—Ah… pues viajé a China, al fin encontré cura a la maldición.
— ¿Se restablecieron las pozas?
—No, de hecho me curé de otra forma. En un templo, un monje me explicó que había más caminos para llegar al destino deseado… o algo así me dijo. Me curé con meditación y brebajes. — Ranma le habló a la oscuridad.
—Vaya, así que las pozas siguen igual.
—Sí, no se sabe si algún día se restablecerán.
—Me alegro que hayas terminado con tu maldición. —el tono con el que fue dicho reflejaba lo contrario. Se notaba un tanto amarga.
—Gracias.
De nuevo el silencio cayó como miles de rocas entre ellos. De lejos escuchaban las manecillas de sus relojes correr en los minutos. No aguantando la curiosidad, Ranma fue el siguiente en preguntar.
— ¿Cómo fue que aprendiste a hacer eso?
— ¿El qué?
—Tu aura.
—Ah.
Fueron un par de minutos en lo que Ranma no sabía qué era lo que ocurría. No sabía si Akane se había molestado con la pregunta o si simplemente no quería responder. Estaba perdiendo la esperanza de que ella le platicara aunque sea un poco de su vida. Tal vez no era momento de preguntar.
—Cologne.
Fue la única palabra que escuchó como respuesta a su cuestión. Al instante empezó a surgir de las manos de Akane una bola de energía que emitía una luz azulada muy tenue, pero lo bastante intensa como para verla perfectamente. Se sorprendió aunque no lo demostró. Simplemente se quedó callado y esperó a que ella se decidiera a hablar.
—Hace siete años, Shampoo me dejó en coma. Por ella es por lo que necesito tomar esas pastillas.
Ranma apretó los puños incómodo. Se sintió repentinamente cabreado. Él miraba fijamente la bola de energía que Akane había creado, suavemente, ella empujo la luz hacia adelante para que quedara justo al centro iluminando la pequeña estancia. Saotome se quedó hipnotizado viendo la bola de luz flotar en el aire. Akane lo estaba controlando. Lo notaba en la mirada concentrada de ella y en la estabilidad de la bola de energía.
—Se volvió loca. Fue después de la muerte de mi padre. Mucho tiempo estuve en trance, y ese fue uno de esos días. No hice nada para defenderme.
Ranma escuchaba atentamente, la voz de Akane era neutra y atrayente. Se imaginaba más o menos lo que había sucedido, pero era muy diferente el que ella lo relatara.
—Es más, yo misma quería que me matara.
Ranma se estremeció, la muerte de Akane no era algo que entraba dentro de sus planes de vida, y si así hubiese sido, él la seguiría.
—Sobre el tío Soun… me impactó. — Y era verdad, Ranma sentía una gran estima por ese señor que se comportó más como un padre que el propio.
—Si hubiese cedido a sus deseos, seguiría aquí conmigo.
—No lo podrías adivinar, él ya tenía problemas de salud. —Ranma se mordió la lengua, se supone que él no sabía nada de eso.
Hubo un instante de silencio entre ambos. De reojo, él la miraba a ella, tan abstraída. Tan guapa. Tan destrozada.
—Y después siguió todo lo demás que Kasumi te enseñó de mi historial clínico.
— ¿Cómo sabes…?
—Mi hermana es bastante predecible.
Otro momento de silencio cayó sobre ellos. Akane ya no se veía con muchos ánimos de seguir hablando pero Ranma y su naturaleza curiosa, hicieron presencia para seguir preguntado.
—Entonces… ¿la abuela te enseñó a utilizar tu aura?
—Fue a modo de compensación y disculpa porque su nieta casi me deja parapléjica.
El tono amargo con que el Akane hablaba dejaba a Ranma un disturbio en su interior, era el reflejo exacto de cuán dañada estaba ella, tanto física como mentalmente. Y Ranma se juró a sí mismo, que él la iba a curar, que él sanaría todas esas heridas internas para cambiarlas por felicidad, volcándole todo ese amor infinito que sentía por ella.
Entonces no se había dado cuenta de lo grande que era el amor que le tenía a la dueña de esos ojos miel, sorprendiéndose él mismo por su descubrimiento. Y como adolescente, se sonrojó.
Miró que Akane apoyaba las manos en el pasamanos que tenía detrás, con premura, Ranma se levantó para ayudarla a pararse.
—Dios, me siento anciana, —Ranma carcajeó un poquito por el despunte de ella. — Te recomiendo que te sostengas.
— ¿Por q…? ¡Aahhh!
