N/A:
¡Hola mi gente linda! ¿Cómo están ¡Espero que esos Reyes Magos se hayan portado bien con ustedes y les hayan traído muchos regalos! No como a mí, que no me trajeron nada :'( ¡Y yo que me había portado también este año, trayéndoles capítulos y nuevos fics! ¡Baka, Reyes magos! :'( xDD
Bien, aquí les traigo un nuevo capítulo, creo que más largo que el resto (?) casi llega a las 5, ooo palabras! xDD Y prepárense que es muy Angs, aunque al final, para bajar todo eso, les puse un poquito de comedia ( a ver como me sale, xDD ;)
DEDICADO:
Pues resulta que el fic (oneshoot) pasado, que se lo dedique a varias personas, se me olvido a alguien muy especial. ¡¿Cómo pude olvidar a Kawaiineka?! Por eso los reyes magos no me trajeron nada, por mala xDDD Pues este capi va para ti, Kawaiineka y aunque no tenga lemon, xD espero que te guste :)
DISCLAIMER:
Bleach es propiedad de Tite Kubo. A mí sólo me pertenece la trama
07/01/13
CAP IV
*Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Dos semanas habían pasado desde aquella noche donde ella le había pedido a su esposo que tuvieran un hijo. Dos semanas desde que ella se había dicho a sí misma que no debía tener nada con Ichigo, a pesar de que era más que obvio que él la quería. Pero ahora él no la perseguía como había estado haciendo durante los pasados meses. Ella incluso podía jurar que él estaba ignorándola.
Y eso realmente dolía.
Le dolía en el fondo de su corazón que él la ignorara. Le pasaba por al lado como si ella no existiera y cuando ella le miraba en las clases, él simplemente miraba hacia otra parte.
Ichigo había regresado a ser el mismo chico popular entre las jovencitas del instituto. Ella, durante esas dos semanas, solía escuchar a Rukia gritar exasperada por su teléfono móvil. Ella siempre peleaba con él.
—Eres un idiota. ¿Acaso no piensas en lo que puede ocurrir si una de ellas sale embarazada? ¿Acaso eres imbécil, Ichigo?— Orihime había escuchado a su hermana gritar, antes de que esta descubriera su presencia y se sonrojara, para luego negar la cabeza e irse corriendo a su habitación.
Pero cualquiera que viera su situación pensaría que las cosas estaban arreglándose. Después de todo, Kurosaki Ichigo estaba ignorándola y eso era un paso adelante para olvidar todo.
No, las cosas no eran tan fáciles. La vida de ella nunca había sido fácil.
Ella estaba embarazada. Lo había descubierto esa mañana y Byakuya no podía estar más feliz por que simplemente le era imposible. Rukia había comenzado a saltar por toda la casa de la emoción de saber que dentro de nueve meses, se convertiría en tía.
Cuando Orihime le había pedido a Byakuya el tener un bebe, él se había quedado perplejo. ¿Era cierto? ¿Ella estaba bromeando? Byakuya Kuchiki había anhelado tener un bebe desde que se había casado con Orihime, pero ella no deseaba tenerlo, ella no estaba preparada. Y él le había respetado esa decisión por que realmente le amaba. Pero en esos momentos, cuando ella le había pedido que tuvieran un hijo, él se había quedado observándola fijamente. "¿Estás segura?" había preguntado sin mostrar emoción en su voz. No deseaba llevarse una desilusión. Fue cuando ella asintió que él sintió que su mundo daba vuelta y vueltas. Y por supuesto, una gran sonrisa se había dibujado en su rostro.
¡Y al fin se había cumplido su deseo! Orihime estaba esperando su hijo.
Ohh, pero las cosas no eran tan fáciles y felices para Orihime. Por que simple y sencillamente es imposible que ella tuviera un mes de embarazo cuando había tenido relaciones por primera vez, luego de cuatro meses, con su esposo hacian dos semanas, ¿verdad? ¿Había alguna explicación?
Sí, si la había. Ese bebe no era de Byakuya Kuchiki.
Esa criatura era de Kurosaki Ichigo.
Y ese fue el preciso instante donde Orihime se dio cuenta de que su vida había cambiado por completo. Ya no había forma de ocultarlo. ¿Cómo diablos iba a ocultar el hecho de que su bebe probablemente tuviera cabello naranja y ojos color chocolate? ¿Y si su hijo poseía la misma actitud de su verdadero padre? ¿Y si le hacían una prueba de ADN?
