Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Honor
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Capítulo 4: El torneo
La siguiente semana pasó rápido. Ranma siquiera tenía la sensación de haberla vivido. La rutina le había arrastrado hasta ese momento, aunque finalmente los entrenamientos con Akane habían resultado frustrantes.
Con el torneo de Kanto a la vuelta de la esquina y sin apenas tiempo de reflexión, su primera clase terminó en insultos y golpes, más parecida a aquel sucio enfrentamiento que habían tenido nada más conocerse. Por eso mismo tampoco le extrañó cuando ella le dijo que suspenderían el entrenamiento hasta nuevo aviso, para así poder centrarse en sus clases en la universidad y en preparar el campeonato.
Sôun Tendô le había empujado a participar en aquello con unas muy medidas segundas intenciones. Si conseguía hacerse con el título de campeón no tardarían en llegar nuevos alumnos al dojô, recuperando así parte de su perdido esplendor.
No le dio demasiadas vueltas, pero el hecho de que le encomendase para aquella empresa ya decía mucho de la confianza que le depositaba. Se dijo para sus adentros, no sin cierto orgullo, que el resto de tipos que habían circulado por aquella casa debían de haber resultado un hatajo de idiotas.
Y allí estaban, esperando en la estación de tren, mirando hacia la vía vacía de la estación sin nada que decirse. Akane llevaba los billetes en una mano y los manoseaba impaciente. El torneo tenía una duración total de tres días, con combates a todas horas y al mismo tiempo, con más de trescientos inscritos de todas las edades.
Habían llegado a la conclusión de que, aún a pesar de estar relativamente alejados de Nerima, lo mejor era regresar en el día, por si acaso no pasaban de las primeras eliminatorias.
Cuando su tren estacionó en el andén se apresuraron a subir y buscar sus asientos. Era extraño compartir un viaje, su incomodidad era más que evidente, y todo el acercamiento que se produjo cuando Akane decidió tenerle como maestro se había disuelto con la tensión del torneo.
Tampoco era como si él estuviese decepcionado o algo parecido...
—¿No participaste en torneos en China? —dijo ella rompiendo su silencio.
—Sólo entrenaba con mi padre —contestó parco en palabras.
—Vaya, qué suerte... el mío dejó de hacerlo cuando apenas era una niña.
Aquello despertó su curiosidad, aunque bien sabía que el entrometerse demasiado en su vida no le traería nada bueno, sólo más mentiras.
—¿Por ser mujer? —se atrevió a decir.
—Quizás... se dio cuenta de que jamás podría heredar el dojô —y en sus palabras había un rencor encostrado—. Dice que la escuela perdió su prestigio, pero fue él el que decidió subastarme al primero que ganase un combate.
—Bueno, mi padre tampoco es un ejemplo de comportamiento —contestó él sin pensar —. Me hacía pelear por la comida, me obligaba a entrenar día y noche sin descanso. Me llevó por medio país sin un techo ni un abrazo sólo para cumplir su estúpida ambición.
—¿Qué ambición? —preguntó interesada.
—Él está obsesionado con la fuerza, quiere que yo sea el luchador más fuerte del mundo.
—¿Y eso es lo que tú quieres?
En respuesta Ranma se encogió de hombros, lo cierto es que nunca se había parado a pensar en lo que él quería. Pero si le hubiesen preguntado... él sólo quería estar con su madre. Suspiró, de repente le dolía el pecho.
—¿Suô? —la voz de Akane le rescató de sus pensamientos.
—Quiero ser el más fuerte —dijo mecánicamente.
Ella ladeó la cabeza y la apoyó sobre el cristal, mientras en sus ojos se reflejaba el paisaje que pasaba a toda velocidad.
—Tu quieres ser el mejor, yo sólo quiero ser libre —susurró para sí misma.
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No habían dado las diez de la mañana y ellos ya se encontraban frente al gran estadio. Akane no parecía impresionada, no así el chico de la trenza que observaba con emoción creciente todo a su alrededor.
—Vamos, debemos confirmar la inscripción, no tardarán en comenzar los combates —le apremió ella.
Dentro del estadio había una mesa donde los aspirantes esperaban en riguroso orden de llegada, ambos se pusieron en la cola y confirmaron que, efectivamente, estaban inscriptos para participar.
Después se despidieron en cuanto la entrada se bifurcó en vestuarios masculinos y femeninos. Se desearon suerte de forma educada, glacial.
Ranma llegó al vestuario y soltó su mochila, su ropa era sencilla, simplemente se desprendió de su camisa china, quedándose con una camiseta de tirantes gruesos en color negro. Salió hacia la pista del recinto donde descubrió una serie de tatamis perfectamente delimitados, y en cada uno de ellos un juez esperaba para controlar los combates.
Una gran tabla establecía el número de cada aspirante, así como su primer combate. A Ranma le costó un buen rato localizar su nombre entre todo el amasijo de caracteres.
Cuando localizó su cuadrilátero saludó cortésmente al juez y comenzó a hacer estiramientos. Aunque no esperaba encontrarse con un rival de su nivel en las primeras rondas nunca debía subestimar a su adversario.
Miró hacia el lado derecho de la pista, separadas por apenas unas cintas de color amarillo, atadas entre varias sillas colocadas estratégicamente, se encontraban las mujeres que participaban en el torneo femenino. Observó que tristemente había menor asistencia que en el masculino. Buscó con la mirada a la joven Tendô sin éxito.
En los cuadriláteros adyacentes ya habían empezado los combates, su oponente llegó tarde y apenas le duró medio minuto, le bastó con una patada. Bostezó mientras el juez hacía una señal dándole por vencedor, su contrincante salió dolorido.
Así estuvo media mañana, el campeonato le estaba resultando metódico y estructurado. Aburrido. Esperaba que según iba escalando posiciones apareciesen enemigos más interesantes.
Pero aunque él se aburría de forma soberana, por todo el estadio resonaban los gritos de esfuerzo, los vítores del público y algunos abucheos.
Miró por encima de su hombro, todos allí estaban muy animados, luchando con todas sus fuerzas y dando un verdadero espectáculo. Una lástima que él ya hubiera acabado hacía rato.
El juez le informó que no tendría nuevos contrincantes hasta la tarde, así que decidió ir a echar un vistazo. Rodeó la pista central mirando con sus ojos entrenados como se repartían golpes, llaves y gritos.
Algunos de esos chicos tenían buena técnica, pero mala actitud. También los había con más voluntad que ejecución, y otros que directamente ni siquiera sabían qué hacían allí. Pero entre todos había uno que destacaba.
Su fuerza era abrumadora, y por la forma de golpear Ranma supo que se estaba frenando para no herir fatalmente a sus adversarios. Tenía una pose altiva y gritaba de más cada vez que acertaba un golpe. Parecía un tipo difícil, de esos que ni pueden ni quieren controlarse a sí mismos.
Supo de inmediato que, tarde o temprano, tendrían que verse las caras.
—Oye, ¿esa no es Tendô? —se giró de inmediato, a un par de metros había tres chicos, que al igual que él parecían ociosos y miraban interesados hacia la competición femenina.
Se alzó de puntillas, estirando el cuello y efectivamente, encontrándose con la imagen de la joven guerrera, tumbando de forma fulminante a su enemiga. Akane se retiró las gotas de sudor que corrían por su rostro con una toalla y salió del espacio de lucha, mientras bebía una botella de agua.
—Está super buena, ¿eh, Masuuda? —rió uno de ellos en tono jocoso, dándole un codazo al chico que tenía a la derecha.
—Cállate —sonrió cómplice.
—Nunca nos has contado lo que pasó entre vosotros. —intervino el tercero, y Ranma no pudo evitar alzar las cejas en un gesto de sorpresa.
