Después de todos estos años al fin se invirtieron los papeles, esta vez era yo quien yacía en el sofá siendo curado por mi hermano.
"No te muevas ¿qué no vez que lo haces más difícil?"
"A estas alturas ya era para que supieras bien cómo ajustar una venda y a no echar litros de alcohol en las heridas. Además qué rayos era esa cosa, si de verdad tenías intenciones de ayudarme algo de olor menos fétido también hubiera ayudado."
"Ja, hasta crees que yo iba con esas buenas intenciones, para que lo sepas en primer lugar esa cosa era mi más reciente basurainador construido a raíz de que alguien no sabe cómo reciclar la basura y el bote de la cocina ya estaba a reventar, con eso al menos ya no iba a tener necesidad de cargarlo hasta el patio y en segunda, yo ni siquiera sabía que estarías ahí, simplemente decidí ir a tomar algo de aire pero las parejas del parque me daban asco, así que tomé el basurainador para arruinarles el momento y como no me oriento bien terminé perdido cerca de ese callejón."
"Genial, salvado por uno de tus extraños inventos, al menos creo que esta vez el botón de autodestrucción sirvió para algo útil."
Él no contesta nada y reina el silencio. ¿En qué rayos estoy pensando? Si él no se hubiese aparecido no quiero ni imaginar lo que esos sujetos me hubieran obligado a hacer... y en vez de estarle agradeciendo... Soy un completo idiota.
"Heinz, yo..."
"Mañana dejaré de ser una molestia para ti"
"¿Qué? No espera, necesito decirte que..."
No me deja continuar, toma algo de su bolsillo y se abalanza sobre mí. Por un instante el tiempo parece suspendido hasta que alza su mano... ¿Deseas vengarte? Si eso quieres, esta vez no me negaré, cierro los ojos y enfrento mi destino.
Y siento... algo pegajoso en mi mejilla izquierda, abro los parpados y palpo mi cara, simplemente me ha colocado cinta adhesiva en forma de X... ¿Pero qué significa esto? Se lo pregunto con la mirada, pero él me responde con el frío cristalino de sus ojos y aunque las ojeras lo hacen parecer intimidante no siento ninguna clase de temor. Lentamente él se levanta y se da la media vuelta.
"Hará más frió en la madrugada, será mejor que te tapes bien." Es todo lo que me dice antes de irse y de paso apagar la luz. Vaya gesto de cortesía.
Tomo las sábanas que puso en el piso y me cubro, me acuerdo de mamá deseándome las buenas noches y entonces me cuestiono ¿Cuándo fue la última vez que alguien te deseo tener lindos sueños? ¿Sabes si quiera la sensación cálida y confortarte de recibir un beso en la mejilla antes de caer en brazos de Morfeo?
Hermano...
Soy el rey del palacio y en mi reino no existe otra cosa más que dicha y felicidad, pero a las afueras se extiende un valle árido azotado por la soledad y la muerte. Y a lo lejos te miro caminando sin rumbo a tu perdición. Los súbditos me aconsejan no mirar más por aquel balcón, que me deleite con las miles y manjares que ellos han preparado para mí, y sólo para mí porque en este lugar los habitantes son sombras con mi forma. Pero ya no logro contenerme y salgo, lo dejo todo en un instante me encuentro en aquel lugar. Tú sigues tu marcha, yo intento gritarte pero el viento se lleva mis palabras. Emprendo una carrera y tomo tu mano.
No volteas.
Una gran tormenta se avecina, el paisaje dejó de ser visible y apenas y puedo ver que estas frente a mí. El viento ruge, me azota y levanta como su estuviésemos en medio de un tornado pero me aferro a ti y grito desesperadamente tu nombre...
Heinz... Heinz... no te vayas... Heinz... no eres tú el que no desea estar solo.
Y lentamente resbala mi mano ¿o eres tu quien me sueltas? Aquel gran torbellino me separa de ti, el reino es destruido, todo...
Nadie está aquí, no hay nadie aquí, nada hay aquí.
Despierto.
No sé qué hora es, pero los rayos de luz asoman por la ventana. Seguramente se me ha hecho tarde para el trabajo, pero al diablo con eso por un día.
¿Hermano? Busco por toda la casa, corro a su habitación pero está vacío, se ha llevado todo consigo. Bueno, casi todo. En un rincón se encuentra un lienzo... es aquel infame cuadro.
"Parece que hasta tú mismo sabías que era tan malo era" digo en voz alta. Posiblemente las ratas del basurero sepan más que nosotros del arte contemporáneo. Tomo el cuadro y lo miro pensando que será la última vez pero me percato de algo; justo en el borde superior hay algo de cinta adhesiva, tal parece que se trata de una cubierta. Apresuro a removerla.
Bajo la X se encontraba una pintura de mí de niño, sonriendo. De nada sirve describir la técnica o el estilo porque no hay palabras que alcancen a describir todo lo que siento en este instante.
Desde lo más hondo de mí, surge un nuevo recuerdo. Él sostiene un mapa, me ha dicho que se lo ha cambiado a un pirata por un par de latas de frijoles.
"¿Qué es esa X de ahí?"
"¿Acaso no lo sabes? La X marca el lugar donde han escondido un gran tesoro."
"¿Y para qué querría alguien enterrar un tesoro"?
"Para que nadie más lo robe, por su puesto, todos los piratas deben protegerlos?"
"¿Por qué?"
"Porque es valioso, muy valioso, es lo que quieren más que a nada en el mundo."
La X marca el lugar donde han escondido un gran tesoro.
Es lo que quieren más que a nada en el mundo.
La X... más que a nada en el mundo.
Ahora lo comprendo todo, en ese instante, esa mirada no era de odio, querías que yo me percatara de lo que eso significaba.
Aquel día me dijiste que los piratas escondían sus tesoros de aquellos que quisieran robarles pero sabes, comienzo a creer que en realidad lo protegían de sí mismos, porque lo aman tanto que temen que caiga presa de sus demonios internos y ser ellos mismos los destructores de su felicidad.
Heinz, hay demasiado dicha y dolor en mi corazón pero no bastan las lágrimas para describirlo.
Hermano, te quiero. Y espero que algún día sepas que tú también eres lo que cuido más que a nada en el mundo.
Fin.
