Saint Seiya pertenece a Kurumada y Toei...

N/A: Konnichiwa!

Arigato por sus reviews y bienvenidos los que se han sumado a mi historia...

Please, déjenme sus comentarios que en verdad me animan ^.^

AMOR PROHIBIDO

Capítulo IV

-Saori, yo... te amo.

Las palabras del peliverde resonaban en la mente de Saori, quien no podía creer lo que escuchaba.

-Shun yo...

-No digas nada. No vine aquí para pedirte una oportunidad, solo necesitaba que supieras lo que siento por ti. Además, hay algo más que debo decirte... -habló, para luego mantenerse en silencio, con la mirada fija en ella, deseando que aquella revelación, que estaba totalmente dispuesto a hacerle, no la alejara definitivamente de él. Ella se mostraba confundida ante aquel momento de silencio que, a pesar de ser de solo unos segundos, les pareció una eternidad a ambos. -En verdad espero que confíes en mí después de esto...

-Shun, yo nunca dudaría de ti ni de ninguno de mis caballeros -dijo Saori, intentando tranquilizarlo, pues sintió la perturbación de su cosmos.

"Eso espero", pensó Shun.

Saori, totalmente sorprendida, vio como el magenta cosmos de Shun comenzó a brillar de forma tenue, rodeándolo una suave brisa que elevaba sus cabellos con suavidad, mientras mantenía los ojos cerrados. Ante su mirada impactada, el color de su cosmos fue cambiando de tono hasta convertirse en uno rojizo oscuro al igual que su cabello. Al abrir sus ojos, aunque aún tenían el mismo color esmeralda, estos estaban sin brillo, como con la mirada muerta.

-N-no puede ser... -musitó Saori. La impresión era tal que sus ojos estaban muy abiertos y se había llevado las manos a su boca.

Shun permaneció sentado, observando sus reacciones y rogando porque su decisión de revelarle su gran secreto no hubiera sido una mala decisión.

-No debes temer -dijo al fin.

-Pe-pero… eres…

-¿Hades? No, no soy Hades, aún soy Shun. Sin embargo, él sí vive dentro de mí.

-Pero se supone que él está muerto…

-Sí, su cuerpo está muerto. Por lo mismo, volvió al mío -reveló con tristeza, desviando la mirada y cerrando los ojos con fuerza, demostrando su impotencia ante tal situación. -Esto es muy difícil para mí Saori, pero me gustaría que te quedara claro que él no tiene dominio sobre mi cuerpo ni sobre mis decisiones, solo vive dentro de mí…

-Entonces, como me explicas el cambio en tu apariencia…

-Eso… bueno, es la parte activa de su cosmos que al fusionarse con el mío me da esta apariencia. Pero, aun así, puedo asegurarte que él ya no tiene la fuerza para apoderarse completamente de mi cuerpo -volvió a mirarla y ella pudo ver cómo sus ojos habían vuelto a ser esas hermosas esmeraldas que le atraían con fuerza, al igual que su cabello había vuelto a la normalidad. -Solo espero que confíes en mí, Saori… yo nunca te lastimaría.

La hermosa joven pelilila, admirada de la fuerza y la confianza que había demostrado él, se llenó de valor para acercarse finalmente. Con paso seguro llegó hasta quedar frente al peliverde y se arrodilló, tomando sus manos entre las de ella. Shun no podía creer lo que estaba haciendo y aún más sorprendido pudo ver unas lágrimas deslizarse por sus mejillas.

-No puedo saber el sufrimiento que has pasado, ni la culpa que debes haber sentido al enterarte de tu situación. Perdóname por no darme cuenta de lo que estaba pasando. Como la diosa que soy debí suponer que algo así podría suceder -Saori alzó su vista, quedando ambos mirándose fijamente. -No debes temer nada más, Shun. Yo confío en ti, al igual que en tus compañeros. Nada puede cambiar la fe que tengo en mis caballeros y ahora, especialmente en ti. Si me has revelado esto es porque sabes que es algo que no me dañará y que tienes el control para manejarlo.

