Los días pasaban cadenciosos en aquella mansión, no estaba seguro si ya habían pasado meses o años desde que había llegado allí, la vida era demasiado relajada, tanto que lo hacían perder sus instintos primitivos de protegerse o huir.

Un vago aleteo se escuchó en el fondo, normalmente las aves bajaban a tomar agua a las piletas del gran jardín, pero ese sonido no provenía exactamente de golondrinas, palomas o ruiseñores, era un poco más como…

-Ahhh, ¡me voy a matar!

Exactamente, no pertenecía a un ave cualquiera. Un halcón aleteaba con brío tratando de reducir la velocidad a la que iba y de esta manera no chocar estrepitosamente contra los rosales. Al parecer no fue suficiente y al percatarse esto, se transformó en humano, haciendo que su peso lo haga caer antes.

-¿Takao-san está bien? – preguntó un asustado Furihata, espectador de tan temeraria maniobra.

-Sí, sí, fue mejor de lo que hubiese esperado… pfffff jajajajajaja - el chico soltó una risotada aun estando en el suelo.

-En serio pensé que iba a quedarse atrapado en las enredaderas de espinas.

-Estaba viniendo muy rápido y no me percaté de eso hasta el último.

-¿Qué era tan urgente para que tuvieses que venir así?

-¡Oh cierto! Shin-chan pronto será ascendido a archimago – el lobo parecía algo confundido pues nunca había escuchado nada acerca de los brujos – Es algo así como su graduación, los viejos estuvieron reacios a nombrarlo, porque ya sabes que Shin-chan no es el brujo más carismático de todos, peeeero, ayudó mucho en una guerra civil dentro del gremio de magos que si no se resolvía iba a cobrar varias víctimas.

-Oh eso es genial, ¿Entonces?

-Pues como será una ceremonia "pública" – hizo el ademan de comillas con sus manos. Furihata pensó que probablemente con públicas se refería a todos los no humanos. – Y los vine a invitar, pues Shin-chan nunca lo hará por su cuenta y si no van, no habrá nadie más que yo, porque Shin-chan no tiene amigos jajajaja.

Antes que graciosa, aquella proposición le pareció algo triste al muchacho. Takao se había convertido en un muy buen amigo para él y como ahora, venía aleteando desde donde estaba para conversar de todo y nada a la vez. Ambos habían sufrido mucho y por eso tal vez sentía cierta empatía hacia algunas de las sonrisas vacías que Takao fingía. Aunque había cosas que nunca iba a contar a nadie, ni siquiera se permitía a sí mismo recordarlas y al parecer su amigo halcón también guardaba sus propios secretos.

-Ten, traje una invitación donde indica lugar, hora y fecha.

-P-pero…

-Yo debo regresar antes que Shin-chan se dé cuenta de que me escapé, suerte con Akashi – el halcón le guiñó un ojo antes de volver a transformarse y salir volando a gran velocidad.

Furihata empezaba a entender un poco a Midorima-san, cuando decía que a veces se arrepentía de las cosas que le decía a su familiar. Le había contado a Takao a manera de novedad el encuentro en el jardín con Akashi que después se fueron repitiendo cada cierto tiempo, con la misma finalidad de hablar de libros y pasajes de poesía que pensó que nadie disfrutaba como él mismo. Takao pronto empezó con comentarios doble sentido y por supuesto de su innegable afinidad al ser una pareja predestinada.

Furihata no lo veía de esa manera, si bien disfrutaba la compañía de este Akashi, aún no podía olvidar lo que le había hecho durante tanto tiempo, tenía razón, el pelirrojo era su pareja predestinada, se lo decía cada día su olfato y como su cuerpo reaccionaba a su aroma, pero su mente era aún más fuerte, no podía aceptarlo del todo, ni aunque Akashi se estuviese esforzando el doble por agradarle.

- Ya terminé –escuchó una vocecilla del otro lado. Corriendo a gran velocidad venía su pequeño hijo con una mirada risueña y una gran sonrisa.

-Qué bueno cariño – dijo Furihata, abrazándolo y alzándolo para estrecharlo en sus brazos. - ¿Qué aprendiste hoy?

-Pues muchas cosas, que nosotros estamos en un planeta, que gira alrededor del sol y no al revés. Que hay muchos más planetas y son más grandes que el nuestro.

