Cap.3 Primera Pelea
Estaba entrenando con Marco en la sala de entrenamiento, tal como lo había hecho todos los días durante estos seis meses, era un largo tiempo el que pasaba aquí, pero me servía mucho, ya que quería ser igual de fuerte y buena luchadora que cualquiera en este lugar. -Y a pesar de que ya era de noche no me sentía cansada de estar entrenando con él, al contrario, eso era porque estaba obteniendo hábitos de vampiros.-
Estábamos en eso, cuando se escuchó un gran estallido en la entrada del castillo. Era el ruido producido por una puerta siendo derribada. Eso no era para nada una buena señal. Marco salió corriendo hacia la sala de tronos sin decir nada y yo lo seguí también en silencio, todos estaban ya en la sala reunidos cuando nosotros llegamos. Era obvio que algo grave estaba pasando, para que estuvieran así, se notaba en sus rostros la preocupación, era como si no estuvieran bien preparados para eso. O al menos esa apariencia es daban.
-¿Qué paso hermano?-dijo Marco acercándose a los tronos.
-Son hijos de la luna-respondió Aro mientras miraba atentamente a todos los presentes en la habitación.
Todos se tensaron al instante, y por lo tanto el rostro de cada uno estaba rígido, pero el más preocupado de todos, era Cayo, era como si tuviera un pánico mayor con respecto a lo que Aro había dicho. No entendía porque él se comportaría de esa manera.
Jane dio un paso al frente.
-Pero ¿Qué quieren? No estábamos en paz con ellos desde hace tiempo, por lo mismo dejamos de atacarlos, había un trato-dijo alzando la voz, la cual hizo eco en la sala, y miro a Aro.
- Pues sí, se suponía pero lo han roto y obviamente no tienen la mínima intención de estar en paz con nosotros-respondió levantándose de su trono.
-Pero ¿Por qué quebrantaron el trato?-pregunto Felix.
Aro me miro y después suspiro. Ahí fue cuando supuse que yo tenía que ver en eso, así que desvié la mirada de Aro, sintiéndome avergonzada.
-Vienen para evitar que tengamos a Renesmee, piensan que así seremos más poderosos y eso no les conviene, ya que parte de nuestra misión es exterminarlos-miro a Cayo significativamente-, tenemos que destruirlos a todos antes de que se acerquen a Renesmee y la dañen-. Toda la guardia salió, excepto unos cuantos que se quedaron para proteger a los amos, sus esposas y también a mí, ya que era a quien querían los licántropos.
–Renesmee tu quédate aquí-sentencio con firmeza Sulpicia, a lo que yo solo asentí.
Marco se acercó a mí y se mantuvo a mi lado alerta, como si estuviera preparado para defenderme de cualquiera que intentara acercarse a mí. Yo estaba preocupada solo aparentaba alrededor de ocho y nueve años, y por lo mismo no sabía pelear muy bien, había sido entrenando, cierto, pero eso no significaba que pudiera defenderme de algún licántropo como ellos podían hacerlo, y mucho menos, defender a alguien más. Esto podría no salir nada bien si ellos no lograban detenerlos, antes de que se adentraran más en el castillo, si lograban entrar aquí, a la sala de tronos, todo estaría acabado.
Marco me miro y tomo mis manos.
-Pequeña, si ellos llegan a entrar aquí y nos atacan, corre. No te detengas por nosotros, que solo te importe estar a salvo. Sé que te preocupamos pero en ese momento no te debe importar, estaremos bien.-dijo con un deje de desesperación en su voz.
Lo mire atónita ante su petición.
No sé cómo me podía pedir eso, era algo absurdo, la verdad. No podía dejarlos aquí y menos si estaban luchando por mí en algo que yo había provocado. No era justo, para nada. Ellos venían por mí y todos debían defenderme mientras yo huía como una cobarde. Eso no, podía pedirme que hiciera varias cosas, pero eso no podía hacerlo.
-Pero no puedo dejarlos así, amo…-él me miro y negó con la cabeza impidiéndome el seguir hablando.
-Prométemelo. No lo hagas por ti, hazlo por todos los que te queremos. Por favor Renesmee, te lo pido-me miro suplicante.
Su mirada y tono de voz no me dejaban negarme, no quería desobedecerlos además de que el ya influía en mi un poco de autoridad, todo eso porque él era como un padre para mí además de ser mi amo, o jefe, por llamarlo así, ya que era parte de la guardia Vulturi y debía obedecer órdenes de los amos. Así que asentí una sola vez, en respuesta de que si lo haría, que obedecería sus órdenes, aunque no fuera mi voluntad. Él sonrió y miro hacia la puerta con la misma postura defensiva, esperando el momento en que los licántropos entraran a la sala. Él sabía que pasaría eso, por lo mismo me pidió el que huyera. Quería protegerme.
Pasaron unos minutos –muy lentamente, porque parecían una eternidad- donde solo se escuchaban rechinidos, gritos, gruñidos y cosas como esas, que eran típicas en una pelea, mientras que en la sala solo reinaba el silencio, uno incómodo y lleno de tensión, era la única carga que se sentía en aire, el ambiente pesado.
Todo se estaba volviendo un poco más violento allá, entre más tiempo pasaba, y comenzaba a oler un poco a fuego revuelto con un olor desagradable –a licántropo, no podía ser otra cosa, su olor era así- y también a algo dulce e hipnotizan té a la vez, lo cual en parte no era muy buena señal para ambos lados, ya que significaba que ambas partes estaban perdiendo a miembros de su grupo.
