Max lo sabe

Por: Jeadore


Los domingos Justin Russo tenía por costumbre levantarse temprano, prepararse té o chocolate caliente y, mientras esperaba a que la taza se enfríe un poco (no vaya a ser que se queme la boca durante el proceso de ingerir), buscaba el periódico. Después se ocupaba únicamente de disfrutar su desayuno leyendo en paz.

Sin embargo, ese domingo no fue como los que acostumbraba.

Su familia al completo se levantó temprano. Incluyendo sus hermanos, quienes normalmente recién después de las diez de la mañana podían decir «Buen día». No, hoy Max se bebía todo su chocolate y Alex (sentada en el otro extremo del sillón) utilizaba su brazo como una pared en donde hacía rebotar una pequeña pelota. La cejas de Justin se fruncieron en una clara señal de fastidio. Sus hermanos se reían de él mientras sus padres se preparaban para marcharse a Convención Anual sobre Sándwiches que se estaba realizando en Nueva York ese fin de semana.

Tras un beso y un saludo rápido para cada uno por parte de Theresa y Jerry, los chicos quedaron solos, con Justin a cargo.

Alex se desperezó y se acercó más a su hermano mayor, provocándole una sonrisa a éste. Max terminó la taza de chocolate mientras Justin se daba finalmente por vencido: no intentaría más leer el diario.

—Max, entiendo por qué Alex se ha levantado temprano, pero… ¿tú? ¿Por qué?

— ¿Por qué Alex se ha levantado temprano? —cuestionó a su vez Max, curioso.

Justin se dio cuenta de que en verdad lo evadía, pero aún así le contestó.

—Porque quiere pasar tiempo conmigo.

—No, es mentira. Sólo quería molestarlo mientras leía el diario —repuso Alex, por costumbre.

Justin reiteró su pregunta, haciendo caso omiso al comentario de su hermana.

El menor se mantuvo en silencio por unos segundos y después habló en tono confidente.

—Porque quería hablar sobre… sobre eso que hacen.

— ¿Salir? —preguntó despreocupada y fuertemente Alex, a sabiendas de que la casa estaba vacía.

Max hizo una señal que visiblemente quería decir que bajara el volumen de su voz.

—Sí, de eso —contestó cohibido.

—Vamos Max, estamos solos, podemos hablar tranquilos —aseguró Alex, acomodándose en el sillón, junto a Justin.

Max entrecerró los ojos.

—No sé, yo estoy seguro de que papá tiene un micrófono escondido, y que así nos está espiando… —murmuró por lo bajo.

Sus hermanos lo miraron incrédulos.

—Ni tú te lo crees —le contradijo su hermano.

—Además, dejaron a Justin a cargo, creen más en él que en la CIA —agregó su hermana, con cierto nivel de burla en sus palabras.

Max, a duras penas, les tuvo que dar la razón. Se excusó, aludiendo a que él no estaba acostumbrado al hecho de que estén juntos sus dos hermanos.

Los rostros de los otros se apagaron levemente.

—Perdónanos, Max, no es que no quisiéramos decirte —alegó Justin, con el rostro contraído de culpa.

—Ni siquiera se los dijimos a otras personas —afirmó Alex.

El menor de los tres no estuvo seguro de si alegrarse ante esa declaración. No era entonces que no confiaran en él, no era que no lo tenían en cuenta tampoco.

—Entonces, ¿soy el primero en enterarme?

Justin vaciló momentáneamente y luego, con una sonrisa condescendiente, le confesó que eso no era completamente cierto, ya que Julieta lo supo antes que él.

Ante esto, el rostro de Max se descompuso.

Al notarlo, Justin comenzó a explicarle (o intentó) que Julieta se había dado cuenta sola, debido a que la vampiresa es increíblemente perceptiva e inteligente y sabia incluso. Cuando dijo este último adjetivo, Alex no pudo evitar comentar, molesta, que era claro que los años no venían solos. Y Justin, ignorando la mueca de su hermana, agregó (quizá demasiado emocionado para el gusto de Alex) que Julieta había vivido los hechos más importantes del mundo e incluso había conocido a Isaac Newton.

Max preguntó, ignorante, quién era Newton. Su hermano no pudo creer que realmente no lo supiera.

—Por Dios, Max. Newton, el de la energía, ¿o no? —dijo Alex.

Justin quiso hacer como si no la hubiera escuchado. De verdad que quiso.

—Ese fue Einsten —siseó.

Luego, abrió la boca para comenzar a darles una clase de cultura sobre quién era Isaac Newton, pero Alex le cortó aludiendo a que eso no era importante, más que nada en ese momento.

—El hecho es que eres el primero al que sí se lo decimos.

