El camino estaba ya completamente despejado, aunque no había sido fácil acabar con todos los caballeros no-muertos y demás huecos que se extendían a lo largo del gran puente de Lothric. Pero había valido la pena, detrás suya se encontraban los principes gemelos y si el adalid de la ceniza tenía intención de enlazar la llama necesitaría sus almas. Había atascado el ascensor que llegaba hasta ese mismo puente, así que solo quedaba un camino para llegar hasta ahí. Un camino que ahora Misaiko vigilaba. Estaba segura de que para bien o para mál pronto todo habría acabado y se permitió el lujo de pararse a contemplar el paisaje tan hermoso que le brindaba el escenario de su último combate: Un atardecer instaurado en el horizontele otorgaba ese aura mágica a Lothric que a pesar de lo mucho que había detestado esas tierras desde que llegó; por una vez, y quizá como despedida le trasmitían una paz interior y una seguridad que saboreó con calma.
Cerró los ojos y respiró hondo al escuchar el tintineo metálico de una armadura aproximándose. Había llegado el momento.
En unos segundos ya se encontraba frente a frente con aquella figura que llevaba ya tanto tiempo persiguiendo. A través de su oscuro yelmo se podían distinguir unos ojos azules y penetrantes que la observanban con fijeza, evaluando el peligro, justo como estaba haciendo ella. Tras el combate contra el Pontífice tuvo claro que no era un cualquiera su adversario, si se descuidaba un segundo probablemete todo habría cabado. Aunque sus armas aún seguían enfundadas su enfrentamiento ya había comenzado. El adalid llevaba un gran escudo circular y una espada recta, además de una armadura de acero bastante gruesa y de aspecto muy resistente. Ya había comprobado en Irithyll que él se podía mover con soltura, pero con un equipo tan pesado no podría ser tan rápido como ella por lo que la mejor estrategía a seguir para Misaiko era aprovechar su agilidad y velocidad para crear un hueco en la defensa de su rival.
-¿Recuerdas esta espada?- Preguntó Misaiko mientras desenvainaba su Uchigatana.
Sin apartar su mirada de ella, el adalid dió un paso atrás poniendose en guardia con una velocidad y eficacia sorprendentes. Pero esto no pareció perturbar el estado de tranquilidad pasiva de la guerra, sabía que no la iba a atacar, el combate empezaría cuando ella lo decidiese.
-No se que arma es esa, ni porque te interpones en mi camino pero deberías apartarte.
-Pertenecía a mi hermano. Tu lo mataste. Por eso estoy en tu camino y creeme que no pienso apartarme de el.
-Yo nunca he matado a nadie que no haya intentado atarcame, lo único que hice fue defenderme. No pretendo derramar más sangre de la necesaria.
-Lo sé y tranquilo que no te guardo rencor alguno, ya no. Pero es mi deber vengarlo y eso haré. ¿Cuál es tu nombre elegido no-muerto?
-Henvir de Astora.
-Yo soy Misaiko de los reinos del este. Si logro derrotarte has de saber que me haré con tus almas y el poder que llevas más seguro es que no puedas concluir tu misión si eso pasa.- El tono de voz de Misaiko era frío, casi parecía que estuviese recitando una lección que le habían enseñado, como si nada de lo que estaba ocurriendo fuese con ella en absoluto. Era una información que le tenía que dar aunque fuera por honor y sinceridad con su rival. O quizá solo lo hiciera para desestabilizarlo y que se pudiera nervioso pero con la certeza de que no iba a funcionar.
-Acabaría convirtiendome en hueco...¿No?. Y supongo que lo mismo ocurrirá al contrario ¿ Me equivoco?.
-En absoluto.
-No habrá segundas oportunidades para ninguno ¿Eh? Je Je Je.
-Eso lo hará más interesante¿ no crees?- Con una sonrisa y preparandose para atacar.
-Sin duda.
Ella fué la primera en atacar. Un golpe recto desde arriba, controlado pero con todas sus fuerzas que henvir paró con su gran escudo sin mucho esfuerzo, un movimiento mecánico
y sin aspavientos seguido de un corte que solo rasgó el aire gracias a un esquive de Misaiko justo a tiempo. Efectivamente ella era más rapida pero ante esa fuerza, soltura y precisión poca ventaja iba a poder sacarle. El adalid no desistía en su ofensiva y cargó con su escudo por delante y la espada en ristre, la evitó con una gracil pirueta y con un giro de pies le hizo volverse de nuevo hacia su enemigo que había conseguido detenerse a mitad de carga y ya lo tenía de nuevo encima lanzando dos mandobles que dibujaron una cruz en el aire y de los cuales el último le dió de lleno en el hombro. Al estremecimiento inicial el sobrevino un golpe seco que le propinó Henvir con su escudo y la hizo caer al suelo y hacer que soltara su espada. Intentando recobrar la respiración y con dificultad logró volver a ponerse en pie y encarandose de nuevo contempló como el adalid, que ahora se interponía entre ella y su espada, avanzaba lentamente y en guardia hacía su ó hondo sacando su daga del cinto, describiendo en su cabeza los movimientos a realizar, consciente de lo arriesgado de su maniobra y que iba a ser matar o morir. El ataque vino de izquierda a derecha en diagonal, describiendo una curva casi perfecta, pero de nuevo ella era más rapida y echandose hacia atrás logró que le pasara a menos de un centímetro de la cara pero sin darle. Cogió impulso con la pierna izquierda en la que se había apoyado casi por completo y con un grito de furia atacó directa a la yugular de su rival.
Pero él había logrado apartarse lo suficiente como para que el corte solo fuera superficial. Se maldijo a sí misma por última vez antes de sentir el frio acero en su pecho mientras la atravesaba y notaba sus pulmones ensangrentandose.
Cayó de espaldas mientras a su alrededor todo se iba oscureciendo. "Un buen último combate pensó".
-Siento que haya tenido que acabar así- murmuró el caballero arrodillado junto a Misaiko, ahora sin yelmo y cubriendo con un pañuelo el corte de su cuello.
-Así debía...acabar.- fué lo último que balbuceó la guerrera del este antes de que dejara de ver el rostro del campeón de la ceniza y su respiración se detuviera por completo.
Y ahora el rostro frente a ella era el de su hermano que le sonreía de nuevo con ese cariño y calidez suyo que tan feliz le hacía sentir.