Instantes después se comenzaron a escuchar unas fuertes pisadas en dirección hacia aquí, todos sabían que pasaría, lo notaba en sus pálidos rostros, cada uno aquí presente en la habitación tomo una postura defensiva, mientras que pisada de los licántropos nos aclaraba más su desagradable olor y nos decía que esto no terminaría muy bien.
Entonces, quince licántropos entraron por la puerta violentamente, haciendo que la gran puerta cayera cada parte al suelo quedando casi destrozadas por completo, consecuencia del impacto; los tres chicos de la guardia que se quedaron con nosotros por si algo pasaba, fueron a atacarlos de prisa, antes de que se acercan más a nosotros, pero eran demasiados los licántropos y ellos no alcanzaban a controlarlos a todos.
Su lucha se estaba llevando a cabo en peleas de uno a uno, por lo tanto quedando algunos sin hacer nada, los doce licántropos que no estaban peleando con los chicos se acercaron a los amos y sus esposas en plan de atacar, –quedaba de más pensar que harían otra cosa- con pasos lentos pero fuertes y decididos, los amos y sus esposas se adelantaron a la defensiva impidiéndoles avanzar más a mí -me encontraba detrás de ellos-.
Su plan era que no se acercaran a mí, pero aun así quedaban siete licántropos sin tener con quien pelear, -su pelea también era uno a uno, al parecer los licántropos eran muy fuertes- los cuales me miraron amenazadoramente y sonrieron ampliamente al notar que estaba desprotegida; era más que obvio lo que pensaban hacer y en cuanto vieron la oportunidad exacta, se abalanzaron sobre mí.
Tumbe una pared de la sala y salí corriendo hacia el bosque que estaba en la parte trasera del castillo-bueno de la parte secreta trasera que solo se utilizaba muy pocas veces y no por todas las personas del castillo- a toda la velocidad que me era posible, no podía dejar que me alcanzaran. En primero porque de nada servía que me agarraran aquí, no podía defenderme bien, teníamos que estar al mismo nivel, es decir, tenía que saber que haría, debía pensar en algo así como un plan de ataque, además de que había prometido que no dejaría que me hicieran daño y que huiría de la sala si entraban ahí. Y así lo haría.
Seguía corriendo cada vez más rápido, pero aun así eso no cambiaba las cosas mucho. Los licántropos me seguían muy de cerca, a una gran velocidad obviamente, pero no tan rápida como la mía; se notaba que en realidad querían desaparecerme, era como si yo fuera su enemigo número uno en todo el universo, ya no existían solo sus enemigos los vampiros, estaba yo encabezando la lista.
No veía el peligro que les causaba yo, no era nada importante, podían hacer un trato más y ya, no debíamos de ser enemigos mortales por siempre, eso podía cambiar, pero según veía -entre más tiempo corría tratando de huir- ellos ni siquiera verían eso como una opción. Todo porque el trato que tenían con los Vulturi de mantener la paz entre ellos, lo desecharon al enterarse de que yo estaba en la guardia, porque me consideraban una amenaza- algo que no entendía-. Yo era el único problema en todo esto, al parecer.
Después de un rato de estar corriendo lo más rápido que podía porque mi fuerza no daba más, me estaba cansando –además creo que había salido de Volterra ya, porque no reconocía el lugar para nada-, entonces comencé a perder un poco de vista a los Licántropos y para perderlos más se me ocurrió zigzaguear entre los árboles para marearlos un poco. Me parecía un buen plan.
Después de un tiempo llegue a pensar que los había arre basado con muchos metros, incluso hasta kilómetros, porque ya no los de visaba ni siquiera a lo lejos, y entonces baje un poco la velocidad tranquilizándome un poco, creyendo que me encontraba fuera de peligro, pero de pronto uno me alcanzo saliendo de entre los arbustos de mi izquierda y se abalanzó salvajemente hacia mí.
Lo tome del pecho antes de que me cayera encima y lo arroje unos cuantos metros lejos de mí, dándome tiempo de ponerme en posición de ataque. Él se levantó después de haberse sacudido un poco, y comenzó a rondarme en forma de círculo, yo no desapartaba la vista de él, esperando el momento en que me atacara y así poder comenzar a luchar con él, y tener la ventaja de la defensiva.
Él se cansó de dar vueltas a mí alrededor y se detuvo abalanzándose de nuevo hacia mí. Luche un poco con el –lo mejor que pude hacerlo ya que no sabía mucho de técnicas de pelas apenas estaba aprendiendo un poco-, pero él era demasiado grande y fuerte, al menos para mí, después de un tiempo, cuando sentí que me estaba ganando lo mire fijamente deseando que desapareciera o me dejara en paz, que algo le hiciera daño y me diera tiempo de huir o planear algo.
Y en cuanto pensé eso él se me alejo de mi aullando horriblemente, y empezó a retorcerse del dolor en el suelo, era como si alguien lo estuviera torturando fuertemente, parecía como si estuviera quemando por dentro, ya que por fuera no tenía fuego por ningún lado, no dejaba de mirarlo, simplemente mantenía la vista fija en él.
De principio quede atónita y no reaccione por estarlo observando, pero después de unos cuantos segundos de eso, reaccione que tenía una ventaja –al menos por ahora- y decidí hacer algo; comencé a despedazarlo lo más rápido posible. Era como si él no sintiera nada gracias a que el dolor que ya tenía era más fuerte y cuando arranque su última pierna el cayo en silencio cesando con sus gritos de dolor y supuse que había muerto –parecía absurdo pensar que no lo estaba- y sin despedazarlo más amontone todas las partes en un las raíces de un árbol grande.
