Capitulo 4.

¿En dónde nos quedamos en el Sengoku?...

Inuyasha, ¿te sientes mejor? — escuchó una voz que le hablaba, abrió los ambarinos ojos y observó detenidamente a Miroku — Te petrificaste al oír la historia que nos contó Kohaku.

¿Qué? ¡Ah, sí! — se enderezó, recuperándose — Me sorprendió todo lo que nos contó. Por cierto… — cambió su tono a uno mordaz — ¿qué hiciste ahora, eh? — señalando la mejilla enrojecida del ojiazul — ¿Es qué no puedes dejar de ser un manolarga insufrible?

Mientras Sango le preparaba un té a Inuyasha, le lanzó a su amado una de sus "feroces miradas".

Bueno… tal vez tengo que mejorar mis malos hábitos — dijo el aludido, bajando la vista avergonzado ante esos crueles ojitos — pero es que… la carne es débil y la tentación mucha.

Menos mal que ya se van a casar, porque si no Sango se hará auto viuda antes de eso. ¡Jajajaja! — Inuyasha se carcajeó ante su propio chiste.

Shippou y Kohaku habían salido a jugar con Kirara y otros niños de la aldea. Sango les sirvió el té, inclusive a su amado monje, porque ella no es rencorosa y lo ama demasiado.

Muy gracioso Inuyasha. — dijo la exterminadora mientras les daba su té, al ojiazul se lo entregó en sus manos y se sentó a su lado — Y tú no deberías ser tan descarado, ya te dije que te controles o me iré con Kohaku a nuestra aldea hasta el día de la boda — continuo mirándolo con severidad, manteniéndolo ocupado con el té.

¡No mi amor, Sanguito, mi vida! — se inclinó Miroku, visiblemente alarmado — Me portaré bien, ya no seré tan manolarga, estudiaré… — el sólo pensar que ella lo dejara lo preocupó.

Muy bien cariño, pero espera hasta la boda. — la joven sonrió con sinceridad, dedicándole una mirada más dulce — Ya falta menos que al principio.

Inuyasha los miraba entre aburrido y alegre. "Ese pervertido de Miroku…" no quiso ni imaginar que le haría el monje a Sango después de su boda. De pronto recordó algo que también lo había puesto a pensar.

Oye Miroku, ¿por qué Sesshōmaru dejó a Lin en la aldea? — preguntó con curiosidad — Si tanto la quiere… creo que es algo incoherente.

Sango y Miroku lo vieron un momento, se miraron entre ellos, y el monje le contestó:

Verás… — carraspeó un poco — después de que la señorita Aome y tú desaparecieron en el pozo…

Nos quedamos un rato cerca, esperando a ver si acaso regresaban — continuo la castaña completando la frase — pero…

Como notamos que nada pasaría, volvimos hasta acá. — siguió diciendo el ojiazul — Sesshōmaru ya se había adelantado con sus acompañantes; y cuando llegamos pudimos observar…

********** Flash Back **********

Miroku, Sango y Shippou llegaron ante la casa de la anciana Kaede, y se sorprendieron de ver a una niña llorosa frente a un gran demonio de largos cabellos plateados.

¡No quiero, no quiero, no quiero! — decía Lin entre sollozos, moviendo la cabeza de un lado a otro, con voz temblorosa que mostraba enfado.

Es una orden Lin, — dijo Sesshōmaru sin cambiar la expresión de su rostro, mirándola desde su altura, despreocupado por su reacción — aquí estarás mejor.

Pero yo deseo ir con usted. — la chiquilla parecía contener el llanto — ¿Acaso ya no me quiere, soy un estorbo? ¿Es por eso que me deja en esta aldea? — no pudo más y le salieron unas lagrimitas, mientras sus ojos capuchinos parecían más grandes.

Sesshōmaru pareció asombrado ante los cuestionamientos, pero, poniendo una expresión momentánea de cariño, se hincó hasta llegar más o menos a la altura de la niña.

No es por eso. — dijo colocando suavemente una garra en su hombro — No soportaría volver a perderte.

Al escuchar eso Jaken comenzó a llorar en silencio, en tanto que los recién llegados se quedaron en shock.

