Young and Beautiful
"NightSky"
El cielo estaba decorado con tonalidades de blancos y grises, conjuntamente con azules intensos que anunciaban la llegada de la noche, aun cuando aquellas gotas que emanaban del firmamento parecían no tener fin alguno, igual que ese lágrimas de perla saladas de se confundía perfectamente con aquel escenario. Las personas iban y veían tras la escena, algunos preocupados, otros simplemente para tener un chisme o excusa que contar, y varios que se preparaba para hacer una primicia, claro que ser la comidilla del pueblo por el sufrimiento y el miedo no estaba en los planes de aquel pelirrojo que aun sostenía fuertemente al pequeño en sus brazos como si la vida misma dependiera de ello, aun sin saber qué diablos era lo que había pasado, no hacía falta ser un genio para saber que era un acontecimiento que había marcado la vida de su ratoncito, así que de a poco busco cargarlo en brazos, como si de una dama se tratase, dejándolo al mismo tiempo completamente anonadado y sin saber que hacer al estar en tal condición.
- Kar-Karma-kun, espera, bájame, esto se ve extraño. - Reclamaba a duras penas, pues su voz aún estaba quebrada y ronca a causa de llanto que había atormentado su garganta unos momento atrás, - No soy una chica, vamos, bájame. - Volvió a pedir con cierta insistencia, pero parecía que el mayor si quiera lo escuchaba, al ver su expresión no lo reconoció, no era el chico de siempre, totalmente alegre, despreocupado y que no pensaba dos veces antes de hacer sus jugarretas, la persona que estaba frente a él, era completamente diferente. - Karma-kun...
- Mi casa no queda muy lejos de aquí, allí podrás descansar, no planeo hacer de tu experiencia peor que ahora. - Sentenció en seco, sin darle tantas vueltas al asunto, sin verlo si quiera, aquellos ojos dorados parecía completamente opacos, y al mismo tiempo como si el mismo infierno ardiera en ellos por alguna razón, cosa que puso algo nervioso al pequeño que trago con algo de fuerza posando la mirada en el camino.
Quería caminar, no deseaba de darle las penurias al contrario, ya era más que suficiente con que lo había salvado, aun cuando sus manos se aferraba al cuerpo ajeno buscando algo de soporte, intento mover las piernas, sin embargo en esos momentos se dio cuenta de algo que lo dejo completamente helado; estaba temblando, sus manos se movían, aun respiraba agitado, su corazón retumbaba nervioso, pero aun en medio de todas aquellas reacciones que llegaban a ser normales ante tal experiencia, una era preocupante, no podía mover las piernas, era como tenerlas completamente adormecidas, si quiera un cosquilleo podía de sentir aun cuando expandía y contraía los dedos de los pies con cierta desesperación, podía hacerlo, podía recrear ese pequeño pero fuerte movimiento, pero lo que si no podía de crear, era la fuerza en el movimiento necesario para mover completamente aquella extensión de su cuerpo, era como si parte de sus músculos y nervios no reaccionaran. Ahora mismo quería de gritar con todas sus fuerzas, pero entrar en pánico en medio de la calle, más cuando aquel joven lo tenía cargado en brazos parecía una elección favorable, ahora solo podía de morder su lengua y apretar sus labios en un intento desesperado por mantenerse en calma.
Un par de calles y un cruce fueron suficientes para llegar a una estación de tren, por suerte dada la hora no habían muchas personas, cosa que ambos agradecían, ya cerca de la línea de anden el mayor dejo por fin que aquel pequeño azulejo tocara el suelo, pero aun así no se separó de él, veía su condición, entendía que después de todo aquello su cuerpo no tenía mucha resistencia o le costaría reaccionar, no lo culpaba de nada, solo agradecía que aquello no paso a peores. Igualmente estaba consciente de que para el contrario podía ser un poco incómodo que lo cargara todo el trayecto, pudo de comprender eso, pero tampoco era como si lo dejaría a su libre albedrío, bueno al menos no por ahora, por lo cual se quedó a su lado y previniendo toda caída poso su brazo en torno a la cintura ajena, de una forma completamente protectora en esos momentos poco importándole todo, y al mismo tiempo notando cierto sonrojo en las mejillas adversas, "fiebre" ese fue su primer pensamiento, era lo más probable en estándares por haber estado llorando en la lluvia, ya cuando llegaran a casa se encargaría de darle algo, ahora tenían un pequeño viaje que hacer, y agradecía que las luces, y el ruidoso sonido metálico del tren deslizándose por los rieles de acero ahora se hacía presente, junto a una fuerte brisas conforme los vagones iban pasando a alta velocidad mientras se detenían de a poco.
Por fin aquel tren se quedó inerte un momento, el vagón abrió sus puertas, algunas personas salieron y así mismo los chicos pudieron de entrar, con cuidado dejo a Nagisa en uno de los asientos y él se acomodó a su lado suspirando un momento, o más bien, recuperando el aire en ligeras bocanadas, no era como si se hubiera cansado pero, había algo que sin duda alguna lo había hecho perder la calma, algo que sin duda alguna aquel pequeño azulejo quería de descubrir.