Le prendí fuego con un encendedor que tenía en la bolsa, uno que me había dado Marco hace un tiempo atrás, quería hacer eso antes de que algo pasara y él se pudiera rearmar o algo parecido–tal como los vampiros lo hacen si no son incinerados en seguida de ser despedazados- no sabia todo sobre estos seres . Cuando le hube prendido fuego me sentí más tranquila, y pude sentarme al lado de este, normalizando mi respiración, y de paso, los latidos de mi corazón.
Estaba observando el fuego, veía como el licántropo se convertía en cenizas lentamente, y desaparecía con esas cenizas el daño que podría hacerle a alguien, y de repente comencé a pensar que es lo que había pasado para que él se retorciera de dolor así, recordaba esa forma de dolor de alguna parte, y cada vez que lo pensaba más segura estaba de eso, pero no sabía de donde exactamente, no lo podía localizar.
Estaba razonando eso, tratando de identificar de donde conocía ese tipo de dolor, cuando llegaron cuatro licántropos –había olvidado por completo que quedaban varios aun a los cuales había perdido cuando corrí entre los árboles y que al parecer me habían encontrado en este descuido- estos se detuvieron ante las llamas asombrados, y así continuaron por unos instantes mirando el fuego y captaron el olor del licántropo.
Sabía lo que pasaba por su mente perfectamente cuando esto sucedió, es decir, estaba al tanto de lo que pensaron al saber a su compañero muerto y ya incinerado por mi mano, por una hibrida, y por demás una Vulturi, eso no les agradaría jamás. Los mire y ellos me mostraron sus grandes colmillos, después se abalanzaron hacia mí, con más coraje del que ya me tenían, si es que eso pudiera ser.
Me levante en seguida, huyendo de ahí.
Corrí tratando de perderlos de vista otra vez, al menos para que me dieran tiempo de pensar que hacer o de donde esconderme, porque si me costó trabajo deshacerme el primero –siendo uno- ahora que son más seria mucho más difícil para mí y obviamente más fácil para ellos, tenía que idear algo, pero nada venía a mi mente.
Lo único que seguía haciendo era correr y correr, era lo que único que podía hacer, no se me ocurría algo más para deshacerme de los licántropos. Pero ellos eran -como ya lo había notado- muy rápidos y no me perdían de vista, sin importar a la velocidad a la que iba, pero no podía ir más rápido porque estaba cansada.
Pero para mi suerte, todo paso tal como con el primero, y al hacerlo sentí como un tipo de deja vu, todo fue muy similar. Es decir: otra vez me alcanzaron en un breve instante, y después de eso peleamos un rato –aunque esta vez fue un poco más difícil ya que eran más licántropos- yo los arrojaba con toda mi fuerza lo más lejos de mí, pero cuando uno estaba en el suelo en otro me atacaba, esto parecía algo sin fin.
Pero después los mire concentrándome y otra vez deseando lo mismo que con el primero y se quedaron en el suelo retorciéndose de dolor,-algo que no entendía para nada, pero me servía y agradecía que estuviera pasando- aproveche tal como la otra vez y comencé a despedazarlos uno por uno, solo que ahora empezaba por la cabeza por si este efecto de lo que fuera que estuviera sucediendo se acababa, y ellos volvían a la normalidad.
Cuando casi terminaba de hacer esto, me refiero a despedazarlos, otro llego por atrás de mi –siempre olvidaba que faltaban algunos, me habían seguido siete desde el castillo y solo llevaba cinco, eran demasiados- y se lanzó hacia mi rápidamente, y después mordió mi pierna izquierda.
Sentí un gran dolor y después sentí como un poco se sangre comenzó a brotar en mi pierna, pero no dejaría que eso me venciera, era solo un significante detalle, y debía de acabar con el licántropo antes de que él lo hiciera conmigo. Así que deje lo que estaba haciendo y me levante; de una patada lo arroje lejos de mí, el cayo del otro lado del prado derribando un árbol, y por el golpe quedo algo inconsciente, o por lo menos confundido, lo cual use a mi favor para terminar de despedazar a los licántropos.
Mi plan era huir en cuanto quemara los restos de los licántropos y que todo eso sería antes de que el licántropo despertara, porque pensaba dejarlo ahí, pero no fue así. El licántropo se levantó justo cuando termine de despedazar a los licántropos –que oportuno-dejándome sin tiempo de quemar los restos, y se sacudió un poco recobrándose completamente del golpe.
Saque el encendedor rápidamente de mi bolsa trasera, y levante la tapa que tenía, decidida a quemar los restos soltando el encendedor en alguno de los cuerpos, pero en eso el licántropo se volvió contra mí de nuevo arrojándome al otro lado del prado, rápidamente me levante y llegue a su lado de nuevo dándole un golpe en la cabeza, él se cayó al suelo a unos pocos metros de mí.
Cuando él estaba listo para atacarme de nuevo, apareció Alec de entre los árboles y el licántropo se abalanzó sobre él olvidándose de mi, ambos comenzaron a luchar muy violentamente, era como si un odio existiera ahí aparte de querer ganar la pelea –y lo de ser enemigos mortales- se notaba en el aire, lo sentía. Se podía decir que era una pelea algo pareja, es decir ambos tenían la misma fuerza ya que Alec no podía usar su don mientras luchaba tenía que estar tranquilo y concentrado y al estar luchando no podía lograr eso, entonces eso significaba que podía perder cualquiera de los dos y deseaba con todo mi corazón, que no fuera Alec.
