SUEÑOS DE UNA FLOR DE CEREZO
Capítulo 04
07-diciembre-2014
Flotando sobre el agua del rio o recostada entre la fresca yerba.
La flor de cerezo lucha por no olvidar su propia encomienda.
—¡Uff! ¡Por fin termine! —Sakura limpia el sudor de su frente y observa su obra. —No creí que estuviera tan sucio pero al final valió la pena. —Satisfecha, se recarga sobre el trapeador que sostiene con ambas manos, observando el reloj en la pared. —Y aún me queda mucho tiempo, aprovechare para ir al mercado y les preparare una rica cena a esos dos, y por la noche quizá Sasuke y yo podamos… —La joven agita su cabeza con un dejo de tristeza. —Pero no debo pensar en eso, debo darme prisa o se hará tarde. —
Rápidamente la kunoichi se pone en movimiento, toma el balde y arroja el agua al jardín, empapando un pequeño arbusto y a las jóvenes flores que tímidamente crecen a su alrededor. Coge el trapeador y junto con la cubeta en sus manos los mete al armario que se encuentra bajo las escaleras, un lugar lleno de utensilios de limpieza y demás triques inútiles que siguen acumulándose uno junto al otro, objetos que mes con mes recibe de familiares y amigos junto con algún sabio consejo. Como si el simple hecho de poseerlos ayudara con la limpieza diaria, si tan solo alguien fuera tan acomedido en ayudar como en regalar otra seria la historia.
Sakura aún recuerda cuando recibió el primero de esos objetos, justo el día de su boda, era un par de delantales, cepillos y guantes, ideales para hacer la limpieza del hogar en familia; por aquella época solo eran dos, la presencia de Sarada aún no se vislumbraba, y el bien intencionado de Sasuke la beso en cuanto vio el regalo, emocionado como es inusual en él, le susurró al oído lo buena que era esa idea e incluso la convenció de recibirlo "siempre" usando ese delantal… "solo" el delantal. El Uchiha nunca ha sido una persona muy expresiva, ni siquiera cuando eran novios, él nunca demostró interés físico por ella ni de ningún otro tipo, por eso al escuchar esas palabras, esos deseos ocultos de su amado, se llenó de alegría y gustosa cumplió el capricho de su ahora marido. Recibiéndolo día con día con ese atuendo, solo con ese atuendo, disfrutando su mirada y viviendo juntos días inolvidables y noches irrepetibles. ¡Cierto! Así eran esos días…
Poco a poco el juego se volvió aburrido, monótono. Sasuke se acostumbró al cuerpo de su esposa y ella a sus miradas… a las pocas que aun recibía de su compañero. Las noches eran mucho más tranquilas, los viajes del pelinegro mucho más frecuentes y la joven esposa seguía usando la prenda pero con un interés completamente diferente. Ahora le parecía un objeto de gran utilidad, tan esencial como lo puede ser un kunai o un shuriken. Sin su mandil se sentía desnuda dentro de su propio hogar, aún si vestía las ropas más conservadoras debajo, ella era esclava de su mandil y no le molestaba, quizá hasta se sentía orgullosa de usarlo… o al menos así era hasta que un día su joven marido llego, azotando la puerta visiblemente molesto, ella corrió y lo abrazo para inmediatamente besarlo, como era su costumbre, pero en esta ocasión él la rechazo, se hizo a un lado y corto el contacto bruscamente. Ambos se miraron, ella temerosa y el fríamente la recorrió de arriba abajo, con una mueca de molestia y furia pronuncio las siguientes palabras: "¡De nuevo con esas fachas!" la voz del Uchiha retumbo como nunca en la cabeza de la kunoichi "Deberías arreglarte mejor, no sabes lo decepcionante que es volver a casa y encontrarme con… ¡esto!" Sin más, el pelinegro subió la escalerilla, zigzagueando, dando golpes en el muro y pateando cuanto objeto encontró a su paso.