Discretamente se acercó un par de pasos y se quedó mirando hacia la sección femenina, pero sin fijar la vista especialmente en ningún lugar, atento al chismorreo.
—Tampoco hay mucho que contar, sólo fue una semana.
—Una semana viviendo en su casa —volvió a interferir su amigo—. Seguro que tuviste más de una oportunidad con ella.
—Bueno... —sonrió de medio lado y los otros dos chicos comenzaron a corear como lobos salvajes, aullando a la luna del lívido adolescente.
—¿¡Lo hicisteis!? —preguntaron al unísono.
—Una vez le vences, se deja hacer de todo.
Ranma sintió un cortocircuito en el cerebro, un chispazo de pura indignación. Miró a aquel tipo, no tenía nada de especial. Era del montón, quizás capaz de ganar un asalto, pero poco más. Le tumbaría con los ojos vendados.
Y durante un momento una escena aún más perturbadora acudió a su cabeza: Akane, con la ropa interior que tenía puesta en aquella ocasión en su habitación, sentada a horcajadas y gimiendo encima de aquel don nadie, mientras él besaba apasionadamente su cuello.
Negó perturbado, sabiendo que aquello no podía haber pasado.
—¿Entonces los rumores son ciertos?¿Basta con ganarle un combate para...? —dijo el tercero en discordia señalando hacia el lugar por el que la chica había desaparecido.
—Ajá —asintió cruzándose de brazos sobre su pecho, pagado de sí mismo.
—Wow, entonces creo que yo también probaré suerte.
—Deberíamos montar un club, ¿qué os parece? —dijo, y los tres rieron ante la expectativa.
—Eh, tú —se giraron para ver al chico de la trenza, que con los puños apretados y la boca tensa, les escrutó entre sus cabellos oscuros, sintiendo la bilis en la punta de la lengua—. ¿Qué has dicho? —preguntó lentamente.
Los tres le observaron molestos, sopesando su fuerza y sus posibilidades en un combate cuerpo a cuerpo. Obviamente no calcularon bien.
—¿Quién eres? —preguntó el que había estado presumiendo ante sus amigos.
—Te he preguntado que QUÉ-HAS-DICHO —repitió Ranma palabra a palabra.
—¿Qué pasa?¿Tú también te lo has hecho con esa putita?
Ni él mismo se esperaba su propia furia. Le golpeó con el puño cerrado, tumbándole de un solo golpe, pero no se conformó con eso. Se agachó al suelo y agarró su camiseta, alzándole por la pechera más de medio metro.
—¡Hijo de...! —espetó, y volvió a armar el puño antes de que los dos amigos del agredido se le echaran encima.
Ranma cayó al suelo, empujado por aquellos tipos, pero si pensaban que con eso le iban a parar no sabían cuánto se equivocaban. Se retorció consiguiendo liberarse, y desde su posición agarró a uno de ellos por el brazo, le bloqueó y dejó caer su puño directo sobre su cara.
Sangrando a borbotones por la nariz, el chico se hizo un ovillo mientras pegaba gritos, el único que quedaba ileso le miró, le evaluó, y salió corriendo. Ranma chasqueó la lengua y se puso en pie, cuando miró alrededor se percató de que había un amplio corrillo de personas mirándole espantadas.
Uno de los jueces se le acercó y comenzó a gritar improperios, tan rápido que parecía una ametralladora humana, a la vez que su cara se volvía morada (seguramente por la falta de aire) y le golpeaba el pecho con el índice, sólo deteniéndose para señalar a los dos participantes heridos.
El artista marcial comprendió, sin atisbo de dudas, que iba a ser expulsado de la competición nacional. Quizás para siempre.
Ladeó la cabeza fastidiado, aunque no arrepentido. Esos cerdos se merecían lo que les pasara, qué demonios, se había quedado con ganas de seguir golpeándolos.
De pronto el rostro sorprendido de Akane apareció entre la multitud, le miró una décima de segundo antes de ver los dos cuerpos tendidos, sus ojos se agrandaron, quizás al reconocer a uno de ellos.
—¿Masuuda? —susurró perpleja, sus cejas se arrugaron y cuando alzó la vista miró al chico de la trenza a los ojos, confusa.
No supo porqué, pero en ese momento Ranma sintió cómo sus mejillas se coloreaban. No había pensado, se había limitado a actuar sin tener en cuenta las consecuencias. El juez seguía gritando, pero no le prestó la mínima atención hasta que una palabra clave escapó de sus labios.
—...policía...
—¿Qué? —contestó Ranma regresando a la tierra.
—¡He dicho que debería llamar a la policía!
Su expresión cambió súbitamente, eso no lo podía permitir. Sus documentos falsos estaban elaborados por un experto en visados, pero dudaba mucho que pudieran pasar los controles de la policía. Una cosa era emplear un nombre falso para inscribirse en un torneo, otra muy distinta ser detenido.
Su rostro perdió el color, se atragantó con las palabras, pero inesperadamente alguien vino en su ayuda.
—No hará falta, ya nos vamos, ¿verdad, Suô? —Akane posó su mano sobre su brazo, a la vez que tiraba de él y tomaba los mandos de la conversación.
—Señorita, no se crea que así lo soluciona todo, ¡es una conducta inadmisible! —le reclamó de nuevo el juez.
—Lo sé, lo lamento profundamente, es extranjero y no conoce las competiciones nacionales. Le aseguro que se trata de un malentendido.
—¡Si bastara con una disculpa no haría falta la policía!
—¡En nombre de la escuela que representa le prometo que no se volverá a repetir! De nuevo acepte mis disculpas —dijo ella haciendo una profunda reverencia, y sin previo aviso agarró la trenza del chico y tiró fuerte de ella, obligándole a inclinarse en señal de respeto.
—Ayayayayayayay —se quejó, pero la mirada furiosa de Akane le hizo guardar silencio y dejarse llevar. Se mantuvieron en aquella postura forzada varios minutos mientras el juez seguía blasfemando y los dos chicos eran llevados a la enfermería. Akane a veces le interrumpía sin levantar la mirada del suelo, solo para volver a disculparse.
Finalmente pareció quedar satisfecho, y después de una dura advertencia les dejó en paz. Cuando se alejó unos metros Akane se reincorporó lentamente, estirando las lumbares, Ranma la imitó y tras unos instantes de incómodo silencio ella le enfrentó, el chico tragó saliva.
—¿Qué ha sido eso, Suô? —preguntó contenida, pero Ranma pudo ver el temblor de sus puños y la tensión en sus facciones.
—Me he cabreado —contestó de malas formas, evitando su mirada.
—¿Cómo que te has cabreado? ¡Qué te has creído! ¡Estás aquí representando a la escuela Tendô de Musabetsu Kakuto, no puedes comportarte así!
—¡Esos tipos estaban hablando mierda de ti! —estalló de una vez, Akane le devolvió una mirada retadora, pero para nada sorprendida.
—Y qué.
—¿"Y qué"? Encima de que he dado la cara por ti, ¿ni siquiera vas a agradecérmelo?
—¿Quién te lo ha pedido? —se cruzó de brazos, evidentemente contrariada, y el artista marcial resopló hastiado.
—Eres imposible, Tendô.
—Y tú tienes suerte de que estuviera aquí. Van a discutir esto en el comité disciplinario, hasta entonces nos toca esperar para reincorporarnos a la competencia. Gracias por joder el día.
—¿Yo? —se apuntó con el dedo índice, dejando caer la mandíbula perplejo —. Si he venido es para haceros un favor, no porque me apeteciera lo más mínimo.
—¡Pues entonces lárgate!
—¡Es lo que pienso hacer!
—¡Bien!
