Capítulo III: Estadía a tiempo indefinido.
-U-un… ¡Un monstruo! ¡Se acerca un demonio! ¡Huyan! -gritó a todo pulmón un aldeano al encontrarse cara a cara con Sesshoumaru y su grupo. De inmediato se oyó el repique de la campana de alerta por todo el lugar.
El taiyoukai había dado el primer paso dentro de la aldea cuando aquel sujeto gritó. Niños, ancianos, mujeres, lo que fuese: todos salieron arrancando sin si quiera ver de quien se trataba, tan sólo hicieron caso al: Un demonio, huyan. Rin observó sobre Ah-Un confundida. Si no intentaban atacarlo no tendrían problemas, su amo no era tan malo como todos creían, eso pensaba ella que había pasado ya bastante tiempo a su lado. Jaken reía sujetando su báculo, el inuyoukai continuó caminando.
"Todos con tan sólo escuchar tu nombre,
y el título que lo acompaña temerán"
-Ni siquiera han oído mi nombre, tonterías -pensó-. Rin.
-Si amo -la niña bajó del dragón don destreza sabiendo a que se refería Sesshoumaru. Ahora de ella dependía lo que quisiera comer.
El príncipe se quedó de pie junto a Ah-Un y su sirviente, observando como la pequeña humana recorría los puestos desolados de aquello vendedores que huyeron despavoridos. Hace algún tiempo la habían acusado de ladrona al coger un pez de un río que no pertenecía a nadie, y bueno… no era que ahora quisiera vengarse, pero al no tener dinero se veía obligada a coger algunas frutas u otros alimentos que estaban a su alcance, mientras escogía Jaken se percató de algo.
-Amo…
-Silencio Jaken.
-P-pero amito… -insistió observándolo.
-Ya basta -sentenció con la mirada.
Rin volvía a su lado con los brazos cargados de comida, la cual de un momento a otro fue a dar contra el piso debido a la gran impresión que se llevó. Una piedra… no, no fue a dar contra Jaken, esta vez, quien la recibió… fue Sesshoumaru… ¿¡Qué!?
-¡Fuera de aquí demonio! -gritó una voz enfurecida-. Lárgate, fuera -casi entre sollozos.
-¡Amo Sesshoumaru! -exclamó la pequeña corriendo aproximándose más a su lado. El taiyoukai se volvió a ver a su agresor, un humano, una mujer, con el kimono a medio poner enseñando el pecho recubierto en vendajes, probablemente había sido herida en alguna batalla.
-¿Cómo te atreves a tocarme? Miserable humana -habló agitadamente mientras su colmillos parecían sobresalir de sus labios.
-No permitiré… que vuelvas y ataques a esta gente con tu grupo de bestias como lo hicieron conmigo -un momento… lo estaba ¿confundiendo?
-¿Qué cosas dices? -expresó Jaken irguiendo su báculo.
-No te hagas él que no recuerdas…
-Amo Sesshoumaru, creo que piensa que usted es alguien más…
-Una niña, no puedo permitirte que devores a aquella criatura inocente -Rin arqueó las cejas ocultándose tras el demonio de cabello platinados aferrándose a su pierna.
-No hables estupideces… ¿Qué es eso de que te ataqué? -preguntó esta vez enseñando sus garras dispuesto a matarla… nadie, nadie lo golpeaba y salía sin rasguños.
-Desgraciado… hablo de esto -y rasgando algunas vendas enseñó la herida que tenía en el costado inferior derecho del pecho-. ¿Ahora recuerdas maldito infeliz? Te vuelvo a repetir, sal de aquí, no queremos problemas.
-Amo… amo bonito -Jaken se espantó.
-¡Silencio! ¿Qué rayos quieres?
-O-oye -se oyó nuevamente la voz de la desconocida humana, parecía preocupada esta vez-. Estás sangrando… -su tono de voz era diferente. Sesshoumaru observó la tela de su vestimenta impregnarse de aquel color escarlata, retiró la prenda y dejó al descubierto aquella herida, igual a la de la joven que prácticamente lo había estado desafiando-. Tú, ¿tú también? -Sesshoumaru abrió sus ojos impresionado.