Lo siento Señor Sesshōmaru, — dijo Lin secándose los ojos y fijando su mirada en el gran demonio — no quiero ser una carga para usted.

No eres una carga para mí. — le respondió éste, enderezándose — Tu vida es muy valiosa, no quiero que te vayas antes que sea tu tiempo.

Retomó su expresión habitual, volvió la dorada y penetrante mirada hacia los amigos y, dirigiéndose a Sango con su tono grave y varonil, dijo:

Mujer, ¿podrías cuidar de ella y enseñarle a vivir nuevamente entre ustedes?

Sí, — tartamudeó un poco la aludida — por supuesto.

Una vez más volvió las ambarinas pupilas a la pequeña pelinegra para decirle, con un tono más suave:

No te preocupes vendré a verte seguido.

¿De verdad? — dijo entusiasmada, él asintió con la cabeza — ¡Gracias Señor Sesshōmaru!

La jovencita lo abrazó fuertemente hasta donde lo alcanzaba y, de pronto, sintió que unos brazos la levantaron. Sesshōmaru la abrazó cuidadosamente, en tanto Jaken se petrificó ante el comportamiento de su amo.

Ahora se una buena niña y a portarse bien — parecía que en el rostro del Daiyōkai se dibujó una leve sonrisa mientras tenía a la niña en sus brazos.

¡Sí! — dijo Lin más contenta — ¡Lo quiero mucho Señor Sesshōmaru! — y dicho esto le dio un pequeño beso en la mejilla.

Sesshōmaru la bajó lentamente, poniendo su cara de antes, su expresión indiferente de estatua griega. Se dirigió al pequeño demonio verde petrificado.

Camina Jaken — pateó la estatua del pobre sirviente y se elevó majestuosamente, seguido de Ah - Uh.

El aludido reaccionó ante el golpe y se agarró de donde pudo, o sea, la cola del dragón.

¡Los estaré esperando Señor Sesshōmaru! — gritó Lin mientras se despedía agitando la mano.

********** Fin del Flash Back **********

Nuevamente encontramos a Inuyasha en estado de shock, petrificado de la impresión… "¿Sesshōmaru doblegado ante una niña?" pensó embobado "Eso si que es el principio de algo nuevo".

¿QUÉ? — se recuperó al fin, por enésima ocasión, sacudiendo la cabeza — Si no me lo dicen no les creo… ¿De verdad le habré hecho una lesión cerebral cuando lo alcancé con el Kaze no Kizu?

Velo por el lado bueno Inuyasha. — le dijo Miroku, sonriendo ante la cara de su amigo — Recuerda lo que Totosai dijo, — adquirió un tono de solemnidad — el corazón de Sesshōmaru debía cambiar para poder superar a su padre, y así obtener su propia arma.

Así que en el fondo, aunque sea sólo por Lin, Sesshōmaru ha mejorado – terminó diciendo Sango con una amplia y bella sonrisa.

Mmm… — meditó el ojidorado — parece que esta vez están en lo cierto. — soltó un breve suspiro — Pero espero que no sea tan drástico el cambio, no quiero dejar de pelear con él.

Tú eres el que no cambia. — le dijo la exterminadora, sin dejar de sonreírle, aunque por un momento pareció hacer carita de resignación — Por cierto Miroku, — se dirigió a su amado con tono tierno — tenemos que arreglar las invitaciones o el tiempo nos ganará.

Tienes razón mi amor, ¡manos a la obra! — respondió el aludido.

Pues más te vale que así sea. — comentó Inuyasha mientras se levantaba para salir, como sospechando que su amigo ojiazul quería… algunos "cariñitos" — No las pongas en otro lado o te dejan por un mes.

Y se alejó de la cabaña. Tenía muchas cosas en que pensar y la más importante es que el corazón ya no le pesaba. Todos le habían dicho duras palabras, pero reconoció que se había comportado como un loco. Sí, Aome volvería, sentía la esperanza brillar en su interior. Tal vez tardará algún tiempo… tal vez tenía muchas cosas que hacer en su época… pero ella estaría nuevamente a su lado, como debía de ser. Primero se dirigió hacia el pozo y, por curiosidad, se asomó al interior del mismo. Estaba vacío.

