Los personajes de Kaleido Star no son de nosotras, pertenecen al estudio Gonzo Digianimation, bajo la dirección de Junichi Sato y Yoshimasa Hikaike.
Autora: Layla Hamilton - Original
Traducido del portugués al español por: SanLay-cvrt
Fénix en cenizas, Fénix renaciendo
Capítulo 4
Cuando me desperté esta mañana, yo no era nada. Mi cuerpo estaba muy pesado y al principio, apenas podía abrir los ojos. El cansancio mental de anoche fue tanto, que ahora había un vacío dentro de mí, y de mi mente. Una oscuridad, un eco en mi cabeza, como si las palabras escuchadas la noche anterior, estuvieran apoderándose de mí, y me invadieran a cada instante.
Al salir de la habitación, pude ver en los ojos de Macquarie que esa preocupación se transformaba en pavor al observarme. No fue por mi apariencia, ya que yo estaba vestida como usualmente lo hago y mostraba una expresión facial normal. La razón de tanto temor, era mi mirada. Al verme al espejo, percibí una mirada vacía y espeluznante, pero no pensaba en ello, como lo hubiese hecho, si es que estuviera consiente. Sin embargo, pude percibir que esa oscuridad en mi mirar, empeoró cuando Macquarie, temblorosa, me dio el mensaje que le había dejado Yuri la noche anterior. Mis ojos se clavaron en los de ella, haciéndola petrificarse del miedo. Pero en lugar de ser ruda, le respondí un simple "Ok" y salí de mi casa rumbo a Kaleido. Después de todo, mi idea era justamente ir hasta allá. Extrañamente, mi mente comenzó a pensar solamente en cosas nuevas en relación a la próxima obra de Kaleido y sobre mi técnica, me gustaría haberlas colocado en práctica en aquel mismo instante.
Junto a la oscuridad de mi mirada, se podía notar contradictoriamente, una determinación. Macquarie no podía explicar lo que sintió además del miedo y la preocupación, pero yo parecía saber exactamente qué hacer a partir de ese momento, como si nada hubiese pasado, horas atrás.
-o-0-o-
No conseguí dormir más de tres horas esa noche. Eran las cinco de la mañana y yo ya estaba en Kaleido, entrenando con la intención de esperar a Layla. La búsqueda de los motivos que me llevaron a no quedarme con ella la noche anterior, no salían de mi cabeza. Y si pasó algo mientras no estaba… Yo nunca me lo perdonaría.
Por suerte 'o quizás no', no tardó mucho tiempo para que la vea… O por lo menos, saber que estaba en Kaleido, ya que no pasó por la sala de entrenamiento ni para darme los buenos días. Apenas vi su cabello rubio que se asomaba al pasar rápidamente cerca de la puerta y obviamente, oír los pasos de su caminar. Decidí seguirlos, por supuesto. Realmente no tuve otra opción. Mi corazón palpitaba fuerte al verla allí, sin embargo, éste, estaba apresurado y lleno de dudas sobre su estado. ¿Ella estaba mejor?
A causa de mis pensamientos, me tomó más tiempo del que debía para seguirla. Cuando me di cuenta, ella había entrado en la oficina de Kalos. Obviamente, yo no entraría allí sin permiso, ni golpeando la puerta. Así que la espere afuera.
Mi corazón parecía querer salir por la boca cuando oí el ruido de la puerta al abrirse, más aún, cuando la miré directamente a su rostro. Sentí una energía horrible al observar aquellos ojos vacíos, sin fin, y determinantemente desafiadores, y su actitud me trajo una cierta angustia, no sé de dónde. ¿Esa era la misma Layla?
-Sígueme- me dijo bruscamente, rompiendo cualquier pensamiento que pudiera tener en ese minuto. Nunca me había tratado de esa forma tan extraña y al parecer, no era el único, ya que antes de que ella cerrara la puerta de la oficina de Kalos, pude ver la expresión perturbada de él.
Era casi imposible que ella estuviera "Así de bien". No parecía haber sufrido lo que sufrió ayer, ni mucho menos haberse desconectado. ¿Qué habría pasado con ella? Estaba irreconocible, incluso, al haber dicho sólo una palabra hasta ahora. ¿Qué preguntar? ¿Cómo preguntarle…? Creo que mi mente nunca estuvo tan llena de dudas como en los últimos días…
Al llegar a la sala de prácticas, apenas me esperó. Se quitó la chaqueta que llevaba, colocándola en una silla y me miró de una manera imponente y fuerte, a la manera "Layla" de siempre, pero de una forma mínimamente extraña. Mientras se alongaba, me dirigió la palabra.
