Canción: Dare you to move- Switchfoot.
-Welcome to the planet. Welcome to existence. Everyone's here. Everybody's watching you now. Everybody waits for you now. What happens next? What happens next? I dare you to move.
Capítulo 3; Dare you to move.
BPOV.
"Hola linda." La enfermera, Sue, acababa de entrar al cuarto de hospital en el que me encontraba.
La miré enfadada, pero luego compuse mi expresión, recordando que nada de esto era su culpa. "Hola." Refunfuñé.
"¿Cómo has estado?" Preguntó mientras checaba mi pulso.
Excelente. "Mal."
Asintió. Ya estaba acostumbrada a mi actitud. Sabía lo mucho que me irritaba venir al hospital.
"La doctora está de viaje," caminó hacia el lado opuesto de la cama para tomar un termómetro de la mesa. "Te atenderá la doctora Cullen, acaba de llegar a la ciudad y serás su primera paciente."
Suspiré y giré la cabeza hacia la derecha para ver por fuera de la ventana.
"Pórtate bien con ella." Pidió con voz baja pero demandante, antes de ponerme el termómetro bajo la lengua y salir de la habitación.
No quería una nueva doctora, pero tampoco me agradaba mucho la doctora Newton, así que no me quejé.
"Buenas tardes Isabella." Una hermosa mujer entró a mi habitación. Su cabello era color caramelo y sus ojos verdes. Llevaba puesta una bata y tenía una forma en sus manos, por lo que intuí que era mi nueva doctora.
Le sonreí débilmente.
"¿Cómo estás hoy?" Preguntó mientras se acercaba a mi cama.
Me encogí de hombros. No quería ser grosera con ella justo a los 10 segundos de conocerla.
No le molestó mi indiferencia y me hizo la revisión rutinaria –presión, sacó el termómetro de mi boca, etc-. Y salió por un momento de la habitación.
Volvió después de alrededor de quince minutos, acompañada por mi padre. Gemí y cubrí mi cara con un brazo, al tiempo que cerraba los ojos.
Escuché un crujido a mi lado y supuse que era mi padre, que acababa de sentarse en el borde de mi cama. La doctora Cullen –suponiendo que era ella-, arrastró una silla y se dejó caer en ella.
"Isabella." Habló, con voz profesional.
Gemí de nuevo. "Bella." La corregí, con voz lastimera y amortiguada por la presión de mi brazo contra la parte superior de mi boca. No quería tener esta conversación. Mi padre y yo habíamos pasado por ella millones de veces y cada vez era más difícil que la otra.
Siempre era lo mismo. Hablábamos sobre mi 'condición', Charlie comenzaba a culparse y llorar, yo trataba de excusarme y terminaba llorando también, en fin, cosas parecidas. Estaba cansada de ella.
"Bella." La doctora carraspeó. "Es la cuarta vez que visitas el hospital en esta semana, si no me equivoco."
Asentí con ojos cerrados.
"¿Por qué?"
Rodé los ojos mentalmente. Odiaba ese tipo de preguntas donde la respuesta te parece tan obvia, pero no lo es al mismo tiempo.
Me encogí de hombros.
"¿Has estado tomando tus vitaminas?" Preguntó, aún con voz profundamente profesional.
Negué lentamente con la cabeza.
"¿Por qué?"
Suspiré.
"Me revuelven el estómago." Admití. "Por eso no me gusta tomarlas."
"Sabes cuál es la razón por la cual te revuelven el estómago, ¿cierto Bella?"
Sacudí mi cabeza.
La doctora suspiró. "Es porque las tomas con el estómago vacío. Si comieras algo antes de tomarlas, todo estaría bien."
Asentí en silencio, sin saber porqué. Todo lo que quería era que me dejara en paz y se fuera de ahí. Había cambiado de parecer. Quería a la doctora Newton. Ya. Por lo menos ella no solía presionarme de esa forma. Simplemente me revisaba, medicaba y se iba.
Charlie suspiró. "Si comieras algo, todo estaría bien." Su voz era triste.
Apreté los ojos e hice una mueca, tratando de ignorar el dolor punzante que sentí en el pecho ante sus palabras.
"Yo como algo." Mentí, con los ojos cerrados.
"Aja." Charlie masculló, con voz dura.
Abrí los ojos de golpe. "No me importa si me crees o no."
Charlie estaba a punto de decir algo, pero la doctora se le adelantó.
"Tu padre sólo se preocupa por ti, Bella." Habló como si fuera mi madre. "No tienes por qué hablarle de esa manera."