¡Qué raro!, recuerdo que se llenó. — se dijo en voz baja, un tanto escéptico por el espectáculo — ¿Tendrá que ver con lo que siento ahora?... menos mal, así Aome podrá pasar sin problemas.

Después llegó debajo del gran Árbol Sagrado y, acercándose, le dijo con firmeza y seguridad:

Aome no te preocupes, te estaré esperando. Pero no tardes más de lo debido. — aspiró un poco de aire y soltó un leve grito — ¡Te amo!

No se percató de que Shippou, Kohaku y Kirara lo siguieron discretamente y lo vieron todo.

Me da gusto que ese bobo haya reaccionado. — dijo Shippou en un susurro — Ahora tal vez vuelva a ser el de antes y así no pensará en hacer locuras.

Kohaku y Kirara asintieron muy contentos por Inuyasha. La boda sería triste sin la presencia del padrino.

Y… ¿en dónde nos quedamos en la época actual?

Aome salió temprano de casa. Hablaría claramente con él de una vez por todas. No le parecía bien que continuará viviendo en una fantasía, algo que sólo dentro de su cabeza existía. Ya era hora de que Houjo supiera la verdad… a medias.

¡Hola Higurashi! — saludó alegremente una voz masculina y juvenil — ¡Te ves tan hermosa!

Houjo se acercó con paso firme. Y eso que Aome no se había esmerado demasiado en su arreglo, al vestirse con un sencillo pantalón de mezclilla, una playera rosa y sus tenis combinables. Un pequeño rubor coloreó sus mejillas. "A veces me recuerda a Koga," pensó la muchacha mirándolo un poco "nunca le daba pena decirme cosas bonitas… ¡que diablos, al grano con esto!"

¡Hola Houjo! — le respondió amablemente — Tú también te ves bien. Y ahora vamos a donde me invitaste

Él había insistido en ver una tonta película de ciencia ficción, pero Aome le dijo que prefería tomar un helado. Así podrían hablar sin interrupciones… entre más pronto mejor.

Que gusto que hayas aceptado salir… — le dijo el muchacho con su característica seguridad y amabilidad en cuanto se sentaron en una mesa de la heladería, dispuestos a saborear su postre — porque tengo algo importante que decirte.

Yo también quiero decirte algo Houjo. — le contestó la pelinegra igual de amable — Pero inicia tú por favor.

Espero que vayamos por el mismo camino — dijo muy feliz el joven — Higurashi… es decir Aome… ¿no te molesta, verdad? — ella negó levemente con la cabeza en tanto el chico tartamudeaba como nunca lo había notado — quiero decirte que… si te gustaría… salir conmigo... ¿serías mi novia?

Aome ya lo veía venir… en ese momento sintió tanta pena por su antiguo compañero de estudios pero…

Houjo – kun, de verdad lo siento mucho, — se excusó apenada. "Ni modo, hay que despertarlo" pensó cerrando momentáneamente los ojitos — eres un buen muchacho pero… yo ya tengo un amor en mi vida y lo amo — lo miró fijamente, dándole a su tono de voz un matiz de condescendencia.

¡Oh! — respondió el joven en tono triste — ¿Quién es? ¿Lo conozco? ¿Va en el Instituto contigo? — preguntó con curiosidad.

No, no estudia aquí. Lo conocí hace algún tiempo. — trató de no poner expresión soñadora al recordar a su amado ojidorado, para no herir susceptibilidades — Por ahora está lejos, pero volveré a verlo… — desvió un poco la vista — Lo amo Houjo- kun, por eso no quiero lastimarte con falsas ilusiones.

Houjo se derrumbó en la silla, agachando la cabeza. Aome lo consoló… sentía un gran cariño por él. Le puso una mano en el hombro y le dirigió una mirada dulce.

Houjo – kun, — dijo sonriéndole con esa bondad que le brota por los poros — eres muy apuesto… yo te apreció como amigo y siempre agradeceré todo lo que hiciste por mi en la secundaria.

Él la miró. "Aome es una chica tan bonita… ¿dónde habrá otra como ella?"

Aome, es decir Higurashi… — tartamudeó otra vez, disculpándose por su atrevimiento.

