Capítulo 4: Pide y se te dará
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— ¿Cómo se supone que hagamos esto? –Dije exasperado— Sólo somos alumnos de educación mágica básica, no es como si estuviéramos cerca de graduarnos de Transfiguracionistas nivel 5 o algo por el estilo. Sinceramente creo que Mcgonagall está perdiendo los papeles —agregué, dejándome caer pesadamente en uno de los sillones, mientras cerraba los ojos y recostaba la cabeza en el espaldar.
—Cálmate Harry, no es para tanto —decía Draco, tratando de tranquilizarme, mientras se sentaba en un sillón contiguo—, ya encontraremos una solución.
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Coloqué mis manos sobre el pergamino, también sosteniéndolo, mientras unas palabras escritas en tinta púrpura y metalizada comenzaban a hacerse visibles.
Asignación clase de Trasformaciones, Séptimo Curso
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Queridos alumnos, con motivo de presentarse ante ustedes la oportunidad de obtener cincuenta puntos para su casa, y por razones que el mundo mágico podría agradecerles más adelante, la asignación que hoy les encomiendo está considerada entre una de las cosas más difíciles que enfrentarán a lo largo de este, su último año en esta ilustre institución.
Como sabrán, el mundo mágico se encuentra en estos momentos en una época de cambios, donde la confianza en el prójimo se ha visto severamente afectada por los recientes acontecimientos de traición ocurridos en todas partes de nuestro mundo. A estas alturas, aún no sabemos a ciencia cierta en quien podemos confiar y quien solo muestra una careta mientras surge otra nueva oportunidad de revelarse en contra de nuestra organizada sociedad.
La única manera mágica de saber quién es nuestro aliado y quien nuestro enemigo ha sido siempre la poción Veritaserum, o poción de la verdad. Pero su efecto se ha visto últimamente limitado a ciertos casos en los que el acusado no posee conocimientos de los numerosos métodos para evadir esta prueba de lealtad. Cada vez son más los casos en los que el acusado bajo efecto del Veritaserum dice cosas que terminan siendo falsedades comprobables, lo que ha puesto en tela de juicio la eficacia de este método, único hasta el momento.
Su tarea, mis alumnos de séptimo, es encontrar la manera de sacar a relucir la verdad sin el uso de ingredientes complicados o brebajes que puedan ser neutralizables, pero sí de sus varitas mágicas. Deben utilizar su magia y conocimientos de transformaciones para crear un hechizo que permita obtener la verdad de aquel que llegase a ser hechizado.
Podrán pensar que esta tarea no compete a la asignatura de Transformaciones, y no podrían estar más equivocados. Llegar a la verdad mediante un hechizo requiere no solo de habilidad e ingenio inigualables, también de conocimientos avanzados de transfiguración, pues la verdad se esconde en nuestros corazones, y hechizar el corazón es algo que solo los mejores Transfiguracionistas saben hacer.
Pensarán que he enloquecido al pedirles esto con una semana de plazo, pero estarán de nuevo equivocados. Sus trabajos serán meramente teóricos, conjeturas basadas en intensa investigación, pues no espero menos de ustedes. Los mejores trabajos serán entregados al Departamento de Misterios, para su correcta evaluación y posible aplicación, cosa que ya no está dentro de nuestro alcance académico.
Así mismo, el trabajo que más se acerque a los estándares considerados por el Departamento de Misterios para la realización de esta difícil tarea de hechicería, será el ganador de cincuenta puntos para su casa, más la gloria de haber aportado información invaluable para el mundo de la magia.
Por último, a aquellos alumnos que estén pensando en este momento en rendirse sin entregar el trabajo que les estoy asignando, les informo que la entrega de dicho trabajo es OBLIGATORIA para poder aprobar el séptimo curso en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y así obtener el título de Maestre Básico en Magia Avanzada que se otorga en esta institución.
Sin nada más que agregar y deseándoles éxito, se despide de ustedes
Minerva Mcgonagall
Orden de Merlín Segunda Clase
Profesora de Transformaciones
Directora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
PD: adjunto lista de libros que podrían ser de útil consulta, y breves notas de anatomía mágica, cortesía de los sanadores del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.
