Jay salió del asombro y confirma lo ya dicho.
–¡Yo, embarazado! –Se señala a si mismo–. ¿Hablas en serio? ¡No lo puedo creer, estoy esperando un bebé de Jake!
–¡La verdad sería muy hermoso, pero no mi cielo, tú no estás embarazado! –Niega con el rostro–. Efectivamente, esos truhanes alteraron el análisis. ¿Entonces, vas a tomar otra muestra de sangre? –inquirió Jake. Rechazando lo que acaba de oír.
–¡De sangre, no! por el contrario traje una prueba de embarazo casera. Porque igual que tú, no me trago esto del embarazo.
–¿Me va a doler? –pregunta Jay. Dando a entender que no sabe nada del asunto.
–Es un buen chiste, por supuesto que no. Únicamente tienes que mojar este objeto con tu orina.
–¡Pero no tengo ganas de orinar! –refiere Jay.
Jake gruñe y se levanta para ir a la cocina por una botella de agua. Después, obligan a Baruchel a terminarse la botella. Pasaron cuarenta y cinco minutos, Jay les avisa de su necesidad, el agua hizo efecto. Los tres se dirigen al tocador. Ya allí. El doctor le explica a Baruchel, el cómo se efectúa la puebra mientras su esposo la saca del empaque.
–¡Ten! –Se la entrega Gyllenhaal.
Jay la sostiene y se dirige al escusado. El doctor y Jake miran atentos. De pronto, Jay gruñe porque se le dificulta manejar ambas cosas, por tal motivo le pide ayuda a su amado.
–¡Es el colmo que no puedas! Mi vida, tu polla no es una manguera de presión –exclama Jake. Acercándose para ayudarlo.
Jay le da el aparato a su marido, sintiéndose aliviado comienza a depositar la lluvia dorada. Entretanto, el doctor se pone los guantes desechables para sostener la prueba de embarazo. El policía concluye con su necesidad, su esposo le entrega la prueba al doctor Rogen, éste último la analiza.
–Dentro de poco lo sabremos –dijo el doctor observando la muestra. Mientras los dos esposos se lavan las manos.
Pasado un tiempo. El médico queda en shock por el resultado, nuevamente. La prueba salió positiva, la cigüeña se puso de color rosa si hubiera sido azul el resultado sería negativo. El médico no acepta que su mejor amigo se halla preñado.
–¡Por su semblante, indica que el resultado no es nada alentador! –advierte Jake.
Los dos atentos mirando al médico. Jay comienza a alterarse por el resultado.
–¡Oh mi señor, estoy embarazado! ¿Cómo demonios esto es posible? –expresa mientras se agarra su cabeza. Desea jalar sus greñas.
–Espera. Hace rato te emocionaste mucho con la idea de tener un hijo mío; y hasta ahora te cayó el veinte de que esto es antinatural –aclaró Jake.
–La verdad no sé qué carajos me está sucediendo. ¡Abrázame, tengo miedo! –Luce muy alterado.
–¡Ah, esta bien! –Gyllenhaal abraza a su esposo.
El doctor se compone y les sugiere algo.
–Esto es inaudito para mí, ¡demonios, la prueba dio positivo! –Se toca la cabeza con desesperación–. No descansare hasta dar con una explicación lógica. ¡Jay, descubrete el brazo, voy a tomarte otra muestra de sangre!
–¡Otra vez! la anterior me dolió mucho! –Se quejó Jay.
–Anda mi amor, no te pongas rejego –espetó Jake.
El doctor Rogen abandona el baño, su maletín médico lo puso en la mesa de té en la sala de estar. Los dos policías siguen al doctor pero en eso…
–¡Ay no, no! Una vez más –balbuceo Jay.
Corre de prisa hacia el lavamanos. Vomita de nuevo. Jake está perturbado, se pregunta hacia sus adentros "¿Acaso esto es una pesadilla?"
Una vez repuesto Baruchel, el doctor tomó la muestra de sangre.
Al día siguiente, los dos policías optaron por no ir a la estación. Se quedarían en casa para esperar el nuevo resultado de la muestra de sangre.
–Cielo, ¿qué estás haciendo? –le pregunta sorprendido.
–¡No puedo acariciar mi vientre! –responde Jay. Recostado en el sofá de la sala. Gyllenhaal respira con pesadez y se sienta a su lado.
–Claro que puedes tocarte, al fin y al cabo es tu cuerpo. Dime, supones que algo se está formando adentro de ti.
–Dirás que estoy loco, pero, siento que hay algo adentro de mí –responde Jay.
