POR FIN, POR FIN. BIEN, SÓLO QUIERO DECIR QUE ESTOY MUY EMOCIONADA Y NERVIOSA POR PLASMAR ESCENAS QUE MI MENTE SE PLANTEÓ DESDE ANTES DE EMPEZAR A PUBLICAR ESTE FIC. ME PUSE EN MODO FANGIRL Y ESTO FUE LO QUE ME SALIÓ.

Capítulo IV
El precio del triunfo

Era tarde y la noche estaba empezando a refrescar, un clima que empezaba a ser poco propicio para estar en la calle. Pero no importaba, ahora nada importaba. En ese momento su mente se sentía bloqueada, nublada por el enojo.

- ¿Cómo se atrevió?... - dijo Ash entre dientes mientras apretaba sus puños y caminaba de un lado a otro en el jardín de la casa donde creció en Pueblo Paleta- ¿Cómo pudo decir eso?

El joven maestro pokemon apenas podía creer que su propia madre se negara a contarle de qué había hablado con ella.

-Misty vino de visita hace unas semanas- había empezado a narrarle y a Ash le costó mucho trabajo ocultar que sudaba por la ansiedad de escuchar los detalles- Desde hace varios días quería decírtelo, pero... -suspiró- te has vuelto difícil de abordar.

¿Difícil de abordar? – dijo para sus adentros, pero prefirió no decirle nada, todo con tal de que le dijera qué tanto andaba contando su vieja amiga.

-¿Y…?- preguntó luego de que su madre guardara silencio por un instante.

-Pues, sólo puedo decir que me preocupa un poco esa chica.

-Pero ¿de qué hablaron? ¿qué te dijo? - insistió un poco desesperado- ¿Fue algo sobre mí?- se le salió decir.

-Hijo, creo que lo que hablamos es algo personal. Ella confió en mí y no tengo porqué contarte los detalles, y menos cuando tú no has permitido que me meta en tus asuntos.

Ash no encontró algún argumento contra eso, cuestión que lo enfureció un poco más, detestaba no tener la razón. Por ello prefirió alejarse de su madre sin reparar en el hecho de que ella estaba preocupada por su vieja amiga.

De todos modos, por mi mamá fue que todo esto empezó – dijo para sí, tratando de buscar responsables y culpables de sus propios dilemas.

Había sido hacía mucho tiempo, cuando él cumplió 18 años a su madre se le ocurrió regalarle un teléfono móvil. Aunque él sospechó que era un obsequio más para ella que para él, pues se lo dio para que estuviera más en contacto "ahora que viajas solo", le dijo en aquella ocasión.

Él, por su parte, había estado muy ajeno a la tecnología y agradeció el detalle sin encontrarle en ese momento una aplicación útil en su vida. Fue sólo unas semanas después que el teléfono sonó, Ash incluso recordaba su desconcierto pues ni siquiera sabía cómo sonaba ese aparato. Aquel día le llegó su primer mensaje de texto proveniente de Misty, en el que decía que su madre le había dado su nuevo número. Desde ese momento comenzaron a enviarse textos que iban desde los temas más simples como el clima, hasta conversaciones muy profundas respecto al entrenamiento de pokemons.

En esos días aún no existían todas esas cosas de las redes sociales (que por cierto, al joven maestro pokemon no le interesaban); sin embargo, él era feliz compartiendo con ella de alguna manera su cotidianidad, y muchas veces se sorprendía a sí mismo durmiendo hasta altas horas de la noche sólo conversando; incluso, sonriéndole a la pantalla del teléfono tan sólo con ver una notificación de un nuevo mensaje.

Era curioso, siempre habían mantenido una amistad basada en el "exceso de honestidad" y casi siempre tendían a molestarse. Este nuevo medio de conversar los hacía ser más "ligeros" en su trato.

O quizá la madurez, los años, la distancia… o algo más – llegó a pensar en alguna ocasión.

Así pasaron los meses. Y a pesar de estar muy ocupado preparándose para participar por tercera ocasión en la Liga Naranja, Ash no dejaba pasar ni un solo día en pensar, aunque fuera un poco, en Misty.

Y eso comenzó a asustarlo.

