Hola! Aquí os dejo otro capítulo, no es muy largo pero espero que os guste y espero poder subir mañana otro trocito. Quería agradecer a 15marday por sus comentarios, me gusta que la historia te esté enganchando y espero que siga siendo así ^^

No olvidéis comentar!

Los personajes de OUAT no me pertenece pero esta historia si.


A la mañana siguiente, después de acompañar a Henry hasta el autobús del colegio, caminó con paso firme hasta la posada de la abuelita donde sabía que se hospedaba Emma. Se había arreglado un poco, un vestido rojo ajustado, una chaqueta de cuero negro, sus inseparables tacones de aguja y los labios pintados de rojo. Entró viendo a Ruby en el mostrador de la recepción mirando el registro.

- ¿En qué habitación se queda la extraña? – dice acercándose a la morena

- Buenos días alcaldesa – dice la joven alzando la vista con una sonrisa fingida- que placer que nos haga una visita

- Déjate de tonterías –la corta- dime la habitación

- Disculpe… pero no voy a permitir que moleste a nuestros clientes –iba a darse la vuelta cuando algo se lo impidió

- Escúchame bien –decía la alcaldesa con una mano en alto haciendo, con su magia, que Ruby no pudiera moverse- vas a decirme la habitación si no quieres que aplaste tu bonito cuello –dice apretando la mano haciendo que el cuello de la morena también se estreche

Ruby se intentaba resistir pero Regina cada vez apretaba mas, señaló con una mano temblorosa el libro de registro donde estaba escrito el nombre de Emma y el número de habitación. La alcaldesa satisfecha soltó a la joven que cayó al suelo tosiendo.

- Emms Swan… -Sonríe malvada- Buena chica Ruby, la próxima vez no seré tan buena contigo –camina hasta las escaleras.

En la habitación, Emma se había despertado hacía un par de horas, había intentado dormirse de nuevo pero le era imposible, demasiados recuerdos dolorosos.

Emma había trabajado como investigadora privada, en uno de sus casos, logró salvar a la hija de un importante ejecutivo de una peligrosa mafia. Ambas se habían hecho muy amigas, pero la rubia empezó a verla con otros ojos. Kate era muy atractiva, pelirroja, de pelo largo y ondulado, con un cuerpo de escándalo, asi que, reunió valor y una noche la invitó a cenar dispuesta a declararse. Pero eso no hizo falta, pues Kate la sorprendió con un hermoso y dulce beso justo antes del postre. Desde ese día ambas habían empezado una historia sacada de un cuento de hadas.

Pero, no todos los cuentos de hadas tienen un final feliz. Emma había dejado su trabajo por petición de Kate, decía que era demasiado peligroso y que no quería llegar un día a casa y recibir una llamada que le confirmara lo peor. Mientras la rubia buscaba otro trabajo se ocupaba con las tareas de la casa mientras Kate trabajaba en los negocios de su padre. Los días fueron pasando y Emma ya no miraba ofertas de trabajo, se dedicaba exclusivamente a la casa y a atender a su pelirroja.

Un día, entró en la casa y cuando dejó las bolsas oyó unas risas en el cuarto de arriba, lentamente subió las escaleras. Su cabeza ya se imaginaba lo que vería tras la puerta. Abrió la puerta y vio a su pelirroja sobre otra mujer rubia, besando sus pechos mientras con otra mano estimulaba su centro, en ese momento Emma gritó y las lágrimas comenzaron a deslizarse por su mejilla. Esa noche decidió irse sin escuchar las vagas excusas de Kate. Esa noche se dio cuenta realmente de que se había alejado mucho de la persona que solía ser, fuerte, decidida y no una simple ama de casa sin nada mas que hacer que atender a su pareja, la cual seguramente no era la primera vez que le ponía los cuernos.

Intentando alejar esos pensamientos de su cabeza, y viendo que no lograría dormir mas, la rubia se puso unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes y comenzó a hacer abdominales y planchas, el ejercicio siempre conseguía relajarla. Comenzó a sudar y sus brazos temblaban pero seguía con los ejercicios hasta que escuchó la puerta de su habitación. Resoplando se incorporó del suelo y se acercó a abrir quedándose helada con quien se encontraba frente a ella.

- Señorita Swan –Regina sonríe de lado- ¿la molesto?

- Sinceramente… si –dice seria- estaba haciendo ejercicio – no iba a ser muy educada después de lo que había pasado el día anterior

- Ya veo –responde alzando una ceja viendo como una gota de sudor se desliza por el cuello de la rubia lo que hace que Regina deba apretar la mandíbula- sólo le robaré un par de minutos –entra en la habitación sin ser invitada ante la atónita mirada de Emma

- Perdóneme, pero no la he invitado a entrar –dice girándose

- No necesito su invitación –toma asiento en la cama desecha- cierre la puerta- ordena

Emma suspira y hace lo que le dice, coge una goma de la mesita de noche y se ata el pelo, se pone frente a Regina manteniendo cierta distancia.