—¡Muy bien! —le dió la espalda y regresó al vestuario masculino dando enormes zancadas, mientras mascullaba insultos entre dientes. Por el camino pateó una papelera. Al llegar hasta su taquilla se desprendió de sus escasas prendas de ropa y se metió en una de las cabinas de ducha individuales, abrió el grifo hasta el tope y apretó los puños, golpeó contenido los azulejos del baño, resquebrajando media docena y haciendo que se desprendieran de la pared en un estrépito.
Resopló mientras el agua caliente corría por sus músculos, relajando su espalda, destensando sus piernas y sus puños.
Esa mujer tenía el don de sacarle de sus casillas, hacía estallar sus nervios de una forma desconocida hasta para él mismo. Aquellos ojos furiosos no se iban de su cabeza, se descubrió a sí mismo respirando agitado, bajó la mirada azorado para descubrir su miembro palpitando en una tensa erección.
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Apoyado contra la pared del estadio, mirando con desgana la gente ir y venir, Ranma permanecía a la espera. Lo cierto es que sus ganas de largarse y dejarla plantada habían desaparecido a la par que su enfado, lapidado en la más profunda de las vergüenzas.
Sacudió la cabeza y algunas gotas de agua procedentes de su trenza, aún húmeda, salpicaron por doquier, como un perro en pleno secado express. ¿Pero que se creía su padre?¿Que era de piedra? Simplemente no podía mandarle a un casa llena de mujeres y esperar que no tuviera ningún tipo de pensamiento obsceno.
Era un hombre joven, y para bien o para mal había pasado demasiado tiempo solo… Tanto que parecía haberse vuelto un masoquista, sólo un pirado se excitaría con esa marimacho.
Y allí estaba su pesadilla personal. Akane salió del estadio con una bolsa de deportes al hombro, suspiró y comenzó a caminar. Ranma la siguió unos metros antes de llamar su atención.
—Tendô —la llamó cuando se habían alejado lo suficiente de la multitud, ella detuvo sus pasos de inmediato y giró sobre sus talones.
—Me pareció oírte decir que te ibas — apuntó no sin cierto rintintin, él se acercó unos pasos y supo de inmediato lo que debía decir.
—Yo… siento haber causado problemas —Akane parpadeó impresionada, iba a replicar pero su interlocutor se le adelantó—. Pero no siento lo más mínimo haber noqueado a esos gilipollas. Da igual lo que digas, ese Masuuda se lo merecía.
Ella se quedó en silencio, observándole callada.
—¿Comemos algo? Yo invito —le soltó a bocajarro, de forma tan inesperada que Ranma no pudo más que asentir y seguirla.
—¿De veras invitas? —Akane pudo ver en sus ojos el brillo de la ilusión, y por un instante tuvo la impresión de estar frente otra persona, completamente opuesta al Ranma que pensaba conocer.
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—Un tazón extra gigante con doble de carne de cerdo, dos huevos, gyozas, tempura y un tazón grande arroz de acompañamiento. Traiga también un plato de pollo karage... o mejor dos, y cuatro croquetas de cerdo. ¡Ah! Edamames, unos edamames también.
Akane pestañeó incrédula mientras el cocinero se afanaba en tomar nota y el olor suave del caldo de cocción invadía el humilde restaurante, de apenas cinco asientos en una barra.
—¿Crees que vamos a comer todo eso entre los dos?
—¿De qué hablas? Eso es sólo para mi.
Ella suspiró, rindiéndose a la evidencia.
—Miso ramen con tempura para mí, por favor —pidió amablemente mientras intentaba acomodarse en el taburete alto.
Habían dejado sus mochilas a la entrada del establecimiento, con la muda esperanza de saber qué hacer exactamente con ellas una vez terminaran con la comida.
—Come despacio o te sentará mal —dijo Akane mientras miraba al chico por el rabillo del ojo, quién engullía a toda marcha sus fideos recién servidos.
—Déjame, estoy cabreado —acertó a decir mientras tragaba un empanadilla.
La chica se llevó su taza de té a los labios mientras sentía como el calor llegaba hasta sus mejillas. Era obvio que Ranma lo había dicho sin pensar, pero el hecho de que le enfadara tanto lo que hubiera dicho Masuuda era estúpido… y de alguna forma, halagador.
—Sabes, no tienes porqué estar así.
—Eso es asunto mío —respondió tras dar un largo trago a la sopa.
—Ese tio es un imbécil, la mitad de lo que sale por su boca es mentira. Y de todas formas, ¿qué ha dicho que sea para tanto?
Ranma dejó la mirada fija en un punto inespecífico de la pared, concentrado, luego se metió un pedazo de pollo en la boca y lo masticó con brío.
—¿Venció a tu padre? —preguntó él, sin dejar de comer.
—¿Tú que crees? Le has visto con tus propios ojos, es un musculitos de gimnasio que apenas sabe algunas técnicas. Pidió quedarse en calidad de alumno, para continuar aprendiendo... Le gané sin problemas y desde entonces está resentido.
—Estaba presumiendo delante de sus amigos de haberse acostado contigo —resumió el artista marcial, sin poder evitar sonrojarse al tratar un tema tan vergonzoso.
Akane también se sonrojó violentamente, le miró espantada antes de que una ola de pura indignación se apoderase de ella.
—¡Ese... malnacido! —los palillos de madera se rompieron en sus manos.
—¿Entonces?
—¿Eh? —ella le miró de soslayo, sin entender la pregunta. Ranma había dejado de comer y simplemente jugaba con sus palillos.
—¿Te acostaste con él?
El estómago le dio un vuelco, sus labios temblaron ligeramente al verse violentada en su intimidad personal.
—¿Qué te importa? —respondió a la defensiva, y en respuesta el chico agarró otro pedazo de pollo, mostrando indiferencia.
—¿Entonces todo el asunto es por una mala ruptura con tu ex? —prácticamente tragó sin masticar.
—No es mi "ex", ¡No es mi nada! Sólo un cerdo aprovechado más, ¿crees que no lo intentó? Se me echó encima en cuanto tuvo oportunidad.
El artista marcial tensó la mandíbula y le dio un largo trago a su bebida.
—Deberías habérmelo contado antes —concluyó desapasionado, Akane, aún molesta, cogió otros palillos del mostrador.
—¿Y de qué habría servido? —dijo prestando atención a su comida.
—Le habría matado —los dedos de Akane temblaron al percibir en aquella voz una rabia incontenible. Le observó con la vaga esperanza de que estuviera bromeando, pero en su rostro no se atisbaba la más mínima duda.
—N-No necesito un guardaespaldas, Suô. Sé cuidarme sola —comenzó a sorber sus fideos.
—Lo sé, pero… —se quedó pensativo un instante, durante el cual el cocinero puso sobre la mesa el plato de croquetas de cerdo, Ranma le dirigió una mirada fugaz —. Olvídalo.
—Me dan igual los rumores, estoy acostumbrada. Tu también te acostumbraras.
Y aquella fue la gota que colmó el vaso, el chico dio un golpe con la palma de la mano sobre la mesa que hizo que Akane se encogiera y soltara sus palillos, le miró acongojada, sin saber qué esperar. Él estaba quieto, con el ceño fruncido, concentrado en un intenso pensamiento. Apretó la mano en un puño y habló con voz gruesa.
—No voy a acostumbrarme a escuchar mierda sobre ti, no pienso consentirlo.
—¿Y qué piensas hacer? A estas alturas el rumor es como un virus —le reprochó, aturdida.
—Lo combatiremos, para empezar la próxima vez que se te acerque un tipo con el cuento, dímelo. Yo le haré entrar en razón.
—No necesito que ningún hombre de la cara por mí, ocúpate de tus propios problemas, Suô —concluyó recuperando su seguridad.
