Este fic fue escrito como parte del intercambio navideño 2010 en el Club. Me correspondió darle un regalo a Hékate-sama, una gran escritora y experta en mitología y cultura griega, quien deseaba que su regalo contuviera un poco de AfroditaxAioria, por lo que estos dos son la pareja principal.
Para encontrarle sentido a lo que pasa, hay que tener en cuenta que en la antigua Grecia las relaciones entre personas de un mismo sexo estaban permitidas. Existía una situación en particular, la del eraste ("quien habla") y el eromeno ("quien escucha") que corresponde a la de un hombre adulto que tomaba bajo su protección a un adolescente. Eso era algo que debía ser público y notorio, por lo que se seguía todo un ritual a la hora de iniciar una relación así, el cual incluía regalos y festejos. Los regalos empezaban con cosas pequeñas (conejos, por ejemplo) e iban subiendo en calidad y valor (copas, adornos, joyas...) hasta que se celebraba una fiesta de compromiso.
Un mal comienzo
Aioria, Caballero Dorado de Leo, miró al frente tratando de no mostrarse alterado.
Estaba en presencia de Atenea, del Patriarca, y de los otros Caballeros de Oro (con la única, pero notable, ausencia de Afrodita de Piscis). Todos lo miraban muy serios mientras él permanecía en pie frente a ellos.
El hecho de que estuvieran en el comedor no ayudaba en nada a tranquilizarlo, porque la mesa estaba vacía, a excepción de un cuaderno, una pluma y un libro (el Reglamento de la Orden), todo al alcance de la mano de Shion, y las caras serias de la diosa y de sus compañeros de armas contrastaban mucho con el ambiente que debería haber sido informal. No había manera de engañarse, aquello parecía más una corte marcial que otra cosa.
-Siéntate, Aioria –dijo la diosa, señalándole la silla que estaba justo frente a ella. Obedeció en silencio y los miró preocupado.
-¿Sabes por qué estás aquí? –preguntó Shion.
-No, señor. ¿Afrodita está bien?
-Sobrevivirá. Sin embargo, ha hecho acusaciones muy serias en contra tuya.
-¿Qué? ¡Pero si fue un accidente! ¡Algunos de ustedes tienen que haber visto cómo tropezó y cayó!
-Sí –intervino Kamus, que era parte de ese "algunos"-. También vimos que tropezó cuando te atacaba, al parecer con intención de matarte.
-Bueno…
-El uso de una rosa sangrienta sin previo aviso, crea la impresión de que decidió saltarse el protocolo tradicional de los Caballeros de Piscis y simplemente "tirar a matar" –dijo Dohko.
-Pero no…
-Así que le preguntamos qué razones tenía para hacer algo así y nos contó una historia bastante extraña –Shion retomó la palabra-. Dice que llevas meses acosándolo.
-¡Eso no es cierto!
-¿Seguro?
-¡Solamente trataba de expresarle mis sentimientos!
-¿Qué sentimientos, Airoia? Porque él parece bastante convencido de que planeas torturarlo y matarlo.
Aioria abrió mucho los ojos.
-Yo jamás le haría daño –declaró, lo más calmadamente que pudo, en un esfuerzo para que los demás comprendieran que hablaba en serio-. Mi intención nunca ha sido acosarlo ni lastimarlo. Estaba cortejándolo.
Los demás lo miraron en silencio, con aspecto confundido (hasta Atenea parecía confusa, pero Aioria decidió atribuir el hecho a que la diosa de la Sabiduría era al mismo tiempo una jovencita de trece años).
Shion abrió el cuaderno en el que tenía anotada la declaración de Afrodita y buscó el inicio de lo que (desde el punto de vista del Caballero de Piscis) se parecía bastante a una película de terror.
-En mis tiempos, cuando cortejábamos a una chica… o a un chico… no llegábamos a su casa llenos de sangre para arrojar a sus pies "animalitos muertos".
-…¿"Animalitos"? ¿Eso dijo?
-Estaba muy alterado, creo que no logró recordar la palabra correcta en griego.
