Aquí yo de nuevo!
Advertencias: MPREG, Intento de omegaverse. Y una muy mala ortografía (pido perdón por eso)
Espero que lo disfruten tanto como yo lo hice escribiendo. Aunque siento que se me salio de las manos...
Capitulo 4: Alegría.
John caminaba lentamente por un pasillo completamente blanco. El ambiente era apacible y silencioso. Podía escuchar a lo lejos la voz de varias mujeres, era obvio que se trataban de enfermeras. El hospital en la madrugada era un lugar muy tranquilo. No había ruidos innecesarios, ni gente aglomerada en las salas de espera. Sólo había visto doctores y enfermeras ir y venir de una habitación a otra, tratando a los pacientes hospitalizados.
Ese no era su caso. No estaba enfermo ni mucho menos con dolor. Era algo diferente estaba cansado, desvelado y preocupado. Habían sido unos meses muy difíciles. De esos que empiezan viento en popa y después se van complicando. No había sucedido nada que no se pudiera solucionar. Al contrario era algo que ni Sherlock ni él creyeron que llegaría a pasar.
Había recibido la noticia a mediados de julio. Fue algo inesperado y que aun así los volvió inmensamente felices. Sherlock estaba embarazado. O esa fue a la conclusión que llego cuando regreso al departamento una noche después de un día completo en la clínica y encontrar al amor de su vida sentado en el sillón con una cara de mortificación. No había nada extraño sólo era Sherlock siendo el mismo. Creía que había recibido un caso especialmente difícil de Lestrade y se encontraba sumergido en su palacio mental. Pero entonces lo vio. La prueba de embarazo que Sherlock sostenía en su mano como si se tratara de la cosa más extraña que había visto en su vida.
John observo detenidamente a Sherlock y después la prueba de embarazo, se sentía estúpido, porque no llegaba a concebir que rayos hacia Sherlock con ella.
Entonces los ojos de Sherlock se enfocaron en él. En su alfa, en su doctor y mejor amigo. En su todo. Porque así había comenzado su relación. De ser completos desconocidos, a convertirse en la razón de la existencia del contrario. Había tomado años para darse cuenta que como Alfa y Omega estaban destinados a estar juntos.
Sherlock luchaba contra su naturaleza y John simplemente no quería presionar a la persona más importante para él. Porque él lo sabía. Estaba consciente que había caído completa y recónditamente enamorado de ese omega indescriptible, perfecto, excéntrico y paranoico. Desde el momento que levanto la mano para matar por él. John lo amaba con locura.
Le tomó varios años a Sherlock descubrir que esos sentimientos extraños que John llegaba a producirle eran también conocidos como amor. Odiaba que John saliera a citas y trajera a las insulsas betas a su departamento que esparcían su insignificante olor en cada habitación. No lo soportaba, saber que en ese espacio que había creado con el que consideraba su mejor amigo fuera invadido por desconocidos. Era algo que llegaba a fastidiarlo. Por eso arruinaba cada una de las citas de John. Usaba sus métodos de deducción con ellas resaltando sus defectos, uno tras otro hasta que John simplemente las dejaba de ver.
Y de pronto un día cualquiera se dio cuenta que habían pasado meses desde que John tuvo una cita o le presento a una de sus novias. No llegaba a deducir la causa pero estaba consciente que él tenía algo de culpa. Se atrevió a preguntar por simple curiosidad que a veces para Sherlock era difícil de ocultar.
—No son necesarias, si te tengo a ti a mi lado. — había sido la simple respuesta de John y eso sólo desato más curiosidad en Sherlock.
— ¿Por qué?— pregunto esperando una respuesta coherente que calmara los acelerados latidos de su corazón y le explicara la importancia que John tenía en su vida.
—Se me hace innecesario querer encontrar a alguien para remplazarte. — dijo John dejando el periódico de esa mañana en la mesa y dejando los trastes sucios del desayuno en el fregadero. — Cuando se que eres irremplazable y no existe nadie como tu.— John soltó un sonoro suspiro y se apoyo sobre el lavabo, dándole la espalda a Sherlock.— O más bien no existe nadie que me haga sentir lo que tú me provocas.
