Ya acordado el nuevo plan, cada uno se dispersó por todo Canterlot. Pero Rarity… era la que más temía hacer mal su parte, era el centro de atención, en pocas palabras. La unicornio había estado batallando en su mente sobre el papel que debía interpretar, se estaba arriesgando a perder a una de sus mejores amigas. Aunque si esto ayudaba a que Twilight abriera los ojos, entonces lo haría sin importar nada.

— Tranquila, Rarity, puedes hacerlo — se decía la unicornio de melena morada a si misma.

Se notaba que no estaba lista, pero para su mala suerte, tenía a Flash a unos pasos adelante. Muy bien, era ahora o nunca, se trataba de los sentimientos de una amiga, debía decirle sobre el nuevo plan a Flash.

— Flash, querido, ¿cómo estás? — preguntó Rarity amablemente.

— Hola, Rarity, pues como me vez… sin ánimo — respondió Flash solo por cortesía.

— Entiendo como te sientes, pero debes luchar por ella — decía Rarity tratando de animar al pegaso — Shun me dijo que fingiéramos ser pareja y así ver como reacciona Twilight, todos sabemos que aún siente algo por ti así que, obviamente no reaccionará muy agradable que digamos pero… ay que intentar.

— No lo se, no creo que le importe. Además, esta mañana le ofrecí unas rosas y las marchitó con un hechizo y luego se fue — recordó Flash con una mirada muy triste.

— Vamos, cariño, no perdemos nada con intentar. Solo fingiremos cuando ella esté cerca para ver como reacciona, de lo demás se encargará Shun — aseguró Rarity.

Después de pensarlo un rato, decidió aceptar. Lo que decía Rarity era cierto, pero ¿qué tal si no funcionaba? ¿Qué tal si Twilight lo seguía ignorando? Por mucho que lo pensaba las cosas se seguían poniendo feas, pero aún así lo intentaría, aún seguía amando a Twilight con todas sus fuerzas.

Más tarde ese mismo día, Twilight tuvo que salir urgentemente gracias a una carta que le había llegado pidiendo ayuda, se trataba de una situación terrible de la cuál se tenía que encargar ella misma.

Rarity y Flash no perdieron esta oportunidad para provocar a Twilight, pero debían esperar a que regresara para así ponerse en marcha. Entraron al castillo y esperaron por horas a que la alicornio llegara. Cuando esta llegó, Flash y Rarity se habían acomodado en uno de los tronos, besándose y acariciándose de la manera más realista posible.

— Ohm, lo siento, pero creo que este no es un lugar apropiado para esas cosas — interrumpió Twilight con un tic en el ojo izquierdo, claramente no le gustaba lo que estaba viendo.

— Oh, lo siento, Twilight, no fue nuestra intención — mintió Rarity un poco nerviosa.

— Les agradecería que se marcharan ahora mismo, estoy muy cansada — pidió Twilight conteniendo la rabia.

Flash y Rarity se marcharon como si nada. En lo que se perdieron de la vista de la alicornio, esta cerró la puerta con furia. Pero rápidamente, Flash y Rarity regresaron rápidamente para escuchar por la puerta que era lo que Twilight decía molesta.

¡¿Es enserio?! ¡¿Con una de mis mejores amigas?! ¡Estás pasándote de la raya, Flash Sentry! Pensaba perdonarte, pero ahora que vi esto, ni muerta te voy a dar otra oportunidad — fue lo que se escuchó por parte de Twilight, unas muy fuertes y desgarradoras palabras.

— Genial, ahora empeoré las cosas… ya es oficial, me quiero hacer polvo, polvo que el viento se lleve a un viaje sin fin — se lamentó Flash.

— No digas eso, algo más tenemos que intentar — aseguró Rarity.

— Déjalo, Rarity, ella no me quiere volver a ver — murmuró Flash comenzando a volar hasta perderse de la vista de la unicornio.

La verdad era triste ver a ese pegaso rendirse así de fácil, con esto que escuchó salir de la boca de Twilight, fue la última gota en el vaso… No tenía de otra más que tratar de olvidar a esa pony, esa pony que a pesar de ser una princesa, lo quiso tanto siendo un simple guardia en el Imperio de Cristal.

Pero Rarity no se quería de patas cruzadas, ella tomó valor después de varios minutos y entro al castillo buscando a Twilight. Para su sorpresa, la alicornio mirando por la ventana, soltando un par de lágrimas.

De verdad le dolía lo que había visto, perder a ese pegaso que la quiso tanto a pesar de ser una princesa, a pesar de que le gustaran tanto los libros. Ese sin duda, era un amor verdadero. Pero por un mal entendido, todo se había tirado a la basura.

— Lo sigues amando, ¿cierto? — preguntó Rarity.

— Si… pero ahora está contigo, no podría interponerme entre los dos — respondió Twilight sin apartar la vista de la ventana.

— Querida… el y yo… no tenemos nada, solo era para darte celos — aseguró Rarity.