-Eran conejos. Los cacé con mis propias manos. Eh… lo de la sangre fue otra cosa, no tuvo que ver con los conejos, sino con el lobo que también pretendía comérselos. Pero los conejos los atrapé para él, eran perfectos para un estofado.
-Aioria… -intervino Aioros-. Afrodita es vegetariano.
-Oh. No lo sabía.
-¿No se te ocurrió preguntarle primero si querría unos cuantos conejos asesinados? –preguntó Máscara Mortal y, de alguna manera, se las arregló para que la idea de recibir como obsequio unos conejos recién cazados sonara como la cosa más asquerosa del universo.
-Es un regalo tradicional en el inicio de un cortejo –respondió Aioria con dignidad.
Shion, que estaba presente el día en que Afrodita juró no volver a comer carne en su vida (la primera y única vez que su Maestro lo llevó de cacería), sacudió la cabeza con compasión.
-De acuerdo, eso puede haber sido un simple error. ¿Qué significa esto de que le diste pornografía?
-¿Eh?... Oh. Le regalé una copa de doble asa. Era una reproducción fiel de una pieza muy antigua, me costó mucho conseguirla. Al principio creí que le había gustado, la examinó con tanta atención y sonreía… pero de pronto la dejó caer y me echó de Piscis. La copa se rompió.
-No entiendo –dijo Aldebarán.
-La copa es, bueno, era, otro regalo ritual. Estaba decorada con imágenes de Afrodita (la diosa, no él), Eros y… eh… una pareja teniendo sexo. Ahora que lo pienso, puede que fuera un poco demasiado directo.
-Cero, y van dos –murmuró Kanon.
-También dijo que trataste de ahorcarlo con una cadena –continuó Shion.
-¿Ahorcarlo? ¡Eso no fue así! El siguiente regalo que dicta la tradición es de joyas. Así que compré una cadena de oro en Atenas y solo quería sorprenderlo poniéndosela en el cuello, pero creo que lo asusté. Lo peor fue que se le enredó en el cabello y, accidentalmente, le arranqué un mechón cuando traté de ayudarlo a quitársela.
Para ese momento, los demás (Atenea incluida) lo miraban con lo que parecía una extraña mezcla de compasión e hilaridad.
-Entonces, ese regalo tampoco debe haberle gustado –dijo Milo.
-Quizá fue mejor así –dijo Aioria, contrito-. Luego me di cuenta de que me estafaron con esa cadena: no era de oro y le habría hecho una mancha verde en la piel.
Shion hizo un esfuerzo por no comentar el hecho sorprendente que un Caballero de Oro no pudiera distinguir el oro falso y trató de continuar.
-Haz dicho unas cuantas veces que trataste de darle obsequios rituales. ¿De qué ceremonial estás hablando?
-Un cortejo común y corriente, Maestro.
Hubo un largo silencio.
-Leo, aclárame una duda absurda que me ha llegado de repente –dijo Kanon-. Por pura casualidad, ¿tratabas de proponerle a Afrodita que fuera tu eromeno o algo así?
-Pues… sí, eso precisamente.
Kanon, que había hecho la pregunta con una sonrisa burlona, dejó de sonreír para mirarlo con incredulidad absoluta. Lo más sorprendente fue que Saga (que estaba a su lado) empezó a reír a carcajadas. Tratándose de los gemelos, las cosas solían ser al revés.
-Saga… -dijo Shion, con un tono cargado de advertencias.
-¡Lo siento, lo siento! –Saga trató de dominar la risa, sin éxito-. Discúlpenme, volveré en un momento.
El Caballero de Géminis salió del comedor y cerró la puerta tras de sí, pero de todos modos pudieron escuchar todavía que seguía riendo, incluso más fuerte que al principio. Kanon tenía todavía esa expresión de asombro.
-Hacía años que no lo escuchaba reír así. Creo que veinte años.
-¿Qué tiene de gracioso? –preguntó Aioria, ahora francamente ofendido.
Fue evidente para todos que Kanon deseaba poder explicárselo, pero no encontraba las palabras, lo cual era tanto o más extraño que las carcajadas de Saga.