La puerta de la entrada de su casa se abrió y Delia Ketchup salió. Se sentía mal por no saber cómo acercarse a su hijo, temiendo que, en situaciones que desconocía, él estuviera herido, al igual que su vieja amiga.

-Ash, hijo. Está haciendo algo de frío, entra a casa.

Él detuvo su ir y venir- No quiero- respondió tajante.

-¿Por qué te molesta tanto que yo también quiera ser discreta… con asuntos que ni siquiera son míos?

-¡Sólo quería saber qué te dijo! ¿De acuerdo? Y, a menos que haya sido algo malo sobre mí, no le veo problemas a que me digas.

-¿Y por qué ella tendría que decir algo malo de ti Ash?- atajó su madre- ¿Qué le hiciste?

Atrapado por tus propias palabras.

El muchacho tardó un poco en responder – Ya sabes cómo es ella, que se la pasaba molestándome. Además por qué piensas que YO soy el que hizo algo… ¡¿Qué carajos te dijo que te pones de su parte?! – soltó un poco sorprendido por hablarle así a su propia madre.

Hubo un silencio. Delia resintió más que nunca el ver en lo que se había convertido su único hijo, su propia sangre, su gran amor.

La mujer tragó saliva y con ojos cristalinos respondió – Porque en últimos años sólo te has dedicado a alejar y herir a los demás.

Ash se quedó callado, nuevamente incapaz de encontrar argumentos. Sin decir una sola palabra, cruzó el jardín y se fue de ahí. Estaba en uno de esos momentos en los que necesitaba espacio.

Caminó algunas calles y, obviamente, a esas horas de la noche y en un lugar tan pequeño como Paleta, sólo encontró abierto un pequeño bar.

Ash conocía aquel lugar sólo por fuera cuando, siendo un niño, pasó por ahí cientos de veces sin tomarle importancia. Al entrar se sintió algo cómodo, se trataba de un sitio pequeño pero discreto, sin mucha gente y cada quien metido en su asunto. A diferencia de los lugares de moda que en ocasiones visitaba en Ciudad Lumiose, aquí nadie lo volteó a ver con total indiscreción.

-Un whisky- dijo y se quedó solo en el extremo de la barra. Su solicitud fue atendida rápidamente y sin charla.

Perfecto.

Sin embargo, esa calma no duró mucho. Una persona se acercó y se sentó junto a él. Colocó su cerveza en la barra y le habló.

-Buenas noches Ash.

-¿Qué haces aquí Gary? – respondió.

-Supongo que lo mismo que tú, sólo beber algo y quizá pensar también.

-¿Ahora también eres filósofo?

El joven investigador rio – Ay Ash – suspiró – Sólo alguien que quizá puede entenderte.

-¿Tú, Oak?

Hubo otro silencio y Gary suspiró de nuevo. Iba a comenzar de nuevo con Ash, no iba a dejar pasa la oportunidad de hablar con él -¿Sabes? Hoy en la tarde te equivocaste.

-¿Ah sí? Y según tú en qué.

-Que después que renuncié a ser entrenador, me fue más fácil estar protegido por el nombre de mi abuelo… La verdad Ash es que ha sido más difícil. Todo el mundo espera que yo sea como él, o me toma en cuenta por mi nombre y no por lo que realmente hago. Parece como si el apellido Oak me quitara el derecho a equivocarme. No ha sido fácil.

El moreno no respondió, así que Gary continuó hablando – Es la historia de siempre ¿sabes? Todo el mundo espera demasiado de mí… Por eso creo poder entenderte Ash – dio un sorbo a su bebida mientras que el aludido ni siquiera había probado la suya - Cuando éramos chicos, y comenzamos nuestro viaje, tenía un séquito de personas que me "admiraban" y "apoyaban". Lo peor es que yo me creí todo aquello y sentía que yo era lo máximo... Con el tiempo me di cuenta que no era así, que al subirte a ese escalón era muy fácil marearse…- hizo otra pausa - ¿Y sabes Ash? Cuando dejas que la gente te infle y eso se te sube a la cabeza, la caída es lo peor… Cuando yo caí ya nadie estuvo ahí, creí que me habían dejado solo, pero creo que siempre lo estuve.

-¿Esto es terapia para ti o para mí? – habló por fin con cierta ironía.