Todo seguía así mientras yo me acercaba a los restos de los licántropos lo más cautelosamente posible para no dar oportunidad que el licántropo se olvidara de Alec y se abalanzara sobre mí, y además quería encenderle fuego a los licántropos. Tome el encendedor que se me había caído cuando el licántropo se abalanzo sobre mí, del pasto en un ágil movimiento. Cuando de la nada salió otro más de entre los árboles y ataco a Alec también.
Ya había captado su plan, era deshacerse de él para después seguir conmigo. Primero el rival mas fuerte, dejando a mi al final como postre. Esto se había convertido en una gran pelea, y por demás injusta, porque eran dos contras uno, eso no les daba las mismas oportunidades, la pelea estaba llena de gruñidos y gritos de desesperación, más que la primera vez –antes de que el otro licántropo llegara-.
Observe sorprendida su pelea porque no entendía como pero los licántropos comenzaron a ganarle a Alec. Esto no era razonable, Alec era el mejor luchador de la guardia Vulturi, no sé cómo dos tontos licántropos podía estarle ganando, esto no podía ser posible. Un licántropo mordió el pecho de Alec y este cayó al suelo muy débil y lastimado, al parecer venial algo herido de la pelea de dentro del castillo. La imagen de él sufriendo de esa manera me enojo mucho, nadie le haría daño a Alec mientras pudiera evitarlo, me acerque a él licántropo que lo había mordido –decidida a acabar con él a cualquier precio- y lo lance hasta el otro lado del prado, levante a Alec con algo de esfuerzo y él se miró su camisa desgarrada por la mordida, y a la vez su pecho.
El licántropo se sacudió y volvió hacia nosotros, Alec y yo alzamos la mano para empujarlo pero él nos mordió al mismo tiempo que nosotros hicimos eso, y quedo el atrapando parte de mi brazo derecho y parte del izquierdo de Alec, mordiéndonos en la muñeca, causándonos dolor, entonces lo mire molesta deseando que muriera de repente sin previo aviso o algo así, cuando de la nada el licántropo nos soltó cuando su hocico se abrió sin mas, y acto seguido cayó al suelo inconsciente.
Alec me miro sorprendido, él estaba igual que yo, no entendíamos que es lo que estaba pasando, pero reacciono en un instante y despedazo al licántropo, mientras que el otro huyo –el que había dejado de atacarnos desde que arroje al otro hacia el extremo opuesto del prado-.
Fruncí el ceño pensando en el licántropo que se había escapado de nosotros, era un cobarde, pero las pagaría. Mire a Alec que seguía despedazando al licántropo que nos lastimo y después salí de ahí corriendo, en busca del licántropo que se escapó. No sería tan difícil porque su olor era muy notorio y a la vez desagradable.
En cuestión de segundos ya tenía a mi vista al licántropo, el trataba de aumentar su velocidad pero no podía hacerlo más, en cambio yo si lo estaba haciendo. Salte hacia un árbol y después di otro salto, pero esta vez cayendo en frente del licántropo, este se detuvo y retrocedió un paso.
-No te vayas no he acabado contigo-dije mirándolo a la vez que mi voz sonaba mas dura de lo que jamás lo había hecho.
Él se abalanzo sobre mí en cuanto dije eso, y esta vez no me lo pude quitar de encima. Estaba luchando por quitármelo cuando su gran rostro peludo quedo sobre el mío y abrió su gran boca mostrándome sus colmillos, detuve su rostro entre mis manos, y en eso el dejo de moverse y sentí como su mirada penetraba en la mía. Es decir sentía su mirada fija en mis ojos, por lo que le devolví la mirada.
Y al ver sus grandes ojos grises, me hizo sentirme…no sé cómo. Era como si de alguna manera no quisiera hacerle daño.
Solté sus rostro sin dejar de mirar sus ojos y él seguía quieto sobre mí, pero también sin apartar la mirada de mis ojos. De repente se alejó de mí y corrió a esconderse detrás de un árbol. Sentía su presencia detrás del arbusto, y me levante para ver que hacia el ahí. Me acerque poco a poco al arbusto y antes de que yo llegara a él, salió de ahí un muchacho, tenía ojos grises, el cabello negro como la noche y una piel blanca, no pálida como la mía, pero si blanca. Sus labios eran rojos, muy rojos a decir verdad. Él me miro de pies a cabeza y después medio sonrió.
-Nos vemos pequeña-dijo con una media sonrisa curvando sus labios y saliendo corriendo de aquí en su forma humana.
Ni siquiera me preocupe en seguirlo, su actitud me había dejado atónita y más que nada confundida. Sacudí mi cabeza como si así pudiera sacar de mi mente eso. Después suspire y corrí de regreso a donde estaba Alec, de seguro noto que seguí al licántropo.
Cuando llegue Alec prendiéndole fuego a los restos del licántropo que lo mordió, mientras que yo me acerque a los restos de los licántropos que había despedazado antes de su llegada. Saque el encendedor del bolsillo de mi pantalón y le prendí fuego a los restos. Después de eso volví a guardar el encendedor en mi bolsa trasera. Por fin habíamos acabado con estos licántropos, bueno todos excepto el que se había comportado de manera extraña conmigo hace unos momentos, pero a pesar de eso, el haber acabado con estos otros era un gran alivio, y el ver a Alec aquí supongo que ellos ya habían acabado con los que estaban en el castillo, eso me tranquilizaba un poco.