- Karma-kun, yo… Bueno, veras que... - No sabía exactamente que decir en aquellos momentos, no era de hablar con muchas personas a decir verdad, a duras penas con sus amigos más cercanos y porque eran compañeros en la academia de bellas artes desde que comenzaron a estudiar, pero aquella situación era completamente desconocida para él, estaba con una persona completamente extraña, aunque lo cierto a todo aquello, aunque le acostara aceptarlo en que una gran parte de él quería conocerlo mucho mejor. - Karma-kun... - No sabía que palabras dedicarle, bajo un poco la mirada a sus manos, las cuales entrelazo en medio de un jugueteo, rogando hallar con rapidez las palabras adecuadas, pero comenzar con una pequeña disculpa por lo sucedido sería buena idea, al fin y al cabo, por él estaban completamente mojados, no le extrañaría que terminaran con un resfriado. - De verdad te agradezco, me salvaste la vida, y lo sient...
Aquella frase no pudo ser terminada, no por un grito, un llamado de atención o mucho menos una petición de silencio, no nada de eso, los ojos de pequeño de abrieron de par en par, completamente dilatados al mismo tiempo que cristalinos, sus mejillas ardieron en un rubor carmín, su respiración de entrecorto un momento, y su corazón aquel corazón que apenas había sentido en todo ese rato dio un vuelco, al sentir el peso ajeno, de le cabeza del mayor buscando acomodo en su hombro, mientras su cuerpo buscaba algo de acomodo, mientras se acurrucaba respirando con gran profundidad, cerrando aquellos ojos cual mercurio, bajando completamente su guardia en aquella oportunidad.
- Quince minutos, son tres estaciones que tenemos que pasar antes de llegar a nuestra parada. - Comenzaba a explicar en una voz ronca, mientras comenzaba a respirar con profundidad, dándole un pequeño cosquilleo en el pequeño cuerpo que ahora correspondía a su acompañante. - Déjame estar así, solo ese tiempo... Aunque no dijo nada más después de aquello Nagisa sobreentendió que aquello se trataba de una súplica, por lo que no pregunto nada, solo lo dejo acomodarse y el hizo igual, relajando su cuerpo, apoyando su cabeza en el respaldo del largo asintió para que este tuviera un mejor acomodo, no podía negar que aquella situación lo tornaba completamente nervioso, pero ya no podía hacer nada, no obstante, aun en medio de todo aquello, con delicadeza poso una de sus manos en los cabellos ajenos, brindándole una leve caricia, con suavidad, mientras una sonrisa por fin se dibujaba en sus labios.
- Descansa, Karma-kun... - Se limitó a susurrar, para después dar un suspiro y apoyarse en el mayor, solo un momento, un momento que pareció eterno conforme pasaban las estaciones, sin darse cuenta si quiera, de la debilidad que ahora representaba para aquel demonio que reposaba a su lado.
El tren siguió su camino por las estaciones, aquellos quince minutos que se supondría tenía la trayectoria que ahora recorrían parecían eternos, en cada parada las personas bajaban, haciendo que aquel vagón quedara desolado a excepción de ellos dos, pronto una voz femenina y mecánica rompió aquel ambiente, devolviendo a ambos a la tierra, indicando que por fin había llegado a su destino, el pequeño azulejo iba a decir algo, pero el pelirrojo se le adelanto, con cuidado se separó de su hombro y se levantó del asiento que ahora compartían claro que tenía la idea de ayudarlo, pues sabía bien que aquellas piernas ajenas aun no reaccionaban por completo, sin embargo el que se separara de esa forma, solo dejo una sensación extraña de arrebato al menor, una sensación gélida, como si un aire frío profanara sus pulmones, congelándolos a totalidad, impidiéndole respirar, al tiempo que un extraño agujero se hacía presente en su estómago, no entendía, ¿Porque pasaba eso? jamás en su vida tuvo aquellas sensaciones, el único que lograba despertarlas era aquel joven que ahora extendía su mano para que este la tomara y brindarle su apoyo.
- Aún es pronto para que camines, vamos, Nagisa-kun. -Sonrió con aquella extraña tranquilidad, como si nada le importara y al mismo tiempo, estuviera al pendiente de todo. No había nada que pensar, mucho menos tiempo de darle lugar a las dudas, un pequeño sonido se hizo presente indicando que las puertas que ya se habían abierto pronto se cerrarían, así que solo se incorporó, tomo su mano, y pronto salieron de allí caminando por el andén y siguiendo una pequeña multitud para salir fuera de aquella estación, a su propio paso claro estaba, pues no podían abusar de las condiciones en que ambos estaban después de aquella situación.
Una vez más el cielo se mostró ante ellos, la luna a duras penas se mostraba, las nubes impedía ver las estrellas, los edificios tampoco daban mucha ayuda y fue así cuando el pequeño se dio cuenta de algo, jamás había estado en aquellos lares, estaba totalmente fuera de su territorio, no conocía nada en ese lugar, hasta donde tenía entendido aquel lugar era un barrio finos, lleno de personajes que poseían mucha fama, dinero, o puestos demasiado representativos, sabía que no debía de sentirse así, pero ahora sí que se sentía un poco inferior al ver todos esos edificios, rascacielos y casas enormes, de alguna forma se sentía ahogado y casi a punto de tomar el tren de regreso a casa, si quiera se había percatado que seguía lloviendo o por lo menos fue hacía hasta que sintió que algo lo cubrió, no un paraguas ni nada por el estilo, sino la gruesa tela oscura del abrigo de aquel pelirrojo que acomodaba la prenda en su cabeza y parte de sus hombros, para poder cubrirlo de aquellas lágrimas de cielo que amenazaban con no detenerse en toda la noche.