-Pensé que podría ayudarte la experiencia que he tenido.

-La diferencia es que yo sí tengo el talento para…

-La diferencia es – lo interrumpió, aunque alzando ligeramente la voz, nadie volteó a verlos– que yo era un niño malcriado y tú eres un hombre arrogante.

Silencio. Aunque Ash no iba a tolerar ese trato - Y si soy así, y obviamente no soy agradable, por qué estás diciéndome todo esto.

-Porque para mí sigues siendo un amigo. Y dudo mucho que últimamente alguien haya tenido el valor de decirte la verdad a la cara, ni siquiera tus actuales compañías, que no son tus amigos; y los amigos de verdad no tenemos miedo de decirte las cosas como son.

De nuevo hubo un silencio entre ambos.

-¿Y tú?- dijo su propia voz en su mente, recordando aquel paseo con Misty en Ciudad Celeste- ¿No crees que a veces también eres "poco sutil"?

-¿Yo?- expresó ella en un tono que más que indignado sonó juguetón- Para que lo sepas, otros chicos no se han quejado de mi trato.

-Al menos eres "poco sutil" conmigo- él había dejado de caminar y se detuvo esperando una respuesta.

La pelirroja se adelantó un par se pasos y de pronto se volvió hacia su amigo – Porque tú no eres los otros chicos… Además, apuesto a que nadie te dice las cosas como yo. Anda, sigue caminando y no te quejes.

Esa conversación lo llenó y lo dejó sumido en un montón de emociones que creyó ya fuera de su vida. Era cierto, nadie era con él como Misty y él no trató nunca a nadie como a ella. Nunca sintió como con ella.

-Ya sé – interrumpió Gary sus pensamientos – Piensas que yo no sé nada, pero hay muchos rumores que te rodean; y no sólo sobre tus éxitos o las ridículas historias rosas con la rubia de Kalos. Sé que estás muy solo.

Normalmente Ash le hubiera reclamado, pero cada frase de su otrora rival lo dejaba más vulnerable y no quería seguirle el juego.

-Además, ya estaba aquí en Paleta cuando tu amiga pelirroja vino a ver a mi abuelo- aquello alertó a su cerebro- Tus amigos te han dejado.

No soportó más y reaccionó ante aquello. Si su madre no le había dado respuestas, Gary lo haría.

-¿Qué sabes de eso? – se volvió por fin hacia él para cuestionarle - ¿Qué le dijo al profesor?

-Tranquilo, sé poco. Fue una charla entre ellos. Conmigo apenas cruzó unas palabras, me dijo que estaba haciendo varios cambios y que ahora había cosas que ya no importaban.

-Pero qué dijo de mí- cuestionó exaltado.

-¿Por qué piensas que todo tiene que ser sobre ti?

-Porque ella y yo…- comenzó a decir pero bajó la voz para continuar – Porque entre nosotros pasó algo de lo que no me siento orgulloso y si ella dice algo al respecto… estaré en grandes problemas.

Gary lo miró por un instante en silencio y suspiró – Basta. Es momento que vayas aclarar todo – se puso de pie abandonando su cerveza con menos de la mitad consumida – Vamos, antes de que a alguno de los dos se nos ocurra ponerse ebrio.

Ash estaba confundido – ¿Vamos?

-Sí, vamos ahora mismo a Ciudad Celeste, si salimos ahora llegaremos antes del amanecer.

-¿De qué rayos hablas?

-Ya es hora de terminar con el interrogatorio sobre su visita, seguramente también le hiciste preguntas a tu mamá; así que vamos allá ¿o te afecta verla?

-Cla…claro que no – se puso igual de pie, por movimiento involuntario tomó su whisky y de un solo sorbo vació el vaso.

No quiso admitir que aquello le deshizo la garganta y le sacudió el cerebro. Ash, poco acostumbrado a beber, había quedado más confundido. Quizá debía aprovechar ese estado y momento para de una vez darle punto final al asunto.

Con todo y el aturdimiento accedió a irse con Gary, pagó las bebidas de ambos (dejando incluso una jugosa propina) y subió a la camioneta del joven investigador pokemon.