-Vaya, parece que si aprendiste mucho. ¿Te sigue doliendo la cabeza?

-No mamá, estoy bien ahora.

Acarició suavemente los cabellos negros de su hijo, sus ojos grises lo miraban con expectativa, de seguro intentando engatusarlo para pedirle algo.

-Mami…

-jajaja lo sabía, quieres algo.

-Mohh – hizo un puchero adorable – Quería salir con tío Kise de nuevo a jugar.

Daba igual que supiera que engreírlo era malo, pero no podía hacer nada contra los poderes de manipulación de su propio hijo.

-Está bien – el niño gritó alto de la emoción – Pero si te sientes mal, aunque sea algo mínimo, se lo dices a Kise-san, sabes lo que pasó la última vez.

-Si mamá.

Muchos le hubiesen dicho que podría parecer sobreprotector con su hijo, pero sólo era porque estaba preocupado por él. Cada cierto tiempo ya hace unos años había empezado a tener dolores de cabeza, al principio eran leves, pero después se fueron intensificando. Parecía que sucedían de manera aleatoria y los medicamentos no lo aliviaban del todo, felizmente duraban poco y luego regresaba todo a la normalidad o así parecía hasta que a veces Hikari mencionaba cosas que no debería porqué saber.

Cosas que pasaron hace ya años, que Furi nunca le había mencionado, también hablaba supuestas memorias del tiempo que tenía una manada.

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-Llevamos días y días caminando, ¿estás seguro que ese maldito lobo está tan al norte?

-Lo estoy, ahora cállate.

Sacó una tela rasgada de su bolsillo y empezó a olerla, la fragancia de su presa aún permanecía casi imperceptible, pero para su gran olfato no tenía problemas.

-Estamos cerca - dijo con una sonrisa triunfante.

-Bien, porque ya no aguanto esto. Sólo quiero llegar y despedazar algo.

-Ya a su tiempo.

-Y no nos has dicho que cosa vas a hacer cuando lo encuentres.

-Por supuesto lo haré sufrir lo mismo que yo multiplicado por mil.

-Eso significa que se tomará su tiempo en matarlo

-Y que tendremos que tomarnos nuestro tiempo para despedazar todo lo que ama.

Empezaron a reír con cierto deje sádico, sus fauces dejaron relucir sus afilados colmillos. Cogieron sus cosas y empezaron a avanzar en dirección dónde su líder indicaba.

-Pronto, pronto - susurraba el líder - Pronto nos veremos, Kouki.

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Akashi se encontraba en su despacho, tenía un pequeño negocio de inversión y bienes raíces que le pertenecía hace más de un siglo. Con sus ojos podía seducir a los humanos para obtener las cosas fáciles, pero no era rentable cuando uno mismo tenía que salir cada vez que necesitase alguna cosa, en cambio el negocio de inversión le daban ingresos fijos cada mes sin necesidad de presentarse personalmente, cosa que al ser un vampiro sería contraproducente, pues no había cambiado de apariencia en muchos siglos.

Escuchó unos pequeños golpecitos contra la luna de la ventana. Se levantó y la abrió para dejar pasar a su invitado.

-No te esperaba hoy – dijo con cierto tono cansado. La idea de darle confianza al halcón no era exactamente para que esté paseándose como perro por su casa cada vez que se le vinera en gana.

-Ya, yo tampoco pensaba venir y hablar directamente con su alteza – El halcón hizo un ademán de inclinarse frente a un rey aún en su forma de pájaro, cosa que le dio gracia al pelirrojo antes que molestarlo, al parecer últimamente andaba de buen humor. Takao se transformó en humano para sentarse en el sillón de invitados a recuperar el aliento - ¿Furihata ya vino a hablar contigo?

-No, ¿Tiene algo que decirme?

-Es una invitación que le di, pero eso no es el por qué vine a hablarte.

Akashi se percató del deje de preocupación del muchacho quien, sin permiso se servía agua. Hizo un ademán para que continuase.

-Shin-chan está fuera de la ciudad, así que me dispuse pasar un rato de shoping.

-Al mercado normal, o a tu tipo de mercado.

-¿Qué parte de que Shin-chan no está, no entendiste? Me fui al mercado negro obviamente. Normalmente hago oídos sordos de lo que escucho por allá, contra mi persona, Shin-chan o incluso ustedes.