-Hablé con Kalos, respecto a la nueva obra. No estaba contenta con la técnica propuesta por Mia, por eso es que decidí hacer algunos cambios. Tuve varias ideas y Kalos me autorizó a ponerlas en práctica- Al decirme eso, pensé que "tal vez" ella le había impuesto esa condición a Kalos, no pidiéndole autorización, pero en fin… Sólo la observé decir ese montón de palabras, las cuales no tenían ningún nexo con lo que había sucedido ayer.
-¿Por qué esto ahora?- Pregunte normal y seriamente, como si nada hubiese pasado. Intentar establecer una conversación sobre lo de ayer, era la que yo más deseaba, pero era difícil… Hasta que habló.
-Porque la idea de Mia para la nueva técnica estaba… demasiado fácil. Mejorarla será la mejor opción para que la próxima obra sea… Inolvidable-
Al decir eso, la miré en silencio como nunca lo había hecho antes. El modo en como conectaba algunas palabras en sus frases, el modo de moverse, el modo de mirarme… Todo era atemorizante y diferente de como ella acostumbraba ser. Parecía haber… perdido la personalidad que tenía, o por lo menos una parte de ella. Las dudas y las inquietudes aumentaban tanto en mi cabeza que no aguanté quedarme más tiempo callado.
-Layla… ¿Qué fue lo que pasó ayer?-
Pregunté en voz baja y preocupado. Pensé que ella quedaría muda, pero me equivoqué una vez más. La respuesta que recibí, fue el más rápida, gruesa e inesperada. Y lo peor… no tenía nada que ver con lo que yo había preguntado.
-¡Sube, no tenemos tiempo!- Ignoró completamente mi pregunta y trepo a la base del trapecio más cercano a ella, en cosa de segundos. "Muy bien, ya que así lo quieres, veamos en que más cambiaste", pensé mientras subía a la base opuesta a la suya. La vi hacer los primeros movimientos sin parpadear. Estaban más precisos y menos vivos que de costumbre. Ni siquiera imaginaba lo que vendría después… lo peor que yo podía esperar 'y hasta lo que no podía' sucedió. No entendí al principio, pero me dio escalofríos. Lo que estaba viendo no era lo que Layla acostumbraba hacer, mucho menos era algo positivo para la próxima obra de Kaleido. Toda la energía del escenario se centró en ella y fue expuesta ante mí de una forma completamente negra mientras la impulsaba en el aire, incluso participando de la técnica con ella. Los brazos abiertos en el aire, sus movimientos marcados y su posición, sólo podían significar una cosa… el fénix. Y no era algo brillante, no era algo vigorizante, sino, todo lo contrario. Era macabro, negativo y me traía pésimos recuerdos, por más que yo intentara no creer que la que estaba ahí era Layla… mi Layla.
Un nuevo fénix surgía… No era nada comparado al grande y maravilloso fénix dorado, ganador del mayor festival circense del mundo. Ya no encajaba en Romeo y Julieta, de hecho, no creo que encaje en ninguna obra que no fuese de terror. Lo que estaba delante de mis ojos ya no era algo fabuloso o digno de adorar, más bien un motivo de temor y angustia que jamás pensé tener y que jamás conseguiría describirle a alguien. El peor animal que podría haber existido sobre la faz de la tierra acababa de nacer ante mis ojos: Un fénix… Negro.
Mi mente despertó de la oscuridad en la que me encontraba en el momento en que el trapecio escapó de las manos de Layla y ésta cayó en la red de protección, en el "Gran final" de su técnica. Sentí un alivio en mi rostro, gracias a que la técnica no se pudo completar, hasta el punto de poder volver a respirar, claramente. Pero no duró mucho, al darme cuenta de que ella ya se había levantado para repetir lo que había hecho hace segundos atrás. La mirada determinada y penetrante, de tanto odio, ya decía que no se detendría con nada, lo cual me asustó aún más, a pesar de que esto ya fuera esperado viniendo de ella. ¿Qué más seguiría? No tenía como imaginarlo. De todos modos, ella ya me había arrancado la respiración, imagino cuando la técnica estuviera pronta… ¿Qué otras sorpresas habría este día? Ya no bastaba intentar soportar observarla en aquel estado, más aún cuando veía ese maldito fénix negro. Mi deseo de hablar con ella fue creciendo cada vez más, pero al mismo tiempo, tenía un miedo tremendo de que algo le pasara, si la forzara a conversar, y evidentemente, sucediera algo conmigo, si es que lo intentara. Pero el amor tenía que vencer… en algún momento él se revelaría. ¿Pero cuando…?
