Capítulo 4

Solución

Yachi no recordaba la última vez que había dormido con su madre.

Tal vez desde que había dejado de jugar muñecas, o cuando entró a sexto de primaria. En realidad, no lo recordaba, pero la sensación de seguridad y calor era inconfundible.

Aferrarse a la blusa de su Madre, intentando contener las lágrimas y el miedo le resultaba humillante, no de la forma en la que alguien se avergonzaría de dormir con su progenitora, pero sí de sentirse tan inútil de resolver sus propios problemas. Mientras ella lloriqueaba, oculta detrás de su trabajadora Mamá, los chicos se carcomían el cerebro para encontrar una solución.

No estaba siendo justa.

Ennoshita le había obligado a tomar algo de ropa y hacer una pijamada sorpresa a casa de Kinoshita, pero al intentar escaparse de aquello, La madre de Yachi había llegado. Confundida, más que sorprendida y sumamente molesta, los interrogó hasta el cansancio, haciéndole preguntas sobre lo que estaban haciendo y por qué demonios había llevado a un chico a la casa sin su permiso.

La peor parte había sido tener que contarle todo.

La cara de su madre se descompuso en pura sorpresa, y después, en ira. No tuvo que moverse para esperar a que ella fuese hasta su habitación y encontrar las horribles fotografías, mirándolas con tal repulsión y miedo que casi le entró un ataque de pánico.

Aun sin mirar con buenos ojos a su Sempai, su progenitora lo dejó irse sin tener que dar su nombre a la policía, a quienes había llamado sin chistar. De pronto su casa se convirtió en un centro de interrogación en donde le preguntaron dónde estudiaba y qué clase de cosas hacía por las tardes, quiénes eran sus amigos y qué clase de relaciones tenía.

Le explicaron que la respuesta más sencilla era un novio resentido que buscaba volver a cualquier costa con la víctima, pero Yachi jamás había tenido novio en su vida y, en esos momentos, no lo deseaba. La trataron con mucha delicadeza, pero sin el interés suficiente para ponerla en vigilancia.

Le prometieron que andarían patrullando por la zona, dado que podría no ser la única víctima del acosador, pero nada le aseguraba que le impedirían acercarse más a ella.

¿Qué clase de persona gastaría su tiempo? Alguien tan normal y sencilla como Yachi, ¿Por qué sería objeto de algún tipo de obsesión? No lo entendía, ni por que fuese ahora la manager de un equipo deportivo.

¿Quién desearía aterrorizar a la persona que le gustaba?

Abrazó la espalda de su madre y suspiró, tratando de conciliar el sueño.

Nadie bueno, de seguro.

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Las mañanas de Yachi siempre eran iguales.

Una rutina muy establecida que le gustaba cumplir, pero que ahora no podía hacer más que masticar un trozo de pan y mirar el mantel de la mesa.

Los ojos le pesaban del cansancio y el moño del uniforme estaba arrugado sobre su pecho, en conjunto con su cabello alborotado y las mejillas rojas de tanto llorar.

Se sentía paténtica.

El hecho de temblar al pararse frente a la puerta de su habitación era estúpido, mucho más el tratar de coger su uniforme con el Horror de tener que encontrarse con algo nuevo, pues nunca estaba segura de qué clase de "regalo" le ofrecería su acosador. ¿Sería un mensaje? ¿Una nota sobre sus cuadernos? ¿Tal vez más flores? No quería recibirlos, era como si estuviese burlándose de su temor como lo haría Tsukishima de Hinata.

Cogió su mochila que había estado tirada en la entrada y se dirigió a la puerta, rogando al cielo y las estrellas que la acompañaran para mantenerla con vida un día más.

Al abrirla, casi se desvaneció.

Estaban ahí.

—¡Muy buenos días, Yacchan!

—¡Oi, Idiota! ¿No conoces la palabra delicadeza? ¡Solo la has asustado con tus gritos!

—Kageyama, Hinata…se nota que ustedes no interactúan mucho con las chicas.

—¡Dejen a los expertos del escuadrón de protección de las Santidades de Karasuno tomar la iniciativa!

—Tsukki, no tienes por qué esconderte.

—Cállate, Yamaguchi.

Su corazón volvió al lugar de origen con el solo parlotear de sus emplumados cuervos.

Hinata le sonrió, al darse cuenta que no había podido articular ninguna palabra. Estaban ahí (sus compañeros de primero y los sempais de segundo) reunidos en su puerta esperándola para salir.

Estaban esperándola.

—No pongas esa cara de angustia, Yacchan. Nosotros vamos a escoltarte oficialmente hasta la escuela con mucho gusto—dijo Tanaka.

—Ningún extraño intentará acercarse a ti ni por un segundo—Los ojos de Noya brillaron con intensidad y se preparó en una pose de Kung fu.—Romperemos Narices si es necesario.