El viento sopló estrepitosamente.
-Confundes a mi amo, humana, el gran Sesshoumaru derrotó a aquel grupo de infames luego de ser herido, deberías estar agradecida -habló el renacuajo-. Eso quería decirle amo bonito, que estaba sangrando.
-Ya lo sabía -mintió-. Vámonos de aquí.
-Señor Sesshoumaru, ¿está bien? -preguntó la pequeña.
-Sí -dio media vuelta y Rin cogió las cosas del suelo y montó al dragón.
-¡Espera! -él sólo giró el rostro-. Si acabaste con ellos, ¿eres de los buenos entonces?
-Sólo los eliminé porque osaron atacarme y no me permitían el paso.
-¿Y la herida? -volvió a hablar-. ¿Hace cuanto la tienes?
-Eso no te importa… -comenzó a andar casi arrastrando los pies.
-Puedo darte la cura… tengo la cura para esa mezcla de veneno.
-¿Qué dices? Habla humana -ordenó Jaken. Se aproximó a ellos.
-Bueno… al igual que tú -dirigiéndose a Sesshoumaru-. Fui herida por la misma banda que te atacó, supongo. El veneno que me inyectaron era una mezcla de toxinas hechas por humanos mas las de origen youkai; estuve mal pero no me quedé de brazos cruzados, y tras varios intentos encontré el antídoto. Ahora sólo espero a que cicatrice bien. Por eso, puedo prepararlo para ti…
-No necesito ayuda de humanos -fue en ese momento que Rin lo cogió por la manga de su fina vestimenta. Se volvió a observarla, ¿sal?
-Señor Sesshoumaru… yo sé que usted, que usted es alguien muy fuerte, pero no quiero que nada le ocurra. Señor Sesshoumaru, si se encuentra tan afectado a causa de aquel veneno que recorre sus venas hace ya mas de cuatro días, por favor, acepte su ayuda… Rin no quiere verlo mal, porque Rin quiere permanecer al lado del señor Sesshoumaru siempre -la pequeña se aferró firmemente al brazo de su protector ocultando el rostro. Jaken se cruzó de brazos y él se preguntaba, ¿qué debía hacer?
-Cuatro días, eso es mucho… para este momento el veneno debe estar localizado en cada parte de tu cuerpo, aunque al ser youkai logres soportarlo un poco mas que un humano, pero de seguro ya has de haber notado algunos efectos -olfato, visión, equilibrio, de a poco comenzaban a fallarle, cómo sería… que ni siquiera pudo anticipar el ataque de aquella humana-. Te recomiendo hacerle caso a la pequeña, por favor… coge mi ayuda como muestra de disculpa y agradecimiento… de verdad no debí golpearte. Prometo que te recuperaras y volverás a ser el de antes -hubo un momento de silencio.
-¿Qué debo hacer? -Rin alzó el rostro a verlo y volvió a abrazarlo.
-No mucho, sólo necesitarás paciencia. En mi casa les explicaré el resto, ¿vamos? -la pequeña no dudó y dispuso a seguirle, Rin tenía ese presentimiento de que todo saldría bien; el taiyoukai, el dragón y el sirviente venían algunos pasos mas atrás.
-Gracias por querer ayudar a mi amo.
-¿Amo? -pareció confundida, pero ella no tardó en contarle la historia dejándole las cosas un poco mas claras-. Ya veo, tienes suerte pequeña.
Tras unos cuantos minutos de caminata llegaron a una modesta estancia. La casa de la muchacha parecía distanciada del resto del pueblito; teniendo en frente una pronunciada colina con algunos cuantos árboles ya desnudos, el costado y parte trasera del lugar permanecían cercados denotando el límite de la aldea. Rin parecía maravillada, por un momento quiso dejarse guiar por sus pies hacía la extensa vegetación que cubría aquella pradera, donde aquellos montones de hojas caídas de seguro le proporcionarían horas de diversión. En cuanto al demonio verde, no creía que pisaría aquel lugar, teniendo de todo en el palacio de su amo, mientras que el último mencionado veía todo con esa indiferencia que lo caracterizaba.