Oh Dios, su vida era una completa mierda.
—¿No estas feliz, Nee-san?— preguntó repentinamente Rukia, durante la cena. Byakuya se volteó hacia ella y por unos instantes su intensa felicidad se esfumó. Sus ojos azules dejaron de poseer ese matiz de alegría y se llenaron de preocupación.
—¿Te sientes mal? ¿Es el bebe? ¿Necesitas visitar al médico? ¡Rukia, ve, llama a Unohana-sama!— comenzó con cierta histeria, como nunca antes ella le había visto.
—¡No! No es nada. Lo juró—gritó ella, provocando que Rukia se sentará y la mirará fijamente. —Es sólo que me siento cansada— dijo, con lágrimas en los ojos. ¿Qué diablos había hecho? ¡Byakuya no se merecía esto! ¡Él no se lo merecía! ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Qué?
Byakuya se sentó a un lado de ella, observándola con preocupación evidente. Rukia imitó a su hermano y se detuvo a un lado de ella.—¿Por qué lloras, Nee-san?— preguntó la joven, mirando de reojo a su hermano.
—Son las hormonas. Ya sabes, cuando estás embarazada comienzas a llorar por todo y estoy demasiado emocionada— lloró, sonando más como si estuviera lamentándose por la perdida de un ser querido a estar hablando de "la felicidad más grade" de una mujer. —Son sólo las hormonas—
"¿Qué he hecho?"
—¿Estas embarazada? Por tú cara imaginé que habías recurrido a mi para decirme que habías encontrado a Byakuya con otra mujer— bufó Rangiku Matsumoto, una mujer de abundante cabellera rubia. Rangiku era una prima lejana de Orihime y ambas poseían cierto parecido, en especial en la forma de sus cuerpos. Pero había una muy clara diferencia entre ellas. Rangiku era una mujer un tanto osada; decía lo que pensaba sin medir las palabras. Lo primero que viniera a su mente ella lo decía, aparte de su forma de pensar bastante escandalosa. Y por esa simple razón, Byakuya no la soportaba del todo.
Orihime suspiró, negando la cabeza. La muchacha observaba su taza de té como si fuera la cosa más interesante del mundo. Ni siquiera sabía el por qué había llamado a Matsumoto y la había citado en un café a las afueras de la ciudad...
... bueno, ella sí sabía por que la había llamado. El peso de la verdad era demasiado y ella necesitaba ayuda.
—Necesito ayuda, Rangiku-san— murmuró con voz rota, manteniendo su cabeza baja. Ella se sentía demasiado avergonzada como para observar a su prima lejana a los ojos. ¿Qué pensarían de ella? ¡Había engañado a su esposo y ahora cargaba en su vientre al fruto de esa relación prohibida! Y lo peor de todo es que su marido creía qu la criatura era de él.
Rangiku frunció el ceño, preocupada. —Algo me dice que lo que tienes que decir no es nada fácil, ¿cierto?— preguntó en voz baja, observando fijamente a su única prima. Orihime asintió, respirando hondamente. —¿Que tienes que decirme, Orihime?— demandó.
"Es ahora o nunca"
—Le fui infiel a Byakuya-kun— dijo en voz baja. Joder, que horrible sonaba esas palabras. No sólo sonaban feas, sino que le provocaban deseos de vomitar. ¡Ella era una muy mala persona! ¿Cómo había podido hacerlo? ¿Cómo?
Matsumoto frunció el ceño. No, no, no... ¡ella no pudo haber escuchado eso! Tenía que haber escuchado mal, ¿verdad? ¿Su única prima, esa pequeña que siempre había sido inocente y amable le había sido infiel a su marido?
El mundo iba a acabarse.
—No es cierto, tienes que estar bromeando...— no es como si ella fuera a juzgarla o algo por el estilo (joder, ¿quien era ella? ¡Se había casado cuatro veces y esas eran las mismas veces en las que se había divorciado!) simplemente le parecía extremadamente extraño el que alguien como Orihime, tan amorosa, cándida y apacible, fuera capaz de engañar a su marido.
Aunque se tratara de un tempano de hielo como Byakuya.
—No, no bromeo— murmuró Orihime, mordiéndose el labio inferior.