No se dio cuenta en qué momento habían llegado ya a planta baja, las puertas del elevador se abrieron y una Akane tranquila caminaba de forma parsimoniosa hacia la salida, con bolso y celular en mano,
Ranma, con los ojos como platos y pegado a la pared del cubículo trataba de regularizar los latidos de su corazón. Habían bajado los diez pisos en dos segundos. Entendió. Akane bien pudo haber hecho que el elevador bajara desde que se había atascado, pero no lo hizo. Se quedó ahí, con él, hablándole de un pasado doloroso.
Irremediablemente, Ranma se sintió pletórico, feliz y poderoso. Debía ser paciente, poco a poco esa chica Tendo se abriría con él, y entonces él le daría felicidad a manos llenas. Salió del elevador siendo auxiliado por empleados de la revista mientras la gente de mantenimiento revisaba los desperfectos.
-oOo—
Era la… ¿cuarta, quinta copa? No importa, igual la estaba pasando bien.
—Ja.
Ya sentía los dedos de las manos arrugadas por la casi hora que estaba metida en el agua de la tina. Incluso la lista de reproducción que ella había grabado de Nina Simone iba por la tercera vuelta.
Sonaba Feeling good como un cántico burlesco. Como si Nina le estuviese escupiendo la letra de la canción en la cara. Era de sus canciones favoritas pero hoy, justamente hoy odiaba interminablemente la canción.
Sin embargo, el haber presionado el signo de repeat en la pantalla táctil de su reproductor, no era en absoluto alguna forma de masoquismo. No, claro que no. Simplemente el sentirse una minúscula basurita en el mundo era cosa de todos los días.
Así que no tenía por qué pensar que era una completa estúpida por haber dejado que Ranma inmiscuyera tanto en su vida. Hay ocasiones en las que no debes ser entrometido pero bueno, estaba hablando del buen Ranmita.
No seas absurda, tú le respondías.
¡Oh! ¿Pero desde cuándo se había instalado esa molesta vocecilla dentro de su cabeza? ¿Acaso era una especie de Pepito Grillo que POR FIN hacía su aparición? No. No,no. Era una especie de ente demoniaco que aparece cuando se le da la gana pintándosele en el rostro una sonrisa de gato Cheshire.
Sólo que éste en lugar de hacerle conversaciones filosóficas, le jode la vida.
—Qué deprimente.
El Möet ya le estaba haciendo efecto. Aún estaba lo suficientemente sobria como para mantenerse erguida dentro de la tina pero no estaba lo suficientemente ebria como para que le causara gracia el espectáculo de la tarde.
Ella. Ranma. Un elevador atascado. Y ella prefirió contarle retazos de su vida. Genial.
No podía dejarse caer. No ahora que había escalado sola tan alto. No podía permitirse un segundo más de debilidad ante él. Porque ni con todo su porte de Adonis, ni con su rostro y cuerpo perfectos, ni con su voz ronca y varonil ni mucho menos con ese par de ojos del único azul que a ella le gustan, Akane dejaría de ser la mujer fuerte e independiente en la que se había convertido.
Akane Tendo debe mantenerse firme. Bueno, lo que pudiera.
— ¡Carajo!
La copa de cristal terminó estrellándose en una de las esquinas del baño, provocando una pequeña marejada dentro de la tina mojando el piso alrededor. El pinchazo de dolor pasó como ráfaga por su columna, aferró las manos al borde de la tina bufando para disminuir el dolor. Ahora venía el viacrucis hasta las jodidas pastillas.
-oOo—
Por fin recibía su título de maestría. ¡Por fin! Después de casi 6 años de estudios, desveladas y días sin poder dormir, podía sentir que el pecho se le henchía de puro orgullo.
Se sentía pletórica. Con su reconocimiento por excelencia académica en la mano izquierda y el diploma en la derecha, posaba con amplia sonrisa hacia la cámara que traía cargando Ukyo. Después de haber tomado unas veinte instantáneas con sus otros compañeros graduados, dejo relajar la mandíbula de tanto sonreír.
Se sentía feliz, claro, pero no quería que su mandíbula se quedara trabada. Sigilosa de deslizó de entre su grupo de compañeros que seguían dándose abrazos y diciéndose felicitaciones para acercarse a su amiga Ukyo, que ahora que lo pensaba dudaba que de verdad fuera su amiga.
—Uky…
Kuonji de inmediato se estremeció, sabía que Akane le reclamaría y se enojaría con ella por no hacerla partícipe de la noticia. Pero ella era muy, muy perceptiva y observadora. Así que cualquier cosa que Akane le dijera, ella le haría callar.
— ¡Kane!— se lanzó a abrazarla —por fin eres maestra.
—Dime sensei, por favor—. Apuntó Akane orgullosa.
—Jajaja. Egocéntrica. — se separó de ella para dedicarle una sonrisa.