—¿Pero es que no te molesta?
Akane suspiró, cansada de la conversación.
—Lo que más me cabrea es que pienses que puedes acabar con esto fácilmente. El único lenguaje que entienden esos orangutanes es el de la fuerza y el poder. Diga lo que diga, y haga lo que haga, no se van a detener hasta que no esté infelizmente casada con uno de ellos.
—Entonces sólo búscate a cualquier idiota que haga el papel de novio —reflexionó Ranma.
Akane sonrió de medio lado.
—¿Eso no es igual que aceptar la derrota?
—En todo caso a partir de ahora me ocuparé yo.
Akane rodó los ojos, se sentía incómoda con todo aquello, pero también tenía una sensación cálida. De alguna forma entendía que ese bruto que tenía delante realmente quería ayudar, ayudarla de verdad.
—Haz lo que quieras —dijo apartando la mirada.
Salieron del local, sin otra cosa mejor que hacer regresaron sobre sus pasos hacia el estadio donde se llevaba a cabo la competencia, con la esperanza de tener buenas noticias.
En la entrada les informaron de que el comité de competición aún se encontraba reunido, y que tendrían que esperar unas horas más. Decidieron de mutuo acuerdo quedarse a ver la competición, aunque fuera desde la grada.
Esta vez fue Ranma el que compró un par de bebidas y ambos se sentaron en primera fila mientras examinaban a los competidores.
—El número 25 ganó hace tres años en el campeonato de Hokkaido, ¿lo sabías? Es muy bueno —dijo ella abriendo su bebida.
—Le vi luchar por la mañana, no está mal. Es débil en las alturas, está demasiado pegado al suelo.
—Y mira ese, el 78 —Akane apuntó con su dedo hacia un punto diminuto, casi al otro lado del estadio —. Es el representante de la prefectura de Kansai, lleva tres años invicto.
Ranma afiló la mirada y permaneció atento al combate ya empezado, se admiró de la técnica del muchacho en cuestión. Efectivamente, parecía bueno.
—Sí, es interesante.
—Y en cuanto al 42... —Akane apuntó hacia otro de los competidores, un chico que se mantenía impávido en mitad del ring, mientras su contrincante se retorcía de dolor en el suelo y el juez utilizaba su silbato indiscriminadamente alertando de una falta —Es una mala bestia. Siempre le expulsan en mitad del torneo.
Ranma reconoció al mismo chico que había fichado en la mañana, vestía un pantalón de camuflaje y camiseta de tirantes. Su postura, rígida e imperturbable parecía indicar que había recibido formación en alguna academia militar. El pelo castaño, bien cortado a los lados pero con demasiada caída sobre los ojos le daba un aspecto desafiante, como si hubiera conseguido pulir todos los aspectos de su imagen, menos aquel.
Sus ojos parecían dos taladros, juzgaban descreídos, pasaban sobre sus adversarios con fría indiferencia, sabiéndose superior.
El artista marcial cerró inconscientemente los puños al percibir su aura de combate, toda la fuerza destructiva que emanaba. Lo supo desde el mismo momento en el que le vio, era peligroso.
—¿Sabes su nombre?
—Ryu Kumon —respondió ella sin dudar un segundo—. Nadie conoce su escuela, pero mezcla ninjutsu con karate indiscriminadamente.
A su modo de ver era como un tren de mercancías descarrilado, extremadamente dañino, sembrando el caos por donde pasaba.
—De todas formas no creo que le volvamos a ver pelear, parece que le han amonestado —el luchador abandonó la plataforma después de intercambiar pocas palabras con el juez. Entró en el túnel de vestuarios airado, mientras ambos le seguían con la mirada —. Él se lo ha buscado —concluyó Akane, pero sus ojos se quedaron fijos, prendidos de una figura que permanecía junto al túnel de vestuarios—. Doctor...
Se levantó súbitamente de su asiento, dejando su bebida recién empezada y saliendo a la carrera hacia la pista.
—Oye, ¿dónde vas? —alcanzó a preguntar Ranma.
—Voy a saludar a un amigo, ¡ahora vuelvo! —gritó perdiéndose de vista.
El chico de la trenza se quedó solo y enfurruñado. Un momento, ¿acababa de decir "amigo"? Se cruzó de brazos y empezó a mover la pierna de forma nerviosa.
¿No odiaba a los hombres? Esa chica estaba llena de sorpresas. Le dio un trago a su refresco y pasados unos instantes se dio cuenta que ya no le estaba prestando atención a la competición. Arrugó la lata como si fuera de papel.
—Joder —refunfuñó antes de dejar su asiento y bajar a la pista.
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—Akane, qué sorpresa verte por aquí.
—No tanto Doctor, yo también estoy participando —respondió ella, mientras colocaba uno de los largos mechones de su cabello azabache tras su oreja.
—¿De veras? ¿Y qué tal vas?
—Oh, bueno, es complicado, supongo que lo sabré en unas horas. Ha habido un problema con el nuevo maestro del dojô y creo que estamos expulsados.
—¿Expulsados? —se alarmó, ajustando sus gafas redondas a su línea de visión.
Ella se encogió de hombros, sin querer dar muchas más explicaciones.
—Y usted Doctor, ¿Qué está haciendo aquí?
—Hay un congreso de traumatología deportiva en el hotel de al lado, estamos en el descanso y he pensado venir a echar una ojeada —se aclaró la garganta con cierto deje nervioso—. Y dime Akane, ¿qué tal se encuentra Kasumi? Hace tiempo que no pasa por consulta.
—B-Bueno, ya sabe, está siempre ocupada con sus cosas… —contestó esquiva. Fijó la atención en el suelo e inconscientemente comenzó a retorcer los dedos de sus manos, jugando con ellos
—¿Podrías darle recuerdos de mi parte? Aún tengo uno de los libros de historia de Japón que me prestó, me pregunto si no sería muy violento si fuera de visita para… ¡para devolverle el libro, claro!
—Doctor, usted siempre es bienvenido en casa —dijo Akane con una sonrisa extraña.
—¿De veras? —se alegró sonrojado, rascándose la nuca—. En ese caso creo que iré. Vaya, mira qué tarde es, debo regresar. Cuídate Akane.
Y se despidió de ella mientras avanzaba a paso ligero por uno de los corredores que desembocaban en la calle. Akane se quedó mirando su espalda, prendida de una forma alarmante al magnetismo que emanaba. Mientras, Ranma permanecía fuera de su vista, cruzado de brazos sin perder un detalle de la escena.
El chico de la trenza resopló con pensamientos enturbiados. En serio, ¿qué pasaba con ella? ¿Además de todo, le iban los maduritos? Era el colmo.
Se metió las manos en los bolsillos y se disponía a regresar a su asiento, pero algo hizo que cambiara de planes.
A lo lejos vió como el tal Ryu Kumon regresaba a la pista. No quería problemas, pero ese tío no le daba buena espina. Se quedó donde estaba, en la boca de salida de las escaleras, refugiado en una esquina, vigilante. Sólo sería un momento, en cuanto pasara de largo de Akane se quedaría tranquilo.
Pero el día no parecía tener visos de darle un respiro. Para nada.
—Vaya, Tendô. Cuánto tiempo —dijo él, deteniéndose junto a la chica y abarcándola con su sombra.
Akane reaccionó lenta, sacada de su ensimismamiento. Alzó la cabeza para mirarle directa, apenas y le llegaba por la mitad del pecho.
—¿Te conozco?
—Qué rencorosa...
Desde la sombras Ranma apretó los dientes, no le gustaba nada el camino de aquella conversación.
