4.
"-todo lo que has hecho, no valió la pena…sigues estando solo-."
Kurapika abrió los ojos sintiéndose sobresaltado, tenía la respiración y el pulso agitados, incluso sentía un sudor frío recorriendo su espalda. Cada vez que intentaba dormir llegaban a su cabeza las mismas imágenes donde Kuroro repetía lo que le había dicho antes que lo asesinara. Se sentía atormentado.
Notó la mirada de Killua sobre sí mismo e intentó guardar la compostura acomodándose en su asiento en el vagón. El albino lo miraba con esos ojos indiferentes mientras mordía el palito de lo que había sido una paleta de chocolate. Aún era de madrugada, el tren pronto llegaría al puerto para tomar el barco a Isla Ballena.
Había sido un viaje especialmente silencioso, quizás porque Gon pasaba más tiempo con Arhel que con Killua y no hacían tanto escándalo como si la chica no estuviera. Leorio había dormido todo el camino ya que los días anteriores solo se había preocupado del alta y las atenciones de Kurapika, estaba agotado. El rubio aún estaba un poco débil y cansado, también había dormido poco, y Killua seguía despierto desde el día anterior, y aunque podía pasar días sin dormir sus ojos reflejaban una inquietud que le quitaba el sueño, sus amigos estaban seguros que tenía que ver con Arhel pero no querían presionarlo, esperaban pacientemente que el chico acomodara sus pensamientos y luego buscara ayuda. Con el paso de los años la amistad se había convertido en hermandad y se comprendían los unos a los otros con toda confianza y sinceridad.
Era difícil expresar los sentimientos de Killua, estaba molesto por la llegada de Arhel y celoso por la facilidad con que Gon le entregaba su confianza, se convencía a sí mismo que deseaba tenerla lejos de su alrededor, no pensar en ella, sin embargo, no podía dejar de preocuparse. Conocía muy bien cómo trabajaba su familia y temía por la vida de sus amigos, si Illumi o incluso su padre se enteraban que Arhel estaba con él, no tardarían en buscarla y castigarla, no solo a ella, sino a todo el grupo. No le interesaba si Silva decidía torturar a la chica por haber huido de la casa, le importaba que sus amigos no se vieran envueltos en el problema familiar. La culpa no era de ellos, la culpa era de sus padres por haber adoptado al pequeño monstruo doce años atrás.
Estaba preparado, si cualquier miembro de su familia aparecía con intenciones de llevar a Arhel a casa, no dudaría en entregarla pero si se atrevían a pelear con cualquiera de sus amigos, no pensaría en disfrutar de asesinarlos uno a uno. Solo le interesaba el bienestar de su hermana menor que estaba en buenas manos, ella no saldría lastimada, el resto podría desaparecer en cualquier instante sin importarle.
Resopló sin ganas y se acomodó intentando dormir, su cuerpo aún estaba muy activo y su mente, luego de mucho tiempo, no lo dejaba descansar, además, no se sentía capaz de mirar a Kurapika a la cara, su amigo no había hecho comentarios ni preguntado sobre la misión que les había encargado aquella noche, lo que significaba que ya sabía o se había hecho una idea de lo que había sucedido. Habían fracasado y aunque solo era un par de ojos rojos, seguramente eran tan importantes como el resto.
-Killua-escuchó a su lado. Era Gon
-dime…-respondió sin siquiera abrir los ojos ni moverse del huequito que había formado con su cuerpo en el asiento
-¿qué te sucede?-inquirió con su típica timidez mientras se sentaba a su lado
-¿Por qué preguntas?
-estás muy callado
-¿dónde está Arhel?
-se quedó dormida
- ¿lo has pasado bien con ella?
-es muy simpática, me gusta mucho
-te dije que no te confiaras tanto. No es lo que parece
-¿estás molesto porque viene con nosotros?
-no estoy molesto-se opuso en defensiva volteando para verlo fijamente
- ¿entonces qué pasa? Estás…extraño
-demonios, Gon…solo estoy cansado. Ha sido un viaje largo
-¿estás seguro? ¿No es mi culpa que te sientas así?