Luego de terminar de leer, Draco y yo nos vimos la cara, ambos con expresión desencajada, ambos preguntándonos qué rayos le había pasado por la mente a la profesora Mcgonagall para encomendarles a simples alumnos de séptimo curso en Hogwarts una tarea de esa magnitud.
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—En serio, Draco, creo que a la profesora le ha afectado ser directora —comenté pensativo— Ese despacho tiene algo que hace que las personas no siempre hagan las cosas más cuerdas…
—No seas idiota, Potter —de nuevo con el Potter—. Esa vieja será cualquier cosa, menos una lunática. Si nos encomendó esta tarea es porque en verdad confía en nuestras habilidades de resolver problemas ¿Es que acaso no te has dado cuenta de que nuestra clase está repleta de sobrevivientes de la Guerra? Tal vez piensa que si nos la apañamos para sobrevivir y hasta pelear contra fuerzas más allá de nuestras pesadillas también seremos capaces de resolver este "sencillo" predicamento —observó el rubio, viéndome a los ojos, cosa que estoy seguro me hizo sonrojar.
—Entiendo lo que dices —afirmé, tratando de que mi sonrojo no se notara demasiado—, pero una cosa es pelear utilizando hechizos que ya conoces, y otra muy diferente es querer inventar uno de la nada. Inventar hechizos es algo muy peligroso, Malfoy. Recuerda que la madre de Luna murió por un hechizo inventado que salió mal…
— ¿En serio murió por eso? —me interrumpió el rubio, extrañado.
—P-pues sí ¿No lo sabías?
—No. Pobre chica, la verdad… —respondió Draco, con un gesto realmente compasivo, algo que yo nunca le había visto hacer.
—Sí, bueno… dejando a Luna de lado ¿Qué se supone que hagamos?
—Investigar —dijo resuelto, para luego comprobar su reloj de pulsera—. Debido a que este trabajo es titánico, y tendremos obligatoriamente que hacerlo juntos por las circunstancias, creo que lo menos que podemos hacer es dar lo mejor. Y dado que apenas son las 7 de la tarde, aún tenemos varias horas para pensar por el día de hoy.
— ¿Debemos hacerlo juntos? —Pregunté, aún confuso ¿Acaso no era solo leer el pergamino juntos y realizar investigaciones separadas?
— ¡Claro que lo debemos hacer juntos! —Exclamó el rubio, algo exasperado— ¿O es que acaso ya te grabaste en la memoria todas las indicaciones al final de la carta de Mcgonagall?
—Pues no… Pero igual podríamos hacerlo por separado, revisando el pergamino de vez en cuando y…
— ¿Y cómo piensas revisar el pergamino si no es mientras yo lo reviso también? —Preguntó tajante— Por más que queramos zafarnos, estamos juntos en esto Harry. Y por el poco tiempo que nos dio la cacatúa para hacer esto, tendremos que trabajar en equipo. Deberá aceptar nuestro trabajo grupal, al fin y al cabo ella fue la que se negó a darnos un pergamino para cada uno —concluyó, levantándose del sillón y dirigiéndose a uno de los grandes estantes de libros.
—Está bien —dije desperezándome y levantándome del sillón—. Pero primero deberíamos bajar a comer algo, no es bueno inventar hechizos con el estómago vacío.
—La comida no es problema aquí —respondió Draco, ligeramente sonriente—. Sólo tienes que cerrar los ojos y pensar en lo que deseas comer, recuerda que esta sala te da todo lo que necesites, y eso incluye alimento para tu cuerpo. No sólo sirve para armar ejércitos clandestinos y besuquearte con Ravenclaws de ascendencia asiática…
—Vaya ¿De verdad? —Pregunté algo anonadado. Nunca se me había pasado por la mente pedirle comida a la sala de menesteres… Espera un momento, ¿cómo sabe lo que pasó con Cho en esta sala?— Malfoy ¿Cómo es que sab…? —pero Draco no me dejó terminar.
