Este es el capítulo final. ¿Qué pasará con Sherlock y John?
-Saldremos por el túnel de ventilación.
Sherlock había tenido tiempo de diseñar un plan para escapar de la central de Battersea sin ser vistos. Ya podía ver la cara desencajada del idiota de Gregson cuando se diera cuenta de que le había ganado la partida.
-Nos descubrirá.
John no estaba convencido de que funcionara. Prefería ser precavido y no arriesgarse a sufrir daños innecesarios. Era un milagro que el ladrón no se hubiera percatado de la presencia de Sherlock. Aquel chico no le tenía miedo a nada.
-¿Es que acaso pretendes quedarte aquí encerrado hasta que vuelva? Por lo que he observado, ese hombre es muy inestable emocionalmente hablando. Si sufre un ataque de pánico podría reaccionar de forma violenta.
A sus siete años, había leído muchos libros de psicología. Mycroft insistía en que los sentimientos eran un lastre, pero disfrutaba del estudio del comportamiento humano. Quizás por eso Sherlock vio un atisbo imperceptible de valentía en la expresión de su compañero.
Juntos repitieron la operación con la que Sherlock se había colado en la habitación. Los tornillos volvieron a ceder sin problema. El túnel era un poco estrecho para los dos, así que tuvieron que salir de uno en uno.
Un ruido les sorprendió en mitad del trayecto. Sherlock, que ya estaba fuera, escuchó los pasos monótonos e irregulares del secuestrador seguidos del crack de una llave en la cerradura. Se quedó muy quieto, casi sin respirar. Un error y todo estaría perdido.
Arthur Moore estaba desesperado. Un miembro del cuerpo de policía de Londres no podía, bajo ninguna circunstancia, perder su busca. Semejante tontería le iba a costar el puesto. ¿Cómo iba a explicárselo al inspector Gregson? Siempre estaba de muy malas pulgas y, además, acababan de montar un operativo.
-¡Moore!-Gregson rugía como un perro de presa. Se le puso la carne de gallina.-Tráeme inmediatamente a ese crío entrometido de antes. Quiero hacerle unas preguntas.
-Sí, señor.
Pero no hubo manera de encontrarlo. Había desaparecido de la escena del delito y eso que no hacía más de veinte minutos que lo había dejado allí.
-Inspector, una mujer me ha informado de que lo ha visto irse en un taxi.
Gregson soltó una maldición por lo bajo. No estaba acostumbrado a que le llevaran la contraria.
-¡Maldito crío del demonio! Nos hemos quedado sin un testigo importante...
Un pitido interrumpió al inspector. El sargento se acercó a ellos con un dispositivo de exploración.
-Hemos rastreado una señal proveniente de uno de nuestros agentes en Battersea.
-No tenemos a nadie en Wandsworth. Debe de ser un error.
-Un momento.-intervino Arthur-¿Cuál es el número?
-El 0337.
Moore se quedó estupefacto. Ese era el número de su busca.
-¡Suélteme!
Los gritos de John alertaron a Sherlock. El secuestrador le había agarrado las piernas para llevarlo de vuelta a la habitación mientras él se aferraba a las paredes del túnel.
-Has intentado jugármela, chaval. Ahora vas a pagarlo muy caro.
Sherlock avanzó muy despacio, igual que un fantasma. La policía tardaría un buen rato en llegar, por lo que tendrían que arreglárselas solos. Se colocó detrás del ladrón sujetando firmemente una barra de hierro entre sus manos delgadas.
Por desgracia, no era tan estúpido. Se giró justo a tiempo para esquivar el golpe.
-Vaya, vaya... pero si es aquel mocoso de la calle. Me temo que has venido en un mal momento.
Sus ojos destilaban locura. Sin el abrigo ni la barba, había dejado al descubierto los numerosos cortes y pinchazos que surcaban su cara y sus brazos. "Está drogado", comprendió Sherlock.
-No vamos a delatarle. Le diremos a la policía que no nos acordamos de nada.
La negociación también resultó inútil. Con la pistola y la barra en poder del enemigo, Sherlock y John eran un blanco fácil.
-¿Habéis oído eso?-preguntó Sherlock de repente.
Eso bastó para que el secuestrador se distrajera un par de segundos. El joven detective le asestó una fuerte patada en la espinilla.
-¡John, corre!
El frío de la calle resultó un bálsamo para ambos. En invierno los días eran más cortos y la oscuridad les daría una cierta ventaja. Los alrededores de Battersea estaban muy mal iluminados.
-Hay que cruzar el río. Tenemos que ir hacia el puente de Alberto.
John asintió, sin dejar de correr. Aún eran capaces de escuchar las zancadas distantes de su perseguidor.