-no, Gon, no es tu culpa-suspiró echándose hacia atrás en su cómodo asiento-y no me preguntes más
-espero que Mito-san nos tenga mucha comida-dijo luego de una pausa acomodándose en su lugar
-no cocina tan mal
Media hora más tarde, Gon y Killua dormían apoyados el uno al otro, como lo hacían desde años atrás siendo solo niños, sin embargo, solo cuarenta minutos después se vieron obligados a despertar y bajar del tren en plena madrugada.
Leorio había decidido cargar a Arhel sobre su espalda para no despertarla mientras Kurapika llevaba prácticamente de la mano a Gon que a medio dormir los seguía dando profundos bostezos. Killua parecía no tener sueño pero le pesaban los ojos y no podía evitar sentirlos llorosos cada vez que se desperezaba.
Subieron al barco buscando un cuarto donde pasar el resto de noche que quedaba. Los dos mayores tenían bastante cuidado con Arhel, tenían la preocupación de tratarla con delicadeza por el simple hecho de ser una mujer; a Killua le daba igual.
Leorio acomodó a la niña en la única cama que había en la pequeña habitación y obligó a Kurapika a recostarse en el silloncito por su estado de convalecencia, los dos menores no tuvieron problema en echarse a dormir sobre la alfombra y al médico no le quedó más remedio que acomodarse en un rincón de la habitación haciendo de almohada el brazo del sillón donde su amigo dormía.
Ya cerca del amanecer, cuando el cielo se tiñó de un celeste vivo, la albina abrió sus ojos sobresaltada por la sensación de mecedora que sentía en su cuerpo. Se sentó en la cama mirando por la ventana circular y se dio cuenta que viajaba en barco, nunca lo había hecho y su corazón dio un brinco a causa del vértigo en su estómago.
Observó a su alrededor notando que los cuatro chicos dormían, incluso Killua. Se adelantó gateando sobre la cama hasta verlos desde arriba, Gon no cambiaba su expresión al dormir, siempre despreocupado y semblante inocente como un niño, en cambio el albino parecía olvidar su frialdad e indiferencia, su rostro reflejaba serenidad y completa seguridad, además, tenía un nuevo brillo en su expresión Arhel no había visto en él durante los años que compartieron en la mansión Zoldyck: era feliz.
Soltó un gritito agudo cuando un remezón de las olas los hizo rodar a todos contra el costado derecho del barco. Se quejó sobándose la espalda mientras Gon le ayudaba a levantarse pero no tardó en caer nuevamente de bruces al suelo, las olas rompían fuertemente en la madera de la nave sin dar tregua alguna.
Kurapika fue el último en despertar del todo mientras sus amigos intentaban mantenerse en pie. Con suerte solo rodó por el suelo sintiendo que el barco se voltearía sobre sus cabezas. Killua lo tiró de un brazo y lo levantó ayudándolo a caminar por el cuarto.
-…rápido…salgamos…-dijo Leorio tambaleándose sobre sus pasos para llegar a la salida de la habitación
Las olas rompieron fuertemente contra el cristal rompiéndolo abruptamente, Arhel se sostuvo de Killua sin pensarlo al ver el agua entrar con los trozos de vidrio cayendo contra ellos. El albino resbaló cayendo de espaldas junto a ella, Leorio alcanzó a Kurapika antes de caer y Gon intentó ayudarles, pero un nuevo golpe del mar pareció ahogarlos y Arhel se desesperó en medio del agua que insistía en arrastrarla.
El albino tosió agua salada y levantó a la chica abrazándola contra él para seguir a sus amigos. Gon decidió cargar a Arhel en su espalda para correr por el barco hacia la proa donde el par de marineros que le acompañaban querían salvar sus vidas.
-¡dijiste que no habría tormenta!-dijo Leorio a Gon con un dejo de molestia
-¡es cierto, no habría…!-se defendió el otro siendo arrasado hacia el costado donde Arhel cayó lastimándose la espalda
La albina sollozó poniéndose al fin de pie, no podía controlar su respiración ya que estaba excediendo sus límites. Estaba asustada y pronto perdería el control. Vio a Gon queriendo mantenerla de pie, Killua se aferraba a la proa como si las altas olas le dieran miedo mientras Leorio sostenía a Kurapika, el chico parecía no poder equilibrarse por sí mismo.