Esa noche fue larga, pasaron horas antes de que la joven pelirosa se armara de valor, secara sus lágrimas y subiera siguiendo los pasos de aquel sujeto, aquel que creía olvidado y enterrado en lo más profundo de sus recuerdos. De aquel por el cual amigos y maestro arriesgaron su vida y la de su aldea por traer de vuelta, sin pedir nada a cambio, sin recibir nada más que la satisfacción de haber rescatado a un amigo. Aquel sujeto, tan alejado y disperso, idealizado por toda la aldea y al cual ella creyó conocer tan bien, se encontraba ahora tumbado sobre su cama, roncando escandalosamente e inundando la alcoba con un fuerte hedor. ¿Será licor o quizá algo más? Bueno, el aroma es lo de menos, lo que importan son los motivos. Esa noche ella durmió en el sofá, al día siguiente su esposo despertó tarde y se comportó como si nada hubiera ocurrido, ninguno de los dos menciono el incidente y la vida continúo como de costumbre.
Al tiempo se supo de una serie de apuestas que algunos chicos de la aldea habían llevado acabo días atrás, con finales muy desagradables para algunos, pero otros resultando sumamente afortunados. Sasuke fue de los faltos de suerte, perdiendo prácticamente todo cuanto poseía en manos de un extraño, perdiéndose en alcohol como ninguno en la aldea y hundido en la desesperación que el licor sembró en su alma, término apostando hasta a su propia esposa. Hecho singular que generaba risas entre los jounin, quienes lo contaban como un divertido relato a cuanta persona se cruzaba frente a ellos, historia que no agradaba a muchos de los generales y jounin de mayor rango, pero que en especial avergonzaba a su joven esposa. En cuanto ella se enteró de boca de su amiga Ino, no supo que hacer, de inmediato su mente hilo su comportamiento anterior con este extraño evento; comprendió que le faltaba mucho para conocer a Sasuke, pero quizá le faltaba mucho más como para hacerse un lugar definitivo en el corazón del que ahora era su esposo. En ese momento le pareció evidente que Sasuke no la veía más que como un objeto, como un trofeo quizá, un premio más en su exitosa carrera, donde la riqueza llega y se va de la forma más absurda, como una simple apuesta. "¿Una puesta? ¿Acaso eso soy para él…?"
Esos días fueron difíciles, para variar Sasuke se encontraba de viaje cuando la ola de rumores estallo. La ojijade tuvo que lidiar con la situación sola, escondiéndose en casa para no dar la cara, gritando en la ducha para acallar su llanto, golpeando la cama sobre la que alguna vez suspiro por el regreso de su amado. Las llamadas constantes, las miradas tiernas y comprensivas de sus amigos, todos en ese momento se unieron en el empeño de recordarle una y otra vez con cada mirada, con cada palabra que su esposo la había perdido en una apuesta "¡En una apuesta…! ¡EN SOLO UNA MALDITA APUESTA!" Con solo una apuesta la vida de fantasía se derrumbó.
La situación en la aldea no paso a mayores, económicamente hablando, el Hokage intervino en cuanto se enteró, anulando todas las apuestas y expulsando a los foráneos que las habían promovido. También prohibió hablar de tema durante las misiones y frente de su presencia, muchos generales siguieron la medida. Pronto los rumores aminoraron hasta desaparecer. Muchas ideas pasaron por la mente de Sakura en aquellos días, de pronto volver al Anbu no parecía tan descabellado, Kakashi se lo insinuó varias veces pero nunca quiso escucharlo. Ahora la idea no le desagradaba del todo, pero lo cierto es que nada sería igual. La mayoría de sus compañeros ya no estaban ahí, muchos emigraron a otras regiones, a otros lugares donde podían crecer como personas, ella creyó hacer lo mismo, pero ahora dudaba de ello. Incluso el mismo Kakashi se había convertido en Hokage, en un excelente Hokage, para sorpresa de muchos. Cuando él continuaba en los Anbu ella corría a pedirle consejo constantemente, pero ahora que era Hokage no se sentía con la confianza de hacerlo. Distrayéndolo de sus deberes, llevando temas privados y banales a sus oídos mientras otros pedían un poco de tiempo para hablar de asuntos importantes con él.