— ¿Cómo sé lo de Chang? —Preguntó, con una sonrisa de autosuficiencia— Las noticias vuelan, Potter. Y más si eres el príncipe de las serpientes. Te sorprendería saber las cosas de las que me he enterado sobre ti. Ni te las imaginas…
Saliendo un poco de mi asombro, pues pensar que Draco Malfoy estuviera interesado en mi vida personal no encajaba con la imagen que yo tenía acerca del rubio, decidí que este no era el momento de perder el tiempo en preguntas tontas. Así que si debíamos comer para comenzar a trabajar, que así fuera. Aunque tampoco estaba muy seguro de cerrar los ojos en presencia de mi antiguo enemigo. Como intuyendo mis dudas, el atractivo rubio se acercó a mí, y parándose al frente me dijo:
—No te voy a hechizar mientras tienes los ojos cerrados, pelmazo.
Solté una leve risa, que el platinado me devolvió.
—Está bien, pero tu primero, por las dudas…
Con un gesto un tanto divertido, Draco sacó su varita del bolsillo interior de su túnica, y me la alargo con una mano.
—Toma. Así no pensarás que voy a hechizarte para que seas mi esclavo sexual —comentó, con una sonrisa pícara en sus carnosos labios.
Un intenso sonrojo se apoderó de mis mejillas, a lo que el sexy Slytherin respondió con una sonora carcajada.
—Eres tan predecible, Potter. El salvador del mundo mágico, quien venció al Señor Tenebroso, se sonroja cuando la conversación sube de tono.
—No siempre me sonrojo —chillé, poniéndome aún más colorado— Es que me tomaste desprevenido, y…
— ¿Y fuera del salón de transformaciones también estabas desprevenido? —Preguntó, con una sonrisa maliciosa
¿Acaso fue tan evidente? Pensé, sintiendo como mis mejillas ardían furiosamente.
—Cállate, Malfoy. No tienes vergüenza… —dije, desviando la mirada.
—Y tú, mi amigo, eres un mojigato predecible —y a continuación soltó otra carcajada. Su risa era contagiosa. Tanto, que no pude contenerme de esbozar una sonrisa al verlo reír frente a mí.
— ¿Podríamos hablar de otra cosa? ¿De la cena, tal vez? —aventuré, en un intento por zanjar la conversación.
—Está bien, San Potter —dijo el rubio con una sonrisita de suficiencia, y a continuación cerró los ojos. Verlo frente a mí, con los ojos cerrados y una sonrisilla en sus labios lo hacía una visión angelical, y tuve que utilizar todas mis fuerzas para no lanzarme encima de él. Menos mal tenía los ojos cerrados, pues yo lo devoraba con la mirada y mi cara seguramente parecía un poema. Al cabo de un momento, Draco abrió los ojos— ¿No piensas cerrar los ojos? Me está entrando hambre… —Y a continuación hizo algo que me tomó por sorpresa.
El rubio se acercó a mí y cerró mis ojos con una de sus manos. Estoy en el cielo, pensé, y me limité a hacer lo que él me ordenaba.
—Cierra los ojos y piensa en lo que quieres cenar. Yo haré lo mismo —dijo muy quedo, aún con su mano cubriéndome los ojos. Yo estaba flotando, como en una ensoñación, pues solo en mis más locos sueños esta situación estaría pasando. E inmediatamente imaginé un gran banquete, pues sintiendo el toque del rubio, mi mente no alcanzaba concentrarse en una sola comida.
Luego de un momento, sentí como la mano de Draco se separaba de mi rostro, con lo cual abrí los ojos. Frente a nosotros se hallaba un banquete digno del Gran Comedor, con aperitivos, entremeses, platos fuertes y postres, todo esto acompañado de varias jarras de jugo de calabaza helado.
—Vaya, sí que tienes hambre ¿no? —dijo Draco, dedicándome una mirada de asombro—. Yo sólo he pensado en un sándwich y un vaso de jugo de manzana… —agregó señalando un modesto sándwich y un vaso de cristal con un líquido ambarino que se encontraban solitarios en una de las puntas del mesón.
Sonreí, un poco apenado. Va a pensar que soy un muerto de hambre.
—Pues comamos —indicó, sentándose a la mesa, cosa que imité de inmediato.