—Ha sido una coincidencia quedar los seis, ¡El capitán me ha llamado super alarmado en la madrugada para venir a recogerte!—exclamó Hinata, agitando los brazos—

—Y él me ha llamado también para evitar que éste idiota se tropiece en el camino—gruñó Kageyama. Hinata siseó y levantó los puños.

Yachi asintió apenada, entendiendo la presencia de los chicos. Su atención se centró en Tsukishima y Yamaguchi, quienes se removieron incómodos.

—E-en realidad, Tsukki y yo…

—Hemos seguido el rastro de desastre de éstos—apuntó con un gesto de cabeza a los demás— No pueden hacer nada bien.

—¡Admite que estás preocupado, Estupishima!

—También estábamos un poco inquietos, no sabemos lo que pasó anoche, pero Ennoshita-san nos ha contado las cosas importantes—Yamaguchi pasó una mano por su cabello, dudoso—¿Estás…estás bien?

Yachi los miró en silencio, sintiendo sus ojos hinchados y el cabello desordenado sobre su cabeza. Podría haberse avergonzado de su apariencia, pensando que tal vez la tomarían como un vago que vivía en su casa, pero ya no le importaba.

Incluso Tsukishima estaba ahí en el umbral de su puerta, esperando por ella.

Ante su enrojecimiento y el desastre de su ropa, Solo pudo atinar a sonreír de la manera más genuina posible.

—Lo estoy.

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Al parecer, caminar casualmente ya no funcionaba.

No sabía que tanto les habían dicho, pero aún recordaba las imágenes de sus amigos caminando a su lado cada vez que le acompañaban a casa, siempre tratándola de hacerla sentir a gusto y sin temor. Ahora, un aura obscura los rodeaba, con caras amenazantes y gruñidos, perseguían con la mirada a todo aquel que se les cruzara en el camino.

Era como si tuviera cinco guardaespaldas custodiando, a excepción de Yamaguchi, quien mantenía una plática tranquila con ella. Los demás Alumnos les miraban con temor, abriéndoles paso entre la multitud y dejándolos pasar como si estuviesen escoltando al primer ministro.

Sugawara los encontró justo antes de entrar por los pasillos y le sostuvo en un pequeño abrazo desesperado. Preocupado, le comenzó a decir que todo saldría bien, y que Daichi ya estaba hablando con el profesor Takeda para que se hiciese cargo de las cosas. Yachi agitó las manos, quitándole importancia y agradeciendo, aceptando que ya estaba mucho más tranquila.

La mañana estaba mucho más soleada que otros días.

Los chicos terminaron por despedirse con una reverencia, llamando la atención de los compañeros de su clase. Algo apenada, se despidió con un agitar de manos, profundamente conmocionada.

Tsukishima le lanzó una mirada seria antes de darse la vuelta y continuar.

Yachi suspiró con las mariposas en el estómago y acomodó sus cosas en su asiento. Estaba extremadamente feliz y llena de agradecimiento de las cosas que hacían sus amigos, pues había pensado decirle a su madre que prefería no presentarse a la escuela.

Entonces recordó que no existía un lugar más seguro que la misma.

Con los chicos, Estaba perfectamente protegida y al mismo tiempo, no los deseaba. Las fotos de ellos permanecían en su mente, pues si solo hubiesen sido ángulos enfocados a ella, la cosa no sería tan mala.

El acosador estaba consciente de que intentaban ayudarla.

Pues ella sentía tal miedo que no podría hacer más que recibir sus regalos con resignación.

El tipo sabía que ella nunca hablaría, al menos que alguien más lo hiciese por ella. Y lo detestaba, porque estaba en lo cierto.

No dudó que las cosas se complicaran si no hacía nada por cuenta propia, que los chicos corrieran un grave peligro al tratar de solucionar sus problemas.

Tal vez, próximo regalo sería un empujón por las escaleras.

Y el objetivo no sería precisamente ella.

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Daichi podía sentir la pesada aura entre sus compañeros.

A pesar de que Ennoshita lo había llamado, y entre él y Suga habían hablado frente a frente con el profesor Takeda, sentía que las cosas no terminaban por estar bien.

La práctica de aquel día comenzó con un extraño ánimo entre los chicos de primero, lo que hizo que Suga y él compartieran miradas de aprobación, dado que su plan de "Salvemos a nuestra pequeña manager" había sido exitoso. No fue hasta que las chicas entraron a la cancha que el humor se desplomó por los suelos, dado que la pobre Yachi apenas y podía despegarse de Kiyoko.

Estaba pálida, ojerosa y bastante perdida, como si hubiese estado horas y horas en vela dentro de su habitación, viendo porque nada ocurriese.

Sus puños se apretaron. De verdad quería destrozarle la cara al tipo que le estaba haciendo eso. Si detestaba algo en el mundo (además de escuchar los llantos de Asahi) era ver que sus amigos eran intimidados de cualquier forma.

El entrenador Ukai alzó una ceja, ceñudo y sospechando que algo le ocultaban. Aquel hombre sabía leer la atmósfera, pero lo ignoró en un segundo y dictó que comenzara la práctica.

