Disclaimer: Frozen es una película increíble y la amo pero lamentablemente no me pertenece y no tuve NADA que ver en su producción, sólo soy una chica que escribe una historia usando los personajes de la película mientras esta recostada en su sofá y bebiendo chocolate caliente.


Capítulo 3

Esperar alcanzar un objetivo sin un plan era una locura; algo que terminaría en desastre; podría hacerse una comparación con alguna historia que no va hacía ningún lado, los primeros capítulos posiblemente serían interesantes, pero al cabo de un tiempo la historia perdería cualquier atractivo y sería desechada incluso por el propio autor.

Hans no dudaba el que Beth tenía grandiosas ideas, de hecho, la pelinegra había pensado en algo que a él jamás se le habría cruzado por la cabeza; vengarse de sus hermanos, pero no habría que ser un experto para darse cuenta de que la chica era una novata en cuanto a venganzas y planes malvados, o planes en general.

Sabía que debía enfocarse en pensar un plan, pero la intriga de descubrir quien era Beth lo distraía, ¿De donde venía?, ¿En que se beneficiaba ella al ayudarlo?, ¿Por qué ir a Arendelle?

Él estaba acostumbrado a algo; saber todo acerca de las personas con las que trataba; sin embargo Beth era la excepción, no sabía nada sobre ella y era evidente que Beth no pensaba revelarle nada personal, algo que complicaría establecer alguna relación "profesional ", debía haber confianza entre ellos, ¿Cómo confiar en una completa desconocida?

— ¿Lista? — Le cuestionó, la joven se había demorado un poco más de lo que esperaba el pelirrojo.

La puerta se abrió rápidamente dejando ver a la joven vestida como una simple empleada de palacio, a pesar de eso ella continuaba resaltando ya que era muy hermosa. — Cosa que nadie podría negar. — El vestido de color pálido le quedaba holgado y aún así se podía apreciar la hermosa figura de Beth, quien se mostró incómoda al sentirse demasiado observada.

— ¿Todo bien? — Preguntó.

El pelirrojo fijo su mirada en las orbes azules de su compañera. Nadie decía nada, por lo cual ella se puso algo nerviosa, ¿La había descubierto?, imposible.

Se sobresaltó al sentir las manos del pelirrojo en torno a su cuello, el príncipe comenzó a acomodar la parte superior del vestido y volvió a observarla para corregir cualquier error que pudiese haber.

— Ahora si está perfecto. — Dijo. — Escucha, yo me encargaré de distraer a mi hermano mientras que tú, entrarás a la biblioteca y buscarás alguna carta que podamos utilizar en contra de Klaus.

— ¿Por donde debería empezar a buscar? — Si la biblioteca real de las Islas del sur era similar a la de Arendelle, entonces sería un lugar gigante en donde sería imposible encontrar algo sin tener idea de por donde comenzar.

La sonrisa cínica del pelirrojo para ella sólo significó una cosa: Arréglatelas sola.

— ¿Ves como no es tan fácil actuar sin un plan? — Preguntó en su mente el príncipe. Beth pareció no estar conforme con el "plan" de Hans, no se esforzaba mucho en ocultar su descontento. — Si arrugas la nariz te harás vieja más pronto y arruinarías ese lindo rostro. — Comentó riendo un poco.

— Yo no arrugo la nariz. — Negó ella.

— Si, lo haces. — Era la verdad, pero el motivo por el cual continuaba insistiendo con ese pequeño detalle, era que por alguna razón le encantaba hacerla enojar. — No te esfuerces en negarlo, eso no cambia el hecho de que lo hagas. — Comentó justo cuando la joven estaba dispuesta a continuar discutiendo sobre el tema.

— Como sea, no importa. — Dijo ella un poco molesta. — ¿Dónde esta la biblioteca? — Preguntó.

El príncipe sonrió, a leguas era notorio el que a la joven no le gustaba perder; ¿Cómo culparla?, él era igual en ese aspecto.

Incómoda se dirigió a la biblioteca real, estaba nerviosa ya que cabía la posibilidad de que alguien la descubriera. Entró al lugar de forma rápida y tan sólo pensaba en darse prisa para así irse de aquel lugar lo más pronto posible.

— Si yo quisiera ocultar una carta de amor; ¿Dónde la escondería? — Se preguntó en su mente. — En un lugar donde nadie se lo espere. — Aunque claro, eso era obvio.