Shion le dio unas palmaditas en el hombro.
-Ya, tranquilo, deja que yo me encargue.
-Sí, señor.
Shion miró de nuevo al Caballero de Leo, que cada vez entendía menos de todo eso.
-Aioria, primero que todo, debes tener en cuenta que Afrodita no es griego.
-He podido darme cuenta de eso –no, no iba a añadir que la andanada de insultos que le había soltado Afrodita antes de intentar alcanzarlo con la rosa sangrienta había sido en sueco.
-Por lo mismo, creo que has tenido suerte de que no haya comprendido todavía qué ritual estabas tratando de iniciar –intervino Shura.
-¿Por qué dices eso?
-Porque cuando se lo expliquemos (y tendremos que explicárselo), va a sentirse muy insultado –dijo MM.
-No veo por qué.
-Eso parece –gruñó Shura.
-Silencio, niños, déjenme continuar –dijo Shion-. Aioria, lo que Afrodita dice que hiciste, y que provocó que te atacara hoy, no forma parte del cortejo, que yo recuerde.
-No, claro que no. Después de esos tres fiascos, asumí que él no estaba enterado de los detalles del ritual, así que intenté una aproximación un poco más moderna. Flores y chocolates.
MM y Shura se dieron cada uno una palmada en la frente, en perfecta sincronía.
-¡¿Chocolates? ¡¿Acaso estás loco? –exclamaron los dos al mismo tiempo.
-¿Están tratando de remedarnos a Saga y a mí? –reclamó Kanon.
Saga volvió a entrar en ese momento y volvió a ocupar su silla, tan serio como al principio y dando la impresión de que no había pasado nada.
-¿Qué tiene de malo? –dijo Aioria-. ¿Qué puede haber más inofensivo que un ramo de flores y una caja de bombones?
-Las flores que le diste… -empezó Shion.
-Bueno, no soy tan tonto como para regalarle rosas, corté unas flores silvestres.
-¿De casualidad unas amarillo y naranja que crecen cerca del cementerio?
-Pues… sí, justamente, me gustó el color…
-¿No te llamó la atención su aroma?
-Era un poco fuerte, pero…
-Se llaman "flores de muerto" –intervino Aldebarán-. Antiguamente se usaban en los funerales, para disimular un poco el olor de la corrupción.
-No estoy muy seguro de cuál será su significado en el lenguaje de las flores, pero Afrodita parece haberlas interpretado como "quiero verte muerto" –añadió Milo.
-No tenía idea…
-Nos estamos dando cuenta de eso –replicó MM.
-En cuanto a los bombones… -dijo Shion.
-¿Qué? ¿También eso estuvo mal?
-¿De verdad no lo sabías?
-¿Saber qué?
-Afrodita es diabético –dijo Kamus-. Es algo hereditario y se lo diagnosticaron cuando tenía once años. No había nada de malo con los chocolates, Aioria, excepto que habrías podido matarlo con eso.
-¿Y cómo se suponía que yo lo supiera? ¡Parece perfectamente saludable!
-Porque es perfectamente saludable –dijo Saori-. Solamente tiene una condición crónica que lo obliga a vigilar diariamente su nivel de glucosa y le impide consumir ciertos alimentos, principalmente golosinas. Por lo demás, puede llevar una vida completamente normal.
-Eso sí, es un poco histérico con el chocolate, fue una mala experiencia con unos chocolates lo que desencadenó la crisis que sirvió para que nos diéramos cuenta de su diabetes –añadió Saga-. En cuanto a saberlo, se supone que toda la Orden lo sabe. Recuerdo claramente haberlo notificado en una asamblea, con todos ustedes presentes, como indican los estatutos de la Orden y como consta en actas. Es deber de todo Caballero comunicar a sus hermanos de armas si existe alguna situación que pueda llegar a afectar su desempeño, y todo Caballero debe estar preparado para saber cómo ayudar a otro si llega a ser necesario, por lo que tú deberías estar tan enterado de la diabetes de Afrodita como del déficit atencional de Seiya o la miopía de Shaka.
-…¿La qué de Shaka?