La miré incrédula. ¿Cómo se atrevía a decirme eso? Ni siquiera me conocía.
"¿A usted que le importa?" Escupí, enfadada.
Charlie la miró avergonzado y se ruborizó un poco. "Isabella-"
"No se preocupe jefe Swan."
La expresión de la doctora no era ofendida o de sorpresa, seguía siendo neutra, y por alguna razón eso me irritó aún más.
Suspiré y cerré mis ojos de nuevo, girándome en la cama para darle la espalda a ambos.
"Bella." Era la voz de la doctora. Abrí los ojos pero no contesté. "He hablado con tu padre." Escuché cómo Charlie tragaba saliva. "Y nos vemos obligados a tener que internarte en un lugar de ayuda para personas con problemas alimenticios."
Me giré violentamente en la cama, encarándolos. Mi expresión era de pura sorpresa e incredulidad.
"¿Está hablando enserio?" Asintió con la cabeza. Su expresión seguía siendo neutra. ¿Qué esta mujer no tenía sentimientos?
Me giré hacia Charlie, quien miraba con labios apretados fuera de la ventana. "¿Papá?"
Hizo una mueca al escucharle llamarlo papá en vez de Charlie, en mucho tiempo.
No retiró su mirada de la ventana mientras hablaba con voz rota. "Lo siento Bella." Sus ojos se aguaron. "Te amo y es lo último que quiero hacer, pero no me dejas opción."
Negué fuertemente con la cabeza mientras lágrimas comenzaban a derramarse por mis mejillas. "¡No!" Grité. "¡No puedes hacer eso! ¡No vas a encerrarme ahí de nuevo!"
Una lágrima escapó del ojo derecho de Charlie. Seguía sin mirarme y su expresión denotaba puro dolor. "Ya no sé qué hacer, Bells. Rompiste tu promesa y no me interesa lo que tenga que hacer para que la cumplas esta vez. No importa cuánto nos duela." Tragó fuertemente. "Me niego a perderte."
Lo miré, tratando de darle lástima con mi rostro, pero salió de la habitación seguido de la doctora. Golpeé mi cama impotentemente con uno de mis puños, mientras sentía un mar de lágrimas derramarse sin césar por mis mejillas.
Hace dos años pasé un verano entero en un lugar de ayuda para adolescentes con problemas alimenticios. Es prácticamente un loquero, una cárcel. Levantarse y acostarse a una misma hora, comer cuando se te indica y lo que se te indica, medicamentos, soportar los lloriqueos e intentos de suicidios de las demás chicas. No quería volver ahí.
Charlie POV
Salí de la habitación, temeroso de derrumbarme frente a Bella, y me senté en una de las sillas del pasillo. Sentí como alguien se sentaba a mi lado al instante, y me daba unas palmaditas tranquilizadoras en el brazo.
"Está haciendo lo correcto, Charlie." Era la voz de la doctora Cullen.
Ahogué un sollozo. "No es verdad." Mascullé. "Todo lo que estoy haciendo es causarle dolor."
Negó con la cabeza energéticamente. "Es lo mejor que puede hacer por ella." Trató de tranquilizarme. "Tarde o temprano morirá si no hace algo."
Cómo si eso fuera a hacerme sentir mejor.
Dejé caer mi cabeza entre mis manos, tratando de tranquilizarme. Luego levanté la mirada y la miré, con el dolor impregnado en mis ojos.
"Usted no sabe lo que sufrió la última vez que fue a parar ahí." Lloriqueé, y sentí una punzada de dolor dentro de mí, ante el recuerdo. "Siempre lloraba y me suplicaba que la llevara a casa conmigo." Suspiré. "No quiero volver a dañarla de esa manera."
"Todo lo que necesita es comprometerse." Alzó una ceja, ignorando mis lloriqueos. "En el momento en el que se ponga bien, volverá a casa. Antes no."
La miré con ojos vidriosos, antes de dejar caer la cabeza sobre mis brazos de nuevo. Llorando –sin importarme quien pudiera verme- a lágrima suelta, ahora.
La doctora fingió una mueca de dolor. "Vaya a casa Charlie." Sugirió. "Yo hablaré con Isabella el resto del día, y mañana temprano puede venir por ella para que la traslademos."
Suspiré derrotado, pensando que era el peor padre del mundo, antes de asentir y ponerme de pie. Miré como la doctora entraba al cuarto de mi Bella, antes de salir por la puerta principal y enfrentarme a la fría brisa que me golpeó cuando estuve afuera. Lo siento Bella susurré para mi mismo te amo y no puedo dejar que nada malo te pase. Y me encaminé a la patrulla, limpiando los rastros de lágrimas sobre mis mejillas.