—Aprendí del mejor. — con un movimiento de cabeza, apuntaba hacia una de las esquinas del salón de conferencias
Ukyo de inmediato se sintió mal por haber traicionado a su amiga. Bueno, ni tanto.
—Perdón, Kane, es que me insistió mucho que tuve que conseguirle una lugar. Además, ¿no crees que se sienta orgullo de ti? — preguntó picarona.
—Mmhh… —Akane bufó. No tuvo más remedio que acercarse a Ranma para agradecerle haber asistido.
A cada paso que avanzaba, sentía un poco más blandas las piernas, con las decenas de personas que se habían juntado en el recinto, no lo había podido ver bien.
Se le veía tan apuesto con ese traje gris oscuro sin corbata y su camisa de un rosa pálido. Su pose desenfadada, recargado en la pared y con las manos en los bolsillos de su pantalón lo hacían verse de infarto. Parecía modelo de Valentino.
—Hola. — por respuesta recibió que Ranma tomara su mano delicadamente para besar sus nudillos con elegancia. Sintió la mano cosquillearle al sentir el contacto con sus labios carnosos.
Por un segundo se imaginó esos mismos labios recorriéndole la espalda desnuda y luego…
Relaja tu libido, Tendo.
Por esta vez agradeció la intervención de esa vocecilla chillante.
—Muchas felicidades por tu triunfo profesional. Déjame decirte que estás divina. — y lo estaba, el vestido entallado a medio muslo y blanco por completo, lo decía. El cintillo dorado marcaba aun más su diminuta cintura.
—Gracias, también estás muy galante.
— ¿Qué te parece si te invito a cenar?
Akane no se sorprendía, inconscientemente se desilusionaría en caso de que Ranma no le hiciera la invitación. Sopesó la opción de ir y no ir,
No ir.
Implicaba quedarse con sus amigos, planeando tal vez una noche de copas, bailando y poniéndose alegres con alcohol en sus cuerpos. Se divertiría, eso estaba claro, incluso podía terminar en una buena sesión de sexo con algún tipo interesante que encontrara en el bar o con Souta.
El problema de todo ello era la resaca del siguiente día, sus nulas ganas de levantarse a hacer algo productivo, las lagunas mentales y muy probablemente los dolores en la columna regresarían.
O ir.
No lo tocaría, si sólo al tenerlo cerca entraba en calor, no quería pensar si lograba tener contacto con su piel. Ella llevaría la conversación, cuidando de que Ranma no se pasara de curioso ni ella de accesible.
Además, aprovecharía para ponerle fin a esa situación y decirle adiós a Ranma de una vez por todas. Que regresara a su vida y tomara su camino, que ella ya había hecho el suyo, incluso él mismo estaba ahí presenciando su éxito profesional.
Que si alguna vez existió un "nosotros" ahora ya no quedaba ni el fantasma y que por el respeto a la camaradería que se tenían en la adolescencia, era mejor dejar las cosas por la paz. Así ella podría continuar con su vida solitaria sin recibir mentiras ni sinsabores.
Demasiado había pasado ya como para también soportar una relación estilo Tendo-Saotome y eso, eso sería el colmo.
No lo niegues, Akanita. Te mueres por estar con él.
Se sobresaltó. ¿Desde cuándo esa voz molesta se tomaba la libertad de llamarla en diminutivo? Y NO se moría por esta con él. Tenía que terminar eso de una vez antes de que las situaciones (o ella) se salieran de control.
Hablarían de cosas triviales y nada más. Sí, sólo eso.
—Está bien.
Ranma sonrió.
-oOo-
Akane estaba anonadada, era la primera vez que veía a Ranma cenar de manera decente. Se tomaba su tiempo para saborear cada bocado, incluso pensó que trataba de adivinar cada ingrediente utilizado en el platillo. Conversaba con ella de cualquier cosa entre los tiempos de la cena.
Ella sólo lo veía de vez en vez a través de su copa de vino, sorprendiéndose también del buen gusto de maridaje. La vez que ella necesitó ir al tocador, Ranma se levantó de su asiento para jalar la silla y así Akane saliera sin complicaciones.
Le habló a ella de todo lo que hizo en China, de su entrenamiento, de sus torneos casi no habló, pareciera que no quería tocar ese tema con ella, y a ella sinceramente ya no le importaba si hablaban de artes marciales.
Le platicó de la pequeña cadena de tres dojos que tenía en China y que muy pronto podría abrir uno en Japón. Sorprendiéndose así también de lo bueno que resultó ser para los negocios. Tan bruto que lo veía en la adolescencia.