Arhel se miró los pies notando cómo todo a su alrededor empezaba a tornarse de un color oscuro como su sombra, estaba nerviosa y el temor era insoportable, no quería perder el control otra vez o acabaría matándolos a todos. Sus lágrimas eran del miedo que sentía hacia ella, no a la tormenta.
Killua se volteó, nuevamente la presencia de la chica se hacía espesa y peligrosa. Debía detenerla, despertarla del trance en el que sus ojos se habían perdido.
-¡Gon, aléjate de ella…!-gritó notando cómo el ambiente parecía aún más oscuro, era como si la luna hubiese desaparecido-¡Gon!
-¡Arhel está aquí!-gritó su amigo
El albino se sorprendía de la poca percepción del moreno ¿en verdad no sentía el aura asesina de Arhel?
-…maldición…-chasqueó sin saber qué hacer. Observó la escena buscando la forma de acabar con la tensión que se respiraba y que la misma albina provocaba, pero solo veía desesperación: Gon sin percatarse del peligro que corría, los marineros gritando aferrados a su mástil inestable, Kurapika al borde de la inconsciencia, Leorio luchando por mantenerse a ambos a salvo y Arhel en medio de su perdición.
Frunció el ceño cuando vio al par de tripulantes caer al mar. Estaban muertos. Notó que el rubio perdió el conocimiento y Leorio pareció marearse de pronto. Debía detenerla de algún modo.
-¡Gon! ¡Sostén a Leorio y Kurapika!-gritó con evidente preocupación antes de echar a correr y coger a la chica de la cintura para zambullirse al interior del mar con Arhel aferrada a él.
-¡Killua!-gritó el moreno con miedo
Un fuerte remezón lo hizo rodar junto a Leorio y Kurapika en dirección contraria mientras el barco se volcaba sobre sus propios cuerpos.
Killua abrió sus ojos dejándose llevar por la fuerza de las olas bajo el mar, le costaba nadar cargando a la albina, pero no se sentía capaz de dejarla morir. Ella parecía haber recuperado su conciencia gracias al golpe de agua fría, sin embargo, pronto se ahogaría si no la empujaba hacia la superficie.
Tuvo un primer impulso de soltarla, era muy simple abandonarla. Nadie lo culparía, él solo estaba quitando el mal de raíz, Arhel era incluso capaz de asesinar a Gon en dos golpes, aunque tenía habilidades de combate, su fuerza nen era suficiente, además, solo sería una pérdida de tiempo mantenerla con vida, tarde o temprano Illumi la mataría o ella misma acabaría suicidándose ¿para qué mantener una vida tan miserable?
Sin embargo, sus manos no la soltaban, al contrario, la aferraban hacia su cuerpo nadando rápidamente hacia el exterior en busca de oxígeno. Se le hacía difícil y pesado cuando solo podía utilizar un brazo y las olas lo llevaban como a una pluma de un lado a otro.
-¡Killua!-escuchó el grito de su mejor amigo. Estaba cerca
Cuando al fin pudo abrir la boca y llenar sus pulmones de aire sintió un gran alivio. Vio a Gon buscándolo desde la borda a la vez que ayudaba a Leorio a subir nuevamente al barco, quiso llamarlo pero aún no se recuperaba del todo y Arhel ni siquiera hacía el esfuerzo de respirar, sentía las piernas entumidas y el brazo sin fuerza. Solo quedaba un poco más.
-¡Gon!-lo llamó jadeante haciendo su último esfuerzo. Las olas empezaban a calmarse-¡toma a la mocosa!
El albino se hundió en el agua alzando a la chica sobre sus hombros para que su amigo pudiese alcanzarla y al fin, luego de sentir el cuerpo inútil, se quitó un peso de encima logrando subir nuevamente al barco.