Dime por mi nombre, no hay problema. — la joven volvió a negar levemente con la cabeza, sin dejar de sonreírle — Y piensa que hay muchas chicas a las que les gustaría salir contigo.

Definitivamente Aome Higurashi era una chica espectacular y muy dulce. Entonces recordó a alguien. Valdría la pena intentarlo y darse una oportunidad.

De vuelta al Sengoku… más rápidos que la velocidad de la luz, con acontecimientos interesantes.

El mes pasó en lo que dura un suspiro. Lin había regresado a los dos días de su viaje con Sesshōmaru, no se sabe a donde. Trajo un enorme paquete, presente de Su Señor para los novios, el cual sería entregado hasta el día de la boda, y les contó a nuestros conocidos una gran aventura en China. El pobre de Jaken tuvo que ser auxiliado por Kohaku para llevar el presente, pues era mucho peso para su pequeño cuerpo. Y, aunque el Daiyōkai volvió a ver a la pequeña tres veces más en el transcurso de ese mes, no le vieron ni un solo cabello plateado, para gusto de Inuyasha. La entrega de las invitaciones fue cumplida por todos, hasta Hachi el mapache les ayudó con esa tarea.

Muy bien, — dijo Miroku, una semana antes de la boda — todas las invitaciones fueron entregadas. Les agradezco su ayuda.

Se encontraban cenando todos juntos, únicamente la anciana Kaede había salido fuera de la aldea, por algunas peticiones personales. Estaban tranquilos y contentos, había buen tiempo y nada arruinaría la paz que se respiraba ahora. Pero entonces…

Oye Miroku, hablando de invitaciones… — comentó Inuyasha, algo pareció preocuparle en ese momento — no me dirás que en serio invitaste a todos esos monstruos, ¿eso incluye al Sarnoso?

Inuyasha, Inuyasha… — contestó el aludido — ya habíamos hablado de eso, — le sonrió mirándolo fijamente con sus pupilas azules — no me negarás que extrañas a Koga.

¡De ninguna manera! — fue su brusca respuesta — Si ese Sarnoso estará aquí… prefiero irme.

Ya vas a empezar con tus cosas. — ¡PAAF! Miroku lo golpeó en la cabeza al tiempo que le dedicaba una mueca de enfado — No puedes faltar, eres el padrino — le espetó con gravedad.

Inuyasha — intervino Sango mientras le servía su tercer plato de arroz — no te enojes, recuerda que haremos la fiesta doble y queremos que estés presente.

Kohaku, Shippou y Kirara comían en silencio, aunque le lanzaban al Hanyō miraditas entre molestas y asombradas.

Shippou, te cedo mi lugar. — el ojidorado se dirigió al pequeño zorro — Pero la comida es mía.

¡Ah no!, — le contestó el kitsune — si te sustituyo me quedó con todo.

¡Chaparro insolente! — le ladró Inuyasha mirándolo de fea manera — no seas irrespetuoso.

Pues tú no seas abusivo ni faltes a tu palabra — respondió observándolo igual de feo.

¿Puedo ser yo el padrino? — expresó Hachi esperanzado, el hecho de comer muy bien le llamaba la atención… tal vez su Excelencia lo premiaría por sus servicios incondicionales.

Por supuesto que no. — dijo Miroku saldando el tema, moviendo una mano en señal de que no le discutieran más — Inuyasha, no puedes quedarnos mal, sabes que contamos contigo. — dicho esto le lanzó una vez más al peli plateado una mirada de molestia mientras Sango lo veía de manera suplicante.

¡Keh!, está bien. — Inuyasha terminó de tragarse el arroz, hablando con su tono grosero y sin ver a nadie ya — Pero conste que es por la comida.

Sabía que eras un convenenciero — el monje sonrió.

Se planeó una fiesta doble debido a que, en el transcurso de su viaje buscando los fragmentos de la perla, habían conocido a muchos monstruos y humanos, con los cuales habían entablado amistad; por lo tanto habría una fiesta oficial de bodas para sus amigos humanos, y otra para sus amigos monstruos. Y la gran fecha llegó al fin.

