Rodolphus observa a Bellatrix bailando con su padre. Cyngus es un bailarín espantoso, pero no es por eso que Rodolphus siente una mezcla de desprecio y diversión hacia él. Esta claro quien lleva los pantalones en el matrimonio formado por sus nuevos suegros.
Cuando había llegado el momento de pedir la mano de Bellatrix Cygnus no se atrevió a preguntar lo que sin duda le reconcomía. ¿Como era posible que fuera Rodolphus y no Rabastan quien estuviera en el salón de los Black solicitando aquiescencia para casarse con su hija? En aquel trance Druella no podía intervenir a menos que lo hiciera su marido primero, pero Rodolphus vio en sus ojos la desconfianza y la duda. A pesar de todo el beneplácito había sido completo, una alianza con los Lestrange era un triunfo, mucho más si se trataba del primogénito.
Nadie en aquel salón puede siquiera sospechar la verdad. Bellatrix y Rodolphus hace mucho, mucho tiempo que se conocen. Hace mucho tiempo que Bellatrix es suya. Los devaneos adolescentes con Rabastan solo fueron una estupidez que se había ocupado de que Bellatrix pagara... muy caro.
Cuando ella comenzó su primer curso en Hogwarts Rodolphus tenía casi diecisiete años y era el líder natural de la casa Slytherin. Recuerda que no dedicó una segunda mirada a la pequeña niña, morena y menuda, que le señalaron como Bellatrix Black. En aquellos días Rodolphus comenzaba su iniciación a las artes oscuras, tenía cuantas chicas podía desear. Slytherin o no, se le ofrecían sin pudor atraídas por la envergadura de su cuerpo, sus ojos grises y la fortuna de su familia. Y el aceptaba gustoso su ofrecimiento, pero no se comprometía con ninguna de ellas, estúpidas adolescentes, niñas bobas que no comprendían que en realidad estaba tratando con un poderoso aprendiz de mortífago. Porque a sus diecisiete años Rodolphus ya tenía muy claro que su futuro estaría irremisiblemente ligado a la ascensión de Lord Voldemort al poder, que llegaría a ser su lugarteniente de mayor rango y a su debido tiempo recogería las primicias y más tarde el botín, que su lealtad merecería. Entonces solo eran sueños, pero pocos años después todas sus expectativas se habían visto colmadas con creces.
Fue el segundo año de Bella en Hogwarts cuando Rodophus al fin se fijó en ella más detenidamente. En un año había pasado de ser una más a ser conocida y temida por sus compañeros de clase, y a pesar de que las historias de los más pequeños generalmente pasaban inadvertidas a los alumnos de cursos superiores Rodolphus supo que Bellatrix sería en unos años la digna horma de su zapato y sintió curiosidad. Observó con interés como ella se desenvolvía en el ambiente del colegio con una mezcla de despotismo y encanto de manera que conseguía cuanto se le antojaba con una facilidad insultante. Aún era una niña, pero era la niña más bonita que había visto en su vida. En solo un año había crecido casi un palmo, sus ojos negros decían de ella que a pesar de las apariencias no tenía de niña más que el nombre. Una tarde se cruzó con ella por un pasillo desierto y le dirigió la palabra por primera vez.
- Hola Black
Ella le miró durante lo que parecieron varios segundos, evaluando, calculando.
- Hola
Solo eso. Pero desde ese momento no había sido capaz de perderla de vista durante demasiado tiempo seguido. Recordó los años después de su graduación, las incursiones nocturnas en Hogwarts, las citas en el bosque, los susurros, las caricias rápidas, los encuentros clandestinos, los duelos, las peleas, los mordiscos...y los besos.
¿Quien pudo alguna vez sospechar que aquella niña de ojos impenetrables escondía un secreto?
El, y solo él, había corrompido la mente y la carne de Bellatrix desde su más tierna adolescencia. El había sido su maestro y su amante, su padre y su esposo. Y a pesar de todo ella nunca se doblegó completamente a él, nunca logró quebrar del todo su resistencia, su ultima independencia...
Por eso me gusta tanto. Piensa, apurando su copa de licor. El líquido dulce y pungente que baja por su garganta también le recuerda a Bella.
Y ahora, por fin, es legalmente suya.
Tal vez ahora será todo un poco más aburrido...
Ni hablar. Piensa con regocijo. No con ella.
Suspira con satisfacción.