—Y déjame adivinar... ese bebe no es de él, ¿cierto?— Inoue se mantuvo callada, incapaz de responder la pregunta. —Responde, Orihime. ¿Es de él o no?— cuestionó en voz baja, tratando de evitar que las mujeres que estaban en la mesa contigua no la escucharan.
Orihime negó la cabeza. —N-no... es imposible que sea de él. Tengo un mes y la primera vez que estuvimos juntos después de cuatro meses fue hace dos semanas. No hay manera que sea de él— joder, no deseaba comenzar a llorar, pero ya sentía las lágrimas hacer acto de presencia. ¡Maldita sean las hormonas!
Rangiku no sabía que decir. Ella siempre había sido tan cuidadosa con esas cosas. Ella no deseaba tener un bebe por el momento, y a pesar de haber tenido más de un compañero sexual, ella siempre procuraba cuidarse. —¿Quien es el padre de ese bebe?— preguntó en un susurro.
Esta era la parte difícil. Joder, ¿decir que estaba embarazada de otro hombre? Vergonzoso pero no difícil. ¿Decir que había engañado a su marido? Doloroso pero fácil de admitir. ¿Decir que su amante era un chico de diecisiete años?
Mierda
Orihime inhaló una y otra vez, antes de soltar ls palabras. —Uno de mis estudiantes— Rangiku, literalmente, escupió su té y la observó horrorizada. Esa mirada no estaba logrando que ella se sintiera mejor, todo lo contrario.
¿Pero que demonios le había pasado a su prima? ¿Que carajo? —¿Un estudiante? ¿Un menor de edad?— Orihime tuvo que murmurar un "shhh" para que su prima bajara la voz. —¿Estas demente? ¿Pero que demonios, Orihime?— cuestionó Rangiku. —Yo sé que Byakuya y yo no somos los mejores amigos, pero es un adulto, Orihime, no es un crío de dieciocho años...
—... de hecho, tiene diecisiete años...— la corrigió Orihime, con sus mejillas ruborizadas.
Rangiku negó la cabeza, anonadada. ¿Un chico de diecisiete años? ¡No sólo estaba en problemas con su marido, sino que podía ir a la carcel por corrupción de menores! —Oh Kami-sama, Orihime... en que lío te has metido— Rangiku se sentía extraña. Por lo general era Orihime la que tomaba la posición de madre melodramática y preocupada, pero ahora... joder, un chico de diecisiete años era algo serio.
Orihime sentía las lágrimas correr por sus mejillas. Ella sabía que lo que había hecho era una locura, una completa y estúpida locura, pero ya no podía hacer nada para evitarlo. El daño ya estaba hecho. —¡Rangiku-san, soy una mala mujer!— exclamó, llevándose las manos a su rostro, comenzando a llorar. —Byakuya-kun no merecía esto.— sollozó.
Las mujeres de la mesa contigua observaron confusas a Orihime, acto que provocó que Rangiku les dedicara una mirada asesina a todas ellas, lo que provocó que ellas cambiaran su mirada. —No, Orihime, no eres una mala mujer. Esas cosas... esas cosas pasan. Tarde o temprano se tiene un desliz en la vida... o eso creo...— murmuró lo último en voz muy baja. La mujer llevó sus manos a las de Orihime y les dio un suave apretón en señal de comprensión. —Dime algo, Hime, ¿amas al padre de la criatura o sólo fue una aventura?— su pregunta provocó que Orihime dejara de llorar.
¿Ella amaba a Ichigo? ¿Ella amaba a Byakuya?
—No lo sé, Rangiku, no lo sé— dijo confundida, limpiándose las lágrimas con el dorso de su muñeca. —Estoy demasiado confundida como para saberlo.— respondió. Tampoco le ayudaba el hecho de que Ichigo la estuviera ignorando, cosa que de por cierto era justa. Ella había roto su corazón y ahora él estaba devolviendole el "favor".
—Siento decirte, querida Orihime, que estas envuelta en un lío demasiado feo— comentó Rangiku. Su deber como prima era subirle el animo a Orihime, pero joder, ¿como diablos lo haría? ¿ Diciéndole que lo que había hecho estaba bien? No, no lo estaba. Rangiku se había casado y divorciado cuatro veces, pero jamas le había sido infiel y mucho menos había salido embarazada. Y su prima había hecho las dos cosas al mismo tiempo.