Camino entre los libreros observando los grandes libros que había en aquel sitio, algunos le parecían bastante interesantes; lástima que no estaban allí para leer.

— Un libro grande, aburrido, que además lo consideren inútil. — Pensaba Elsa, ella creía que el libro perfecto para ocultar algo era uno con esas características. Alzó la vista en uno de los libreros donde se encontraban algunos tomos polvorientos y logró visualizar algunos libros grandes que parecían no haber sido tocados en años.

Mientras, fuera de la biblioteca Hans vigilaba que nadie entrara. No había señales de su hermano o de Carlota, lo cual era bueno.

Él no era muy paciente, lo cual le había causado problemas en el pasado. Comenzó a mover uno de sus pies; señal de que estaba cansado de esperar.

— ¿Cuánto ha pasado? — Se preguntó, vio un reloj que se encontraba cerca. — 3 minutos — habían transcurrido tres minutos que le habían parecido una hora; definitivamente el quedarse esperando no era lo suyo.

"Hans, si haces las cosas con prisa no saldrán bien" Recordaba esa frase de un tutor que tenía cuando niño, el pequeño príncipe solía apresurarse a terminar las actividades en clase para así salir a jugar al patio — Cosa que provocaba que sus trabajos estuvieran mal hechos, coloreados fuera de las líneas y con una letra espantosa — "Si quieres hacer un buen trabajo debes tomarte tu tiempo para realizarlo y tener paciencia"

— Quizá si hubiese sido paciente mi plan en Arendelle habría funcionado. — Pensó, era verdad que se apresuró demasiado al pedirle matrimonio a Anna, era cierto que subestimó a la reina Elsa y a la "tonta" de Anna.

Se perdió en sus pensamientos un momento, hasta que el heredero a la corona de las Islas del sur hizo aparición en el lugar.

— ¡Klaus!, justo a quien quería ver. — Dijo Hans. El aludido alzó una ceja en señal de confusión.

— Hans, ¿Te sientes bien? — Fue su primera reacción. El menor de sus hermanos no solía dirigirle la palabra muy a menudo.

— ¡Por supuesto que si! — Respondió.

— De acuerdo. — Dijo no muy convencido. — ¿Para qué querías verme? — Cuestionó Klaus. — Dijiste que querías verme, Hans. — Comentó al no obtener respuesta por parte del pelirrojo. El heredero a la corona rodó los ojos fastidiado. — No tengo tiempo para tus juegos Hans.

El pelirrojo trataba de pensar en algo, no solía recurrir a su hermano mayor así que, ¿Cuál sería un motivo lo suficientemente importante como para buscarlo precisamente a él?

— ¡Por Dios, Hans! — Gritó Klaus. — ¡No me hagas perder el tiempo, ve a molestar a alguien más!

Como el menor de 13 hermanos era difícil que dejaran de verlo como un niño pequeño, lo cual le molestaba.

— Escucha. — Comenzó a hablar tratando de ser convincente. — Ya sabes como es papá, no le gusta que invitemos a personas aquí al menos que sea sumamente importante.

— ¿Y? — Preguntó molesto.

— Conocí a una joven en el pueblo hace tiempo, me gustaría invitarla aunque claro, nuestro padre no me dejaría invitarla ya que, en primer lugar no es de la realeza. — Comentó refiriéndose a Beth. — Pensé que tu, por ser el mayor podrías convencerlo de dejarme traerla a casa.

— Ni hablar. — Respondió secamente el mayor de los príncipes. — ¡¿Acaso te volviste loco?!, ¿Una campesina?, justo cuando creí que no podías caer más bajo Hansel.

— ¡No me llames Hansel! — Se quejó el pelirrojo. — Pero Klaus, jamás te he pedido nada.

— Hans, no invitarás a una campesina a palacio, papá se enfurecerá si lo haces. — Dijo Klaus con más calma que antes. — ¿Acaso quieres más problemas?

Dentro de la biblioteca, Elsa podía escuchar algunas voces que, aunque no eran muy claras, sabía que debía apresurarse a encontrar alguna carta rápido, sino, estaría en graves aprietos.

Se le había dificultado un poco revisar los libros polvorientos que había visto en un inicio, sin embargo no había nada en ellos más que polvo, revisó enciclopedias y diccionarios pero nada.