Shaka abrió los ojos y lo miró fijamente.
-No veo bien de lejos, lo descubrimos después de que Atenea logró devolvernos la vida. Lo comuniqué por escrito hace quince días, ¿no recibiste el memorándum?
-Eh…
-No lo leíste.
-Bueno…
-No nos apartemos del tema ahora –interrumpió Shion-, luego tendremos una charla sobre la atención que debes prestar en las reuniones de la Orden y con los comunicados escritos, ¿entendido, Aioria?
-Sí, señor.
-Ahora bien, en cuanto a tu deseo de cortejar a Afrodita, no voy a meterme con si es o no una buena idea, pero tienes que saber, primero que todo, que estabas tratando de usar el ritual equivocado.
-¿Cómo?
- Para empezar, Afrodita es mayor que tú.
-Solamente dos años. No es una gran diferencia, mis padres…
-Sí, sí, tus padres tenían diez años de diferencia, lo sé. No me refiero a eso.
-¿No?
-En el ritual que quisiste hacer, la persona más joven no puede iniciar el cortejo.
-…Oh.
-Segundo, tienes veinte años.
-Soy mayor de edad, ¿no? –replicó Aioria, sintiéndose de pronto como un adolescente respondón.
-Lo eres. Pero el ritual exige que quien lo inicie tenga por lo menos 25 años.
-…¡¿Ah?
-Y la persona a la que va dirigido el cortejo debe tener no menos de quince y no más de 20. ¿Qué edad tiene Afrodita, Aioros?
-Pero…
-La función del eraste no es simplemente seducir al eromeno, muchacho. Se supone que el eraste debe completar la educación de un joven que está a punto de convertirse en adulto, enseñarle modales, cultura, ayudarle a hacer contactos sociales que le serán útiles en la vida adulta, transmitirle las virtudes más preciadas y, luego de que se acabe la relación (es decir, cuando el eromeno ya es adulto), ayudarle a encontrar una buena esposa. El lado romántico de la relación es solo una parte de todo eso.
-En otras palabras –terció Shura-. Va a resultarle bastante ofensivo a Afrodita el que tú precisamente tengas la intención de mejorar sus modales, completar su cultura, enseñarlo a defenderse… ah, y algún día ser como un segundo padre para sus hijos.
Aioria bajó la cabeza.
-Está bien, de acuerdo, me siento completamente humillado. ¿Satisfechos? Lo único que puedo alegar es mi ignorancia: no sabía que estaba realizando mal el cortejo, y tampoco sabía que fuera vegetariano ni que no puede comer dulces. Le pediré perdón, ¿está bien?
-Yo preferiría que del todo no le dirigieras la palabra en unos cuantos… años –replicó MM.
-¿Y a ti qué te importa eso? –casi gritó Aioria, enojado.
-Me importa, y mucho.
El Caballero de Cáncer iba a añadir algo más (y, al parecer, Shura iba a apoyarlo), pero Saga levantó una mano y ambos se detuvieron.
-Por favor –dijo Saga, con una seriedad más grave de lo habitual en él-. Aioria, haz el favor de esperar afuera. Hay algo que tengo que discutir con los demás.
-¿Y tiene que ser a mis espaldas?
-Créeme, es por tu propio bien.
-No te creo.
MM resopló fastidiado y le habló a Aioros.
-Sagitario, te lo suplico en nombre de todos: consíguele a tu hermanito un eraste que termine de educarlo.
-¡Oye! –protestó Aioria.
-Un Caballero sabría que tiene que obedecer si Saga le dice que salga –respondió MM, con los ojos brillantes de rabia-. Sal ahora mismo o te sacaré yo.
-¡Él no tiene por qué ordenarme nada!
-En realidad, estando reunidos los Caballeros de Oro para decidir un problema de disciplina entre dos miembros de la Orden, Saga está en su derecho de pedirte que salgas si tiene que comentar algo con nosotros, está en el Reglamento –intervino Shion-. Haz el favor de salir.
Aioria hizo una reverencia bastante tiesa y se dirigió hacia la puerta.