Al terminar de quemar los restos, me senté en el suelo sujetando mi brazo derecho –esa mordida me dolía más que la de la pierna y también estaba sangrando-, mientras tanto miraba hacia la nada tratando de ignorar un poco el dolor, de hacerme la fuerte, no debía mostrarme débil, nadie se veía de esta manera en la guardia, y no podía ser la más débil del grupo, todos resistían, lo veía, especialmente Alec en este momento.
Estaba pensando en esto cuando note que el termino, y lo mire mientras se acercaba, pero cuando estaba a un metro de mí se quedó completamente paralizado y retrocedió unos cuantos pasos. Pude notar algo raro en él, como si su cuerpo se hubiera tensado por algo, o al menos eso pensaba. Lo mire fijamente y comprobé mi pensamiento.
Si, así era, él se había tensado. Pero… ¿Por qué?
-¿Estás bien Rene?-dijo preocupado y un tanto nervioso pero sin acercarse a mí.
-Eso creo –respondí tratando de ignorar el dolor de las mordidas. Lo mire y vi que en su rostro había algo de ¿dolor? No entendía eso, como tampoco por qué no se acercaba a mi.- Acércate Alec.
Él me miro y negó con la cabeza, incluso se giró dándome la espalda, era algo que no terminaba de entender. ¿Por qué no se acercaba? ¿Qué pasaba? Me levante con algo de esfuerzo y trate de acercarme a él, pero Alec se alejaba un paso de mi entre más me acercaba yo. Era obvio que quería estar lejos de mí, pero no entendía porque. Y entre más trataba de acercarme el más se alejaba. Me estaba volviendo loca su comportamiento. Tal vez me culpaba de lo que le paso con los licántropos, todo por haberme defendido. Tal vez estaba arrepentido de eso.
-¿Me puedes decir que haces?-pregunte algo irritada.
-Lo siento, pero…no puedo. No puedo hacerlo-dijo con voz entrecortada, tal como si le costara respirar. Algo completamente ilógico.
-¿No puedes hacer que cosa?-lo mire confundida.
-El olor de tu sangre, es una tentación para mí, más que el de ninguna otra persona-cerro sus manos en un puño –no me había dado cuenta, tu olor se me hacía muy dulce e irresistible, incluso ese olor me fascinaba, llegue a pensar que era porque tú eres solo mitad vampira, y que es algo particular de tu olor por naturaleza, pero nunca pensé que fuera porque eres mi…-
-…Tua cantante –complete su oración.
-Si. Pero no quiero hacerte daño, no creas que yo….voy a…amm-cerro los ojos.
-No te preocupes sé que no lo harías, -cerré los ojos y me di cuenta si quería estar cerca del ahora, debería limpiar la sangre de mis heridas- en seguida vuelvo. Espérame, no te vayas. Por favor- lo ultimo fue una suplica en un murmuro, pero el escucharía de igual manera.
Abrí los ojos y note como el asintió.
Corrí hasta el riachuelo más cercano dejándolo solo en el prado. Había visto este riachuelo cuando corría hacia acá huyendo de los últimos licántropos que me habían seguido de los cuales se había escapado solamente uno, y se puede decir que fue por mi voluntad, ya que no puse impedimento alguno para que no se fuera, a pesar de que tenía una gran ventaja sobre el.
Sacudí mi cabeza levemente. No debía pensar en el, ya que solo perturbaba mis pensamientos, o más bien a todo mi ser de una manera completamente extraña, además de que si se enteraban de lo sucedido me podía meter en un lio tremendo, empezada por Cayo, era más que obvio que no me quería para nada cerca de él y mucho menos en su guardia.
Al llegar al riachuelo limpie primero mi pierna, es decir la herida que tenía en esta. Quite todos los restos de sangre quedando completamente limpia; y fue cuando mire bien la mordida que tenía, era grande, pero que más podía esperar, el hocico de los licántropos era muy grande y sus dientes muy filosos, de las únicas cosas que pueden atravesar la piel de un vampiro.
Luego de esto, limpie mi muñeca sin prestar atención a la herida, solo le echaba agua quitando los restos de sangre, para dejarla completamente limpia, esto fue porque creí que sería igual que la de mi pierna, los mismos dientes causaban la misma persona, era lo lógico y lo normal. Mientras que hacia esto, solo pensaba en lo que me había dicho Alec. En cada una de sus palabras, las repasaba en mi mente, tal cual si me hubiera perdido de algo, cosa que no había pasado. No terminaba de entender como no me había dado cuenta de que Yo era su Tua Cantante, tanto convivir con él y jamás me di cuenta, y al parecer nadie más lo había hecho tampoco.
En cuanto termine de lavarme, sin más preámbulos me levante y corrí de vuelta a donde estaba Alec, es decir, el prado.
Cuando llegue a donde él se encontraba, él estaba recostado el suelo con los ojos cerrados, sus músculos estaban menos tensos que hace unos momentos. Me acerque a él y me senté a su lado. Me alegro el hecho de que no se alejara de mí eso significaba que ya estaba un poco mejor y que mi olor no le molestaba tanto como hace unos momentos.
El abrió los ojos y se sentó también.
-Déjame ver eso –dijo con voz ronca.
Yo la estire sonriendo levemente; se notaba en su rostro que ya no estaba tenso y mucho menos respiraba entrecortadamente, definitivamente estaba mejor. Él se acercó a mí y repaso con su dedo la mordida mirándola detalladamente, luego miro su pecho sin soltar mi pierna. Estaba observando sus heridas
- Tu también estas herido-dije mirando su brazo y su pecho, donde estaban sus mordidas.