Un disparo rasgó el aire. El ladrón trataba de acertar desde la lejanía. Era difícil que alguien diera parte a las autoridades en una zona tan alejada. El puente sería su salvación. Aunque estaba en obras, habría espacio suficiente para cruzarlo y, con suerte, conseguirían llegar de una pieza a Chelsea.
Las pisadas de los tres resonaban en el asfalto del camino del río. Sherlock estaba empezando a tomar conciencia de que realmente estaban en peligro. Las balas atravesaban los árboles con un zumbido siniestro que le daba escalofríos.
A su lado, John era ya una mancha borrosa del paisaje industrial. Por un momento, le pareció que su cuerpo mutaba hasta transformarse en uno de los renos de su jersey.
Y entonces, como rodeado por una luz cegadora, el puente de Alberto se materializó ante ellos. Sus largos cables de metal sujetaban el pasaje hacia la libertad.
Sherlock le hizo una señal a John para que pasara por debajo del cordón de prohibida la entrada. Todavía quedaba maquinaria desperdigada por el puente y también algunos bolos de cemento.
-Ten cuidado. Aquí es fácil caerse.-advirtió Sherlock
El hecho de que el secuestrador les pisara los talones no ayudaba en absoluto. No habían contado con que llevara un cartucho de balas de repuesto. John no paraba de mirar atrás para comprobar la distancia que los separaba de una muerte segura.
-¿Dónde se ha metido?
El pequeño detective no respondió. Estaban en la mitad del puente y no había ni rastro del ladrón.
-Será mejor que nos dividamos.-dijo al fin-Tú por la izquierda y yo por la derecha. Si le ves, grita.
Todo permaneció en silencio durante un buen rato. Chelsea estaba cada vez más cerca y con ello el final de su aventura. Aquella era una de las zonas más vigiladas de la capital por el alto poder adquisitivo de sus habitantes.
-¡Sherlock!
La voz de John se apagó de repente y Holmes cruzó hacia la parte izquierda.
El secuestrador estaba allí, apuntándole con la pistola.
-Más vale que te estés quieto si no quieres acabar como él.
Sherlock vio a John apoyado en un bloque de cemento con las manos sobre el estómago. Le había dado una patada.
-Colócate junto a la barandilla.
Ahora sí que no tenía ninguna duda: el crimen acabaría en asesinato múltiple.
Pero no le disparó. Guardó el arma y lo agarró por el cuello del abrigo.
-¿Sabes nadar?
El corazón se le había desbocado. Sherlock volvió la cabeza para toparse con las aguas negras del Támesis. La caída no era lo bastante larga para matarlo. Sus dos opciones eran ahogarse o morir de hipotermia. Ninguna le agradaba demasiado.
Cerró los ojos, tensó la mandíbula y esperó a que le llegara la hora...
-¡Zachary Corbirock!-la voz le sonó a música celestial-Queda detenido por robo, secuestro e intento de asesinato. Tiene derecho a guardar silencio y a un abogado, si no puede pagarlo se le asignará uno de oficio.
Gregson sujetaba firmemente la pistola contra la sien derecha del acusado. La vena de la frente se le notaba más que nunca.
Los agentes se llevaron a Corbirock a comisaría unos minutos después.
-Eres un auténtico dolor de cabeza, chaval. Espero que no trabajes nunca en el cuerpo.
-Lo tenía todo controlado, inspector. Mi
plan era infalible.
Sherlock sabía que no era cierto. Si Gregson hubiera tardado unos segundos más no estaría contándole aquello.
-Ya hemos llamado a vuestros padres. Esperad aquí mientras tanto.
John se estaba recuperando del golpe en la camilla de la ambulancia. Cuando Sherlock se acercó esbozó una sonrisa cansada.
-Gracias por haberme rescatado, Sherlock. Eres un amigo.
Querido Santa,
Aunque no he sido capaz de averiguar tu verdadera identidad, uno de tus secuaces me ha traído el regalo que te pedí. John y yo formamos un buen equipo, a pesar de que Mycroft no se lo crea. Supongo que he de darte las gracias.
Sherlock Holmes. 7 años.
Postdata: Aún me debes el violín y el microscopio.
Y esto ha sido todo. Muchísimas gracias por haber leído esta historia que tanto me ha entretenido a mí también. El fandom de Sherlock es uno de los mejores, de verdad. Vuestros reviews y visitas han sido una gran ayuda para que el ritmo no decayera. Espero sinceramente que la hayáis disfrutado y que sigáis leyendo y escribiendo. Esta se ha acabado, pero habrá muchas más. ¡Hasta la próxima!
