Twihard Till The World Ends
(2008 - ∞)
¡Happy Reading!
Bella's POV
Era viernes, acabábamos de finalizar clases y decidí regresar a mi habitación para tomar un baño. Los exámenes se acercaban cada día más, el estrés comenzaba a irritarme.
Preparé la tina con una esencia de lavanda que Rose me había regalado en días pasados para poder relajarme.
Me quité la ropa y entré al agua caliente. Con cuidado me puse mis audífonos y subí la música hasta donde mis oídos lo soportaran.
Al terminar el baño, seguí tarareando la última canción que mi iPod había reproducido: "Feel Good Inc." de Gorillaz.
Opté por usar unos jeans, una blusa azul de tirantes y mis converse. Estaba preparada para ponerme a leer mis apuntes de Historia cuando dieron dos toques rápidos a la puerta de mi habitación.
Me acerqué de prisa y al abrir me encontré a Anthony mirándome de arriba abajo.
- ¿Él no está aquí, verdad? – susurró.
Supuse que se refería a su hermano así que negué con la cabeza.
- Bien – contestó él.
Era inevitable sentirme incómoda con la presencia del niño de 12 años, sobretodo por la extrema semejanza que tiene con Cullen. Parecían dos gotas de agua, sólo que una más pequeña que la otra.
- ¿Qué pasa? – pregunté con curiosidad.
Después de todo lo ocurrido entre Cullen y él, Carlisle accedió a internarlo en el colegio también. Anthony estaba maravillado con la idea. Él y su hermano mayor pasaban más tiempo de juntos. No sé por qué, pero esto me hacía muy feliz. Cullen lucía mejor con una sonrisa en su rostro.
- Hey, Isabella. ¿Me escuchas? – dijo el pequeño tronándome los dedos para que reaccionara.
- Disculpa… Estaba pensando… - contesté - … Ohm, ¿en qué puedo ayudarte?
- Vengo a pedirte un favor. Pero tienes que prometerme que lo cumplirás.
- ¿De qué se trata?
- Primero promételo – dijo el niño obstinado.
- Si no me dices de qué se trata no puedo ayudarte.
Anthony miró a los dos lados del pasillo como buscando que no viniera nadie y sacó del bolsillo de su pantalón una tarjeta beige membretada con letras elegantes.
- Tienes que asistir a esta fiesta – dijo como si nada.
- ¿Es sólo eso? Pero, ¿por qué quieres que vaya yo? – pregunté extrañada mientras tomaba la tarjeta entre mis dedos.
- ¿Qué estás haciendo aquí? – escuchamos de repente Anthony y yo. Los dos sabíamos de quién provenía la voz. Al ver el pasillo nos encontramos a Cullen mirándonos de una manera muy fría.
- E-Edward yo… - comenzó a decir el menor.
- Te he dicho claramente que no tienes permitido venir a esta sección de la escuela – dijo el hermano mayor bastante molesto.
La mirada de Cullen pasó de Anthony hasta la tarjeta que aún descansaba en mis manos.
- ¿Estás molesto por que le traje la invitación a Isabella? Es que… yo pensé que si ella te acompañaba tu estarías feliz porque…
- Anthony, no hagas cosas sin mi permiso – la mirada de Cullen en verdad reflejaba su enfado. El menor me tomó de la cintura y me acercó a él.
- ¿Qué tiene de malo que me la haya dado? – dije metiéndome en la discusión.
- Lamento que Anthony te haya causando problemas. ¿Podías devolverme la invitación?
Su actitud fantoche me hizo hervir las venas. Me crucé de brazos y encaré a Cullen.
- ¿Y qué pasa si yo ya acepté asistir?
- Te estás metiendo en asuntos que no te conciernen, Bella.
- Ya dije que acepté – le contesté de mala gana – Yo siempre cumplo lo que digo.
Él me dedicó una mirada aún más fría y luego frotó las manos en su rostro como decidiendo sus siguientes palabras.
- ¿Aún si la invitación dice que irías como mi pareja?
- ¡Por supuesto! – grité molesta pero luego mi subconsciente me dijo que escuchara con atención lo que acababa de decir. ¿Acaso escuché bien?
- Bien, como quieras – bufó Cullen y se alejó de donde yo estaba – Aunque debo de aclararte que tienes que obedecerme en todo lo que te diga, ¿entendido?
No pude decir nada. Anthony me dedico una mirada de disculpa y siguió a su hermano por el pasillo.
¡¿Iba a ir a una fiesta como pareja de Cullen?!
¿En qué carajos me acababa de meter?
.
.
Esa misma noche, Alice nos invitó a su habitación para cenar todos juntos. El menú: risotto de champiñones y medallones de pollo.