-o-0-o-
Yo no quería parar de ninguna manera. Aquella técnica, a medida que la iba perfeccionando, se apoderaba de mí, de tal forma que no conseguía contenerme, tenía que repetirla una y otra vez. El mundo a mi alrededor, parecía haber desaparecido, así como todos mis pensamientos. Todo lo que yo sentía, era a mí misma y los trapecios. Mi mente sólo se centró en las acrobacias, la cual se fue perfeccionado a cada segundo. Nada más existía aparte de eso, ni el mismo Yuri, por más que estuviese allí conmigo impulsándome en el aire y ayudándome. Yo volaba cada vez más alto, y por primera vez, no me importa hacia dónde. Sólo quería que sintieran la técnica de la forma en que yo deseaba que la sintieran. Y por la expresión de mi compañero, estaba consiguiendo exactamente lo que quería y un semblante de satisfacción se reflejaba en mi rostro.
Mi respiración y mi sangre corrían dentro de mí, conforme mis pensamientos se conectaban con mis ideas. Apenas existía en aquel momento y los demás existían gracias a que yo quería que lo hicieran en mi actuación. El placer que sentía al ver el miedo en el rostro de quien me observaba, era satisfactorio y descomunal. No importaba si yo cayera diez, cincuenta o mil veces en esa red de protección. Cada impulso que daba. Esos sentimientos se impregnaban en mí y me concedían más ganas de continuar perfeccionando la técnica. Mi mayor deseo era gritar hacia el mundo lo que había logrado, para que éste, oyera mi gloria.
Esta técnica me había dado un poder increíble, el cual jamás había hecho o gozado anteriormente. Si yo me mirara en el espejo en aquel momento, vería un brillo en mis ojos que nunca había sentido antes y unas llamas ardiendo incansablemente a mi alrededor, quemando cada parte de mi ser y extendiéndose los lugares donde pasaba. La victoria era mía, y nadie me la quitaría nuevamente. Nadie.
-o-0-o-
Una risa extraña y cruel resonó en toda la sala de entrenamiento. Lo que esa carcajada provocó, fue mi caída del trapecio por primera vez en el día. ¿Qué era lo que pasaba con Layla? No era ella... Eso no era por ella.
Mi caída fue casi imperceptible, ya que ese ser horrible no necesitaba de mi ayuda para ser impulsado, ya que lo hacía solo. Mi única opción, aunque hubiese visto que caí, era salir de allá lo antes posible, al menos por unos segundos para que el aire vuelva a entrar en mis pulmones. El clima y el ambiente de aquel salón, estaba tan denso y frío que tenía salir de allí, de lo contrario, no sabría lo que pudiese suceder conmigo.
Después de todo, ¿qué pasó ayer? Mientras caminaba por los pasillos, no paré de pensar sobre ello. Macquarie estaba en la misma situación de desespero que Layla... Eso sólo podía significar que ambas sufrían con lo mismo. Y como la relación de ambas es ligada por el pasado, entonces sólo hay una explicación para lo que ocurrió... Sr. Hamilton. Pude imaginar lo que pasó, pero no me podía imaginar lo que él le había dicho a Layla que fuera tan horrendo al punto de cambiarla de esa manera. Sin embargo, pensar sobre lo que ocurrió, era estúpido de mi parte. Después de todo, había alguien en esa sala de entrenamiento, que yo ya no conocía y que necesitaba de ayuda. No importa lo que sucediera, Layla necesitaba ayuda inmediata, incluso si se rehusaba. Tal vez, el hecho de no exponer sus sentimientos y guardar sus pesares de los padres, han creado este monstruo que ahora tenía los ojos del color de la sangre, por más zafiros que todavía estuvieran en su lugar de origen.
Fuera mi turno para cambiar el look. Me detuve en el mismo segundo en que mi determinación pasó a primer plano. Si lo que necesitaba ella era de un hombro amigo, ninguno mejor que yo. Y no pienso ni en lo que decir a ella acerca de mis sentimientos, porque ellos también saldrán a la superficie en el momento adecuado. Había llegado el momento de actuar y no de pensar, porque al final… Yo amo a Layla. Sonreí levemente y me di media vuelta, caminando hacia la sala de prácticas en la que ella 'o ese alguien que aparentaba ser ella' estaba. Y aquel ser ya no me asustaba. Él conocerá el verdadero lado oscuro de Yuri, mientras que Layla entendiera el verdadero significado de su existencia y la mía: nosotros.
A pesar de mi gran confianza, el corazón se me aceleró un poco cuando me aproximé a la sala de entrenamiento. Oí voces… incluyendo la de Layla, prácticamente gritando. Aprensivo, apresuré mi paso para ver qué estaba sucediendo. "Por favor, ojalá las cosas no empeoren más de lo que ya están…", pensé mientras casi corría. Layla… estoy llegando…