Shun no podía creer lo que estaba escuchando. ¿En verdad confiaba en él? Sentía una felicidad enorme brotar de su corazón. Verla ahí, de rodillas ante él, con sus suaves manos tocando las suyas y percibir el rastro de las lágrimas que había derramado por él, lo conmovió demasiado y sin control sobre sus emociones, se arrodilló junto a ella, abrazándola con fuerza.

-Gracias, Saori -dijo, a la vez que unas rebeldes lágrimas salían de sus ojos -Gracias, Atenea -volvió a decir. La soltó un momento, para acercar su rostro a las manos de ella, besándolas con devoción.

El momento era en verdad mágico. Pero, el recuerdo del beso que se habían dado en el bosque cruzó sus mentes en el instante en que sus ojos volvieron a encontrarse. El deseo intentó apoderarse de Shun nuevamente, quien descendió su vista hasta los rosados labios de ella quedando prendado de ellos, al verlos húmedos y levemente separados, esperando ansiosos a ser besados. Al notar el cambio en su mirada, Saori, se sintió agitada, comenzando a respirar más aceleradamente, confundida aún por sus emociones, pero tentada de sentir esos cálidos labios sobre los suyos.

Para comprobar si ella deseaba lo mismo, Shun alzó su mano y rozó su mejilla, logrando que ella cerrara sus ojos para disfrutar su caricia. Y esa señal fue suficiente para él. Con osadía se acercó a su rostro y volvió a besar sus labios son suavidad. Ella simplemente dejaba que él hiciera lo que quisiera, pues el placer que le brindaba era increíble. Fue profundizando su beso, abriendo su boca y entrelazando su lengua con la de ella, bebiendo de su néctar, mientras fue descendiendo con atrevimiento su mano de su mejilla hacia su hombro, acariciando su espalda, atrayéndola hacia su cuerpo. Inconscientemente, solo dejándose llevar por el instinto, la recostó con delicadeza sobre el suelo sin dejar de besarla, adueñándose de su boca y aprisionando su cuerpo. Dejó de besarla en la boca, para comenzar a deslizar sus cálidos labios por sus mejillas llegando a su cuello, escuchando unos suaves gemidos que salían de los labios de ella, lo que aumentaba su deseo. Con inquietud, su mano se deslizó para acariciar tentadoramente sus dedos, la palma de su mano, su brazo, su hombro, con tal suavidad que ella sentía pequeñas descargas eléctricas correr por su cuerpo llenándola de placer y deseo. Cuando estuvo a centímetros de acariciar su pecho, Shun sintió un rayo de cordura atravesar su cabeza y abrió sus ojos, apartando su boca y su mano del cuerpo de Saori al mismo al tiempo.

-Lo siento. No debía hacer esto… perdóname, es que me dejé llevar –dijo un tanto avergonzado, sentándose a un costado.

-No debes pedir disculpas por algo que ambos deseamos hacer -reveló Saori aun sonrojada y agitada después de ese apasionante beso y de las tentadoras caricias.

Shun se sorprendió de sus palabras, intentando procesar bien lo que estaba pasando en esos momentos. Todo lo que había soñado durante cuatro años, se estaba haciendo realidad. Y era inmensamente feliz. Pero no podía abusar de la situación, así que, en contra de los deseos de su cuerpo, se puso de pie y ayudó a Saori a levantarse.

-Soy feliz de saber que confías en mí a pesar de lo que te he revelado. Nunca olvides que te amo, Saori y jamás dejaré que te pase algo malo -le dijo, acariciando su mejilla. -No puedo aprovecharme de esta situación, pero quiero que sepas que lucharé por tu amor de igual a igual con Seiya. Si es necesario se lo diré directamente. No me gusta actuar a sus espaldas.

Saori quedó impactada de su resolución, la que se veía afianzada en el brillo de sus esmeraldas. Sintió un poco de temor de que Seiya se enterara de lo que estaba ocurriendo, pero también consideró que era lo correcto que supiera la situación. Shun era todo un caballero y a cada momento la sorprendía con sus acciones. Sabía que podía creer plenamente en él.

-Haz como tú prefieras. Yo confío en ti -le dijo sonriendo. -Me ha sorprendido tu personalidad y me intriga conocerte, Shun. ¿Siempre fuiste así y yo nunca lo ví?