Los meseros entraron instalaron una mesa redonda, sirvieron vino tinto para después traer la comida y retirarse dejándonos a los seis solos.
El tema de la invitación salió al poco rato.
- ¿Y por qué tienes que ir tu, Bella? – dijo Alice quejándose.
- Se lo prometí a Anthony. Tu sabes cómo soy respecto a las promesas. Además… sólo será un rato. No pasará nada.
- ¿Y de quién es esta fiesta? – preguntó Jasper mientras le daba un sorbo a su copa.
¡Vaya! Yo ya estaba apuntada para ir y ni siquiera sabía el motivo de la celebración. Del bolsillo trasero de mis jeans saqué la tarjeta beige y la leí.
- Es la fiesta de cumpleaños de Jacob Black – dije como si nada.
Noté que Alice abrió mucho los ojos y se tensó al escuchar el nombre. Cullen la miró detenidamente.
Allí había algo raro, ¿Alice lo conocía? Sinceramente no quería preguntar por miedo a incomodar a mi amiga.
- Black – comentó Emmett – Su padre es accionista en la empresa de mi padre. También de la de la familia de Rose.
Alice seguía sin moverse y sin hacer ningún sonido.
- Mañana temprano vendrá el chofer de mi padre para llevarte a comprar un vestido para la fiesta – murmuró Cullen sin mirarme a la cara. En definitiva seguía molesto.
- De acuerdo, "jefe" – contesté a regañadientes.
- Me alegra que entiendas – dijo Cullen y parándose de su asiento salió de la habitación cerrando con fuerza la puerta.
Seguí degustando la cena aún preocupada por la reacción de Alice.
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Tomé otra ducha en la mañana pues, según Cullen, después de ir a comprar el vestido me llevarían a un salón para maquillarme y peinarme. De nuevo, no refuté en ningún momento. Eso me pasaba por no pensar las cosas antes de decirlas. Ahora todos creerían que Cullen y yo éramos pareja y tendría que pasearme entre gente adinerada usando tacones altísimos.
- Bien hecho, Bella – pensé molesta.
Para mi sorpresa, la tienda en donde paramos para comprar mi atuendo era "Dolce & Gabanna" no sabía mucho de diseñadores pero estaba 100% segura de que esto valdría un ojo de la cara.
- ¿Esto es necesario? – le dije a Kate, la asistente de Carlisle. Una joven de unos 28 años, cabello rubio, tez blanca y ojos miel. Fue ella quien me recogió temprano al colegio.
- Son órdenes de Edward, Bella. Te aseguro que todo saldrá bien – me respondió con una sonrisa conciliadora.
Exhalé aire tratando de armarme de valor y entramos a la tienda.
No fue difícil decidirme, dado el caso de que Kate ya tenía en mente el vestido que debía llevar.
Era azul, strapless con pedrería plata incrustada en la parte de arriba. Me llegaba justo al finalizar las rodillas. Debo admitir que me encantaba.
- Perfecto. Ahora vamos a maquillarte – me dijo mientras pagaba con una tarjeta de crédito.
Ahora veo por qué insistieron en que saliera temprano del colegio, la señorita encargada de mi maquillaje tardó más de dos horas poniéndome miles de cremas y exfoliantes. ¿Es que en verdad la gente que veríamos era importante?
Aplicó un maquillaje plateado bastante sutil y después pasó a mi cabello.
Igual, fueron como dos horas de tratamiento para que luciera impecable el cabello y luego optó por ondularlo y hacer una pequeña trenza para unir los mechones sueltos que se formaban alrededor de mi cara.
- Kate, ¿puedo ir rápido al tocador? He estado aquí todo el día.
Ella soltó una risita y me indicó el camino hasta el baño.
Suspiré aliviada al pararme de la silla blanca en la que había estado más de 4 horas.
Por si fuera poco, no lograba encontrar la puerta correcta.
Di vuelta en un pasillo estrecho cuando me topé con un joven moreno.
- Lo lamento – dije de prisa – Disculpa, ¿sabes dónde está el tocador de damas?
- Eres Isabella Swan, ¿no? – preguntó el joven mirándome de arriba abajo.
- ¿Nos conocemos? – dije extrañada.
- Eres bastante famosa. Me pregunto si Edward… Olvídalo – dijo con una risotada – Es la puerta de la izquierda. Un gusto conocerte.
- ¿No me dirás tu nombre? – pregunté.
- Aún no – se limitó a decir – Adiós, Isabella.
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Después de toda la rutina torturadora, Kate me llevó a casa de Cullen para que pudiera arreglarme por completo.
En cuanto subió el cierre de mi vestido, Irina (la asistente de la asistente de Carlisle) me invitó a que me viera en el espejo.