—Lo sé—
Ichigó cerró la puerta de su habitación y se arrojó a su cama, tomando de la pequeña mesa de noche un libro al azar. No deseaba ver a nadie, simplemente deseaba leer y desaparecer del maldito mundo en el que vivía. Abrió el libro por el mismo medio y observó una de las páginas, para luego leer mentalmente uno de los poemas que se sabía de memoria.
**Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa —limpio de todo mal—.
Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.
La última estrofa le enfadó por que le recordó a ella. Y lo menos que necesitaba en esos momentos era recordarla a ella. Pasó dos o tres páginas más y se detuvo una vez más. Saltó la mitad del poema y releyó los últimos versos.
***...Eres. Entonces eres y te buscaba entonces.
Eres labios de beso, fruta de sueños, todo.
Estás, eres y te amo! Te llamo y me respondes!
Luminaria de luna sobre los campos solos.
Flor mía, flor de mi alma, qué más para esta vida!
Tu voz, tu gesto pálido, tu ternura, tus ojos.
La delgada caricia que te hace arder entera.
Los dos brazos que emergen como juncos de asombro.
Todo tu cuerpo ardido de blancura en el vientre.
Las piernas perezosas. Las rodillas. Los hombros.
La cabellera de alas negras que van volando.
Las arañas oscuras del pubis en reposo.
Con enojo, cerró el libro y lo lanzó contra la pared de su habitación. —¡Mierda!— gritó furioso, llevándose las manos a su cabellera. ¡La detestaba! ¡La detestaba! ¡Por que ella había sido la causante de que él volviera a sentirse débil! ¡Por que ella había destruido por segunda vez su corazón!
—Eres una maldita— murmuró, arrojando otro libro contra la pared. La odiaba tanto... la odiaba por que cada vez que la veía la amaba más. Era una maldita ironía... era como si el mundo estuviera burlándose de él.
La odiaba por que ella lo había herido, pero al mismo tiempo la amaba. Y él, sinceramente, dudaba que eso fuera a cambiar. ¿Por qué demonios él había caído de esa forma tan estúpida? ¿Por qué?¡Se suponía que fuera ella la que llorara por él! ¡Se suponía que él se aburriera de ella y la olvidara! ¡¿Por que carajos eso no había comenzado a suceder?! ¿Por que cada vez que leía un maldito verso la recordaba a ella? ¡¿Por qué?!
—¿Estas bien?— Ichigo se volteó hacia la puerta y encontró a Rukia. La muchacha aun vestía su uniforme y mostraba gran preocupación en su voz. Ichigo no deseaba hablar con nadie, ¿acaso era tan difícil entender eso?
—No te importa. Y te pido de forma educada que te largues— le espetó él con gran molestia en su voz. Rukia, a pesar de notarlo, decidió tentar a la suerte.
—Vaya, que educado— bufó, para luego sentarse con gran frescura a un lado de él. Ichigo deseaba gritarle hasta que su voz se quebrara, pero realmente no tenía fuerzas. Estaba demasiado cansado de fingir que estaba bien, de tener que mostrar esa mirada de superioridad. Estaba harto de ignorarla a ella y fingir que ya no le interesaba, cuando lo único que deseaba hacer era secuestrarla y llevársela muy lejos... a un lugar donde los dos fueran felices, donde no existiera su esposo, donde sólo fueran ellos dos. Él no deseaba seguir coqueteando con otras, ¡ya no le interesaba! Sin embargo, él debía continuar, por que quizás de esa forma se sanara... algo que era imposible, por supuesto. Rukia percibió la gran depresión de su mejor amigo y suspiró. —Soy tú mejor amiga, Ichigo y aunque no lo creas, me duele verte de esta forma murmuró, sintiendo sus ojos arder.
Ichigo cambió su mirada hacia la pared. —Jamas lo comprenderías, Rukia.— La más pequeña de los Kuchikis se acostó a un lado de Ichigo, colocando su mirada en el techo. —Nunca has pasado por esto— comentó una vez más Ichigo. Rukia sonrió de lado.
—Somos más parecidos de lo que crees, Ichigo. Ambos somos huérfanos y... y ambos nos hemos fijado en las personas equivocadas.— murmuró ella. Kurosaki se volteó a ver a su pequeña mejor amiga, y vio como los ojos azules de ella mostraban profunda tristeza.