Siguió paseándose entre los estantes y en la esquina inferior de uno de los libreros vio un libro que resaltaba por su color. Un pensamiento se cruzó por la mente de la exreina de Arendelle: ¿Y si Klaus escondía la carta en un lugar fácil de encontrar?.

Tomó el libro el cual tenía como título "Cuentos de hadas para la hora de dormir", un título largo en opinión de la pelinegra. En la primer hoja estaba escrito "Propiedad de Hans, no tocar excepto Hans", le pareció extraño de cierta manera. Hojeó el libro y encontró varias cartas en él; no se tomó el tiempo de revisar el remitente ni el destinatario de cada una de esas cartas, simplemente cerró el libro y aguardó a que Hans las voces de fuera desaparecieran.

— Es lo único que te pediré en la vida, Klaus. — Dijo Hans.

— ¡¿Si digo que si, dejarás de molestar?! — Preguntó, el menor afirmó con la cabeza. — Bien, pero no te aseguro que funcione. — Dicho esto se retiró. Hans sintió un gran alivio, hasta ahora todo parecía estar bien.

La puerta de la biblioteca se abrió lentamente.

— Ya se ha ido. — Dijo el pelirrojo. Elsa se acercó a él. — ¿Encontraste algo? — Preguntó sin percatarse del libro que la joven sostenía entre sus brazos.

— Esta libro esta repleto de cartas. — Comentó mostrándole el libro de cuentos al príncipe. — Alguna tiene que servir, ¿No?

— Buen trabajo Beth. — Le felicitó Hans.

Habían regresado a la casa de Beth, donde no los descubrirían. Elsa estaba feliz de que las cartas si habían sido escritas por Klaus (o bien, eran para él), puesto que en el momento de tomar el libro no había revisado ese detalle, por su parte Hans estaba sorprendido ya que tenía tiempo sin ver aquel libro que le habían obsequiado de niño.

— ¿Cree que su hermano ame de verdad a Carlota? — Cuestionó Elsa después de haber leído un par de cartas en donde él confesaba sus sentimientos hacia la muchacha.

— Lo dudo. —Respondió rápidamente. — ¿Qué podría tener una simple criada?, es decir, ¿Por qué alguien se enamoraría de ella?

— Ya sabe lo que dicen, no se puede mandar al corazón. — Comentó ella.

— No pensé que tu fueses precisamente una chica amante del romance. — No la conocía lo suficiente, sin embargo no parecía ser de las típicas jóvenes que van en busca de su príncipe de ensueño de manera desesperada.

— Realmente no soy fanática del romance, es sólo que pienso que nadie decide de quien enamorarse, simplemente pasa. — Dio su opinión la cual era distinta a la del joven príncipe. — Quizá su hermano no quería desarrollar ese sentimiento hacia Carlota.

— Escucha, lo que dices es muy bonito y todo eso. — Dijo Hans. — Pero desafortunadamente, el mundo real no es un cuento de hadas, el amor no existe. — Comento haciendo una mueca triste. — Tu no conoces a mi hermano, créeme; todas esas promesas de amor eterno son tan sólo palabras sin ningún valor, quizá sólo quiere divertirse con esa muchacha.

— O quizá te equivoques. — ¿Acaso a ella le encantaba llevarle la contraria en todo a Hans? — Si la magia es real, ¿Por qué el amor no habría de existir?, se que en ocasiones las personas actúan de manera…— Guardó silencio mientras buscaba la palabra correcta. — tonta cuando están enamorados y si, las novelas románticas muchas veces son tontas y están sobrevaloradas, pero el amor existe.

— De acuerdo, puede que el amor sea real, pero las personas usan demasiado la palabra "amor" que ya ha perdido su valor. — Dijo Hans.

— Si, quizá. — Comentó ella, era mejor no discutir sobre eso, además ganarle a Hans en una discusión era casi imposible.

37 cartas, las habían leído todas y algunas no eran de amor, realmente habían descubierto más cosas sobre Klaus de las que habían esperado, la pregunta ahora era: ¿Qué hacer con toda esa información?

Ambos permanecían en silencio, ella se sentía un poco culpable por haber leído correspondencia ajena, sus padres le habían enseñado que era algo incorrecto y que bajo ningún motivo debía de hacerlo. El silencio fue interrumpido por las carcajadas del pelirrojo.