Ash sentía que estaba en "modo automático". Sin tiempo para reflexionar sobre lo que estaba a punto de hacer: volver a verla. Jamás imaginó que aquello sucedería y menos que él sería quien la buscara precisamente en Ciudad Celeste. La última vez que estuvo ahí, se juró nunca mirar atrás. No volver.

En silencio, Gary conducía y salía del pequeño pueblo donde ambos nacieron, tomando camino hacia aquella ciudad. La carretera lucía sin tránsito, nada parecía alterar el trayecto, excepto el recuerdo de aquella vez.

El maestro pokemon empezó a dormitar y sus sueños se convirtieron en una repetición de lo que sucedió en aquella época. Era como si de nuevo tuviera 19 años, acababa de ganar por tercera vez la Liga Naranja y ello le valió que los reflectores comenzarán a verlo. Su nuevo objetivo era la Liga Índigo, había escuchado que en los últimos años había subido mucho su nivel y ahora era reconocida como una de las competencias más complicadas a nivel mundial.

Estaba entusiasmado por volver a participar en la liga de su región natal y la que había sido su primer sueño, el que tuvo desde que tenía memoria. Sin embargo, también estaba un poco nervioso, por fin la volvería a ver. Había mantenido comunicación prácticamente diaria con ella en el último año y ahora podría hablarle en persona. No podía negarlo, había aplazado el reencuentro tanto que en ese momento la última medalla que le faltaba era la que su amiga pelirroja poseía.

Con mochila al hombro, siete medallas en el bolsillo y su inseparable Pikachu como acompañante, arribó a Ciudad Celeste y fue directamente al gimnasio.

Sin duda, no encontró exactamente lo que esperaba. El lugar estaba abarrotado de gente. Espectadores (y uno que otro fan) ansiosos por ver el gran espectáculo acuático de la líder del gimnasio. Al final, Ash y Pikachu se quedaron sentados en la acera, sin medalla, sin duelo y sin boletos para entrar a la función.

El moreno ahora recordaba con claridad lo nervioso que estaba mientras esperaban. Pasó más de una hora diciéndole a Pikachu lo absurdo que era que la gente hiciera fila para ver a Misty y sus pokemons nadar. Desde luego, con ello sólo ocultaba la ansiedad que él mismo tenía por estar adentro y verla. Habían pasado muchos años desde la última vez que se vieron de frente, y ahora ya no eran unos niños, él era un joven que se enfilaba a ser un maestro pokemon, probablemente ya era más alto que ella, su voz ya había cambiado y su complexión era más atlética.

¿Y ella? – se había preguntado en silencio. Sería ya toda una joven, con todos los atributos que ello implicaba.

Apenas unos segundos antes de que su imaginación empezara a volar, las puertas del lugar se abrieron y decenas de personas comenzaron a salir. Ash y Pikachu se pusieron de pie y se dirigieron a la entrada. Pasaron unos minutos en los que gente se dispersó y sólo permaneció un pequeño grupo de personas, quienes esperaban a la líder del gimnasio Celeste para saludarla o expresarle su admiración.

Entonces sucedió. Una cabellera pelirroja se abrió paso entre el grupo. Una chica alta y delgada se acercaba a la gente y las saludaba con una sonrisa. Ash de pronto sintió algo en su estómago, era como volar sobre Charizard a gran velocidad y de repente sentir vértigo en los movimientos bruscos. Sentía algo en el estómago, no podía definirlo como algo horrible porque de pronto necesitó más de esa sensación.

Todos los admiradores de su amiga se marcharon y fue Pikachu el que reaccionó. Misty lo reconoció y el pokemon saltó hacia sus brazos.

-¡Hola, hola, hola! – expresaba la chica alargando cada vocal.

- Ho… ho… hola- se acercó el muchacho sin tener muy claro cómo actuar. Era extraño, de pronto tuvo el impulso de abrazarla como saludo.

Qué locura, por qué lo haría. Jamás lo había hecho pero de la nada surgió la idea.

-¿Ash? – expresó la chica con una sonrisa que al moreno le pareció… ¿linda?

-Pues claro- respondió tratando de no dejarse arrastrar por esa sensación extraña – Cómo es que Pikachu está aquí si no es conmigo.

-Tonto- dijo entre dientes – Además no me avisaste que vendrían.

