Capítulo 4.

Había algo en el maldito Bill Kaulitz que siempre le había hecho tres mil mierdas la vida, pensaba Tom recostando su cabeza contra el vidrio del taxi.

-Pare -indicó abruptamente. Tendió un billete de 20 euros, era más de lo que le cobrarían por el recorrido entero-. Buenas noches -dijo bajando de golpe.

Se echó a correr, eso lo único que liberaba su corazón desde siempre; cada vez que sentía quebrarse Tom necesitaba un campo abierto y correr. Por hoy había sido demasiado, pensó. Corrió sin rumbo, el corazón le latía desbocadamente pero sabía que no era por el ejercicio… Pocos kilómetros después alcanzó el parque y tomó asiento en una banca. Su agente lo mataría si lo viera en ese lugar, insistía que ya era reconocido.

Buscó en uno de sus bolsillos, tenía una pequeña botella de ron y empinó un trago. Le esperaba una semana lo suficientemente ocupada como para darse el lujo de dejar que algo extra entrara en su cabeza, y ése no iba a ser un idiota petulante. Bill era exactamente como se lo había imaginado: un pobre idiota.

Caminó, dejando que el frio de la noche le calmara la sensación que llevaba de júbilo. Cuadras abajo sintió como un auto se detuvo a su lado.

-Eres estúpido Tom o qué -fue la voz que oyó saliendo del auto. Decidió ignorarlo y seguir caminando-. Lo sé, solo eres idiota y es imposible darte el beneficio de la duda en tu estado -gritó su agente bajando del auto y subiéndolo de un empujón al lado del copiloto.

El rubio se sumergió en un pesado silencio, en el fondo agradecía que su agente le vigilara de tal forma.

Llegaron al edificio de Tom. -Gracias -dijo bajando del auto. Caminó lánguidamente, alejándose y sabiendo que Jeff no se largaría a ningún lado hasta que lo viera entrar.

Un pensamiento cruzó su mente: ¿A que subiría? Seguramente a mortificarse solo, a pensar en lo que pasó y en sacar el maldito álbum de su caja fuerte… Se dio vuelta de golpe, caminando hacia el auto.

-Eh, Jeff, ¿subes por una copa? -ofreció. Nada como emborracharse acompañado y evitar lo más posible quedarse solo, y muchísimo menos sobrio y solo, pensó. Subieron riendo y hablando de estupideces tal como presagió. Fue directo al bar y sacó una botella de tequila que había traído de su último viaje a México.

-Esta cosa es bendita Jeff, te lo juro.

-¿Qué hace?

-Te deja imbécil.

-Nunca he tomado eso.

-Lo sé, eres un snob, y yo tengo algo que soy imán para los niños bonitos -rió-. A ver, es sencillo te sirvo una medida, lo tomas de un trago, un poco de sal y limón, y asunto arreglado -dijo bebiendo y tratando de disimular las muecas en su rostro mientras el tequila le quemaba la garganta.

-Apuesto que fuiste a México, viste como lo tomaron y nunca te atreviste a tomarlo, ni siquiera una medida de eso. Compraste deja ver -meditó- seis botellas y dijiste para emergencias.

El rubio se echó a reír. -En realidad fueron solo tres botellas, pero sí, tu versión no dista mucho de la realidad.

Tom debía aceptar que estaba perdiendo el control cuando la primera botella terminó volteada en la mesa y trató de caminar bien por la segunda. Jeff lucía un poco más fresco que él.

-¿No te pega nada? -preguntó.

-No bebí nada en la fiesta, en cambio tú tienes más de un barril de cerveza en la sangre para esta hora -respondió mientras veía que Tom estaba ya sonriente. Era el momento de hablar con el único enigma que manejaba dentro de la agencia "Tom Trümper". Dos medidas de tequila más y Tom era seda.

-Oye Tom, puedo preguntar algo.

-Adelante.

-¿Por qué me invitaste a subir?

Tom rió, dándole un pequeño golpe en el hombro. -Eres un descojonado. Eh, pues por qué va a ser, eres mi amigo, es mi cumpleaños y no quiero tirarme a nadie pero tampoco quiero estar solo. Entonces es fácil, invitas un amigo, se ponen borrachos, te vas a tu casa en paz y yo quedo inconsciente y no dejo a mi puta mente que me haga mierda en un día como hoy.

-Odias tu cumpleaños, ¿cierto?

-No lo odio, solo digamos no soy fan de cumplir años.

-¿Cómo llegó Bill Kaulitz a tu fiesta?

-Cómo mierdas voy a saber yo. ¿No lo invitaste tú? -Jeff soltó un par de carcajadas.

-Sueñas, cómo voy a invitar "yo" a Bill Kaulitz a "tu" fiesta de cumpleaños el día de su cumpleaños.

-Cierto, a veces te creo mejor agente de lo que eres -logró decir en medio de un eructo.

-Tampoco eres muy fan de la gente, verdad. Yo tengo una conversación contigo cada tres meses, de ahí en adelante todo son monosílabos.

-Wow, hablamos mucho. Verás, no soy bueno interactuando con la gente, por eso elegí ser modelo, gano bien, solo poso, no tengo que hablar y lo principal: puedo ser un patán…

-Cosa que se te da sin esfuerzo -interrumpió el agente sirviéndole otra medida al rubio. -Tom rió.