Esta aseveración atemoriza a Jake, pronto enciende la televisión antes de que el ambiente se torne más raro de lo inusual. Pone el canal de los deportes, luego sube las rayitas del volumen. Guardan silencio prefieren mirar el show. Programa tras programa transcurrieron dos horas. De pronto, suena el teléfono. Jake separa la bocina de la base y en lo que dice "¡Bueno!" Baruchel se levanta por culpa de las náuseas; deprisa se dirige hacia la cocina.
–¡Muchas gracias doctor Rogen! Estaremos ahí lo antes posible.
Gyllenhaal acomoda la bocina en su lugar. Después, abandona el sofá para darle alcance a su amado en la cocina. Tiempo después, arriba de un taxi se dirigen al hospital. El doctor los recibe en su despacho.
–¡Bienvenidos tomen asiento! –ordena el doctor, también tomando su asiento.
–¡Y bien doctor, todo se trato de un malentendido, cierto! ¿Pudieron arreglar los aparatos del laboratorio? –habló Gyllenhaal con ingenuidad.
–Efectivamente, castigamos a los responsables y compusimos los desperfectos. Pero…
–¡¿Pero qué?! –preguntaron al unísono.
–El resultado sigue siendo el mismo: salió positivo. Aunque ustedes no lo quieran creer, esto está pasando. ¡Jay, en verdad estás embarazado!
El aludido traga saliva. Jake comienza a inquietarse.
–¡No, esto no puede ser posible! Sugiero, un nuevo análisis de sangre y esta vez envienlo a otro laboratorio. –Repiquetea con los dedos, gesticula su arisca sugerencia.
–Jake, osito, ¿por qué te cuesta creer que esto es real? Deberíamos celebrar, estoy esperando un hijo tuyo.
–¡No, tú no entiendes, esto es antinatural!
–¡Otra vez esa palabrita! –dice Jay y entorna los ojos.
–Señor Gyllenhaal, sé que esto es demasiado inverosímil y se sale de los parámetros de la normalidad. No obstante, esta es la realidad.
–¿Qué demonios sucedió aquí? –exclamó Jake en tono alterado.
–Te diré lo qué sucedió –Señala hacia su estómago–. Aquel día olvidaste usar el condón; eyaculaste adentro de mi trasero –explicó Jay de modo vulgar.
–¡Sí, como tantas otras veces! ¡Qué quieres darme a entender: Por fin le atine al gordo! –espetó Gyllenhaal de modo fresco.
El doctor al escucharlos se acomoda las gafas por tales revelaciones. Jay gruñe y se cruza de brazos, Jake lo mira con mucho desconcierto. Y antes de que sigan discutiendo, el médico general Rogen, les recomienda algo.
–Jake, ¿puedo tutearte? –pidió el doctor.
–¡Sí, caramba!
–Jake, esto es demasiado descabellado para todos. Ergo, por el bien de tu esposo y el futuro bebé que viene en camino. Te pido por favor que aceptes esto sin peros.
–¡Agh! No te prometo nada pero lo intentaré.
Jay se alegra con la respuesta de su esposo pronto lo abraza.
Tras el inverosímil resultado, los dos policías regresaron de nuevo a su casa. Jake desesperado buscaba en el refrigerador alguna bebida etílica, para borrar de su mente lo que acababa de presenciar, al menos por un momento. Jay lo ve, sólo libera un sonoro resoplido.
–¡Maldición no hay nada! ¿Por qué diantres desmontamos el servibar? –cuestiona con efusión mientras remueve los objetos.
–Haz lo que quieras, estoy agotado, no tengo ganas de discutir –comentó Jay, gesticulando con la manos.
Tres horas después, Gyllenhaal no encontró nada salvo un viejo Rompope. Bebió poquito, luego se fue a la habitación. Se sube a la cama sin hacer ruido, no quiere despertar a su amado. Baruchel se envolvió con el cobertor igual que una oruga. Sin embargo, ninguno de los dos pudo dormir bien esa noche.
Al día siguiente. Por culpa de la revelación asombrosa, discutieron durante todo el trayecto hacia la comisaría. Gyllenhaal, en un arranque de ira, dudo del género de su pareja. Baruchel, muy indignado le confirmó que él es hombre incluso más que él.
En este momento se localizan adentro de su cubículo, siguen con la discusión de hoy por la mañana. A ver cuál convence a quién.
–Insisto, es urgente que me digas la verdad. Naciste mujer y te convertiste en hombre –insiste Jake, tratando de sonar convincente–. De ese modo, esto tendría sentido.