No por ser modesta pero en verdad lucía muy bien. Aunque no estaba segura que estar todo el día en una silla lo valiera.
- Bella, Edward está esperándote abajo – me anunció Kate.
Tomé una boconada de aire y salí de la habitación. No vi a Anthony ni a Esme por ningún lado mientras me dirigía a las escaleras.
Me iba a animar a preguntarle a Kate por el paradero de Esme pero mi acompañante robó toda mi atención.
Llevaba un traje y corbata negra y una camisa azul que hacía juego con mi vestido. Cullen peinó su cabello todo para atrás haciéndolo lucir increíblemente atractivo.
- Hola – pronuncié cuando estaba a pocos pasos de él.
Él me miraba fijamente haciéndome sentir sumamente incómoda y sonrojada.
- Luzco rara, ¿verdad? – mascullé mientras veía el vestido azul.
- Para nada – dijo Cullen por fin – Será mejor que nos vayamos. Es tarde.
El chofer de Carlisle nos condujo por medio de la ciudad hasta que aparcó frente a una enorme mansión.
- ¿E-es aquí? – pregunté anonadada.
Cullen bufó y me ayudó a salir del mercedes negro.
Los invitados que estaban allí nos miraron y comenzaron a susurrar entre ellos. Cullen lo notó y me tomó de la mano. Quería zafarme pero con este gesto me sentía más segura al caminar frente a toda esa gente.
La puerta principal se abrió y no pude evitar gemir del asombro.
Meseros vestidos de blanco se paseaban por toda la habitación ofreciendo copas de champagne. En el centro había una mesa que albergaba cientos de regalos envueltos en papel reluciente. La gente seguía mirándonos raro pero ya nada me importaba, posiblemente jamás volvería a verlos en toda mi vida.
- Tengo que ir a saludar a unas personas. Hazme el favor de quedarte aquí y abstente de hablar con alguien – me ordenó Cullen y se soltó mi mano.
De repente me sentí cohibida. Caminé por la habitación hasta encontrarme con un balcón solitario.
No dudé en salir para respirar aire fresco.
La vista era preciosa, los jardines estaban llenos de flores de colores. Hermoso.
Toda esta gente de seguro era de dinero pero no tenían idea de cómo lanzar una fiesta.
- Maldito Cullen, si hubiese sabido que me ibas a ignorar el resto de la noche ni me hubiera molestado en venir – pensé en voz alta.
- Probablemente, Edward está muy molesto – dijo una voz a mis espaldas – odia lidiar con toda esta gente.
Encaré al dueño de la voz y para mi sorpresa era el mismo joven con el que me había topado en la mañana.
- ¿Q-qué haces aquí? – pregunté extrañada.
- Oh. Pues. Festejando mi cumpleaños – dijo con una enorme sonrisa.
- ¿Tú eres Jacob?
- ¿Y tú eres la novia de Edward? – preguntó haciendo caso omiso a lo que acababa de decir.
- Sólo le estoy haciendo un favor – respondí con timidez. ¿Cómo le hacían estas personas para intimidarme de esta manera?
- Ya veo. Eres el amor no correspondido de Edward. Eso es tan triste. Siento mucha lástima por él.
- ¿Amor no correspondido? – pregunté confundida.
- Aunque también siento lástima por ti – dijo de nuevo ignorando mi pregunta - ¿Cómo fue que te enamoraste de ese bueno para nada?
No sé por qué pero ese comentario hizo hervir mis venas al instante. No me contuve y le solté una bofetada a Jacob haciendo retroceder y mirándome divertido.
- No te vuelvas a expresar así de Edward, ¿oíste? Él es mi mejor amigo. Y para tu información yo no estoy enamorada de él.
- ¿Tan segura estás? – Jacob miró hacia algo que estaba detrás de mi. De seguro se aseguraba que no hubiese nadie. Soltó una sonrisa a lo que sea que estaba viendo y se dirigió a mi - ¿Quieres comprobarlo?
Se acercó hasta quedar a pocos centímetros de mi rostro.
- Si intento algo contigo y Edward se molesta… eso significaría – posicionó su labios en mi oído y susurró - … que él está enamorado de ti.
Mi cabeza no podía procesar lo que estaba sucediendo.
Jacob me tomó de los brazos y me acercó aún más a él.
Todo mi ser estaba congelado con lo que acababa de escuchar… ¿Edward enamorado de mi? No. No. Cullen… Cullen así lo llamo yo.
De repente todo sucedió en cámara lenta:
Jacob estaba a pocos milímetros de unir sus labios con los míos cuando Edward se posicionó frente a mi y le lanzó un golpe a Jacob haciéndolo caer con fuerza al piso.
- Edward… - susurré.