Eso fue todo. Era lo que Sherlock necesitaba para darse cuenta que tenía a su alma gemela a su lado y de que era un maldito egoísta por no entregarse a él y demostrarle lo mucho que significa en su vida.
John nunca olvidaría ese día, el inicio de su relación. El comienzo de todo. De cómo sintió los brazos de Sherlock rodeando su cuerpo en un abrazo trasmitiendo esos sentimientos que el omega no se atrevía a decir en voz alta. El dulce beso que le continúo ni las demás cosas pervertidas y subidas de tono que se atrevieron a realizar dejando los instintos desinhibidos y entregándose en corazón, cuerpo y alma al contrario. Formando una unión entre ellos.
Los dos habían esperado alguna reacción exagerada de sus amigos o conocidos e incluso de la prensa que constantemente los perseguía a todos lados creando chismes escandalosos. Pero todos lo tomaron con tanta calma, como si supieran que algo como eso llegaría a pasar en cualquier momento. Así que no causo ningún revuelo la unió entre el detective consultor y su fiel acompañante.
Lo que por otro lado si causo una gran controversia fue el descubrimiento de la noticia del año. El embarazo del único detective consultor en el mundo también conocido como Sherlock Holmes. Estelarizo todas las primeras planas del periódico del Londres por tres semanas seguidas. Era el chisme del momento que se convirtió en una gran noticia que desbordaba felicidad.
Y eso debería haber alegrado a John. Lo hizo en su momento cuando descubrió a Sherlock allí sentado en el sillón con la prueba de embarazo en mano dando como resultado positivo. Grito de felicidad, de enjundia contenida. Se sentía dichoso mientras abrazaba a su omega y lo besaba en cada parte de su cuerpo donde sus labios tenían libre acceso. Sherlock reía y reflejaba los mismos sentimientos que su alfa. Entonces todo se detuvo y el miedo se hizo presente. Había algo de temor reflejado en las pupilas de ambos. Era una nueva experiencia. Una tan desconocida que les provocaba un miedo irrefutable a fracasar. Pero se dieron cuenta que eso no sucedería. No, si estaban juntos.
Se encargaron de informarles, a sus amigos y familiares. Incluso a Mycroft aunque Sherlock se negara rotundamente en compartir esa clase de información con su "gordo" hermano como cariñosamente le decía.
Al día siguiente de haber compartido la información, tenían a toda la familia Holmes y conocidos albergando en su pequeño departamento. La Sra. Hudson junto con la Sra. Holmes le suplicaban a Sherlock que fuera a consultar y así poder prevenir cualquier dificultad que pudiera ocurrir en el embarazo. Ya que cualquier embarazo y sobre todo los de omegas varones tienen su riesgo. Mycroft sólo veía la escena desde una esquina. Se notaba preocupado había algo que lo inquietaba y angustiaba al mismo tiempo que incluso la compañía de Lestrade no lograba calmarlo.
Entonces sucedió, después que incluso John se encargara de rogarle a Sherlock y pedirle fervientemente que consultara para saber la salud de su futuro hijo logro convencerlo. Y los problemas y preocupaciones iniciaron.
El shock que les provoco ver a su pequeño bebé en la pantalla del ultrasonido y escuchar los latidos de su corazón fue un sentimiento apabullante. Pero había algo extraño en el ultrasonido. El feto era demasiado pequeño, y los latidos del corazón no eran tan constates como debería ser. John como doctor estaba preocupado aunque esa no fuera su especialidad, sabía que algo iba mal.
—Es muy pequeño. — dijo la doctora con un toque de preocupación.
— ¿Perdón…?
—El feto es muy pequeño, incluso para estar en su primer trimestre. Y su corazón…— hizo un pausa y la preocupación de John sólo iba en aumento e incluso después de sentir la mano de Sherlock entrelazándose con la suya en busca de apoyo. — aunque se escucha no es constante y tan potente como me gustaría.
