Buenas ^^ Aquí traigo el cuarto capítulo, en este también tenemos el POV centrado en Emma, de las dos es la que más me cuesta de forma que lo lamento por si hay algún fallo, he intentado reescribir el capítulo un par de veces pero siempre me parece que le falta algo. En todo caso here it is. Espero que os guste.
PD: Me gustaría dedicarle el capítulo a susy40, ella ya sabe por qué… Y agradecer los reviews y los ánimos.
Y ahora sí, ¡Arriba telón!
La casa estaba en silencio, pero el aire del interior parecía danzar por la piel de Emma como un si de un animal salvaje se tratase. La magia estaba presente e, incluso Emma con su escasa preparación, podía notar como las partículas de energía brillaban antes de consumirse a sí mismas en una danza nano minúscula.
Era obvio que, fuera lo que fuera, Regina había puesto algún tipo de hechizo en la casa.
"Pues no le está sirviendo de mucho"- pensó la salvadora antes de mirar en el salón en donde Regina le había servido aquella copa hacía ya varios años. Definitivamente si el cometido de la magia que danzaba en el aire era el de proteger a su dueña no estaba funcionando demasiado bien. Aunque, lo cierto era, que esta magia no brillaba con el color habitual de Regina, era casi de un tono apagado, sin brillo.
"Como si fuera magia estancada"- musitó la rubia antes de mirar la cocina, impoluta pero con el mismo deje de ligero abandono que acompañaba de momento a toda la planta baja.
Entonces Emma, mordiéndose los labios y sintiendo un ligero pánico ocupar el cielo de su boca, pensó en la posibilidad de que la antigua Reina Malvada hubiera decidido abandonar Storybrooke.
No la culpaba, en el lugar todo el mundo había acudido a la ex alcaldesa en cuanto las cosas se habían puesto feas pero cuando habían surgido complicaciones los dedos acusatorios siempre volvían a Regina. Por su propio pasado Emma no podía sino entender las razones de su marcha.
Se dirigió nuevamente a la salida, decidida a cerrar la puerta y aceptar que quizás no podría disculparse, que quizás Regina se había decidido a irse y mirar a Henry desde las más estrictas sombas…
Fue eso último lo que hizo que se parara de golpe, Henry. Regina nunca le dejaría, no sin ella a escasos metros. De haberse ido no hubiera abandonado el lugar, pero de no haber abandonado el lugar Regina no hubiera abandonado la casa tampoco. Lo que sugería que, y si todos los años buscando a personas habían servido para algo, Regina todavía se encontraba en la casa. Quizás esa magia residual era consecuencia de un hechizo de ocultamiento.
Decidida a encontrar a Regina y poder, quizás, hablar con ella lo suficiente como para hacerle entender que lo sentía, Emma puso en marcha su propia reserva de magia, apenas una décima parte de lo que en otros tiempos había podido conseguir pero lo suficiente para, con suerte, lograr algún tipo de pista del paradero de Regina.
En el momento en el que la magia salió de su cuerpo el aire, hasta ahora pesado y casi jueguetón, se transformó por completo; la puerta a la mansión se cerró de golpe y la sensación de ser vigilada se multiplicó. A la rubia le costaba cada vez más respirar, era como si el aire se volviera espesa niebla cada vez que inhalaba, y la magia parecía centellear con más rapidez por encima de su cabeza. Con la visión tornándosele roja Emma salió corriendo escaleras arriba, cesando la pequeña "fuga" de magia por completo. A pesar de ello Emma podía sentir la magia enrollándose a sus pies, como un gato que advierte de su presencia.
Una vez en el segundo piso se decidió a llamar a Regina a gritos, quizás la morena se encontraba oculta a sus ojos y hablando con ella conseguía calmar a aquella casa con complejo de perro guardián, pero nadie le respondió de ninguna forma.
Paso a paso y con la mano en su cintura, en donde se encontraba su pistola, fue abriendo cada puerta. La primera puerta le condujo al cuarto de Henry, en donde diversos libros aún se encontraban sin un sitio fijo, la segunda maldición debía haber puesto todo tal y como se encontraba en primer momento.
La segunda puerta era un baño en el que, a juzgar por el cepillo de dientes verde con las tortugas ninja como decoración, Henry se aseaba cada mañana. Las dos siguientes puertas le condujeron a un despacho lleno de diversos libros y almanaques y a un cuarto remodelado en donde parecía haber estado antes un cuarto de juegos.
Finalmente sus pasos la dirigieron al final del pasillo en donde una imponente puerta del mismo color blanco marfil del resto le esperaba, la habitación de Regina.
Emma no era una persona miedosa, al contrario, pero sus años en orfanatos le habían enseñado a ser precavida y era un hábito difícil de romper tras casi cuatro años en una ciudad en donde la camarera era un hombre lobo. Por esa misma razón y con el vello de la nuca poniéndosele de punta Emma abrió aquella puerta como si estuviera en llamas.
Y lo que encontró fue sin duda mucho peor que las llamas…
Regina yacía en su cama, totalmente inmóvil, la ropa con la que la había visto por última vez aún sin guardar en una silla contigua, su rostro se veía relajado excepto por un ligero gesto de ansiedad que cruzaba su rostro cada cierta cantidad de segundos, sus manos se aferraban a la sábana de la cama como si fuera su única seguridad en el mundo, sus labios, aún rojos de carmín, murmuraban, o parecían acariciar, palabras de remordimiento.
Emma sintió como su corazón se hundía al suelo, ¿cómo era posible que Regina estuviera en ese estado?
- Regina- llamó, acercándose al lado de la morena, intentando despertarla.
Pero no hubo respuesta alguna, tan solo silencio.
De no ser por el cambio fugaz en el rostro de la antigua reina Emma hubiera pensado en una muerte, pero no era así. A pesar de todo Regina parecía incapaz de abrir los ojos.
"Una maldición para no despertarse jamás"- le dijo su cerebro, aturullado como estaba. Presa del pánico creciente se dio cuenta de que el aire se estaba volviendo a enrarecer por segundos y parecía emitir chispazos sobre su piel, particularmente en las manos. Se las miro, confusa, y vio con aún más confusión como la magia que su cuerpo poseía parecía fluir en oleadas por debajo de la epidermis.
De forma impulsiva tocó a Regina con ellas y, antes de que la magia se abalanzara sobre las dos figuras, ellas ya habían salido de allí envueltas en una nube de humo azulado.
Chan chan chaaaaan.
Jeje, espero que no os moleste que lo deje ahí (?) Aunque no lo parezca Regina no se ha pinchado el hechizo en cuestión, pero es algo que Emma deberá averiguar.
Para aquellos que queráis adivinar de que puede estar pasando os recomiendo que volváis al primer y segundo cap, he dejado un par de pistas de lo que podría estar ocurriendo.
Y para los demás… y el primer grupo inclusive también… espero opiniones y críticas constructivas. Esas me encantan ;)
Hasta el próximo cap R&R :3