Su mirada reflejaba odio, era aún más fría de la que nos había mostrado a Anthony y a mi el día anterior.
- ¿Ves? Te lo dije – pronunció Jacob mirándome de forma burlona desde el suelo.
Juro que deje de respirar…. No. Esto no era posible.
¿Edward me quería?
No había notado que él me había tomado de la cadera y me atraía hacia su cuerpo.
Solté un jadeo y con violencia me zafé de su agarre.
- No. No. No. Esto no es posible – me repetí.
- ¿Bella? – dijo Edward con preocupación. Me quiso tomar de la mano pero di un paso para atrás.
- ¡No me toques! – grité. Edward se tensó por mis palabras y avanzó para tomar mi mejilla pero eludí la caricia.
Entré deprisa a la habitación donde se encontraban los demás invitados que no se habían dado cuenta de lo sucedido. Sólo que mi plan no funcionó como lo esperaba y a los pocos segundos volví a sentirme claustrofóbica.
Me dirigí a las escaleras que daban al segundo piso y entré en la primera habitación que encontré.
Me recargué en la pared y me senté en el suelo.
- Cálmate, Bella – me repetí – Tienes que regresar a la fiesta. Todo saldrá bien.
Después de unos momentos me paré a tientas y sin querer dejé caer un portarretratos. Para mi buena suerte era de plástico así que no se rompió.
La luna llena que se colaba por la ventana era mi única fuente de luz. Observé la foto con detenimiento y tuve que ahogar un gritito cuando vi que quienes protagonizaban la foto eran Edward, Jacob y Alice. Sólo que parecían tener unos 10 años.
Edward era idéntico a Anthony, Jacob no había cambiado nada, y la única diferencia de Alice es que en la foto ella llevaba el cabello sumamente largo. Lucía hermosa y muy tierna.
Pero… ¿Alice conoce a Jacob entonces?
- ¿Qué haces en mi habitación? – escuché decir a Jacob de repente.
Me giré para verlo y dejé el portarretratos en su lugar.
- Lo lamento. Quería estar sola y antes de que me diera cuenta ya estaba aquí.
Jacob cerró la puerta de la habitación tras de él y se posicionó frente a mi.
- ¿Así que tú y Edward son mejores amigos?
- Si – admití incómoda.
- No creo que sea buena idea que Edward se mezcle con personas como tú – dijo serio.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Lo único decente que puedes hacer es lucir bonita y estar callada.
Sus palabras iniciaron un fuego imparable en mi interior. Estaba por propinarle una segunda bofetada pero él sujetó mi mano con fuerza.
- Edward no ha disciplinado a su novia –dijo con desprecio.
- ¡Bella! – escuché a Edward llamarme desde la puerta.
Jacob soltó una risita.
- Los dejaré solos – susurró de nuevo en mi oído.
Edward y él se miraron de una manera extraña. De nuevo, como una conversación mental.
Cuando Edward le dio la espalda, Jacob se detuvo.
- ¿Cómo está Alice? – preguntó con una voz distinta… Como si estuviese en verdad interesado en saber.
Edward gruñó por lo bajo y Jacob volvió a reír.
- Está bien. No importa – dijo y salió de la habitación.
Nos quedamos en silencio por unos segundos.
- ¿Qué fue lo que te dijo Jacob en el balcón, Bella? – preguntó preocupado Edward.
- N-nada – respondí.
Él me miró angustiado.
- ¿No me vas a decir? – volvió a preguntar.
- No me dijo nada. ¿Qué quieres que te diga? – mentí.
Él frotó las manos en su rostro.
- Será mejor que nos vayamos – me indicó.
- Edward… - dije. Él se tensó cuando lo llamé por su nombre. Desde que lo conozco siempre me había referido a él como Cullen… Sinceramente no sé por qué.
Tomé el portarretratos y se lo entregué.
Él formó una media sonrisa en su rostro y luego me regresó la fotografía.
- Alice, Jacob y yo éramos amigos en la infancia – masculló con un ligero toque de tristeza.
- ¿Eso quiere decir que ya no lo son? – me atreví a preguntar.
Edward me miró y volvió a sonreír.
- Cada día que pasa me doy cuenta lo poco que sé de ti – susurré.
Él me tomó del brazo y me acorraló contra la pared. Puso sus brazos a los lados de mi cabeza evitándome mirar a otro lado que no fuera él.
- ¿Te interesa saber? – preguntó en susurros.
- ¡No! – dije moviendo la cabeza. Demasiadas revelaciones por una noche.
- ¿Qué fue lo que te dijo Jacob? – volvió a preguntar.
- No fue nada – mentí. Había sido un largo día, además mi cabeza aún no aceptaba lo que Jacob me acaba de confesar.
Nos leemos pronto.
- Cezi