-Pues vengo a desafiarte a un duelo. Voy a competir en la Liga Pokemon, ya sólo me falta tu medalla – presumió.

-Ajá, claro. Pues eso no se va a poder.

-¿Qué?

Puso un leve gesto de fastidio. Ash sonrió, hasta ese gesto le parecía divertido. Era curiosa la percepción que tenía ahora de ella, era su amiga de la infancia pero ahora tenía un toque diferente, un poco más femenina pero sin perder su esencia.

-Vamos Mist ¿Acaso crees que no puedo ganarte? Anda Pikachu, dile que he mejorado mucho en estos años – la criatura, que permanecía en los brazos de la pelirroja, sólo emitió su sonido característico un poco resignado a la forma en que ellos se llevaban.

-Como siempre crees que esto se trata de ti- suspiró mientras bajaba a Pikachu – Todo es culpa de mis hermanas, cuando se les ocurrió la "brillante" idea de hacer shows en el gimnasio no pensaron que el Comité de la Liga nos pediría que formalizáramos el asunto para evitar confusiones con los entrenadores que desafían al gimnasio. Así que nos prohibieron tener batallas los fines de semana.

-¿Es una broma? Misty, hoy es sábado.

-Te felicito por saber leer el calendario, si me hubieras avisado que vendrías te lo hubiera advertido.

Ash se le acercó, sin pensarlo la sujetó del brazo, atrayéndola un poco y con voz suave le dijo: Sólo quise sorprenderte.

Se quedaron un momento así. Cara a cara, mirándose a los ojos y Ash se dio cuenta de lo sencillo que era naufragar en el mar que había en los de ella.

-Bu… bueno, no esperas a que te dé la medalla sólo por venir – dijo Misty luego de varios segundos- ¿Verdad?

-Cla…claro – la soltó.

-Así que si me lo permites, quisiera disfrutar mi día libre ¿Quieres venir conmigo?

Ash había pasado las últimas semanas viajando por toda la región de Kanto reuniendo sus medallas, así que un día más relajado no le vendría mal. Además, sin poder usar el gimnasio, no tenía nada que perder; y en compañía de Misty, más bien tenía mucho por ganar.

Después de años de ir de un lugar a otro, trabajando y esforzándose tanto, el muchacho casi olvidaba lo agradable que era un buen descanso. Y ese día lo guardó muy en el fondo de su corazón como uno de los mejores de su vida.

Conoció Ciudad Celeste con la mejor anfitriona. Su amiga se esforzó para que recorriera el mejor lado del lugar. Y no sólo eso, su compañía le era muy grata. Con ella podía hablar por horas de pokemons (algo que a ambos les apasionaba) y, al mismo tiempo, se sentía con la confianza de hablarle sin rodeos, ser auténtico con ella.

Después de muchos meses manteniendo comunicación constante, no les fue difícil volver a encajar, ser los buenos amigos de siempre, con las pequeñas bromas y discusiones de siempre pero ahora con algo distinto.

¿Madurez? Ella es diferente y yo también- pensó el joven cuando la invitó a comer y ambos permanecían muy juntos examinando la única carta de menú que les dejaron.

Esa cercanía y los fugaces roces que de pronto surgían no eran tan comunes antes. Tampoco, cuando niños, le parecían tan agradables.

Aquel paseo fue casi redondo. Miradas, sonrisas, incluso alguno que otro comentario, que terminaban en incómodos silencios. Hasta Pikachu, como su fiel compañero de siempre, fue lo suficientemente discreto para alejarse un poco de ellos cuando la situación se prestaba.

Todo un cómplice.

Fue algo sorprendente para Ash. Qué había pasado en todo ese día que había olvidado por completo su intención de obtener la medalla Cascada y ahora su cabeza estaba llena de ella, de su voz, su risa, su cabello, sus ojos, hasta su olor y… sus labios.

Fue un poco abrumador para él cómo se perdió tan rápido en ella ¿Realmente quería sentirse así de vulnerable siempre?

Entonces, su mente sufrió una sacudida aún peor.

El atardecer llegó. Ash estuvo a punto de decirle a Misty que aquella iluminación natural le favorecía mucho al tono del cabello pero no quería verse como un tonto y sólo sugirió acompañarla a casa.