–Pues yo también insisto. ¡No y no, y mil millones de veces, NO! Nací hombre y sigo siendo hombre; no necesito medirte puesto que ya lo he hecho. Y no es por vanidad pero creo que el mío es más grande que el tuyo.
Esta aseveración hace carcajear a su esposo.
–Sí, correcto, por qué negarlo. Tú eres más alto que yo, pero la estatura no determina la efectividad –aclaró entre risas.
El oficial nacido en Canadá, le dedica una mirada gélida y repite.
–¡Nunca he sido mujer! Soy hombre, nací hombre y moriré siendo hombre: Qué no te quepa la duda –dijo, dándole vigor a sus palabras.
–Entonces, si no eres mujer, ¿cómo diantres explicas esto que está pasando? –interrogó su esposo, de pie en frente de su escritorio.
Los otros oficiales se dieron cuenta de la discusión. Pronto se aproximan hacia ellos.
–¡Problemas en el paraíso! –exclamó Chris y luego pregunta– ¿qué sucede chicos?
Concentra su vista en Gyllenhaal.
–Estamos regular. Mi esposo necio, desea que acepté algo inaudito, algo que es difícil de creer y aceptar –explicó el oficial nacido en Usa.
Baruchel quiere asesinar a su esposo con la mirada.
–¿Y qué es eso inaudito, si se puede saber? –indaga Guy, proyectando un gesto de curiosidad.
–No es nada del otro mundo ¡Pfff! –El canadiense se levanta de su asiento y se acerca a Berryman–. Lo que pasa es, es, es… Mi marido y yo, nos hemos metido en un embarazoso lío y exactamente no sabemos cómo saldremos de esto.
Los ojos azul de Martin se abren de sopetón igual que los ojos castaño oscuro de Berryman.
–Discúlpa Jay ¿en qué idioma estás hablando? –pregunta Chris, tocando su nuca.
–Lo siento mucho colegas, es un tema bastante delicado que tenemos que resolver entre nosotros –aclaró Jake.
Se culpa a sí mismo por hablar más de la cuenta.
—Si no mal recuerdo, Jay presentaba náuseas ¿esto tiene algo que ver? —inquirió Berryman, de forma taimada.
–Más o menos —pronuncia Baruchel nervioso.
—Sería jocoso que Jay estuviera embarazado –aludió Martin y enseguida se ríe levemente.
Ambos esposos intercambian una mirada con zozobra. Tras esto, el canadiense cuestiona:
–¿Chris por qué insinuaste eso? –Lo mira expectante.
La pregunta lo desconcierta por unos segundos, aun así logra responder.
–Quizás fue, porque dijiste que se habían metido en un asunto embarazoso y mi compañero recordó lo de tus náuseas. Oh, sí, disculpame, sólo estoy bromeando. No me hagas caso.
Los dos esposos comienzan a sentirse incómodos. El agente Berryman sospecha algo por tal hace un comentario.
–Obvio que no. Jay es todo un hombre.
El aludido al oírlo se esponja como un pavo real, sonríe orgulloso. El agente sigue explicando.
–A propósito, ¿en qué derivó esas náuseas que presentabas?
Jake se apresura en responder.
–Mi marido que es todo un macho –hace una mueca de burla–, padece una leve infección estomacal. He ahí la causa de los vómitos.
Su cónyuge se inmiscuye para defenderse.
–Así es. Soy todo un hombre-macho-viril aunque a Jake le pese. La razón por lo cual me enferme es porque mi esposo, aquel día no preparó muy bien las chimichangas. Y eso que se jacta de ser un buen cocinero.
–Otra vez vas a empezar a rebuznar –protesta con fastidio.
–Bueno, bueno, dejando a un lado los quehaceres domésticos. ¿Cuál es ese lío que se traen entre manos? –preguntó Chris, tratando de intimidarlos con su mirada.
–Lo siento mucho, es algo qué Jay y yo, tenemos que resolver a solas –dijo Jake, pensando cómo librarse de este enrollo.
–De acuerdo, si no nos quieren contar, nosotros no insistiremos con esto –aclaró Chris, pensando en quizá el hechizo tiene que ver con esto.
El oficial Baruchel, astutamente cambia de tema. Les pregunta a los dos acerca del partido de fútbol de ayer por la noche. Preferible hablar de un equipo mediocre en vez de desvelar la inverosímil situación cuya se halla inmerso, y acaricia su vientre discretamente.