-Aquí estamos, en mi casa… acogedora, entremos ya -y así ella lo hizo, nadie parecía imitarla. Asomó el rostro tras la cortina que cubría la entrada-. ¿Ocurre algo?
La pequeña observó a su señor con incredulidad y sin volver a pensarlo se adentró para volver a salir y empujar al príncipe de las tierras del oeste al interior mientras reía contentísima, él tan sólo le dedicó una mueca de desagrado.
Ya adentro se encontraron con una habitación compacta, en el centro de esta había una mesa baja y al fondo un pequeño corredor que daba camino a tres nuevas entradas. La desconocida tomó asiento junto al resto, pero por supuesto, Sesshoumaru prefirió mantener distancia por lo que se acomodó contra una pared.
-Discúlpeme, pero desconozco su nombre, mas bien, todos lo hacemos…
-¡Tienes razón! Lo siento, mi nombre es Misao -sonrió calidamente, pero aún avergonzada de cómo había reaccionado.
-Yo soy Rin y éste es el señor Jaken, y mi amo… el seño Sesshoumaru -agregó indicando al correspondiente.
-Niña entrometida… -bufó el demonio rana-
-Jaken…
-S-si amito… -tragó saliva y miró de reojo a la pequeña niña humana que sonrió arqueando las cejas.
-Lamento mucho lo de hace rato, no fue mi intención pero la verdad desde que fui herida he desconfiado de todos, pienso que ahora gracias a ti podré estar tranquila, a cambio ya sabes, prometo ayudarte.
-¡Oye! Dirígete a mi amo con respeto -gritó parándose sobre la mesa y amenazándola con su bastón de dos cabezas.
-Señor Jaken, tranquilícese. Señorita Misao…
-Dime.
-¿Cómo fue que la hirieron? -Sesshoumaru prestó atención.
-En esta aldea carecemos de muchas necesidades básicas, por eso hace un tiempo decidí hacerme cargo de aquella en las que poseo algo de experiencia.
-¿Cómo la medicina?
-Exacto Rin. En mi familia han habido grandes médicos, y de mi padre aprendí todos o la mayoría de lo que hoy soy capaz. Gran parte del tiempo llega gente solicitando cualquier tipo de asistencia, y como pago recibo alimentos y telas, cosas de ese tipo. En fin, volviendo a tu pregunta: eso ocurrió hace unas dos semanas, ese mismo día había salido por raíces con propiedades curativas y fue ahí donde me encontré con estos sujetos. Me dijeron que avisara aquí en la aldea sobre su llegada y que para ese entonces les tuviéramos preparadas tres carretas con todo tipo de cosas de cierto valor, claro que me negué; y ahí me lastimaron, se excusaron advirtiendo que mi herida era sólo una muestra de lo que harían al llegar al pueblo, después me liberaron. Fue por eso que al llegar tú, pensé que eran aquellos individuos cumpliendo su palabra.
-¡Señorita Misao! Es usted muy valiente.
-A-ah… gracias, y a todo esto con respecto al antídoto… no poseo los ingredientes requeridos además de uno, por eso, si me permites… hoy quisiera limpiar tu herida.
-No necesito nada de eso.
-¡No seas terco! Hazme caso, sé lo que ocurrirá, por lo que pasarás, los efectos secundarios y todo eso -exclamó sobresaltada-. Aunque… no estoy segura que ocurran en ti… -lo último tan sólo lo dijo en un murmullo. Pero el youkai a pesar de su sentido de la audición que poco a poco se volvía deficiente logró oír.
-Mi amo jamás pasaría por algo como así de esos efectos secundarios de los que hablas -le gritó Jaken como respondiendo por Sesshoumaru.
-Mañana bien temprano saldré por lo que necesito -lo ignoró-, luego de ver la herida te recomiendo dormir todo lo posible, no querrás gastar mas energía de la que perderás, porque eso ocurrirá.