-Mañana tendré otra función y no podremos disponer del gimnasio… -pareció que dudó un poco en agregar- Pero podríamos volver a salir, es decir, vernos… ya sabes.

-Pika pi, pikachu- intervino el pokemon.

-Ah, así que Ash quiere ver el espectáculo – miró a la criatura y luego a su entrenador.

-Pi- respondió afirmó.

-Bueno… es que es curiosidad de porqué viene tanta gente sólo a verte nadar.

-Sólo a verte nadar- lo imitó con tono burlón- Oye, mis pokemons y yo nos hemos esforzado mucho en hacer algo entretenido y que ayude a ganar unas monedas extra para mantener el gimnasio y el acuario.

Él sonrió- Tranquila, ya veremos.

Puso sus ojos en blanco – Mira, te los mostraré.

Lo hizo pasar al gimnasio. Hacía tanto que no estaba ahí que poco lo recordaba. Convenientemente Pikachu encontró a viejos amigos, pokemons de Misty. Los chicos decidieron que estaba bien si los dejaban y ellos continuaban su recorrido.

Se dirigieron hacia la parte baja del edificio. Donde se encuentra el acuario. Era tarde y los últimos visitantes estaban abandonando el lugar. Con entusiasmo saludaron a Misty y Ash se sintió orgulloso de ella. Todo el día se habían topado con gente que la saludaba, sin duda era una chica muy apreciada en la ciudad.

Entonces Misty se dedicó a explicarle cada uno de los procesos que aplicaba en el entrenamiento de sus pokemons. A Ash le encantaba intercambiar puntos de vista e información útil. Era impresionante cómo ella era la única persona con la que podía mantener una conversación así. Una relación así.

Las luces se apagaron. "Es el sistema automático", aclaró la chica. Mientras tanto él se puso nervioso. Por qué seguir ahí, casi en la oscuridad, solos.

-Ah… ese… ese Gyarados se ve bastante fuerte- dijo de pronto ante el incómodo silencio que empezó a formarse.

-Es de los mejores- respondió y se llenó de orgullo. No le había sido sencillo crear empatía con él. Suspiró.

Ash se sorprendió a sí mismo observándola y no pudo evitar sonreír – Me alegra que lo lograras.

-¿De qué hablas? – lo miró ella.

-De todo esto. Tú sí lo lograste, te convertiste en una gran entrenadora de pokemons acuáticos y la mejor líder de gimnasio en Kanto, o al menos eso dicen todos.

-Ay Ash, no seas tonto. Tú también estás a poco de alcanzar tu sueño, señor triple campeón de la Liga Naranja.

Lanzó un bufido- Ni me recuerdes eso, me hicieron una entrevista al respecto y me sentí tan tonto.

-Acostúmbrate. Al paso que vas serás muy popular. Sólo espero que no se te suba a la cabeza- bromeó.

Él se encogió de hombros- No lo sé… ¿Sabes? A veces siento que estoy corriendo detrás de algo que nunca podré alcanzar… - se sinceró como no lo haría con nadie más – Me da miedo ser como mi padre, que sacrificó todo, a mi mamá y a mí, por ser el Maestro Pokemon que nunca llegó a ser.

Nunca hablaba de su padre, ni siquiera con su mamá. Incluso fue un tema que dejó pasar cuando falleció; en aquel entonces, Ash continuaba estudiando en la región de Alola y con el pretexto de estar muy ocupado no quiso tocar el asunto. Sin embargo, más allá de algún reproche por el abandono, Ash temía repetir su historia y por eso nunca dejaba de trabajar.

Ella se le acercó – Eso no sucederá – le sonrió y Ash sintió de nuevo algo en el estómago.

-¿Y… tú has sacrificado mucho? – preguntó.

-No realmente. Esto es lo que deseaba pero me hubiera seguir viajando. Seguir conociendo gente, ya sabes. Aunque sé que a veces no puedes tener todo lo que quieres.

-¿Te refieres a… algún chico? – soltó sin pensarlo mucho y temió que le daría un buen golpe en la cabeza o por lo menos un reclamo, pero ella respondió lo más tranquila que pudo.

-Tal vez. He salido con algunos pero nada importante que vaya más allá de un par de citas.

¡Rayos! Qué pasa, estoy sudando.

