¡Hola!
"Anécdotas que se cuentan" es una serie de diversos y dispersos momentos entre Neji Hyuga y Sakura Haruno.
Cuarto "momento sin sentido" de la historia de momentos sin sentido: De heridas ahí
Resumen: Sakura Haruno le causa una herida a Neji y ahora debe atenderlo.
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De heridas ahí
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—¡Neji! ¡Lo siento…!
Todo ocurrió con rapidez: el empujón, los kunais en el suelo, la sangre y Neji entrando a la casa, dejándola a ella en el patio.
Sakura recogió los kunais y corrió detrás de él. Neji le cerró la puerta de la habitación en la cara. Ella resopló, fue a su propia habitación por unas vendas y regresó. Tocó varias veces a la puerta, sin recibir respuesta.
Resulta, pasa y sucede que Neji se aburría en la larga misión diplomática que estaban haciendo y ella tuvo la idea de entrenar juntos para pasar el rato.
Ya llevaban varios días entrenando y funcionaba muy bien: era lo que necesitaban para descargar el estrés que acumulaban por las negociaciones infructuosas con los representantes agrícolas. Sin embargo, esta vez ocurrió un accidente causado por Sakura.
Neji estaba cerca de una mesa con las armas y retaba a Sakura a ser más agresiva cuando combatía, con frases como: "Golpeas enojada y eso no está bien. Los ninjas no manifiestan sus emociones, pero tus emociones son tan fuertes que deberías aprovecharlas. No muestres tu enojo, solo se más agresiva".
Pero Sakura no quería ser agresiva con Neji. De hecho, siempre que peleaban se mostraba muy cautelosa. Mantenía una distancia exagerada en sus entrenamientos y hacía todo lo posible por evadirlo. Tanto que ni siquiera parecía un entrenamiento, sino una coreografía de batalla.
A Neji eso lo exasperaba porque fue ella quien sugirió que entrenaron juntos… y entrenamiento no era lo que hacían.
Varias veces Neji quiso reclamarle su extraña actitud, pero notó que las mejillas de ella se enrojecían cada vez que él rompía la distancia, y no quiso indagar más en eso. De pronto, él también prefería que no hubiera tanto contacto entre ellos.
Pero eso no quería decir que no le daría unos cuantos consejos de batalla a Sakura. Ella los necesitaba porque sus estallidos de cólera, por más efectivos que fueran, no eran muy profesionales. Entonces, ese día Sakura meditó las palabras de Neji y decidió ser agresiva: lo empujó.
Neji le sonrió y se agarró de ella para no caer, pero ella lo pateó, demostrándole todo lo agresiva que podía ser. Entonces, él cayó sobre una caja llena de kunais… y hubo sangre.
Todo ocurrió tan rápido, sobre todo la parte donde Neji se levantaba y se marchaba, que Sakura tardó en entender que la herida fue culpa de ella.
Metió un senbon en el llavín de la puerta y entró a la habitación de Neji. Analizó el espacio y avanzó hacia él que estaba boca abajo tumbado en la cama.
Sakura se paró al lado de la cama y lo miró desde arriba. Aunque estuviera acostado, seguía viéndose imponente.
—¿Es muy profunda? —preguntó. Ella lo pateó con mucha fuerza y él cayó estruendosamente pues no se lo esperaba.
—¿Tú qué crees? —dijo él de mal modo, sin mirarla. Tenía la cabeza girada hacia el otro lado.
—Pues no me dejaste ver, no me lo imagino—respondió ella, con llaneza.
Neji le hizo un ademán para que saliera de la habitación. Sin embargo, ella no salió.
Cuando puso las vendas en la mesa de noche, vio el pantalón de entrenar ensangrentado y debidamente doblado en una esquina. Sakura notó, por el agujero en el pantalón, que la herida no era en la espalda, sino en el trasero.
Se sorprendió, porque las heridas en las nalgas eran dolorosas e incómodas, además podían tardar mucho en sanar. Su vocación de médico la obligó a preguntar:
—¿Nunca te había pasado? Tenten tiene muy buena puntería, nunca te lastimó "ahí".
—Demonios, Haruno, ¿quieres salir y dejar esas preguntas ridículas para otra persona? —dijo cansado.