Un rubor cubrió aquellas pálidas mejillas ante el acto de gentileza de parte de aquel demonio que ahora había quedado expuesto ante aquella lluvia por su culpa, no pudo evitar sentirse algo mal, quizás hubieran tenido más suerte su paraguas no hubiera terminado quien sabe dónde durante ese accidente, pero... ¿Qué podía hacer? eran solo cosas que pasaban, más tenían que agradecer del hecho de que estaban sanos y salvos, ya solo les quedaba volver a caminar por aquella vereda, húmeda, donde las gotas contrastaban con el gélido pavimento, y las luces se reflejaban entre pequeños charcos, que contrastaban con sus pies el caminar.
Tuvieron que pasar algunas tiendas y edificaciones antes de llegar por fin a un lujoso edificio. - Es aquí... - Fueron las últimas palabras que salieron de la boca del pelirrojo antes de presionar un poco más las mano ajena, claro que con cuidado para no lastimarlo, mientras entraban al lugar y se encontraban con un hermoso lobby, aquellos ojos celestes exploraron todo al llegar, completamente cristalinos, cual niño que acababa de llegar a un parque de diversiones, pero su vista ahora estaba fija, en los cuadros, esculturas, salones, jarrones, y arreglos, definitivamente, para él era simplemente impresionante, pero aun estando anonadado, no le perdió la vista al mayor y mucho menos al hecho de que aun tomaba su mano.
Cruzaron el lobby llegando a un pared donde yacían un par de elevadores, entraron a uno, y el mayor marco de inmediato uno de los pisos más altos, de alguna forma eso ya no le sorprendía al contrario, en lo absoluto, ahora solo suspiraba, por lo menos no estaban en medio de aquella escena de accidente, quizás las cosas no era las mejores, pero por lo menos estarían resguardados de la lluvia y el frío. El silencio aún seguía presente, pero no era uno de esos incómodos, para nada, solo era uno de esos causados por el hecho de no saber bien que decir, cosa que frustro un poco al azulejo haciendo que de inmediato inflara lo mofletes aun sonrojado por aquella situación en la que se encontraban, buscaba un tema de conversación, vaya que era difícil, al fin y al cabo estaba apenas conociendo a ese joven, así que los resultados claramente se resumían a cero, ya que no deseaba tocar ese tema del arte, ya tenía idea de lo delicado que era el contrario con este, así que lo mejor era dejar todo fluir, aunque no contara con el conocimiento de cómo demonio hacer eso.
Se sintió un movimiento al llegar al piso indicado, la luz de botón se apagó, una campanilla se escuchó, y por fin aquellas puertas metálicas se abrieron dándoles paso, así salieron y caminaron hacía una de las 5 puertas que se encontraban en aquel lugar, por primera vez en todo ese tiempo, el mayor dejo la mano ajena en libertad, de manera de buscar en su billetera una llave, o más bien una tarjeta que deslizo por una hendidura y así mismo cuando los números brillaron ingreso un código, más bien un numero de seguridad, y la puerta se abrió, de inmediato el pelirrojo se puso a un lado abriendo la puerta y haciendo una reverencia lo invito a entrar.
- Las damas primero, Nagisa-kun. - Hizo una de sus endemoniadas muecas, como un niño que acababa de hacer una travesura en plena noche de Halloween, El peliazulado solo puso sus ojos en blanco, frunciendo levemente el ceño, mientras entraba a aquel lugar que sería su lecho por una noche, por lo menos así era su pensar, sin saber que era lo que ese demonio y más aún el caprichoso destino tenía planeado.
- No es gracioso. Karma-kun. - Lo reprendió mientras caminaba adentrándose a aquel nuevo mundo, como era de esperarse, al igual que toda la fachada que habían tenido que pasar, para llegar allí, todo en aquel departamento era lujoso, limpio, ordenado, no tenía pecado alguno, para ser un departamento de un joven y para remate soltero, estaba muy bien cuidado, era como si nadie viviera allí, si no fuera por algunas pertenencias abría jurado que todo era nuevo. Al entrar se encontraba la cocina junto a una pequeña isla, y un comedor familiar, no entendía aquello, si vivía solo, pero quizás jamás estaba demás, la sala estaba en un desnivel, una alfombra cubría la mayor parte de aquel piso, muebles de piel de color oscuro, llenos de almohadas y cojines, una mesa de madera, y un mueble donde yacían una Tv, junto a un par de consolas de videojuegos, y estuches de lo mismo junto a unas pelis, el hecho de que le gustaran cosas tan "infantiles" lo hizo reír, se sintió más cerca de aquel demonio por alguna razón, más al ver un librero lleno de una vasta selección de libros, novelas, y sin mencionar algunos mangas, en especial su favorito, eso sí que lo saco de base.