- Ya veo que carece de modales entonces –posa las manos en las caderas

- No sé por qué sigue aquí, debería marcharse –cambia de tema- este no es lugar para usted

- ¿Ah no? – sonríe negando- y ¿por qué no es lugar para mi? ¿acaso me conoce?

- No tengo intención en conocerla –se cruza de piernas mirandola de arriba abajo descaradamente- No de la forma que usted querría –dice divertida

- ¿Disculpe? –dice Emma algo confusa por sus palabras, mira sus piernas que quedan algo mas descubiertas cuando las cruza haciendo que su vestido se suba un poco-

- Señorita Swan –se levanta, vió como la rubia había mirado sus piernas- marchese antes de que me obligue a echarla

Emma se echa a reír ante las palabras de la morena - ¿usted echarme a mi? Podrá ser la alcaldesa, pero vivímos en un país libre

- Eso es lo que piensa… -se acerca más a ella- este pueblo, mi pueblo –remarca- no es como otro lugar, aquí –se acerca más casi juntando sus frentes- yo tengo el poder sobre todo –dice con un tono que hace que la sangre de la rubia casi se hiele

- No sobre mi –dice enfrentándola, no iba a dejarse amedrentar

- No…-inclina la cabeza mientras lleva un dedo al cuello de la rubia deslizándolo lentamente hasta su escote- aún no… -sonríe mirándola fijamente antes de separarse e ir hacia la puerta mientras Emma permanecía inmóvil- es el último aviso que le doy señorita Swan –sale de la habitación

Emma parpadea un par de veces, ¿qué había sido eso? ¿Regina estaba provocándola?. Y sus ojos… realmente había visto algo en sus ojos, tan oscuros… que reconocía haberla asustado. Pero por otro lado, quería saber más de esa mujer, por qué se comportaba así, por qué todo el mundo parecía temerla, por qué la había amenazado de esa forma tan…sensual, si, sensual… igual que toda ella, sus piernas, ese vestido rojo en el que la rubia se había fijado y como le marcaba el culo, sonrió ante el ultimo pensamiento. Negó con la cabeza apartando eso.

Se deshizo de su ropa y se metió en la ducha. Estaba dispuesta a seguir allí, por orgullo y por curiosidad, nadie la esperaba ya, nada la retenía en otro lugar…pero no podía seguir viviendo de prestado en aquel hostal, debía buscar un trabajo en ese pueblo.

Una vez se hubo vestido con unos jeans, una camiseta de manga corta y su chaqueta roja de cuero bajó a la recepción donde vió a Ruby bebiendo con algo de dificultad un vaso de agua.

- Buenos días Ruby –Le entrega la llave con una sonrisa

- Buenos…días… -Deja el vaso- veo que la señorita Mills no le ha incomodado

- No le he dado el gusto –sonríe orgullosa- ¿Te encuentras bien?

- Si, no te preocupes, digamos…que la alcaldesa no ha tenido un buen despertar –se encoge de hombros- almenos no para tratar conmigo –alza una ceja- pero si contigo –dice de forma divertida

- ¿Cómo? –frunce el ceño- ¿a qué te refieres?

- Oh nada nada –ríe- ¿vas a algún lado?

- Pues… quería encontrar algún lugar donde trabajar, agradezco la hospitalidad de tu abuela y tu… pero no puedo seguir así

- Oh ¿vas a quedarte entonces? –dice con algo de brillo en sus ojos

- Si –asiente y sonríe

- Bueno, sabes que puedes echar una mano en la cafetería

- Lo sé, pero no estoy hecha para eso Ruby…

- Y, ¿de qué has trabajado? –pregunta curiosa-

- Investigadora

- Vaya… -sonríe- creo que deberías ir a ver a Graham, es el Sheriff del pueblo

- Lo haré –se inclina sobre la recepción y le da un beso en la mejilla a la morena- Gracias Ruby –sale del hostal

Ruby se había quedado algo nerviosa, había enviado a Emma a ver a Graham, la única persona que seguía viva después de acostarse con Regina. Él era un chico muy guapo, de pelo rubio oscuro, un cuerpo perfecto a los ojos de Ruby y muy amable hasta que Regina se cruzó en su vida. Ella había arrancado su corazón y lo controlaba, lo utilizaba para sus caprichos en el pueblo y a cambio del silencio de él y su desahogo, también en la cama. Ruby sabía que a Regina lo único que le interesaba de Graham era el tener controlado al sheriff, todos sabían la inclinación sexual de la alcaldesa. Pero si su abuela tenía razón, Emma debía empezar por algún sitio y Ruby le daría el primer empujón.

- Espero que tengas razón abuela…


Regina salió satisfecha de su encuentro con Emma, pudo ver en sus ojos el miedo, y también sabía que eso no iba a hacerla irse. Vió como había mirado sus piernas, la morena seguía teniendo ese poder de atracción. El siguiente paso era esperar, jugar con su presa un poco más y cuando menos lo esperase, volvería a visitarla, lograría meterla en su cama y después de utilizarla para saciar su hambre de sexo, arrancaría su corazón sin ninguna piedad. Ya se había acostumbrado a esa maldición, era casi un ritual lo que practicaba con sus víctimas, y aunque siempre corrían por sus mejillas un par de lágrimas, había logrado reponerse rápidamente con los años.