— Pero aún así, después de cómo lo he tratado, dudo mucho que quiera estar conmigo — Twilight se sentía muy mal al respecto, no encontraba que hacer más que ahogar sus penas.

— Eso no es cierto, Twilight, el aún te ama… lo que pasa es que no le has permitido demostrártelo — trató Rarity de consolar a Twilight.

— ¿Qué hago, Rarity? — preguntó Twilight con lágrimas en ambos ojos — No quiero perderlo, yo aún lo quiero.

— Tranquila, algo surgirá en menos de lo que te imaginas — respondió Rarity acariciando la melena de la alicornio.

Al día siguiente, Shun y Pinkie estaban esperando a que Twilight saliera mientras que Applejack y Rainbow Dash esperaban a que Flash se apareciera. Ambos equipos tenían algo planeado para Flash y Twilight.

En lo que la princesa salió del castillo, Shun la golpeo con un hechizo para deshabilitar su magia mientras que Pinkie se le echó encima, cubriéndola con un gran saco.

— ¿Qué es esto? ¿Quiénes son? — preguntó Twilight.

— Créeme, es por tu bien — respondió Shun.

— Esa voz… oye, te conozco, déjame ir — exigió Twilight.

— Claro que no bobita, es por tu bien — repitió Pinkie Pie.

— ¿Pinkie? ¿Tu también? Enserio, ya déjenme libre — exigió Twilight una vez más.

— ¡No! — se negaron Shun y Pinkie al unísono.

Mientras tanto, Applejack y Rainbow Dash seguían esperando a que el pegaso apareciera para así poner en marcha la siguiente parte del plan.

— ¿Cuánto más se seguirá tardando? — se quejó Rainbow Dash.

— Ten paciencia, las cosas buenas llegan a los que esperan — murmuró Applejack.

— Si, claro, he estado esperando por eternidades a que los Wonderbolts me noten y aquí estoy, como un fantasma — chilló Rainbow Dash.

— Cálmate, ya aparecerá. Si no, bueno, tendremos que buscarlo y haremos lo que tú quieras — aseguró Applejack.

— Trato hecho — accedió Rainbow Dash chocando su casco delantero derecho con el de la pony obrera.

Unos minutos después, Flash apareció cabizbajo. Era la oportunidad perfecta, no estaba pendiente del camino por el que andaba.

— Ahora — indicó Applejack.

En menos de diez segundos, Rainbow y Applejack tenían a Flash dentro de un gran saco, tal y como lo hicieron Pinkie Pie y Shun con Twilight.

Perfecto, estoy secuestrado. Cuando se den cuenta de que no traigo nada, me querrán matar por hacerles perder el tiempo — murmuró Flash dentro del saco sin moverse.

Al terminar de escuchar eso, Applejack giró los ojos hacia la izquierda en señal de fastidio, últimamente Flash lo que hacía era lamentarse.

— Oye, Applejack… — decía Rainbow Dash con iluminación en los ojos.

— Ni lo pienses, no tuvimos que buscarlo así que no hay trato — se negó Applejack.

— Oh vamos, tiene que ser una broma — se quejó Rainbow Dash.

— No, no lo es — aseguró Applejack.

En lo que llegaron al punto de encuentro, se encontraron con Pinkie Pie y Shun junto a un saco.

— ¿Lo tienen? — preguntó Shun.

— Sip — respondió Applejack.

— Bien, a soltarlos — indicó Shun.

Sin perder tiempo, Pinkie Pie revela la entrada secreta de un escondite, en caso de erupción de volcán. Como siempre, una causa rara nunca falta. Ya abierta la entrada, Shun y Applejack liberaron a Flash y a Twilight dentro del escondite y luego salieron y los dejaron encerrados.

— Y de ahí no saldrán hasta que… ya saben — aseguró Shun.

— Además… — Rainbow estaba apunto de decir algo pero el unicornio no se lo permitió.

— No arruines el momento — pidió Shun amablemente.

— ¿Quién quiere ir a Sugar Cube Córner? — preguntó Pinkie Pie.

— Pero primero tenemos que ir al Imperio de Cristal, tenemos que informarle de esto a Cadence — recordó Shun.

— Ay, pastizales… y yo con esta hambre que tengo podría comerme a una vaca — se quejó Applejack.

— Discúlpame, querida, pero yo he hecho ejercicio y ahora estoy esbelto así que a mi… ni me mires — comentó Shun tomando la delantera del grupo.

— ¿A este que mosca le picó? — preguntó Rainbow Dash.

— Ni idea — respondió Applejack.


Si quieren ver que es lo que sigue, ya saben lo que tienen que hacer. Ya me he cansado de escribirlo una y otra vez, si, lo admito, no uso el "corta y pega" porque me da mucha flojera. Florwis, igualmente, me gusta leer tus historias. En cuanto a lo otro, ya me dare una vuelta para ver que tal me va... me pregunto que seguira en el siguiente capitulo de cierta historia tuya que estoy siguiendo... Bueno, ahí se ven, chaito…