-Tenemos tres meses para que me conozcas y después podrás decidir con base. Solo espero que Seiya no se disguste mucho por esto -le preocupaba la reacción de su amigo.

Mientras tanto, Miho veía caminar a Seiya de un lado a otro de la habitación de su departamento. Había llegado furioso, pero en silencio… lo conocía lo bastante bien para saber que eso que tenía atravesado era algo relacionado con su novia.

-Seiya, cálmate, por favor.

-Estoy seguro que me está engañando…

-¿Quién? ¿Saori? –preguntó incrédula de lo que su amigo decía.

-Sí, Saori. Y tengo mis sospechas de con quién es…

-Seiya… creo que bebiste demasiado.

-Claro que bebí demasiado. ¿Acaso no lo harías si supieras que te engañan? –le recriminó mirándola con rabia. Recién en ese momento se dio cuenta que era tarde. Miho llevaba puesta una camisola de dormir de seda color perla, la que se ajustaba a su figura y tenía su cabello suelto. -¿Qué hora es?

-Ah, hasta que te das cuenta de que me sacaste de la cama. Son casi las doce de la noche…

-Perdón, Miho. No sabía adónde ir…

-No te preocupes. Tú sabes que siempre puedes contar conmigo.

-Creo que es demasiado tarde…

-Sí, ya te dije que son casi las doce.

-No me refiero a eso. Creo que ya perdí a Saori.

-¿Por qué piensas eso?

-Hoy se negó a que estuviéramos juntos y me pidió un tiempo… Estaba tan enojado que le dije que dentro de tres meses debía decidir si seguir conmigo o no.

-¿Terminaron?

-Algo así… estoy destrozado –reconoció, dejándose caer en un sillón de la sala.

Miho no podía creer lo que acababa de decir Seiya. Siempre había soñado en el día que él ya no tuviera novia para poder al fin confesarle su amor. Pero, nunca pensó que ese día llegaría. Imaginó que su amor sería platónicamente eterno. Ahora, tenía tres meses para conquistarlo sin sentirse una traidora. Tragó saliva para calmar los nervios que amenazaban con apoderarse de ella y se acercó con paso firme hasta su amigo. Se sentó a un costado de él y pasó su brazo por sus hombros, atrayendo su cabeza hacia su pecho, acariciando sus cabellos para consolarlo. Seiya se recostó y disfrutó de sus caricias, sintiendo un alivio a sus emociones. Pero, de pronto prestó atención a Miho y sintió el latir acelerado de su corazón y el calor de su piel que traspasaba la delgada tela de su camisola. Unos leves temblores en sus manos alertaron al joven.

-¿Estás bien, Miho?

-Sí. ¿Por qué?

-Siento tu corazón acelerado y tus manos tiemblan… ¿no estarás enferma? Perdóname por molestarte –el castaño hizo el intento de ponerse de pie, pero ella no se lo permitió, tirando de su brazo para que se quedara a su lado. Seiya la miró sorprendido de su actitud, pero pensó que lo hacía porque le preocupaba su situación. Se detuvo un momento a mirarla y pudo ver sus mejillas adornadas con un tono carmesí. –Tienes fiebre –dijo poniendo su mano en su frente.

-No estoy enferma, Seiya. ¿Por qué crees eso?

-Tu cara está caliente. ¿Estás segura que no estás enferma?

"Eres tan ingenuo… pero eso es lo que más me gusta de ti", pensó con cariño Miho.

-Estoy segura. No te preocupes por mí. ¿Te gustaría comer algo? –preguntó para distraerlo.

-No quiero abusar de tu amistad.

-¿Que te parecen unos tamagoyakis?

-Sabes que me encanta como tú los preparas.

-Vamos a la cocina entonces.

Seiya llegó cerca de las dos de la madrugada a la mansión esperando no tener que encontrarse con nadie. Pero, para su mala suerte, vio sentado en las escaleras hacia su dormitorio justo al causante de su distanciamiento con Saori. Al menos eso creía él y deseaba confirmarlo lo antes posible.

-Shun – dijo con enojo en su voz.

-Seiya, te estaba esperando. Es necesario que hablemos…