-Bueno, no todas podemos tener la misma suerte que May- continuó Misty luego de un silencio.

-¿Qué pasa con ella?

-Se ve que no te enteras de nada. Ella y Drew son novios y la relación pinta muy formal.

-Bromeas ¿cierto?

-Claro que no, el hecho de que sean rivales de profesión, no significa que no puedan relacionarse así.

-Solo digo que es extraño. Como si tú y yo… - qué iba a decir – no importa - otro silencio – Bueno, hace poco Clemont llamó para contarme que "por fin" Serena y él estaban saliendo. Sólo llamó para decirme eso. También fue raro.

Misty se rio y aunque le gustaba ese sonido, no comprendía la razón -¿Qué? Oye, de qué te ríes.

La pelirroja rio aún más. La chica sabía perfectamente que el amigo de Ash quería "marcar su territorio" pues, por lo que sabía, la "amiguita" de Kalos estaba muy interesada en Ash. Y obviamente él ni se enteraba.

-Dime Mist- insistió casi riendo, contagiado por la risa de su amiga.

-Olvídalo, olvídalo… - suspiró y soltó de pronto- ¿Y tú? ¿Alguien importante?

Y ahora por qué le latía el corazón así.

-¿Yo?... No, nunca lo ha habido. No…

-…tengo tiempo para eso- completó su amiga- Más bien, no hay una dispuesta a seguir tu ritmo de vida.

Tú sí lo harías- pensó.

-No importa. Ni siquiera he pensado en chicas o he besado a una- terminó casi apagando su voz.

Y entonces sucedió. Apenas terminó de hablar, se miraron y dieron un paso para acercarse. Frente a frente, el espacio se empezó a acabar entre ellos. El llamado a juntarse aún más, era demasiado fuerte. Era como una necesidad.

Ash apenas tuvo tiempo de sentir el cálido aliento de su amiga, justo en ese momento todo el espacio entre ellos se acabó y sus labios se unieron en un breve beso. No se había dado cuenta que en algún momento y cuando los abrió, se encontró con el rostro de Misty, desconcertado, sonrojado y más hermoso que nunca.

Aunque fue un pequeño roce de labios. El joven se sintió muy bien. Nunca había besado a una chica. Sus únicas experiencias eran unos besos en la mejilla que en un par de ocasiones le habían dado unas chicas; y aquel extraño momento en el que Serena se despidió de él con beso en su frente. Todo eso hacía muchos años.

Esto había sido muy diferente. Y ahí no terminó. Hubo unas risas nerviosas, como si fuera una señal implícita de que no había estado mal y quizá tampoco sería malo si volvía a suceder. Qué importaba, no tenían testigos, ambos eran solteros y sólo eran un par de amigos. Sólo estaban probando.

Ese primer acercamiento llamó a otros. Los besos se volvieron más largos, más intensos. Incluso llegó un poco de contacto. Ash se atrevió a atraer más el cuerpo delgado de la chica y retenerlo entre sus brazos. Ella correspondió recorriendo un poco su espalda con las manos e instalándose al final en su nuca. La técnica inexperta de ambos fue madurando poco a poco. Ninguno de los dos estaba seguro de estar haciéndolo bien pero se sentían muy acoplados uno con el otro.

A Ash le hubiera gustado estar más tiempo así, probando aquellos labios perfectos, explorando más esa boca y sintiendo el cuerpo de su amiga tan cerca del suyo. Sin embargo, aquella atmósfera se rompió cuando escucharon que se aproximaban unos pasos.

-¿Misty eres tú? – se escuchó la voz de Daisy, la mayor de las hermanas de la pelirroja. Para cuando apareció ante ellos, ya se habían separado. Ash fingía mirar muy atento un estanque (donde, por cierto no había ningún pokemon a la vista) y su amiga miraba el piso como si hubiera una mancha que quería quitar limpiando con la suela de su zapato.

-Ah hola – dijo la recién llegada algo confundida- No sabía que estabas acompañada … Ah pero si es tu nov… - pareció dudar en decir- tu amigo.

-Hola buenas tardes.

-Noches, querrás decir. Perdón si interrumpí algo, sólo me extrañó ver aún abierto.