Ichigo suspiró. —Yo te dije que él no era el indicado. No sólo era mayor, sino que estaba casado— dijo. Ichigo no sabía si reír o llorar por la ironía de la vida. Los dos mejores amigos se había enamorado de dos personas mayores y casadas. Aparte de ser familia.
—Pero yo lo amaba, Ichigo. Kaien siempre será el único hombre que voy a amar— murmuró ella, mientras dos gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Kaien Shiba no sólo era uno de los primos de Ichigo, sino que había sido un antiguo profesor en el instituto, pero luego de haber tenido problemas con Rukia, decidió irse del país. —Y no es justo... no es justo que yo haya cambiado por él, que yo haya pensado en renunciar a todo y él no... yo cambié por él y él no cambió por mí. Eso duele tanto, Ichigo, duele tanto que desearía arrancar mi corazón— sollozó Rukia.
Ni siquiera su hermana mayor conocía acerca de esa obsesión y ese gran amor que ella sentía hacia su profesor de literatura. Claro, según Ichigo, Kaien sólo le había regalado su amistad y ella lo había malinterpretado. Pero fuera lo que fuera, el rechazo de Shiba le había causado un inmenso dolor. ¡Ella lo amaba, maldita sea! ¡Ella lo amaba! ¡Y él la había dejado con el corazón destrozado!
—Lo sé, Rukia... se cuanto duele el rechazo— murmuró él, sintiendo sus ojos humedecerse al recordar como Orihime le había dicho que todo debía terminar. ¡Él le había entregado su corazón y ella lo había hecho pedazos! —Joder, me siento como mierda al recordarla. Es estúpido que lloré por amor, yo no debo llorar ni sentirme tan vacío, pero no puedo evitarlo, Rukia. Ella destruyó mi corazón una vez más...—
—Somos tan patéticos, Ichigo. Míranos, llorando por personas que nos han destrozado. Yo debería sentirme feliz por que seré tía...— Ichigo ni siquiera fue capaz de escuchar el resto de las palabras de Rukia. Su pecho se sentía vacío... y su corazón... Oh Kami, ya ni siquiera debía existir una pieza en su pecho.
Dicen que los hombres no lloran... Ichigo realmente lo dudaba. Claro, él no iba a admitirles a sus amigos que esa noche luego de que Rukia se fuera él había, literalmente, llorado hasta su alma. Él jamas lo diría. Él había leído en alguna parte que cuando un hombre encuentra a la mujer que cambia su mundo y esta lo abandona, el dolor es insoportable... como si le arrancaran su alma de raíz y lo dejaran hueco por dentro.
Pues sí, Ichigo comprendió esa noche que realmente era de esa forma. Sí, él había llorado por Senna y todo su engaño. Él sí había querido a Senna, pero ella no había cambiado su mundo. Orihime no sólo era una mujer hermosa, ella... ella había cambiado su mundo. Él podía fingir el ser todo un casanova y todo un experto en seducción, pero nadie, absolutamente NADIE había cambiado su mundo como ella.
Orihime era para él como la musa de su vida. La inspiración que le hace falta a un pintor cuando comienza a trazar líneas en un lienzo; como el entusiasmo que arrebata a un escritor cuando comienza una obra maestra.
Él podía tener diecisiete años, pero él podía admitirle al mundo entero que él, a su corta edad, había conocido a la mujer de su vida. NINGUNA otra podía tener ese lugar. Ella simplemente le había robado el alma, el corazón, sus pensamientos, y sus ganas de vivir. Ella era ese rayo de luz en su oscura vida, una vida llena de sufrimiento por la muerte de su madre...
... ella era su todo y al mismo tiempo...
... ella era su nada...
Rukia se despidió de Ichigo esa noche con una pequeña sonrisa de lado. Llorar tanto por Kaien había provocado que su voz sonara rasposa y que sus ojos estuvieran rojos. Bueno, no iba a ser la primera vez que llegaba a su casa de esa forma. Su excusa era siempre la misma. "Estábamos viendo una película de romance y el final me hizo llorar a mares, Nee-san" y siempre corría con la suerte de que le creían. Y hoy no sería la excepción, después de todo, su hermana estaba demasiado perdida en el espacio últimamente.