—Olvídame —le espetó sin achantanse, Ryu Kumon alzó una ceja, ligeramente agraviado por el atrevimiento de la muchacha.
—Quizás me deje caer por tu dojô uno de estos días —sonrió confiado, insinuando lo que Akane ya había enfrentado una y mil veces.
—Entonces quizás te lleves una paliza —sonrió ella de vuelta, y hastiada pasó por su lado con la intención de quitárselo de encima.
Pero él agarró su muñeca hábilmente, reteniéndola. Ella se giró tan agraviada como sorprendida.
Los ojos de Ranma se agrandaron y todas las alarmas saltaron al mismo tiempo en su cabeza. Decir que no se lo esperaba era pecar de ingenuidad. Poco a poco iba comprendiendo que ella tenía un problema, uno muy serio. Era un imán para los pirados.
—¡Suéltame! —exclamó.
—Vamos a otro sitio, tengo que hablar contigo —susurró. Akane apretó los dientes, furiosa.
—No pienso ir contigo ni muerta, suéltame o empezaré a gritar.
Ranma salió de su escondite con una calma que se encontraba lejos de sentir, se plantó delante de ambos con las manos en los bolsillos y una mirada capaz de congelar el infierno.
—Ya la has oído, suéltala —intervino, antes de que ese salvaje siquiera lo intentara.
Ryu sonrió, y sorprendentemente la soltó. Akane se sobó la muñeca comprobando que se le había adormecido.
Ambos chicos cruzaron advertencias sin necesidad de palabras, sosteniéndose la mirada impertérritos mientras la muchacha, en medio de ambos, retorcía sus manos nerviosa.
—De acuerdo, en otra ocasión —dijo mientras volvía a posar su vista en ella, ignorando al artista marcial cabreado que tenía a menos de un metro. Pero antes de marcharse se inclinó sobre ella y le susurró algo al oído, algo que Ranma no alcanzó a escuchar.
Se cruzaron una última y peligrosa mirada de advertencia antes de que se perdiera entre el gentío.
Ranma resopló exhausto, no podía con más idiotas en un mismo día.
—¿Estás bien? —preguntó, pero al mirar a Akane no encontró a la chica fuerte y resolutiva que conocía. Temblaba de forma imperceptible y al levantar el rostro hacia él, Ranma pudo apreciar su palidez —. ¿¡Qué te ha dicho ese imbécil!? —exclamó mientras tomaba sus hombros y la sujetaba. Akane negó débilmente mientras una lágrima, clara y pura descendió desde sus ojos por su mejilla.
Se quedó mudo de la impresión, pero no tardó en reaccionar. No importaba el qué, sino quién. La soltó, rompiendo el contacto con su piel. Apretó los puños y corrió hacia el final del pasillo, en busca de pelea.
—¡No, por favor...! —la escuchó gritar tras él, pero Ranma no quería oírla, estaba demasiado enfadado para hacerlo.
Ella se había acostumbrado tanto a los insultos que ya ni siquiera le dolían. Ella intentaba ser fuerte en todo momento, mantenerse inalterable sin descanso. Ella nunca podía bajar la guardia. Era el centro de los reclamos, la culpable de los cuchicheos cuando lo único que había hecho era intentar sobrevivir a una situación injusta.
Akane no se lo merecía.
No se podía imaginar el tipo de palabras que le había soltado ese degenerado por su podrida boca hasta hacerla llorar, pero se lo haría pagar.
Entró como una exhalación en el vestuario masculino. Varios luchadores conversaban en las bancadas, otros se cambiaban de ropa o arreglaban sus vendajes. Algunos salían de la ducha mientras otros entraban, pero todos se detuvieron al ver entrar a Ranma en un estado de enajenación total.
—¡Ryu Kumon! —gritó desde la puerta, golpeando con el puño cerrado el marco de la misma, haciéndolo crujir dolorosamente.
El silencio se extendió no solo por el vestuario, si no por los pasillos de los alrededores. Todas y cada una de las personas que allí estaban detuvieron su actividad para posar sus ojos en el guerrero. Ranma tomó aire, hinchando su pecho y aspirando el nauseabundo olor del sudor mezclado con el desodorante. Entre todos los ojos que le miraban distinguió a la perfección los del cabrón al que le iba a partir los dientes.
Ryu Kumon apenas pudo reaccionar antes de que el artista marcial le diera caza. Ranma saltó por encima de los bancos y en apenas dos zancadas ya le tenía acorralado. Hundió el puño en la puerta de la taquilla metálica que hasta el momento estaba usando y le miró despiadado. Ryu ni siquiera se movió, el puñetazo se enterró a dos centímetros de su cabeza con una velocidad y una fuerza colosales.
Todos los hombres que se encontraban alrededor comenzaron a gritar y salieron corriendo tal y como estaban, abandonando a su paso toallas y enseres, tropezándose unos con otros por llegar primero a la puerta. Mientras, ambos chicos se evaluaban a escasos centímetros en un duelo psicológico que ya habían comenzado en el pasillo.
—¿Qué te has creído? —dijo Ryu a media voz, recuperándose del impacto del puño tan cerca de su oído— . No pienso contenerme.
—¡Eres un mierda! Cuando acabe contigo le pedirás perdón a Akane, si es que puedes hablar con la mandíbula rota —repuso el chico de la trenza, y no bromeaba.
Desenterró el puño de la chapa abollada con una parsimonia temible, como el verdugo que sostiene el hacha antes de ajusticiar al reo.
Ryu empezó, lanzó un puñetazo frontal directo a la cara de Ranma, pero el chico ya no estaba ahí, con un simple giro esquivó el golpe y con su mano derecha agarró el brazo de su oponente, haciéndole una llave que le lanzó por los aires, directo a la pared contraria. El cuerpo de Ryu sacudió las taquillas, abollándolas y curvándolas de forma imposible. Cayó al suelo a cuatro patas dispuesto a devolverle el golpe, pero cuando alzó el rostro lo que recibió fue el pie del chico de la trenza estrellándose contra su cara.
Dio dos vueltas de campana, con su cuerpo girando en horizontal arrastrado por el terrible impacto. Cuando golpeó el suelo todo le daba vueltas. Se apoyó con los codos y logró apartarse una milésima de segundo antes de que el pie de su enemigo cayera como un plomo sobre el suelo, hundiéndose en las baldosas.
—¡Tú...! —murmuró limpiándose los restos de sangre que corrían desde su nariz, ahora era su turno. Se incorporó de un salto, apoyándose con las manos y tomando impulso, logró esquivar otra de las patadas de Ranma que pasaron peínandole el cabello, cortando algunos por la fuerza del aire que más bien parecía una cuchilla.
Alcanzó a agarrar su pie, el chico de los ojos azules intentó liberarse, apoyando su pierna contraria y profiriendo una nueva patada hacia su cabeza, que esta vez fue bloqueada por su antebrazo. Ryo Kumon apretó los dientes y emitiendo un grito gutural agarró aún más fuerte la pierna de su enemigo, le atrajo hacia sí y con un potentísimo codazo le enterró en el suelo, machacando sin compasión su estómago.
Ranma emitió un sonido de ahogo mientras las baldosas saltaban disparadas contra las paredes y su cuerpo se enterraba en el cemento, ese tío era un monstruo. Giró a tiempo de escapar de un segundo y letal impacto. Se incorporó quedando a cuatro patas, mientras se llevaba una mano al estómago, dolorido. Desde aquella posición más parecía una pantera que una persona, agazapado entre los escombros del suelo mirando amenazante a Ryu Kumon, el cual ya se levantaba después de golpear inútilmente el concreto.
Akane alcanzó el marco de la puerta abriéndose paso entre el montón de observadores, que entre el miedo y la absoluta fascinación no podían huir del combate. Alcanzó a ver al chico de la trenza un segundo antes de volver a adoptar su pose de combate y echarse encima de su enemigo.