-Descuida, yo… ya me iba… Sólo voy por Pikachu… - se dirigió a ella – Bueno, te veré mañana- se sintió un poco tonto al no saber qué más decirle o si acercarse para despedirse.

Tal como dijo, fue por Pikachu y se retiró del lugar. Pasó la noche en una pequeño hostal para entrenadores pokemon que estaban de viaje. Todo el tiempo se sintió mareado, confundido, como si acabara de bajar de un violento vuelo. Todo el tiempo permaneció en silencio.

Fue hasta que se acostó a dormir, que cayó en la cuenta de lo que había hecho – La besé… y fue increíble – sonrió y sospechó que aquella noche no dormiría porque ella invadía sus pensamientos. No se equivocó.

-Hey… hey… despierta- le habló Gary ahora, en el presente.

-¿Qué pasa?- preguntó somnoliento. Ya no se sentía mareado por el whisky.

-No sé. Eres raro para dormir, te pusiste algo inquieto.

-No he descansado bien últimamente- se talló los ojos y se percató de que casi ya amanecía. También se dio cuenta de que estaban muy cerca de Ciudad Celeste – Rayos, cuánto me dormí.

-No lo sé, todo el camino – respondió el muchacho sin apartar los ojos de la carretera.

Luego de un silencio Ash preguntó sin ser muy consciente de sus palabras – Y… ¿tienes novia?

-¿Me estás invitando a salir o qué? – le dijo en tono burlón.

-No seas idiota, sólo curiosidad. Supongo que eres un tipo muy ocupado y no hay tiempo para esas cosas.

-Siempre hay tiempo para todo. Y sí, tengo novia. Es una gran mujer, es fotógrafa. Justo ahora está viajando por la región de Hoenn, recolectando imágenes para un libro sobre pokemons insecto.

-Vaya, debe ser complicado no estar juntos.

-Un poco pero ambos somos conscientes de nuestros objetivos – suspiró.

Ash, que odiaba que se metieran en sus asuntos de la misma manera que no le gustaba entrometerse en los de los demás, se dio cuenta de porqué le preguntó eso.

Después de los besos y… todo lo que sucedió, no pude, no pude imaginármela lejos de mí. No me sentí capaz de continuar persiguiendo mi sueño. Ella distorsionó todo lo que siempre quise tener…

Sí. Esa había sido una parte.

-Bien, ya casi llegamos – anunció Gary cuando vieron el letrero que daba la bienvenida a aquella ciudad.

Ash sintió algo en su pecho al caer en la cuenta de que estaba ahí. De nuevo ahí, en Ciudad Celeste, donde en algún momento pensó que había dejado algo muy importante. Y era momento de buscarlo o convencerse de que nunca existió.

Continuará…

LISTO. AQUÍ ALGO DE LO QUE SUCEDIÓ ENTRE NUESTRO PROTAGONISTA Y SU (CÓMO DECIRLO) EXPERIENCIA AMOROSA. PERO, OBVIAMENTE, NO TERMINA LA COSA AHÍ Y TENDRÁ QUE SEGUIR ENFRENTANDO SU PASADO Y, SÍ, LO QUE LE DEPARA SU PRESENTE. Y LA COSA SE PONDRÁ QUE ARDE.

BUENO, YO ESTABA MUY TENSA POR LA APARICIÓN YA MÁS DE LLENO DE MISTY Y SU CONVIVENCIA CON ASH, ASÍ QUE ESPERO NO HABER DECEPCIONADO. LA VERDAD ES UN PERSONAJE MUY PADRE Y MÁS SU INTERACCIÓN CON ESTE MUCHACHO.

BIEN, COMO SIEMPRE AGRADEZCO EL FAVOR DE SU TIEMPO DE LECTURA Y, SI ES EL CASO, SUS COMENTARIOS. ANDY, MUCHAS GRACIAS POR TU ORIENTACIÓN Y SIEMPRE AMENZARME (DIGO, MOTIVARME) PARA CONTINUAR CON ESTA HISTORIA Y POR DARTE TIEMPO DE ECHARLE UN OJITO A LOS AVANCES.

ESPERO LEERLOS PRONTO PORQUE EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO HABRÁ MÁS EXPLICACIONES.

PD. ESPERO YA NO ODIEN TANTO A ASH.