— Todos estos años, mi padre ha puesto como ejemplo a Klaus y mira que tan "ejemplo a seguir" resultó ser. — Dijo entre risas, resultaba irónico el hecho de que, lo que el mayor de sus hermanos estaba haciendo era similar a lo que él había tratado de hacer hace 3 años. — Esta carta vale oro, querida Beth. — Dijo mostrando el sobre en específico. — Realmente me parecía extraño que el viejo renunciara a la corona. — Comentó refiriéndose a su padre.

— No entiendo porque su hermano haría algo como eso, es decir, es heredero a la corona. — Comentó ella.

— Estaba cansado de esperar, tan sólo quería apresurar las cosas. — Dijo Hans. — Definitivamente con esto podremos hacer lo que nos plazca con él.

Regreso a casa sintiéndose alegre, finalmente las cosas parecían estar a su favor, se sentía poderoso y agradecía el hecho de haber conocido a Beth; sin ella las cosas seguirían como antes, él continuaría siendo la burla de sus hermanos, pero todo eso estaba a punto de terminar.

— ¡Ahí estas! — Paró en seco al escuchar la voz de Klaus. — ¡Estuve buscándote por todas partes! ¿Dónde te habías metido? — Preguntó. — Oh espera, seguro estabas con esa chica del pueblo de la que me hablaste. — El silencio de Hans le confirmó eso último.

— ¿Para qué me buscabas? — Preguntó confundido.

— Después de mucho insistir logre que nuestro padre aceptara que esa chica viniera a cenar mañana. — Hans abrió los ojos por la sorpresa, había olvidado que le había pedido ese favor a Klaus. — No me lo agradezcas hermanito. — Dijo antes de irse.

¿Y ahora que le diría a Beth?

— ¡No! — Fue la respuesta de la joven cuando la había invitado a cenar. Había despertado muy temprano para ir a visitar a la campesina, incluso había comprado flores para que ella no se negara.

— Tienes que ir, ¿Acaso quieres enfurecer al rey de las islas del sur? — Preguntó tratando de convencerla. — Y si no vas a la cena no te llevaré a Arendelle.

— ¿Qué? ¡Hicimos un trato! — Replicó. Sabía que Hans Westergard era un doble cara, pero pensó que esta vez había una excepción.

— Si no vas a la cena ya no habrá trato. — Dijo. — Si, fuiste de mucha ayuda Beth, pero no eres indispensable, puedo vengarme de mis hermanos sin tu ayuda, la pregunta es; ¿Tu puedes ir a Arendelle sin mi ayuda? — Ella deseaba golpearlo en ese momento, odiaba a Hans con todas sus fuerzas, ¿Por qué tenía que ser precisamente él su única opción? — Y bien, ¿Te gustaría cenar en mi casa, Beth? — Preguntó una vez más.

— Enserio lo detesto. — Le dijo notablemente molesta.

— Vendré por ti a las seis. — Dijo, no aceptaría un no como respuesta por parte de Beth. — Ponte bonita. — Fue más una orden que una petición.

Tomó un vestido rojo de su armario, no tenía muchos vestidos elegantes ya que no encontraba algún motivo por el cual usarlos.

Nunca fue aficionada a las fiestas y no quería ir a la cena en palacio, ni siquiera conocía a esas personas, sólo a Hans y él ni siquiera le agradaba; en realidad ahora lo detestaba aún más por el hecho de obligarla a ir a cenar con su familia, tenían un trato y él lo había alterado para su propio beneficio.

Se había resignado, llevarle la contraria a Hans sólo la afectaría a ella. Tomó una ducha y después comenzó a arreglarse.

Peinó su cabello, le gustaban los moños (chongos) complicados, además de que lo había adornado con una cinta roja para combinarlo con el vestido. No usaba mucho maquillaje pero el labial de un color ligeramente rojizo resaltaba y la hacia lucir bella.

Vio el pequeño que había en su habitación; 5:32, aún faltaba para que su indeseable "cita" llegara, ¿Por qué tenía tan mala suerte?

— Si pudiste soportar la horrible cita que te arreglo Anna puedes soportar esto. — Se dijo a si misma frente al espejo, recordaba aquella horrible cita a ciegas que su hermana había planeado para ella a sus espaldas.