Miroku se sentía algo nervioso, aun así la felicidad se reflejaba en su rostro. Por mucho tiempo anduvo de "picaflor", pero lo que verdaderamente anhelaba era formar una familia; la maldición de Naraku no le daba una perspectiva muy amplia de vida, lo que lo había llevado a actuar más… informal, ante la inseguridad de una larga y tranquila existencia. Ahora cumpliría su sueño con una linda y hermosa mujer… la que verdaderamente le había dado la esperanza de que todo se solucionaría, la que le demostró sincera preocupación por su persona, la que aceptó su propuesta por encima de sus mañas, la que lo había hecho entrar en juicio, la que lo amaba hasta ser capaz de ir con él a la otra vida… la mujer a la que también amaba. Se colocó el traje de fiesta, el tradicional de estas ceremonias en Japón. A Inuyasha francamente no le agradaba en nada esa ropa.

¡Keh! ¿Es necesario ponerme este ridículo traje? — rezongó en voz alta, tratando de acomodarse las prendas.

Por supuesto. La tradición es importante. — le contestó Miroku mientras lo auxilió para terminar su arreglo (si que ha de ser complicado) — Además te ves muy bien.

Si claro, es fácil para ti decirlo, no te estorba. — le dijo bruscamente Inuyasha.

Kohaku entró en ese momento junto con Shippou. Ellos ya lucían también sus trajes tradicionales, aunque el zorrito se veía un tanto chistoso porque el vestuario le quedaba algo grande.

¡Excelencia, luce muy bien! — observó el pecoso — Señor Inuyasha, se ve usted muy galán.

¡Keh! — fue la grosera respuesta de Inuyasha.

Gracias Kohaku, — le dijo Miroku dedicándole una sonrisa sincera — pero llámame cuñado… eso seré de ahora en adelante.

Es que… — se apenó Kohaku — pues… no quiero ser… me da algo de…

No te avergüences, acostúmbrate.

Oigan, apúrense — intervino Shippou sonriendo también — la novia está casi lista y la ceremonia debe comenzar.

¿Y cómo se ve? — quiso saber el ojiazul muy curioso.

Ya la verás, no comas ansias. — fue la respuesta del kitsune — Vamos… el novio y el padrino ya deben estar allá.

Y jalándolos de la manga, bueno, a Inuyasha, los condujeron al lugar indicado. El templo había sido bellamente adornado, con banderas y farolas de colores, muchas flores y velas en su interior; le daban un aire de calidez, la adecuada para celebrar un pacto de amor, un pacto de por vida.

Miroku… ¿es necesario hacer todo esto? — susurró Inuyasha a su amigo, mientras esperaban ya en el altar, y trataba de aflojarse un poco el abultado traje.

Por supuesto, — le contestó de igual forma — ya te dije que la tradición…

¡Saltémonos la boda y vayamos directo al banquete! — lo interrumpió el ojidorado.

¡Ni de broma! — levantó un poco la voz, después volvió a bajar el volumen porque alguien los quedó mirando fijamente — Respeté la tradición y no me voy a echar atrás. Voy a cumplir con Sango como es debido. Y ahora… ¡A callar! — y, con una mirada de enojo, lo hizo guardar silencio.

Mientras tanto…

¿Cómo me veo Lin? — preguntó Sango luciendo su hermoso y tradicional traje de novia, mirándose un poco en el espejo para comprobar que no le faltara nada.

¡Qué bonita se ve! — contestó la chiquilla en éxtasis — Su Excelencia sería muy tonto si sigue portándose mal.

Lin lucía un trajecito tradicional chino, regalo de Sesshōmaru, y le habían acomodado su cabello en dos lindas colitas.

Bueno, lo manolarga no se le ha quitado del todo — sonrió brevemente la castaña, retocándose el sutil maquillaje de sus labios y sonrojándose un poco.

¡Apresúrense chicas! — se asomó la anciana Kaede por la puerta, parecía que todo mundo estaba contagiado de felicidad porque la viejecita sonreía ampliamente — que el novio ya llegó.

¿Y cómo se ve? — preguntó ansiosa la novia.

Muy feliz, — opinó la buena mujer — aunque es mejor que lo compruebes por ti misma.

Kohaku llegó en ese instante por su hermana (¿quién si no él para entregarla?)