-¿Puedo acompañarla? -Rin lucía emocionada, Sesshoumaru no pudo evitar verla con confusión. ¿Su humana relacionándose con humanos?
-Claro que sí, sólo deberás estar despierta.
-¡Sí! -gritó feliz ante la positiva respuesta, no se contuvo y abrazó con fuerza al demonio verde.
-S-suéltame, ayuda… ¡Amo Sesshoumaru!
Misao se puso de pie. El taiyoukai a su lado la siguió con la mirada, aún no había tenido oportunidad de verla de cerca; ella cogió una especie de vasija extendida en la cual vertió un líquido transparente luego sacó de un viejo mueble gasas y vendas.
-Vamos.
Caminó por el corto pasillo y se introdujo por la entrada derecha. Finalmente esta vez si fue seguida por los tres huéspedes.
-Puedes permanecer aquí el tiempo que gustes. No suelo cederle mi habitación a extraños pero ésta será una excepción. Rin, renacuajo, ustedes puedes dormir en la habitación del frente junto conmigo, ya nos encargaremos de arreglarla.
-Renacuajo -rió sin darse cuenta-, ¿a quién llamas renacuajo? -se cruzó de brazos y Rin no pudo evitar reír.
-¿Me permitirás? -Sesshoumaru la vio fríamente intentando intimidarle pero al no dar resultado rodó los ojos y observó a Rin que nuevamente tenía ese semblante de preocupación, ¿por quién lo tomaba?-. Bien, entonces recuéstate por favor -Misao se acercó al cuerpo de taiyoukai que yacía recostado sobre el futón y contra la pared nuevamente. Con cuidado retiró las ropas que cubrían su pecho y observó la herida, continuaba roja y en sus extremos lucía algo azulado-, ahora sólo voy a limpiarla, mañana quizás pueda cerrarla; esto puede arder.
-¿Qué es eso? -preguntó Rin observando el líquido en el que la joven untaba un paño.
-Ahora resulta que eres alcohólica -gruñó el dueño del báculo.
-No la verdad… esto es sake y no lo bebo, lo utilizo para limpiar y desinfectar -estrujó el paño para quitar el exceso de líquido para llevarlo a la herida. Un gruñido quiso escapar de la barrera que imponían sus labios-. Lo siento -le sonrió, ahí estaban, la tenía cerca y logró verla, esos ojos color miel, apretó el puño-, pero no hay otra forma.
Aquel acto de untar, estrujar y limpiar se repitió unas cuantas veces, y a pesar de que la joven lo hacía con extrema suavidad no podía quitar el hecho de que le ardiera, se trataba de alcohol, era alcohol lo que desinfectaba la herida que hasta ese entonces permanecía abierta. El taiyoukai no pudo reprimir mas aquél gesto de molestia y finalmente dejó escapar ese quejoso gruñido que hace ya bastante rato lo acechaba.
-¡Señor Sesshoumaru! -Rin se asustó y llevó las manos a su rostro.
-Tranquila, eso fue todo, eso fue todo… -Misao tomó los vendajes y ayudó al herido a incorporar un poco el pecho para así poder cubrir la injuria con varias capas de vendas que cruzaban todo el alto de su pecho y pasaba por sobre uno de sus hombros-. Ya está -lo volvió a ayudar a colocarse la parte superior de su ropa y volvió a ver sus ojos, eran como los de la mujer en su pasado, eran iguales maldita sea-, descansa ahora.
-Amo bonito, ¿cómo se siente?
-Silencio Jaken. Cállate de una vez.
-¿Ya ves? Vamos, vamos, salgamos y dejémoslo tranquilo para que pueda dormir -dijo sacando a ambos de la habitación-. Cualquier cosa no dudes en decirme -no hubo respuesta como era de esperarse. Estaba sólo en esa habitación que no se asemejaba a ninguna de las que habían en su palacio… no importaba, de verdad quería descansar, aunque sea un poco; y recostándose por completo cerró los ojos intentando conciliar el sueño que no tardó en llegar.