La doctora congelo la imagen del ultrasonido. Se levanto de su asiento y tomó unos papeles del escritorio que se encontraba cerca de ellos. Eran los análisis de sangre, y orina que Sherlock se había realizado.
—Y su condición señor Holmes no es la más óptima. Todas sus células sanguíneas están debajo de lo recomendado. Sufre de una ligera desnutrición y anemia. — La doctora los miro seriamente percatándose que tenía la atención de los dos. — Para el crecimiento de este bebé necesito que usted este en las mejores condiciones. Una alimentación balanceada, necesita más hierro y acido fólico. Nada de consumir cosas toxicas, ni con altas concentraciones de cafeína. Por supuesto también necesita un buen descanso, dormir las horas necesarias para usted. — La doctora les sonrió logrando disipar un poco el miedo que se había apoderado de los dos. — No es algo muy difícil, se que usted lo puede lograr señor Holmes y si su pareja lo apoya. — la mirada de la doctora se poso sobre John.
—Por supuesto, doctora. — dijo besando la mano de Sherlock que tenia entrelazada con la suya. Porque a diferencia de lo que decía la doctora sabía que esto sería muy difícil para su pareja.
—A si se me olvidaba, nada de trabajos pesados.
— ¿Trabajos pesados?— pregunto Sherlock con una nota de nerviosismo en su voz.
—Si ya sabe nada, de cargar cosas pesadas, hacer deportes extremos o algo parecido que pueda perjudicar a su embarazo.
— Eso no puede ser. Soy un… digo yo soy…
Sherlock se quedo callado. John sabía en que pensaba. Sabia justamente lo que se estaba imaginando. Se habían acabado sus días de detective consultor, al menos hasta que el embarazo finalizara. No correría por Londres en busca de criminales, no haría nada peligroso como pelearse cuerpo a cuerpo, ni saltar de edificios. Y eso asustaba a Sherlock porque toda su vida siempre estaba llena de peligro, no sabía como reaccionar a algo nuevo y desconocido.
—Señor Holmes, si no tiene el cuidado necesario y realiza acciones que el cuerpo de un apersona embarazada no pueda soportar. Podría ocurrir un aborto y perder a su bebé.
Sherlock ya no dijo nada. Se quedo callado hasta que concluyo la consulta y le recetaran todas las vitaminas que necesitaba y la dieta que debía seguir de ahora en adelante. Incluso después de salir de la clínica y subir a un taxi. Sólo se acurruco en el hombro de John mientras sus manos descansaban en su vientre todavía plano. Subió las escaleras el apartamento de una manera ordenada y delicada hasta que se instalo en el sofá.
John sabia que tenían que hablar. Tal vez decirle que todo estaría bien porque no había nada que Sherlock Holmes no pudiera hacer.
—Es mi culpa. — soltó de repente. Mirando a su alfa con esos ojos imposibles que podrían volver loco a cualquiera.
— ¡Noo! Por supuesto que no Sherlock nada de esto es tu culpa. —John lo tomó de la mano y lo llevo hasta la habitación de Sherlock que desde que empezaran su relación se había convertido también en la de John. Convirtiendo su vieja habitación en un almacén donde iba todo aquello que no utilizaban tanto ellos como la Sra. Hudson. Lo recostó en la cama y se acomodo al lado de él. — ¿Por qué crees que es tu culpa amor?
—No me cuido adecuadamente. Nunca te hice caso cuando me pedias comer más, descansar o dejar de jugarme la vida con cualquier riesgo. Y… y resulta que ya tengo tres meses de embarazo. ¡TRES MESES JOHN!
John sentía el miedo y el nerviosismo que Sherlock desprendía era comprensible. Lo era, incluso él tenía miedo. Pero nunca nada había afectado tanto a Sherlock como para hacerlo temblar en sus brazos.