Contuvo el aliento y se llevó una mano al pecho mientras Ranma intercambiaba puñetazos y patadas, un instante antes de volver a distanciarse evaluando a su adversario. Pero Ryu tenía más prisa por terminar la pelea, agarró uno de los bancos que había quedado corrido contra la pared, y con toda su fuerza bruta lo lanzó contra el artista marcial, quien apenas pudo esquivarlo de un salto acrobático hacia atrás.
Pero el banco no había sido más que una distracción, cuando Ranma posó un pie sobre las baldosas rotas, Ryu ya le estaba esperando, y el recibimiento fue acompañado de una sucia patada en su costado. El cuerpo del chico salió disparado sobre el montón de mobiliario del vestuario que había sido desplazado en la pelea.
—¡Ranma! —gritó Akane, atreviéndose a dar un paso dentro del vestuario, apreciando la destrucción del cuarto. El chico de la trenza se desenterró de entre las maderas y los hierros, agarró uno de los listones metálicos que componían los bancos y lo arrancó de cuajo.
Lo movió como si fuera un bo, haciendo giros con las muñecas y pasándolo tras su espalda, hasta que pisándolo ligeramente con su pie izquierdo lo agarró con ambas manos, inclinando su vértice contra el suelo y mirando a Ryu concentrado.
Sus ropas estaban destrozadas, su camisa se caía a jirones y por su mandíbula goteaba sangre fresca, pero ninguna de esas circunstancias parecía afectarle lo más mínimo.
—Vas a morir, malnacido —prometió empuñando con más fuerza la barra de acero. Ryu se irguió apartando los mechones sudorosos de su flequillo con el dorso de una mano. Sonrió vehemente mientras, de igual forma, también adoptaba una pose de lucha, con sus rodillas curvadas y las manos en forma de garra alzándose ante su rostro.
—No antes que tú —respondió.
Ambos gritaron al tiempo, saltaron sobre los cascotes levantando volutas de polvo. Ranma esgrimió su arma, bloqueando la patada de Ryu y utilizándola a modo de palanca, empujándole ferozmente de vuelta al suelo. Giró la barra sobre su muñeca y le golpeó en la espalda, haciéndole morder el polvo. Soltó su improvisado bo antes de agacharse al suelo y enfrentarle con las manos.
Ryu se retorció y le plantó una soberana patada en la cara que le pilló completamente por sorpresa, Ranma se estrelló contra una fila de lavabos, rompiendo la loza y cañerías, salpicando todo el desastre de agua.
—Maldito... —murmuró recuperándose una vez más.
No era humano. Cuanto más lo miraba Akane más se daba cuenta, Ranma no era humano. Cualquiera se habría quedado en el suelo después de un mal golpe de aquella bestia a la que se enfrentaba, pero él no solo le plantaba cara, si no que además le enfrentaba en igualdad de condiciones.
Tragó saliva, entendiendo por primera vez. Nunca había sido rival para él, Ranma había estado conteniéndose en sus enfrentamientos con ella. Apretó los puños mascando su propia vergüenza.
El artista marcial se puso de nuevo en pie, sacudiendo de sus ropas los restos de polvo y agua. Su pose de combate, hasta el momento defensiva cambió a otra mucho más agresiva, con los brazos extendidos y las piernas en una pose atípica.
Sus ojos de luchadora no le dejaban apartar la mirada de la batalla.
—Eres duro —apostilló Ryu, poco acostumbrado a luchar con rivales a su nivel.
—Esto no es nada —respondió el chico de la trenza, escupiendo saliva sanguinolenta con desprecio—. Vamos, no tengo todo el día —le retó haciendo un gesto con la mano, invitándole a atacar de nuevo.
Ryu no se lo pensó, apretó la mandíbula haciendo crujir sus dientes y embistió de nuevo, lanzó un directo de derecha, tan potente como un cañonazo. Ranma lo vio venir, y aún así apenas y lo esquivó, saltó una décima de segundo antes de que el puño impactara. Trazó un arco perfecto sobre su cabeza y mientras caía giraba, poniendo las piernas horizontales y acertando un fortísimo golpe directo a la cabeza.
El cuerpo de Ryu salió despedido contra la fila de lavabos destrozados que ocupaba Ranma momentos antes. El artista marcial aterrizó con las manos y tomando impulso volvió a recuperar la verticalidad. Delante de él el humo se despejaba y su contrincante intentaba levantarse de nuevo.
Se adelantó dos pasos y le agarró por la camiseta, prácticamente lo desincrustó de la pared. Ambos sudados y jadeantes, con sus ropas destrozadas y llenos de cortes. Ranma le levantó abruptamente hasta tenerle a su altura.
—Y ahora pedazo de mierda —murmuró entre dientes, con la mirada inyectada en sangre—, me vas a repetir palabra a palabra lo que le dijiste a ella.
Ryu sonrió lacónico y sin previo aviso le propinó un cabezado brutal a su adversario, haciendo que cayera de espaldas, mareado.
Akane tragó saliva, alguien debía detener aquella locura.
—Basta... ¡basta por favor! —gritó terminando de adentrarse en el derruido vestuario, a tiempo de ver a Ranma retorcerse en el suelo, dispuesto a seguir peleando. El chico alzó la mirada, tenía un pómulo hinchado, sangre en la boca y el cabello revuelto. Se encontraba en un estado lamentable, aunque no más que su adversario. La miró un instante antes de alzarse y darle la espalda.
—No te metas —dijo lapidario, ella apretó los puños y salió a su encuentro. Se plantó delante del artista marcial sabiendo que estaba cometiendo una locura.
—No tienes que hacer esto —recalcó, intentando hacerle entrar en razón—. Vámonos a casa.
—¡Cuidado! —de repente sus pupilas se contrajeron y de su súbito empujón la alejó más de tres metros del lugar de impacto. Akane se incorporó entre las astilladas baldosas. Ryu siquiera la había visto, estaba ciego por vencer a Ranma, o es que quizás ni siquiera le había importado su presencia.
Pero como fuera ella debía detener aquella pelea. El chico de la trenza volvió a adoptar pose de combate, para nada dispuesto a dejar las cosas como estaban.
—¡No, Ranma! —gritó de nuevo, intentando interceder en la batalla aún corriendo el riesgo de llevarse un mal golpe. Avanzó sabiendo que estaba cometiendo una temeridad.
Se interpuso entre ambos, con los brazos cubriendo su rostro pero manteniéndose todo lo firme que le sostenían sus temblorosas piernas. Apretó los dientes esperando algún golpe y al no recibirlo abrió poco a poco los ojos, miró a ambos lados para ver a los dos guerreros quietos, sorprendidos.
Ranma prácticamente había puesto las manos en alto, mientras que Ryu respiraba agitado. Akane tomó aire, hinchó su pecho imbuyéndose de valor.
—¡Esta pelea se ha terminado! —le dijo a Ryu temblando de ira—. Ranma, nos vamos a casa —sentenció pasando a su lado y agarrando fuerte de los restos de su camisa china, tironeando de él con su recuperada confianza.
El chico apenas se movió con su empujón, se quedó mirando a su enemigo impertérrito, con un odio profundo como el océano.
—No quiero volver a ver tu cara —dijo mientras Akane seguía esforzándose por sacarle del vestuario. En respuesta solo recibió otra mirada igual de iracunda.
Finalmente la chica triunfó en su propósito y consiguió sacar al artista marcial del cuarto destrozado, agarró su mano mientras echaba a correr por el pasillo que daba a la pista, dirigiéndose hacia el hall. Ella más que nadie había entendido que debían salir de allí cuanto antes. Y no se jugaban sólo la expulsión de ese campeonato, si los jueces les pillaban estarían vetados de por vida.