-¿enserio? – dijo Akashi en deje sarcástico.

-Créeme que si hiciese caso a todo lo que dicen, te hubiese asesinado cuando pude.

Seijurou pareció removerse al recordar cierto acontecimiento del pasado. En efecto Takao una vez tuvo oportunidad de matarlo.

Él se encontraba herido por una pelea con otro clan de vampiros, que de manera territorial en vez de buscar una solución diplomática decidieron que era mejor exterminar a la competencia. Si bien Akashi era excelente en combate con armas o cuerpo a cuerpo, su familia nunca había tenido la necesidad de defenderse por lo tanto ninguno sabía defenderse más allá de lo básico. Tratando de protegerlos terminó más herido de lo que hubiese imaginado, el sol estaba saliendo así que empezaría a curarse con menos facilidad, además de que ya había perdido mucha sangre.

Shintarou como el buen amigo que era había peleado junto con él aun cuando no era su batalla, pero aunque fuese un mago, tenía la limitación del cuerpo de un humano, el hecho que hubiese vivido tantos años no lo hacía inmortal. Takao con la ventaja de cambiar su apariencia y volar, se había mantenido con heridas leves, protegiendo a un inconsciente peliverde. Si en ese momento el de ojos azules hubiese decidido asesinarlo, absolutamente nadie se hubiese enterado, nadie más estaba allí para socorrerlo. En cambio el halcón decidió ayudarlo, incluso estuvo dispuesto a darle de su propia sangre para que se recuperase. Aquel evento dio pie a la extraña amistad que tenían fuera del conocimiento de Shintarou, con palabras sarcásticas y un deje de crudeza. Por eso mismo sabía que Takao no estaba mintiendo.

-Bueno como te decía. Estuche extraños rumores, que decidí ignorar al principio, pero con cada vendedor, las habladurías siempre llegaban a lo mismo. Lobos.

-Escuché eso de Shintarou, una manada viene caminando desde el sur.

-Sí, pero no es por cualquier motivo. Están buscando a alguien, según escuché, un traidor. Piensan desollarlo ni bien lo encuentren.

-Me imagino, haría lo mismo con un traidor.

-Lo sé. También sabes que con este tipo de cosas no me quedo tranquilo, así que fui a buscarlos.

La mirada de Akashi se puso seria y lo miró directo, de manera amenazante. Takao no pareció afectado, e incluso hasta cierto divertido por su reacción.

-Los encontré a 10 kilómetros de aquí. Estuve todo el tiempo transformado y volando entre las ramas de los árboles, así que deja de alterarte, no estoy poniendo en riesgo a nadie, sólo quería observarlos.

-¿Y qué fue lo que descubriste en tu pequeño paseo de 10 kilómetros?

-Que es cierto que van a matar al traidor y a todas las personas que ama. Y que… el traidor se llama Kouki.

Akashi soltó la pluma con la que estaba escribiendo, se paró intempestivamente dando un golpe fuerte sobre su escritorio que casi rompe la madera en dos, sus ojos brillaron, pero ya no eran rojos, sino tenían un deje dorado en uno de ellos. Takao pocas veces lo había visto así y aunque no lo demostró, se había sorprendido lo suficiente como para que su corazón esté palpitando a velocidad.

-Si es alguna de tus bromas, juro que te cortaré el pescuezo aquí y ahora.

-Oye, oye, si haces eso, Shin-chan llorará – se rio nervioso, tratando que con la broma el humor del pelirrojo deje de ser tan sanguinario – Pero nadie mejor que tu para saber, que no miento.

-No lo entiendo – dijo el pelirrojo contrariado – Kouki no puede ser un traidor.

-Créeme, que si no lo hubiese escuchado directamente tampoco lo hubiese creído. Pero sé que ese chico es algodón de azúcar puro y no pudo haber hecho algo realmente malo si no hubiese sido necesario ¿Entonces qué haremos? – Akashi levantó la mirada hacia los ojos azules de Takao, los cuales mostraban resolución - ¿Qué haremos para protegerlo?

Akashi sonrió malévolamente, Furihata ahora era su pareja, su familia y nunca dejaba que nada malo les pasase a uno de los suyos.