Casi estaba a punto de tomar un ejemplar para leerlo, más se reprendía a si mismo recordando el hecho de que aún estaba en una casa ajena, camino un poco más y vio un par de puertas al final de la sala, supuso que se trataban del baño y la lavandería, no vio necesidad de preguntar todavía, volvió junto al mayor que parecía un tanto entretenido, ver como aquel azulejo se movía para conocer al casa era como un ver a un animal pequeño intentando conocer su nuevo hogar, no podía evitar sonreír, mientras ocultaba sus manos en los bolsillos de su humado pantalón, esta vez recordando, la realidad de la situación en la que se encontraban ambos, vaya que a veces era muy idiota.
- Nagisa-chan - Canturreo aquel nombre haciendo que el contrarió se volviera hacía el. - Si no te das un baño, vas a resfriarte, así que es mejor que llames a tu casa, y entres de una vez, yo buscare algo para ti, creo que tengo un vestido de mi madre o algo así en la habitación de huéspedes. - Al decir aquello no puedo evitar soltar una carcajada, no tenía mucho de conocer a aquel muchacho y sentía que toda la vida había estado a su lado, además, ver sus expresiones al abochornarse y molestarse era un placer simplemente divino para él. - Al final la puerta de la derecha, no hay pérdida, te llevare algo.
- Si es una falda, prefiero estar desnudo, así me resfríe. - Sentenció cruzándose de brazos, refunfuñando completamente apenado, mientras se daba medía vuelta y esta vez caminaba al lugar que le habían indicado, aunque en un momento se detuvo para poder decir algo. - Karma-kun, gracias por todo... - No espero una respuesta, mucho menos de que dijera que esperara, solamente corrió a la puerta y allí se "enceró", no entendía que pasaba con él, un momento sentía un sentimiento de arrebato, luego quería hablar con desesperación con aquel pelirrojo y ahora, sentía que su corazón iba a salir corriendo de su pecho de una forma tan dolorosa y eufórica, no entendía que pasaba.
Acaso estaba enfermo, si eso debía de ser en algún momento debió de pescarse algo en la lluvia, por lo cual solo se dispuso a quitarse la ropa y entrar rápido a la tina, sin embargo en medio de todo aquellos movimientos se dio cuenta de algo, al verse al espejo, tenía la piel erizada, sus mejillas ardían en rubor, sus ojos estaba cristalinos como su fuese a llorar, pero no realmente estaba dilatados, puso su mano en el espejo notando que su superficie estaba completamente helada, pero a comparación con su diestra, esta estaba caliente, era la mano que el mayor había tomado, y más aún por alguna razón su piel ahora ardía. - ¿Que me está pasando? - Pregunto para sí mismo en un susurro, solo para volver a sus anteriores acciones y luego de limpiar su cuerpo entrar rápidamente a la tina recuperado algo de calor en su pequeño cuerpo, aún con todos esos pensamientos ahora inundando su mente.
Por otra parte el demonio se encontraba en las mimas condiciones, de alguna manera sabía controlarse un poco más, pero algo que no podía negar era el hecho de que todo en aquel pequeño ángel lo llamaba, como un droga creada para él, igual que un canto de sirenas que lo llevaría a su perdición en aguas profundas, y seguramente era así pero era un riesgo que estaba dispuesto a tomar, por nada ni nadie había sentido algo así, era una oportunidad que no dejaría pasar por nada del mundo. No obstante sabía que tenía algunas prioridades en aquellos momentos, así que subió por una escalinata de madera que conectaba con el segundo piso, donde se encontraban las habitaciones y un pequeño cuarto que se suponía antes era su estudio, entro a su habitación, y allí procedió a buscar algo para el menor, su complexión era pequeña, y frágil, como una chica, no sabía que podía darle, cualquier prenda le quedaría grande, no tenía una hermana, y su madre muy rara vez dejaba su ropa en su casa pues necesitaba toda prenda para sus largos viajes con su padre.
- Vaya que esto está complicado... - Expreso sonriente, aunque dejando salir un suspiro, un yukata de la misma forma le quedaría algo grande, así que sabía que tenía que buscar alguna prenda que lo ayudara a cubrirse del frío en esa noche, la búsqueda fue exhaustiva, y sin embargo encontró algo perfecto, por lo que tomo una toalla y llevo todo aquello a donde estaba el menor. Toco la puerta y se dispuso a entrar.
- Nagisa-chan. - Lo llamo y dejo la ropa encima de una pequeña mesa donde se guardaban todos los artículos. - Acá tienes algo para ti, fue lo único que encontré, preparare algo de chocolate caliente y pediré algo para cenar, así que puedes tardarte lo que desees. - Expreso este disponiéndose a retirarse, por una parte sentía que estaba huyendo ante lo nervioso que se sentía al estar al lado del azulejo.
- Muchas gracias, Karma-kun. - Su corazón dio un vuelvo desde el mismo momento en que aquel joven abrió la puerta, ahora solo latía de tal forma que dolía, y no sabía cómo actuar, definitivamente agradecía que una cortina de cristal ahora los separara. - Me parece bien, aunque yo podía cocinar algo, aunque no parezca cocino bien, no tendrías que gastar nada. - Explicaba este, intentando que el contrario no gastara su dinero en él.