Con una de sus manos acaricio lentamente el rizado cabello negro de su omega, pasando entre su cabello y bajando hasta su espalda creando patrones amorfos y sin ningún sentido. Este momento lo necesitaban los dos.
— ¿Qué hubiera pasado…?— dijo Sherlock controlando su voz temblorosa que trataba de contener el llanto. — ¿Qué hubiera pasado? Si nunca nos hubiéramos dado cuenta. Si yo siguiera haciendo lo mismo de siempre John. Si yo lo hubiera perdido…. —llevo sus manos a su vientre tratando de proteger a su bebé de un futuro infundado por sus miedos. — sin siquiera saber que existía. Nunca me lo hubiera perdonado. Nunca John. Y siento que tu tampoco, sé que me odiarías.
— No, amor nada de eso va a pasar. Nunca te odiaría, no por eso Sherlock y mucho menos que ahora somos conscientes de esto. Podemos hacerlo, puedes lograrlo y yo estaré contigo siempre.
Beso dulcemente su frente pasando a sus labios saboreando ese sabor salado de las lágrimas que se había quedado impregnado en su rostro. Esperando que todo estuviera bien.
Aunque fueron unos meses difíciles, alejado de los casos. Al menos de los que le exigían salir de casa. Sherlock se acostumbro poco a poco. A dormir más en las noches o incluso en las tardes cuando no encontraba nada entretenido y el cansancio vencía sus parpados. Alimentarse de manera balanceada alejándose de la comida chatarra o aquello que John consideraba que no era bueno para su salud y se lo arrebataba de las manos antes de probar su delicioso sabor. Dejo el cigarro, los parches de nicotina y también el café que antes era el sustento de todas las mañanas y lo cambio por té. Dejo todo lo malo y dañino y se concentro en su embarazo. Que con el paso del tiempo iba progresando adecuadamente con todos los cambios que este cargaba.
Que aunque fue difícil para John al principio. Después recibió el apoyo de todos. La Sra. Hudson pasaba todas las tardes con Sherlock cuando él tenía que ir a la clínica a trabajar. Los señores Holmes se pasaban por el departamento casi todos los fines de semana para supervisar que todo estuviera bien. Mycroft y Lestrade iban cada vez que la apretada agenda de ambos se desocupaba. Y el mayor de los Holmes se quedaba más tiempo que el detective inspector sólo porque según él no tenía nada mejor que hacer. Aunque John sospechaba que solamente era para cuidar de Sherlock y su futuro sobrino.
Con cada mes que pasaba y se acercaba mas la fecha del nacimiento. La preocupación aumentaba en todos así también como las visitas. Logrando que a veces no hubiera tiempo para estar solos disfrutando de esta nueva etapa en sus vidas.
Habían planeado el nacimiento para finales de enero. Todo estaba programado. Seria en el hospital Bart´s en un horario que todos estuvieran presentes, y por supuesto el parto estaría a cargo de la doctora que los consultaba. Todo estaba calculado y perfectamente seleccionado, lo que lograba mantener a John tranquilo y en paz.
Pero a veces nada resulta como uno lo planea. Como futuro hijo de Sherlock Holmes al parecer a su pequeño le gustaba el drama. Había sido un día tranquilo desde la hora del desayuno. Sherlock afinaba su violín mientras estaba sentado en el sofá y John lavaba los trastes sucios. Era la misma rutina de cada mañana. Cuando el sonido del violín dejo de escucharse. Al voltear observo a su omega sostener su abultado vientre con una de sus manos mientras la otra portaba el Stradivarius.
Un rictus de dolor se dibujo en el apuesto y pálido rostro de Sherlock lo que mortifico un poco a John.
— ¿Estás bien?— Dijo mientras se acercaba y tomaba el Stradivarius de la mano de su pareja, colocándolo en su estuche. Y se concentraba en lo que Sherlock hacia.
—Lo estoy. Creo que eso fue una patada, o un cabezazo no estoy seguro.