No quería llenar su cabeza de tantas cosas, el profesor Takeda se haría cargo del asunto y ellos podrían volver a la normalidad.

Pero algo en la cara de Yachi no le cuadraba.

Distraído, no pudo detener uno de los saques de Hinata, quien había apuntado distraídamente hacia sus pies. El rebote lo sacó de sus pensamientos y exclamó una maldición, haciendo que el entrenador le reprochara.

—¿Qué demonios les pasa a todos hoy?

Nadie respondió, y volvieron al juego.

—Yachi-san, ¿Puedo hablar contigo un minuto?— anunció el profesor Takeda, entrando con una sonrisa serena y su block de notas en la mano. La chica se acercó con paso lento y arrastrando los pies ante los demás cómo espectadores.

Daichi suspiró, estaba haciendo lo correcto al escuchar a Suga, el profesor se encargaría del resto y la cosa terminaría más rápido para todos.

Aunque Yachi no parecía completamente Feliz.

—Esto no es un espectáculo, ¡Comiencen a golpear balones!

El profesor la llevó mucho después de la cancha, en donde podrían platicar a solas del asunto. Daichi intentó no prestarle atención y concentrarse en sus jugadas, pero la sombra de Takeda y Yachi lo mantuvo en suspenso de querer saber si aquello tendría alguna solución sencilla.

El silencio del profesor Takeda le dijo que no lo habría.

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—Me da algo de Pena ver a Yacchan de esa forma.

Tanaka secó algunas gotas de sudor que corrían por su cuello, mientras los demás asintieron un pesado y general movimiento de cabeza.

Nishinoya, quien se encontraba bebiendo en el suelo, golpeó su botella con tal fuerza que la tapa se resbaló por un lado.

—¡y aún no nos has querido contar qué pasó en realidad, Chikara!

—¡Por favor, Ennoshita-sempai! Yacchan ha estado muy triste desde anoche, pero el capitán y Suga-sempai no han mencionado nada más al respecto—Las cejas de Hinata se juntaron en una expresión suplicante—¿Qué fue lo qué pasó?

—¿No has pensado que si no quiere decirlo, es porque realmente no nos necesita?—suspiró Tsukishima.

—no quiere que nos involucremos—murmuró Yamaguchi— pero, el problema de Yachi-san es muy grave.

—En realidad—dijo Ennoshita— Hitoka-san estaba muy asustada. Dudo que Daichi ¿quiera que les cuente todo, pero una parte si es verdad: Yachi-san no podrá estar segura en su casa.

Un tremendo "¡¿Eeeeh!?" escapó de la boca de Hinata.

—¡¿Q-quieres decir que el tipo ya entró a casa de Yacchan?!—gritó Tanaka.

—¡¿Y tú estabas ahí?! ¡¿Lo viste?! ¡¿Lo viste?!

—¡Q-que miedo! ¡¿Lo golpeaste Ennoshita-sempai?!

—¡N-no! Solo… solo la escuché gritar—murmuró, avergonzado— imaginé que estaría ahí, y tenía miedo. Solo encontré a Hitoka-san y…

—¡¿Y?!—exclamaron los presentes.

—Tranquilos, chicos—dijo Chikara— debemos mantener la calma.

—¿Calma? Amigo, ese tío no anda con juegos. Debemos encontrar la forma de que deje de acosarla.—Tanaka pensó.

—¡Deberíamos espiarla las veinticuatro horas para encontrar al Acosador-kun y atraparlo!

—Noya-san, es imposible vigilarla tanto tiempo.

—¡Cámaras de seguridad!—Exclamó Hinata.

—No tenemos tanto dinero, Idiota.

—¿Qué cosa haría que ustedes, sempais, dejaran de Perseguir a Kiyoko-san?—preguntó Tsukishima.

Ryuu y Noya compartieron miradas.

—Eso es obvio—Dijo Nishinoya—Nuestro amor por Kiyoko-san es demasiado grande como para dejarlo.

—Pero en caso de que nuestra diosa escogiera a un simple mortal para compartir su vida, no tendríamos más opción que respetarlo y resignarnos a su felicidad.

—Osea, ¿Un novio?

—¡Simple mortal bendecido! Kiyoko-san solo puede escoger a un afortunado, ¡y mientras eso no suceda, nosotros la protegeremos!

—Entonces, solo debemos buscarle a Yachi un novio que sea lo suficientemente intimidante para que el tipo la deje en paz—suspiró Tsukishima.

—¿Pero quién podría ser, Tsukki?

Los chicos en la habitación se quedaron callados.


Muchas gracias chicos.

Lamento haber publicado tan tarde, pero la escuela y lo exámenes me habían tenido controlada.

Además, me lastimé mi muñeca y no pude escribir, dibujar o hacer algo.

No puedo contestar sus reviews ahora, pero me alegro mucho saber que hay gente que desea leer.

Gracias por su apoyo constante.

Kura