Emma baja de su escarabajo amarillo y entra en la comisaría donde ve a un hombre sentado tras un escritorio.

- Hola, ¿Graham? –pregunta tendiéndole la mano

Él se levanta rápidamente mirándola de arriba abajo- ¿En qué puedo ayudarla?

- Soy Emma Swan –retira la mano al ver que él no la saluda de igual modo- estoy buscando algún trabajo que vaya conmigo, y Ruby me ha sugerido que me acerque hasta aquí

- Se quien eres… -Se coloca la pistola que había dejado sobre la mesa en la cartuchera- Asi que Ruby… -suspira- me temo que no puedo ayudarte –pasa a su lado yendo hasta otro escritorio en medio de la comisaría – la señora alcaldesa no estaría de acuerdo

- Ya veo… tu también estás bajo su control ¿verdad? –dice algo molesta- esperaba que el sheriff mostrara algo más de autoridad

- Yo… no estoy bajo su control –le dice intentando parecer convincente

- Ya veo… -la rubia se da la vuelta dispuesta a salir

Graham se queda mirándola, esa mujer… tenía algo especial, además de ser muy guapa, desprendía luz.

- Espera! –La alcanza justo antes de que salga- tienes… ¿tienes alguna experiencia atrapando a los malos? –sonríe un poco

Emma sonrió y le siguió de nuevo dentro. Le había contado parte de sus trabajos dejando al hombre realmente sorprendido.

- De acuerdo… jugandome mi puesto… -saca de un cajón una placa- serás mi ayudante encubierta… la alcaldesa no puede enterarse

- ¿Qué sentido tiene ser la ayudante del sheriff si tengo que estar escondida? – alza una ceja cogiendo la placa

- Será como si siguieras trabajando de investigadora, no es para tanto Emma –inclina la cabeza mirándola como si fuera un cachorrito- no quiero tener problemas con Regina

- De acuerdo –dice resignada riéndose un poco al ver su cara- La has llamado Regina… nadie lo hace

- Bueno –se pone serio- conozco a la alcaldesa desde hace tiempo… es todo –carraspea- tengo que organizar unos papeles, ve a hacer patrulla por el pueblo, si sucede algo te avisaré… o me avisas

- De acuerdo –resignada hace lo que le ordena y sale de la comisaría

Estaba algo más animada después de haber conseguido ese trabajo, también estaba preocupada por Graham, parecía un chico muy agradable y no quería que tuviera problemas con Regina.

A lo lejos, la alcaldesa vió como Emma salia de la comisaría, frunció el ceño ¿qué hacía ella allí?. Aparcó su mercedes a un lado, bajó del coche y caminó hasta entrar en la comisaría donde vió al sheriff de pie sujetando unos papeles.

- ¿Qué hacía ella aquí Graham? –dijo tras él muy seria

- Regina –dejó los papeles en la mesa y se giró para mirarla- Sólo… sólo había venido a preguntar por… un taller para su coche

- ¿De verdad? –enarcó una ceja acercándose, vió como el hombre se ponía nervioso- Sabes que no me gustan las mentiras cariño…-acaricia su torso sobre la camiseta- dime la verdad

- Es la verdad –carraspea y coge su mano-

- Sabes que puedo averiguar si me mientes… -sigue mirándole fijamente

- Ha venido a por trabajo –dijo rindiéndose, sería peor si se lo ocultaba, de poco le había servido decirle a Emma que lo llevara en secreto

- Y tu… se lo has dado –dice afirmando

Graham asiente lentamente. La mirada de la morena se endurece y le suelta una bofetada.

- Sabes que no me gustan los extraños! –hace un gesto con su mano haciendo que unas enredaderas aparezcan y aprisionen al sheriff contra una pared- si el sheriff hace lo que le plazca la gente comenzará a perder el respeto por mi! –aprieta las enredaderas en torno al cuello de él.

- Na…nadie… lo sabe… -dice con dificultad intentando soltarse- Regina…por favor…le… le he dicho que lo mantenga en secreto… a…así…. Podré tenerla controlada… y tu..tu también… -dice intentando librarse

Regina alza una ceja, podría tenerla controlada en todo momento. Una sonrisa traviesa aparece en su rostro, afloja el agarre lentamente soltando a Graham y se acerca a él.

- Bien pensado cariño –enreda una mano en su pelo- has hecho un buen trabajo –le besa suavemente

Graham le tenía miedo, mucho miedo a Regina, se había inventado esa excusa para librarse. Le preocupaba Emma pero más su vida. Y realmente ese beso de Regina le otorgaba más que el ayudar a la rubia. Así era él… cualquier cosa por su alcaldesa… después de todo era el más fiel de los perros.