Sakura se sentía sola, olvidada, muchos pensamientos cruzaron por su mente, muchos, y algunos no muy sanos. Su mente era un caos y el causante de ese caos no se encontraba cerca. No había forma de reclamarle, de golpearlo, de hacerlo sentir lo que ella sentía. Esa… impotencia, que hace tiempo creyó olvidada, de nuevo se hacía presente. Su vida no le pertenecía, había perdido el control, olvidado la motivación, estaba viviendo algo que ella no quería, que no comprendía. Y así, como muchos matrimonios se deciden en un arrebato de pasión, muchos otros terminan en un instante de furia. Pero para Sakura no era el caso, su matrimonio fue lentamente cultivado, y su fin, había sido decidido de forma serena y calmada. Ella no odiaba a Sasuke, al menos no tanto como se odiaba a si misma por no haber sabido comprender al amor de su infancia. Seguía siendo una niña, y se había casado con él como tal, pero ahora debe madurar y dar fin a su relación, como toda persona madura debe hacerlo al no encontrar motivo valido para continuar juntos.
La decisión estaba tomada, el día había sido elegido, el regreso de Sasuke a la aldea sería el último a su vida. Nerviosa, ansiosa, espero frente a la puerta durante horas, esperando la llegada del Uchiha. Nunca le volvería a llamar esposo, nunca se besarían de nuevo ni se llamarían con familiaridad. En cuanto él cruzará esa puerta le plantearía su decisión y saldría sin mirar atrás, sin detenerse y sin importar lo que sucediera en un futuro no regresaría jamás a su lado. De pronto se escucharon unos pasos, se vio una sombra bajo la puerta, el momento había llegado, pero… la puerta no se abrió, en cambio se deslizo una carta por debajo. Durante algunos segundos Sakura observo confundida el pedazo de papel, finalmente se acercó y lo recogió, leyendo la hoja con detenimiento, sorprendida alzo la mirada, la puerta finalmente se abrió, dibujando entre los cegadores rayos de sol la figura del joven jounin de ojos azabache. "¡Estoy embarazada!" la voz de Sakura sorprendió al recién llegado, quien por un momento permaneció inmóvil. Ambos se observaron incrédulos, sonrieron y de forma imprevisible se abrazaron dando gritos y saltos de alegría.
A partir de entonces los días fueron muy diferentes, Sakura conoció al amoroso padre con el que se casó. Un ser completamente diferente del que conocía, amoroso y extrovertido, alabando y enalteciendo a su hija aun antes de nacer. Entonces la pelirosa decidió darle una oportunidad a este hombre, a este nuevo Sasuke que recién acababa de conocer y con el que quizá, si valga la pena vivir.
—¿Mamá?
—¿Eh? ¡Sarada! ¿Qué haces aquí?
—Vengo de la escuela, a esta hora llego siempre. ¿Y tú que haces parada frente al armario?
—Nada, solo… recordaba.
—¿Con un trapeador?
—Es que, me trae buenos recuerdos.
—…
—Lo sé, es raro. —Sarada observa a su madre incrédula, la pelirosa solo sonríe.
—¡Me voy a bañar! Papá llegará pronto, deberías quitarte el mandil.
—¡Eh!
—¡Sabes que no le gusta verte así! —La pequeña sonríe colgada del barandal, y luego desaparece corriendo escaleras arriba.
—Lo sé hija. —Sakura se quita el delantal y cuidadosamente lo cuelga dentro del armario. —Se cuánto le desagrada, aun así… no puedo evitar sentirme contenta cuando lo uso. —Las últimas palabras solo se escuchan en su mente. Sonríe para si misma y cierra la portezuela del pequeño armario.
Continuará…
—***—
¿Qué les puedo decir? Este episodio no estaba contemplado pero una vez que comencé no pude detenerme. Espero les guste y me dejen algún comentario para saber que tal les pareció.
En este momento comienzo el siguiente capitulo y les prometo una actualización muy pronto.
¡Saludos!