- No te preocupes por ello, no acostumbro estar tanto aquí, así que no hay mucho en el refrigerador, por lo que ahora te toca comer lo que compre, pero... Quizás en otra ocasión pueda comer tu comida, ahora me has dado curiosidad por su cocina ratoncito. - Tras decir aquello el mayor solo se dispuso a dejar aquel cuarto de baño y dejar que el pequeño pudiera de asearse con tranquilidad, mientras el hacía algunas cosas.
Intento ahorrar algo de tiempo, así que subió a su habitación por suerte era la única que tenía un cuarto de baño al ser la principal, no dudo de entrar, usar la tina sería demasiado, así que aparto todo dejando su ropa en la cesta, y entro a la ducha, dejo que el agua caliente penetrara en su piel quitando todo frío e impureza que esta poseyera, fue una ducha rápida pero dedicada, salió con una toalla envuelta en su cadera y busco algo para vestirse, además de la ropa interior se fue por lo cómodo, así que una pijama de un color oscuro sería perfecto, dejo una toalla en su cuello para que le humedad se fuera de a poco, y volvió a bajar para ir a la cocina y preparar aquel chocolate caliente y llamar para que les trajeran algo de comer, ahora tenía que cuidar de su pequeño ratoncito, y no iba a dejar que nada le pasara o faltase bajo su cuidado.
No paso mucho antes de que el menor saliera de la tina, ya se estaba tardando mucho, no podía abusar de la hospitalidad de aquel demonio, por lo que tomo la toalla y seco su cuerpo viendo las prendas que el contrario le había traído, se preguntó un momento de que se trataba, pero la respuesta vino por su cuenta al separarlas. Un uniforme deportivo, de la secundaría en la cual seguramente había estudiado, lo que le parecía increíble era el hecho de que estuviera intacto, se notaba que lo había usado un par de veces solamente, pues estaba relativamente nuevo, de alguna forma el hecho de que le prestara aquella prenda lo hizo feliz, así que rápidamente se vistió: Unos pants largos y holgados de un color negro, un camisera blanca de mangas largas y un bordado de aquella institución, igualmente todo aquel conjunto le quedaba holgado, aunque era de esperarse, al final comparado con el mayor él era más pequeño, lo que lo hizo darse cuenta de algo, en medio de un suspiro, aun pasando años, aquellas telas tenía un aroma impregnado en ellas, el peliazulado tomo una porción de la tela acercándola su rostro, solo para inhalar profundamente, una combinación de pan dulce con fresas se hizo presente en el aire que respiraba, algo dulce, infantil y al mismo tiempo tan tentativo, una sonrisa se dibujó en sus labios, mientras sus manos aun sentían la suave tela, aunque no fue hasta escuchar algo afuera que regreso a la realidad, dejando todo en su lugar, y saliendo de aquel lugar para encontrarse de nuevo con el mayor.
- Karma-kun, ¿Que fue es...? - Ya se había hecho costumbre, de nuevo una de sus frases no fue terminada, el extraño sonido que había escuchado, no era más que las cortinas que se fueron abriendo de una forma automática, dejando ver un gigantesco ventanal que cubría la una gran proporción de la pared, hermoso, desde aquella altura se veía la cuidad, todo, rascacielos, edificios, casas, las luces distorsionadas por las gotas que aún seguían contrastando contra el ventanal, incluso la iluminada autopista, apoyo sus manos en el vidrio, su aliento quedaba impregnado en el mismo unos segundos por su respiración, aunque realmente al ver tal escenario, estaba completamente sin aliento, casi le había recordado una viaje tonada de piano que tuvo la suerte de escuchar, una melancólica y tan hermosa como ese momento. - Comienzo a comprender porque a las personas les gusta vivir en lugares así... - Fue lo único que logro susurrar.
- Lo compre hace un año... - La voz del pelirrojo se hizo presente mientras dejaba un par de tazas en la mesa de madera que había en la sala y caminaba hacia donde se encontraba el menor. - Mi abuela falleció, su casa era hermosa, quería poder mantenerla, mis madres la vendieron para tener más dinero para viajes, y yo bueno, use una parte de lo que me tocaba para comprar esto para mí, es el único lugar donde estoy en completa calma y por lo menos ahora no estoy solo. - Explicaba aquello fijando la vista en el cristal y todo lo que podían de contemplar entre la lluvia, aunque aquel joven estaba más concentrado en ver a aquel pequeño cuando se le daba la oportunidad. - Nagisa-chan, me gustaría poder intentar hacer una obra esta noche, ¿Te importaría ayudarme? Ahora que eres mi musa, te necesito, y más que nada, necesito conocer todo de ti... - Al decir aquello una sonrisa totalmente diferente se posó en su rostro, hermosa cautivadora, no ocultaba nada, aunque en medio de sus travesuras tampoco lo hacía.
- No entiendo que es lo que podría de hacer como tu musa, no soy una chica, y honestamente no tengo idea de cómo ayudar, o por lo menos no en ese sentido - De a poco separo su vista de aquel paisaje nublado mientras volvía su vista hacía el mayor esperando una aclaración de todo aquello. Bien era cierto que había cuadrado aceptado todo aquello, no tenía miedo, pero realmente deseaba comprender y saber más de ese mundo que era solo del pelirrojo el mundo que ahora lo invitaba a descubrir.