"Rey Richard de Cettovia", era posiblemente el peor hombre en la faz de la Tierra, siempre quería controlar todo y a todos, aún no podía creer que todos pensaran que era "el hombre perfecto para ella", le costo mucho trabajo deshacerse de él. Sacudió su cabeza para así hacer desaparecer aquellos recuerdos que traían consigo más recuerdos, por ejemplo el como todos habían defendido a Richard, el como Anna incluso había insistido para que ella aceptara ser esposa de un ser tan despreciable como lo era ese hombre.

Alguien golpeó la puerta, eran las 6:01, el tiempo había pasado demasiado rápido en opinión de la joven quien se apresuró a abrir la puerta, allí estaba Hans vestido de forma elegante, cualquier chica caería rendida a sus pies al verlo así, todas la chicas menos ella por supuesto.

— Luces hermosa. — Conocía la rutina, el chico daba un cumplido a la chica (el cual muchas veces era mentira), besaba la palma de su mano, le obsequiaba algún detalle y luego se dirigen a algún lugar. — Definitivamente el rojo te sienta bien. — Comentó antes de besar la mano de la joven. — Traje esto para ti. — Dijo mostrándole una pequeña barra de chocolate.

Los ojos de Elsa se iluminaron al ver eso, ella esperaba lo típico: una rosa, definitivamente esto era mejor y por primera vez en esa corta conversación Hans había logrado sorprenderla.

— Muchas gracias, me encanta el chocolate. — Agradeció. Hans sonrió al haber acertado en aquello.

— ¿Nos vamos? — Preguntó extendiendo su mano hacia ella, ella lo tomó del brazo e iniciaron el recorrido a palacio. — Te noto callada, ¿Te asusta cenar en palacio? — Preguntó y aunque Elsa sabía que a Hans se le daba muy bien fingir, sintió que en verdad el príncipe se preocupaba por ella.

— No. — Negó ella. — Simplemente no soy buena socializando y pienso que será incómodo, eso es todo. — Confesó.

— Oye, no será la gran cosa y si, mi padre es algo entrometido, pero prometo salvarte si acaso el te hace una pregunta incómoda. — La tomó de ambas manos. — Confía en mi.

— ¿Cómo podría confiar en usted? — Preguntó soltándose del agarre del pelirrojo. — Usted y yo hicimos un trato, sin embargo no le importó cambiarlo a su antojo.

— No volverá a pasar, es una promesa. — Dijo. — Si rompí nuestro trato fue sólo porque realmente estaba desesperado, si tu no ibas a cenar ambos tendríamos problemas.

— ¿Y por qué razón no dijo eso desde un principio? — No creía eso último, aunque claro, después de lo ocurrido en Arendelle para Elsa todo lo que salía de los labios de Hans Westergard no eran más que mentiras.

— Ciertamente, no estoy acostumbrado a hablar con la verdad. — Confesó.

— ¿Enserio?, No le creo. — Dijo de forma sarcástica.

— ¿Estas juzgándome Beth?, ¿Acaso me dirás que tu has sido sincera conmigo? — Preguntó Hans. — No te culpo si temes hablarme con la verdad, pero deberías entender el porque no soy del tipo de persona que es honesto con todos.

— Es verdad, no he sido del todo honesta con usted. — Comentó. — No confió en usted y posiblemente jamás lo haga, lo único que diré es que en el pasado confíe en varias personas y todas y cada una de ellas me defraudó.

— Lamento escuchar eso. — Dijo con sinceridad. — Se lo que se siente. — ¿En que momento ambos habían comenzado a hablar de como se sentían?, la conversación se habría tornado más profunda pero llegaron a palacio más pronto de lo previsto. — Bienvenida a mi humilde hogar. — Dijo con voz graciosa, ella sólo rodó los ojos y sonrió levemente.

El comedor era muy espacioso; por no decir gigante, el lugar se encontraba bellamente decorado, pero lo que más era notorio era la gran cantidad de personas que había en él.

— Te presentaría a todos pero jamás terminaría. — Bromeó el príncipe, algo que era inusual en él.

— Hansel. — Dijo su padre, quien tenía una voz grave y ronca que lo hacia sonar autoritario. — Veo que trajiste a tu "noviecita" — Fue evidente el desprecio del rey hacia la acompañante del menor de sus 13 hijos.

— Padre, ella es Beth. — La joven hizo una reverencia perfecta.

— Mucho gusto majestad. — Dijo esforzándose por no ser descortés.