Esme POV
Entré al cuarto de Isabella, decidida a hablar con ella, pero la encontré profundamente dormida en la misma posición en la cual se había quedado antes de que saliera de la habitación. Era de esperarse que se derrumbara. Acababa de desmayarse y las marcadas orejas debajo de sus ojos denotaban cansancio.
Suspiré antes de dejarme caer en el sillón frente a su cama. Odiaba los casos que necesitaban de psicología, pero en fin, era mi trabajo y tenía que hacerlo.
Mi estómago crujió y recordé que no había tenido tiempo de comer al llegar a mi casa, así que saqué mi celular y marqué el número de Edward. Le pediría que me trajera algo de comer si estaba libre.
Mi hijo me contestó al segundo timbre. "¿Hola?" Su voz sonaba patosa.
"¿Estabas dormido?" Pregunté.
Dejó salir un leve bostezo. "No." Mintió.
Asentí. "Bien." No era del tipo de personas que les gustaba indagar. Si él decía que no, significaba no. "¿Podrías venir al hospital a traerme un poco de comida?"
Suspiró. "¿Por qué simplemente no comes en la cafetería?"
Hice una mueca. "Por qué no conozco la comida de la cafetería aún."
Lo sentí rodar los ojos del otro lado del teléfono. "¿Y no te parece este el momento perfecto para probarla?"
Negué, aunque no podía verme. "No." Admití. "Tu padre me dijo que había hecho spaguetti con albóndigas para la comida, y quiero eso."
"Bien." Masculló. "Estoy ahí en diez minutos."
"Gracias." Dije antes de colgar y restregarme los ojos con cansancio.
Edward POV
Bufé antes de ponerme de pie y caminar hacia la cocina.
"Mamá necesito tu ayuda."
"Ahora no Edward." Imité con voz burlona.
Claro, pero si quiere algo, tengo que ir al momento.
"Tráeme comida."
"Claro que sí señora, enseguida."
Abrí el refrigerador mientras negaba desaprobatoriamente con la cabeza y tome los dichosos spaguettis antes de meterlos al microondas y buscar un recipiente para ponerlos.
Los saqué al escuchar el pitido del microondas y los empaqué muy bien, cuidando que la tapa no se abriera en camino al hospital y manchara mi volvo. Tomé un tenedor y lo envolví en una servilleta antes de correr hacia afuera y subir al volvo. Prendí la calefacción y me dirigí hacia el hospital.
Pregunté por mi madre en el lobby, y corrí a la habitación número 7, cuando me hubieron indicado que se encontraba ahí con una paciente.
Toqué a la puerta cuando estuve frente a ella.
"Pase." Gritó mi madre desde adentro.
Abrí la puerta y me topé con mi madre sentaba en un sillón. Junto a Bella.
Un poco de saliva se atoró en mi garganta por la sorpresa, y tosí un par de veces. "¿Qué-qué hace ella aquí?" Cabeceé a su cama.
Mi madre alzó una ceja. "¿A qué te refieres?"
Dejé los spaguettis en el buró. "¿Ella es tu nueva paciente?"
Asintió, mirándome cautelosamente.
Me senté en la silla que estaba a su lado. "Es Bella." Respiré. "Va en mi clase, y se desmayó hoy en la escuela."
"Sí." Caminó hacia el recipiente de comida. "Me dijeron algo sobre eso."
"Wow." No podía creer que mi madre fuera la doctora de Bella, y tampoco podía creer que estuviera frente a mí, durmiendo profundamente.
Destapó el recipiente, mientras desenvolvía el tenedor. "Es un poco grosera."
Reí. "¿Un gran cambio verla dormida, cierto? Tan tranquila."
Asintió. "De verdad espero que puedan ayudarla."
La miré confundido. "¿A qué te refieres?"
Enrolló una serpiente de spaguettis alrededor de su tenedor. "Su padre va a internarla en un lugar de ayuda." Se los metió a la boca.
Quise gritar un ¡NO! Pero no quería responder las preguntas que probablemente haría mi madre. Obviamente no quería que se la llevaran a ningún lado. Tenía muchas ganas de conocerla, y no podría hacerlo si ella no estaba.
Mi madre se puso de pie de repente, y se dirigió a la puerta.
"¿A dónde vas?" Pregunté con voz monótona. No podía creer que ni siquiera se tomara la molestia de decirme que se iba.