–Por supuesto, claro que lo vimos. Fue una horrible goliza –responde Martin, mirándolo, le intriga saber el por qué se acarició el vientre.
Y para fortuna de ambos esposos, la conversación derivo en la crítica hacia los equipos de fútbol. Los dos suspiran con alivio adentro de sus cabezas mientras con sus labios muestran una sonrisa risueña.
Duraron hablando un buen ratote. Tiempo después, Chris y Guy se despiden debido a qué todavía hay trabajo por cumplir.
La tarde terminó. Jay y Jake volvieron a su casa.
El oficial Gyllenhaal retomó de nuevo la discusión. Jay, gruñe molesto desea que se calle, en eso se cuestiona en sus adentros el por qué no ha vomitado en todo el día. Jake habla y habla, de súbito guarda silencio porque una epifanía se asomó en su mente, chasquea los dedos para manifestar que ya lo tiene. Jay sentado en el sofá lo mira con asombro, su esposo de forma abrupta se levanta del sofá. De inmediato, se dirige hacia el baño del segundo piso. El oficial canadiense se pregunta "qué mosca le picó". Unos minutos después, Jake se reúne con su amado y le muestra lo que sacó del botiquín. Jay al verlo se remueve desde su lugar y pronto reclama.
–¿Una jeringa? –hace una mueca de agonía– ¡¿Se puede saber que coño piensas hacer?!
Su esposo se sienta a su lado y le explica con ternura lo qué piensa hacer. Baruchel quiere golpearlo sin piedad. Los dos oficiales abandonan la casa y se suben a la patrulla. En el trayecto, Gyllenhaal le sigue explicando lo que van a hacer. Tras varios kilómetros, frenan la patrulla en frente de una clínica, posteriormente bajan. Luego de dar varios pasos, se introducen en la clínica. Ambos caminan con naturalidad por un pasillo libre de gente. De súbito desvían su rumbo hacia uno de los baños. Adentro de éste lugar, Gyllenhaal se asegura que no haya cámaras de vigilancia, del mismo modo que no haya mirones. Tras no dar con alguna cámara o testigo no deseado, pronto saca lo que tomó del botiquín.
–Seth es un doctor profesional y aun así me dolió. No quiero imaginar lo que me va a doler contigo –dijo Jay, recargandose en un lavamanos.
–Confía en mí. Meter una jeringa no es cosa del otro mundo –afirmó Jake, sacando la jeringa de su empaque.
–Pero no eres doctor, dime ¿quién chingados te capacito? –gritó Jay, poniéndose nervioso.
–Por favor cariño, relájate –dice mientras lo sujeta por los brazos; tratando de inculcarle confianza con su mirada–, prometo hacerlo con sumo cuidado.
El menor de edad no resiste la encantadora mirada de su esposo, por ende no le queda más remedio que acceder.
–¡Esta bien! –exhala nervioso.
–Tranquilo, no te pongas tenso porque me lo vas a contagiar. Quítate la chaqueta de policía, descubrete el brazo.
El oficial Baruchel obedece a su esposo, se quita la gabardina color parda y la chaqueta, luego se remanga la manga de la camisa blanca.
–¡Ya! –Le avisa.
Jake le agarra el brazo y con mucho cuidado introduce la aguja para extraer otro cubito de sangre. Jay hace una mueca de dolor pese a que está viendo hacia otro lado, entretanto la ampolleta casi se llena de sangre. Segundos luego, Jake retira la aguja y pronto le pone una bolita de algodón.
–¡Con tus dedos presiona levemente la bolita de algodón! –Le ordena de nuevo.
–¡Sí ya sé! ¡Ay! –Jay se queja por el ardor que siente.
El oficial Gyllenhaal, le tomó otra muestra de sangre por qué todavía no asimila el hecho de que su esposo se halla embarazado. Por consiguiente, va llevar la muestra a otro doctor (muy amigo suyo) para confirmar que esto no está sucediendo. Preferible un segundo punto de vista que saque de dudas.
El oficial Baruchel se vuelve a poner sus prendas. Tras esto, ambos salen del baño y se dirigen al consultorio del doctor. En el camino esquivan a las personas que ocupan la clínica: entre doctores, enfermeras y familiares que visitan a sus parientes enfermos. Finalmente alcanzan la entrada, Jake da varios golpes a la puerta, el doctor los invita a pasar. Los dos se meten. El doctor desocupa su asiento mientras Jay cierra la puerta.
Derechos reservados, yo merengues - Bárbara Edith M. G. ¡Soy la autora! 8)