— ¿Estás seguro, Sherlock? No tienes buena cara.
—Creí que habías dicho que era muy apuesto. — dijo mientras le sonreía pícaramente a su alfa que le devolvió la sonrisa posando sus manos en el vientre junto con las de Sherlock.
— Eres más que apuesto. Eres perfecto. — beso sus labios que todavía tenían sabor a té. — Pero estoy preocupado…
—No pasa nada. Sabes que nuestro hijo es demasiado hiperactivo. — John le lanzo un mirada que solo podría significar "de quien lo habrá sacado"
—Podría no ir a la clínica y quedarme contigo.
—Podrías… pero sería algo innecesario John. La Sra. Hudson esta abajo y tengo mi celular siempre a la mano si algo pasa te informare de inmediato.— la voz y mirada de Sherlock no dejaba espacio para replicas. John volvió a besar esos labios a los que se había vuelto adicto.
—Entonces te veo más tarde.
—Si. — John tomo su maletín y bajo lentamente las escaleras esperando ansiosamente que Sherlock lo detuviera y cambiara de opinión. — John todo está bien. De acuerdo. — trato de convencerlo su omega antes de que despareciera de su vista. Este sonrió y decidió ir rápido a la clínica. Entre más rápido se fuera tal vez regresaría más temprano.
Al estar en la clínica un sentimiento extraño se apodero de él, deseaba salir corriendo de regreso a su departamento y quedarse al lado de su omega. Pero tenía responsabilidades y eran esos pacientes que se encontraban afuera de su consultorio.
Resulto que su miedo era muy bien infundado. Después de casi un día completo en la clínica recibió una llamada. El nombre de Sherlock acompañada con una foto de él apareció en la pantalla del celular. Al contestar lo único que podía escuchar era la voz alterada de la Sra. Hudson.
"John cariño, creo que ya es hora. Sherlock está teniendo contracciones así que nos dirigimos a Barts"
El tono de voz de la señora Hudson sonaba preocupado. Se encargo de decirle que le avisaría a los demás familiares y llevaría a Sherlock en un taxi hacia el hospital. Al fondo podía escuchar la voz de Sherlock. Que soltaba una y otra vez sus típicas frases despreocupadas y restándole importancia al asunto como "está exagerando Sra. Hudson", "estoy seguro que sólo son patadas", "estoy leyendo en internet que podrían ser contracciones de Braxton Hicks", "creo que tengo 4 contracciones cada diez minutos, esto no es bueno"
John no lo pensó dos veces muy poco le importo dejar el trabajo inconcluso. Era mucho más importante llegar al lado de Sherlock. Se despidió de Sarah explicándole la situación, y ella se despidió de él deseándole la mejor de las suertes. No le tomo más de veinte minutos llegar hasta las puertas del hospital. Y marcar el número de Sherlock. Dos timbres se escucharon antes de que alguien contestara.
—John, estamos en el piso diez. Deberías darte prisa Sherlock pregunta por ti. —la voz de Mycroft sonaba tranquila. Pero el conocía bien a los hermanos Holmes sabia que eso sólo era una táctica para ocultar su preocupación.
Subió lo más rápido que pudo, maldiciendo constantemente al elevador por tardarse demasiado en subir.
Toda la familia Holmes estaba ubicada en una pequeña sala que pertenecía al piso del hospital. La señora Hudson relataba todo lo sucedido a los demás tratando de no dejar ningún detalle fuera de la explicación. La llegada de John aminoro la preocupación que se sentía alrededor de todo los presentes. Le indicaron la habitación que ocupada Sherlock y no dudo ni un segundo en entrar.
Al entrar la imagen que lo recibió fue un Sherlock gritando de dolor y cubierto de sudor mientras se retorcía al sentir las contracciones. La doctora que lo había atendido siempre, estaba a su lado revisando todo lo que hiciera falta. Cuando Sherlock noto su presencia le sonrió de una manera dulce que lograba que un brillo especial llegara hasta esos ojos imposibles que poseía y enamorara cada día mas a John.