"A la cafetería. Por un café." Y con eso abrió la puerta y salió de la habitación.
"Adios." Mascullé, aunque ya no podía oírme, y me giré hacia Bella para observarla.
Su piel seguía teniendo ese matiz blanco y unas pronunciadas ojeras se asomaban bajo sus ojos. Su respiración era acompasada ahora que estaba dormida, pero sentía la necesidad de acomodarla en la cama, pues su posición no parecía para nada cómoda.
Se apoyaba en un codo, donde recaía la mayoría del peso de su cuerpo, torciéndole el cuello.
Me acerqué lentamente a ella, poniendo mis brazos en diferentes lados de su cuerpo, decidiendo la mejor manera de moverla sin despertarla. Me decidí por poner una en sus hombros y otra en su cintura. La levanté un poco, rezando en silencio para que no se despertara.
No funcionó.
Los ojos de Bella se abrieron como platos, asustados y soltó un gritito.
"Shh." La tranquilicé. "Soy yo."
Alejó mis brazos con unos débiles golpes, mientras se incorporaba. "¿Qué estás haciendo aquí?" Pegó su espalda a la pared y me miró confundida.
Me encogí de hombros mientras volvía a sentarme. "Mi madre es tu nueva doctora."
Alzó las cejas, incrédula. "¿Eres hija de la doctora Cullen?" Me observó fijamente, buscando el parecido entre ella y yo.
Asentí.
"Wow." Soltó. "Son tan diferentes."
Sonreí. Era lo mejor que podía haberme dicho en ese momento. "Lo sé."
Miró al vació. "No físicamente,"
Asentí. "¿Es una perra, y yo soy muy bueno?"
Rió. "Que conste que el que la llamó perra fuiste tú."
Reí con ella. "Lo hubieras hecho de todos modos."
Miró alrededor de la habitación y su expresión cayó. "¿Dónde está Charlie?" Preguntó con voz queda.
Fruncí el ceño. "¿Disculpa?"
"Mi padre." Aclaró.
Me encogí de hombros. "No lo sé." Admití. "No estaba aquí cuando yo llegué."
Se deslizó por la pared. "Tu madre debió haberlo corrido."
Asentí. "Eso suena a algo que ella haría." Hice una mueca.
"Dios." Suspiró. "No sé que voy a hacer."
La miré confundido. "¿A qué te refieres?"
Se dejó caer completamente, dejando que su cabeza descansara en la almohada y cerró los ojos. "Mi padre quiere enviarme a un lugar de ayuda."
Mi madre ya me lo había dicho, pero era diferente escucharlo de sus labios, con ese tono tan lastimero y resignado.
"¿Por qué?" Pregunté, inclinándome hacia su cama.
Se encogió de hombros. "No lo sé."
"¿Tiene algún motivo para enviarte ahí?"
Otro encogimiento de hombros. "Supongo." Reconoció. "Pero no quiero ir ahí." Lloriqueó. "Es un lugar horrible." Una lágrima comenzó a asomarse por su ojo cerrado.
La miré por un momento, pensando en lo vulnerable qué estaba frente a mis ojos. Pensé por un segundo, inseguro de plantearle la idea que danzaba por mi mente, temeroso de que no funcionara.
Esa lágrima se derramó por su mejilla, y tomé una decisión.
Estiré mi mano para acariciar su rostro, de modo que limpié su lágrima con esa caricia. Se estremeció levemente, pero no abrió los ojos.
"Tengo una propuesta para ti."
Me miró, curiosa.
Tragué saliva y le miré confiadamente. "Puedo convencer a tu padre de que no te lleve a ese lugar."
La incredulidad llenó su rostro, y recordó algo de pronto. "La idea fue de tu madre."
Me mordí el labio, pensando en que tal vez sería un poco más difícil de esa manera. "Igual hablaré con ella."
Asintió, mirando a la nada.
"Pero tú tienes que prometerme algo."
"¿Qué?" Se giró hacia mí.
"Tratarás de mejorar."
Bufó. "Yo no tengo nada."
Negué con la cabeza. "¿Por qué eres tan terca?"
Se encogió de hombros, enredando un hilo que se había salido de su bata alrededor de su dedo índice. "No me gusta que me traten como si tuviera una enfermedad mental. O no pensara por mí misma."
Acaricié re confortadoramente el dorso de su mano con mi pulgar. "Nadie piensa eso de ti."
"Claro que lo piensan." Me miró. "Simplemente no me lo dicen."
Dejó el hilo con el que estaba jugueteando. "Oh…" alzó las cejas. "Tal vez si tengo una enfermedad mental."