Apretó el paso y esquivando las curiosas miradas que se fijaban en el maltratado chico consiguieron llegar afuera, aún así Akane no se detuvo.
Caminó rápido alejándose de las calles transitadas, internándose en estrechos callejones cuyos cielos poblaban los cables de electricidad. No paró hasta que le pareció que se encontraban a salvo, entonces se derrumbó con un suspiro, apoyando la espalda en la pared de un negocio cerrado y dejándose caer hasta el suelo.
La mano de Ranma aún continuaba prendida a la suya, el artista marcial la miró desde su altura, sin saber qué decir.
—Akane… —pronunció quedo, enrojeciendo al momento por su osadía. Sólo quería decir su nombre en voz alta, saber cómo sonaba pronunciado con su voz. Ella alzó la cabeza y le miró expectante, ahora no le quedaba más remedio que continuar la conversación—. ¿Qué fue lo que te dijo?
—¿Acaso importa? —dijo rompiendo al fin el contacto de sus manos. Ranma se dejó caer en frente de ella, doblando las piernas y percatandose de cuan cansado estaba. Maldijo en un susurro, no había un solo músculo que no le doliera—. No tenías que hacerlo —repitió Akane, mirándole llena de culpabilidad.
—Ya, pero quería hacerlo —respondió él, subrayando la obviedad.
La chica fue a buscar un par de bebidas que utilizaron a modo de hielo, aplicándolo a Ranma en la cara y en algunas articulaciones. Después decidieron que lo mejor que podían hacer era regresar a casa, así que caminaron renqueantes hasta la estación y tomaron el tren de regreso. Durmieron durante el escaso trayecto, completamente agotados.
Despertaron bruscamente cuando desde los altavoces internos anunciaron su parada. Akane dio un respingo y se puso en pie, pero Ranma se quedó clavado en el sitio, intentando inútilmente moverse.
—¿Pasa algo? —preguntó ella al percatarse de que no la seguía.
—No puede moverme —respondió avergonzado.
Akane suspiró.
—Idiota, te has sobre esforzado. Mírate, estás destrozado —dijo mientras se agachaba a su lado y pasaba uno de los brazos del chico sobre su hombro, tirando de él hasta conseguir ponerlo en pie. Ranma volvió a gruñir y movió los pies, realmente estaba hecho trizas.
De aquella forma les costó casi media hora recorrer el camino hasta la casa Tendô. En la frente de la chica se perlaba el sudor del esfuerzo al estar sosteniendo el pesado cuerpo del luchador, mientras que Ranma ahogaba exclamaciones de dolor a cada paso.
Entraron en la casa, aún no era hora de dormir, por lo que encontrarse con Kasumi esperandolos en el recibidor no fue ninguna sorpresa.
—¡Cielo santo! —exclamó la mayor de las hermanas al presenciar una escena tan anómala como perturbadora. Akane dejó al chico de la trenza sobre el suelo de la casa y ella misma se derrumbó agotada, intentando recuperar el aliento.
—Pesas… —murmuró entre respiraciones, pero Ranma estaba lo suficiente avergonzado como para no tener una respuesta mordaz.
Finalmente entre ambas hermanas consiguieron alzarle y llevarle hasta su habitación, mientras él arrastraba los pies.
Cuando finalmente se acostó en el futón lo hizo con un quejido de satisfacción.
—¿Deberíamos llamar al doctor Tofu? —preguntó Kasumi desde el quicio de la puerta, Akane negó con la cabeza.
—Está en un congreso, imagino que hasta mañana no regresará a la consulta. Yo me ocuparé —declaró categórica, tanto que hasta su propia hermana la observó con un deje de preocupación.
Akane salió de la habitación a pasos ligeros y regresó en menos de dos minutos con un botiquín de gran tamaño, más parecido a una caja de herramientas. Cerró tras ella al entrar en la habitación y se agachó junto al futón del castigado chico.
Ranma se incorporó dolorido, iba a replicar, estaba acostumbrado a curarse solo, pero la intensa mirada castaña le dejó paralizado.
Ella se acercó quedando apenas a unos centímetros de su rostro, evaluando los daños y él no pudo más que quedarse muy quieto e intentar tranquilizar su respiración.
—Te ha dejado hecho una pena —dijo ella volviendo la vista al botiquín y desplegando todo un arsenal de tiritas y antiséptico. Comenzó limpiando concienzudamente los restos de sangre de una de sus cejas.
—Auch, ve más despacio, no seas bruta —le reprochó él.
—No te quejes —contestó mientras le ponía una tirita y continuaba con su labor.
El artista marcial suspiró, rindiéndose a su cercanía enfermiza. ¿Cómo no se había parado antes a observar su rostro? Su piel era blanca y sus pómulos altos, de mandíbula fina y forma ovada, enmarcada a la perfección por sus negros cabellos. Los ojos eran enormes y de color avellana, llenos de largas y negras pestañas. Y sus labios, ¡ah! Sus labios eran pequeños pero gruesos, de un color rosado parecido al de las flores de cerezo...
Bajó la cabeza avergonzado, le costaba seguir mirándola, pero ella le tomó sin cuidado de la barbilla y volvió a alzarle la cara.
—Estate quieto —ordenó nuevamente, repartiendo media docena de tiritas en sus pómulos y nariz. Ranma se dedicó a mirar hacia el techo, encontrando la lámpara sumamente interesante—. Bien, y ahora quítate la camisa.
—¿Qué? —protestó cohibido, sintiendo el calor adherirse a sus mejillas como un tatuaje.
Ella rodó los ojos y le dirigió una mirada impaciente. Ranma comprendió que no tenía otra opción. Se desabrochó los botones que aún se sostenían de su camisa china y la dejó a un lado, estaba tan rota que ya no tenía remedio. Acto seguido se desprendió de la camiseta de tirantes con un gesto de dolor, dejando al descubierto su golpeado abdomen.
Akane le miró con ojo crítico, pasando los dedos suavemente sobre los moratones y hundiéndolos ligeramente en las costillas.
—¿Eso duele?
—Sí, claro que duele —contestó él frunciendo el entrecejo.
Akane tomó un rollo de venda, pero antes de comenzar con su tarea se detuvo en una gruesa cicatriz que el chico tenía en el costado, le miró interrogante.
—Me clavé la rama de un árbol en una caída —explicó él, los dedos de ella temblaron y acto seguido llegaron hasta otra vieja marca, esta vez más pequeña—. Un corte con una katana, hubo un tiempo en el que entrené mucho con armas —Los ojos expertos de la chica se detuvieron en varios lugares, encontrando más y más señales de toda una vida dedicada al arte.
—¿Y esto? —dijo deteniéndose en una marca oscura en su espalda, del tamaño de la palma de la mano—. Una quemadura, aunque fue hace mucho tiempo, ni siquiera lo recuerdo.
Retiró la mano de su piel, y Ranma lo agradeció porque aquel contacto le alteraba. Akane volvió a tomar la venda y con un cuidado que no había mostrado hasta el momento comenzó a envolver la cintura del artista marcial. La cercanía se le antojaba enfermiza, de pronto se dio cuenta de que ella olía a jabón, era un olor agradable, demasiado agradable.
—Listo, mañana te acompañaré a la consulta —concluyó cerrando el botiquín, y Ranma no puedo más que agradecer que al fin terminara con las curas.
—¿Iremos a ver a ese doctor con el que hablabas antes? —preguntó sin poder evitar ser arrastrado por la curiosidad, ella pegó un respingo.
—¿Lo viste? —respondió con el corazón en un puño, sabiéndose descubierta.