El detective estiro su mano como un pedido, que John sabía lo que significaba "ven a mi lado, quédate conmigo y nunca te alejes". No lo pensó, su cuerpo se movió involuntariamente caminando hasta su omega y entrelazando esa mano que le era ofrecida con la suya. Quito los mechones de su rizado cabello que se pegaban por el sudor en su frente y lo beso allí de una manera cariñosa e intima. Muy poco le importo sentirse observado por la doctora y la enfermera que la acompañaba.
—Perdón por llegar tarde y por dejarte solo.
— No importa. Lo bueno es que ya estás aquí. Te necesito a mi lado John para lograr esto.
— Siempre amor. Siempre estaré a tu lado.
— Bueno ahora que esta aquí es necesario que me escuchen. — La doctora puso una mirada seria. — El bebé tienen un buen tamaño y todo está bien a excepción de que aun no está en la posición correcta. — La doctora señalo a la enfermera. — hemos tratado de colocar al bebé en una mejor posición pero por más que lo intentamos fue inútil. Por lo que es necesario una cesárea urgente para evitar complicaciones.
La enfermera se acerco con varios papeles en mano.
—Es necesario firmar el consentimiento de la cirugía, y sobre las complicaciones que puede haber.
La mirada que Sherlock le dirigió a John fue una de completa determinación. Habían llegado al final de esta etapa. Solo faltaba un enorme paso y llegarían a la meta. Si era necesario. Era lo que se tenía que hacer.
Todo paso tan rápido ante la mirada de John. Que aunque siendo un profesional del ámbito de la salud. Era extraño ver a su pareja en esa situación.
Sherlock fue trasladado a los primeros pisos donde se encontraban los quirófanos, la doctora le explicaba lentamente el procedimiento que se llevaría a cabo. Sabiendo que John era un médico le fue otorgado un permiso para entrar al quirófano con su pareja.
Los familiares y amigos de la pareja habían sido mandados a descansar por John ya que esto tomaría mucho más tiempo. Aunque nadie se retiro de allí hasta hacerle prometer a John que los llamaría a todos cuando el bebé naciera. Todos se fueron al departamento de Molly que estaba cerca del hospital.
La cirugía empezó casia media noche con un Sherlock calmado y anestesiado. Un buen ambiente se sentía en el quirófano, la doctora y su equipo de cirugía realizaban un excelente trabajo. Entonces John escucho el primer llanto de su bebé. Del bebé de ambos.
Un Sherlock desconcertado quería sentirlo y tocarlo.
Se lo pasaron a sus brazos. Era un pequeña y arrugaba bola rosada. Una diminuta mata de cabello negro y rizado se posaba en su cabeza de manera graciosa. Fue el momento perfecto aunque John no pudo observar absolutamente nada por las lágrimas que bañan su rostro. Todo pasaba tan rápido, se llevaron a su bebé a otra sala para realizarle los cuidados inmediatos que requería al ser tan pequeño y la cirugía estaba a mitad del proceso aun faltaba terminarla.
Aunque sentía todavía sus lagrimas bañar su rostro tomó la mano de su omega que no para de decirle lo bello que era su pequeño.
—John es un niño. Un hermoso niño. — La doctora terminaba la cirugía sin ninguna complicación mientras ellos estaban fascinados por el nacimiento de su primogénito.
— Tan perfecto como tú. Porque déjame decirte que nació con todas tus cualidades. Tu cabello, el color de tu piel y por todos los cielos espero que también tú inteligencia.
Sherlock sólo pudo sonreír. El cansancio le estaba pasando factura a su cuerpo. Sus parpados se cerraban aunque era ahora más que nunca que quería mantenerse despierto. Quería salir caminando del quirófano y pedir a gritos que le entregaran a su niño. Pero entendió que todo esto tomaría un poco más de tiempo.
Le dedico una última mirada a su alfa y con la poca energía que le quedaba le dijo: — Pero sabes creo que lo más perfecto de él es el color de sus ojos John. — un último parpadeo y quedo sumido en la inconsciencia.