-Nadie te considera cabeza hueca al ser hombre y modelo. A las mujeres, por el contrario, las hacen reír en las pasarelas como idiotas a cada paso, nadie quiere hablar con ellas solo cogérselas. Yo voy camino, dejo que me vean y asunto arreglado, luego voy por mi jugoso cheque y cero interacción con el mundo. Es mi trabajo perfecto.

-Tus cheques serán más jugosos… Que Bill Kaulitz haya aparecido en tu fiesta de cumpleaños hizo todo lo que pude haber deseado en publicidad para ti.

-Eres un interesado.

-Sí, y entre más interesado sea yo tus ingresos son mejores, así que no te quejes.

-Ya estas de contestón, no más tequila para ti. -Jeff sonrió socarronamente.

-Y tú ya estás ebrio. Mañana te hablo, dudo que recuerdes la prueba de ropa, y el ensayo del lunes, sin mencionar el lanzamiento en unos días -dijo recogiendo sus cosas y dirigiéndose a la puerta.

-Oye Jeff, no te vayas -casi suplicó el chico.

-Necesitas dormir.

-Pero no estoy inconsciente aún -dijo en un puchero

-Tom, sé un hombre y déjate de poner inconsciente cada vez que no puedes enfrentar algo. Mañana nos vemos en la agencia a las doce, Trümper.

La mansión Kaulitz temblaba desde hacía una hora. El señor había decidido madrugar y trabajar, lo único que lo mantendría distraído. Shuck corría de un lado a otro coordinando como hacerles llegar regalos y excusas a los amigos del señor que habían sido prácticamente echados de la mansión, sin contar el informe que tenía que entregar en unas horas sobre señor de Tom Trümper. Frank llevaba informes de seguridad, Mikel hacía lo imposible coordinando a los ejecutivos con los que Mr. Kaulitz se quería reunir el domingo, haciéndoles saber que su jefe los quería a todos a las diez en la sala de juntas.

Un portazo se oyó Mr. Kaulitz había salido de su habitación. -Dónde mierdas están mis putos hombres -gritó a la cara de uno de los chicos que limpiaban las alfombras, éste palideció-. Lo olvidaba, muchacho -dijo fingiendo pena por haber perdido el control-, solo limpias alfombras -añadió despectivamente y escupiendo en la misma.

Shuck apareció por la puerta principal con el radio en tres frecuencias coordinando todo con sus propios asistentes.

-Buen día señor, luce bello como siempre.

-Extraño, ¿no crees?, a pesar que casi no dormí nada.

-Son sus genes, están benditos, usted lo sabe.

-Gracias Shuck, siempre apareces justo en el momento. Ahora deja de besarme el trasero y coordina mi desayuno.

-Y si a alguien no le parece está despedido y punto -expuso sobre la nueva absorción que estaba a punto de hacer en una petrolera. La alarma de su teléfono sonó-. Las once en punto -leyó mientras marcó un número inmediatamente en su celular, no importándole tener a todos los ejecutivos frente a él observándole, mientras gritaba al teléfono-. Inútil, dime que estás a punto de cruzar la puerta con lo que te ped…

La puerta se abrió de par en par, y entró Shuck Valdenverg demostrando por qué Bill Kaulitz casi le idolatraba.

-Señor -dijo a tiempo que tendía una carpeta impresionante frente a su jefe.

-Terminamos aquí -anunció parándose de la sala de juntas.

Shuck lo siguió hasta su oficina, le sirvió unas líneas más de cocaína a su jefe para tranquilizarlo y éste las tomó sin problemas.

-Y dame algo de… -Una copa con champaña frío estuvo en sus manos inmediatamente-. Gracias, ahora dime algo importante.

-Tom Trümper vive en un edificio de apartamentos en una zona acomodada, vive solo, su agente Jeff Morrison representa vario de n…

-¿Agente?

-Sí, señor, Mr. Trümper es uno de los modelos más cotizados del momento.

-Por favor, me estás dando mierda. Tú los viste usa ropa de payaso, quién puede modelar con esa ropa -gritó molesto.

-Señor, acá está su portafolio, trabaja para una de nuestras agencias.

-Por dios, ¿tengo agencias de modelaje?

-Sí, señor.

-Y cómo éste… -dijo abriendo el portafolios-. Wow cambia mucho con alta costura encima, quien se lo niegue -dijo notando como sus labios se secaban-. Tiene un rostro bello -concedió sinceramente, a lo que Shuck levantó la ceja.

Era obvio que el señor lo percibía bello, el parecido entre los dos era abrumante.

-¿Tienes su agenda?

-Sí, señor, mañana estará en una pasarela y tiene el lanzamiento de una fragancia de una de nuestras casas, por cierto, en unos días.

-Bueno, quiero ir a la pasarela.

-Déjeme que revise su agend…

-No te dije que la revises, te dije que "quiero ir".

-Señor, tiene reunión con el ministro de Relaciones Exteriores.

-Dile que no le voy a dar un centavo más de campaña y no te atrevas decirme adonde voy y adonde no. ¿Se entendió?

-Sí, señor.

-Quiero dos asientos en donde ese mequetrefe me pueda ver, y dile Alessandra que esté donde esté, mañana debe ir conmigo