Recordar a Kaien hería no sólo emocionalmente a Rukia, sino mentalmente. Incluso había pensado en suicidarse en el baño del instituto. Si no hubiera sido por Ichigo, probablemente ella hubiera muerto. Gracias al cielo no se había hecho rasguño alguno, así que nadie sabía acerca de ese sucio y peligroso secreto. Kaien la había herido de la forma más dolorosa y horrible posible. ¡Ella había creído que él estaba enamorado de ella! Pero no, todo fue un espejismo. Él sólo trataba de ser amable con ella, de ser su amigo y simplemente la había tratado diferente al resto. Él le había enseñado que el corazón, no el órgano, sino esa pieza donde recolectamos todos nuestros amores, amistades, y demás cosas importantes en la vida, no se encontraba solamente dentro de uno, sino que un pedazo se quedaba grabado en cada persona que conocíamos y que era importante para nosotros. Él le había enseñado a ella que era importante, que ella valía la pena y que no era sólo una chiquilla de clase alta.
Él incluso la había enseñado amar de forma inconsciente.
Pero aun que se dijera a sí misma que todo era un error, que él no tenía la culpa... ella aun no podía recuperarse de esa herida en su pecho. Sólo habían pasado cinco meses desde su despedida y ella aun lo tenía demasiado grabado en su corazón y pecho. "Por la estabilidad de mi matrimonio con Miyako debo irme, Rukia... pero no es sólo por ella y por mí, sino por ti. No quiero herirte más de lo que ya he hecho..."
"¿Y no crees que es demasiado tarde? ¿No crees que ya me has sumergido en la miseria? ¡Ha destruido mi corazón, Kaien-dono! ¿Como podré repararlo después de esto? ¿Existirá alguien capaz de hacerlo?" le había gritado a ella en medio de la lluvia.
Kaien la había observado con lástima y con dolor. Él no había querido herirla de esa forma. Ella era muy especial para ella, pero no de esa forma. Nunca había sido su intensión romperle el corazón de esa forma a esa joven. Pero eso era parte de la vida, ¿no? ¿Quien se ha salvado de romperse el corazón? ¿Quien no ha sido destrozado por una desilusión amorosa? "Eres fuerte, Rukia... eres más fuerte que yo y tengo la ligera sospecha de que no sólo encontrarás a alguien que repare tú corazón, sino que tú misa contribuirás en ese proceso, Rukia. Eres más especial de lo que tú crees...
"Detente, por favor... no continúes diciendo palabras que sólo me destruyen más. Sólo... sólo vete y no te despidas, no me digas adiós por que no podré soportarlo. Sólo vete..." Ella solamente deseaba que todo fuera una equivocación, que él se diera cuenta de que ella lo amaba con todas las fuerzas de su corazón y que algo en él despertara. Rukia sólo soñaba con que él se diera la vuelta y corriera hasta ella y no la dejara ir jamas... que él se percatará que a pesar de ella decirle que se marchara, ella sólo deseaba que él se quedara junto a ella.
Pero él no lo hizo. Kaien Shiba, luego de dedicarle una mirada llena de lástima y tristeza, se dio la vuelta y se marcho. Y ella se quedó allí, en medio de una torrencial lluvia... en medio de un parque abandonado hasta que Ichigo llegó hasta ella y la consoló. Ella había gritado, ella había llorado su alma en medio de ese parque y en medio de un 'casi-eterno' abrazo por parte de Ichigo. ¡Dolía tanto! ¡Dolía tanto! Y en ese momento ella había comprobado con su propio corazón el cuan doloroso es cuando una persona destroza el corazón de otra. Ella había visto a Ichigo deprimido, pero no lo podía comprobar.
Hasta que llegó su agonía. Pero ellos eran fuertes. Ellos podría sobrevivir.
Sólo Ichigo y ella, los eternos mejores amigos. Habían muchas personas que les preguntaban el por qué ellos no eran pareja, después de todo se la pasaban juntos. Ellos se reían de esos comentarios. Eran tan estúpidos. Rukia amaba a Ichigo e Ichigo la amaba a ella, eso era más que obvio, sin embargo, no era de esa forma en la que se aman los hombres y mujeres, sino en la forma en la que se aman los hermanos. Ellos jamas podrían tener algo. Ellos se apoyaban mutuamente, ellos habían sufrido lo mismo... joder, ellos parecían tener la misma suerte.
Rukia se rió en voz baja, mientras colocaba las manos en sus bolsillos y caminaba por una de las calles de regreso a casa. Estaba tan sumergida en sus pensamientos, que sin querer, chocó con un muchacho que vestía el mismo uniforme que ella. Y eso era raro, por que ella jamas le había visto en la escuela.