...
— ¡Me rindo! —Dije, soltando el pesado volumen de Transfiguración Mágica: De la Nada a Algo en un Santiamén que había estado revisando los últimos treinta minutos, mientras recostaba los antebrazos en el mesón y posaba la cabeza sobre ellos— En estos libros no hay absolutamente nada que nos sirva. Mi último año en Hogwarts y voy a reprobar Transformaciones —agregué en tono derrotado.
—No seas melodramático, Potter… Debe haber algo por aquí que nos sea de utilidad —comentó el platinado sin levantar la vista, que estaba perdida dentro de un grueso ejemplar de Hechizos de la A a la Z.
Luego de cenar comenzamos a buscar entre los montones de libros que ocupaban las altas estanterías, sin tener mucho éxito. Ya había perdido la cuenta de los ejemplares revisados, los cuales lentamente iban haciendo una pila en uno de los mesones conforme los íbamos descartando. Mi espalda dolía y mi cabeza daba vueltas. Debía ser ya más de media noche.
—Draco… —dije, girando un poco mi cabeza para ver al rubio, pero sin dejar de reposarla en mis antebrazos. Verlo así, con esos preciosos orbes plateados absortos en la lectura y con el cabello ligeramente despeinado, lo hacían parecer una aparición divina. Me hubiera gustado que la primera noche que yo pasara con el Slytherin hubiese sido diferente, pero en estos momentos no cambiaba esta visión por nada del mundo— Ya es muy tarde, creo que es hora de descansar. Dudo mucho que consigamos algo nuevo.
El rubio apartó la vista del libro, girando su cabeza para mirarme a los ojos. Luego asintió.
—Creo que tienes toda la razón, hay que descansar. Además, tienes una pinta horrible... —y acto seguido, soltó una estruendosa y cristalina carcajada.
—Ja Ja Ja… —espeté, algo divertido, mientras me levantaba del asiento, desperezándome y estirando los brazos hacia adelante para hacer que la sangre circulara—. Será mejor que nos marchemos, ya es muy tarde y no quisiera que Filch nos atrapara fuera de la cama.
—Pensé que te gustaba romper reglas, Potter —dijo el Slytherin, levantándose también.
—Sólo cuando es necesario, pero aquí ya no le veo el caso. No es como si los libros que necesitamos nos fueran a caer mágicamente en los bra…
De repente, dos pesados libros cayeron desde del techo de la sala directamente hacia mis brazos, haciéndome perder el equilibrio, por lo que Draco tuvo que sostenerme para que no me cayera. ¿¡Qué demo…!? Alcancé a pensar, para luego percatarme de que el rubio me tenía fuertemente sostenido, haciendo que mis mejillas volvieran a tomar ese tono sonrojado que últimamente las acompañaba demasiado seguido.
— ¿Estás bien, Harry? —Preguntó, aun sosteniéndome.
—S-sí, estoy bien. G-gracias… —Balbucee— Ayúdame con estas… cosas, por favor…
—Oh, claro, por supuesto… —se apresuró a decir el rubio, soltándome para tomar los pesados volúmenes en sus brazos y depositarlos en una mesa cercana.
— ¿Qué demonios ha sido eso? ¿Acaso la sala está tratando de asesinarme? —comenté, sobándome los antebrazos magullados debido al peso que les había caído. Al acercarme a la mesa observé lo que los había maltratado. Dos grandes y pesados libros se encontraban ahora en esa mesa, con portadas de cuero verde botella y vinotinto, respectivamente. Unos 40 centímetros de alto cada uno, y fácilmente 10 ó 15 centímetros de espesor. Las portadas relucían a la luz de las lámparas de la sala, el verde con letras plateadas y el vinotinto con letras doradas. Cómo Hechizar el Corazón: Porque no sólo es el Órgano del Amor y Secretos para la Invención de Hechizos Mágicos.
—Vaya, Potter… La próxima vez que no encuentre algo, te buscaré para que se lo pidas a esta endemoniada sala —comentó Draco con una amplia sonrisa. Al fin habíamos conseguido lo que necesitábamos, y yo no tenía ni idea de cómo lo había hecho.
