- No puede ser, otra vez voy tarde.

- Corre hija, llévate esto para después - dijo Tom alcanzándole a su hija una bolsa de papel.

- Gracias papá, nos vemos más tarde.

Casi corriendo Marinette salió de la panadería con destino al estudio de modas de Gabriel Agreste.

- Tikki, ¿sería muy sospechoso que Ladybug saliera por los tejados corriendo?

- Sí, Marinette, sería muy extraño, y no vas tan tarde, si sigues así de prisa llegarás justo a tiempo.

- Sería más fácil con mi yoyo.

A Marinette le ayudaba la buena condición física que tenía para llegar trotando a los lugares donde tenía que presentarse, le era muy difícil llegar a tiempo, aunque se despertara quince minutos antes, aunque no desayunara, aunque omitiera un paso de su rutina diaria, siempre había algo que cambiaba sus planes. Justo como en ese momento en el que se topó con un muchacho que era más alto que ella. Aunque se veía bastante fuerte, la peliazul había logrado tacklearlo y lanzarlo directo al piso de concreto.

- Lo siento muchísimo, ¿se encuentra bien?

- Sí, wow señorita, es fuerte. - contestó el hombre volteando hacia Marinette.

- No lo creo, es solo que iba rápido. - dijo colocando su mano en la nuca y volteando al lado. - Permítame - le extendió su mano para ayudarlo a levantar, el hombre le resultaba conocido, su piel morena, su barba bien cuidada y recortada, sus tatuajes era lo único que no cuadraban con quien tenía en mente. - ¿nos conocemos?

- No lo creo, no te reconozco, pero puede que tu a mí sí, digamos que he trabajado de muchas cosas.

- Oh, podría ser... Perdón, lamento haberte tumbado, espero que estés bien. Me tengo que ir, adiós. - apresurada retomó el camino hacia el estudio.

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- Siempre es lo mismo, Tikki.

- Aún puedes llegar temprano, apresurate.

- Necesito un automóvil, aunque me quede relativamente cerca de casa.

- Sólo necesitas organizarte. Vamos Marinette, puedes llegar a tiempo.

Tratando de controlar su respiración pasó el portal de la entrada. Sentía como su frente ya se estaba aperlando de sudor, solo esperaba que su maquillaje no se corriera.

- Marinette tienes suerte, Gabriel está ocupado. Recuerda que no le gustan las impuntualidades.

- Gracias Nathalie, pero ya me conoces, me es imposible llegar con tiempo extra. Dices que el señor Agreste está ocupado, ¿algún nuevo socio?

- No, es personal, pero tú tienes trabajo que hacer, te recomiendo que comiences, los deadlines se acercan.

- Está bien, aunque anoche ya terminé algunos bocetos.

Poniendo manos a la obra su espacio de trabajo pronto fue ocupado por sus bocetos y rollos de tela. Su mente al trabajar se despejaba de todo, sentía que se enfocaba con facilidad y siempre trataba de que sus ideas fluyeran constantemente.

Con la idea de ir por un torso de maniquí cruzó el estudio hasta el almacén para sacar uno. Al levantarlo para llevarlo solo podía ver su lateral derecho y parte del piso, por esa razón cuando vio dos pares de pies casi debajo de los suyos se detuvo y regresó un paso.

- Señorita Dupain, veo que ya comenzó a trabajar.

Colocando el torso a un lado vio a su jefe acompañado. No lo podía creer.

Esos cabellos rubios claros, dulces ojos verdes, sonrisa ladina. En definitiva era Adrien.

- Mi Adrien - pensó, para después sacudir su cabeza- ¿mi Adrien? Enfócate Marinette.

¿Marinette? Qué gusto verte. - con alegría Adrien tomó la mano de su vieja compañera y beso sus nudillos. - ¿Qué haces por aquí?

- Adrien... - dijo recuperándose de la impresión - cuánto tiempo, aquí hago mis prácticas. - aún con su mano sobre la del rubio, Marinette lo observó: su cabello tenía un corte reciente, más corto de como lo recordaba, aún seguía llevándolo de lado, pero sin cubrir su rostro, su cuerpo había cambiado, aunque seguía siendo delgado se notaba que había músculos debajo de ese sueter blanco.

- En realidad no me sorprende, mi padre siempre tiene a los mejores en su empresa. - el rubio se acercó a la chica para darle un beso en cada mejilla - fue un gusto, pero no quiero quitarles más tiempo, - aún con las manos unidas, el chico colocó la mano libre sobre los nudillos de la ojiazul. - espero que nos veamos pronto y ponernos al día, Marinette. Adiós.

Despidiéndose de Adrien se preparó mentalmente para desconectarse de ese evento y poder concentrarse en el largo día de trabajo que le esperaba.

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- Alguien parece enamorado. Que aburrido.

- ¿Cómo crees, Plagg? Solo es Marinette, hace mucho tiempo que no la veo.

- ¿Por eso te quedaste viéndola aún cuando ya se habían despedido?

- Es porque se ve muy diferente. Sin sus coletas luce muy distinta, y se ve mayor. - Adrien seguía pensando en ella mientras caminaba, el rostro de niña había sido cambiado a uno más afilado, con pómulos que resaltaban, no iba a negar que miró su cuerpo, la adolescencia le había dejado un cuerpo admirable, con una cintura estrecha y unas caderas más anchas, sus pechos eran perfectos para su cuerpo delgado y con curvas. Lo cual no se lo diría a Plagg.

Yendo un poco distraído no se percató del hombre que iba a la misma dirección. Inevitablemente chocaron, haciendo que se resbalara una caja de las manos del joven transeúnte, la cual fue rápidamente tomada por los brazos del rubio.

- Por poco hago que algo se rompa, te lo agradezco. La caja no me dejaba ver.

- No hay de qué, yo fui el que casi hace que se caiga.

- No te preocupes, el distraído soy yo, ya me tropecé con alguien dos veces el mismo día, dime tú si no estoy con la cabeza en otro lugar.

- Aquí tienes - le regreso el pesado empaque con una sonrisa. - que tengas buen día. - dijo despidiéndose moviendo su mano.

- ¿Distraído y con buen humor?

- Ugh, cállate Plagg. Es por estar pensando en mi padre, por fin estamos en buenos términos. No sabes lo ligero que me siento por ya no estar cargando todo esa negatividad.

- Espero que eso no afecte en tu carrera, dicen que los mejores artistas son los que expresan sus emociones negativas.

- Un buen artista también expresa sus emociones positivas.

- No me preocupo por ti, de buen humor, de mal humor, de igual forma siempre eres muy dramático.

- No responderé a eso solo porque sería raro estar discutiendo con mi camisa en la calle. Calla y no molestes Plagg.

- Lo haré, pero primero pasa a aquella tienda y compra un queso.

- Está bien, pero solo porque esta noche vamos a patrullar, extraño cuidar las calles de París.