La miré con impotencia. Jamás podría ganarle. "Bella, la anorexia-"
Su rostro se contrajo. "¡Yo no tengo anorexia!" Exclamó. Incluso su voz tenía un dejo de duda. Definitivamente no podía mentir. Tal vez simplemente le daba vergüenza admitirlo.
Me puse de pie, cansado de su actitud y traté lo mejor que pude de controlar mi tono de voz para no gritarle. "¡Maldita sea Bella!" Aún así mi voz era dura. Se encogió ante mis palabras. "Tienes un problema y lo sabes." Me miró inexpresiva. "¡Y quiero ayudarte!" Apreté los dientes y me incliné hacia su rostro, quedando nuestras narices a sólo centímetros de tocarse. "Pero no puedo hacerlo si no me dejas." Mi voz había cambiado de ser un bramido a un susurro, e incluso yo me sorprendí al reconocer ese tono lastimero. "Quiero ayudarte Bella." Junté mi frente con la suya y cerré los ojos. "Déjame ayudarte." Suspiré.
Escuché como tragaba audiblemente, y su respiración se agitaba un poco. No tenía intenciones de separarme de ella, y no lo hice. Disfrutaba de la calidez de su piel junto a la mía, y de cómo su respiración golpeaba dulcemente mi rostro, cuando ella decidió romper el contacto girando la cabeza hacia un lado.
Abrí los ojos, desilusionado y me senté en la silla a su lado.
"¿Ustedes creen que es muy fácil, cierto?" Habló con voz rota, mirando hacia afuera.
Supuse que no esperaba una respuesta de mi parte, así que no hablé.
"Tú, mi padre, tu madre." Suspiró. "Creen que simplemente pueden decirme mejora y al día siguiente será como si nada hubiera pasado. Pero no es así." Me miró. "Tengo más de tres años con esta enfermedad," escupió la palabra. "Y la hubiera dejado si pudiera. Pero no puedo."
El volumen de su voz subió. "¿Crees que me gusta estar así?" Alzó las cejas. "No tener amigos, sentirme cansada todo el tiempo, ver como mi cabello ha perdido su brillo, no dormir," Aspiró aire. "No poder disfrutar de una comida con mi padre, causarle daño, hacer ejercicio hasta que me duela, ser débil, marearme, etc." Bajó su tono de nuevo. "No es bonito Edward, y no es fácil."
Paró por un tiempo, pero yo no tenía ninguna palabra para romper el silencio.
"Es cómo si viviera sin vivir." Enfatizó la palabra vivir. "Andando de un lado a otro, sin hablar con nadie, desvaneciéndome a cada segundo." Suspiró. "Siento como si pudiera morir en cualquier momento. Y en realidad no me importa. Estoy tan muerta ya, que morir enserio no haría ninguna diferencia." La miré incrédulo, pero ella no se inmutó. Supuse que sería la primera vez que estaba hablando de esto con alguien. "Simplemente vivir para mí es un reto. Todo sería mejor si yo no estuviera aquí, si por fin dejara de causarle dolor a Charlie, y de ser un estorbo en el colegio. De ocupar en vano una banca, un espacio."
Decidí que era tiempo de decir algo y doblé mi brazo al mango de la silla, apoyando mi barbilla sobre mis nudillos, antes de hablar. "¿Crees que eres un estorbo para Charlie y él estaría mejor si tu murieras?" Mi tono era bajo.
Asintió. "De cierta manera."
Negué con la cabeza, muy suavemente. "Pues estás muy equivocada."
Se limitó a mirarme, sabiendo que tenía razón. Suspiró y se acomodó en la cama, cerrando los ojos y acompasando su respiración. La miré atentamente durante todo ese tiempo.
Me incliné hacia ella después de unos minutos, y hablé con voz seria. "Te reto."
Abrió sus ojos y me miró interrogante.
"Te reto a vivir." Sonreí.
N/A: Yo sé, no es el mejor capítulo del mundo, ni el más largo, pero el que viene será mejor. Muchas gracias por su apoyo y porque ya son 102 reviews en sólo tres capítulos (: Este capi va dedicado a Jazmín que me ruega -xD- que actualice esta historia siempre que me conecto. Gpt, y de verdad les recomiendo que escuchen las canciones que pongo al principio, de fondo. Besos.
Playlist: El playlist de Wintergirl (las canciones de los capítulos en orden) está en mi perfil por si quieren checarlo para que escuchen las canciones del principio mientras leen (: De todos modos aquí les pongo el link: .com/playlist/16651704075