—Oh, lo lamento, Rukia-san— se lamentó el muchacho, cambiándose su mochila hacia el lado contrario. Rukia arqueó una ceja. ¿Cómo sabía su nombre? Ella lo escrutó con la mirada tratando de descubrir si sabía quien era. Él era alto, casi como Ichigo, y poseía una cabellera rojiza y larga, aparte de tener sus cejas tatuadas. Él le había dedicado una pequeña sonrisa y ella podía jurar que sus mejillas estaban ligeramente rosadas. ¿O eso era parte de su imaginación?
Ella humedeció los labios y entrecerró sus ojos, tratando de que él no viera lo hinchados y rojos que estaban por tanto llorar. —Huuh, disculpa, ¿de donde nos conocemos?— bueno, ella supuso que debía ser del instituto, por que él poseía su mismo uniforme. Podía ser un nuevo estudiante...pero aun así...
Él se río por lo bajo, pero no era una risa de comedia o alegre, más bien de desilusión. —Estudiamos juntos desde el jardín de niños. Renji Abarai— Rukia se sintió avergonzada de no haber reconocido a un compañero de escuela. ¡Y más si estudiaba con ella desde el jardín de niños! ¡Pero ella no lo recordaba, joder!
Ella se rió avergonzada. —Lo lamento, es que casi nunca hablo con nadie de la clase, siempre estoy junto a...—
—Ichigo Kurosaki. Seh~— dijo de forma informal —el chico de cabello naranja que siempre está junto a ti y mira raro a Kuchiki-sensei y que por cierto, debe ser familia tuya, ¿no?— sin darse cuenta, los dos caminaban hombro con hombro. Rukia era muchísimo más pequeña que él, pero sin duda alguna, lucían adorables junto. O eso había pensado Masano-san, la dueña del puesto de frutas.
—Si, es mi hermana mayor— Renji arqueó una ceja. ¡Ellas no se parecían! —¡Baka, es la esposa de mi hermano!— Rukia negó la cabeza.
—Ohh, pero eso sigue sin explicar el por qué Kurosaki la mira raro— comentó Renji, tratando de alargar la conversación.
—Ichigo no es la persona más sociable del mundo, así que no espero que mire a todas con sonrisas— dijo inocentemente Rukia. Renji dudó unos instantes. ¿Debía aclarar más el término raro? ¿O debía dejar que ella pensara que Kurosaki miraba a la sensei con aburrimiento? Renji no era idiota. Él sabía muy bien que la mirada que lanzaba Kurosaki era de un idiota enamorado.
Tal y como él debía verse cuando miraba a la chica junto a él.
—Si, eso he visto. Tiene un genio bastante malo...—
—Renji, imbécil, ¡Te estamos esperando desde hace una hora!— gritó un joven de cabello negro y con un tatuaje en su rostro. Vaya, parecía ser que esos chicos sólo pensaban en los tatuajes, pensó Rukia.
—Ya voy Hisagi. No es como sino pudieran ordenar la comida solos— se quejó Renji, molestó de que lo interrumpieran.
—¡Tú vas a pagar, baka! ¡Perdiste la apuesta! ¿No lo recuerdas?— Renji cerró fuertemente los puños y respiró hondo. "Maldito idiota, juró que las pagaras" se dijo mentalmente.
Rukia sonrió de lado. —Bien, creo que es hora de irme. Fue un gusto hablar contigo, Renji. Te veré mañana en clases, y esta vez te prometo que no voy a olvidarte— comentó Rukia, dandose la vuelta y comenzando a caminar hacia su casa.
—Si claro, incluso podemos... mierda— murmuró Renji al ver que ella ya se encontraba bastante lejos. —¡Idiotas, van a pagármelas!— gritó Renji, corriendo hacia el establecimiento.
—¡Si, si, deja a Kuchiki para tus sueños húmedos y paga la comida!—
—¡Hijos de puta!—
* Me gustas cuando cayas ~ Pablo Neruda
** Amor ~ Pablo Neruda
*** Alma Mía ~ Pablo Neruda
¿Les había dicho alguna vez que amo a Neruda? Pues ya lo saben, xDD
¿Qué les pareció? ¿Rosas, tomates, retírate? ¡ Díganme!