—¿No es un poco mayor para ti?
El sonrojado rostro de la chica no le dejó lugar a dudas, sus suposiciones no iban desencaminadas.
—No es lo que tu crees —acertó a balbucear, mientras agarraba el botiquín visiblemente incómoda.
Ranma volvió a recostarse en el futón con un gesto dolorido.
—Vale, lo que tu digas —sentenció malhumorado.
Ella se puso en pie y salió de la habitación, no sin antes desearle buenas noches.
En la oscuridad el chico de la trenza bufó como un gato enfadado.
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¡Hola de nuevo queridos lectores!
Aquí sigo, avanzando leeentamente con este fic, de verdad que me encantaría que mis dedos escribieran mucho más rápido, o no quedarme horas atorada en una escena sin conseguir resolverla, pero esto va como va, supongo que al resto de personas que intentan escribir les pasará igual. La verdad es que he empezado a escribir un libro, es una obra original y de momento apenas termino el primer capítulo, pero estoy muy ilusionada con él y creo que en el futuro, y cuando esté terminado lo subiré a alguna plataforma digital (¡para eso tengo que aprender a autoeditarme!). Los protagonistas... ¿hago mal si en mi cabeza siguen pareciéndose demasiado a Ranma y a Akane? jajaja, tienen una dinámica de pareja que me encanta, y creo que jamás lograré sacarlos de mi cabeza.
Respondiendo a vuestras reviews (retomo desde el capítulo 2 que las dejé pendientes): Alezi monela (a mi también me encantan R&A, son mi ship favorita. Veo que tenemos los mismos gustos, espero que encuentres más completas las descripciones en este capítulo), azzulaprincess (¡gracias!), Saritanimelove (la parte del armario me gustó mucho escribirla, si es que disfruto haciéndole sufrir XD), xandryx (me encanta cuando me decís que os sumergís hasta ese punto en las escenas, mil gracias, seguiré esforzándome para mejorar), Lenna0813 (del odio al amor, y del amor al odio quizás también XD), paulayjoaqui (más que perderla creo que era muy pequeño para acordarse bien), ARedfox (gracias a ti por leer y promover tanto el fandom, yo creo que después de este capítulo quizás Rama empieza a percatarse de algo...), tereca (lo tuyo sí tiene mérito, amas tanto este fandom que la diferencia de idioma para ti no es un problema. Te admiro profundamente y no puedo más que agradecerte que me sigas leyendo. Mil besos para ti), Akai27 (Gracias por seguirme en todos mis AU, hay mucha gente a la que no le gustan, pero yo me declaro adicta al género. Espero que Honor te esté gustando, aún las cosas van a complicarse muchísimo más, tanto que e da dolor de cabeza, jajaja), Minue (uy, española, ¿verdad? jajaja. Muchas gracias, espero que te guste), SandyHanyu (gracias a ti por leer, lo cierto es que aún tengo mucho que mejorar. Cada vez que leo a mis autores favoritos me "deshincho" un poco al pensar que jamás podré llegar a su nivel pero sé que aquí al menos hay personas que disfrutan de mis historias), Jessica (Efectivamente en este fic Ranko existe, en el capítulo 5 hay más pistas al respecto. Y sobre la atención que pone Ranma en Kasumi... yo creo que es inevitable, ella es el estereotipo perfecto de la mujer japonesa de acuerdo a los cánones masculinos. Pero quizás descubra que "lo perfecto" no es lo que en realidad le gusta a él XD), Dulcecito311 (lo que está sepultado en su mente va a haber que sacarlo poco a poco con una pala, yo ya estoy sudando, jajaja), ronoel (gracias a ti por leer), Andy-Saotome-Tendo (actualizo en cuanto saco un huequito, como ves los capítulos son de más de 20 páginas), Belldandi17 (gracias, espero que la disfrutes), Ishy24 (gracias por darle una oportunidad, no todo el mundo lee AU pero creo que eso es porque hay muchos prejuicios, ¡a mi me encantan!), Anitha28 (Oh, pues esto va ganando de intensidad por capítulos, prepárate XD), LilyTendo89 (gracias por leer, lo de Ranko se irá resolviendo poco a poco...), vintagegirl84 (gracias a ti por leer, me dices esas cosas y me pongo colorada _).
Y los comentarios del capítulos 3 (oh dios, llevo media hora con esto XD): kromalex (¡gracias! aún queda mucho fic por delante, espero que lo disfrutes), LlekBM (¡gracias!), Lily Tendo89 (Pues no se han encontrado con Kuno, pero sí con otros personajes ^^U), Saritanimelove (Gracias de nuevo, espero que te haya gustado), Lenna0813(gracias a ti por seguir leyéndome y apoyándome en todas mis historias), tegomitsu (al fin y al cabo es Ranma 1/2, algo tiene que parecerse al original, ¿no? Al menos así pienso yo), Flynnchan (si lo entendiste bien, fui yo la que no te lo terminó de explicar XD, pero paciencia...), alezi monela (en este fic me he permitido retorcer la personalidad de Soun, sin duda es el personae más OOC de toda la historia. Pido perdón si eso os molesta, pero sin cambiarle radicalmente el argumento carecería de fuerza), Belldandi17 (y yo te agradezco de corazón tus comentarios. Gracias.), nancyriny (gracias por leer Rumbo Corea, es mi primer fic -bueno, en realidad no, pero el primero desde que publico en ff sí XD- y le tengo un cariño especial. Creo que el sentimiento de traición que poco a poco se va haciendo más poderoso es uno de los pilares fundamentales), Ale (sí que se ha fijado en ella, o eso parece, pero yo creo que es más una "idealización" en su cabeza, y para mí que hay otra persona que está comenzando a captar más su atención, jujuju), mimato bombon kou (solo apareceran algunos personajes, la trama ya es muy complicada por sí misma como para meterlos a todos. Sobre el cabello, creo que tiene su importancia para ella, y representa un antes y un después es su manera de entender el amor), Akai27 (en este fic Ranma es un completo inocentón emocionalmente hablando, y sí, los dos padres tienen sus secretos...), xandryx (Gracias por tus siempre fieles comentarios, espero que disfrutaras de esta actualización), Dulcecito311 (así es, Akane quiere ser libre, pero a la vez le molesta ser excluida, es un personaje muy mutifacético, a mi me resulta muy humana), azzulaprincess (no lo entendí del todo pero gracias XD), SilviaPB (el acercamiento ya es cada vez más evidente, no? jijiji), Ishy24 (los entrenamientos tuvieron que esperar por este capítulo, más adelante se mostrarán ;)), Jessica (las mentiras tejen un nudo cada vez más apretado... será dificil, sin dura), tereca (Tereca, se nuevo te agradezco enormemente que hagas el increible esfuerzo de leer este fic y además dejar tus comentarios. Las mentiras se irán enredando unas con otras en la trama, es algo que a mí también me genera cierto dolor de cabeza, es complicado de manejar en la narración. Veremos a ver que sucede. Y descuida, siempre que pueda intentaré responder los comentarios que tanto os esforzáis por dejarme, es lo mínimo que puedo hacer por corresponderos. Muchos besos), ronoel (gracias a ti por leer), Andy-Saotome-Tendo (es el problema de las mentiras, dicen que tienen las patas cortas, pero veremos cuanto pueden retorcerse...) y Delia (gracias por comentar, aquí tienes el nuevo capítulo, espero que lo disfrutes).
La última vez que se me acumulan comentarios de dos actualizaciones, jajaja.
Gracias a todos por leer y especialmente muchas gracias a Nodokita, mi beta reader por la infinita paciencia que tiene conmigo y lo muchísimo que me ayuda.
Nos leemos pronto.
LUM