— Me encantaría poder decir lo mismo. — El gobernante de las islas ni siquiera trataba de disimular el cuanto le molestaba tener a una campesina en su palacio.

— Padre. — Hans intervino para evitar que continuará tratando de esa manera a Beth.

— ¿Por qué no pasamos a cenar? — Sugirió el rey sin prestar atención a Hans.

Sirvieron la cena, era un platillo el cual desconocía Elsa pero temía preguntar y que todos la viesen como un bicho raro, además de que no conseguía distinguir los ingredientes, pero ¿Qué más daba?, estaba delicioso, había mucho que no comía algo tan sabroso.

— Así que, ¿Te llamas Beth? — Preguntó Linus, uno de los 13 príncipes.

— Si. — Afirmó.

— ¿Acaso es un apodo o algún diminutivo? — Cuestionó el rey.

— Así es, mi nombre es Elizabeth pero todos me llaman Beth. — Respondió sin tartamudear ni parecer nerviosa.

— Lindo nombre, si me lo permites, me parece un nombre demasiado sofisticado para alguien de tu clase. — El rey era claro, no la quería allí.

— Con el mayor respeto majestad, ¿Hay alguna regla que defina los nombres que deba tener una persona de determinada clase social? — El lugar quedó en completo silencio, nadie entendía como es que una simple chiquilla se atrevía a desafiar al rey de aquella manera. — Tengo que retirarme, gracias por invitarme. — Dijo, Hans se puso de pie y como todo caballero recorrió el asiento de la joven y la ayudó a levantarse.

— Te llevaré a casa. — Elsa estaba a punto de negarse. — Es tarde, no deberías ir sola; podría ser peligroso. — Ella le sonrió sabiendo que nada de lo que dijera serviría para hacerlo cambiar de opinión.

— Enserio lamento lo que paso, mi padre es algo grosero con personas que considera inferiores. — Dijo Hans una vez que se alejaron del comedor.

— Entonces, en mi opinión no es tan buen rey ¿O si? — Para ella el gobernar un reino no sólo era administrarlo sino también conocer y preocuparse por los habitantes, no tratarlos mal sino todo lo contrario.

— Hace lo que puede. — Comentó Hans. — Pero tranquila, renunciara a la corona la próxima primavera.

— ¿Y consideras que tu hermano Klaus hará un buen trabajo? — Cuestionó ella.

— No lo se. — Contestó. — Él fue educado para eso, toda su vida y se que sabe como hacerlo, de eso no tengo ninguna duda. — Debía admitir que Klaus era bastante inteligente y apto para realizar cualquier trabajo que se propusiera. — Sin embargo, con esto último que descubrimos sobre él, creo que tan sólo se preocupa por el mismo, supongo que es de familia ¿No? — En ocasiones se sentía culpable por sus acciones pasadas.

Ella no sabía que decir al respecto, ¿Debía darle la razón o decirle que él no era mala persona?

— Y dime, ahora que desprecias a mi familia tanto como yo. — Ese comentario le sacó una pequeña risa que no paso desapercibida por el príncipe. — ¿Cuál es el plan Elizabeth?

— ¿Sabes?, podríamos incluir a tu padre en la lista de personas de quienes vengarse. — Comentó ella. — Pero antes debemos encargarnos de tus hermanos, hay que dejar lo mejor para el final.

— Te escucho. — Dijo para indicarle que continuará, quería escuchar más de lo que ella podía idear.

— Como una persona que tiene muchos secretos, uno de mis mayores miedos es que descubran la verdad, así que, podemos obtener información de cada uno de ellos y chantajearlos, harán toda clase de cosas para mantener en secreto esas cosas y al final, no lo soportaran y ellos mismos gritarán sus secretos a todo el mundo. — Comentó. — Y comenzaremos con Klaus, he de suponer que el que arruine los intercambios comerciales del reino no le daría buena imagen como rey.


Nota de autor:

¡Aqui Wildest Stories reportándose con un nuevo capítulo! Que esta un poco más extenso, tanto el prólogo y los primeros 3 capítulos han sido una especie de introducción y a partir del cuarto capítulo nuestros protagonistas ponen su plan en que les haya gustado el capítulo.

Saludos especiales a AFrozenFan y a TheLonelyFrozenWolf, quienes comentaron en el capítulo pasado.

Les deseo un bonito inició de semana