- No es necesario, solo tienes que confiar en mí, eres mi inspiración, yo voy a cuidarte, protegerte, y me encargare que nada ni nadie te haga daño, comprendes eso, Nagisa-chan... - Pregunto este mientras esperaba una respuesta ajeno, aunque verlo suspirar era más que suficiente para una respuesta, al final su lenguaje corporal era muy evidente, solo había que ser un poco observador. - Tu solo confía en mí, ratoncito. - Sabía que ese apodo le molestaba, pero no podía hacer mucho, aprovecho que el chocolate estaba recién hecho para dejarlo reposar, y tomo ambas manos del menor envolviéndola en las suyas, dejando algunas caricias en su dorso. - Antes cuando un artista elegía una musa, era para toda la vida, algunos se casaban con ellas por ello, eran su inspiración y razón de pintar, razón de amar incluso, pero para que todo funcionara tenían que conocerse bien, completa y profundamente, de a poco tú me conocerás, pero yo debo de conocerte aún más rápido, por lo que, te pido que te confíes, y déjate llevar... - Aquello ultimo lo susurro de una forma sedante contra su oído. El peliazulado no comprendía nada, si quiera a que se refería con todo aquello, pero si había algo de realidad en todo este asunto y era que nada le costaba confiar un poco en él, al final lo había salvado, no podía ser malo.
El pelirrojo por su parte aprovecho a totalidad esa oportunidad, poso sus manos en las mejillas ajenas, las cuales acaricio, con delicadeza, eran pequeñas y suaves, siguió a sus pómulos sintiéndolos con sus pulgares. - Cierra los ojos, no estés nervioso. - Pidió en un susurro, esperando porque el menor hiciera aquello, una vez aquellos cielos ocultos en sus parpados volvió a su acción previa, llevo una a su frente, midió la distancia de su frente, y así mismo el perfil de su nariz con su índice, el cual por igual delineo los labios ajenos, uno por uno y luego juntos, temblaron, eso resulto tan tentador, bajo a su mentón, dibujo la línea de su diminuta mandíbula y consecutivamente a su cuello, era largo y delgado cual cisne, ambas manos se posaron en sus hombros, como su fueran a darle un masaje, pero solo volvieron a deslizarse por el largo de aquellos brazos delgados, hasta llegar a sus muñecas envolviéndolas un momento, y así mismo a sus manos donde dejo algunas caricias, entrelazando de igual manera sus dedos, de sus manos retorno a sus hombros, dibujo un camino hacia su clavícula, descendió a su pecho, sintió el latir de su corazón desbocado, siguió a su abdomen, continuo hacía el vientre, al igual que deslizo sus manos a las caderas apresándolas con cierta posesividad, estaba en éxtasis, esa era la verdad y por las expresiones y sensaciones que podía ver y sentir en la piel ajena sabía que no era el único.
Otro camino fue dibujado hacía su espalda, explorando aquella extensión, no era muy amplía, para nada, pero no quitaba que estaba bien formada, aparto luego sus manos, acaricio su largo cabello, sintiendo cada hebra que se enredaba en sus dedos, tomo un mechón, dejo un beso en él, y volvió a mirar a aquel azulejo, hermoso, estaba completamente abochornado, sus mejillas ardían en carmín, sus labios temblaban,, sus cuerpo se estremecía, y no podía articular palabra, que inocente se veía en aquellos momentos, simplemente una imagen exquisita para el demonio, el cual no dudo esta vez en tomar las mejillas ajenas, acercándose peligrosamente, sus respiraciones se encontraron, sus alientos contrastaron, y sus labios se rosaron un momento, un beso fue robado de la mejilla ajena, haciendo que el pequeño abriera los ojos completamente abochornado. - Nagisa-chan, eres un pervertido, ¿Que pensabas que iba a hacer, pequeño depravado? - Pregunto este separándose en medio de una expresión juguetona dejando al peliazulado estático por lo que había pasado, separándose un poco para poder dejarle su espacio.
- Karma-kun, ¡Serás idiota! - Expreso este tomando uno de los cojines que había en la habitación solo para arrojárselos como si un par de niños en medio de una pelea de almohadas se tratase. No podía negar que aquello le había gustado, sabía por qué el mayor lo había hecho, pero aceptarlo, era algo que no haría o al menos no por ahora. - ¿A que vino eso? - Pregunto de nuevo, no se iba a quedar tranquilo tan fácilmente, por lo que tomo otro cojín esta vez intentando golpearlo, pero el mayor fue más rápido y de la misma forma que antes tomo sus muñecas causando que dejara caer aquel suave objeto en la alfombra, mientras se perdía en aquellos ojos dorados que resultaban ser tan resplandecientes como el sol y ahora lentamente se fusionaban con los suyos.
- Ya te lo dije, Nagisa-chan, tú tienes todo el tiempo del mundo para conocerme, pero yo debo hacerlo mucho más rápido. – De a poco libero las muñecas ajenas, mientras bajaba sus manos junto a las del menor, sin apartar su mirada, estaba completamente fija en aquellos cielos que de vez en cuando se ocultaban bajo esos parpados y pestañas largas. - Tu rostro, cada expresión, sentimiento, cada parte de tu cuerpo, su proporción exacta, altura peso, movilidad, ritmo, son cosas que tengo que saber a perfección sobre ti, y espero que algún día puedas conocerlas de mi aunque... Si me llevas a la cama también podrás conocerlo, eres un pequeño pervertido. - Como podía romper un ambiente tan hermoso en solo cuestión de segundos, y más reír de aquella forma, era de demonio en persona, pero el menor estaba completamente encantado.