Max lo aceptó orgulloso. De cualquier forma, si hubiera una competencia sobre inteligencia (o sobre casi cualquier cosa), Julieta ganaría. Si se lo ponía a pensar, de las novias que Justin tuvo, Julieta era la que mejor le caía. Después de su hermana, por supuesto (aunque había momento que pensaba lo contrario…).

Dejando de lado aquel tema del primero en saber de aquel lío, Max encaminó la conversación hacia lo que más importante le parecía: el futuro. Que eso provenga justamente de él sorprendió tanto a sus hermanos como a él mismo.

—Ya sabemos que lo nuestro está prohibido, por la ley inclu…

— ¿Lo está? Ah, sí… pero si en la antigüedad se casaban entre los familiares para mantener el poder… aunque yo no hablo justamente de eso.

Justin y Alex se miraron atónitos. Justin murmuró que esa podía ser una perfecta excusa para todo el mundo mágico.

—Espera. ¿Cómo es que tú sabes eso? —cuestionó Alex.

Max tardó un segundo en darse cuenta a qué se refería su hermana.

—Oh, es que me quería dormir, por lo que empecé a leer un libro de historia de Justin —Alex asintió, demostrando que lo entendía a la perfección—. ¿Sabían que a las momias le sacaban el cerebro por la nariz? Parece que tenían un aparato con un…

Justin llamó la atención de su hermano y le ordenó que regrese al planeta Tierra, que no se distraiga ni se vaya por las ramas. El menor asintió seriamente y les contó que cuando él dijo «futuro» se refería a decirles de su relación a sus padres y a Harper, y sobre la competencia familiar.

Las palabras de Max hicieron mella en sus hermanos mayores. Ellos compartieron una mirada cariñosa e íntima. Quizá subestimaron a Max, el chico se había dado cuenta por sí solo lo que a ellos les había tomado un par de semanas en aceptar. Sí, lo suyo era en serio. Ningún juego o pasatiempo peligroso. Con premura, Alex buscó con su mano la de Justin, quien acarició sus dedos con suavidad.

—Nosotros aún no lo sabemos —confesó Alex en un murmullo.

Decirles a sus padres y a Harper sería tremendamente difícil y complicado, y ellos aún no se sentían preparados. Querían un poco más de tiempo. Lo suyo era algo reciente, poco más de un mes. Ya había sido difícil aceptarlo, necesitaban tiempo como para hacerle frente a prejuicios.

— ¿Y la competencia familiar? ¿Qué harán cuando alguno de los dos gane? —cuestionó Max, actuando inesperadamente como el maduro de los tres.

—Tampoco lo sabemos —reveló Justin, con el rostro levemente contraído—. Pero para eso aún falta tiempo, y sabemos que algo se nos ocurrirá.

Max asintió seguro de ello.

Alex pensó por un segundo las palabras de su hermano menor.

—Max, espera. ¿Dijiste «cuando alguno de los dos gane»? —Max asintió, desconcertado sobre a qué quería llegar su hermana—. ¿Y tú? No te incluiste, ¿por qué?

— ¿No es obvio? Justin es un sabelotodo y tú siempre sabes o te la ingenias para que todo esté a tu favor. A ustedes dos siempre les sale todo bien. A mí casi ni me tienen en cuenta.

Alex suspiró. No sólo ellos solían subestimarle, sino que hasta Max se subestimaba a sí mismo. Justin le aseguró que eso no era así. Max asintió dándoles la razón, mas no convenció a sus hermanos. Estos estaban seguros de que lo había hecho para zanjar el tema.

— ¿Podrás guardar nuestro secreto? Por un tiempo…

Ante el pedido de Justin, Max no pudo hacer más que sonreírles y afirmar con la cabeza, transmitiéndoles seguridad a sus hermanos. Estos sonrieron contentos.

— ¿Y lo nuestro te molesta? —preguntó Justin.

Y la respuesta la sacó de su incertidumbre.

— ¿Bromeas? Ahora, cuando sea su aniversario, sólo tendré que comprarles un regalo, en vez de dos —contestó risueño, bromeando con la tacañería heredada por parte de su padre.

Los otros dos se rieron. Alex le revolvió el cabello a su hermano pequeño como solía hacer para molestarlo y luego lo abrazó. Justin se unió al abrazo fraternal con la enorme sonrisa orgullosa que lo caracterizaba y que se formaba cuando estaba con sus hermanos.


Perdón por la tardanza, es que Fanfiction no me anduvo por unos días ¬¬.

Max me encanta porque es fuera de lo común, lo que para otros es raro o feo o lo que sea, él se lo toma con soda y disfruta. Es mente abierta, él sólo acepta y no suele quejarse más que por niñerías (empezando porque es un niño).

Ojalá les haya gustado, y no vayan por allí tirándome hermosas blasfemias XD.

Besos y ¿reviews?