Incluso le dijo que ya tenía su propio patrimonio, una casa grande del estilo clásico japonés, con un dojo propio, terraza, sala de té y un sinfín de cositas extraordinarias que tenía esa casa, y que sorprendentemente, no había dormido en ella ni una sola noche desde que la compró, según él, no lo haría hasta que formara su propia familia.
Y al pronunciar "propia familia" los ojos de Ranma cayeron en los de ella, hipnotizándola con esa voz grave y sensual que parecía acariciarle los oídos. La estaba seduciendo, lo sabía.
¿Se te está saliendo de las manos?
Oh, mierda.
Lo que ella necesitaba era que ese sexy troglodita que tenía enfrente se comportara como el imbécil patán que fue a sus dieciséis y así le fuera más sencillo mandarlo a volar. No que le mostrara ese espectacular y encantador ejemplar de hombre de negocios.
No puedes evitarlo, Akane.
Claro que lo podía evitar si ella quería.
El quid de la cuestión es que no quieres.
Sí, quiero.
Y lo sabes.
Basta.
— ¿Sucede algo?— Ranma notó que Akane ya no le ponía atención, tenía la mirada perdida y su ceja izquierda temblaba de forma imperceptible.
—No, no, perdón. Recordé unas cosas del trabajo—. Movió la mano quitándole importancia al asunto.
Ranma, a veces, era estúpido con algunas cosas, pero en el transcurso de los años había aprendido a leer los gestos de Akane como libro abierto.
Algo la alteraba, de eso estaba seguro, y también estaba casi seguro de que era por él. Estaba tratando de entrar en su mente como un encantador de cobras, para así hacerle saber a ella que con él, estaría siempre bien.
Miraba su rostro de porcelana, sus mejillas levemente coloreadas y su cabello oscuro contrastando con su mortecina piel. Los labios rojizos y carnosos pegados al borde la copa bebiendo el líquido escarlata que los mojaba con extrema exquisitez.
Esperaba terminar pronto esa tortura que lo estaba haciendo pasar. Ahora sí deseaba que ella lo mandara al demonio para que no hiciera un espectáculo. Lo estaba matando ver la piel descubierta de los muslos de Akane. Le picaban las manos y se relamía los labios.
Terminaron (por fin) la cena y Ranma en su auto, llevó a su casa a Akane sin siquiera preguntarle. Akane trataba de ir tranquila, pero para ser sincera con ella misma, esperaba que Ranma en un ataque de lujuria le arrancara la ropa y le hiciera el amor ahí mismo en el auto.
Permanecieron en silencio todo el camino, sólo la música del reproductor cortaba el silencio en el ambiente. Cuando llegaron a la casa de Akane, ella estaba que se quemaba por dentro, incluso empezó a palpitarle el sexo y sus bragas ya las sentía húmedas. Deseaba infinitamente que Ranma se fuera para subir como torpedo a su habitación y darse una ducha fría.
—Bueno, aquí… aquí te dejo—. Ranma no estaba en mejores condiciones, incluso se había quitado el saco. Esperaba que ella se metiera a su casa y así poder irse a dar una "mano" al llegar a la suya.
—Sí, eh… gracias por la cena. Estuvo muy bien.
Akane dio media vuelta y sacó las llaves de su bolso, le temblaban las manos y de tanto no poder atinarle al cerrojo, tiró las llaves por reflejo del nerviosismo.
—Permíteme—. Ranma se acercó y se agachó a recoger las llaves. Las puso de nuevo en las manos de Akane.
Ella sudaba frío. Él parecía impasible, aunque estaba al borde del colapso.
Akane logró abrir la puerta de su casa, dio un paso y se quedó estática. Apretó los ojos fuertemente y al segundo, aventó las llaves y su bolso de cualquier manera por la sala.
—A la mierda.
Akane se lanzó a devorar la boca de Ranma.
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¡Oh mai gá! *se abanica*. Esto está que arde. ¿Qué creen? ¡Lemon inminente pequeñines de mente pervertida! Así es, y estará bastante subido de tono, así que váyanse preparando porque se va a poner bueno el asunto.
Un punto que me gustaría tocar. ¿Y Ryoga? Bueno, no es que no lo quisiera meter en la historia, es que ya iba bastante avanzada cuando lo recordé. ¡Jo! A parte, no creo que haga mucha falta.
He estado pensando en otra historia que tengo en mente, sería un universo alterno. Aún no he empezado a escribirla pero ya tengo la idea más o menos planteada.
Bien, pues hasta aquí llega este capítulo, estamos entrando a la recta final de la historia, así que espero que me sigan acompañando hasta el final, aquí abajito dice "review", píquenle ahí y díganme qué les está pareciendo. Nos vemos en la próxima.
¡Besitos!
Ale Kou.