Se echó de espaldas tosiendo el agua que había tragado e intentó levantarse, pero Gon no se lo permitió y se quedó a su lado mientras la densidad de las olas empezaba a disminuir. Leorio había logrado reanimar a Arhel en pocos minutos, la albina sollozaba de miedo como si no recordase que acababa de poner en peligro a todo el grupo. Al parecer Kurapika seguía inconsciente, y con la vista un poco nublada, Killua logró ver que tenía un par de heridas abiertas aunque no era de gravedad.
Pronto pudo ponerse de pie otra vez y meciéndose con el barco se encaminó hacia el cuarto de mando, allí junto a Gon podrían dirigir el timón hacia Isla Ballena.
-si quieres yo lo hago-dijo el moreno con amabilidad
Killua asintió tosiendo un poco más mientras se sentaba en el suelo junto a la pared de madera. Estaba exhausto pero se sentía conforme, había encontrado la forma de detener a Arhel en el instante preciso aunque le preocupaba la forma en que su poder crecía continuamente. Era necesario enseñarle a controlarlo para evitar mayores desgracias, sin embargo, temía por el mismo desarrollo del aprendizaje y aún más, le preocupaba que Gon no fuese capaz de notar la esencia de la chica. Lo conocía muy bien y estaba seguro que sabía distinguir energías ¿Por qué no podía con Arhel?
-¿Por qué la salvaste?-preguntó Gon con aquella extraña seriedad en su hablar
-no podía dejarla morir
-…creí que la abandonarías-reconoció por lo bajo-siento haber desconfiado de ti, Killua
El albino lo miró con indiferencia y se abrazó las rodillas sintiendo un cansancio repentino.
Gon sonrió notando que su amigo se quedaría dormido y aunque aún las olas se mecían con fuerza, el sol de la nueva mañana hacía más llevadera la tormenta y en cualquier instante cesaría.
Leorio suspiró aliviado cuando vio a Kurapika reaccionar a fuerza del estímulo doloroso, Arhel estaba a su lado sumida en sus propios pensamientos pero atenta a la recuperación del rubio. El médico le sonrió a ambos y se cercioró que ella estuviese en buen estado antes de llevarla al interior del barco cargando-como ya se le hacía costumbre-a su mejor amigo.
Era imposible intentar dormir en algún sillón o la cama ya que estaba todo mojado y patas arriba por el arrase de las olas, a Arhel solo le quedó aceptar apoyarse cerca de la ventana rota para no marearse. Tenía vagas imágenes de lo que había sucedido minutos atrás y esta vez no quería atormentarse, simplemente se forzó a descansar el resto de viaje que quedaba.
Cuando abriera sus ojos, se encontraría en un lugar completamente distinto; una cama caliente y cómoda la arroparía mientras la tibia briza de Isla Ballena relajaba sus músculos. En aquel lugar, la mayor de sus aventuras daría comienzo.
-¿Arhel? Qué feo nombre…-repuso el albino de grandes ojos azules mientras Kikyo, su madre, intentaba hacerlo simpatizar con la pequeña nueva integrante de la familia
-debes tratarla muy bien
-¿Por qué debo hacerlo? No es nada mío ni me interesa ser su amigo ¿Por qué la trajeron?
-no seas así, Killu…intenta jugar con ella, la pasarán muy bien
-no quiero. No me cae bien-refunfuñó cruzándose de brazos
La niña sollozó lastimada por el actuar de quien se suponía ocuparía el lugar de hermano en su vida. La mujer que decía ser su madre desde días atrás frunció el ceño y abrazó a la niña con tono protector.
-no hables así, Killu-regañó a su hijo mientras el punto láser de color rojo en el monitor que simulaba sus ojos temblaba de molestia-tu padre está de acuerdo y debes considerarla tu hermana
-¿qué pasará si no lo hago?
-…te castigaremos-apretó sus dientes con irritación ante la mirada indolente del pequeño de solo 6 años
-haz lo que quieras, no me interesa
Killua le sacó la lengua a Arhel y cogió su patineta antes de correr hacia el jardín.
Desde aquel primer día, la albina se convertiría en la piedra en su zapato dentro de la mansión Zoldyck. La odiaría y la despreciaría durante años antes de cambiar de parecer.
Tanto tiempo! Siento la demora n_n esta historia comienza a tomar forma de nuevo
Besos desde Chile!