-No es nada, tengo tantas mordidas que ni cuenta me daré después de un tiempo. Se volverá solo una mas. Ya lo veras –suspiro.
Observe detalladamente la mordida de su brazo y me di cuenta de que la mordida no estaba completa solo estaba la mitad, es decir de la cicatriz de los colmillos del licántropo solo estaba un parte la mitad derecha, eso no podía ser. No al menos que…rápidamente levante mi brazo hacia la altura de mi pecho.
Lo mire y me di cuenta de que lo que pensaba era cierto, en mi muñeca estaba la otra mitad de la mordida. La de Alec y la mía completaban todos los colmillos del licántropo, solamente juntando nuestras muñecas la mordida o mejor dicho la cicatriz estaba entera. No me había dado cuenta de esto cuando limpie mi brazo en el riachuelo, supongo que fue porque asumí que sería como la de mi pie, que estaría completa y por lo tanto no le había prestado atención como a la de mi pie y ahora me tomaba completamente por sorpresa todo esto. Él tenía la mitad y yo la otra, era algo raro pero interesante a la vez.
Medio reí. Alec me miro como pidiendo una explicación.
- Te diste cuenta de que tu brazo tiene solo la mitad de la mordida y el mío la otra mitad –dije como algo obvio en vez de una pregunta, a pesar de que la formulación era otra.
El miro su brazo, luego el mío y rio un poco.
-Bueno creo que tenemos algo que compartir por siempre. Aunque no sea algo lindo de recordar, ya que por haber tardado en llegar te pudo haber pasado algo peor, lo bueno que no fue asi-suspiro.
-No te culpes por eso hiciste todo lo posible, además para mí este día no fue tan malo, porque diste mucho por mí, incluso tienes dos mordidas más por mí, bueno una y media –sonreí de nuevo.-Gracias Alec.
-No tienes que agradecerme nada, y lo digo en serio, porque aunque te salve de esos licántropos, yo mismo pude ponerte el peligro otra vez con mi debilidad…-suspiro.
-Eso es algo que tú no decides, me refiero a que tú no eliges a quien quieres como tu Tua Cantante- comente.
-Eso no significa que no sea peligroso-espeto.
-Tranquilo con eso, no creo que me puedas hacer daño –el miro con el ceño fruncido.
-Bien sabes que si puedo hacerte daño Renesmee, soy un vampiro, ¿lo olvidas?, un vampiro, no controlo todo lo que hago, y mucho menos teniendo tu dulce olor tan cerca de mi penetrando todos mis sentidos, haciendo que…-cerro los ojos.
-Me desees-afirme.
El bajo su rostro.
-Es en serio Renesmee…-comenzó pero el mismo se interrumpió y paso su mano por su cabello nerviosamente.
- Eso lo sé, y estoy consciente de todo eso, pero me refiero a que no lo harías porque no lo quieres-con mis manos tome sus rostro y el abrió los ojos lentamente.
-No estés tan segura de eso pequeña-hizo una mueca.
-Confió en ti Alec- sonreí.
-Pero yo no-se alejó un poco de mí.
Cerré los ojos algo molesta.
No podía ser que fuera tan terco, en serio era testarudo. Sabía que él no me haría nada, si no lo hizo en este tiempo porque habría de hacerlo después, siempre había sido su Tua Cantante, no solo en ocasiones de peligro. No tenía sentido su comportamiento. Él podía con esto y más yo lo sabía. Lo único que faltaba era que el creyera en él, pero era demasiado testarudo como para entenderlo.
Me aleje de él, sentándome en la raíz de un árbol y recargándome en el tronco de este y cerré los ojos con fuerza.
Mire el cielo ya casi era de mediodía, el sol estaba en su punto máximo.
- Creo que debemos regresar al castillo antes de que se preocupen por nosotros-dijo con la mirada puesta en el bosque.
Asentí y me levante.
En seguida el hizo lo mismo y corrimos hacia el castillo, no tan rápido como siempre lo hacíamos, a causa de las heridas que teníamos. Pero aun así el aire alcanzaba a golpear nuestro rostro como tanto me gusta, eso era un alivio el poder hacer algo lindo que quiero después de este día tan difícil.
Entramos al castillo y pude ver los daños por el ataque. No podía creer que algo así hubiera pasado, que alguien se revelara contra los Vulturi, nunca lo había pensado. Y justo cuando yo llegue esto pasaba, y además Aro había dicho que todo este desorden era porque no me querían aquí, siendo parte de los Vulturi, vaya, parecía que todo este desastre y destrucción fuera culpa mía…
-No parece, es mi culpa…-susurre completando mis pensamientos.
-¿Qué es tu culpa?-pregunto mirándome.
-Esto –respondí mirando a todos lados- ellos venían por mí y causaron todo esto por desaparecerme de la faz de la tierra. No debí de haber existido, solo traigo problemas a donde quiera que vaya.
Suspire.
-No te culpes…
-Como me pides eso-lo interrumpí mientras que a la vez hacia una leve mueca.
-Es cierto- exclamo- la lucha contra los licántropos esta desde hace mucho, por el miedo que Cayo les tiene y sus cacerías absurdas por desaparecerlos, era solo cuestión de tiempo que pasara esto, ellos solo buscaban un pretexto-dijo ya con voz más serena.
Asentí solo para darle la satisfacción.
-No me crees mucho ¿verdad?-inquirió enarcando las cejas.
Simplemente me encogí de hombros. Era todo lo que el necesitaba como respuesta, siendo esta algo obvia. El suspiro y siguió caminando.