Miroku e Inuyasha, junto con el maestro Mushin, el anciano mentor del monje ojiazul, esperaban ya, en el altar de templo. Los invitados estaban presentes… al ritmo de una marcha nupcial entró la novia acompañada por su hermano. Se veía tan hermosa cuando llegó al lugar para colocarse al lado de su futuro marido. El corazón del mismo casi le sale del pecho al tenerla junto a él.

Bien, todos seremos testigos de la unión entre este hombre y esta mujer. — el maestro Mushin oficiaba la ceremonia, aunque parecía algo crudo no tartamudeó nada — Adelante por favor, dirán sus votos y lo que en este momento siente su corazón.

Miroku tomó tiernamente las manos de Sango entre las suyas. Ella levantó la vista y se miraron lo que pareció una eternidad. "¡Keh! Esas cursis miradas de amor… " pensó Inuyasha, en su posición de padrino tenía la información de primera mano… y a la vez no podía huir.

Vengo a decirte delante de todos — empezó el ojiazul, hablando en un tono que reflejaba todo lo que sentía cerca de su adorada castaña — lo que mi corazón siente y el motivo por el cual te pedí fueras mi esposa. — suspiró levemente, como si ya quisiera estar a solas con ella — La vida me marcó desde un principio, y conociste de mi debilidad; aún así hoy estás conmigo, fue mucho lo que debiste soportar.

"La cursilería de Miroku no tiene límites" pensó nuevamente Inuyasha, aguantando las ganas de salir corriendo para… vomitar.

Juntos pasamos muchas pruebas, a veces más allá de la razón y el entendimiento; — continuó hablando el ojiazul sin cambiar el tono romántico y tierno — pudimos perder todo, pero salimos adelante. Siempre estuviste a mi lado, por sobre todas las adversidades, y me di cuenta de que una mujer como tú no encontraría en ningún otro lugar… Por eso nuevamente te lo digo y te lo pido. Te amo Sango. — sus pupilas azules brillaron, demostrándole que esas manías por las que la había hecho sufrir quedarían sólo en los recuerdos — Te amo de verdad como no amé a ninguna más. ¿Quieres casarte conmigo y vivir feliz a mi lado? Pongo a Dios por testigo que no te miento, soy sincero.

Todas las mujeres lloraban en silencio, "¡Cuánto amor!" susurraron varias jovencitas de la aldea y otras de las invitadas… algunas tal vez hayan recibido las galanterías del hombre hoy felizmente "atrapado".

Miroku, amor mío, acepto. — respondió Sango sin detener las lagrimitas de felicidad que corrían de sus lindas pupilas café oscuro, la voz le temblaba un poco de emoción — Fueron muy duras pruebas, muy duros los retos, y aún sobre mi misma estaba siempre el amor por ti… — le dedicó una de esas bellas y cautivadoras sonrisas con las que se había ganado ese corazón aventurero — Quiero vivir a tu lado y ser feliz contigo, como tu esposa.

Pues nada lo impide — prosiguió el maestro Mushin con tono solemne, entendiendo que los votos habían sido dichos — y todos somos testigos de que unirán sus vidas por amor y voluntad; así que los declaro marido y mujer. Ya se pueden besar.

Ni tardo ni perezoso Miroku le dio a Sango un gran beso (jajaja ya soñaba con eso) abrazándola tiernamente por la fina cinturita, y ella rodeaba su cuello con sus delicados brazos, en tanto cerraron sus ojitos, disfrutando el íntimo contacto por primera vez… ya habrá tiempo para más, mas tarde. "Creo que después de esto me enfermo" meditó Inuyasha mientras veía a sus amigos, sintiéndose alegre y exasperado a la vez. "Espero no llegar a ser tan cursi como este charlatán sinvergüenza cuando Aome regrese" y sacudió la cabeza para desvanecer de su imaginación una imagen parecida en donde él se encontraba en pose similar… con su amada pelinegra. Todos aplaudieron alegres en tanto los novios, ahora esposos, salían… ¡A la fiesta!

Nota: Al fin, la primera y muy cantada boda. Sabemos que este par de tortolitos formalizó su unión y tuvieron tres vástagos antes de la llegada de Aome… para ello falta algo de tiempo, pues fueron tres años sin la pelinegra. Disfruten mis locas ideas. Sayo y arigato.