Pasaron varias horas más para que todo estuviera en calma. Sherlock había pasado a la sala de recuperación que al ver que no había ninguna complicación fue trasladado a una habitación para él solo. Para John era bueno saber que tenía como cuñado al mismísimo gobierno británico. Porque aunque fueran altas horas de la madrugada nada evito que la familia Holmes y amigos entraran a la habitación del omega para felicitarlo y hacerlo compañía.
Y por supuesto era ahora por eso que John se encontraba caminando por los pasillos del hospital. Gracias a Mycroft había recibido un permiso para dirigirse a los cuneros y ver a su hijo.
Bajo hasta el tercer piso por las escaleras queriendo hacer un poco más de tiempo al encontrarse nervioso. Unos letreros que adornaban la esquina de una pared le hizo saber que estaría pronto en su destino.
Paso al lado de varias enfermeras que le dirigían una mirada extrañada. Dio vuelta a la izquierda sobre un pasillo más pequeño y se dio cuenta que todo el hospital iba cambiando de color. Unos dibujos infantiles de criaturas de fantasía y animales felices con colores llamativos y brillantes adornaban las paredes.
Una vuelta más y llegó a su destino. Era una gran habitación que tenía un cristal resistente en vez de pared. Dejaba a la vista de cualquier persona lo que allí se hallaba. Pequeños cuneros se encontraban en fila india y varios de ellos estaban ocupados de bebés que portaban sábanas rosas y azules dependiendo del sexo. Una enfermera con un uniforme cubierto de dibujos, estaba sentada en una silla cabeceando constantemente luchando para evitar quedarse dormida
John se acerco al cristal y lo golpeó con el dedo índice, espabilando a la enfermera que le prestó atención inmediatamente. Esta sólo sonrió y le hizo señas para que se acercara a la puerta. Que fue abierta de inmediato.
— ¡¿Señor Watson?!— dijo con voz cansada y John no pudo evitar recordar sus años de residencia en el hospital al observar las ojeras que adornaban el rostro demacrado de la enfermera. Asintió con la cabeza. — Me comentaron sobre usted. Su hijo acaba de despertar después de haber comido y dormido un par de horas está sano. Aunque eso tal vez ya se lo dijeron…—
La joven enfermera camino directamente al cunero más alejado de John y tomó en brazos un pequeño bulto cubierto en una sábana azul.
—Aquí está el pequeño Watson—Holmes.
John estiro los brazos y los dejo extendidos para recibir a su hijo. El pequeño bulto fue depositado en sus brazos, dejándolo sentir el diminuto peso de este. Lo acerco al centro de su pecho cerca de su corazón que se sentía a punto de explotar por la emoción que recorría su cuerpo.
Era idéntico a Sherlock cada parte de su hijo parecía una copia exacta de su pareja. Su cabello rizado y negro, su piel que aunque ahora era de un color rosado sabia que muy pronto ser tan blanca como la nieve.
—Hola James…— susurro el nuevo padre. Esperando una reacción por parte del pequeño. Que abrió la boca en una perfecta "o" y parpadeo varias veces agitando sus largas pestañas. Abrió sus ojos y lo único que John esperaba era encontrar un color tan bello como el de su omega.
Pero la palabras de Sherlock resonaron en su cabeza al observar un azul cielo tan hermoso que dejaría hipnotizado a cualquiera. Era el azul que poseían sus ojos. Una alegría desbordante se descontrolo en su cuerpo. Tenía ganas de saltar de felicidad de gritar allí mismo importándole muy poco despertar a los demás pequeños. Lagrimas de alegría invadieron sus rostro. Todo era perfecto.
Su pequeño hijo era una combinación perfecta de ambos. John sabía que nunca podría encontrar ninguna otra cosa o vivir alguna experiencia que le proporcionara tal alegría como en ese momento.
Gracias por llegar hasta aquí :D