-¿Quién se encargó de su entrenamiento después de mi muerte? –alcanzó a oír que decía Aioros.
-Traté de asignarle Maestro más de una vez, pero nunca aceptó uno. Dijo que si Mu podía completar su entrenamiento a solas, él podía también –respondió Saga, con tono avergonzado.
-Mu –llamó Shion.
-¿Sí, Maestro?
-Cuando esto termine, quédate un rato más conmigo. Necesito hacerte unas cuantas preguntas sobre cultura general.
-…Sí, Maestro.
Aioria cerró la puerta tras de sí y ya no pudo escuchar más lo que deliberaban los otros, pero descubrió que en la sala anterior al comedor estaba Afrodita, en compañía de los Caballeros de Bronce.
El Caballero de Piscis parecía tranquilo, aunque tampoco era habitual verlo tan serio como estaba en ese momento. Por lo menos, las señales del raspón que se había hecho en la cara al caer ya habían desaparecido casi del todo…
Por supuesto, el recuerdo en la memoria de la Orden (y del propio Afrodita) de aquella ridícula persecución y la caída que le había puesto fin no desaparecería jamás. El adoquín suelto que había hecho tropezar a Afrodita probablemente le había salvado la vida a Aioria, pero para que el Caballero de Piscis hubiera perdido el control tan completamente como para no haber visto ese obstáculo, realmente debía estar furioso.
Flores de muerto y chocolate capaz de matarlo. Sí, visto desde ese ángulo (y sumándole los desastres anteriores), había una que otra razón como para que Afrodita pudiera enojarse con él.
Para su sorpresa, Afrodita fue el primer en intentar acercarse.
De inmediato, Seiya se interpuso entre ambos.
-¡Quieto ahí! ¡No voy a permitir que lo ataques de nuevo!
-No voy a atacarlo, Pegaso, apártate, por favor –respondió Afrodita, con tono severo.
-No creo que…
-Seiya, escuchaste lo que dijo Saga –intervino Shiryu-. Deja que hable con él.
Con un bufido que sonaba a desconfianza, Seiya se apartó y Afrodita pudo llegar finalmente hasta donde estaba Aioria.
-Saga me dijo que hubo un… malentendido –declaró Afrodita.
-Uno que otro –Aioria sonrió avergonzado-. Lo siento. Fue mi error.
-Bueno… supongo que cuando las cosas se pusieron extrañas, bien pude haber preguntado qué intentabas darme a entender. Lamento haber roto la copa. Era bonita.
-Te conseguiré otra… con otra decoración, claro.
-No es necesario.
-Quiero hacerlo. Afrodita, escucha, yo… ¿crees que puedes darme una oportunidad?
Afrodita sacudió la cabeza.
-Apenas nos conocemos y no sabemos nada el uno del otro, eso fue lo que desencadenó los malentendidos…
-¡Pero el propósito de un noviazgo es precisamente el que la pareja llegue a conocerse y puedan decidir si quieren pasar juntos el resto de la vida! Quiero conocerte, en serio.
-Eh…
-Por favor, Afrodita. Dame una oportunidad, esto fue un mal comienzo, pero algún día podremos contárselo a nuestros nietos como una anécdota divertida…
-…¿Nietos? Leo, creo que vas demasiado rápido…
-Definitivamente, demasiado rápido –interrumpió la voz de Shura.
Aioria miró por encima del hombro y descubrió a MM y Shura, ambos cruzados de brazos y mirándolo como si desearan verlo muerto. ¿Cuánto tiempo llevaban ahí? No había escuchado abrirse la puerta.
-¿Les importa? Es una conversación privada.
-Sí, nos importa –dijo MM-. ¿Verdad que nos importa, Afrodita?
Aioria contempló asombrado la forma en que Afrodita se sonrojó de repente.
-Exnovios –dijo el Caballero de Piscis, señalándolos con un movimiento de cabeza-. No los dos al mismo tiempo –se apresuró a añadir al ver la cara que estaba poniendo Aioria-, pero me separé de cada uno en buenos términos, ahora somos buenos amigos y… eh… son un poco protectores, ¿sabes?