De alguna forma u otra el pequeño sabía que llevarla la contraría a aquel demonio sería una completa pérdida de tiempo, pero no quitaba todo el hecho de que era muy divertido, ya sin más solo se sentaron un momento a charlar mientras tomaban un poco de aquel chocolate caliente, tratando de recuperar la temperatura total de sus cuerpo y esperar que llegara el pedido que el mayor había hecho para la cena, por suerte no paso mucho antes de que llegara, como era política del lugar, el pelirrojo tenía que bajar al lobby, así que dejo un momento solo al pequeño en su casa, sabía que no le pasaría nada. Allí fue cuando este aprovecho de tomar su celular, y dejo un mensaje para su madre, explicándole que por la lluvia no iba a poder llegar a casa y pasaría la noche en casa de un amigo, la mujer solo se inmuto a responder con lo absolutamente necesario pidiendo que se cuidara, y luego se vio solo en todo aquello.
No podía estar tranquilo, así que de nuevo dejo la taza en aquella mesa, y se dispuso a explorar un poco aquel lugar, una vez terminada la parte de abajo, se posó al pie de la escalinata, solo para comenzar a subir, claro era el hecho de que por nada del mundo entraría a una de las habitaciones, o por lo menos eso creía, un par las puertas estaban abiertas, estaba desolados, eso le indicaba que de las que estaba cerradas una era del pelirrojo, en embargo al pasar por una se dio cuenta de algo, un pequeño retazo de tela se veía por debajo de la hendidura, lo que quería decir que algún objeto se había caído, la curiosidad lo mataba en aquellos momentos, por lo que tomo un poco de valor y poso su mano en la manilla de la puerta para abrirla, era como su estuviera haciendo todo aquello a escondidas, estaba completamente aturdido por las latidos se su corazón que habían ensordecido sus oídos, el seguro se quitó, la puerta se podía abrir, pero antes de que pudiera descubrir lo que había en aquella habitación, una de las menos el aquel demonio tomo la suya, mientras la otra cerraba la puerta que si quiera fue abierta, dejándolo completamente anonadado y sin saber qué hacer, como explicaría aquello, curiosidad infantil, no había nada a su favor, si quiera podía volverse para verlo a los ojos.
- Llegara el tiempo en que puedas ver este lugar con tus propios ojos, por eso, no desesperes Nagisa-chan. – No dijo más, ambos se quedaron allí un momento, hasta que el azulejo pudo volverse hacía el buscando posar sus ojos en los ajenos que lo recibieron como si nada hubiera pasado. - Ya la cena esta lista, vamos a comer y luego comenzaremos a trabajar.
- Lo siento, Karma-kun, no debí de haber intentado entrar, y gracias por la comida. - estaba completamente apenado por su comportamiento, ahora sí que era verdad que tenía que buscar la forma de enmendar lo que había hecho, aunque no tuviera idea de cómo, por los momentos lo mejor, era poder compartir una cena tranquila junto al mayor, y luego ver como todo fluía para lograr que este disculpara su leve metedura de pata, o si era verdad que esa noche no iba de poder dormir en paz.
Aquella cena paso con tranquilidad, aun con lo que acababa de pasar, todo estaba en calma, como si nada hubiera pasado, hasta hablaban de trivialidades y cosas si sentido, como si fueran un par de jóvenes en secundaría hablando de películas, mangas, y otras cosas sin importancia mientras comían y bebían a plenitud, como si ya existiera un lazo de confianza sin igual, al final, solo era un par de extraños, esperando el momento justo en que pudiera conocer todo el uno de otro. Una vez finalizando aquel pequeño festín, dejaron todo en su lugar, entre los dos limpiaron los platos, el pelirrojo no quería que si invitado tuviera que hacer algo, pero, era tanta su insistencia que resistirse a ello era prácticamente imposible, solo era cuestión de pasarla bien y disfrutar,
Después de todo, ya era hora de la creación y por primera vez en mucho tiempo aquel demonio tenía una gran desesperación en su ser, no sabía bien que podía de pintar, pero lo cierto era que anhelaba en mismo momento en que el pincel dejara aquel liquido espeso y colorado en la tela del lienzo, corrió a su estudio, una vez allí busco uno lienzo limpio, lo cual fue casi imposible de encontrar en medio de ese desastre, la mayoría estaban sucios, manchados, desgarrado o rotos, incluso sus materiales estaban completamente desgastados, justamente cuando más los necesitaba lo abandonaban cual perro vagabundo, sentía ganas de gritar, pero aun así no desistió, se llevó al de tiempo, al final conquisto su batalla encontrando un cuaderno de dibujo, aún seguía inmaculado, perfecto para comenzar a dibujar a ese ángel que ahora estaba acompañándolo, como un estuche con todo lo indispensable para la ocasión y sin más bajo prácticamente corriendo al encuentro con el menor.