No tenía ganas de discutir más con él, no me sentía del todo bien, por eso mismo fue que lo ignore a decir verdad en el asunto de que no había sido mi culpa todo este desorden. Él lo noto y yo ni siquiera me había molestado en discrepar aquello, aunque haya visto mi actitud descortés, solo trate de evitar a toda costa una conversación molesta y por demás sin sentido.
Seguimos caminando en este silencio que al parecer era incómodo para él, hasta llegar a la sala de los tronos. En cuanto entramos todos se acercaron a nosotros, con solo mirarlos me daba cuenta que faltaban varios –una cantidad notoria y lamentable sin lugar a duda- se veían preocupados y poco heridos, no eran heridas graves pero se notaban.
Busque a las personas que me preocupaban estuvieran aún con vida, -Kasandra, Chelsea, Heidi, Demetri, Jane, Felix y Marco- al verlos ahí, aunque obviamente un poco lastimados, me relaje un poco y eso se notó en el modo que mi cuerpo se destenso levemente. Al menos ellos estaban a salvo y al parecer estaban bien, era lo que realmente importaba aquí, al menos para mí.
-Oh linda ¿Estás bien?-pregunto Kasandra, yo solo asentí.- Estábamos muy preocupados por ustedes.
-Vaya mordidas- dijo Jane mirándonos de pies a cabeza, es decir, a Alec y a mí.
-Amm sí. Pero no es nada grave-repuse tratando de tapar la mordida de mi brazo con mi mano izquierda.
-¿Cómo que no es nada? Si esas mordidas son grandes y se nota que les duele. En especial a ti-dijo Felix.- No trates de engañarnos Remy.
-En serio, no se preocupen, al menos por mí-respondió Alec restándose importancia, como siempre.
Fruncí el ceño ante la necedad de Alec.
-Testarudo-masculle por demás molesta.
Aunque sabía que me habían escuchado casi todos los aquí presentes a pesar de mi leve tono de voz, no me importo, es decir no me arrepentí de haber dicho eso, sabía que era más que verdadero. Él era muy testarudo, demasiado para mi gusto.
-¿Seguro están bien?- Dijo Marco.
Ambos asentimos.
-Amm amo Aro…-dijo Alec mientras se acercaba a él y dejo que Aro tomara su mano, para leer sus pensamientos supongo.
El quedo sorprendido –seguro por lo que él le mostro- y soltó la mano de Alec y se acercó a mí velozmente.
-¿Sabes cómo hiciste eso?-susurro desconcertado. En seguida supuse de que hablaba y negué con la cabeza.
-Ni siquiera lo entiendo, pero lo agradecí en su momento y lo sigo haciendo-respondí mirando al suelo.
Todos nos miraron desconcertados.
- Al parecer tienes otro don pero nunca hay dos dones iguales es muy raro- comenzó a mirar al techo buscando una explicación.
-¿Otro don?-murmuro Cayo incrédulo.
Todos comenzaron a comentar eso, y yo fruncí el ceño, disgustada. La verdad odiaba ser el centro de atención, o más bien odiaba la presión de todas las miradas sobre mí, era algo que simplemente no podía soportar y deseaba que me tragara la tierra cuando esto sucedía, pero sabía que era imposible. Entonces recordé lo que había pasado con los primeros licántropos, ellos no se habían desmayado cuando los mire, ellos se habían retorcido en el suelo de dolor, entonces no tenía el don de Alec, era algo más. ¿Pero qué?
Me acerque a Aro y tome su mano, le transmití lo que paso con los otros licántropos, y después lo que Alec ya le había mostrado para enseñarle la deferencia, el me miro muy contento y sorprendido a la vez. Algo se había formulado en su cabeza ya, es decir sabía que era lo que había pasado y eso le agradaba, lo conocía lo suficiente como para saber eso.
-Wow, esto será magnifico al parecer puedes copiar dones, ya que también utilizaste el don de Jane, eres muy especial Renesmee, como también nos serás muy útil en la guardia linda-dijo con una sonrisa grande
Yo medio sonreí y supuse que había pasado a ser de las favoritas de la guardia, alguien indispensable por llamarlo de alguna manera mas concreta. Ya no tendría la preocupación de que se pudieran deshacer de mi con un error, quedando el trato que protegía a mi familia arruinado. Esto era obviamente algo muy bueno, para todos. Y se podría decir que un poco más para mí, aunque los Vulturi tenían su parte al poder utilizar mis dones a su beneficio.
-Ahora tenemos que recuperarnos de esto –dijo Cayo molesto, con la intención de desviar la atención de mi.
-Tienes razón hermano, todos vayan a hacer lo crean conveniente para recuperarse y descansar un poco, luego comenzaremos a buscar nuevos miembros que remplacen a los perdidos-dijo Aro.
-Esos licántropos no nos volverán a hacer esto-dijo Cayo mientras se retiraba de la sala seguido por su esposa.
-Claro que no hermano. Claro que no-concordó Aro.
Todos salieron de la sala, incluso yo. Todos iban a sus respectivas habitaciones, yo por el contrario de ellos salí al jardín del ala izquierda del castillo. Donde estaba el viejo roble, incluso se podía decir que aquel árbol era tan viejo como los Vulturi. Reí ante mi tonto pensamiento. Después seguí caminando hacia mi destino.
Al llegar, trepe aquel roble y me senté en una de sus ramas mirando hacia el horizonte. No sabía que es lo que miraba o que esperaba ver exactamente, pero en realidad no me importaba solo estar ahí. Esa era mi decisión, porque en realidad sentía que debía estar ahí, era como, no se ¿Un presentimiento tal vez? Vaya me estaba acostumbrando a este tipo de cosas. Quizá también sería un don, o mera casualidad.