¿Solo "un poco"? De repente la ferocidad con la que le habían hablado en el comedor cobraba una nueva dimensión. Los tres Caballeros que conocían el secreto del falso Patriarca, un trío de lo más unido… ¿Ahora resultaba que además Shura y MM habían adoptado el papel de cuñados celosos? Aioria logró sonreír, con algo de dificultad.
-¿Tienes que pedirle permiso a ellos?
-No exactamente. Hicimos un trato los tres hace unos años… Hum. Cualquier pareja que pretenda tener alguno de los tres, debe contar con la aprobación de los otros dos.
Peor todavía de lo que había imaginado al principio. Aioria miró más allá de donde se encontraban MM y Shura. Saga estaba ahí, tan serio como cuando había vuelto al comedor… ¿qué habría hablado con Afrodita? Y, ahora que lo pensaba, Cáncer y Capricornio parecían ser muy respetuosos de la opinión de Géminis.
-Saga, puedo jurar por Atenea que mis intenciones son buenas –declaró Aioria, sorprendiendo a todos.
Saga sonrió a medias.
-¿Apelas a mi influencia, Aioria de Leo? Puede que te arrepientas… Pero, por lo pronto, hablé con Afrodita y le expliqué lo mejor que pude el origen de esta serie de confusiones, hablé con Atenea y los demás y les comuniqué que Afrodita está dispuesto a perdonarte… en cuanto a lo que pretendes ahora… si mi consejo tiene algún peso en la opinión de Shura y Máscara Mortal… -los aludidos asintieron, pero con el aspecto sombrío de alguien que sabe que no va a gustarle lo que está a punto de escuchar. Saga sonrió-. Bien, creo que podemos darte exactamente una oportunidad, con ciertas condiciones.
Aioria decidió que esa película no le gustaba nada. En la pantalla, la joven protagonista se convencía cada vez más de que su esposo pretendía matarla, y cada acción y cada palabra de él reforzaban esa idea… Tenía demasiada semejanza con una indirecta.
Pero no iba a molestarse con Afrodita, porque siempre cabía la posibilidad de que fuera una casualidad. Estaban en Atenas por unos días con algunos de los otros Caballeros mientras Atenea resolvía algún asunto relacionado con su vida como la mortal Saori Kido, tenían unas horas libres y Afrodita se había enterado de que en un cine cercano estaban realizando un ciclo de Hitchcock, que la película de ese día fuera "La sospecha" y no "Los pájaros" o "La ventana indiscreta" tenía que ser un accidente.
Además, si lo pensaba un poco, incluso podría considerarlo una muestra de humor por parte de Afrodita. Quizá hasta podía ser una señal de que realmente estaba perdonado.
Con esa idea positiva en mente, Aioria rodeó con el brazo derecho los hombros de Afrodita. Al momento de hacer eso, escuchó un gruñido de desaprobación "en estéreo": Shura estaba a su izquierda, y Máscara Mortal, a la derecha de Afrodita, ambos más atentos a ellos que a la película. Sin embargo, Afrodita los ignoró como si no estuvieran ahí y apoyó la cabeza en el hombro de Aioria. Eso produjo otro gruñido doble, pero menos fuerte.
Era increíble la forma en que Afrodita lograba comportarse con naturalidad a pesar de las condiciones que había impuesto Saga para permitirle a Aioria cortejarlo, de las cuales la principal era que no podían estar a solas en ningún momento hasta nuevo aviso, para prevenir nuevos malentendidos, por lo que Shura y MM se habían convertido en sus "chaperones" oficiales y no los dejaban ni a sol ni a sombra. Era una verdadera suerte que no hubieran intentado sentarse en medio de ellos esa vez.
Pero su relación progresaba con menos tropiezos de los que había esperado al principio y eran contadas las ocasiones en las que los dos amigos de Afrodita habían tenido que intervenir para servir de traductores entre ellos.
Con algo de suerte, para el cumpleaños de Afrodita les permitirían tener una cita sin supervisión.
Dos meses más, solo había que armarse de paciencia.
Fin