- Nagisa-chan. - Volvió a canturrear ese nombre. - ¿Estás listo para… Comenzar? - Aquella frase duro más de lo que pensó, no por el hecho de que hubiera tardado, sino porque al llegar a su destino lo único que logro divisar fue el delicado cuerpo de aquel azulejo reposando en el sofá, completamente exhausto, sus parpados pesados cubriendo aquellos cielos que tenía por ojos, su respiración profunda, de veía den la forma en su pecho subía y bajaba, los leves movimientos de su cuerpo buscando calor y acomodo, una escena tan inocente, el demonio no pudo hacer más que dejar todo a un lado, al menos por los momentos, busco una cobija de cubrió de aquel cuerpo con gentileza, apago las luces solo dejando la claridad de la noche y regreso al lado del menor – Bueno, creo que aún tengo una oportunidad. – Susurro aquello de a poco mientras se sentaba en un sofá, y encendía una lámpara de noche, si quizás tendía que forzar un poco la vista, pero todo valdría la pena al final.
No le dio tiempo ni lugar a las dudas y sucesos, tomo uno de los lápices de carboncillo e inicio con los lineados, que fuera oscuro, y al mismo tiempo tan suave como para que se perdieran en medio de la pintura, quizás que su primera pieza fuera en acuarela era riesgoso, era mejor comenzar con una sesión de bocetos, pero no, eso sería inconcebible. Líneas, trazos, delineados, contornos y detalles, todo perfectamente hecho, una vez tuvo toda aquella base, era hora de la verdad, tomo una paleta y la lleno con algunos colores, en su mayoría tonos fríos, así mismo un pincel, y así cada tinte y tono de a poco quedaban impregnados en aquella superficie, uno a uno, cobrando viveza en aquel material. Estaba tan concentrado se había perdido en aquel mar de colorido e inspiración que si quiera se percató en el mismo momento se había separado de ese mundo para hundirse en sus sueños.
La mañana del siguiente día arribo, el sol penetraba en la habitación, con pereza los parados del peliazulado se abrieron, solo para luego cerrarlo con fuerza y tallarse sus ojos con pereza al tiempo que se levantaba recordando todo que había pasado la noche anterior, vaya que la había dado problemas al pelirrojo, y aun así estaba feliz con todo aquello. Se dispuso a levantarse, y fue cuando se dio cuenta de dos cosas, el mayor estaba junto a él, aun profundamente dormido, su rostro y parte de su sus manos estaba llenas de carboncillo, tinta y acuarela, y su cuerpo había quedado recostado en uno de los brazos del mueble, se notaba cansado, se había desvelado, y lo que lo delataba eran unas leves ojeras bajo sus parpados, por un momento deseo poder tomar una foto, pero algo más llamaba su atención, si aquel joven estaba lleno de pintura, solo significaba algo, una nueva creación y ahora mismo anhelaba verla. Logro divisar un caballete, y allí reposaba un lienzo que terminaba de sacarse, no dudo en posarse frente a este y por fin ver aquella reacción: Una cama de nubes donde el reposaba, un manto de cielo arropándolo, dormido profundamente, la cuidad ardiendo en la distancia entre miles de luces blancas y rojas que se combinaban como fuego en la tierra, todo en medio de un cielo estrellado, tan hermoso con la luz de luna presente iluminando todo con su resplandor. Pensar que cada caricia de la noche pasada era para conocer su cuerpo, y ahora todo estaba plasmado perfectamente en aquello, no entendía a que vino esa inspiración, pero en medio de colores tan fríos había una calidez que impregnaba su corazón, algo que antes estaba oculto en aquellas pinturas destruidas, y ahora, estaba completamente presente.
- Esto es increíble, Karma-kun… - Murmuro para sí mismo, mientras volvía a ver aquella obra, tenía que admitir que era extraño verse en aquella situación, pero no podía quejarse. Supuso que lo mejor por los momentos era mejor hacer algo para agradecer al pelirrojo, estaba abochornado y al mismo lleno de ese sentimiento que parecía desbordarse en su ser, aquel que pensó que se le había sido negado, la felicidad, la cual ahora se dibujaba en una sonrisa.
Cuando menos lo pensó, los brazos de aquel demonio lo apresaron en un abrazo por su espalda, apoyando un momento su mentón en su hombro, aquel acto tomo completamente desprevenido al peliazulado, que se estremeció y volvió un momento su vista hacia el mayor. - Me alegra que te guste, Nagisa-chan. – Logro articular en medio de un voz ronca la cual indicaba que aun en medio de todo aquello estaba agotado, aun así se había levantado para estar a su lado.
- Serás idiota, no tenías que hacer esto, podías tardar lo que quisieras. - Escucho una tenue risa, de aquella voz aun ronca, y volvió la vista hacía aquel lienzo, esta vez contemplándolo juntos. Su primera creación, una que llevaba de alguna forma todo de ambos.
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Primero que nada, les debo una gran disculpa por todo el tiempo que estuve sin publicar, esta vez me asegure que este capitulo fuera un poco más largo pero igual de hermoso en compensación, espero disfruten de este Fic, nos vemos en la siguiente publicación, no se olviden de comentar y compartir esta historia, gracias! Kissy!
PD: la canción usada para este capitulo fue NightSky de Tracey Chattaway 3