Reí entre dientes a la vez que el sol se posaba sobre mí.
-Esto es hermoso-murmure para mí misma.
Cerré los ojos.
Sentía todo a mi alrededor, era lindo esto. Aunque en el fondo que todos estos nuevos sentidos, o mejor dicho desarrollados se debían a que ya no era más una vegetariana, a que ya me alimentaba de la sangre de humanos y además de que ya era un Vulturi. Cosa que ya no me parecía molesto o desagradable. Ya era algo que me gustaba o a lo que estaba acostumbrada.
Estos ratos a solas, con nadie a una buenos metros de mi me eran muy poco comunes, siempre estaba rodeada de personas, y pues eso me gustaba me hacía sentir acompañada. Aunque estos dulces momentos de soledad también me agradaban, eran muy relajantes y me dejaban pensar con libertad, cosa que no hacia cuando estaba acompañada, fuera quien fuera mi acompañante.
Sentí un olor desagradable acercarse, al igual que unas grandes pisadas. Fuera quien fuera se acercaba aquí demasiado a prisa, bueno aunque solamente era por la parte de afuera del castillo. Es decir se acercaba a las murallas del castillo.
Arrugue la nariz instintivamente.
Se trataba de un licántropo. Me levante y mire sobre la muralla aun arriba del viejo roble. Y fue cuando de vise a lo lejos al licántropo. Era el que se había detenido sobre mí, el que me hipnotizo con sus ojos grises. Seguí observándolo y él se acercó hasta rozar su pelaje con la muralla. Y el levanto la mirada hacia mí y me torció con su hocico lobuno.
Entonces recordé que él no podía estar transformado de día como los metamorfos, y fue cuando mire al cielo por primera vez desde que observe lo hermoso que el día estaba, o más bien, desde que me sumí en mis pensamientos, y entonces me percate por primera vez de que ya había oscurecido. Había estado aquí por un largo tiempo y ni siquiera me había dado cuenta. Era imposible.
Reí levemente.
El inclino su gran cabeza hacia su izquierda como preguntándome la causa de mi risa.
-Llevo aquí toda la tarde y no me había dado cuenta. El tiempo pasa volando-respondí a su pregunta no formulada. Al menos no en voz alta.
El soltó un sonido algo raro, pero gracioso a la vez, era como si estuviera riendo, a su manera. Yo hice lo mismo, aunque después mordí mi labio inferior contendiendo la risa. Y él se detuvo al ver que yo había dejado de reírme. Estuve a punto de preguntarle quien era él y que hacia aquí, a sabiendas de todos los peligros que implicaba su presencia aquí, o en sus alrededores cuando escuche que me llamaban a lo lejos.
-Demonios-masculle.
El licántropo inclino la cabeza y acto seguido salió corriendo del lugar. A lo cual yo suspire pesadamente y volví a tomar asiento en la rama del árbol donde estaba parada recargando mi cabeza en el tronco del árbol. A la vez ignorando a quien me llamaba, ni siquiera prestaba atención a quien era, estaba algo molesta porque esa persona había ahuyentado al licántropo.
Cerré los ojos.
Segundos después sentí una ráfaga de viento y como Felix acariciaba mi cabeza. Hice una mueca leve mientras me cruzaba de brazos e ignoraba su presencia, al menos físicamente porque sabía que él estaba ahí.
-¿Qué pasa?-pregunto tomando asiento a mi lado.
-Nada-respondí secamente aun con los ojos cerrados.
-No te creo-espeto meciendo levemente la rama en donde estábamos sentados.
Abrí los ojos.
-¿Por qué?-inquirí sin darle gran importancia.
-Porque lo puedo oler aun. Su olor es difícil de ocultar, además, no me engañarías diciendo que es por el ataque. Esas bestias no se acercaron a esta zona-respondió con voz serena.
Lo mire sorprendida.
No podía ser él se había percatado de la presencia del licántropo, no podía ser, ¿si me metía en problemas por eso? O peor aún ¿si él se metía en problemas? Vaya me preocupaba por alguien que no conocía realmente. No podía ser. Volví a cerrar los ojos y apreté mi mano en un puño.
-¿De qué hablas?-dije fingiendo un tono desinteresado.
-Puedes engañar a quien quieras, pero a mí no gatita-
Mordi mi labio inferior un tanto nerviosa.
-En serio no sé a qué te refieres- insistí.
-No finjas, no te queda bien, al menos no conmigo nena-dijo mientras tocaba mi hombro.
Abrí lentamente los ojos.
-¿En serio?-articule.
El asintió.
-Cuando me acercaba lo alcance a oler y lo escuche marcharse.-comento sin alterarse.
-¿No estaré en problemas?-comente en un hilo de voz.
-¿! Quien me crees!?-pregunto ofendido dando un respingo- puedo ser muchas cosas, pero jamás un traidor. Y ten por claro que nunca te acusaría a pesar de lo que hicieras, puedes confiar en mí siempre, ¿entendido?
Lo abrace fuertemente y el hizo lo mismo.
-Lo tendré presente. Gracias-dije en voz más tranquila.
-Por nada. Cuando quieras me cuentas lo que paso, ahora solo quedemos aquí, en silencio…-dijo en voz baja mientras deshacía el abrazo pero pasaba un brazo por mis hombros.
Medio sonreí y cerré los ojos haciendo caso a su petición.