Sakura, aprovechando que él no la observaba, examinó el pantalón roto… y, de repente, la culpa se fue.
Le parecía exageradamente divertido saber que la defensa total de Neji tenía un punto ciego en su trasero y que ella lo había descubierto. Probablemente, nunca había recibido un golpe ahí (si hasta era la primera vez que se caía de culo) y ella sentía una morbosa curiosidad por esa herida…
—Si me dejaras ver la herida la podría sanar rápidamente y no tendrías que vendarla ni guardar reposo—señaló ella y dio gracias a todos los cielos por su voz tan profesional.
Neji se apoyó en su codo para verla y Sakura lo miró como si fuera un paciente más.
—Acércate, entonces—aceptó Neji.
Sakura se ruborizó. Se olvidó que tan solo era un paciente más.
—Soy médico, Neji, he visto más cosas de las que crees—dijo ella rápido.
Neji le respondió con un gesto cansado y se puso en pie con algo de dificultad. Realmente, era una herida incómoda: en su nalga derecha, la punta del kunai le había hecho daño y si quería recuperarse pronto debía guardar unos cuantos días de reposo. La miró y le pidió de nuevo que se acercara.
Sakura no se esperaba que él accediera. Así que mientras él se levantaba, ella solo miraba, preguntándose en qué momento la echaría de la habitación. No se movió cuando él le pidió que se acercara. Se estaba preguntando si de verdad le permitiría que lo atendiera y si de verdad le había pedido que se acercara.
Neji suspiró. Andaba una yukata larga y sin dejar de mirarla desaprovechó la faja que sostenía su pantalón. Sakura estaba tan atolondrada que ni siquiera notó la sexualidad de la escena. Después, él se giró lentamente y le dio la espalda. Se sostenía el pantalón a la altura de medio muslo.
Sakura se acercó con un saltito nervioso. Podía ver la piel de los muslos de Neji entre la yukata larga y el pantalón que se había bajado. Tenía los ojos clavados en el pedacito de piel que se podía entrever... y su cabeza divagaba por senderos peligrosos. ¿Cómo era posible que un trocito de piel- tan blanca y apetitosa- la pusiera tan nerviosa?
La sensualidad de la escena desapareció cuando Neji se levantó un poco la yukata y ante los ojos de Sakura apareció un enorme vendado que iba desde el muslo hasta la espalda baja. Sakura pensó en algo parecido a un pañal, pero no se atrevió a terminar la idea. Fue solo una rapidísima idea que involucraba un pañal y a Neji.
Sakura se sentó en la cama, porque temía que sus rodillas le fallaran, y retiró las vendas rápidamente. Cuando los muslos quedaron expuestos, solo eso, porque Neji bajó otra vez el yukata para taparse sus nalgas, Sakura dejó de respirar… y, de repente, hacía mucho calor en la habitación.
Sakura tardó solo un segundo en reaccionar: levantó un poco la yukata y vio como el muslo de Neji se tensaba. Su mano tembló un poco al acercarse para ejecutar el jutsu de sanación, pues tenía un impulso enfermo por acariciar la piel. Cerró los ojos por tres segundos para concentrarse, e ignoró la piel suave y blanca del trasero del muchacho, o al menos, de la parte que podía ver, y con cuidado cerró la herida producida por los kunais.
Trató de concentrarse en cualquier punto que no fuera ni la curva del bien torneado trasero ni el inicio de sus piernas fuertes. Cuando terminó, se puso de pie de un salto y deseó que la sangre dejara de acumularse en sus mejillas.
—Puedes irte—la voz de él la sacó de sus pensamientos.
Ella se tropezó con una mesa cuando inició su loca carrera hacia la salida, pero ninguno de los dos dijo nada.
Muchas gracias por llegar hasta acá. Espero se hayan divertido :)
Un millón de gracias a las chicas que comentan: son geniales y sus palabras me hacen muy feliz. Espero que este pequeño episodio les haya gustado.
En el próximo, Neji descubrirá que Sakura tiene algunos compromisos que le dificultan sus planes con ella.
Las invito a contarme qué les pareció este pequeño episodio y el trasero de Neji. De verdad, sus palabras son muy importantes y se las agradezco :D
¡Un beso!
